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Por qué la universidad debería ser totalmente privada

Publicado el 02 septiembre 2011 por Juan Ramón Rallo

La práctica totalidad de la población coincide en que la enseñanza es uno de los pilares del Estado de Bienestar. Hablar de una privatización de la educación que vaya más allá del cheque escolar parece ser un tema tabú, incluso para los liberales. Sin embargo, la teoría económica permite comprender por qué no sólo es recomendable sino imprescindible para el desarrollo que la enseñanza, especialmente la superior/universitaria, sea completamente privada.

Lo esencial es tener claro qué debe ser y qué no debe ser la enseñanza universitaria. Por resumirlo, la universidad debe convertirse en una empresa cuyo propósito sea el de fabricar o proveer un bien de capital harto concreto y específico: el llamado capital humano muy especializado. La universidad no debe ser un foro público para adquirir una formación general un tanto más profunda que la proporcionada por la enseñanza secundaria y que nos convierta en buenos ciudadanos. O, al menos, no debe ser eso si luego pretendemos que esos años de carrera lectiva nos sirvan para lograr un sobresueldo en el mercado laboral.

Por consiguiente, la universidad produce capital humano, esto es, inocula a sus clientes/estudiantes una serie de conocimientos teórico-prácticos que, con posterioridad, deberían permitirles producir en el mercado una mayor cantidad de bienes y servicios que otros agentes sin esa formación: el capital humano debe servir para incrementar la productividad de los trabajadores y, por tanto, lograr sueldos más elevados.

El capital humano, pues, es un bien de capital más, con todo lo que ello entraña: su valor depende de su capacidad para generar bienes económicos valiosos dentro de un plan empresarial en el que deberá coordinarse y complementarse con otros bienes de capital. Los sobresueldos (o los beneficios extraordinarios, si el estudiante se vuelve autónomo) son precisamente la remuneración de ese bien de capital, como los dividendos lo son de las acciones o los intereses de la renta fija. Y el sobresueldo podrá pagarse si un trabajador que dispone de un cierto capital humano es más productivo dentro de un determinado plan empresarial que otro trabajador que carece de ese capital humano.

La tarea de las universidades no es nada sencilla. En cierto modo, cabe reputarlos como centros productivos de una enorme complejidad: su materia prima es un conocimiento tremendamente especializado –pensemos en la cantidad de licenciaturas y de maestrías que existen dentro de éstas– que año a año queda desfasado por el avance de la ciencia, por el eventual cambio de gustos de los consumidores y por las nuevas metodologías docentes. Sus clientes, los estudiantes, tienen que recibir una formación puntera (pues, en caso contrario, saldrán al mercado laboral y serán desplazados por otros trabajadores mejor adiestrados), que esté adaptada a las necesidades del consumidor (pues, en caso contrario, no habrá empresarios que quieran incorporarlos a sus planes de negocio abonándoles un sobresueldo) y que les sea lo más inteligible posible (pues, si no, todos los esfuerzos docentes serán en vano).

No se trata sólo, por tanto, de formar a los mejores arquitectos –o ingenieros, o economistas o juristas– posibles desde un punto de vista técnico, sino también a aquellos que sepan diseñar las construcciones que vayan más en consonancia con los gustos de los consumidores (o quizá, si hay exceso de construcciones y arquitectos, lo acertado sea no formar a ningún arquitecto). Los conocimientos que adquieren, en definitiva, no han de ser útiles para la formación personal y humana del alumno o para el avance en abstracto de la ciencia –para lo cual puede haber otros centros adscritos a la universidad que realimenten la labor de la docencia–, sino para el consumidor, que al final es quien le pagará el sobresueldo al estudiante.

Así las cosas, un capital humano que no cumpla con estos tres requisitos –excelencia técnica y adaptación a las necesidades del consumidor que permita lograr un sobresueldo en el mercado– puede considerarse una mala inversión, equiparable a la de un promotor inmobiliario que en el auge de una burbuja del ladrillo siguiera construyendo más y más viviendas que luego no ha podido colocar a buen precio.

La cuestión es si la universidad pública puede proveer un capital humano que no sea en general un cúmulo de malas inversiones o si, por el contrario, el buen capital humano sólo podrá gestarse en centros universitarios privados sometidos a la competencia del mercado y a la ausencia de regulación del sector público.

Existen razones que afectan tanto a la oferta –a la manera que tienen las universidades de funcionar y enseñar– como a la demanda –a la cantidad y calidad de estudios que desean contratar los estudiantes– para concluir que, como en cualquier otro centro productivo especializado, es imprescindible que la universidad esté sometida por entero a la competencia propia del libre mercado.

Entre las de oferta, la universidad debe ser suficientemente flexible como para adaptar su conocimiento técnico y sus métodos docentes a las muy cambiantes necesidades del mercado (de las empresas y de los consumidores). El profesorado –y la organización de éste dentro de la universidad– ha de estar sometida a una reelaboración continuo; una flexibilidad que sólo puede lograrse no a golpe de planificación central y de planes quinquenales, sino merced a la presión competitiva de otras universidades más eficientes que pueden terminar desplazando a las menos eficientes. Es necesario que los modelos educativos que queden desfasados puedan desaparecer y no se eternicen gracias a la teta del presupuesto público; para lo cual resulta a su vez necesario que los empresas y la administración puedan discriminar entre los títulos de distintas universidades según su calidad: una licenciatura en una universidad puntera no puede ser equiparable a una licenciatura de una universidad deficiente.

