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Refutación exprés de Keynes

Publicado el 03 abril 2011 por Juan Ramón Rallo

Soy consciente de los riesgos que acarrea reducir el pensamiento de un economista a poco más de cuatro párrafos. En el futuro, y en otro formato, espero redimirme y dedicar algo más de espacio a refutar los delirios teóricos del economista de más nefasto influjo en el siglo XX.

Sin embargo, algunos amigos me han pedido que ofrezca una respuesta rápida y manejable a este popular vídeo de Youtube titulado Muerte y resurrección de Keynes, así que me pongo con ello.

Pese a que cualquiera que haya leído, y entendido, La teoría general de Keynes será consciente de que el catedrático Julián Pavón simplifica y en algún punto retuerce las ideas keynesianas, he de reconocer que, grosso modo, para exponerlo en poco más de 10 minutos, el documento constituye un resumen lo suficientemente aceptable.

Básicamente, Pavón sintetiza la doctrina keynesiana en la sencilla ecuación de la demanda agregada:

Demanda = Consumo + Inversión + Gasto Público + Exportaciones.

Esta demanda agregada es la que, de acuerdo con Keynes, determina las dos variables fundamentales de la economía: el nivel de empleo y la inflación. Si la demanda agregada es inferior a la oferta agregada, habrá desempleo; si en cambio la desborda, habrá inflación.

Por eso el Estado, enfriando o recalentando cada uno de los componentes de la demanda agregada, desempeña un papel esencial a la hora de gestionar la economía. Si la demanda agregada es insuficiente, el Gobierno puede reducir impuestos para estimular el consumo, minorar los tipos de interés a través del banco central para impulsar la inversión, incrementar el gasto público o devaluar el tipo de cambio para fomentar las exportaciones.

Hasta aquí, a grandes rasgos, el planteamiento keynesiano. Críticas las hay muchísimas (en especial cuando descendemos a los razonamientos concretos que efectúa Keynes para sustentar su revolucionario punto de vista), pero intentaré limitarme a lo esencial y no andarme por las ramas.

Y lo esencial es que, cuando despojamos al inglés de toda su pomposa retórica, lo que nos queda es lo siguiente: las crisis se deben a que la gente deja de gastar, por consiguiente la misión de la política económica es estabilizar el nivel de gasto; si el gasto es insuficiente como para absorber toda la producción a los precios actuales, entonces se cerrarán empresas y se despedirá a trabajadores; si el gasto es superior al necesario para absorber toda la producción, se generará inflación.

En otras palabras, si no queremos que quiebren empresas y aumente el paro, alguien tendrá que comerse sus productos. Si los consumidores o los inversores no están dispuestos a hacerlo, entonces habrá que incentivarlos a que las compren con menos impuestos y unos tipos de interés artificialmente más bajos; si pese a ello tampoco las adquieren, entonces habrá que ofrecérselas a los extranjeros a precios de saldo –que no otra cosa implica devaluar el tipo de cambio–; y si ni siquiera así se venden, entonces deberá ser el Gobierno el que, merced a su poder coactivo para recaudar impuestos y gastarlos como guste, deberá quedárselas.

Dejando al margen las distorsiones que ciertas políticas puedan generar (muy en especial, la rebaja artificial de los tipos de interés), la cuestión clave sigue siendo: ¿y por qué los consumidores y los inversores, de un modo u otro –con impuestos o con la dilución del valor de sus divisas–, tienen que acabar pagando por una producción que no quieren? Pues únicamente porque se ha fijado como objetivo social que el desempleo no aumente. El problema es que por esta vía disolvemos la economía y la división del trabajo: si una parte ineficiente de la población fabrica unos bienes que la otra parte más eficiente no desea, forzar a que los segundos entreguen sus valiosas mercancías a cambio de las de los primeros equivale obligarles a realizar un intercambio no beneficioso.

Imagínese que le obligaran a comprar la comida que no quiere comer, los libros que no quiere leer, la ropa que no quiere vestir, los muebles que no caben en su casa o los videojuegos que no le interesan. ¿Qué sentido tendría que usted fuera todos los días a trabajar, si no puede adquirir aquello que le gusta y rechazar aquello que no le gusta? Realmente ninguno.

De hecho, ¿no sería acaso más lógico que se procediera a la readaptación y al reajuste de aquellos productores que no han fabricado lo que los consumidores e inversores nacionales o extranjeros desean para que sí lo hagan? Sí, diría Keynes, siempre que la demanda global no caiga. Es decir, Keynes admite que, si se han producido muchas zapatillas y muy pocos ordenadores, los consumidores reduzcan su consumo de lo primero y aumenten el de lo segundo. De ese modo, los trabajadores que producían zapatillas Nike se irán a fabricar Ipads y el desempleo no aumentará. Mas ¿qué sucede si los agentes no es que prefieran consumir el bien A al bien B, sino que prefieren no consumir nada?

