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Crisis del intervencionismo sanitario

Publicado el 07 septiembre 2006 por Juan Ramón Rallo

Seguro que han oído más de una vez aquello de que en EEUU la sanidad es mucho más cara que en Europa pero que ello no se traduce en una mayor esperanza de vida. Semejante argumento vendría, supuestamente, a demostrar la superioridad de la sanidad pública sobre la privada.

En realidad, la sanidad estadounidense dista de ser un modelo organizado en torno al libre mercado. Recordemos que en 1965 el belicista Lyndon Johnson enmendó la Social Security Act para incluir dos programas de financiación pública de la sanidad: el Medicare y el Medicaid. El primero se dirige a cubrir una buena parte de las necesidades sanitarias de los mayores de 65 años y de personas inválidas; el segundo ofrece cobertura sanitaria a las personas que no alcancen unos mínimos de renta establecidos por los estados que conforman la Unión. Ambos programas proporcionan cobertura sanitaria a más de 90 millones de personas, de modo que sólo con una decidida voluntad manipuladora puede afirmarse que EEUU goza de una sanidad privada.

Sin embargo, todo esto no explica la recurrente afirmación socialista de por qué EEUU gasta más en sanidad y, en cambio, no obtiene un mejor tratamiento sanitario reflejado en una mayor esperanza de vida. La tergiversación se encuentra en la última parte de la oración. Un sistema sanitario más eficiente no tiene por qué traducirse en una esperanzaagregada de vida más elevada. El último libro del economista Arnold Kling,Crisis of Abundance, se dirige, precisamente, a enterrar este mito de la progresía.

La tesis de Kling es que los estadounidenses reciben una cobertura sanitaria mucho más completa en lo que él denomina premium medicine, esto es, un tratamiento médico de alta calidad caracterizado por “un recurrente uso de especialistas, una utilización muy extendida de procedimientos de diagnóstico de alta tecnología y un número grande y variado de cirugías”.

EEUU es el país del mundo con una mayor ratio médicos especialistas/generalistas; se dan 1.400 visitas al especialista por cada 1.000 habitantes; los bypass son tres veces más abundantes que en Francia; las angioplastias son siete veces más frecuentes que en Reino Unido; hay un gastroenterólogo por cada 30.000 habitantes (en Canadá, 1 por cada 100.000); el número de máquinas que realizan resonancias magnéticas es de 7.000 (en España, unas 200), y el de máquinas que realizan tomografías computerizadas es de 7.300 (en España, unas 450).

Es evidente, por tanto, que estamos ante una medicina de elevada precisión y calidad, lo que, necesariamente, tiene que elevar los costes de la sanidad. ¿Pero por qué no eleva la esperanza de vida?

Si nos fijamos, la característica de esta premium medicine es que en buena medida se trata de una medicina preventiva que no tiene por qué afectar significativamente a la esperanza de vida. Si todos los estadounidenses recurren cada mes a un tratamiento para detectar el cáncer, los costes de la sanidad se dispararán, pero la esperanza de vida no aumentará de modo apreciable

Pongamos el siguiente ejemplo: tenemos una población de 100 personas con una esperanza de vida de 100 años. Diez de estas cien personas desarrollarán un cáncer que reducirá su vida a la mitad, 50 años. La esperanza de vida de esta población es de 95 años, y su gasto sanitario en prevenir el cáncer, cero.

Supongamos ahora que esta misma población decide someterse a un tratamiento mensual para detectar el cáncer que tiene unos costes anuales de 5.000 dólares por persona. En este caso, las diez personas que hubieran desarrollado el mal podrán combatirlo a tiempo, por lo que la esperanza de vida de la comunidad aumentará a 100 años, y su gasto sanitario total se elevará a 500.000 dólares.