Asimismo, la competencia entre universidades no sólo afectaría a la calidad de sus servicios, sino también a su coste. Internet, los Ebooks y demás nuevas tecnologías ofrecen un sinfín de posibilidades para desarrollar nuevos modelos educativos que vayan más allá de la universidad tradicional. La participación de un centro de enseñanza superior en la formación del capital humano puede ser muy variable: desde la tutela directa y presencial de un equipo docente durante 20 horas semanales a lo largo de cinco años a la provisión del material docente y posterior certificación de que un determinado alumno ha adquirido por su cuenta los conocimientos reconocidos en su título, pasando por la enseñanza online presencial o no presencial. Cada universidad podría configurar su propia oferta de servicios académicos, cuyo precio sería creciente con su coste (con el grado de implicación en la formación) y permitiría a una variedad muy amplia de alumnos, con niveles de renta muy diversos, acceder a un mismo título. A día de hoy ya existen numerosos centros que cobran sólo por examinar y certificar la adquisición de unos determinados conocimientos, sin perjuicio de que, abonando un sobreprecio, los estudiantes puedan comprar directamente los materiales o asistir a clases presenciales.

Igualmente, tampoco tiene demasiado sentido que la carrera universitaria sólo pueda ser un corpus inseparable de conocimientos que proporcionen una visión presuntamente completa al alumno sobre una materia a lo largo de cuatro o cinco años. Lo lógico sería que cada universidad pudiese ofrecer ‘packs’ de duración y precio mucho más reducido y con un contenido mucho más específico; el objetivo es formar especialistas que sepan desarrollar servicios extraordinarios en una materia. El mejor contable del mundo no tiene por qué tener un conocimiento demasiado profundo sobre macroeconomía, por lo que ambas materias no tienen por qué estudiarse a la vez: la posibilidad de estudiar por módulos que puedan adquirir los alumnos, sin perjuicio de la obtención de un título que acredite exactamente los conocimientos adquiridos, proporciona una flexibilidad enorme a la hora de formar el capital humano y a la hora de reorganizar internamente las materias impartidas y los métodos empleados. Más que observar los estudios universitarios como una variable discreta (0 ó 1: o se tiene un título, aunque falte una asignatura, o no se tiene), habría que entenderla como una variable continua (se poseen distintos grados de conocimiento reflejados en un currículum dinámico).

Por lo que respecta a la demanda, nunca olvidemos que la enseñanza universitaria es una inversión en un activo llamado capital humano y cuya rentabilidad es el sobresueldo que cosecha el trabajador. Si reputaríamos absurdo que el Estado nos concediera a todos (o, más bien, a unos cuantos adolescentes) un cheque de, por ejemplo, 20.000 euros para que todos pudiésemos poseer una cartera de acciones bursátiles (¡y no sólo los ricos ahorradores!), deberíamos considerar igualmente absurdo que el Estado subvencionara la demanda de lo que es, repito, una inversión en un activo muy específico y especializado como es el capital humano.

¿Y por qué es absurdo? Para empezar, porque los costes se socializan (todos los contribuyentes sostienen la universidad pública) pero los beneficios se privatizan (los sobresueldos percibidos por cada trabajador). Se puede pensar que un sistema fiscal progresivo contrarresta este hecho (paga más quien más gana), pero no olvidemos que no todos quienes obtienen un sobresueldo tienen que obtenerlo por gozar de estudios universitarios… ni todos los que gocen de estudios universitarios tienen por qué obtener un sobresueldo ni tampoco obtenerlo en virtud de ese título. Por tanto, el sistema fiscal progresivo es una manera muy torpe e injusta de contrarrestar la socialización de los costes y la privatización las ganancias.

Pero el problema de fondo es otro: la lógica y la conveniencia de toda inversión depende de que la rentabilidad de la misma sea positiva y superior a la de otros activos de riesgo similar. Es decir, se trata no sólo de ganar dinero, sino de ganar al menos el mismo que podríamos obtener en otras inversiones. Si subvencionamos total o parcialmente el coste de la universidad, lo lógico es que la demanda de estudios universitarios se dispare muy por encima de lo que es realmente rentable y conveniente. Por ejemplo, si el coste de estudiar cinco años en la universidad es de 40.000 euros pero el Estado la ofrece gratuitamente, un estudiante decidirá invertir en capital humano aun cuando los sobresueldos que consiga a lo largo de su vida laboral no superen los 30.000 euros. Es decir, la inversión será ruinosa (el coste de obtener el capital humano será mayor que la utilidad que proporciona) pero el incentivo será a acometerla.

Obviamente, si el coste privado de ir a la universidad es cero, lo que cabe esperar es, primero, que su demanda se masifique aun cuando los sobresueldos logrados sean nulos; y, segundo, si existen otros beneficios no monetarios de acudir a la universidad (por ejemplo, cinco años sabáticos en los que no se estudia demasiado y se disfruta de una juventud dorada), los alumnos tenderán a desatender por completo qué disciplinas deben dominar para percibir los sobresueldos que presuntamente justifican la enseñanza universitaria (elección casi aleatoria o por interés personal de la materia). En definitiva, si el Estado subvenciona el coste de la universidad, su demanda será siempre excesiva y generalmente despreocupada por la calidad de la oferta.

La titulitis es una enfermedad propia de sociedades donde la universidad carece de precio, donde los alumnos no están en absoluto interesados en comparar los costes y los beneficios de la inversión en capital humano y donde los centros encargados de expedir el título no se juegan su supervivencia en su calidad diferencial. Una sociedad no necesita universitarios en general, sino personas especializadas en muy diversas áreas; cuando lo que proporciona es una imprenta de licenciaturas y de jóvenes incolocables –que además deben recurrir a posgrados privados para especializarse mínimamente–, es que su sistema universitario es completamente fallido.

Por último, que el precio de la enseñanza superior refleje todo su coste no significa ni mucho menos que las diferencias sociales vayan a ahondarse. Primero, porque un rico que sea tonto no obtendrá durante mucho tiempo un sobresueldo gracias a un título de calidad comprado a tocateja (otra cosa son los contactos familiares, pero eso es independiente de la titulación); y si eso es así, la compra de licenciaturas por parte de los ricos tenderá más bien a descapitalizarlos (habría sido mejor que metieran el dinero en una acción que proporciona una renta del 7% anual que en un título que renta un 0% al año).

