La especulación tiende a ejercer una influencia moderadora sobre los precios de los activos al proporcionarles volumen de negocio y reducir sus divergencias geográficas y temporales. En relación al futuro, la postura de los especuladores puede dividirse en dos clases: los que tratan de comprar barato y vender caro (especulación alcista o posiciones largas); y los que intentan vender caro para recomprar barato (especulación bajista o posiciones cortas).
Ambas clases de especulación tienen el mismo propósito: ajustar los precios a la realidad. Pero para lograrlo siguen caminos distintos: la especulación alcista presupone que los precios actuales están artificialmente abaratados con respecto a los futuros, por lo que tiende a acaparar los activos en cuestión (encareciendo su precio actual) para revenderlos más adelante (abaratándolo su precio futuro); la especulación bajista considera que los precios actuales están artificialmente inflados con respecto a los futuros, por lo que trata de enajenar los activos (reduciendo su precio actual) para recomprarlos más adelante (encareciéndolo en el futuro). Los especuladores ganan cuando el mercado se orienta en la dirección pronosticada: los alcistas cuando sube y los bajistas cuando baja.
El especulador es un profesional del ajuste de precios y, por consiguiente, rara vez hace uso de su exiguo patrimonio personal. Si se restringieran las operaciones especulativas a los fondos propios de cada agente, apenas tendrían capacidad para corregir los desajustes en los precios: el volumen de transacciones en los mercados es tan descomunal que un agente individual apenas pintaría nada si no se apalancara para multiplicar su relevancia. De ahí que el especulador, tanto el alcista como el bajista, tienda a operar de prestado.
En concreto, el especulador alcista toma prestado un dinero que no tiene para comprar unos activos que espera revender más caros en el futuro; por su parte, el especulador bajista toma prestados unos activos que no tiene para recomprarlos más adelante. Los medios de comunicación suelen hacer mucho hincapié en que los especuladores bajistas “apuestan” por vender unos activos que no poseen, pero se olvidan siempre de que exactamente lo mismo sucede con los especuladores alcistas: el activo que venden sin poseer es el dinero.
Nada de lo anterior cambia sustancialmente si los especuladores bajistas operan al descubierto, esto es, si ni siquiera poseen o han pedido prestados los activos que enajenan. Las ventas al descubierto no son más que ventas a plazo: los especuladores cobran de inmediato y efectúan la entrega del activo después; es durante el intervalo cuando aprovechan para comprarlo o para pedirlo prestado. Lo mismo sucede, sin embargo, con los especuladores alcistas, los cuales pueden comprar activos sin necesidad de pagarlos al contado. Al final, estamos hablando de operaciones a crédito (compro o vendo ahora y pago o cobro luego) con la peculiaridad de que no implican un préstamo formal de dinero o de activos.
Cuando alguna de las operaciones crediticias anteriores se realiza a través de un broker (de un intermediario financiero), será habitual que éste intente limitar la cuantía del crédito que les extiende a sus clientes a través de la exigencia de una “entrada”, que en la jerga financiera se conoce como “margen” (margin en inglés). Por ejemplo, si una acción vale 100 euros y el broker les exige a sus clientes un margen del 50%, un especulador alcista podrá adquirirla abonando únicamente 50 euros. Lo mismo con el especulador bajista: si su margen es del 50%, venderá una acción que no posee por 100 euros y deberá aportar 50 euros adicionales para cubrir al broker del riesgo de que suba de precio.
El margen exigido por el broker va ajustándose en cada momento según la evolución de los precios de los activos. Por seguir con el anterior ejemplo, si el precio de las acciones cae de 100 a 60, el especulador padecerá unas pérdidas latentes de 40 euros que el broker le imputará a los 50 euros que ha aportado. Problema: si le restamos al margen de 50 euros las pérdidas latentes, éste queda reducido a 10 euros, cuando el broker exige en todo momento que el especulador mantenga un margen equivalente al 50% del precio de las acciones (en este caso, un margen de 30 euros). En esos supuestos, el especulador alcista sólo tendría dos opciones: o ingresar 20 euros más en el broker (margin call, en inglés), o liquidar sus acciones para saldar su deuda con el broker. El caso es análogo para el especulador al descubierto: si vende la acción anterior a 100 euros sin poseerla y su precio sube a 140, como debe mantener un margen del 50% del precio de la acción (70 euros), deberá aportar 20 euros adicionales o recomprar de inmediato el título (con las pérdidas pertinentes).
Fijémonos que, en contra de lo que sugiere muchos medios de comunicación, la especulación bajista no es que carezca de riesgos para el especulador, sino que es muchísimo más arriesgada que la especulación alcista. Para que nos entendemos: las pérdidas máximas del especulador alcista están limitadas al precio de lo que adquiere. Si pide prestados 100 euros para comprar acciones de la empresa X, como mucho perderá esos 100 euros y sólo en el caso de que las acciones pasen a valer 0 euros. En cambio, las pérdidas para el especulador bajista son potencialmente infinitas: si vende hoy acciones de la compañía X con el compromiso de entregarlas dentro de una semana, corre el riesgo de que mientras tanto el precio de la acción se multiplique por 2, por 10, por 100 o por 1.000; el único límite es el infinito. Y, al contrario, las ganancias potenciales de los especuladores alcistas son infinitas (compro una acción a 100 y puede subir sin límite) mientras que las de los especuladores bajistas se encuentran limitadas (vendo una acción que no poseo por 100 y tengo que recomprarla por 0).
Los medios de comunicación también suelen atribuir las debacles bursátiles a la intensa actividad de los especuladores bajistas. La crítica, empero, está del todo injustificada. Es verdad que generalmente los pinchazos del mercado de valores irán de la mano de cuantiosas ventas en corto, pero la cuestión de fondo es: ¿cae la bolsa porque se venden acciones en corto o se venden acciones en corto porque la bolsa está inflada de valor y se espera que las acciones vayan a caer en el futuro? Si en el año 2006 se hubiese producido una intensa especulación bajista en el mercado inmobiliario español (una opción que por desgracia no existía), ¿alguien hubiese tenido la cara dura de atribuir el pinchazo de precios a la especulación bajista en lugar de a una burbuja que había sido sobredimensionada por los especuladores alcistas?
Pese a todo, a los liberticidas les encanta hablar de “profecías autocumplidas”: si los especuladores bajistan generan una dinámica depresiva en los precios de los activos, la caída tenderá a realimentarse aun cuando no exista ningún motivo de fondo. Ahora bien, si los especuladores bajistas venden al descubierto, ¿por qué los alcistas no compran a margen? Si ambos especuladores cuentan con las mismas armas financieras (comprar sin pagar o vender sin poseer), lo que tenderá a prevalecer en cada momento será la opinión más extendida entre los especuladores. Nadie dice que la opinión mayoritaria sea necesariamente la correcta (de hecho, en numerosísimas ocasiones no lo será), pero sí que ninguna iluminada opinión, mayoritaria o minoritaria, es tan buena como para imponerla sobre el resto. Las prohibiciones de las ventas en corto no pretenden alcanzar valoraciones más acertadas de los activos, sino valoraciones sesgadas al alza.
De hecho, no es inhabitual que los especuladores alcistas sean, al contrario de lo que suele suponerse, los que fuercen las grandes debacles bursátiles y que los especuladores bajistas quienes las contengan. Si los especuladores alcistas están muy apalancados (han comprado muchos activos a margen) y el precio de sus activos desciende, tendrán que hacer nuevas aportaciones de dinero a sus brokers, pero si carecen de suficientes fondos, su única alternativa será la de liquidar sus activos a cualquier precio.
Por el contrario, los especuladores al descubierto son los únicos que, si se produce un rebote en medio de una debacle, se verán forzados a comprar a cualquier precio, reforzando la dinámica alcista. Así, por ejemplo, el 28 de octubre de 2008, en medio de la debacle bursátil post-Lehman Brothers, las acciones de Volkswagen subieron cerca de un 100% después de que Porche anunciara que había comprado a escondidas el 74% de los títulos de la automovilística alemana y que no pensaba enajenarlos. Los bajistas se toparon con que tenían que entregar a corto plazo más acciones de las que quedaban a la venta en el mercado, por lo que los precios se dispararon.
Pero además, prohibir las ventas en corto resulta absurdo. Aun cuando los especuladores bajistas no puedan expresar sus opiniones negativas, los alcistas siguen teniendo la capacidad para hacerlo. ¿Cómo? Pues vendiendo los títulos que habían comprado previamente cuando tenían mejores expectativas sobre el futuro. Si el pesimismo se ha adueñado de los inversores, prohibir las ventas al descubierto no impedirá el ajuste a la baja de los precios, sólo lo retrasará (hará que vivamos durante más tiempo en una burbuja) y lo canalizará por otros canales que no tienen por qué ser tan apropiados (opciones, futuros, ETFs…). La única manera de evitar que el precio de los activos cayera sería prohibiendo directamente su venta: ¡sólo se admiten compras! Con tanto genio político suelto, no le extrañe que en algún momento lo veamos.
