La economía asamblearia no puede funcionar

Aunque cada vez son menos, todavía los hay que defienden planificar asambleariamente la economía: democracia económica, lo llaman. Al cabo, ¿no sería más lógico que todos los ciudadanos votaran en común cuáles son los bienes y servicios que debe producir la comunidad? ¿Por qué eso ha de determinarlo un grupo de empresarios sin escrúpulos que sólo buscan su lucro personal? Se trata, sin duda, de un pensamiento instintivo –tal vez correcto en grupos humanos de tamaño muy reducido– pero extremadamente erróneo cuando se trata de hacerlo un orden social tan amplio y complejo como son las economías actuales (en realidad, la economía actual, pues gracias al libre comercio la organización económica es internacional).

Los problemas de la democracia económica son dos: los primeros surgen a la hora de seleccionar qué bienes deben ser producidos y los segundos a la hora de escoger cómo deben ser producidos.

¿Qué bienes deben producirse? La cuestión podría parecer sencilla: basta con que la Asamblea someta esta cuestión a votación popular y asunto resuelto; los bienes más votados serán los que pasarán a ser producidos. De acuerdo, pero deténgase un momento y mire a su alrededor: ¿se da cuenta de la enormidad de bienes distintos que le rodean? No se fije sólo en el ordenador, la mesa o el televisor. Piense en los pomos de las puertas, en las baldas de las estanterías, en los cojines del sofá, en el papel blanco (o reciclado) de los libros, en los tornillos que mantienen unidas las piezas que conforman la silla, en las diversas lámparas, bombillas o velas que lo iluminan, en las muy variadas prendas de ropa que lleva puestas o que tiene en su armario, etc. Y todo eso sin salir de casa… ¿Son muchos, verdad? Muy bien, pues ahora piense en todos los bienes que no le rodean porque ni siquiera se han llegado a producir o a imaginar. El número es inabarcable.

Una Asamblea que pretendiera sustituir al mercado tendría que someter a votación qué cantidad debe producirse de todos los bienes que ahora mismo podemos observar (para aprobarlos) pero, también, de todos aquellos que no observamos (para rechazarlos). Y tendría que hacerlo para todas las variantes de esos bienes. Cojamos las camisetas: las hay (o puede haber) rojas, verdes, azules, blancas, negras, estampadas (¿qué tipo de estampado?), de algodón, de lana, de poliéster (o una combinación de ellas), con el cuello redondo, con el cuello en pico, grande, pequeña, mediana, de buena calidad, de mala calidad…

El número de variantes para todos los productos es casi infinito: aquí tiene una lista, no especialmente exhaustiva ni detallada con respecto a la realidad, de todos los productos que deberían como mínimo someterse a sufragio. En otras palabras, la Asamblea –compuesta por toda la sociedad– debería pasarse debatiendo, deliberando y votando la mayor parte de su tiempo. Pues, si de igualar al mercado se trata, no debería tratarse de una votación mensual, anual o decenal, sino diaria, al minuto, continuada.

Parece claro que la sociedad asamblearia debería estar tan focalizada en votar (y en informarse sobre qué votar) que a duras penas podría dedicarse a producir. Por mera división del trabajo, la Asamblea tendería a encargarle la ardua tarea de escoger qué producir a algún planificador central, como sucedía en los países comunistas. Pero, ¿dónde quedaría ahí la democracia asamblearia? ¿Deberíamos contentarnos con consumir lo que ese señor, o grupo de señores, imagina que deseamos?

Sin embargo, el problema de elegir qué producir es meramente trivial al lado del de seleccionar cómo producir los bienes. De nuevo, en principio ésta parece una dificultad meramente técnica: una vez votado que hay que erigir una casa, el arquitecto y el constructor se encargarán de todos los detalles.

Mas el problema sólo es en parte técnico; en su mayoría es económico. Dado que los recursos son escasos, habrá que redistribuirlos entre los bienes que se ha votado fabricar. ¿Y cómo hacerlo? Por ejemplo, puede que la Asamblea haya decidido a la vez producir 10.000 litros de leche de vaca y 5.000 pares de botas de cuero, pero para manufacturar las botas habrá que sacrificar las vacas, con lo que nos quedaremos sin leche… a menos que criemos más vacas retirando trabajadores de la producción de, verbigracia, colchones. ¿Es preferible la leche, las botas o los colchones (o distintas proporciones de los mismos)? Pero los conflictos entre recursos no terminan ahí: recordemos que más producción de bienes de consumo hoy implica menos producción de bienes de consumo mañana (pues mientras fabricamos bienes de consumo no fabricamos bienes de capital); es decir, también hay que distribuir intertemporalmente los bienes de consumo a fabricar.