Y segundo, porque los pobres inteligentes no sólo pueden ser becados por las universidades privadas (cosa que ya sucede en la actualidad), pues el prestigio de éstas procede de tener alumnos excelentes y bien colocados en el establishment, sino porque la versatilidad de una industria universitaria privada y desregulada permitiría una variedad de precios tan grande que daría paso a una formación realmente continua. En ninguna parte está escrito que una persona debe adquirir todo su capital humano de los 18 a los 23 años. Perfectamente puede estudiarse un módulo de finanzas, percibir un sobresueldo durante cuatro años, ahorrar parte del mismo y costearse el estudio de otro módulo, etc. Lo único que de facto cambiaría es que la gente analizaría mucho más cada paso que da: a saber, si conviene (si es rentable) ampliar un poco más su formación en cada una de las etapas de su vida. De hecho, así habrán de hacerse las cosas: el capital humano debería estar en continuo reciclaje (no quedarse estancado en los conocimientos adquiridos durante la adolescencia) y orientarse siempre a la creación de un mayor valor para el consumidor que aquel que ha costado formarlo.

La enseñanza pública no garantiza una democratización del capital humano; más bien asegura su generalizada malinversión.

32 Comentarios para este artículo.

  1. AntiBolonia Says:

    El modelo universitario que propone el artículo es una barbaridad. Tender a especializar en una universidad (que viene del latín “universitas”) es, aparte de formar futuros catetos, sacar profesionales con lagunas formativas. La especialización es algo que tiene que partir del propio universitario una vez finaliza sus estudios, o bien de lo que pueda aportar su puesto de trabajo. La Universidad debe proporcionar unos conocimientos generales dentro de la carrera en concreto. No se debe especializar a alguien si previamente no tiene unos conocimientos generales de todas las disciplinas que conforma una carrera.

  2. Juan Ramón Rallo Says:

    Pensaba que para conocimientos generales ya estaban las enseñanzas medias. Una carrera ya es por sí algo muy especializado; se me antoja un giro retórico decir que alguien debe tener conocimientos muy generales en la especialidad. ¿Para qué? ¿Por qué el contable ha de saber macroeconomía o teoría del monopolio?

  3. AntiBolonia Says:

    Pues por varios motivos:

    1º) Porque la universidad debe formar a economistas, a personas formadas para poder trabajar en cualquier departamento de la dirección de una empresa. No entiendo abogar por la flexibilidad laboral en un mercado laboral que aboga por la polivalencia y, sin embargo, formar únicamente a personas que solo saben hacer una cosa, y,

    2º) Porque esto supondría aplicarle leyes del mercado a la formación humanística e integral de la persona. Curiosamente, los países que más cuidan de las humanidades son los países más desarrollados tecnológica y económicamente.

  4. Juan Ramón Rallo Says:

    1) Eso es una petición de principios. La universidad debe formar a economistas completos porque tiene que formas a economistas completos. Por cierto, antes economía formaba parte de Derecho y antes de ética. ¿Las volvemos a juntar? Las personas deben ser polivalentes en lo básico, pero no en lo específico. Básicamente porque no puede dominarse todo de todo. Si uno se especializa en algo, no puede especializarse en otra cosa. Y si quiere especializarse en todo, aparte de que probablemente colapsará antes de lograrlo, se quedaría sin integrar el mercado laboral.
    2) Es decir, supondría someterlas a la satisfacción del resto de personas. De todas formas, no todas las actividades tienen por qué formar parte del mercado (de la división del trabajo) y no todas deben buscar el lucro. Puede haber asociaciones o clubes que proporcionen esas disciplinas. Lo que creo que es evidente es que nadie o casi nadie (quitemos el área donde puedan ser empleados como museos, documentales, enseñanzas medias…) abonaría el coste real de muchas humanidades. Simplemente porque la gente valora menos la formación que lo que cuesta proporcionarla y porque sus expectativas sobre la universidad son otras.

  5. GRN Says:

    -aparte de formar futuros catetos, sacar profesionales con lagunas formativas.- Perdón, ¿con esta frase quería describir el modelo del artículo o el actual?.

    Por otro lado, la flexibilidad no es para que de contable pases a director de producción. Es para que de contable de empresa del sector consumo puedas pasar a contable de empresa de sector de bienes de capital en las distintas etapas del ciclo.

    Podrías citar esos países a ver de que modelos universitarios disponen. Tengo curiosidad.

  6. estudiante Says:

    “La universidad no debe ser un foro público para adquirir una formación general un tanto más profunda que la proporcionada por la enseñanza secundaria y que nos convierta en buenos ciudadanos. O, al menos, no debe ser eso si luego pretendemos que esos años de carrera lectiva nos sirvan para lograr un sobresueldo en el mercado laboral.”

    De verdad me parece muy triste leer semejante barbaridad de gente tan formada y brillante como debe ser usted.

    Desde luego, juntar economía y enseñanza veo que no es una buena idea.

    Me podría decir una hipotética universidad mejor que aquella donde se formen “buenos, libres y pensantes ciudadanos” ??

  7. Juan Says:

    AntiBolonia: En un mundo idílico donde los seres humanos fuéramos súper-súper-súper-dotados, habría una sola carrera que incluiría todas las actuales, y seríamos la releche humanística y técnicamente. En ese mundo tendría sentido la solución al paro de la construcción que propuso en su momento Zapatero, consistente en reconvertir los trabajadores de la construcción en trabajadores de la biotecnología.
    Pero en la realidad, también la universidad pública está creando cada vez más carreras especializadas. El número de titulaciones distintas crece, no disminuye.

  8. Juan Says:

    Señor Rallo: Yo he comprobado que en la enseñanza media privada los alumnos sacan mejores notas, sobre todo justo para presentarse a la Selectividad, y no porque salgan más preparados, sino porque los padres pagan y el que paga exige. Esto es un hecho; y lo sé porque yo estudié la enseñanza media en un colegio privado y creo que no tenía más nivel que el público.
    En mi ciudad los padres llevaban los hijos al colegio privado, más por el descontrol y malas compañías del instituo público, que por la calidad del colegio privado.

  9. Juan Ramón Rallo Says:

    Estudiante,

    O, al menos, no debe ser eso si luego pretendemos que esos años de carrera lectiva nos sirvan para lograr un sobresueldo en el mercado laboral..