En definitiva, por mucho que a los Gobiernos les encante buscar chivos expiatorios de por qué su deuda o las acciones de su país se derrumban, en general las caídas sostenidas hay que reputarlas a las condiciones económicas de fondo y no contubernios judeomasónicos. Los especuladores no son un cuerpo unitario que actúe a modo de cártel, sino cientos de millones de personas que expresan en el mercado sus opiniones sobre el futuro de los distintos activos: cuando aciertan ganan y cuando se equivocan pierden.
Si prohibimos la especulación bajista bajo la presunción de que los especuladores siempre se equivocan o de que pueden manipular los precios, también deberíamos prohibir la especulación alcista por los mismos motivos: esto es, deberíamos prohibir toda actividad de mercado. Mas no podemos permitirnos el lujo de prescindir de la función esencial de los especuladores: sin ellos, las fluctuaciones de precios serían infinitamente más violentas que ahora.
Si se quieren soluciones a la volatilidad y a las crisis en general, sería mucho más lógico que nos dedicáramos a revisar cómo los especuladores –y todos los agentes económicos– acceden a un crédito casi siempre demasiado flexible y elástico en lugar de monitorizar su actividad una vez disponen del crédito. Pero esto, me temo, más que atentar contra los especuladores bajistas iría frontalmente en contra de unos especuladores alcistas demasiado acostumbrados a comprar activos con un dinero que no tienen.








agosto 12th, 2011 a las 17:05
Vamos, que la decisión de prohibir la compra en descubierto ha sido desacertada.
Estos políticos…
Una pregunta sin duda capciosa: ¿a un liberal no le fastidia enormemente trabajar en una universidad pública, esto es, subvencionada? Mire que existe por una decisión política.
¿Y si un día le ofrecen ser profesor titular, lo rechazará en conciencia?
Le aseguro que no es por ofender, es por entender.
agosto 12th, 2011 a las 17:08
Supongo que tendría tanto sentido rechazarlo como rechazar circular por las carreteras públicas o caminar por la calle pública. De todas formas, y aunque no pasaría nada si así fuera, ya he dicho en bastantes ocasiones que yo no me gano la vida, ni mucho menos, en la universidad pública.
agosto 12th, 2011 a las 17:27
Ah, la analogía no es buena.
Circular por carreteras públicas o por la calle pública es inevitable.
Trabajar en una universidad pública, no.
El que, además, diga que no se gana la vida así más que ir en favor de usted va en su contra, a mi juicio. Si no lo hace por dinero, ¿por qué contribuye usted a perpetuar un sistema tan terrible como la enseñanza pública?
agosto 12th, 2011 a las 17:30
¿Quién me obliga a circular por las carreteras de Galicia viviendo en Andalucía?
En cualquier caso, no sé cómo contribuyo a perpetuar el sistema de enseñanza pública. Más bien, defender la privatización de la enseñanza universitaria desde dentro de la universidad contribuye, aunque sea mínimamente, a lo contrario.
agosto 12th, 2011 a las 17:45
Vamos a ver:
Rallo está en un entorno en que la universidad privada (en general) es marginal debido a que la pública la expulsa del mercado.
Rallo paga coercitivamente impuestos (dejemos al lado que sea contribuyente neto o no) y está obligado a soportar la universidad pública. Probablemente muchos impuestos para mantener a muchas instituciones similares y demás.
Rallo manifiesta abiertamente que está en contra de la universidad pública… pero ya que la paga (en contra de su voluntad) creo tiene derecho a obtener beneficio de ella (o en este caso a trabajar en ella, que en el fondo es algo similar).
Estar en desacuerdo no creo que implique (ni que sea una contradicción ética) hacer uso de ello… para mí la contradicción sería afirmar que te parece correcto cuando no lo es.
El problema no es de Rallo, si no de la gente que está a favor (y en el fondo se refleja en las políticas) de quitar coactivamente para repartir según deseos políticos.
agosto 12th, 2011 a las 17:58
Por partes
Señor Rallo:
Obviamente, nadie le obliga a andar por las carreteras de Galicia, pero en su ejemplo inicial usted ha hablado de vías públicas, en general, no de una vía pública en particular. Es muy diferente. Usted puede elegir por qué vías públicas puede andar y por cuáles no, pero no puede elegir (salvo a un coste vital escandaloso) no andar por la vía pública.
Con su trabajo no pasa lo mismo. Usted dice que puede elegir (porque no necesita trabajar para lo público) y aún así elige hacerlo. Eso no lo veo yo muy coherente con sus creencias, sobre todo si lo que respondo al señor Javier es cierto.
Señor Javier:
En primer lugar, hay algo que no ha entendido. El señor Rallo manifiesta que no trabaja en lo público por necesidad. Teniendo esto presente, da igual cuántas universidades privadas haya en este país. No es que el señor Rallo no trabaje en esto porque no pueda trabajar en otra cosa. Más aún, con su actitud fomenta que un alumno vaya a una universidad pública y no a una privada (a no ser, claro, que el señor Rallo de clases horribles para hundir lo público).
EN segundo lugar, una cosa es estar en desacuerdo con y otro pensar que algo es inmoral. El señor Rallo (corríjame si me equivoco) piensa que el Estado, al fomentar la universidad pública de un lado detrae dinero del contribuyente que debería seguir en sus bolsillos y de otro expulsa a lo privado. Todo ello, a juicio del señor Rallo es injusto, léase contrario a la moral, esto es, es algo que no debería hacerse. El problema entonces es este: ¿participar en algo que consideramos contrario a lo moralmente correcto es moralmente correcto?
agosto 12th, 2011 a las 18:11
Las necesidades no son sólo pecuniarias. Dar clase puede ser una necesidad para lograr el bienestar tan importante como el dinero, y en ese sentido sí importa el número de universidades donde puedas departir.
Por otro lado, la entrada a mis clases es libre, así que, si es por mí, yo no fomento que nadie se pase entre cuatro o cinco años en la universidad pública.
Sobre la moralidad: si dependiera de mí el que todo ese esquema siguiera en pie, obviamente sería inmoral que yo lo sustuviera. Como no es así y de hecho marginalmente mi presencia tiende más a desmontarlo que a reafirmarlo, no. Por volver al ejemplo de las carreteras: una vez asfaltadas el capital de los contribuyentes ya se ha dilapidado, ¿supone una inmoralidad circular por ellas si el Estado impide que sean privatizadas? Pues hombre, si no has hecho proselitismo para que se robara a los demás y sacar partido de ello, no lo veo. Lo contrario sería decir que el único uso legítimo de un bien robado es el no uso, cuando parece lógico que exista el uso de buena fe. Lo mismo con los servicios públicos: lo exigible moralmente es oponerse al esquema redistributivo para que sean privatizados, no rechazar cualquier uso que pueda efectuarse de los mismos (sobre todo cuando eres contribuyente neto). Ese supuesto nos llevaría al ridículo de no poder usar los bienes estatales ni, por contrapartida, los bienes privados que indirectamente hayan sido fruto de la participación de bienes estatales.
De todas formas, el tema del artículo es la prohibición de las ventas en corto, no mi situación laboral, con la cual no está relacionada ni de refilón.
agosto 12th, 2011 a las 18:27
Señor Rallo:
No veo nada coherente su respuesta y le daré cuatro motivos:
En primer lugar, utilizar un bien robado ES inmoral. Lo ajustado a la moral es devolverlo a sus propietarios. Si estos ya no existen, tendrán herederos.
En segundo lugar, intentar igualar el uso de carreteras ya construidas con dar clases en una universidad pública no tiene ningún sentido. Las carreteras ya están hechas. Por mucho que se usen o no, ahí seguirán. Es más, no tendría ningún sentido construir carreteras alternativas sólo porque se han hecho con capital robado. Lo público ha desplazado a lo privado y lo privado ya no tiene cabida. En el caso de la universidad, se trata de una actividad dinámica, que se alimenta día a día. Cuando usted da clases subvencionadas contribuye a que lo público desplace a lo privado porque si ni usted ni ningún otro se ofreciera a hacerlo, la universidad pública cerraría, surgiría una privada y todo sería mucho más ajustado a lo que la moral demanda. Dado que no trabaja usted por dinero, me reafirmo en que contribuye voluntariamente a perpetuar un sistema injusto.
En tercer lugar, dice usted (o insinúa) que da clases por placer. Si es así, puede usted darlas en otros sitios, como un centro privado. Si es bueno, la gente irá a escucharle. No veo justificación en que cobre de lo público por satisfacer una necesidad que podría cubrir de otra forma. Es de otro lado notorio que una universidad privada no haría ascos a un profesor que trabajara gratis.