En principio, podríamos decir que la segunda comunidad gasta mucho más que la primera y sólo logra un incremento de la esperanza de vida de cinco años por persona. La razón es simple: aunque los 100 individuos gastan para localizar el cáncer, sólo en 10 casos el tratamiento diagnostica la enfermedad y tiene utilidad curativa. Desde una perspectiva puramente socialista y centralista, las 90 personas que no habrían desarrollado cáncer y que gastan 5.000 dólares en detectarlo están despilfarrando el dinero; aun cuando no lo hubieran gastado, su duración de vida habría sido idéntica. Sin embargo, desde un punto de vista individual, el gasto de los 5.000 dólares no ha sido inútil, ya que ha reportado seguridad y confort a cada paciente.

La premium medicine opera de esta forma: en lugar de no hacer nada o recetar curas intuitivas que no aseguran al 100% la curación, trata de buscar las causas de la enfermedad concreta para ofrecer la cura adecuada.

Por ejemplo, si sufrimos tos tenemos tres opciones: no ir al médico y esperar a que se nos pase, ir al médico y que nos recete un bote de Romilar que cuesta poco más de dos euros o someternos a un costoso tratamiento para detectar si la tos es un síntoma de bronquitis. Las dos primeras vías son la espina dorsal de la sanidad europea, y, evidentemente, son las más baratos y económicas; la última es la premium medicine característica de los EEUU. Lapremium medicine no logra grandes diferencias en la esperanza de vidaagregada, ya que en buena medida se verán contrarrestadas por otros factores mucho más decisivos, como la alimentación, el clima o los accidentes de tráfico.

En definitiva, el libro de Arnold Kling ilustra perfectamente por qué EEUU padece una crisis de abundancia: su cobertura sanitaria no tiene parangón en el mundo, y eso hay que pagarlo. Con todo, Kling no explica el punto clave en toda esta historia: ¿a qué se debe la exagerada difusión de la premiumen EEUU? Una posibilidad sería pensar que los estadounidenses están, efectivamente, dispuestos a gastar todo ese dinero en sanidad; otra, explorar si existe algún tipo de perturbación en el comportamiento de los individuos.

Aunque Kling no lo explica –y esto le conduce a otros errores de análisis–, la difusión de la premium medicine en EEUU se debe esencialmente a la socialización de los costes de la medicina que ha propiciado el Gobierno desde Franklin Delano Roosevelt. Durante la II Guerra Mundial los salarios se congelaron, de modo que los empresarios que querían contratar trabajadores, en lugar de ofrecer sueldos más altos, trataban de atraerlos con coberturas sanitarias más caras; una vez finalizada la contienda, los sindicatos –gracias a sus privilegios en la negociación colectiva– consideraron el seguro médico una parte esencial del contrato laboral. Esto extendió el seguro a millones de estadounidenses, favoreciendo una socialización de los costes de la medicina.

La socialización de los costes es la mejor receta para que se disparen. Imaginemos que un grupo de 100 personas acude a un restaurante de lujo y decide que cada uno pagará una centésima parte de la cuenta, con independencia de lo que haya comido. Todo el mundo tenderá a pedirse los platos más caros, sabiendo que la mayor parte de los costes recaerá en las 99 personas restantes. En medicina ocurre lo mismo: la extrema socialización de los costes favorecida por un seguro cuasiobligatorio multiplica la velocidad de extensión de los procedimientos de alta tecnología. Todo el mundo quiere utilizar las últimas innovaciones y los medicamentos más caros, conscientes de que son otros quienes pagan la cuenta. Las primas de los seguros no dejan de aumentar, pero los empresarios son presa de un absurdo sistema de negociación colectiva que les impide declinar la cobertura del seguro para sus trabajadores.

En un sistema de sanidad socialista como el europeo este problema no existe: es el Gobierno quien elige cuánto dinero recauda de los contribuyentes y qué servicios les proporciona a cambio. La voluntad del consumidor no cuenta para nada. Eso sí, en lugar de precios o primas de seguro crecientes, los europeos sufrimos una calidad de servicios decrecientes. No pagamos más, pero sufrimos las listas de espera y el colapso sanitario. En lugar de competir mediante los precios, competimos mediante las colas.