¿Debería la Asamblea someter a votación todos los millones de conflictos que surjan entre los usos competitivos de los recursos? Fijémonos en que esto no es un asunto técnico: los técnicos señalan qué recursos necesitan ellos para su línea productiva, pero no pueden valorar si esos recursos son más valiosos en otros procesos fabriles donde también son requeridos. En otras palabras, la Asamblea debería conocer al detalle todos los procesos técnicos y votar dónde cada recurso resulta más valioso. Y, de nuevo, esta tarea no es en absoluto delegable pues, ¿de qué modo podría saber un planificador central cuáles de los millones usos alternativos de los recursos prefiere la sociedad sin siquiera preguntarle?

Queda claro, pues, que la inmensidad de la información necesaria para someter la economía a una democracia asamblearia la haría del todo inviable. El mercado, por suerte para todos nosotros, funciona de un modo radicalmente distinto: no es la colectividad la que tiene que decidirlo todo, sino que cada individuo, de manera descentralizada, es el que tiene la opción de hacer sus propuestas de producción a la sociedad y someterlas en cada momento al sufragio continuado y permanente de los intercambios mutuamente beneficiosos. Cada individuo no tiene que conocerlo todo, sino que basta con que se especialice en una línea productiva muy concreta que atiende a un perfil muy determinado de consumidores.

Estos son los dos obstáculos económicos fundamentales que abocarían al fracaso a cualquier economía asamblearia. Luego hay otro problemilla menor, que no interesa en absoluto a la izquierda pero que sí debería concernirnos a los liberales: la hipótesis implícita a todas las votaciones asamblearias anteriores era que todos los individuos se sometían sin rechistar a los designios de la Asamblea. Si ésta establece que hay que extraer hierro de una mina profundísima para fabricar los motores de los automóviles que se ha votado fabricar, alguien tendrá que extraerlo aunque nadie quiera. Es decir, el tiempo de los distintos miembros de una comunidad pasa a ser un recurso que la Asamblea distribuye como ella escoge: no hay espacio para la libertad, pues la libertad –la autonomía de negarse a realizar la función encomendada por la Asamblea– resulta equivalente a sabotear el plan de producción que ésta ha trazado.

Mucho me temo que la tan democratizadora economía asamblearia es igualita a una tiranía política: miseria generalizada y nula autonomía personal. Todo lo contrario, por fortuna, de lo que ofrece un mercado libre.

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19 comments

  1. Brillante, esto es lo que necesitamos los que nos estamos iniciando en la doctrina filosófica del liberalismo económico: Explicaciones desmenuzadas, claras y concisas. Este artículo es un must-read para cualquier opositor a la economía de mercado.

  2. Me ha encantado su artículo Sr. Rallo, porque al fin ha quedado claro su visión de un ser humano egoista, avaricioso y estupido. No se pueden confundir necesidades con deseos, con placer, estos tienden a ser tan ilimitados como innecesarios, mientras que las necesidades estan perfectamente definidas, pero claro, para eso hay que saber algo de psicologia, sociologia o antropologia (vease por ejemplo la piramide de Maslow). Yo refuto totalmente su tesis, podemos prescindir del capitalismo, de hecho, hoy día, el capitalismo es una forma de organización social que lo único que hace es limitar el potencial del ser humano, nos deshumaniza, como he dicho antes, nos obliga a ser egoistas y violentos, tanto con la naturaleza como con el resto de la sociedad. En lo que sí que tiene razón es que la economia participativa no funcionaría en el modo de pensamiento actual, que es caprichoso, simplista, superficial y materialista, pero es que ese no es el modelo de sociedad que queremos, y me niego a pensar que incluso usted quiera o se considere solamente un ser caprichoso y materialista. Hubo una época en la que yo era un fiel seguidor de ustedes, leía a Hayek, Mises, seguía el instituto Juan de Mariana y al profesor de Soto, pero al cabo del tiempo me di cuenta que esa filosofía económica siempre terminaba generando sufrimiento y ESCLAVITUD en el sentido actual del termino, de lo que no se dan cuenta, es que esa libertad que ustedes plantean, no puede funcionar entre personas con una situación social de desigualdad, porque al final el que tiene el poder siempre impondra sus condiciones y lo siento, pero yo no veo que eso nos lleve nunca a una sociedad justa. Hoy día, la solución no es el capitalismo, ni el comunismo, ni socialismo, ni ecologismo radical… existen visiones diferentes en las que lo importante es satisfacer nuestras necesidades, no nuestros placeres o vicios, pero sin arrogarnos el derecho absoluto de utilizar nuestro entorno como nos venga en gana, porque no nos pertenece, debemos mantener un equilibrio y para eso tenemos que potenciar la caracteristica más importante del ser humano, el CONOCIMIENTO.