En tal caso el consumo caerá, por lo que sería de esperar que la inversión aumentara concomitantemente. Sin embargo, por necesidad las decisiones de inversión se basan en estimaciones más o menos inciertas sobre el futuro; eso significa que, en ciertas condiciones, los agentes puedan preferir no consumir y no invertir en nada hasta que se clarifiquen las circunstancias; esto es, pueden preferir quedarse líquidos atesorando el dinero que ganan.

Y esto, ah amigo, es lo que Keynes no puede tolerar: si la suma Consumo + Inversión cae, entonces habrá que buscar alguna salida a esa producción que nadie desea comprar: ora adquisiciones coactivas por parte del Estado (gasto público), ora su venta rebajada al extranjero (devaluaciones). Pero ¿por qué simplemente los empresarios que no pueden vender su mercancía –sean bienes de consumo o bienes de inversión– no la bajan lo suficiente el precio como para estimular a que algún agente desatesore el dinero?

Pues básicamente porque a esos precios rebajados, dice Keynes, no será rentable producirla. Entonces, ¿por qué debemos fabricar unos bienes que nadie desea adquirir a los precios que harían rentable su comercialización? Según Keynes, tenemos la obligación de adquirirlos para no destruir empleo. Sin embargo, el empleo puede mantenerse no sólo obligando a una parte de la sociedad a abonar unos precios que considera demasiado altos en relación con el valor de la mercancía, también reduciendo los salarios para que producir esa mercancía siga siendo rentable aun a precios rebajados.

Pero, de nuevo, aquí Keynes nos espetará que si reducimos los salarios lo más probable es que la demanda agregada vuelva a caer, por el menor consumo y probablemente también por una menor inversión, debido a la incertidumbre derivada de la conflictividad laboral.

Por supuesto, si no queda otro remedio que reducir los precios y los salarios de una línea productiva para lograr rentabilizarla –es decir, para lograr que los consumidores o los inversores compren sus productos y, a su vez, puedan cubrirse sus costes–, el valor de nuestra producción (el PIB) será menor que si esos precios y salarios no se hubieran reducido. Por ejemplo, si todos siguiéramos comprando viviendas a precios de burbuja, el PIB de España sería notablemente mayor que el PIB de ahora, cuando nos negamos a adquirirlas a menos que se rebajen sus precios un 30%. El error está en pensar que si el Gobierno nos fuerza de un modo u otro a comprar esa mercancía averiada a precios inflados, la sociedad se vuelve más rica. No, una vez los consumidores o los inversores dejan de valorar lo suficiente una mercancía como para adquirirla a los precios vigentes, su utilidad irremediablemente ha caído, por mucho que luego, a punta de pistola, el Estado les fuerce a comprarla. De hecho, si se les fuerza a comprarla, no sólo no mejorarán sino que empeorarán… aun cuando el PIB suba.

Es más, incluso en el extremo caso de que las rebajas salariales (y de otros costes de factores productivos, claro) fueran tan intensas que llevaran a los trabajadores a preferir quedarse en casa antes que acudir diariamente a las fábricas, la mejor decisión que como economía podríamos adoptar sería reducir nuestra producción total. Es decir, si la gente se niega a gastar su dinero por la intensa incertidumbre, lo lógico es que durante un tiempo relajemos nuestro fervor gastador y productor. ¿O es que acaso si tuviéramos el temor de que a lo largo del próximo año puede acaecer un destructor terremoto sería inteligente que nos pusiéramos a construir desde ya un rascacielos?

No, en tiempos de tribulación no conviene hacer mudanzas. Nadie niega que la incertidumbre pueda ser paralizante y que a priori tienda a reducir nuestra riqueza futura, lo que negamos es que sea sensato ignorar codiciosa, avariciosa y muy arriesgadamente los nubarrones que justifican esa incertidumbre y ponernos a producir como si hiciera un sol de justicia. ¿O acaso, por ejemplo, en España no nos habría venido mejor que los inversores hubiesen tenido un poco más de miedo a que los precios de las viviendas no fueran a subir hasta el infinito y hubiesen contenido su gasto? Lo que restringe nuestra producción futura no es el atesoramiento (el no gasto), éste es sólo un síntoma de la incertidumbre; y, de hecho, la incertidumbre es sólo un síntoma de un problema más profundo: como consumidores, inversores y empresarios no sabemos qué vamos a querer producir ahora y en el futuro, de modo que tenemos que tomarnos un tiempo para repensárnoslo (tiempo durante el que minoraremos nuestro gasto y atesoraremos el dinero).

¿Y ante esto se puede hacer algo? O, mejor dicho, ¿se debe hacer algo? No, a menos que queramos despilfarrar en estos momentos unos recursos que son escasos y que podríamos necesitar en el futuro para hacer frente a la materialización de esa incertidumbre actual. El problema de los keynesianos es que nunca reconocerán que el Estado tampoco sabe en esos momentos qué debe ser producido de cara al futuro. De ahí que su respuesta nos suene tan salvaje: hay que mantener estable el gasto aun a costa de producir lo que sea. ¿Qué sensatez económica hay detrás de esto? Ninguna: pura antieconomía, por mucho que henchidamente nos digan que tenemos que aumentar el consumo, la inversión o el gasto público (todo siempre en términos agregados, claro, no sea que se mojen demasiado al descender a la realidad). Cabría preguntarles: “Sí, ¿pero en qué? ¿Y a pesar de la incertidumbre? Ah, que no lo sabe… Nosotros tampoco, así que déjenos un tiempo para pensarlo, aun a costa de una menor actividad económica a corto plazo”.