    ¿Estudias para trabajar para tener un buen sueldo o para ser un buen ciudadano? Una cosa no tiene nada que ver con la segunda, porque saber confeccionar la cartera óptima de acciones para un inversor de riesgo mediano no tiene nada que ver con ser un buen ciudadano. Con lo cual, si estudias para lo segundo, es decir, si no estudias para producir bienes y servicios cada vez más valiosos para los consumidores, luego no te quejes del 50% de paro juvenil y del mileurismo. Una cosa es la lógica consecuencia de la otra.

    Juan,

    Es lo que tiende a suceder en un sistema educativo donde no se puede discriminar de facto entre títulos y donde lo importante es tener uno, sea de la calidad que sea: que se compra.

  10. J.A.M.S. Says:

    El problema fundamental son que en la universidad pública los profesores son funcionarios, deberían dar ejemplo la universidad, aunque se financien con dinero público pero el funcionamiento de los departamentos debería ser como en una empresa (los más aptos para cada puesto, y nunca para siempre), evitar la monogamia, y sobre todo becar a los mejores alumnos, ¿pero cómo se selecciona a los mejores? a través de un exámen?? de una nota que le pone un funcionario??? alguien es mejor por tener un 9 y el otro un 5??? Saludos

  11. J.A.M.S. Says:

    Errata: El problema fundamental es…….

  12. Juan Says:

    J.M. Rallo
    Es cierto; no me había dado cuenta. Aunque quizá cuando dices que “no se puede discriminar de facto” quizá sería mejor decir que “no se puede discriminar de iure”, pues de facto, de hecho, hay empresarios que sí tienen en cuenta el lugar de procedencia del título. Aunque para la Selectividad no pueden discriminar “de iure” la procedencia de las calificaciones del bachillerato para ponderarlas con la calificación del examen de Selectividad.

    Estoy aprendiendo mucho con vosotros, los liberales. No sé si vuestras ideas se podrían poner en práctica al grado máximo, pero no he visto a nadie que argumente con tanta finura como vosotros. Y para mi eso ya es mucho.

    Un saludo.

  13. jfc Says:

    @Antibolonia:

    1º) No te preocupes, que si el mercado laboral aboga por la polivalencia eso sería precisamente lo que ofrecería una universidad orientada a necesidades. De eso se trata, de coordinación, lo que verás que no ocurre en la universidad pública, donde los programas van a su aire.
    Por cierto, los estudios de economía no valen en absoluto para cualquier departamento de la dirección de una empresa, ha de tener experiencia, talento, idiomas y un MBA (todo esto fuera de programa de las universidades públicas, de ahí más paro y la pobreza, algo bastante lamentable).

    2º) Nadie te impide estudiar humanidades una vez que ya eres productivo en una empresa para ganarte las lentejas. Yo estoy finalizando mi segunda carrera mientras trabajo, la carrera de humanidades que en su día decidí no hacer porque no tenía salidas. La formación no acaba a los 23 años. En absoluto. Nadie te impide la autoformación ni la formación privada, pero no tiene por qué pagártela el prójimo viviendo de la sopa boba y la litrona, eso es mucha cara.
    No olvides que las leyes de mercado no son las del dinero -sino las de las necesidades sociales- y que el valor de los estudios es subjetivo -observaciones que a menudo se ignoran en las universidades públicas-. Es decir, una vez resuelto el problema de las lentejas puedes querer enriquecer tu vida y tus relaciones sociales, del mismo modo que puedes querer ahorrar para tener una piscina. Tú decides lo que te es útil, y asumes los costes. Lo que no es de recibo es haber estado estudiando cinco años unos estudios de los cuales en mi caso sólo me han valido seis meses, a cuenta del contribuyente además.

    Te recomiendo “La educación y el Estado” de West y el capítulo sobre la educación de “En busca del crecimiento” de Easterly.

  14. Miguel Says:

    La tendencia natural de los pilares del estado del bienestar, como la sanidad o en este caso la educación, es la provisión pública y producción privada. La progresiva privatización es la mera consecuencia de maximizar beneficios, ya sean sociales o económicos, y mientras las universidades como dice Rallo no produzcan bienes de capital demandados por el mercado seguirá siendo un sistema deficitario y desconectando del mundo laboral.

    Yo como recién licenciado en Economía y hasta hace poco en el paro, me pregunto para que me han servido tantas horas de estudio en Teoría de Juegos, Teoría del Sector Público, Macroeconomía etc si el 80% de los economistas en nuestra carrera profesional no lo vamos a necesitar. La especialización es buena, aumenta la productividad de los trabajadores, eso si, tendremos que ver como encaja este modelo en la progresiva flexibilización de los puestos de trabajo ya que como estamos viendo en tiempos de crisis los empresarios prefieren contratar a un trabajador que sepa hace muchas tareas no tan bien ( y pagarle menos por consiguiente) que contratar a un empleado especializado para cada función.

  15. Pablo el herrero Says:

    Excelente artículo Juan Ramón, tanto desde la perspectiva educativa como desde la perspectiva económica. El falso binomio “Educación pública” al que nos tiene acostumbrado el perverso socialismo, con el que nos quiere hacer creer que no es posible una educación si no es pública, nos ha llevado al desastre que hoy vivimos en todo el occidente, muy en concreto en España.

    La cantinela socialista de que los problemas educativos se solucionan siempre con más profesorado y con más dinero público, en los últimos casi cuarenta años democracia tales argumentos han servido para: a) bajar año tras año nuestro posicionamiento en los informes PISA, b) bajar el nivel de toda la estructura educativa (no sólo de los alumnos, también de los profesores), y c) convertir a la universidad en una “fábrica de parados”. Pero erre que erre el socialismo, con su mantra de que esta situación “se soluciona con más profesores y más dinero”.