  3. Señor Indignado, nadie dice lo contrario…. Es más en su brillante artículo, con el que estoy absolutamente de acuerdo, ¡cómo no!, le plantea cuestiones meramente prácticas, no ideológicas y le aporta las soluciones que las sociedad se ha dado no desde la invención del papel moneda y los bloques ideológicos sino desde que la humanidad es humanidad. El trueque es la forma primitiva de intercambiar los bienes que poseo porque soy mejor cazador o recolector y que tengo en demasía por aquellos que por mi ineficiencia o falta de tiempo necesito y no tengo. El trueque es la economía.

    Negarse a ver y estudiar qué es lo que significa que el hombres sea el único ser “economicus”, permítaseme el palabro, puede resultar muy romántico, pero absolutamente irreal, como irreal es pretender que el hombre se convierte en egoísta por el capitalismo. No mire Ud., el hombre es egotista per se. El capitalismo no es ni más ni menos culpable del cómo seamos los humanos. Y el ser humano también es posible que sea generoso y solidario, per se, y el capitalismo no impide ni la generosidad ni la solidaridad. No tiene nada que ver.

    El hecho de que el capitalismo, la libertad económica, voy a llamarlo a partir de ahora, nos permita obtener qué regalar para ser generosos con nuestros hijos, pareja, familiares y amigos ya nos permite reconocer que nada tiene que ver con la influencia en uno u otro comportamiento. La generosidad de dar lo que nos sobra voluntariamente es lo que nos hace verdaderamente generosos y para ello no tiene nada que ver la libertad económica.

    Pero sí es cierto, como ha reflejado el Profesor Rallo en su escrito, que la libertad económica permite mayor creación de riqueza y mayor satisfacción personal. El que una persona pueda realizarse plenamente en un sistema de libertad económica, y de libertad ideológica, de creencias, en un sistema de libertad al fin y al cabo es la demostración palpable de que el asamblearismo no funcionaría porque las decisiones tomadas no por mí sino por los demás obligándome a mí a aceptarlas sin darme la libertad de poder desarrollarme independientemente de los criterios de una mayoría no sólo no genera riqueza, sino que, ya puestos a hablar de psicología, no genera satisfacción al individuo sino a lo sumo abulia y, en muchos casos una frustración aberrante.

    Uno puede quiere someterse, y en eso también consiste el ser libre, a los dictados de una asamblea o grupo. Ud. puede querer ir al museo, pero la mayoría de su pandilla decide que prefiere ir a la discoteca. Ud. puede hacer dos cosas o pasa de su grupo y decide disfrutar de lo que quiere hacer; con lo cual y según sus parámetros sería egoísta, o decide someterse a los dictados de la mayoría, con lo cual tendrá la frustración de no haber podido satisfacer sus necesidades, que también lo son, por la imposición del grupo. ¿Cómo le afectaría eso psicológicamente?

    Pues depende, si Ud. acepta vivir en una sociedad en la que las decisiones sobre el qué podemos hacer, el qué podemos consumir, el cómo podemos fabricarlos y el quién lo tiene que fabricar no lo decide Ud., sino que se decide por la asamblea, tendrá un grado de satisfacción aceptable, indudablemente, pero ¿y si no es así? Póngase en esa situación, en la situación de que lo que más hubiera querido es ir al museo en vez de a la disco… ¿porqué me tengo que someter a lo que digan otros? Sería su respuesta. Y lo mismo decide cambiar de amigos porque esa es la mejor manera de poder satisfacer otras necesidades.