En definitiva, nada hay en las economías de libre mercado que impida que la demanda de consumidores e inversores case con la oferta de los productores. Es obvio que se trata de un proceso complejo, no exento de desajustes microeconómicos, pero éstos deberán solventarse con reestructuraciones empresariales y no mediante unas compras forzosas por parte del Estado que sólo apuntalan a los empresarios que no sirven a consumidores e inversores. A diferencia de lo que creía Keynes, no existe imposibilidad macroeconómica alguna que requiera la intervención estatal en el gasto para cuadrar demanda con oferta. Solamente se trata de aceptar que cuando los consumidores y los inversores prefieren no gastar… es que prefieren no gastar, y que, por tanto, no se produzca aquello en lo que no quieren gastar. A eso se reduce todo el pensamiento keynesiano.

21 Comentarios para este artículo.

  1. Derem Says:

    A otro nivel se podría decir que una teoría -el Keynesianismo- que vale para explicar la realidad hasta la crisis del petróleo, que después no vale, y que más tarde vuelve a valer no parece muy de fiar. O es total en su explicación o no es nada.

  2. josvazg Says:

    Yo dudo si realmente valió hasta la crisis del petróleo o simplemente dio la casualidad de que los avances científicos y tecnológicos de la primera mitad del siglo 20 compensaron el despilfarro público. (Algo parecido a lo que ha pasado con Internet y las nuevas tecnologías de los 90 hasta ahora, que han permitido que se alargase la burbuja unos años más antes de estallar.)

    Profesor, ¿tiene un artículo pensado para este tema?

  3. Rafael Says:

    Hola Juan Ramón,

    Veo que te gusta mucho la Economía. A mi también y comparto la crítica que le haces a Keynes en tu texto. Sin embargo, yo lo hubiera titulado ‘Una crítica a Keynes’ o incluso ‘Crítica al concepto de gasto público de Keynes’. Lo que no me gusta mucho es que hables de este autor como alguien nefasto. Nefastos son los traductores que traducen su obra a otros idiomas, los intérpretes keynesianos que lo malinterpretan deformando sus apreciaciones y los políticos que llevan a cabo algunas de sus deformadas propuestas sin tener ni idea de lo que están haciendo.

    Todos los economistas que han sido importantes a lo largo de la historia han hecho apreciaciones acertadas y erradas, pero todos han intentado hacerlo en beneficio de la gente que más lo necesitaba en cada momento. Y Keynes no lo es menos. Escribió su obra en una época de grandes turbulencias económicas e intentó buscar soluciones a los problemas planteados por la ineficacia de la doctrina clásica a la hora de explicar la existencia de desempleo involuntario en tiempos de crisis.

    Por supuesto que Keynes se equivocó en muchas de sus apreciaciones pero avanzó por senderos muy complejos del pensamiento económico para las herramientas matemáticas de que se gozaban por entonces. Tiene razón en algunas cuestiones sobre todo si se considera la época y el país en la que fueron escritas. En otras sencillamente intenta encontrar un camino nuevo al razonamiento como en el caso de la propensión marginal a consumir.

    Mi tesis doctoral va sobre la creación de una nueva función de consumo y fue muy bien valorada por el tribunal que la juzgó. Las especulaciones teóricas de Keynes al respecto sirvieron de acicate para mi a la hora de formular mis supuestos y desarrollar mi modelo teórico. Siempre tuve en mente rebatir las ideas de los poskeynesianos sobre la inexistencia del ‘Crowding-Out’ del déficit público sobre la inversión privada.

    Si quieres saber más de mi puedes hacerlo por mi blog que, aunque aún no tiene mucho contenido económico, si que contiene un análisis bastante detallado de la crisis que estamos sufriendo. La dirección de esta entrada es

    http://ralpherns.wordpress.com/2010/09/29/esta-crisis-que-nadie-entiende/

    Espero seguir leyéndote.

    Rafael

  4. Eetión Says:

    En un sistema monetario basada en el patrón oro, ¿no supondría esa tendencia a atesorar dinero un decrecimiento global de los precios que compensaría en parte el descenso de los salarios?

  5. josvazg Says:

    El oro crece un 2-3% al año, creo, o eso me pareció oirle al profesor Huerta de Soto. Eso podría compensar un atesoramiento de un porcentaje parecido.