    Mientras la educación no sea totalmente libre y en la cual las instituciones educativas y las familias y alumnos sean los protagonistas absolutos de sus propias decisiones formativas (los colegios como proveedores de programas y profesores y, los alumnos, de elegir libremente entre dichos proveedores y propuestas formativas); y por otra parte, la educación en absoluto sea gratis para nadie… el mantra socialista seguirá imponiendo la consecución de títulos cada vez más devaluados por el mercado.

    La educación, toda, como cualquier otro bien que la persona adquiere, ha de pagarla. Es el primer requisito para avanzar en excelencia educativa (el socialismo ha llegado a proponer para estimular el interés del alumno el pagarles por estudiar, menos mal que ha venido la crisis económica). El segundo, es la libertad absoluta de los auténticos protagonistas de la educación: colegios y alumnos funcionando en un mercado libre de propuestas y elecciones formativas.

    El mantra socialista de que los pobres en un mercado libre y sin “educación pública” no podrían estudiar, sólo se lo creen ellos. Estoy en contra del bono escolar, quien no tiene dinero, que el estado se lo adelante, pero cuando termine sus estudios que lo devuelva al estado para que otro pueda volver a beneficiarse de esa ayuda (si la educación es eficaz, pronto encontrara trabajo para poder devolver dicha cantidad en cómodos plazos). Así lo hacen los estudiantes de MBA de las escuelas de prestigio, se endeudan porque saben que al terminar dichos estudios su valor en el mercado laboral subirá y por tanto, podrá pagarse en cómodos plazos dicha inversión en si mismo. Pero eso de que el resto de la población tengamos que pagar “sine die” el bien que otro recibe… no es de recibo. Y además, cuanto más “gratuita” es la educación, mayor es la desmotivación del alumnado y profesores, el abandono escolar, la violencia en las aulas, el aumento del paro juvenil, etc. Esas son las consecuencias de una “educación pública” y “gratuita”.

    Otro día hablaremos del objetivo fundamental de adoctrinamiento que el socialismo persigue con su “educación pública”, pero seguro que tendremos ocasión nuevamente de entrar en materia.

    Un cordial saludo Juan Ramón por tu valiente exposición a favor de una educación auténticamente libre.

    Pablo el herrero

  16. eduardo fernandez delgado Says:

    Por que si yo gano 1500€, con mis impuestos tengo que pagarle la carrera a un cirujano que gana 6000€, estaría bien que se la pagase si ganase lo mismo que yo,pues a cambio de mi (nuestro) dinero el me proporcionaría los conocimientos adquiridos, no es justo que yo (nosotros) corramos con los gasto y el se lleve las plusvalías,cuando creas una empresa pones tu dinero, no te lo da el estado de los impuestos de los demás y si no tienes suerte lo pierdes

  17. graffic Says:

    Si hablamos de las teorías económicas, las mismas que intentan predecir el comportamiento humano en mercados. Personalmente creo que las mismas se han auto demostrado fallidas. Pero bueno, cada uno tiene “fe” en lo que quiere.

    Por otro lado se plantean dichas teorías como “fe”, haber dicho “Jesús dijo a sus discípulos” en vez de “teorías económicas”, aporta la misma claridad al artículo.

    ¿Es la universidad privada de hoy en día un ejemplo de lo que se pretende demostrar en este artículo? Si es así, se debieran cerrar la mitad que, como excelentes empresas, fabrican títulos y nada más. No hay nada mejor que la “demanda” (de titulitis), para que las empresas florezcan.

    Los “culpables” planes centrales son bastante abstractos, y muchas son las universidades tanto publicas como privadas que los adaptan para “producir” mejores licenciados. Nadie los limita y muchos son los alumnos que de ante mano escogen la universidad que les prepara mejor. Es cuestión de motivación mas que de enseñanza muchas veces, lo que ayuda a obtener un buen licenciado.

    Lo que me empieza a crear problemas es convertir a la universidad en “escuelas de photoshop, Seiger SLZ400E o Java. O mucho peor, en entidades que certifican el conocimiento de X patrocinado por la empresa Z. Y es que ¿sabe más inglés el que tiene un proficiency o el que sabe más inglés?

    No se si en economía se aprenden cuatro conocimientos y esos no cambian nunca. Uno vive feliz, y se come una perdiz los viernes. Pero para muchos licenciados los conocimientos cambian… mes a mes. Lo que muchos licenciados trabajan hoy, no es lo mismo que trabajarán en dos meses.

    Y es esa capacidad de adaptarse, de conocer las raíces de lo que trabajan y de no importarles si es hoy es X y mañana Z, lo que importa a las empresas. A no ser que se pretenda contratar trabajadores de quita y pon que lo único que saben es X. ¿Quien recomendará Z cuando sea hora?

    Es injusto que alguien aproveche su educación pública y gane más dinero que un porcentaje que aquellos que aportaron un céntimo a su educación. O que los que no pueden permitirse dicha educación, no tengan nunca la oportunidad, y solo aquellos que tengan una buena base económica o decidan endeudarse hasta las cejas, quizás tengan dicha oportunidad.

    Ese absurdo se puede trasladar perfectamente a toda la educación y hacer que desde el primer momento que se pise un centro de enseñanza este sea privado. ¿Tiene sentido ahora la solución?

    En todas las universidades hay casos “extremos”, tanto en las privadas con los personajes de “papá me paga los estudios” y en las publicas (teniendo en cuenta la realidad de que algo se paga, y no es poco para algunas familias) con los mismos personajes de “papá me paga los estudios”. No veo ninguna diferencia.

    Los casos medios, lo estándar, medianía como le decían a superlopez. Depende de la motivación. No creo que el tener que trabajar todas las tardes y pasarlas “difíciles” te motive a ser el mejor de tu carrera. Mas bien a no repetir asignaturas. Sin olvidad que aquél que su familia le apoya económicamente y tiene la misma motivación que el trabaja en el Starbucks todas las tardes. Tiene mas tiempo para estudiar y convertirse en mejor licenciado (presuponiendo la misma motivación).

    Craso error decir que la titulitis es una enfermedad de universidades publicas totalmente gratuitas. Cuando la privada es la primera en ofrecer salida a dicha titulitis pagando en oro el peso del título.