    Y para ello tienen que darse dos cosas, primero reconocer que tiene necesidades distintas a las de sus amigos y luego que tiene la libertad para poder tomar la decisión de abandonar ese grupo.

    La cuestión es: ¿Eso se podría hacer en un sistema asambleario? Y evidentemente no estoy hablando de museos y de discotecas. Estoy hablando de si tendría la libertad de poder decidir por si mismo.

  4. Señor indignado, de modo que usted, como alternativa a un sistema (el capitalismo) que acusa usted de generar pobreza, propone un sistema que nos reduciría a lo mínimo de la subsistencia.
    Como alternativa a un sistema donde mandan (según puede usted pensar) unos pocos, usted propone un sistema donde manda un único grupo (la asamblea).
    Como alternativa a un sistema que ha sacado a 400 millones de personas del hambre absoluta en los últimos 50 años, usted propone un sistema que nos haría pobres absolutos a todos.
    ¿Por qué las propuestas de la izquierda siempre implican un extremo de lo que más atacan?

  5. @Indignado

    Pues mire, tenemos un problema gordo. Mientras yo no quiero imponerles nada a usted o los demás, mee da a mi que usted si quiere imponerme que yo tenga que hacer cosas que no quiero o hacerlas de determinada manera.

    Pues, que quiere que le diga, ¡yo me niego! ¿Me va a encarcelar por eso? ¡Enhorabuena!¡Ya es usted un Totalitarista!

    Y no me refiero al respeto a la Ley, es decir, básicamente yo me comprometo (y espero que usted también) a acatar la Ley que no es otra cosa que respetar a los demás, su integridad física, psicológica y de su propiedad y a no hacer nada que atente contra sus libertades, como espero que ellos hagan conmigo. Es más, me comprometo incluso a respetar un cierto grado de moralidad en mi comportamiento personal y con los demás, extra a la Ley, que entiendo que me reportará estar más a gusto conmigo mismo y que los demás me tenga en mayor estima.

    Ahora bien, dicho esto, mi vida quiero vivirla a mi gusto y placer, intentando satisfacer mis necesidades y quizá con algún que otro vicio personal de vez en cuando.

  6. Para indignado.

    Comprendo sinceramente su indignación pero aún más su frustración. La frustración de ver que algo no funciona aunque realmente lo que ocurra es que esté funcionando a medias.

    Me explico.

    Hasta el octavo párrafo el profesor hace un gran esfuerzo didáctico en explicar por qué es necesaria la interacción entre individuos libres en una plaza que se denomina mercado para coordinar la sociedad intratemporalmente.

    Afortunadamente, se ha conseguido grandes avances al respecto durante el siglo XX liberalizando los mercados globales. No en su totalidad pero si en gran medida, luego ya tenemos mucho del trabajo hecho.

    Ahora bien, usted como la mayoría de la gente que habita en este planeta, es decir el consenso, una vez asume el éxito de tal práctica para sacar a millones de personas de la pobreza y generar prosperidad, gira la cabeza a la realidad social y comienza a ver cosas que le gusta más bien poco: materialismo, superficialidad, egoismo, estupidez, corto plazismo,…

    La pregunta por tanto sería: ¿Crea riqueza y prosperidad el capitalismo libre a costa de aflorar estos negativos sentimientos?. Rotundamente NO!.

    Lo que está ocurriendo es que la sociedad está alcanzando una gran coordinación intratemporal con una nula coordinación intertemporal.

    ¿Pero qué puñetas dices? Se preguntará usted.

    Pues digo que la gente es libre de soñar, imaginar, desarrollar y poner en práctica lo que quiera pero solo si es para ahora. ¿Se lo imagina? miles de cabezas pensantes y creativas generando ideas solo para el corto plazo, es decir solo para bienes de consumo presente. Pues eso es lo que ocurre. Por eso no le debe extrañar ver a biólogos de comerciales, filólogo de directores de banca en zonas turísticas porque saben idiomas, ingenieros trabajando para la administración pública que regula para solventar problemas que previamente ha causado, y lo que es peor y más dramático, el desempleo que se genera cuando sustituyes, al cabo de una generación, a mano de obra por máquinas que realmente lo que posibilitaría es que el hijo no se vea obligado a repetir el trabajo del padre pero que en ausencia de un verdadero capitalismo le condena al desempleo.