    La deflación creo que se daría más por el tema tecnológico y de mejora de mercados y producción (una vez que las inversiones a largo plazo van dando sus frutos y se produce más y mejor a costos más bajos)

    Puede existir atesoramiento, pero la mayoría del oro atesorado, por lógica tendría nombre y apellidos: comprar una casa en xaños, un coche en x meses, ahorro para la jubilación, etc. La mayoría de la gente no se guardaría oro en una bóveda estilo “tío gilito” para nadar en el, sino que pensaría darle alguna utilidad o invertirlo de alguna forma con un determinado fin en un plazo dado, vamos, digo yo.

  6. Bastiat Says:

    Fíjate, que el principal problema proviene de que la gente decida ahorrar y no consumir o no invertir. Y eso pasa porque la gente no tiene las cosas claras si mira hacia el futuro. El problema para Keynes es ignorar las razones por las que ahora la gente actúa de forma, para él, irracional, y no gasta y no invierte, pero no en saber porqué ocurre esto.

    Si hay incertidumbre lo suyo sería averiguar qué causa esa incertidumbre, que ocurre en la política, qué ocurre en la sociedad, qué ocurre en el mundo. Y tratar de darle solución a eso y, en el peor de los casos, dejar que las cosas ocurran teniendo en claro que si no solucionamos el problema ahora más tarde puede ser peor.

    Intervenir en la economía simplemente porque la suma de oferta y demandad debe ser una dada es ignorar el aspecto fundamental de la economía que es simplemente la suma de relaciones personales de compraventa, y que en un momento pueden ser mas y en otro menos. No hay un nivel dado fijo.

    ¿Podemos pues averiguar qué hace que la gente en general se retraiga de gastar o de invertir? Esa sería la labor del economista y del político, del pensador social. La economía, buena o mala será el resultado de esas decisiones. En el momento en el que Keynes intenta llevar a cabo sea acción reflexiva ignorando una parte, el porqué ocurre eso, a él le falla la ecuación de la búsqueda de la solución.

    Entonces se trata más de establecer qué garantiza la confianza en vez de provocar actividad sin sentido.

  7. Rafael Says:

    Hola Bastiat,

    Totalmente de acuerdo en que el problema de todos los modelos Macroeconómicos está en la inexistencia de una adecuada formalización y formulización de una función de gasto en consumo que explique la reacción de los consumidores antes las diversas actuaciones de política económica de los gobiernos. Estos actúan a ciegas y por intuición. Unos con más acierto que otros pero siempre estamos sujetos a sus errores de apreciación. Errores que afectan el bienestar de muchísimas personas.

    Una función de gasto en consumo debe explicar cláramente cual será la reacción del consumidor ante un aumento del tipo de interés o ante un aumento de los impuestos. Hasta ahora la discusión está precísamente ahí. Y en el desacuerdo se escudan los defensores del gasto público para seguir adelante con sus políticas.

    A ver si termino de traducir mi Tesis y la publico de una vez.

    Esta página se está poniendo cada vez más interesante…

  8. josvazg Says:

    A Rafael:
    ¿Y si no existe esa “función de gasto” que lo explique?
    Hasta en física hay cosas que no se calculan, por su complejidad. Les suena eso de “suponiendo una carga puntual situada en…” y con eso calculas un campo eléctrico esférico con intensidad decreciente en r³… pero en la realidad NUNCA hay un campo tan sencillo que pueda modelarse así.

    Y economía quizá no es ni siquiera que sea complejo, sino que no existe esa ecuación y punto.

    En economía no hay ecuaciones, no hay matemáticas (a ese nivel) pero aún así si hay herramientas científicas que nos permiten extraer conclusiones y saber que se debe o no hacer… lo que pasa es que la economía al final estudia el complejo comportamiento humano y multiplicado por millones de interrelaciones de individuos totalmente distintos, con distintas motivaciones y objetivos subjetivos…

    Y de todo ello la escuela Austriaca nos dice que al final lo mejor es fomentar la libertad dentro de un sistema que proteja la propiedad privada (empezando por la integridad física) y los contratos voluntarios.

    Y claro, eso es “dejar mucho hacer” y como que no nos sentimos cómodos, no pudiendo predecir cuando “lloverá” una crisis o de cuanta magnitud será.

    Pero no pasa nada, solo hay que perder la “ilusión del control”, y debería ser fácil, porque NUNCA lo tuvimos.

    [La TACE ya nos dice, por ejemplo, cuando debemos esperar una crisis y recesión e incluso podemos calcular si será más o menos gorda mirando las cuantías de las deudas, comparándolas con los tamaños de las economías, el tiempo que se ha estado hinchando la burbuja, etc]

  9. Flames Says:

    josvazg Says:
    abril 5th, 2011 a las 5:42
    Yo dudo si realmente valió hasta la crisis del petróleo o simplemente dio la casualidad de que los avances científicos y tecnológicos de la primera mitad del siglo 20 compensaron el despilfarro público. (Algo parecido a lo que ha pasado con Internet y las nuevas tecnologías de los 90 hasta ahora, que han permitido que se alargase la burbuja unos años más antes de estallar.)

    Estoy totalmente de acuerdo. Todos los avances que se han producido en el S.XX han absorbido el inmoral gasto público de los políticos.