Así mismo, debemos mencionar otra causa de los elevados costes de la sanidad estadounidense: la enorme litigación por negligencias. Los tribunales han llegado a considerar negligencia que un médico seleccionara el tratamiento adecuado para un cliente en función de su renta. Por ello, los facultativos han desarrollado lo que se conoce como “medicina defensiva”, o, en palabras de George Reisman, “la práctica de prescribir pruebas y procedimientos no porque sean objetivamente necesarios dadas las circunstancias, sino sólo para proporcionarles una documentación que permita protegerles en caso de una ulterior demanda por negligencia”. Se calcula que un tercio de los costes totales de la sanidad estadounidense se deben a esta medicina defensiva.

Este brutal incremento de los precios derivado de la socialización de la medicina provocan que el acceso a la sanidad sea en muchos casos prohibitivo cuando no se dispone de un empleo; de ahí que muchas estadísticas reflejen, por ejemplo, una relativamente alta mortandad infantil en EEUU (ya que muchos recién llegados carecen de seguro sanitario y les resulta imposible acceder a los hospitales). Las clases más bajas son las que padecen los efectos de la abundancia decretada por el Gobierno.

La socialización de la sanidad provoca una paradoja que muy pocos entienden: quienes se encuentran dentro del sistema obtienen una magnífica cobertura a costa de quienes están fuera. Es la lógica del intervencionismo: robar a unos para entregárselo a otros. La solución, de nuevo, no pasa por añadir más intervencionismo al sistema sanitario, sino regresar a uno basado por completo en el libre mercado. Un sistema donde los seguros sanitarios no se concedan de modo casi automático, donde las consultas ordinarias se paguen con cargo al ahorro, donde no existan licencias que restrinjan la libre oferta de facultativos, donde no se considere criminales a los médicos por prescribir un tratamiento en función de la disposición al pago del cliente y donde no existan programas gubernamentales tan costosos como Medicaid y Medicare.

Como dice Kling, EEUU sufre una crisis de abundancia, pero de abundancia de socialismo e intervencionismo. Padece tal crisis por haber abandonado los principios liberales sobre los que floreció y por los que se convirtió en el país más desarrollado del mundo.

ARNOLD KLING: CRISIS OF ABUNDANCE: RETHINKING HOW WE PAY FOR HEALTH CARE. CATO INSTITUTE, 2006; 111 PÁGINAS.

26 Comentarios para este artículo.

  1. Rallo malo Says:

    Anda majete, comprate otro libro, que para hacer un artículo riguroso, hay que contrastar varias fuentes, y ofrecer una visión global, no unos parrafos de un libro. No me gusta este artículo. Se ve a la legua que el autor quiere tergiversar los argumentos. Claro es del Instituto Cato. Que puedes esperar.

  2. Freeman Says:

    Rallo malo

    Y sus argumentos donde los ha dejado ? Porque no asoma ni uno. O confunde usted los ataques ad-hominem con argumentos?

  3. Josquin Says:

    Rallo malo habla de rigor y descalifica a Rallo bueno por no sabemos que instituto y otras profundas razones. Asi nos va.

  4. Roger S. Says:

    Criticar la socialización de la medicina hablando de la extensión de los seguros médicos de empresa privados. Hazte fan.

  5. Juan Ramón Rallo Says:

    http://www.cato-unbound.org/2007/01/07/arnold-kling/insulation-vs-insurance

  6. mima Says:

    Qué razonamientos más absurdos. Eres ilógico o por lo menos en este texto, mira:

    “Es evidente, por tanto, que estamos ante una medicina de elevada precisión y calidad, lo que, necesariamente, tiene que elevar los costes de la sanidad. ¿Pero por qué no eleva la esperanza de vida?”

