La no-reforma sindical

Señala esa vulgata marxista convertida en dogma de fe progresista que existe un conflicto de intereses irresoluble entre la opresora clase capitalista-gerencial y la muy oprimida población trabajadora. La salud de los primeros es la enfermedad de los segundos; los proletarios sólo pueden prosperar arrebatándoles la propiedad y los beneficios a las ratas explotadoras y éstas sólo pueden acumular capital apretándoles las tuercas a los obreros.

Esa fantasía épica, con sus orcos, elfos y unicornios incluidos, se ha erigido en piedra angular de nuestras relaciones laborales y, por tanto, de nuestro desastre económico actual. Lo mismo da que allí donde un mayor número de empresas ganen una cantidad más sobresaliente de dinero los salarios también sean mucho más elevados; el machacón pensamiento único es claro en su diagnóstico, coincidente con esas sesudas reflexiones de la Bruja Avería de “¡Viva el mal, viva el capital!”.

Así, dado que los sindicatos deben defender a los trabajadores de sí mismos –de esa enorme osadía de rubricar acuerdos contractuales con los empresarios que ambos se atrevan a juzgar como beneficiosos en contra del más alto y relevante criterio de la plutocracia comisiono-ugetera– en España no hay quien contrate y, por consiguiente, no hay que trabaje. Porque, quizá convenga repetirlo, si al empresario no le resulta rentable contratar, no se contratará y si no se contrata, no se trabaja.

Era este perverso sistema, ese que apuntala contra viento y marea, contra expansión y contracción crediticia, las condiciones laborales gestadas en medio de la mayor burbuja inmobiliaria que conocieron los siglos, el que había que desmontar. Y es que, aun dejando de lado el problemilla de que unos señores que no creen en la libertad de empresa pacten al milímetro las condiciones laborales de todas las empresas de este país; aun atribuyéndoles a nuestros sindicatos una sapiencia que jamás se han dignado a mostrarnos; aun así, ¿qué creen que significa eso de la ultraactividad de los convenios? Pues que si los sindicatos así lo desean –y lo desean–, lo pactado en 2003, 2005 ó 2007 tiene hoy, cuatro años de desmoronamiento económico después, la misma vigencia que cuando construíamos centenares de millares de viviendas al semestre.

Por eso había que derruir el sistema. Por eso, sí, y también para beneficiar a los empresarios; para no impedirles crear riqueza y contratar a parte de los cinco millones de parados en el proceso. Por eso, sí, y también beneficiar a los trabajadores, pues, por extraño que pueda parecerles a quienes viven de nuestros impuestos, no resulta del todo inverosímil que muchos de esos obreros quieran conservar su empleo o incluso volver a trabajar. Por eso, sí, y también para perjudicar a los sindicatos, que no otros son los únicos que medran en un sistema que los convierte en omnipotentes legisladores.

Mas el Gobierno ha optado, oh sorpresa, por no reformar lo que debería haber sido reducido a cenizas. El Partido Socialista Obrero Español ni ha escuchado a Bruselas, ni a los empresarios ni, tampoco, desengáñense, a los trabajadores. Por una simple cuestión: el socialismo nunca ha defendido a los obreros, se limitó a instrumentalizarlos –y masacrarlos– en beneficio de la casta gobernante. Después de destruir tres millones de empleos en tres años, José Luis, Alfredo y Valeriano han decidido que nada merece ser cambiado en nuestro mercado laboral. ¿Para qué? ¿Algún problema a la vista? ¿Algún sindicato con problemas?

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12 comments

  1. Sr Rallo:

    Centrar el problema del empleo en los sindicatos es demasiado simplista. No le voy a negar que los sindicatos son, en gran parte, responsables del paro que hay en España; pero ni son los únicos, ni son los principales. El problema se centra siempre y únicamente en la flexibilización del despido, pero este es sólo un aspecto particular de un problema mucho más amplio que es una estructura económica basada en dos castas: por un lado los empresarios y por otra los trabajadores. Ni unos son libres para despedir ni los otros lo son para vender su trabajo a quien quieran.