  10. Rafael Says:

    Hola JosVazG,

    Lo de utilizar la teoría fundamental está bien cuando faltan desarrollos científicos, pero el economista de verdad debe intentar crear lo que falta para que el modelo funcione. Y explicar porqué no funciona cuando no lo hace. Si no hacemos esto, dejamos el campo abierto para todo tipo de iluminados que pueden intentar rebatir ideas fundamentales con otras ideas fundamentales sacadas de su confundido cerebro. Ideas equivocadas pero que no lo parecen a los ojos de los ciudadanos que votan en las urnas. Y todo quedará así en la capacidad de convencer que tenga cada uno.

    Yo creo firmemente que se puede seguir investigando y desarrollando en economía. Mi tesis va en esa dirección. Y la “Función de Gasto en Consumo” existe. Sólo falta que salga a la luz y la comunidad universitaria y científica debata sobre ella.

    Cierto es que el control no ha existido hasta ahora, pero es por lo que comento de la falta de un modelo macroeconómico realmente aplicable en cualquier escenario. Y ello es debido a la falta de esta “Función de Gasto en Consumo” que permita unir macro y micro en un mismo modelo cerrando el circulo económico.

    El “Laissez Faire” está bién para limitar la intervención del Estado en la Economía, pero no podemos ser tan ingénuos como para pensar que los Estados no deberían existir. Existen y tienen mucha capacidad de actuar que hay que mantener dentro de unos límites adecuados y enfocar en la dirección correcta.

    Mas interesante resulta para mí la idea de un Estado gestor de unas funciones que la ciudadanía le ha asignado y permitido llevar a cabo. Un Estado que, como un padre de familia o un equipo de gestión de una empresa, puede acometer procesos de gasto que ninguno de los miembros de ese grupo vital por separado podría llevar a cabo. En momentos de crisis, ese Estado puede acometer procesos de inversión productiva que ninguno de sus miembros podría emprender individualmente ni en pequeños grupos. Lo que importa aquí es de dónde va a sacar dinero ese Estado y en qué lo va a gastar.

    Soy quizá de esos economístas que creen en la capacidad humana de superación.

  11. Bastiat Says:

    Pues Rafael creo que eres bastante ingenuo.

    Si dices que crees en la capacidad humana de superarse lo dices en plan individual o en el colectivo. Si es en el colectivo ocurre que la superación se está demostrando día a día corta, onerosa e insuficiente. Si lo es en el individuo, pretender que sea el Estado el que en casos de recesión el Estado, detraiga fondos de los ciudadanos que no quieren darle para invertirlo en cosas que no desean no se puede hablar de que creas en el individuo. Pero sobre todo si eso se hace dándole a la maquinita de hacer billetes, o a endeudarse hasta las cejas comprometiendo la riqueza futura, el resultado es auténticamente lamentable.

    Yo tampoco creo que exista nada parecido a la “Función de Gasto en Consumo”, porque el consumo forma parte de la inversión por lo que se remunera o no si la inversión no satisface al cliente, no obtiene consumo. Realmente todo es lo mismo.

    Lo verdaderamente científico en asuntos de economía es tratar de averiguar qué ha pasado. Y haciendo cuentas sobre datos concretos, reales, lo que al final se descubre es que nada es predecible al cien por cien y que la única constantes es que en el momento en el que se intenta manipular la economía, restringir la libertad de mercado o actuar políticamente contra la libertad individual… la cosa de fastidia.

    Y no hay un mínimo de actividad aceptable, no hay un mínimo de rentabilidad aceptable y no hay un mínimo de consumo aceptable.

  12. Rafael Says:

    Hola Bastiat,

    Cuando hablo de la capacidad humana de superación me refiero a la capacidad del hombre para crear todo aquello que le ha ido separando de los animales. Entre estas cosas está la capacidad de crear teoría económica que permita defender la libertad de las personas contra el instinto de dominación natural de algunos seres humanos. Este instinto ha tomado con el tiempo las mas diversas formas. Desde los faraones, los emperadores romanos, los reyes medievales y los estados modernos, todos los que han gobernado han sentido la tentación de un mayor control sobre sus pueblos. Y durante muchos siglos utilizaron justificaciones religiosas para tal fin.

    Sólo el uso de la Razón y la creación de Teoría Económica ha permitido la creación de leyes fundamentales -Constituciones- y Estados más respetuosos con la libertad individual. Si no hubieran existido Hobbes, Hume, Locke y Adam Smith, el desarrollo de la humanidad no hubiera sido el mismo ni hubiéramos entendido la importancia de la razón para enfrentarse a la fé como principio fundamental de la acción económica.

    Lo que sí me gustaría es que leyéras con cuidado mi texto, pues en ningún lado hago apología del uso de la máquina de hacer billetes ni del Estado confiscador fiscalmente hablando. Yo creo que lo que sí resulta ingénuo, a estas alturas de la Historia, es pretender que el Estado no existe o no debería existir. Y si existe entonces hay delimitar bien sus funciones. Nagarle su capacidad de gasto es negarle su misma esencia. Otra cosa es dejarle gastar según se le ocurra al primer iluminado de turno. Y más si hay crísis económica.