En cuarto lugar, que usted deje entrar a alumnos gratis a su clase agrava el caso, por cuanto todavía desplaza más el espacio para lo privado. ¿Quiere usted decir que gente que podría pagar clases privadas no lo hace porque hay alguien que se las da gratis gracias a que el Estado paga? Esto no lo acabo yo de ver muy católico.
agosto 12th, 2011 a las 18:35
Repito: no depende de mí devolverle su propiedad a los robados. Si de mí dependiera, sería inmoral no hacerlo. Existe el uso de buena fe. Y mi uso es por entero de buena fe, ya que apoyo que esa propiedad se devuelva a los robados (entre ellos, a mí). La analogía con las carreteras es precisa, por cuanto la universidad pública es un coste hundido de la mentalidad socialista predominante: está ahí y va a seguir estándolo la usemos o no.
Por otro lado, ni ahora ni nunca he empleado el argumento de que el Estado es inmoral porque los servicios públicos desplazan a los privados. Eso es un problema económico, no moral. El problema de la educación pública no es que elimine a sus competidores, sino que se financia coactivamente. Si se financiara voluntariamente y los eliminara del mismo modo (dumping de precios), no habría ningún problema: http://www.ilustracionliberal.com/43/el-mito-de-los-precios-predatorios-juan-ramon-rallo.html Así que permítame obviar toda su línea argumental en ese sentido.
Y en cuanto a lo de que las universidades privadas no le harían ascos a profesores que trabajaran gratis, mejor entérese de antemano cómo funcionan las universidades privadas. Si fuera como usted dice, se convirtirían en un Speaker’s Corner más.
agosto 12th, 2011 a las 18:48
Señor Rallo:
a) Del todo incierto que la universidad pública vaya a estar ahí si no la usamos. De hecho, como todo en este mundo, depende de que haya demanda. Si la universidad no tiene alumnos y/o no tiene profesores, cierra. Aquí y en Honolulú. Si no lo cree, piense esto: si todos los profesores de las universidades públicas dijeran que renuncian y nadie concursara a sus plazas, ¿la universidad sigue o no? El caso de la carretera es completamente diferente. Ya está ahí y ahí seguirá, hagamos lo que hagamos.
b)Me tiene que explicar otra vez esto de que un Estado no actúa de forma inmoral cuando utiliza sus recursos para llegar a un resultado ineficiente. ¿Es que el principio de justicia no implica un uso adecuado de los recursos? ¿Dice usted que cuando el Estado extrae dinero del bolsillo del contribuyente y lo usa para desplazar a la universidad privada en favor de la pública no actúa inmoralmente? Si yo abro una universidad privada en Ávila y el Estado después abre una pública, ¿no ha sido profundamente inmoral conmigo?
Pero es que, aunque admitiéramos que no fuera así, hombre, no me irá usted a negar que si no hubiera universidad pública no evitaríamos parte de la recaudación coactiva de impuestos. Luego el que exista la universidad pública contribuye a perpetuar lo que usted reconoce como injusto. Y si usted contribuye a perpetuar lo que contribuye a perpetuar lo injusto…
c)EN cuanto a lo que usted dice sobre la universidad privada, pues debo estar equivocadísimo, porque trabajo en una universidad privada que está encantada de tener profesores invitados que den clase gratis, o cursos de doctorado, o conferencias magistrales…
Sin contar, desde luego, que una universidad no es el único lugar donde difundir la doctrina. Si tan buena es, tenga por seguro que los discípulos no faltarán. Fíjese en Sócrates.
agosto 12th, 2011 a las 18:53
Por última vez porque el artículo no versa sobre ello:
a) No he dicho si todos no la usamos. He dicho si yo no la uso. En la medida en que la inmensa mayoría de la sociedad sigue siendo socialista, seguirá ahí. Y que yo deje de usarla no cambia esa mentalidad; al contrario, en el margen tiende a incrementarla.
b) Vuelva a leer. El Estado actúa inmoralmente cuando roba, con independencia del uso que haga de los recursos. Luego podrá haber usos inmorales de esos recursos (robar, matar…), pero hacerle la competencia a un empresario privado no lo es (no lo es con respecto al empresario privado, sí con respecto a los atracados).
c) Bien, que se pongan en contacto conmigo.
agosto 12th, 2011 a las 18:58
A) Esta es una mentalidad curiosa. Es decir, que si una parte considerable de los políticos roban, que usted robe no está mal, porque, haga lo que haga, la inmensa mayoría de los políticos seguirían robando. Si algo es inmoral, el que alguien contribuya a que exista también lo es, aunque es algo pudiera subsistir sin la cooperación de uno. Lo contrario, es el argumento de “puf, si no hubiera robado otro…”
b) Pensaba que extraer impuestos de su bolsillo para financiar una universidad pública era una forma de robo por parte del Estado, un robo destinado a algo ineficiente, además..
c) No se preocupe, le contactarán si creen que lo que usted dice merece la pena (y si confían en su credibilidad personal, claro).
agosto 12th, 2011 a las 20:40
Juan Ramón
Las operaciones cortas, al no tener limitada su pérdida, ¿no son igual de ilegítimas que el sistema de reserva fraccionaria?
Al igual que el banco no dispone del dinero para pagar todo lo depositado a la vista, el que entra corto una operación, en teoría, no dispone de recursos para hacer frente a unas pérdidas ilimitadas y, por tanto, al vender unos activos que se compromete a devolver, pero no sabe si tendrá recursos para poder recomprarlos, estaría apropiándose indebidamente de ellos. ¿No genera esta situación también una expansión artificial del crédito?
agosto 12th, 2011 a las 20:45
No entiendo bien el uso de la expresión ilegítima. ¿Quiere decir inmoral, ilegal, injusta o ineficiente?
agosto 12th, 2011 a las 21:15
La división del trabajo basada en la cooperación pacífica y voluntaria es el mejor sistema social para que cada vez más gente viva cada vez mejor.
El Estado va en contra de ese proceso de cooperación => el Estado es un mal.
Luchar contra el mal es hacer el bien => Luchar contra el estado es hacer el bien => luchar contra el Estado desde el Estado es una forma inteligente de hacer el bien, pues se utilizan los recursos robados en intentar parar el robo, no se extraen recursos adicionales de otras actividades productivas, en vez de utilizar los recursos expropiados en fomentarlo a la keynesiana manera, se utilizan en intentar evitarlo a la austriaca.
Luchar a favor del estado es hacer el mal => Luchar a favor del Estado desde una institución privada es una forma estúpida de hacer el mal, pues se hace el mal sin obtener, en última instancia, ningún beneficio para la protección de la propiedad privada que nos da de comer.
agosto 12th, 2011 a las 21:29
Ilegítimo en el sentido de fraudulento, engañoso, pues una parte espera que le sean devueltos los bienes prestados en toda circunstancia y la otra, implícitamente, pone como límite a tal requerimiento su patrimonio, cuando la pérdida potencial es ilimitada.
agosto 12th, 2011 a las 23:14
Caramba, yo seguía en el hilo anterior, menos mal que me avisó Íñigo. Está animado esto. Pero voy a dejarlo para mañana porque el artículo de Rallo me interesa especialmente, dado que entra en los intríngulis de las apuestas bursátiles, algo que no conozco más que de oídas. Mejor mañana, que estaré más despejado, porque el artículo requiere una lectura muy atenta.
En cuanto al debate de si es moral o inmoral (¿o coherente o incoherente?, asunto complicado este) trabajar en una universidad del Estado a la par que se critica al sector público por ser fruto del robo institucionalizado, también da mucho que pensar. Creo sin embargo que Rallo no sería el único, ya que la crítica a cualquier sistema obliga casi siempre a llevarla a cabo desde dentro de ese mismo sistema. ¿Dónde lo iba a hacer si no? No hay mucho donde elegir.
Además Rallo pretende con ello una mejora de la sociedad, no el hundimiento de la misma, aunque esa mejora pase, según él, por acabar con la institución estatal en la que trabaja. ¿Es coherente, entonces? Lo dejo para mañana. En principio estos asuntos prometen. Ya veremos lo que dan de sí.
Psdt/ Me gustan estas cosas que me quedan tan lejanas, porque me fuerzan la imaginación, te empujan, junto con otros a la aventura de especular acerca de lo que vas averiguando, y que un cuarto de hora antes no sabías que podían estar ahí, delante de uno mismo. Además es fácil equivocarse, de ahí que todavía me atraiga más. Todavía recuerdo lo mucho que disfruté durante una semana que estuvimos debatiendo en el blog de Moa acerca de la plusvalía de Marx, y también de la contridicción sobre la caída de la tasa de ganancia. No es por nada, pero creo que los que no habíamos leído El Capital abordamos el problema con más frescura, y creo también que le sacamos más jugo que los que sí lo habían leído.