    “Pongamos el siguiente ejemplo: tenemos… por lo que la esperanza de vida de la comunidad aumentará a 100 años, y su gasto sanitario total se elevará a 500.000 dólares.”

    Es decir, que sí elevaría la esperanza de vida, pero lo cierto es que no lo hace. Hay algo ahí que está mal.

    (Da un poco de vergüenza ajena tu artículo eh)

  7. Juan Ramón Rallo Says:

    Mima,

    No eleva la esperanza de vida en relación con otros países con gastos sanitarios inferiores. Se llama contexto.

  8. mima Says:

    Ya, pero en tu ejemplo sí eleva la esperanza de vida en relación con otros países con gastos sanitarios inferiores, léete:

    “tenemos una población de 100 personas con una esperanza de vida de 100 años. Diez de estas cien personas desarrollarán un cáncer que reducirá su vida a la mitad, 50 años. La esperanza de vida de esta población es de 95 años, y su gasto sanitario en prevenir el cáncer, cero.
    Supongamos ahora que esta misma población decide someterse a un tratamiento mensual para detectar el cáncer que tiene unos costes anuales de 5.000 dólares por persona. En este caso, las diez personas que hubieran desarrollado el mal podrán combatirlo a tiempo, por lo que la esperanza de vida de la comunidad aumentará a 100 años, y su gasto sanitario total se elevará a 500.000 dólares.”

    Es decir, con gasto cero tenemos esperanza de vida de 95 años.
    Con gasto 500.000 dólares tenemos esperanza de vida de 100 años (5 años más que si no nos gastamos nada). Esto es lógico, a más pruebas diagnósticas y demás mejor salud y también más gasto.

    Y pones este ejemplo para explicar el misterio central, lo de “Un sistema sanitario más eficiente no tiene por qué traducirse en una esperanzaagregada de vida más elevada.” o “Es evidente, por tanto, que estamos ante una medicina de elevada precisión y calidad, lo que, necesariamente, tiene que elevar los costes de la sanidad. ¿Pero por qué no eleva la esperanza de vida?” para “enterrar este mito de la progresía”

    Cuando en el ejemplo sí se elevaría (5 años más que si no nos gastamos nada). Todo es un absurdo

  9. Juan Ramón Rallo Says:

    Antes le hablé de la importancia del contexto. Ahora le hablo de la importancia de entender bien lo que se extracta de manera descontextualizada.

    pero en tu ejemplo sí eleva la esperanza de vida en relación con otros países con gastos sanitarios inferiores, léete

    Me leo:

    Supongamos ahora que esta misma población

    “Misma” no es “otro”.

  10. mima Says:

    Joder, es que para eso pones el ejemplo, para explicar por qué no eleva ( el sistema sanitario yanqui, a pesar de ser más caro) la esperanza de vida en relación con otros países con gastos sanitarios inferiores (sistemas públicos). Para ello supones una población de 100 personas y que pasaría si aplicamos un sistema privado u otro publico más barato (en el ejemplo, llevado al límite con gasto cero)

    Pero en el ejemplo sí elevaría la esperanza de vida el sistema privado(5 años más que si no nos gastamos nada) cuando tu lo pones para explicar por qué no lo hace (como sucede en la realidad): “por qué EEUU gasta más en sanidad y, en cambio, no obtiene un mejor tratamiento sanitario reflejado en una mayor esperanza de vida. La tergiversación se encuentra en la última parte de la oración. Un sistema sanitario más eficiente no tiene por qué traducirse en una esperanzaagregada de vida más elevada

    Tu mismo haces un experimento mental (el ejemplo) cuyo resultado (sistema privado aumenta la esperanza de vida de la población) no coincide con lo que quieres explicar “por qué EEUU gasta más en sanidad y, en cambio, no obtiene un mejor tratamiento sanitario reflejado en una mayor esperanza de vida. La tergiversación se encuentra en la última parte de la oración. Un sistema sanitario más eficiente no tiene por qué traducirse en una esperanzaagregada de vida más elevada

    Qué coñazo explicar lo evidente. Es cómico que intentes defender tu texto (y su absurda lógica) acusándome de extractar de manera descontextualizada (?) para a continuación hacerlo tú, de forma chapucera además “Misma” no es “otro”. xd para qué pones el ejemplo entonces

  11. Txuska Says:

    Pues no me convence el articulo , me parece una memez .