    Bueno ¿y por qué sucede esta descoordinación intertemporal?, se preguntará. Pues para eso adjunta el profesor el artículo del octavo párrafo, para explicar la importancia del tipo de interés en la coordinación del orden social tanto intratemporal como intertemporal y eliminar de raíz esos sentimientos tan malos que no nos gusta a NADIE.

    ¿Ya se lo ha leido?. ¿Ya lo ha entendido?. Ánimo, ahí está la clave. ;)

    Un saludo.

  7. Excelente artículo Sr. Rallo. La lástima es que el mismo, aún usando razonamientos bastante básicos y accesibles a todo el mundo, no pueda ser entendido por personas que tienen su mente totalmente deformada por el pensamiento filo-comunista.

  8. @indignado, el capitalismo es lo opuesto a la violencia, porque necesita el libre intercambio, esto es, la ausencia de coacción.
    Se equivoca cuando piensa que las necesidades humanas están escritas en piedra. A menos que asuma que hay una única forma correcta de vivir y que todos debemos seguir esa norma, no es posible distinguir en cual es la más conveniente. Porque aunque asumamos que es necesario para nuestra subsistencia el alimento, la vivienda, etcétera, no explica como distinguir entre cuánto alimento es estar saciado y cuánto no, qué alimentos son los que se deben consumir, en qué cantidad, dónde vivir y de qué forma… Su discurso es rebatido en el artículo del Sr. Rallo desde una perspectiva económica. Pero yo no me quedo ahí. Al final su pensamiento se reduce a: hay una forma correcta de vivir, que es la que yo digo, el vicio presente —o la naturaleza humana, o la sociedad— es el que provoca que la gente no acepte vivir como yo lo digo, debo destruir el vicio —o modificar la naturaleza humana, o destruir la estructura social (familias, etc.)— ajeno, porque yo si sé lo que es bueno…
    Queda usted retratado…

  9. No se exactamente a quien va dirigido, pero bueno.

    Efectivamente yo soy del pensamiento de usted de que la economía asamblearia no puede funcionar, pero con un “ligero” matiz, soy marxista.

    Así, el capitalismo es el más salvaje de los sistemas anárquicos, no me he confundido al calificarlo, aunque algunos ya se toquen las entradas.

    Digo esto, ya que el Capitalismo se basa en producir y ya el mercado regulará, además de generar necesidades que no son necesarias para estimular el consumo, si lo pensamos fríamente una locura.

    Cualquier administrador sabrá que ante unos recursos finitos no se puede depender del azar para permitir la supervivencia de su empresa, pues más o menos es como funciona el capitalismo.

    Sin una planificación estatal que controle en todo momento las necesidades internas y externas del país, los recursos se están desperdiciando, así tenemos los problemas medioambientales que tenemos, ya no entro en valorar las cuestiones sociales claro.

    Entre los sistemas donde el estado controla los medios de producción tenemos los fascistas (el nazismo o el Franquismo, por ejemplo) y en el otro ala (marxismo, stalinismo, por poner otros ejemplos). Elegir entre uno u otro si es ideológico y es algo personal, pero creer ciegamente en la anarquía del Capitalismo es suicida a largo plazo.

  10. El capitalismo se basa en revolucionar los métodos productivos, por eso Marx veía necesaria esta fase para la humanidad, no como un sistema eterno como muchos por aquí lo plantean.

    Si miramos otro ámbito que no sea humano, tales como los sistemas biológicos, el sistema capitalista tiene un crecimiento exponencial continuo tal como lo hace una bacteria, esto no es mantenible en el tiempo, en un mundo ideal con recursos infinitos pues claro que sí, pero en el mundo real debe llegar un punto de equilibrio y mantenerse en el tiempo con sus fluctuaciones, de ahí que Marx sabía que la historia nos llevaría tarde o temprano a un sistema donde se controlasen cada uno de los recursos, es decir un sistema centralizado.

    Antes no me he metido en el ámbito social, pero creo que ya va siendo hora, así, este sistema, el capitalista, se mantiene a base de la explotación de seres humanos y de su medio ambiente (esto sin hablar de la plusvalía), es decir que unos seres humanos imponen sobre el resto sus normas por el cual una tierra es suya (propiedad privada), manipular al resto y manipularse a sí mismo para hacerse creer que en este mundo todos tienen oportunidades,etc.