Hasta mañana
agosto 13th, 2011 a las 6:34
Perdón, creo que mi excurso sobre la coherencia y/o la moralidad del señor Rallo no se aleja de la temática de este artículo.
La razón es sencilla: en su encabezado se utilizan expresiones como “bueno” y “malo”. Dado que, además, la temática tiene que ver con el tema de la especulación, si no me equivoco censurada por la Iglesia por ser algo moralmente condenable, mi duda, que creo perfectamente pertinente, es la de si las expresiones bueno o malo, en este contexto, se refieren a una calificación moral o de eficiencia. Más aún, ¿cabe distinguir entre ineficiente e inmoral? ¿Pueden ir eficiencia y moral en sentidos opuestos?
Por poner un ejemplo: si un inversor sabe que un mercado concreto no está funcionando bien y utiliza esa información para obtener grandes ganancias, aunque eso lleve a muchas familias a la miseria, ¿diríamos que está haciendo bien porque ayuda a mejorar ese mercado, lo que aumenta la eficiencia o que hace mal porque condena a muchas personas a la miseria?
En cuanto a mi alusión general a la coherencia/moralidad de la conducta del señor Rallo, me permito hacer una observación a lo apuntado por Rawolf, que creo que tiene un punto de surrealismo. Dice usted:
“Luchar contra el mal es hacer el bien => Luchar contra el estado es hacer el bien => luchar contra el Estado desde el Estado es una forma inteligente de hacer el bien, pues se utilizan los recursos robados en intentar parar el robo, no se extraen recursos adicionales de otras actividades productivas, en vez de utilizar los recursos expropiados en fomentarlo a la keynesiana manera, se utilizan en intentar evitarlo a la austriaca”.
Si lo que usted dice es cierto, entonces todos los que trabajamos en una universidad privada somos mala gente, porque utilizamos recursos adicionales, en lugar de usar los recursos expropiados. Somos gente terrible que, en lugar de participar en un sistema que perpetúa la ineficiencia, actúa al margen de él.
Priede:
BIenvenido.
Con respecto a su comentario
“Creo sin embargo que Rallo no sería el único, ya que la crítica a cualquier sistema obliga casi siempre a llevarla a cabo desde dentro de ese mismo sistema. ¿Dónde lo iba a hacer si no? No hay mucho donde elegir”.
le diré que, obviamente, no es el único, sino uno entre muchos. La diferencia está en que:
a) Muchos de los profesores de una universidad pública creen realmente en ese sistema, luego son coherentes con sus creencias morales.
b) Otros, que no creen en eso, trabajan allí por una necesidad que no podrían cubrir de otro modo (obtener un salario) o porque, aunque no les guste el funcionariado se aprovechan de sus ventajas. Los primeros actúan de modo disculpable, los segundos, a mi parecer, no.
c) La cuestión se agrava si tenemos en cuenta que el señor Rallo manifiesta que trabaja en la Rey Juan Carlos por satisfacer una necesidad que no tiene que ver con el sueldo. Entonces, ¿no podría satisfacerla desde otro lugar sin costarle un euro al contribuyente (ah, olvidaba la exusa “si no soy yo será otro”)? Es obvio que sí.
Lo que yo me pregunto finalmente es: ¿aspira el señor Rallo a ser funcionario? Si es así, me empezaría a recordar a la vieja historia de los sacerdotes que se daban al vicio y el alcohol con la excusa de que para combatir al enemigo hay que conocerlo… (Y eso sin mentar la expresión de “morder la mano que te alimenta”, aunque sea espiritualmente).
Ya que hablamos de especulación, de bueno y de malo, creo que mi solicitud de aclaraciones sobre el sentido de los términos y lo que el autor entiende como tal es perfectamente pertinente.
agosto 13th, 2011 a las 7:19
No, mi idea iba más en el sentido del uso eficiente de recursos ociosos o suceptibles de ser mal utilizados. Por poner un ejemplo, sería una situación similar a utilizar las armas que el enemigo deja en su huida para seguir combatiéndole, en vez de tener que utilizar nuestros recursos escasos para fabricar nuevas armas.
En cuanto al bien y al mal en nuestras relaciones sociales creo que una guía bastante buena, que puede orientarnos en multitud de situaciones de nuestra vida, es que algo es bueno o malo en función de que favorezca o perjudique a la división del trabajo basada en la cooperación voluntaria y pacífica (¿pleonasmo?).
agosto 13th, 2011 a las 7:43
Ya, pero el concepto bueno o malo es lo que no acabo de entender.
Se refiere usted a bueno o malo para ser más felices o bueno o malo a secas? No es lo mismo. Lo primero obedece a cuestiones de utilidad, lo segundo a cuestiones de moralidad. A no ser que sea usted un utilitarista convencido, que haga a ambos conceptos equivalentes, no es lo mismo.
agosto 13th, 2011 a las 10:01
Como lo tratado da para mucho voy a hacer lo que Jack el destripador: ir por partes. Voy a empezar por una duda que me asalta, y es la de no fiarme de los tejemanejes de la bolsa y de quienes juegan con ventaja por tener acceso a información confidencial o manejan tales volúmenes de capital que son ellos mismos quienes provocan las alzas o las bajas llevando así ventaja a la hora de vender o comprar antes que los demás.
Cuanto más poderoso es el inversor (quien dice inversor dice también empresa inversora) más propenso es a jugar con ventaja. Y digo poderoso sin atenerme exclusivamente al capital que maneja, sino que también incluyo en ese poder a quienes están situados en un lugar de privilegio y tiene acceso a información restringida, caso de los gestores de las empresas (Enron, por ejemplo), e incluso, como decía, sin tener un gran capital en juego (caso de Mariano Rubio cuando era gobernador del BdE) y tantos y tantos incidentes de ese estilo que continuamente salen a la luz. Cabe imaginar el mar de ilegalidades que debe de haber y sin embargo ignoramos, empezando por el desconocimiento que tiene la inmensa mayoría de los inversores, que pone sus ahorros en manos de grupos de inversión sin tener ni idea de lo que hacen y deshacen con sus acciones.
En un mercado realmente libre a nadie se le podría acusar de usar información confidencial en beneficio de su capital, sin embargo en la bolsa es ilegal. ¿Por qué? Pues porque no es un mercado donde se vendan y compren bienes tangibles, puesto que el inversor bursátil no es comprador ni vendedor de bienes de consumo, cosa que sí es el especulador que compra bienes y servicios reales, concretos, de ahí que si alguien compra viviendas, tierras o cualquier otro bien difícilmente se le puede acusar de usar información privilegiada; al contrario: se le alabará por haber accedido a esa información; salvo, claro está, que intervenga una entidad pública por el medio y sus administradores aprovechen su estatus para favorecer negocios privados (muy habitual en España lo de la recalificación de terrenos).
Por tanto el especulador bursátil, si bien opera exactamente igual que el especulador que no juega en bolsa, esto es, comprando cuando piensa que va a subir y vendiendo cuando cree que va a bajar (dejo por ahora el asunto de si apuesta a que suba o baje o más bien si es la empresa inversora junto con otras quienes provocan que suba o baje), sin embargo el objeto de sus compras y ventas hace que su actividad sea esencialmente diferente, puesto que no compra o vende bienes tangibles que tienen un valor intrínseco, propio; lo hace con activos que tienen un valor subyacente, que no otra cosa son las acciones, y, esto es muy importante, en un espacio limitado que es la del mercado bursátil(sea inmueble o digital), sometido a reglas concretas y muy diferentes a las que rigen en el mercado de compra y venta que se realiza fuera de ese espacio que es la bolsa (por decirlo de manera castiza: el mercado en la calle).
Un inversor que compra acciones de una empresa que comercializa cereales, no compra trigo o arroz, sino que compra acciones de la empresa que se dedica a ese comercio, bien sea produciendo, almacenando o distribuyendo.
Para no extenderme demasiado en este primer comentario y rematar lo que empecé: que no me fío de que el mercado bursátil, y más con la informática por el medio, juegue limpio.
Hace de esto un año un internauta que invierte algún dinerito en bolsa comentaba lo que sigue (es alemán y por eso hay algunos errores ortográficos):
Askari dijo el día 1 de Julio de 2010 a las 15:47:
Os acordeis del 6 de mayo cuando hubo una bajada sospechosa del 10% en Wallstreet a ultima hora de Nueva York y una recuperacion milagrosa poco antes del cierre ?
Donde nos contaron la milonga de que alguien ha puesto una orden erronea de venta de futuros por un montante mil veces mayor que el deseado?
Yo ya dije entonces que cuando ejecutas una orden el sistema comprueba si la cuenta que da esa orden tiene la liquidez suficiente para la garantia requerida para respaldarla.