    Es una pena con lo bien que lo explica ,cuando se pone a inferir sobre mortalidad o no mortalidad , según unos criterios que coge de una manera que el famoso excell de rogoff es de una rigurosidad extrema .

    El sistema en Suiza es parecido y el coste sobre el total del PIB.
    La esperanza vida es mayor etc .

    Acepto y por lo que se es muy posible que como indica los costes están hinchados por ciertas malas practicas .

    Lo que no paso es porque nos de lecciones de medicina , le pierde uno cualquier posible respeto y bastante de la credibilidad .

    Hablenos de la causa de los costes , muy interesante por cierto ,
    pero solo de eso

    Pienso que no es su campo la medicina

    saludos

  12. Juan Ramón Rallo Says:

    Mima,

    Lo que digo es que hay muchos factores que determinan la esperanza de vida. El sistema sanitario es uno de ellos: en igualdad de condiciones, a medicina de mayor calidad, mayor esperanza de vida. Ahora bien, la relación entre esperanza de vida media/gasto sanitario hace que, cubiertos ciertos mínimos, haya que incrementar muchísimo el gasto sanitario para apenas mejorar la esperanza de vida media. De ahí que países con un sistema sanitario inferior pero con otras condiciones más favorables (mejor dieta, por ejemplo) puedan combinar esperanzas de vida mayores con menores gastos sanitarios. No porque se haga un uso individual más eficiente del gasto, sino porque, como media, la medicina preventiva gasta mucho para no encontrar nada (si lo quieres, ineficiencia colectiva, aunque a mí esa definición, sin más, no me vale).

    El ejemplo es claro: en una misma comunidad (ceteris paribus), aumentar mucho el gasto sanitario apenas incrementa la esperanza de vida. De ahí que, al comparar entre comunidades, si coinciden otros factores extrasanitarios que, sin incidir sobre el gasto, sí mejoren la esperanza de vida, lograrás esperanzas medias superiores a las de EEUU con menores gastos sanitarios. No sé si no lo entiendes o no lo quieres entender.

    Txuska,

    ¿Dónde doy alguna lección de medicina en el texto? Hablo de un efecto estadístico: por qué gastar mucho en agregado no tiene por qué influir linealmente sobre la esperanza de vida.

  13. Leoni Says:

    Bueno, creo que se dejan una variable bastante importante en todo esto: Fomentar hábitos de vida saludables. Actuando sobre esa variable es posible que se lograra reducir de forma importante el gasto sanitario.

  14. Juan Ramón Rallo Says:

    Yo no lo dejo fuera. Precisamente es uno de los factores que influye de manera determinante sobre la esperanza de vida y que no guarda relación con el gasto sanitario.

  15. mima Says:

    El ejemplo es claro: en una misma comunidad (ceteris paribus), aumentar mucho el gasto sanitario apenas incrementa la esperanza de vida. Sí, clarísimo. Aumentar 5 años la esperanza de vida no es significativo. Ya lo entiendo, gracias

  16. Juan Ramón Rallo Says:

    En comparación con el gasto adicional, sí: de no gastar nada y vivir una media de 95 años, a gastar el doble de lo que hoy gasta España por habitante y vivir 100.

    De nada.

  17. Trilu Says:

    Mima,
    Antes de utilizar el tono despectivo en tus comentarios deberías aprender algo tan básico cómo la diferencia entre términos relativos y términos absolutos; entre análisis de variables aisladas y resultados de variantes operando en conjunto.