    Y crear certificacioncitis no es caer en el mismo error. En creer que un papel obliga a la otra parte contratante a pagarte más o que te augura un mejor futuro.

    “Una sociedad no necesita universitarios en general, sino personas especializadas en muy diversas áreas” . No se en que empresa está basada dicha afirmación, pero donde yo trabajo nos da mejor resultado contratar a personas que NO conocen las herramientas con las que trabajamos, que aquellos que las conocen.

    Un buen licenciado trabaja con cualquier herramienta, y el hecho de no conocer aquellas que nosotros utilizamos es una gran “motivación” para el trabajador y aporta nuevas ideas. Mas allá del que lleva años haciendo lo mismo y cambia de empresa para… hacer lo mismo.

    Un rico tonto tendrá un título gracias a las universidades privadas. Posiblemente será contratado y tendrá un mejor sueldo que un pobre tonto. Un rico posiblemente pierda unos pocos miles de euros en su hijo más fácilmente que un pobre se arriesgue a endeudarse con su hijo. ¿Quién se compra una BMW 1200GS para ir a tomar café?

    Por lo que no solo tendrás ricos tontos con titulo y trabajo mediocre, sino que tendrás pobres tontos sin titulo y sin trabajo ademas de pobres mediocres y excelentes sin titulo y sin certificaciones.

    El rico siempre afrontará el riesgo mas fácilmente que el pobre si la barrera es el dinero.

  18. josvazg Says:

    @graffic
    No le sigo, una veces parece que está a favor del artículo o de acuerdo, otras parece que lo critica. No veo su hilo lógico-deductivo.

  19. rberzal Says:

    Sr Rallo vuelve usted a pisar terrenos pantanosos. Admiro su valentía.

    Niego la mayor de que uno deba formarse en la universidad para ser especialista en algo. Si somos liberales no nos queda otra alternativa que opinar que uno debe poder formarse para ser especialista o para ser generalista, eso depende de cada uno. Debe haber libertad para hacerlo de una forma o de otra. Como consecuencia directa de lo anterior me gusta el modelo flexible de formación que usted plantea.

    Encuanto a la financiación de la universidad parece claro que si el beneficio es privado el coste debe ser privado tambien, pero debemos tener en cuenta que no todo el mundo es capaz de poder costearse una carrera ni tiene crédito para poder pedir un crédito de digamos 20 millones de pesetas (6 años de carrera por unos 3 millones por año si sumamos el coste de la universidad privada, el alojamiento y los alimentos). A ver qué entidad financiera le da 20 millones a un mocoso de 18 años que no tiene donde caerse muerto. Si encima son 4 hermanos, como es mi caso, el monto es de 80 millones.

    Los que vivimos en pueblos lejos de las grandes ciudades y hemos estudiado carrera universitaria hemos padecido los tremendos costes que tiene esto para nuestras familias aún habiendo estudiado en la universidad pública.

    El modelo ideal y económicamente sostenible es el de la formación contínua que permita compatibilizar el trabajo con los estudios. Con este modelo se resuelve tambien el problema de la dicotomía entre formación especialista o formación generalista ya que permite que cada uno pueda ajustar su curriculum a sus preferencias.

    En lo referente a la titulitis, mi opinion es que hay dos tipos de carreras: las que habilitan para ejercer una profesión regulada (por ejemplo medicina) y el resto (por ejemplo económicas). Uno puede ser inversor sin ser economista pero no puede operar a un paciente sin ser médico. En el caso de las carreras como económicas no tiene ningún sentido que exista un título de conomista ya que este ni es garantía de nada ni habilita para nada. En el caso de las carreras que conducen a la optención de títulos habilitantes para ejercer profesiones reguladas mi opinion es que la formación debería ser libre y los exámenes de acceso al ejercicio de la profesión deberían ser únicos y basados en unos conocimientos mínimos habilitantes.

    En lo referente a la calidad de la formación que otorgan los centros públicos. A día de hoy, en España (salvo excepciones) la excelencia se encuentra en los centros públicos. Los centros privados son un cajon desastre donde entran los que no pueden acceder a centros públicos. Esto es así nos guste a o no nos guste. Esto no lo digo de forma gratuita. En mi época de estudiante viví en una residencia de estudiantes y el grado de esfuerzo y sacrificio en las universidades públicas es infinitamente mayor al de las privadas. Despues he seguido en contacto con estudiantes y he asesorado a algunos y puedo decir que el nivel de los estudiantes de las universidades privadas es, en algunos casos, lamentable e impresentable.
    En lo referente a las enseñanzas medias puedo decir, básandome en mi experiencia, que los alumnos de centros privados llegaba a la selectividad con las notas infladas que me rio yo de la burbuja inmobiliaria. Las bofetatas en selectividad son de antología. Expendientes de notable que a duras penas aprueban. Yo estudié en un instituto público y los alumnos de diez fueron alumnos de diez en selectividad y los de 6 fueron de 6 en selectividad.

  20. rberzal Says:

    Se me olvidaba, prueba evidente de que la excelencia se encuentra en la unviersidad pública es que el Sr Rallo, pese a tirar por tierra todo lo público, da clases en una universidad pública.

    Un saludo.

  21. Kristie22Perez Says:

    Every one understands that men’s life seems to be not cheap, nevertheless some people require cash for various things and not every man earns big sums money. So to get quick mortgage loans or bank loan will be a proper way out.

  22. Xel Says:

    A mi me gustaría saber en que es especialista usted, Juan Manuel Rallo. Simplemente para ver que credibilidad tiene para decir lo que dice.

    un saludo

  23. Bastiat Says:

    Rberzal…. creo que tu argumento de que el Sr. Rallo es prueba de la excelencia de la pública frente a la privada no es correcto. Aquí no existe un libre mercado de universidades y la pública, en concreto tienen un cuasi-monopolio sobre la educación universitaria. Un monopolio que a los liberales debería de hacernos sonrojar al decir cosas como las que dices. Evidentemente que en una universidad privada no se pueden tener a determinados profesores porque el sueldo que reciben en las públicas es muy superior a las privadas porque están subvencionadas. Porque los privilegios de los profesores en la pública en nada se pueden parecer a los de las privadas. No porque las privadas sean malas por ser privadas. Porque sirvan de cobijo a aquellos que no han sido capaces de sacar nota para la pública.