    Un capitalista no es más que la continuidad de los anteriores estratos sociales heredados de otras épocas, es decir son clases privilegiadas, es verdad que hay mayor movilidad entre clases que en otras épocas, pero no quita de su existencia. Esta clase impone al resto su forma de ver el mundo, se creen que como ellos viven bien, el resto también viven bien.

    ¿Qué es la libertad económica en el capitalismo?
    Depende de la clase a la que pertenezcas darás una respuesta a otra, yo daré la de la clase obrera, así para esta, nada más nacer si tiene la suerte de nacer en un país desarrollado, estará condenado a trabajar y hacerse esclavo del capital para vivir, digo hacerse, ya que aunque es algo voluntario, el medio ambiente hace que la felicidad de 90% de la población se base en el consumo, todo esto para tener comida, casa y ocio.
    ¿Es libertad tener un coche rojo o azul? ¿Vestir de chaqueta o sport? …

    Nunca entenderé la teoría económica liberal, no porque no la comparta, ya que como parte de la clase obrera nunca podré compartir, sino también racionalmente, si pensamos un poco, ha sido el keynesianismo el que ha permitido que los capitalistas hayan florecido durante tanto tiempo sin preocuparse de la estabilidad social, mal dicho, el dar migajas al pueblo hace contener su furia, al igual que una ONG contiene una revuelta en un pais subdesarrollado. El keynesianismo a parte de tomarse como medida por la crisis del 27, fue una medida ideológica, así se contenía al pueblo y se impedía que los obreros mirasen al enemigo de las ideas marxistas.

    Por todo ello, nunca entenderé las ideas liberales, que lo único que hacen es romper el saco y hacer que la gente despierte, así gracias a las medidas liberales que se van tomando en la actualidad salen los actuales indignados, que aunque ahora son inofensivos ya que no saben de la misa ni la mitad, en algún momento puede ser un enemigo de clase.

    Todo esto lo dice un marxista convencido que no comprende como su enemigo se está buscando su fin, será tarde pero este llegará algún día y luego tildarán a los marxistas de ogros y demonios rojos.

  11. MuyBienAunque….

    No sé porqué pero este “nick” tiene toda la pinta de ser un Dejá Vú y que alguien quiere reabrir un debate ya pasado.

    Un debate ya pasado y resuelto por la historia. El marxismo llevado a la práctica no crea riqueza, no salvaguarda el ecosistema y no consigue la igualdad de las personas pues crea una casa, la del partido, frente a otra, la de la clase obrera que no puede opinar y ser libre.

    Por ello, y viendo que presume de marxista, me gustaría preguntarle…. ¿Presume de ello por que comprende perfectamente las bondades del marxismo aun viendo y habiendo estudiado sus profundos defectos o presume de marxista porque niega el derecho a los demás a discrepar y, al fin y al cabo está convencido que eliminando la libertad de los ciudadanos acabaría con el mercado?

    Pues va a ser que no. El mercado no existe como ente concreto. El mercado existe en cada transacción libre. Eso es el fundamento de las ideas liberales. NO el capitalismo, que es un concepto que Marx se sacó de la manga para tratar de representar la lucha de clases, el trabajador frene al empresario, el dueño del capital.

    No espero que me responda. Sus palabras parecen más un desahogo y un acto de autoafirmación que la búsqueda de un verdadero debate de ideas, de respeto a las ajenas y de confianza en las propias.

    Ya nos ha pasado esto aquí….. aunque creo que ya lo sabe.