    El estado invierte habitualmente muchos recursos de los ciudadanos que estos han puesto en sus manos para la creación de infraestructuras. Estas infraestructuras no tienen muchas veces un rendimiento apreciable diréctamente sino a través de procesos mas o menos complejos de creación de oportunidades de crecimiento. Esta función de gasto puede ser llevada a cabo con ingresos corrientes procedentes de impuestos o con recursos procedentes del crédito -como verás no hago referencia a la máquina de hacer billetes-.

    Hay gente que piensa que el Estado no debería recurrir al crédito en ningún caso y que debería atenerse a los recursos procedentes de los impuestos corrientes. Pero eso sería como negar a una empresa cualquier capacidad de endeudarse para invertir en la ampliación o mejora de sus instalaciones en un momento de crisis en su mercado. Es decir, sería como negarle a esa empresa la capacidad de endeudamiento que tiene para aprovechar los precios ventajosos de épocas de crisis al objeto de invertir en mejorar su competitividad.

    OBVIAMENTE, el estado no está gobernado por empresarios ni por gente muy solvente intelectualmente -si nó no habríamos llegado a la situación en la que estamos (lee la entrada de mi blog más arriba referenciada si tienes alguna duda sobre mi manera de pensar)- y es por ello que creo que hay que dejar bien claro tanto sus limites de endeudamiento como su ámbito de gasto.

    El estado no puede ni debe endeudarse en los mercados internos pues esta actividad provoca diréctamente ‘Crowdind-Out’ de la inversión privada. Su capacidad para competir -rentabilidad+seguridad+liquidez- es siempre mayor que la de las empresas privadas y por ello tiende a desecar las fuentes de liquidez internas penalizando el crecimiento.

    Pero nadie dice que un Estado no pueda endeudarse en el exterior para gastar en mejorar la capacidad competitiva de las empresas del país. Por supuesto que siempre siguiendo unos criterios bien establecidos para el tipo de interés a aceptar y los plazos de devolución. Para ello ha de tener en cuenta la profundidad de la crisis y las reformas que son necesarias para salir de ella lo mas fortalecidos y lo más rápidamente posible. Aquí es donde sómos de máxima importancia los economistas como diagnosticadores de la enfermedad y recetadores de la solución. El propblema es que hasta ahora no he visto a nadie que dé un buen diagnóstico y menos aún una buena solución. Claro, tenemos una Universidad que fabrica cerebros de trapo que no son capaces de crear nada nuevo.

    Respecto a la existencia de “Una Función de Gasto en Consumo”, es lógico que no creas en ella porque hasta ahora no ha salido a la luz de las publicaciones técnicas y sólo en la tesis doctoral y el cerebro de su creador está trancrita adecuadamente. Pero si te repito que existe.

    Lo que sí que me gustaría es que me detallases ese razonamiento por el cual tu opinas que “el consumo forma parte de la inversión por lo que se remunera o no si la inversión no satisface al cliente, no obtiene consumo. Realmente todo es lo mismo”.

    Los dos últimos párrafos de tu comentario parecen más una expresión de tus deseos que de una crítica a mi texto. Sin embargo te diré que la economía se manipula habitualmente -o al menos lo intentan- por parte de todos los agentes que tienen algo que decir en el juego económico. Negarlo es negar la realidad. Y el negar la mayor y no entrar en el debate pudiera parecer más una falta de conocimientos técnicos que un aserto idealista bien respaldado teóricamente.

  13. Bastiat Says:

    Como bien dices es difícil refutar algo que todavía no has expresado. No me cabe la menor duda que debería de esperar a ello. Pero mi intuición me dice que el consumo, el gasto en consumo, es sólo una parte de la función compleja de la economía. El consumo remunera la inversión. Pero no es una relación directa en el sentido de a tanta inversión le corresponde tanto consumo. Sólo podemos hablar de mínimos necesarios para que haya inversión cuando hemos comprobado el consumo y eso se ajusta en el tiempo. No a priori. Estimaciones quizás.

    Difícilmente se puede hacer una función sobre expectativas.

    Dicho esto he de decir que me suele dar mucho miedo lo economistas que pretenden ajustar las cuentas tanto a la sociedad como al Estado. Sobre todo en el caso de los estados esto me hace revolverme en mi silla porque la existencia del estado, que yo no niego, no implica modelo económico. Sólo cuando se hace del estado interventor e interviniente de la economía sí estamos haciendo de él un actor importante y, como la experiencia nos demuestra, muy perturbador.

    Si definimos las funciones del Estado, si limitamos su capacidad de gasto, no es una empresa, no está gestionado por empresarios, por tanto no cometemos ninguna tropelía si le limitamos su capacidad de endeudamiento. Si pensamos que el Estado está para gastar, estamos haciendo de él eso que ante decía. Pero salvo que queramos definir un modelo económico en el que el estado no hace prácticamente nada salvo sus funciones esenciales, a definir y muy escasas tanto en cuáles como en cuánto puede gastar… entonces sí, definimos un modelo económico en el que el Estado tiene un papel residual. Entonces si estamos de acuerdo.