En caso contrario o negativo , la orden no se ejecuta.
Asi que , dedos morcillones que se equivocan de tecla y provocan el panico y la estampida , no funcionan.
Sin embargo hoy veo esta noticia y la pongo en contexto:
El BCE admite que la zona euro estuvo al borde del colapso el 7 de mayo
http://www.libertaddigital.com/economia/el-bce-admite-que-el-7-de-mayo-la-zona-euro-estuvo-al-borde-del-colapso-1276396399/
yo mas bien creo que en Wallstreet algunos tenian conocimiento de esa situacion ya el 6 de mayo por la tarde y salvaron sus muebles.
El Plunge Protection Team tuvo que entrar al rescate con billetes frescos recogidos del helicoptero de Bernanke.
Bien; esa misma tarde busqué por mi cuenta en la Red y encontré que al día siguiente, el día 7, lo mismo que Askari, nadie se creía el cuento del dedo: “Sin embargo, este viernes los mercados asiáticos y europeos no parecían convencidos de la tesis del desliz y han respondido a la volatilidad en Nueva York con caídas.”
Ese día, el 7 de mayo, nadie quería comprar deuda española. Pregunto: ¿hubo política por el medio?
http://www.sipse.com/noticias/44849-error-dedo-causo-desplome-wall-street.html
¿Enredó el dedito tonto antes del 6 de mayo, durante o después? ¿Siempre? Caray. Fíate. Fíate de la bolsa.
agosto 13th, 2011 a las 10:01
Sin ánimo de ofender, su justificación de cómo ha reventado el tema de fondo del artículo es lo más ridículo que he leído en mucho tiempo. De cariz similar a si hubiese titulado el artículo “Buenos días” y hubiese querido enlazarlo por ahí. Por esta vez pase, pero espero que no se dedique a reventar sistemáticamente todas las discusiones.
Y sobre sus últimas réplicas, pues qué decir, vuelva a leerme y a leerse porque la pataleta se está volviendo ya estéril:
a) “Si algo es inmoral, el que alguien contribuya a que exista también lo es, aunque es algo pudiera subsistir sin la cooperación de uno”. Como le he repetido alguna vez, en el margen contribuyo más a que no exista esa coacción desde dentro de la universidad que desde fuera.
b) “Pensaba que extraer impuestos de su bolsillo para financiar una universidad pública era una forma de robo por parte del Estado, un robo destinado a algo ineficiente, además”. Extraer impuestos es un robo; arrebatarle la clientela a una privada, no. Cuando Samsung bate a Apple o viceversa, ninguna se está robando. Lo que le digo es que todas sus argumentaciones del daño a terceros causados merced a la competencia de lo público, no vienen a cuento.
c) “No se preocupe, le contactarán si creen que lo que usted dice merece la pena (y si confían en su credibilidad personal, claro)”. ¿Pero no habíamos quedado en que todas las privadas estarían encantados de tener profesores gratuitos y que todas estarían dispuestas a brindar sus aulas para dar conferencias, charlas, seminarios…? O sea que no, que eso sólo pasa si a los correspondientes gestores les parece bien, les cae bien el candidato, es de su cuerda, o simplemente tienen una necesidad transitoria que han de llenar como sea. Ergo, no es tan sencillo dar clase en España como usted sugería. No es que me parezca mal, pues en caso contrario se llenarías las universidades de charlatanes sin instrucción alguna. Pero el caso es que la necesidad de dar clase no puede colmarse en cualquier lado.
agosto 13th, 2011 a las 10:23
Permita que disienta:
Antes que nada, no era mi intención sabotear su artículo. Quería saber qué entiende usted por bueno o malo y si es coherente con su propia definición.
a)Eso de que usted contribuye más desde dentro que desde fuera es su impresión. De momento, nos costará unos 40.000 euros al año (si es que está usted a tiempo completo y le han hecho un contrato decente, que no lo sé) que esté usted dentro. Y esto es un dinero que, de momento, va de los bolsillos de los contribuyentes a los suyos.
Si un día es titular o, incluso, catedrático, nos costará mucho más. ¿Por qué considera usted que contribuye más a la coacción desde dentro de una universidad PÚBLICA (se le olvida este matiz) que desde una privada, desde un centro de investigación o desde su casa? Esto no nos lo ha explicado adecuadamente.
b) Reconoce usted, por tanto, que le pagan con dinero robado. A mí, en cambio, no. Yo, personalmente, no aceptaría el resultado de un robo. Me sentiría cómplice. Tampoco, desde luego, aceptaría dinero proveniente de conductas mafiosas a sabiendas (por lo que veo, usted sí).
Claro que esto es muy personal. Tal vez su sentido de la moral sea diferente. Pero es bueno tener en cuenta que usted no considera que aceptar el resultado de la rapiña de un tercero sea moralmente malo. Ni siquiera aunque la rapiña no se produjera si no participasen de ella esos terceros (si no hubiese profesores dispuestos a dar clase en una universidad pública, no habría universidades públicas, obviamente).
c) Profesores sí, charlatanes no. La calidad y la coherencia intelectual son, creo, dos condiciones interesantes en un profesor. Yo, curiosamente, no le discuto lo primero. Me parece usted una persona inteligente y bien formada (aunque su capacidad comunicativa oral no sea excelente). Sobre lo segundo, empiezo a tener ciertas dudas.
Hay, de otro lado, que tener presente que su necesidad de dar clase, que entiendo, es algo que para usted puede ser muy importante, pero que no veo por qué tenemos que pagar el resto. Si lo que usted dice es interesante, ¿por qué no encuentra una vía mejor de exponerlo que no sea cobrando de nuestros bolsillos? ¿O es que el sector privado está siendo muy ineficiente?
En cuanto a lo que dice de que no es inmoral que la universidad pública elimine a la privada haciendo dumping… pues qué quiere que le diga. Me recuerda a cuando TVE compra derechos deportivos sin que ninguna otra cadena pueda seguirla sin comprometer su viabilidad. Yo a eso le llamo malversación, que va más allá de lo inmoral para acercarse a lo delictivo.
agosto 13th, 2011 a las 10:42
a) Le aseguro que cobro mucho menos en términos brutos de la universidad de lo que cada año me toca pagar, como cuota líquida, en impuestos. Para que se haga una idea de lo que nos cuesta.
b) Imagine que en España hay un órgano censor de libros y que su presidente cobra muy buen sueldo. ¿Debería un liberal poder acceder a él para descartar todas las censuras? Según su argumento no, porque cobraría dinero robado, de modo que resultaría preferible que lo cobrara un entusiasta censor. Según mi punto de vista sí, porque la existencia del puesto no depende de que el liberal lo acepte, y prestará un servicio valiosísimo para las libertades desde dentro (rechazar todos los intentos de censura). Lo mismo sucede, a una escala muy distinta, con los profesores universitarios que critican el intervencionismo económico desde dentro de una universidad pública.
c) El sector privado puede ser muy ineficiente, sí, pues en muchos ámbitos es depositario de las ideas erróneas que mantiene la sociedad. En el ámbito educativo también. En la presente crisis, de hecho, han quebrado muchas ideas muy extendidas sobre el ajuste perfecto e instantáneo de los mercados, las bondades del intervencionismo… Pero vamos, aquí la cuestión es mucho más sencilla: la URJC, gracias a la presencia de Jesús Huerta de Soto, es uno de los centros de enseñanza de la Escuela Austriaca de referencia en el mundo. Por tanto, hasta que creemos otro, cosa en la que estamos trabajando, es el sitio natural para dar clase.
agosto 13th, 2011 a las 11:05
A) Esto sólo significa que la parte del botín que usted se lleva es menos de lo que le roban a usted (suponiendo, claro, que todos sus impuestos se destinen al pago de la universidad, esto es, que usted no se beneficie de todo lo demás que financia lo público). ¿Invalida en algo esto el argumento de que si su puesto de trabajo no existiría pagaríamos menos impuestos, esto es, nos robarían menos al resto? ¿Quiere usted justificar lo que nos roban a los demás diciendo que, a pesar de eso, el saldo neto de sus cuentas con el Estado es negativo para usted? No sé yo…
B) De nuevo, una ideología muy mala. Su protagonista debería acceder a ese puesto porque sería la única forma de hacer un bien. Usted dista mucho de haber demostrado que su labor sólo pueda verse coronada con el éxito desde una universidad pública. De hecho, si así fuera, ¿no estaría reconociendo el implícito valor de lo público, lo único capaz de garantizar el éxito de una mente brillante?
C) Huy, naranjas de la China, me atrevo a decirle. Eso es como pensar que dentro de lo público hay un coto reservado a las personas por su ideología (que es lo que usted, con gran acierto, por otra parte, denuncia en otros foros). Desde mi punto de vista, sería palmariamente injusto que un liberal convencido no pudiera ocupar una plaza en la Universidad Carlos III. ¿No me irá usted a decir lo contrario?