  18. Enrique Rus Says:

    Aunque suelo estar de acuerdo con el señor Rallo en casi todo salvo en el extremo, ya que aunque mi afinidad a día de hoy es el ancap, llevarlo a la practica sin pasar por un punto intermedio de liberalismo social podría provocar aún más pobreza que estos sistemas intervencionistas; pero desde luego tengo claro que en mi blog no publico a según quien, eso seguro…a ofender a su casa.

  19. Juan Ramón Rallo Says:

    Bueno, yo tampoco he hablado de transiciones. En eso soy gradualista y posibilista. Pero se pueden hacer mejoras importantes con coraje y, sobre todo, se puede mostrar a la sociedad que lo que necesitamos es más mercado y no más Estado.

  20. Iñaki Says:

    En la tele te dicen que la prueba de que la sanidad española es buena es que la esperanza de vida es alta. Eso es lo que tiene la mayoría de la gente en la cabeza.

    La realidad es que el gasto sanitario no es uno de los factores más importantes que influyen en la esperanza de vida. Es importante en la pequeña parte del gasto que va destinada a disminuir la mortalidad infantil. Pero una mala dieta, malos hábitos (como fumar), y una predisposición genética determinada, harán la mayor parte del resto. Así que podemos tener una sanidad mala, que no de solución a problemas que nos dejan inválidos, y que nos deje morir en una cola de espera, o cuando padecemos enfermedades curables en EEUU; y al mismo tiempo tener una buena esperanza de vida.

  21. Enrique Rus Says:

    En eso estoy de acuerdo con usted, de hecho suelo eastarlo esencialmente, pero, no se si es el caso, diría que no pero algunos quieren un cambio radical y eso no lo veo claro. ¿Que opina usted sobre probar voluntariamente y dejar que el ciudadano vea sus beneficios?, claro que para eso debería existir descentrlización política en mi opinión, federalismo o confederación, pero esto es otra hitoria. Un saludo y como siempre leerle es gratificante.

  22. Enrique Rus Says:

    Mima disculpeme, creo que todos defendemos un sistema sanitario de calidad, pero la diferencia esencial entre intervenir y liberalizar es que esta última permite que esa calidad la decida el que la paga.

  23. josvazg Says:

    Me hace gracia que los magos de la incongruencia nos vengan ahora con pruebas lógicas.

    A ver Mima, usted que parece ser seguidora de la lógica y el razonamiento, conteste:

    Si la Sanidad Pública es lo que quiere la gente ¿porque es obligatoria?
    ¿Porque no se hace OPCIONAL?

    La única respuesta es que no sea “realmente deseada” ¿o no?

    Luego vendrán mezclanto temas como el de la solidaridad sanitaria… ¿pero en que quedamos? ¿mis impuestos son para mi sanidad o para la de otros que no los pueden pagar?
    Si es para ambos, facil, que lo desglosen y dejen opcional la cobertura propia

    Así llegamos a la pregunta de antes…
    si es tan deseada ¿de que tienen miedo?

  24. Enrique Rus Says:

    Uno agradecería que no se fuera a los Blogs de los demás, a no aportar nada y dedicarse exclusivamente a despotricar amparado en el anonimato (yo firmo con mi nombre), eso es cobardía, muy habitual en este país de…lo público.

    Por otro lado, cuando hablamos de economía y este artículo ante todo es de economía, también sería de agradecer más humildad, no veo a muchos contestar a los médicos como contestan a los economistas, una absoluta falta de respeto muy típica de personas que encierran ciertos complejos de infoerioridad.

  25. Carmen Alameda Says:

    Creo que el spam debería ser borrado.

  26. Enrique Rus Says:

    Si Carmen, pero también me referia a os no spam que vienen, dicen que a Rallo se le va la olla y esa es su crítica a los que apoyamos la sanidad privada, personajillos…

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