  12. ¨La economía asamblearia no puede funcionar¨. Pues para negar la realidad no hace falta escrito tan largo, sino que se retrata a sí mismo intentando modificar la historia como si nunca hubiera existido, al estilo de los gobiernos de las supranaciones en la novela 1984 de George Orwell, a tal extremo están llegando los economistas capitalistas neoliberales en su intento de justificar un sistema social y económico que no lleva a la vida sino a la extinción completa y más allá.
    La economía asamblearia ha existido, y se ha dado en algunas regiones de España durante un tiempo limitado, como explica este blog:
    http://colectivizaciones.blogspot.com/2009/05/colectivizaciones-la-obra-constructiva.html
    Si quiere rebatir los argumentos, lea y comente el libro de Soucy y Folgare, pero no elucubre con política-ficcion, porque existir sí que ha existido, y por mucho poder que tengan ustedes no van a borrar la historia.
    Por supuesto que existió en condiciones especiales de la guerra civil española, ya que jamás hubieran consentido las ¨democracias¨ que se ensayara un sistema tan absolutamente opuesto al capitalismo, y por supuesto que fueron aplastados como cucarachas por el ejército fascista-franquista genocida español sublevado, con la ayuda de genocidas reconocidos mundialmente como Hitler y Mussolini, y con la inacción y más bien plácida aquiescencia de las ¨democracias¨ occidentales, más preocupadas por proteger a sus empresas y que no fueran expropiadas por ¨movimientos anarquistas¨, que en defender el orden constitucional de la Segunda República, y con el sabotaje interno de los comunistas a quienes Stalin enviaba armas, pues prefería que triunfara Franco a que se extendiera la democracia asamblearia, tan poco partidaria de un régimen comunista.
    Ustedes los economistas capitalistas neoliberales son personas inteligentes, más bien diría astutas, pero tanta elocuencia no les sirve para mucho, puesto que la única idea que gobierna en sus cabezas es la acumulación ambiciosa y avariciosa del dinero y el poder. Y para justificar esa única y perniciosa idea inventan elaboradísimas teorías que no son más que ideas concéntricas que giran en torno al mismo paradigma, a saber: que quieren la mayor libertad, pero sólo para lo que les interesa: la libertad de comercio, la libertad de capitales, la libertad para las empresas, la libertad para los empresarios, libertad para los bancos y libertad para las transacciones financieras, aunque sean papel pelota y bolsa tipo casino. La libertad de las personas y sus derechos como seres humanos no les importan lo más mínimo. Y después vienen con los cálculos que demuestran las interdependencias entre el ahorro, la inflación, los precios, los impuestos, el desempleo, las prestaciones, la prima de riesgo, los salarios, el tipo de cambio, los intereses bancarios centralizados y un largo etcétera, un galimatías interminable de conceptos humanos inventados por los más ricos y poderosos, cuyo único mensaje es ¨imposible vivir fuera del marco estrecho del sistema que algunos hemos creado para todos por nuestro bien, sería el caos y la ruina¨.
    La economía capitalista no ha salvado de la muerte por hambre o enfermedades ni a 50 millones ni a ningún ser humano, justo al contrario, ha convertido al planeta en una inmensa picadora de carne humana por cientos de millones, donde el 10% de la humanidad vivimos decentemente y el restante 89% subsiste con las migajas que les dejamos, mientras el 1% vive en la absoluta opulencia y despilfarro, tanto que ya no saben qué nuevo lujo inventar para gastárselo, así de injusto y demencial es el ¨orden mundial¨ que disfrutamos.
    Ustedes los economistas capitalistas neoliberales son personas supuestamente eruditas, y se enzarzan en disquisiciones filosóficas interminables, pero se olvidan al parecer intencionadamente de que ese orden social y económico existente, tan bueno pero mejorable, está sostenido por el complejo militar-industrial, ejércitos fabulosos con capacidad para destruir el planeta muchas veces y para ejercer la fuerza donde haga falta, y que amparan las decisiones de instituciones buitre como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio, que no por casualidad se dedican a empobrecer pueblos y fabricar “estados fallidos”, como les gusta decir eufemísticamente, para después repartirse los despojos entre las más esquizofrénicas de las corporaciones multinacionales.
    Ustedes sólo piensan en el dinero, es lo único que cabe en su cerebro, y claro no les cabe pensar que pueda existir una sociedad sin dinero, por eso se afanan en explicar con todo lujo de detalles por qué no es factible una economía asamblearia.
    En seguida acuden a la “burocracia” que supone ponerse de acuerdo en asamblea, francamente el tópico es tan manido que ya huele que hiede. No hablan de la burocracia que suponen los gobiernos y políticos nacionales, regionales, provinciales, locales, supranacionales y globales ni la cantidad de personas que desempeñan puestos burocráticos en los departamentos de justicia, policía, ejércitos, carceleros, servicios secretos, por no hablar de la corporatocracia de puerta giratoria y los think-tanks compuestos por integrantes de los estamentos dominantes y que se dedican a conspirar en secreto para mantener y aumentar su poder y su capital, y por no hablar de los lobbysters corporativos que se arremolinan cerca de los centros de poder para influir en sus decisiones ya sin disimulo alguno.