De otro lado, me sorprende su crítica a la ineficiencia de lo privado y su defensa de un centro público. ¿No me diga que, al final, un centro público funciona mejor que los centros privados que existen en este país?
Por último, me resulta bastante obvio que hay una gran diferencia entre cooperar con ese centro de enseñanza y cobrar un sueldo fijo a costa de todos los españoles, esto es, meter las manos en dinero robado. El que a usted le parezca natural me tiene perplejo. Si de verdad es todo tan simple y el mercado aprecia tanto la sabiduría infusa, estoy con usted en que lo suyo es ir a esa clase de centro (espero que privado y no subvencionado) del que nos habla. Es más, supongo que el día que el centro exista tal vez deje usted de cobrar de la URJC, ergo, de nuestros bolsillos ¿no?
agosto 13th, 2011 a las 11:06
Perdón,
en la letra a) he escrito existiría donde debería decir existiera
en la b), ideología, donde debería decir analogía.
agosto 13th, 2011 a las 11:07
Priede:
Perdone por ignorarle, pero es que el señor Rallo me tiene absorto con sus ideas sobre la licitud de aceptar dinero procedente de un robo.
agosto 13th, 2011 a las 11:18
a) Vamos, significa que recupero lo robado. Me parece muy bien que cada cual trate de reducir a cero su saldo con el Estado. Por otro lado, eso no invalida el argumento, salvo por el pequeño detalle que le he repetido a la sacidad de que la existencia de mi puesto no depende de que lo ocupe yo. O dicho de otro modo, lo que sería criticable es que yo defendiera la educación pública (y el expolio a los demás) como manera de reducir mi saldo tributario con el Estado a cero. Pero no es el caso.
b) En ese puesto de la universidad pública, sí es una de las poquísimas formas de hacer el bien y de defender la privatización de la universidad (y de otros servicios públicos) en beneficio del contribuyente saqueado.
c) No he hablado de cuotas. Lo que digo es que mi interés por dar clase en la URJC se debe a que es un centro austriaco de referencia internacional. Nada más.
Lo privado es dinámicamente eficiente, lo público no. Sin rescates e intervenciones estatales, lo malo tiende a ser purgado del sector privado; del público no, porque no se somete a la disciplina de los consumidores. No defiendo lo privado como eficiente absoluto, sino como infinitamente menos ineficiente que lo público. Que en la URJC haya una isla tiene más que ver con la casualidad y con los recovecos a la intervención que ha dejado el Estado que con una decisión deliberada suya: más bien al contrario, si fuera por él, no habría Escuela Austriaca en la URJC.
agosto 13th, 2011 a las 11:33
Muchas gracias Juan Ramón. Artículos tan clarificadores y didácticos como este deberían ser de obligada lectura para tantos tertulianos y opinadores de la crisis, así como para el 100% de los políticos del ramo. Dudo que siquiera un 1% de ellos conozcan todos los conceptos e implicaciones aquí resumidos. La cita de Hayek aplica perfectamente aquí: “La curiosa tarea de las ciencias económicas es demostrar a los hombres lo poco que saben realmente sobre lo que imaginan que pueden diseñar.”
agosto 13th, 2011 a las 11:37
a) Disculpe, pero creo que tiene usted un problema de comprensión. Lo que a usted le pagan no procede de SUS impuestos, sino de los que nos roban (siempre según su discurso) a todos. Usted actuaría como un auténtico héroe si repartiera entre todos los robados lo que ha conseguido recuperar (descontando su propia parte). Lo que hace más bien es decir que “quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”, lo que yo nunca he acabado de ver como muy honesto, o que “cada cual se las apañe como pueda”.
De hecho, cuando usted dice que “lo que sería criticable es que yo defendiera la educación pública (y el expolio a los demás) como manera de reducir mi saldo tributario con el Estado a cero”.
me llama la atención.
Dice que sería criticable que alguien defendiera la educación pública como forma de saldar su cuenta con el Estado. Usted, curiosamente, no defiende eso, simplemente se aprovecha de que así sean las cosas. Es decir, no cree que sea algo bueno que exista, pero sí que es bueno que, mientras existe, uno lo aproveche para hacerse con el dinero que nos han robado a los demás.
No sé, o sé…
Su argumento de que su puesto no existe porque lo ocupe usted no es cierto. Su puesto existe porque lo ocupa ALGUIEN. Dado que usted se ha avenido a ser ese ALGUIEN, el puesto sigue existiendo. Si nadie lo ocupase, no existiría, luego es obvio que usted sí es responsable de que exista. Si usted no lo hubiera hecho y fuera otra persona quien lo ocupara, entonces es obvio que sería ese otro el responsable de que existiera el puesto. Cada vez que elegimos ocupar un puesto en un sistema, obviamente legitimamos ese sistema.
b)Para empezar, si es una de las poquísimas (cosa que no ha demostrado), es que no es la única. Si no es la única, su coartada moral se tambalea. Usted ha sostenido implícitamente la teoría del doble efecto: hace una cosa buena tan sólo tolerando un medio malo. Sin embargo, esta teoría, muy cercana, por cierto a la Escuela de Salamanca que usted dice conocer, sólo se aplica cuando el mal tolerado sea el único medio para alcanzar el bien. Si no, sigue siendo una mala acción, moralmente intolerable.
c) ¿Y los demás hemos de pagar más de 40.000 euros anuales por su interés personal?
agosto 13th, 2011 a las 13:24
Es fácil acorralar a cualquiera a base de mezclar todos los planos desde los cuales se le hagan las críticas. Nadie nos salvaríamos. Rallo trabaja en una institución pública cuya existencia critica; si la alabase también sería fácil denostarlo diciendo que “¡cómo no la va a defender si resulta que esa institución le paga un buen sueldo!”. ¿Cuántas veces habremos escuchado esto mismo de boca de gente de derecha-liberal cuando habla de quienes defienden la educación pública?
¿Y si hiciéramos lo mismo con todos aquellos que se oponen al capitalismo y sin embargo se funden todo el dinero en un consumismo hortera? Bien que los podríamos acusar de inmorales, o hipócritas. Roures es un millonario de izquierda, como tantos otros millonarios; incluso Soros es progresista. Bill Gates es partidario de que suban los impuestos a la gente rica, cabría decirle: ¿y por qué no paga usted voluntariamente al Tesoro todo aquello que cree que debería pagar?
Una cosa es el discurso, que está sometido a sus propias reglas, y otra la vida personal. Y siempre se mezclan esos asuntos. Se dice que Marx nunca trabajó, olvidando que su obra intelectual no se edifica jugando a la petanca. Engels era propietario de una fábrica de tejidos en Manchester, ¿quita eso valor a su obra intelectual? Engels nunca pretendió mostrarse como modelo de vida. Lenin tampoco vivió de un salario. Ni Mao. ¿Eran por tanto gente ociosa?
Toda la filosofía griega salió de la clase alta, de la aristocracia, pero que su saber estaba por encima de los intereses de su clase social queda claro cuando aceptaban entre ellos a alguien como Sócrates, hijo de una comadrona y que vivía de prestado en casa de los amigos, y que además le soportaban la ironía cuando criticaba la forma de vida que llevaban los de clase alta. ¿Acaso él no se bebía más vino que nadie en aquellos debates, y encima bebía de gorra?
Cierto que tampoco hay que desentenderse de las críticas que denuncian esa relación entre el aristocratismo ateniense y su interés en que el gobierno estuviese dirigido por los sabios, ya que los únicos que podían alcanzar la sabiduría eran los que tenían tiempo para ello, es decir, los aristócratas; de ahí que no sea del todo gratuito pensar que tras esas doctrinas se escondía un claro interés clasista, estamental. Sin embargo, ¿cabe descalificar la obra de Platón por representar los intereses de la aristocracia?
Otra contradicción sería la de criticar a la sociedad ateniense, tal y como hizo Sócrates, y luego aceptar la pena de muerte antes que el destierro. ¿No sería lo correcto el haberse ido de Atenas incluso antes, para así alejarse de aquello que tanto criticaba?
Lo de Rallo sería moralmente inadmisible si con ello buscase una ventaja personal, y además oculta, no confesada; pero nada de eso sucede. El hecho de que reciba dinero del erario a cambio de un trabajo no se contradice con su conducta, sino con su ideología; pero con su ideología solo cuando esta se pudiese desarrollar plenamente, cosa que no sucede, puesto que Rallo paga impuestos. Lo realmente incoherente sería que Rallo se negase a pagar impuestos por considerarlo un robo y luego cobrase del erario por dar clases.
