Google, otro éxito del capitalismo

Este artículo fue originalmente publicado en Webinversor.

En 1995, Larry Page y Sergey Brin eran dos jóvenes estudiantes que se estaban doctorando en informática por la Universidad de Stanford. Larry tenía 24 años, Sergey, 23. Poco después de conocerse comenzaron a crear un buscador de páginas web desde su habitación en el Colegio Mayor; lo llamaron Backrup y tenía el novedoso distintivo de ordenar las páginas según su popularidad.

El proyecto parecía gustar a todo aquél que lo probaba, así que sus creadores decidieron ampliar el negocio. En 1998 compraron varios discos duros con un terabyte de memoria y montaron su primer centro operativo en el dormitorio de la casa de Larry. Backrup cambió su nombre por Google, derivado de googol, esto es, un 1 seguido por cien ceros (una clara muestra de la vocación expansiva de la empresa en todos los órdenes: información, capital, usuarios, búsquedas diarias…). Sólo tenían un problema: necesitaban dinero para seguir creciendo.

Así las cosas, Sergey se puso a hacer algunas llamadas entre sus amigos y conocidos con la esperanza de encontrar gente dispuesta a invertir. Uno de ellos, Andy Bechtolsheim, quedó tan prendado con Google que les extendió un cheque de 100.000$, antes incluso de que la compañía existiera y dispusiera de una cuenta corriente; en pocos meses, el bueno de Sergey fue capaz de captar hasta un millón de dólares. En septiembre de ese año Google comenzaba oficialmente su andadura con un pequeño capital que les permitió instalar su sede en el garaje de un amigo; su potencial era de apenas 100.000 búsquedas diarias.

Un año después el garaje de Menlo Park ya se había quedado pequeño, casi tanto como los fondos de la empresa: dos importantes empresas de capital-riesgo efectuaron una nueva aportación de 25 millones de dólares. Las perspectivas eran buenas; en 1999 ya realizaba medio millón de búsquedas al día.

En la actualidad Google ya ha abandonado los dormitorios y los garajes; hace unos pocos días anunció su intención de comprar su sede en Silicon Valley por más de 300 millones de dólares. Su número de búsquedas por minuto –casi 150 mil- excede el número de búsquedas diarias de 1998.

Pero estas no son las únicas cifras de Google que impresionan. El 29 de agosto de 2004, las acciones de Google salieron a la venta por 85$ la acción, hoy rondan los 400. Si en 1998 contrataron a su primer trabajador, hoy cuentan con más de 2500. Sus creadores, Larry Page y Sergey Brin, se encuentran entre los hombres más ricos del mundo con apenas una treintena de años.

Con todo, lo más sorprendente de la historia de Google es cómo dos adolescentes desprovistos de capital consiguieron sacar adelante un proyecto tecnológico que hoy, gracias a su propia rentabilidad, invierte más de 2500 millones de dólares en I+D. Una idea brillante, gracias al libre mercado, ha sido capaz de generar suficiente riqueza como para reinvertir anualmente sumas cada vez mayores en el progreso técnico.

La historia de Google es una perfecta ilustración de la troika del capitalismo. Larry y Sergey eran dos inventores que se mantenían con sus propias rentas y que, una vez efectuaron el descubrimiento adecuado –Backrup y su evolución Google-, comenzaron a actuar como empresarios buscando capitalistas que quisieran “comprar su idea” para así poder materializarla en inversiones productivas.

Bechtolsheim, los familiares, los amigos, las empresas de capital-riesgo y, finalmente, los inversores bursátiles, ofrecieron a Larry y Sergey la riqueza que necesitaban para servir a los consumidores y así generar nuevas rentas que, a su vez, mediante su monumental reinversión en I+D, les permite crear nueva riqueza, tal y como se refleja en el creciente valor de sus acciones.

Dos jóvenes sin ningún tipo de financiación propia fueron capaces de crear una de las empresas más exitosas de los últimos años. Decenas de millones de internautas disfrutan diariamente de un servicio de búsqueda fabuloso que multiplica sus posibilidades de acceso a un volumen inmenso de información. Pero Google se ha expandido más allá de la búsqueda de páginas web: hoy nos permite encontrar fotografías, vídeos o información en nuestro disco duro, crear un blog, indagar entre miles de artículos especializados, localizar en tiempo real la posición de una limusina o de un taxi en las calles de nuestra ciudad, acumular e-mails en cuentas de más de dos gigas de capacidad, buscar la casa de un amigo que vive a 1000 km de distancia o incluso ojear las dunas del Sahara y los glaciares del Ártico.

Larry y Sergey, gracias al valor que han creado para tantos y tantos consumidores, son a día de hoy multimillonarios; empezaron con nada y hoy aparecen destacados en Forbes.

Esto es el capitalismo: no una igualdad de oportunidades en la miseria, sino una auténtica libertad de oportunidades para, aun sin capital alguno, enriquecerse sirviendo al consumidor.

Larry y Sergey fueron primero unos brillantes inventores, luego unos sagaces empresarios y finalmente unos asentados capitalistas que continúan buscando empresarialmente oportunidades de ganancia y que reinvierten buena parte de las rentas que su riqueza ha generado en I+D; todo en 10 años. Prosperar está a su alcance, sólo tiene que ofrecer a los demás aquello que necesitan.

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