    A este respecto puese por escrito hace unos días mis reflexiones de una forma más extensa. Con su permiso, pongo el enlace a las mismas por no ocupar aquí más espacio del necesario.

    http://enlacalle.es/?p=123

    Un saludo.

  2. No lo centro en el despido, que eso son simplemente costes extra (en ocasiones desproporcionados) para reorganizar la plantilla, sino en la negociación colectiva, que muchas veces supone una imposibilidad de hacerlo.

  3. El convenio colectivo, salvo en funcionarios y medio funcionarios del tipo de cajas de ahorros y parecidos, no tiene prácticamente ninguna importancia real.

  4. Le parece a usted mal que haya un salario mínimo?
    Los convenios además dan otros pequeños derechos…como algunas horas para ir al médico con el niño o con el padre. Eso es malo tambien?

  5. Le doy las gracias por responder.
    Creo que usted ve el mundo, como muchos de nuestros queridos políticos, desde muy arriba. SAbe mucha teoria, muchísima y como lo cortes no quita lo valiente, también creo que explica las cosas con claridad y de forma amena. Pero:
    Creo que usted nunca ha sido trabajador en una empresa con convenio o sin el.
    Creo que usted tampoco ha tenido iniciativa para crear una empresa, arriesgar dinero y dar empleo con ella. Hay algunos empresarios (pequeño en mi caso) que además de pensar en el beneficio, pensamos en el empleo que damos y en las familias que comen y que tienen que comer de la empresa.
    De verdad cree, con la preparación que tiene, que no se crea empleo por los mini salarios que aparecen en los convenios?.
    El que estemos exportando ingenieros y que al emprendedor se le pongan todas las trabas del mundo tanto financieras como burocráticas a lo mejor son dos motivos mas importantes.
    Un saludo.

  6. En cuanto a mis datos biográficos, cree mal.

    Sobre si son los salarios mínimos los que impiden que se genere empleo: como explico en el artículo, no sólo los salarios mínimos. Pero sí, una parte significativa del desempleo se debe a ellos: si la rentabilidad de alrededor de un tercio de la economía se ha desmoronado, es obvio que ese tercio de la economía no puede pagar salarios tan elevados como antes. Al menos hasta que se reajuste.

    No dudo de que las trabas burocráticas a la creación de empresas también tengan su influencia.

  7. España a la cabeza de la revolución anarcocapitalista en Europa.
    Un fantasma recorre Europa, es el fantasma de la revolución silenciosa anarcocapitalista. Y España está en la vanguardia de este cambio de paradigma, librando una guerra soterrada a los aparatos del Estado. No nos imaginemos a ejércitos enfrentados, cada pieza de este puzzle milita en todos los bandos. Veamos sus huestes:

    Cinco millones de parados armados con cuchillos jamoneros repelando el pernil hasta sacarle brillo al hueso. Siete millones de pensionistas, de los que cinco cobran más de lo que han cotizado. Viudas amancebadas con sueldo y pensión ajena. Siete millones de menores de edad educados en la ciudadanía del confort a toda costa jaleados y adocenados por una pléyade de psicopedagogos. Setenta mil concejales, que aunque solo se les ocurra una idea al día de media y esa idea sea barata, pongamos 3.000 euros, son 70.000 x 3000 x 365=76.000 millones de euros al año.
    Otros cincuenta mil cargos públicos de diverso pelaje, autonómico, provincial, central, municipal… Trescientos mil liberados sindicales dedicados a lo que su propio nombre indica. Miles de millones de universidades que ocupan todo el universo de las más recónditas aldeas y caseríos. Tres millones de funcionarios. Centenares de miles atrincherados en la maraña de las redes caciquiles cobrando el PER.
    Miles que dicen ser agricultores y se pasan el día leyendo el Boletín Oficial del Estado. Comandos de ONGs y asociaciones, emboscados en los más diversos colectivos prestos a ordeñar cualquier vaca, por muy seca que esté o aunque sea un toro. Setenta y cinco mil presos con aire acondicionado. Y las corporaciones: los sindicados, las iglesias, la patronal, los bancos que emplean a bandas de políticos para atracar ciudadanos. Y los empresarios, metiendo la navaja para cobrarse su cuardo de libra de los hígados del Estado.