    Elimina las subvenciones y veremos qué universidad se queda con los mejores profesores y con lo mejores alumnos.

    Sr. Xel….. busque…. y luego nos presenta su currículum a ver si Ud. tiene algún merito superior al Sr. Rallo o es simplemente un bocas….

  24. MORGAN Says:

    No estoy conforme con la afirmación de que la universidad se llena o masifica por ser gratuita, el problema está en el nivel académico, si en las universidades tienen carreras donde para sacar un suficiente no tienes que forzarte mucho, se corre la voz y entonces se llenará de estudiantes que se conforman con esa nota, pero si tal universidad coge fama de ser muy dura tanto en exámenes, contenidos, disciplina, etc. huirán de esa universidad los menos deseosos de mejorar.

  25. Bastiat Says:

    Si, Morgan, pero para que eso se dé las universidades tienen que ver la rentabilidad de ser excelsas, es decir, que la gente se pegue por entrar y pagar altas tasas.

    Pero mientras las universidades vivan de tener alumnos que justifiquen un gasto público… el interés básico de esa universidad es llenarse de alumnos para que el exceso de demanda justifique incluso más incremento de los presupuesto.

  26. Pitorrata Says:

    Admiro y valoro el esfuerzo divulgativo de D. Juan Ramón, pero me parece que este tema es demasiado complejo y quizá se quedan muchas derivadas sin tener en cuenta. Después de unos días reflexionando sobre la cuestión, me animo a escribir mi opinión:
    Estoy convencido de que es necesaria una reforma de la universidad española. Conozco una universidad pública en la que es posible estudiar la misma titulación en tres centros diferentes (pero específicamente dedicados a ese grado), con planes de estudios diferentes y con menos de 30 alumnos matriculados en el primer curso en cada uno. Ponerle coto a ese absurdo modelo de universidad me parece necesario. Y quizás la solución sea la privatización masiva.
    Pero independiente de la titularidad pública o privada, no puedo compartir la percepción que tiene de la universidad, D. Juan Ramón. En mi opinión, es demasiado estrecha porque está demasiado sujeta al marco teórico que está intentando aplicar.
    La universidad, desde siempre, no solo ha servido para formar trabajadores muy especializados. Tiene otras funciones, quizá menos fácilmente medibles pero igualmente necesarias. El conocimiento puro y la especulación teórica tienen gran utilidad, en mi opinión. Nadie, excepto los maximalistas más iluminados, puede estar seguro de que lo que piensa y cree saber hoy es lo óptimo y lo será eternamente. El conocimiento es perfectible por naturaleza (sin entrar en mayores disquisiciones: uso el término “conocimiento” como la “empeiría” aristotélica, esto es, el tipo de conocimiento propio de los expertos). Y es por eso que necesitamos instituciones dedicadas a ese conocimiento puro, teórico y abstracto, que anticipen y nos den herramientas para afrontar nuestros problemas y necesidades futuros. Luego diré algo sobre la necesidad de que esas instituciones sean las universidades (aunque existan otras que también se ocupen de esas cuestiones). En realidad, es una dimensión más que conocida del mercado según su concepción liberal. ¿No es acaso un empresario de éxito aquél que es capaz de descubrir, y por tanto anticipar, una necesidad o una forma mejor de prestar un servicio y sacar el mejor partido de ello en beneficio mutuo?
    Una concepción exclusivamente utilitarista y cortoplacista de la universidad, como de cualquier otra institución, limita radicalmente la flexibilidad de esa misma institución y, por tanto, impide que pueda adaptarse a unas necesidades cambiantes. Si en la universidad actual se tiende, en algunos lugares mejor y en otros, como España, mucho peor, a formar universitarios que sean flexibles y puedan ir adaptándose a las necesidades reales del mercado, ¿por qué la universidad misma, como institución, no puede ser flexible en idéntico sentido? Esa flexibilidad no radica solo en una oferta cambiante de títulos según la demanda momentánea del mercado laboral, como tampoco la flexibilidad de un trabajador radica en su entereza de ánimo para comenzar una nueva etapa formativa cuando la anterior concluye. Porque lo que se pide de los universitarios hoy (desde siempre, en realidad) es que se puedan reciclar, que tengan una formación de base sólida que se irá luego perfilando con masters o cursos de especialización según evolucionen sus intereses y necesidades a lo largo de toda la vida laboral. Así, la universidad debe ser capaz de anticipar en la medida de lo posible las necesidades futuras de sus egresados y de la sociedad (o del mercado, si se prefiere el término). Entre otras cosas, porque es en esa capacidad intelectual previa y creativa donde reside su excelencia y, por tanto, su capacidad para atraer alumnos-clientes. Como le ocurre a cualquier trabajador y a cualquier empresa en su actividad cotidiana.
    He leído en algún comentario cómo se defiende la idea de que existen distintos tipos de títulos universitarios, e incluso de materias, en función de su utilidad laboral. Y que esa distinción debe convertirse en criterio selectivo. La universidad, entonces, estaría dedicada principalmente a los títulos útiles porque los otros son puro diletantismo. Ese argumento parece estar también presente en el cuerpo del artículo principal. En mi opinión, tal argumento tiene muchas debilidades.
    En primer lugar, lo que cada cual haga con su tiempo (y, en su caso, con su dinero, porque ese argumento no discrimina entre lo público y lo privado; lo inútil absoluto es inútil siempre), es problema exclusivo del cada cual. Incluso aunque la educación fuera pública y costosa, es evidente que la libertad de elección (en sentido estricto y restringido) en una oferta existente es un bien irrenunciable, supongo que especialmente para un liberal.
    Y en segundo lugar (por no aburrir siendo aún más prolijo), es un argumento falaz, porque se antepone la conclusión a las cláusulas. Es mucho suponer que, por ejemplo, sea más útil estudiar economía que filosofía. ¿Por qué? ¿en qué términos? ¿para quién? ¿seguro? Supongo que a Kant le fue más útil estudiar filosofía, del mismo modo que a Von Misses le debió de resultar útil estudiar historia y ¡administración pública! o a Ayn Rand estudiar filosofía e historia. ¿Estamos de verdad seguros de que la riqueza implícita a la aportación intelectual de estos diletantes, y otros cuantos millones más, es menor que la del trabajo del tipo que me atiende en la oficina bancaria?
    Y esto último me lleva a otra cuestión. Von Misses, Rand, la escuela de Salamanca y otros liberales varios y variados, Herta de Soto incluso (puesto que él mismo se ha referido a su aparente paradoja), se formaron y/o ejercieron profesionalmente en universidades públicas. Creo que esta circunstancia nos debe hacer reflexionar sobre ese papel de las universidades como centros de conocimiento al que aludía más arriba, sean públicas o privadas. ¿Y por qué esto es así? Porque las universidades están pensadas para que el conocimiento se produzca y se trasmita. Solo así pueden existir maestros, como los de la escuela de Salamanca, Von Misses o Huerta de Soto. No me parece que podamos renunciar a ellos tan alegremente, imponiendo su segregación de la universidad (algo con lo que, sospecho, no estarían muy de acuerdo).
    Por otra parte, es lógico, e incluso deseable, que gran parte de quienes se dediquen a la enseñanza universitaria lo hagan de forma preferente y hasta exclusiva. Y es de suponer que habrán de ser seleccionados según su mérito y capacidad que, huelga decirlo, en el caso de la dedicación a tiempo completo solo pueden referirse a su cualificación como investigadores. Si una universidad no da formación teórica jamás podrá tener investigadores, primero porque no puede formar a los propios, y segundo porque no tiene programas a los que incorporar a investigadores contratados. Y entonces la calidad de la enseñanza baja, porque no tienes a los mejores dando clase. Por esto mismo las universidades privadas españolas no tienen prestigio de ninguna clase. Me parece que tampoco es fácil, por ejemplo, renunciar a los hospitales universitarios, que gozan de tanto mayor prestigio y recursos cuanta mayor es su capacidad investigadora e innovadora (como es lógico, porque al que paga o dona le gusta ser atendido por los mejores).
    Según mi opinión, la privatización de la enseñanza universitaria no tiene por qué significar necesariamente una mejora de la calidad. Como cualquier empresa, las universidades privadas pueden tener éxito o fracasar. Según los criterios que he expuesto, una universidad privada que renuncie al conocimiento teórico y abstracto y a la investigación tiene muchas papeletas para convertirse en algo completamente inútil y ruinoso. Como ahora, aunque sin la posibilidad de que, por equivocación o error del sistema, de repente aparezca alguien que sí aporte algo nuevo.