En resumen: no hay contradicción al decir que el Estado roba a los ciudadanos al obligarles a pagar impuestos y luego cobrar del Estado, puesto que el pago de impuestos y el cobro del sueldo de funcionario financiado por esos mismos impuestos operan en el mismo campo.
No sé si me he explicado. Si no es así me lo señalan ustedes.
agosto 13th, 2011 a las 13:56
La discusión sigue por los mismos cerros de los que usted no quiere salir. Y no tengo mucho más que decirle desde el momento en que no quiere ser convencido sino simplemente dar la matraca. Repito: a) la coacción estatal no depende de mi puesto, b) no legitimo la coacción estatal y, al contrario, defiendo la privatización de la universidad, incluyendo mi puesto, c) soy perjudicado/explotado neto de esa coacción y trabajando en la educación sólo recupero una porción de lo que me arrebata; no convierta víctimas en verdugos, d) desde dentro de mi puesto defiendo la autonomía de los contribuyentes. La alternativa de abandonar mi puesto (de asociado a tiempo parcial, por cierto, no sé de dónde saca los 40.000 euros anuales) sería notablemente peor para los propios contribuyentes que no quieran seguir pagando impuestos por: a) se mantendría el puesto y b) sería ocupado por alguien que legitimara el mantneimiento o la expansión de la coacción estatal en el ámbito educativo (pues, según usted, no puede defenderse la necesidad de privatizar la educación y estar empleado en la pública).
Por sus mismos argumentos, tampoco podría hacer uso de la policía pública, de la justicia pública o, como decíamos, de las vías públicas. Lo cual es absolutamente ridículo. Lo que me es exigible como liberal es que defienda la privatización de los servicios públicos y que nunca tome decisiones que perjudiquen al contribuyente para obtener ventajas personales. Estar empleado en la pública no afecta a ninguna de las dos: sigo defendiendo la privatización y mi decisión de seguir o abandonar mi empleo en la pública no supondría ningún ahorro para el contribuyente por cuanto seguiría existiendo la plaza.
agosto 13th, 2011 a las 16:51
Indignadas
**Indignada made in spain.
http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-08-13/les-vamos-a-arruinar-la-vida-contaremos-que-nos-han-violado-1276432448/
**Una indignada chilena defiende una educación pública gratuita frente a la educación costeada por los estudiantes. Hay que tener en cuenta que en Chile incluso en la educación pública es el estudiante quien paga sus estudios vía créditos, que tienen un interés más bajo que en los centros privados.
He tardado más de la cuenta en ver el programa por andar perdiendo el hilo casi continuamente. Y no porque la discusión fuera especialmente compleja, sino por la belleza de la estudiante. Qué maravilla, se queda uno atontado al contemplar una criatura tan hermosa. Lástima esos ñarigos que se ponen ahora, hombre.
Y me siento viejo y pederasta, como si fuera Lewis Carroll ante Alicia. Deliciosa. Y además inteligente, con objetivos claros y oratoria bien articulada. Comparen con nuestras ministras. Y ministros, claro. Acá la tienen. Y se llama Camila, nada de Tatiana ni Yésica ni Yoyes; Camila, con toda esa sonoridad que tienen en español los nombres de toda la vida. Camila Vallejo. Preciosa.
http://www.youtube.com/watch_popup?v=EBMZfHogPn4&vq=medium
Creo que Chile es un país en alza, muy por encima de España. Y no lo digo por Camila sino por otras razones. Muestran un nivel de cultura y prosperidad que ya quisiéramos aquí.
agosto 13th, 2011 a las 21:19
Me parece en ocasiones muy acertada la crítica de los liberales a los excesos de la burocracia estatal pero a la hora de defender el interés privado lo hacen desde una puerilidad en términos psicológicos que resulta deprimente. Si no fuera por el poder del Estado, los mecanismos regulatorios, los tribunales de defensa de la competencia, las organizaciones que velan por los derechos de consumidores,…tendríamos en muchas ocasiones ciertas iniciativas privadas que harían todo lo posible para ahogar a la competencia con todo tipo de métodos. Ya sea pagando políticos para tener legislaciones a la carta, empleando salvajes técnicas comerciales o incluso recurriendo al chantaje, la manipulación, airear noticias falsas,etc. Es usted, Sr. Rallo, un gran conocedor de las miserias del Estado, pero creo que un gran desconocedor de todas las miserias del mal llamado mercado libre o mejor (de la persona en concreto), de los laberintos financieros donde todo es posible, de las argucias y el día a día en las empresas. Hay grandes emprendedores, honestos y deportivos, pero estará conmigo que esto es la excepción. En la realidad aquí vamos todos a cara de perro, haciendo lo que hay que hacer para tener beneficios, cueste lo que cueste, llevando las normas al límite y al trabajador muchas veces a la extenuación, hundiéndole la cabeza a la posible competencia, comprando favores aquí y allá y en fin…abriendo todo el catálogo de comportamientos que usted obvia. Si lo hace es porque empezaría a no cuadrarle el modelo, a ver que hay circunstancias “imprevistas” que dan al traste con los resultados esperados, …
agosto 14th, 2011 a las 9:31
Juan
Coincido con usted. Dejando a un lado las razones de quienes adoptan el liberalismo exclusivamente para proteger su patrimonio de las cargas impositivas del Estado, veo tras la argumentación de los liberales españoles muchísima teología: Ley Natural, orden espontáneo (también Natural), libertad como algo consustancial al hombre (es decir: dada por la gracia de Dios). Esas referencias teológicas son habituales en Libertad Digital, no solo en los comentaristas, que son los que más abundan en ellas, sino también en bastantes redactores.
No soy de los que piensan que el determinismo materialista decide todo. Soy materialista pero no determinista, puesto que el hombre (en el sentido individual, biológico, y también genérico, como Idea) puede alterar el dictado de aquello que le rodea y apartarse del cauce que le fijan las circunstancias. Pero el hecho de que pueda conseguir tales logros no significa que la materialidad que le rodea y le precede pueda convertirla en algo bajo su entero dominio, entre otras razones porque el mismo hombre acaba construyendo realidades que están por encima de la voluntad él mismo, tanto individual como colectivamente. Y eso ocurre con y sin Estado.
Cuando no había Estado el hombre vivía sometido a la tribu; en ningún caso el hombre era más libre que ahora, entre otras razones porque el concepto de libertad (libertad de circulación, libertad de mercado, libertad de expresión, etc) surge dentro de la configuración de un Estado, imposible que fuera antes.
Reducir el Estado a un simple garante del orden, es llevarnos al Estado policial. Y pensar que una sociedad no es más que la mera suma de individualidades es desconocer la realidad que nos precede y nos envuelve, es defender las tesis de Rousseau: “El hombre es bueno por Naturaleza; es la sociedad quien le corrompe”, solo que sustituyendo sociedad por Estado; un puro mito, vamos. Y en el caso español, al menos atendiendo al número de individuos que piensan de esa manera, habría que sumar el ir a misa. De ahí que tantos liberales que leen LD (en los redactores mucho menos) sean capaces de defender a Franco (modelo de estatismo) y llamarse liberales.
Vamos a una situación en que los recursos naturales van a marcar nuestras vidas. Mas concretamente ‘la escasez de recursos naturales’, puesto que la abundancia también las marcó. Así que una de dos: si el Estado queda reducido a un mero guardián del orden público iremos de cabeza a un Estado policial o parapolicial. Si por el contrario el Estado quiere proteger a todas aquellas capas sociales que sufrirán más duramente el embate de los tiempos que se avecinan, deberá recortar sus gastos enormemente, empezando por las ayudas sociales que presta, precisamente para que lleguen al mayor número de personas desahuciadas, puesto que los niveles de protección estatal que hemos recibido hasta ahora está claro que no van a poder mantenerse.
Pero eso es una cosa y otra pensar que dejando ‘libres’ –es decir, sin protección– a los millones de personas que no tienen trabajo, ni lo van a tener nunca más, vamos a conseguir una sociedad justa donde los bienes básicos estén asegurados para todos por obra y gracia de cada uno individualmente, nos llevará, sencillamente, a unos niveles de violencia en la vida diaria como no hemos conocido jamás.
Parece que a muchos no les sirve de nada echar la vista atrás y mirar lo que ha sucedido otras veces. Tendrían que explicar por qué razón ahora la situación será diferente.
agosto 14th, 2011 a las 9:46
Supongamos cualquier mercado en el que con crédito suficiente fuera dado vender lo que no se tiene. Probablemente nos sonaría raro.
Los mercados organizados surgen históricamente para acercar a compradores y vendedores y proporcionar facilidad de compraventa de títulos de propiedad.
A esta gente se unen dos tipos de gentes, los traders y los que hacen apuestas. Los dueños del mercado en sí, la institución física, suelen ser los traders cuyo interés es cobrar una comisión por cada compraventa y tienden a desarrollar políticas que maximicen el número y volumen de las operaciones.