    Esta es la paradoja del socialismo, se autofagocita, se busca la ruina por definición ontológica. Su éxito en la igualdad, su empeño en podar las ramas más altas o cortar los troncos, deja un erial de matojos.

    Pero nunca se llega a ello, la naturaleza humana es muy tozuda. Los mismos, ¡ojo los mismos! que propagan la verdad del adocenamiento, los temerosos públicos de la libertad, militan en las filas contrarias. Participan en manifestaciones laicas y en procesiones de semana santa. Legislan impuestos y los eluden. Persiguen ladrones y roban. Expropian dinero para las arcas públicas y lo privatizan a sus cuñados votantes.
    Y así se debilita el Estado, que se endeuda, hasta donde le den los denostados mercados ultraneoliberales, que no son otra cosa que los mismos mendas con la cartilla del depósito a plazo fijo; ello para amamantar a las miríadas de votantes-chantajistas que esperan la tajada a corto plazo, que sustentan el negocio de la supervivencia de políticos emperrados en no trabajar en el mercado, al que temen como a una vara verde, y con razón. La política es un negocio que no solo es tolerante con los incompetentes, si no que además cuenta con una estructura específica para su promoción: los partidos.
    Así que la economía negra, o sea libre, o sea al margen de las garras de los políticos, se abre paso. Parados que trabajan, liberados sindicales que cobran recibos del Ocaso, inválidos rurales que corren como liebres, placas solares que producen electricidad de noche, políticos llamando a líneas eróticas por el móvil oficial, divorcios para conseguir plaza en el cole, empresas que pillan por abrir, y por cerrar; campañas publicitarias contra el tabaco y subvenciones a su cultivo, gente que vota con los pies, y se larga, mucha paz para fabricar pacíficamente armas…

    En fin… esta revolución es una guerra de Gila, con guión de Berlanga y diálogos de Rafael Azcona.

    Maxi. http://maxisoriano.blogspot.com

  8. Si un tercio de la economía se ha desmoronado no ha sido por esos salarios tan elevados que usted dice (¿se ha leido las tablas salariales de los convenios?, yo mas bien veo salarios de subsistencia en los niveles inferiores). Ese tercio de la economía estaba condenado al fracaso, ya que crecía respecto a un bien, la vivienda, con 0 de valor añadido, y desde que las entidades de crédito dejaron de inyectar a la economía decenas de miles de millones de euros en forma de crédito toda esa industria de producción de ladrillos y cemento y el consumo aparejado a 2 millones de albañiles, todo ese sector que se había creado de la nada se desvaneció en 2 años.
    El problema no está en el salario del trabajador, el problema está en la falta de un modelo productivo que haga que los emprendedores creen empresas alejadas de los agotados sectores del turismo y construcción.
    ¿Como puede ser que en Europa con salarios que duplican practicamente los españoles las empresas no cierren?.
    A ver si los margenes de beneficio que estilamos en España son un poco desproporcionados.
    Un saludo

  9. Los convenios colectivos no tienen nada que ver con la creación de empleo real, tienen mucho que ver con la creación de empleo legal (osea con los impuestos). Afortunadamente la vida se haber camino. Si no se puede trabajar con contrato se hace sin él y punto. Nadie se muere de hambre si hay alguien dispuesto a pagarle un sueldo que le resulta atractivo, sea por encima o por debajo de cualquier convenio.

    Los convenios son para los burócratas y funcionarios.

  10. Que un tercio de la economía se haya desmoronado no es responsabilidad de los altos salarios. Pero, tras desmoronarse, ese tercio de la economía ya no puede abonar altos salarios. Es así de simple. Y sí, nos falta un nuevo modelo productivo, pero eso toma tiempo: hay que construir fábricas, infraestructuras y proyectos empresariales desde 0. Y, al comienzo, no pueden pagarse salarios muy altos, de modo que si estos no pueden reducirse, tendrás paro. Es lo que explico en este artículo que ya te enlacé: http://juanramonrallo.com/30/04/2011/%C2%BFpor-que-hay-paro/

    Sobre los convenios, he escrito otro: http://juanramonrallo.com/10/06/2011/%c2%bfpara-que-sirve-la-negociacion-colectiva/