    No creo que haya que estimular la economía detrayendo recursos del ciudadano y, mucho menos, en época de crisis, porque el ciudadano ha de ser soberano a la hora de decidir qué quiere hacer con su dinero. Pretender saber qué es mejor para el común cuando sólo una parte toma esa decisión no me parece correcto. Es más, me parece soberbio, de soberbia.

    Y por tanto, el pretender que los estados puedan endeudarse fuera, cuando los de fuera, al igual que los de dentro, esperan que les sean devueltos los capitales y los intereses no es más que diferir en el tiempo algo que tendremos que pagar todos. Si tuviera que preferir algún tipo de endeudamiento me gustaría que fuera con los ciudadanos propios en vez de con los ajenos. Pero como no prefiero ninguno…..

    Ahora bien, eso no significa que no tengan que hacer determinadas inversiones en infraestructuras, pero soy de las personas que piensan que es mejor ir a comprar un coche con el dinero en la mano antes que pedir prestado. Si así lo hago en mi vida privada es lógico que quiera que eso sea lo normal en el caso del Estado. ¿Es eso posible? ciertamente si me compro una casa no se suele tener ahorrado el importe total del mismo… Bueno… he de decirte que en mi caso si. Así lo hice.

    Lo que ocurre es que cuando se usan las infraestructuras para el compadreo político… mala cosa. Y sobre todo, hay muchas infraestructuras, puentes, túneles, presas… que pueden tener una rentabilidad y que esa la pueden asumir las empresas a través de las concesiones y los peajes.

    No es pues imprescindible el endeudarse.

    Por cierto, un placer leerte y gracias por la corrección. Lo mismo estamos mucho más cerca de lo que en un principio me he manifestado.

  14. Bastiat Says:

    Por cierto,Rafael, no soy economista.

  15. Javier Moreno Says:

    Mayor resumen aún, si cabe, y más metafórico, sería decir que el descenso de consumo e inversión son solamente síntomas de la enfermedad económica, no la enfermedad misma. Y que a base de sangrados no va a sanar el paciente, sino que hace falta meter el bisturí y extirpar el tejido canceroso.

  16. E. Martín-Serrano Says:

    “Rafael Says:
    abril 5th, 2011 a las 10:48

    Nefastos son los traductores que traducen su obra a otros idiomas, los intérpretes keynesianos que lo malinterpretan deformando sus apreciaciones y los políticos que llevan a cabo algunas de sus deformadas propuestas sin tener ni idea de lo que están haciendo.”

    Llego muy tarde pero quizás no venga mal todavía mi comentario.

    Rafael, puede que los traductores no sepan o puede que los traductores no puedan. Peor aún, puede que simplemente no se pueda en absoluto; me inclino por esta última. Para lo cuál habría que ir a un análisis válido del lenguaje. En este sentido aquí va una referencia a una reflexión de la economista J. Robinsón, que leyó a Keynes en su inglés original. Robinsón se refiere al rigor y precisión keynesianos, diciendo en -¿What has become of the Keynesian Revolution? (1975)-,que: “Parece estar claro lo que Keynes no quería decir pero a veces es difícil entender lo que sí quería decir”. La traducción no es literal pero la opinión de Robinson si está expresada en el entrecomillado. Robinson, criticó las interpretaciones mecanicistas de Keynes como “una línea bastarda del keynesianismo” (esta vez, sí, en expresión literal), lo que parece ponerla a salvo de parcialidad en este sentido.

    La parte de tu comentario referida a los políticos exige tratamiento separado. Y ahí, le/nos duele.

    Saludos.

    E. Martín-Serrano

  17. lyserg Says:

    A propósito de la opción de bajar los salarios, y aunque sea salirnos del tema, eso me recuerda a la vieja profecía marxista de la caída de la tasa de ganancia y de sus implicaciones … bueno, yo si que nos soy economista, ni entendí nunca ese concepto marxista, pero creo que en lo mas hondo de cierto imaginario colectivo ha quedado esa teoría enterrada a la espera de que venga la gran crisis del capitalismo que finalmente traerá la ansiada revolución. Claro que para eso la crisis tiene que ser suficientemente grande y la clase obrera se tiene que negar rotundamente a cualquier bajada de salarios bajo ninguna circunstancia. ¿Tal vez porque si transigiera se aliviaría la crisis, frustrando la revolución?. Todavía recuerdo cuando los divulgadores marxistas nos prevenían contra Keynes, que solo pretendería ceder para salvar el capitalismo: de ahí que tratara a toda costa de evitar esa bajada salarial generalizada. Es curioso que ahora esa misma izquierda apoye todos sus argumentos en Keynes. Aunque su instintiva ferocidad contra la mas mínima insinuación de bajada salarial parece mas bien un reducto de ese olvidado marxismo que de su no muy elaborado keynesismo. Sea por lo que fuere, la rigidez salarial y laboral creo que es el principal obstáculo para la economía en los países occidentales, y relega casi cualquier debate a ejercicio gratuito.