Los ludópatas buscan el pelotazo y la ruina ajena. La psicología de este tipo de gente (por eso se llaman sharks) deriva tanto o más placer del daño ajeno que del beneficio propio.
La conjunción de estos perfiles es, sostengo, mala para la institución y para la gente que sólo quiere comprar (adquirir la propiedad de un título) o vender (convertir en líquida una propiedad) y por eso los mercados cada vez más expulsan a estas personas y se convierten en casinos masivos.
La reciente ola de bajadas, si alguien se molesta en validar los volúmenes, tenía lugar a primera hora (para marcar tendencia) y tras el cierre de los bancos al público. Es decir estaba limitada a gentes operando desde un Bloomberg y en volúmenes imposibles para la media de la operación bursátil. Una carnicería y un abuso. Como jugar al poker sin límite contra gente con límite.
A mí, que soy inversor profesional desde hace muchos años, (no trader, no ludópata, inversor que es algo muy diferente) me parece bien que esta gente se vaya a los casinos. Nada se lo impide pero los Casinos cuidan su reputación bastante más de lo que parece.
Esto y el “mark to market” son dos cosas que creo que convendría revisar para que la gente normal vuelva a los mercados sin tanto intermediario. Hay inversiones que no se hacen para vender cada día y debiera ser posible valorarlas contablemente a valor histórico.
Si hablamos de mercados libres debiéramos recodar cuando Adam Smith nos recuerda que estos mercados dependen de que los operadores tengan poder de mercado muy homogéneo.(Libro IV, capítulo II).
Los ludópatas y otros depredadores corporativos lo que hacen es destruir los mercados y so pretexto de kaleborroka hacer crowding out de ciudadanos con lo cual sólo los oligopolios se ceban. Una receta terminal.
Apuesto a que ni en las Vegas ni el Casino de Torrelodones (el mayor de Europa) les dejarían entrar.
Saludos
agosto 14th, 2011 a las 9:58
Dije: “Si por el contrario el Estado quiere proteger a todas aquellas capas sociales que sufrirán más duramente el embate de los tiempos que se avecinan, deberá recortar sus gastos enormemente, empezando por las ayudas sociales que presta”
Aclaro para evitar la contradicción a que puede conducir: hay que reducir las ayudas individualmente y globalmente, es decir, por partida doble; y hay que hacerlo así precisamente para cubrir un mayor número de personas que se va a quedar sin recursos de supervivencia, puesto que la cuantía global de la protección social difícilmente se podrá seguir aumentando.
No es de recibo que una cajera de un supermercado, o una camarera de habitación, o un peón en una cadena de envasado o montaje cobre 700 euros al mes, y su abuelo, que tuvo la misma categoría profesional que ellos, gane mil euros por pasarse el día jugando a la petanca. No es justo.Por tanto esos mil euros deberían bajar por debajo de los 700 euros.Y como eso tantas cosas más. ¿Quién pone el cascabel al gato?
Lo están haciendo ya, pero de manera encubierta; de hecho la jubilación a los 67 años (y pronto será a los setenta) se hace con ese fin: ¿quién va a aceptar para trabajar de peón de albañil a un hombre de sesenta años, o de camarera a una mujer de esa edad? Nadie. Por tanto tendrá que retirarse a la misma edad que lo viene haciendo hasta ahora, solo que le dirán: “sí, has cotizado cuarenta años, pero quieres jubilarte (‘quieres’, ahí está el engaño) antes de los setenta, por tanto en lugar de cobrar la cantidad que te habría correspondido tienes que aceptar una rebaja del 40%”.
En el ‘quieres’ estará la disputa, puesto que mas bien es un “no te quieren y por tanto no te queda otro remedio que aceptar la rebaja. La rebaja o nada.”
PSDT/ Está claro que vamos a una sociedad conflictiva. Y dejémoslo en ‘conflictiva’, que seguramente es un término suave.
agosto 14th, 2011 a las 10:50
Manu Oquendo
Muy ilustrativo lo que ha contado. Muy poca gente tiene capacidad para decidir sobre sus inversiones en bolsa. Conozco a alguno, que aun en la etapa expansiva de estos años de atrás, le decían en el banco: “lo siento, pero este año sus ahorros en renta variable solo han producido un 4%”. ¿Fue esa la rentabilidad real de su dinero? El ahorrista no lo sabe ni lo sabrá nunca, porque ese dinero ha estado en un fondo desconocido del que no se sabe qué rentabilidad real obtuvo. Y si por casualidad lo investiga y descubre que el banco le ha robado, entonces siempre existe la posibilidad de comprar su silencio dándole no el 2% sino el 20%. Lo mismo está ocurriendo con la captación de pasivo y la pugna que se traen entre los bancos: a un pariente mío que tiene buenos ahorros le están dando el 5% después de que los amenazara con cambiar de banco.
Y estas subidas y bajadas son provocadas por los grandes fondos de inversión, de ahí que prohíban las ventas a corto, apostar a la baja, puesto que quienes lo hacen ganan siempre, ya que manejan tales cantidades de dinero que pueden hacer que los valores por ellos elegidos suban o bajen cuando y cuanto ellos quieran.
Los fondos de inversión, y más en concreto los fondos de pensiones, y la obsesión por extraer la máxima rentabilidad, comparten junto con los bancos de inversión la responsabilidad en la catástrofe.
Bancos de inversión y bancos comerciales que ya son lo mismo, puesto que la derogación en 1999 de la ley Glass-Stegall de 1933 acabó con la separación que había para los dos tipos de actividad bancaria. Si a eso sumamos que las agencias de calificación, los bancos (comerciales y de inversión), y los fondos de inversión bursátil ya son lo mismo, entonces que baje Dios y me diga dónde está la libertad de mercado entre los diferentes agentes económicos.
Lo cierto es que todo apunta a que las actividades financiera, especulativa y monetaria están en manos de unos pocos oligopolios. Por tanto quienes dicen que en la cabeza del Imperio el bacalao lo corta la oligarquía financiera, es posible que no anden lejos de la verdad.
Cuando Aaron Russo le preguntó a uno de los Rockefeller, muy amigo suyo (ahora no recuerdo su nombre) qué buscaban con todo lo que estaban haciendo, este Rockefeller le dijo, y tranquilamente: “el socialismo”.
A veces da la impresión de que pretenden volver a una sociedad estamental donde una élite dirigirá la política y la economía (y de manera encubierta, claro) y el resto viviremos bajo su consentimiento. Unos, bien adaptados y bien agradecidos, que gozarán de algunos privilegios frente a la mayoría, y otros trabajando en condiciones más duras que hasta ahora. Lejos de todos ellos, y formando un verdadero lumpen, los que solo puedan asegurar la subsistencia a un mes vista, o menos, y que tendrán que subsistir de las exiguas ayudas estatales, tal y como en otros tiempos se hacía cola a la puerta de los conventos y las iglesias para tomar la sopa boba
agosto 14th, 2011 a las 14:44
Manu Oquendo, yo creo que en el artículo queda suficientemente claro el origen de lo que usted llama tiburón sin límites. O lobo según la lamentable similitud que hace el economista Jose Carlos Díez entre la situación actual y la película Bailando con Lobos.
Concretamente lo hace en el último párrafo. El problema está en las operaciones al descubierto con una capacidad de crédito casi infinita gracias a la expansión artificial del crédito. Puesto que por muy especulador malicioso que se sea, si operas de prestado necesitas de la complicidad del búfalo (el que presta el activo), por seguir con la similitud de la película, que en este caso sería usted, el inversor a largo plazo.
Supongo que lo que propone con cerrarle la entrada al casino a los especuladores a descubierto es regulación. Pero ojo, porque la historia nos dice que limitar las operaciones incómodas que se realizan gracias a un crédito infinito mediante regulación y no eliminación del crédito infinito, deriva precisamente en la aparición de complejos derivados.(sic) ¿O no?
Un saludo.
noviembre 10th, 2011 a las 15:50
Estimado Iñigo,
Me doy el lujo de recordarle que la ley no establece si algo es moral o inmoral, ni bien ni mal, solo si es legal. Y la venta en corto en mercados financieros es legal.
Y además, es positiva. Es la mejor forma de permitir que el mercado corrija burbujas especulativas rapidamente. Ojalá existiera la venta en corto durante la manía de los tulipanes .-)
Por otro lado, prohibir la venta en corto no es justo porque las empresas propietarias de las acciones siguen pudiendo ponerse cortos. Es decir, la población solo puede ponerse larga, ¿pero las empresas grandes si pueden ponerse cortas? A mi me parece un “tongo” destinado a limpiar el dinero a los pobres inversionistas externos.
Y para terminar, existen muchas más formas de beneficiarse de un mercado bajista, no solo vender al descubierto. Puedes utilizar opciones o cfd’s por ejemplo.