  18. MORGAN Says:

    Creo entender lo que quieres decir, que cuando demanda y oferta no coinciden no debe forzarse el equilibrio artificialmente, con políticas
    fiscales o monetarias, pero en el tiempo en que ese ajuste se produce por medio del mercado, puede que por ejemplo el desempleo se incremente considerablemente, por ejemplo 5 millones, y el ciudadano se desespere.
    ¿Qué hacer?

    También querría pedirle su opinión acerca de la influencia de China en la crisis según sugiere el profesor JULIÁN PAVÓN.

  19. Arinago Says:

    De verdad, hay cosas que no entiendo en esto de la economía austriaca. No entiendo qué es lo que proponen para crisis como las que tenemos (¿quedarnos mirando? ¿no intervenir?). Es más, he leído algo sobre la flexibilidad laboral y la libertad para que los trabajadores pacten salarios y condiciones laborales con los empresarios… y la conclusión a la que he llegado es que dan dos mil volteretas para justificar lo injustificable. Si un empresario tiene un empleado con dos hijos y una hipoteca, lo explotará y le pagará una miseria, porque, o acepta ese empleo o se va al paro (y tal y como está la cosa, seguro que no encuentra otro empleo). ¿Cómo se puede defender que esto es mejor para los trabajadores?

  20. Pabloj Says:

    La escuela austriaca no da soluciones a las crisis, lo que dice es que lo más cercano a una solución es dejar que cada uno estudie su pequeño entorno económico y trate de hallar su microsolución. Y esa suma, poco a poco, de microsoluciones es lo más saludable para el total de la nación. Y casi todas las intervenciones públicas empeorarán esa búsqueda de microsoluciones. Por lo tanto, libertad, estado mínimo ( no nulo ) y seguridad jurídica son esenciales.
    El problema es que los que pasan hambre no pueden esperar a que a otro se le ocurra una microsolución que les incluya a ellos. Esto podría derivar en levantamientos populares que perjudicasen más aún la recuperación. Quizá, aun a costa de no ser tan eficientes, haya que remediar algo la desesperación de la gente. Pero ¿ cuánto ? y ¿ cómo esquivas a los “gorrones” que se apuntan a las listas de desesperados si las ayudas son excesivas ? Ahí puede haber sitio para una política económica sensata.

  21. Marinero Vakulinchuk Says:

    Para Iyserg:

    No simplifiques. La izquierda que te previene contra Keynes (al fin y al cabo un liberal reconocido) es la que ni entonces ni ahora lo reivindica. Desde esa izquierda yo te puedo reconocer que cuando Keynes acierta es cuando se parece más a Marx. Por otro lado Keynes es liberal cuando los conservadores sólo quieren parecerlo, y se tomaba el café con dos criptocomunistas (quizá sin saberlo) que al fin y al cabo le estimulaban, natural.

    La ‘izquierda’ que toma a Keynes como referencia lo ha hecho siempre (desde 1919), al carecer de una verdadera teoría económica y social, pero toman a Keynes y lo que les parece, según, y cómo y cuando.

    En general Keynes es más el economista del capitalismo fordista. Muerto éste, funciona cuando entiende la economía real y, repito, en mi opinión esto sólo sucede cuando sigue a Marx, cosa que no hace voluntariamente, pero que hace. No en el estatalismo (lo siento, eso no es Marx), sino en comprender que de las crisis cíclicas se sale cuando eres capaz de poner el valor producido en exceso en manos de los productores (los trabajadores) o en manos de la sociedad (cuando socializas los bienes), y eso sólo se hace desde una autoridad social lo más neutral posible que interfiera lo menos posible en la competencia. Es decir, el Estado social que funcionó más o menos en Europa en la posguerra, hasta 1970. Claro, la acumulación está ahí, y al terminar el ciclo alcista que permitía el crecimiento de las rentas salariales y la apariencia de un consenso social, la competencia acabó por saltar las barreras para poner ese esquema en cuestión y demolerlo. El Estado volvió a ser un obstáculo para el capital, y ya nunca lo bastante fuerte para hacer frente a la marea se ha disuelto siguiendo el modelo liberal/capitalista, basado en el axioma liberal “¡que se jodan!”, madre de toda la moral imperante.

    En resumen y grosso modo, Keynes no es izquierda.

    Salud
    Vakulinchuk.

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  1. Café con Libertad · 26 de agosto de 2011 | Heritage Libertad dice:

    [...] pensar que el presidente Obama quiere volver a usar el mismo remedio ¡otra vez! – un remedio que nunca funciona. Que Dios nos coja [...]

  2. Quand Krugman souhaite un tremblement de terre plus fort | Contrepoints dice:

    [...] étant, pas besoin d’inventer quoi que ce soit pour détruire la réputation de Krugman, du keynésianisme et de son alter-économie. Il y arrive tout seul tous les [...]

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