  27. Bastiat Says:

    Reduccionista, lo mínimo que se le puede decir es que lo que cuentas parte de un principio reduccionista. A parte de que el mote que te has puesto….. incita a no tomarte en serio.

    Pero como lo que dices lo haces con bastante solvencia no será el caso.

    Pero lo que dices y lo que cuentas es reduccionista.

    La universidad, como los restaurantes, pueden cobrar altos precios por el servicio que prestan gracias al prestigio, no por la cantidad de la comida o diseño de los platos, sino por el prestigio del chef y su maestría es saber combinar los ingredientes para lograr platos exquisitos.

    Eso no se puede hacer sin investigar, sin cacharrear en la cocina probando, mezclando, agitando, friendo, tostando o congelando los ingredientes para obtener platos nuevos. Eso es lo que le da el prestigio a un chef y a un restaurante.

    En la universidad pasa lo mismo. No puede haber una buena universidad, una universidad de prestigio, que no dedique a la investigación una parte importante de su inversión porque si es una universidad que sólo forma profesionales, de esas…. puede haber muchas. No habría diferencia entre ellas, simplemente sabrían de derecho, de ciencias de la economía, contabilidad y gestión de empresas, o ingeniería de manera que hagan aviones o coches…. sin más.

    Una universidad así sería sólo una empresa, sería aquella que dibujas, que describes. Pero no todas son así ni quieren ser así. De hecho una empresa tan específica como las dedicadas al mundo de la educación, tienen su razón de ser en la excelencia, como los restaurantes, saben que tienen que esforzarse en ir dando un paso más que las del resto para ser excelentes, para mantener su prestigio o para lograr alcanzarlo con descubrimientos o avances o publicaciones que todo el resto del mundo reconozca… y demande.

    Es más, no es cierto que no haya universidades, como dice ella, no estatales, en España con prestigio. La Universidad de Navarra tiene un cierto prestigio y su clínica universitaria aún más.

    Lo que importa es que la gente tenga claro qué es el prestigio y darle importancia a ello más allá de la propia rentabilidad de la “empresa universitaria” que dibujas.

    De todas formas, basarse en una realidad como la española donde lo privado en materia universitaria, salvo casos contados, no tiene mas de diez años de existencia con una competencia feroz por parte de las publicas, sobre todo de las regionales, chiringuitos para meter a amigotes y amiguitos pero con una capacidad financiera enorme y riesgo nulo, para criticar lo privado no me parece un buen argumento.

    Pero sobre todo he de decir que el argumento en contra de lo público no reside en cuestiones ideológicas, sino en meras cuestiones prácticas y morales. Prácticas porque no se puede hablar de rentabilidad cuando de lo que se hace no se busca dicha rentabilidad, y morales porque cuanto la rentabilidad no es un objetivo moralmente no se está obligado a dar resultados y ya sólo depende de la caradura moral de los que intervienen en dichas empresas para lograr un prestigio público el llevar a cabo sus investigaciones o sus estudios de la mejor manera posible. Cuando sólo se premia el compadreo y se justifica con publicaciones en sitios amigos como justificación del puesto… así no.

    Y no sólo eso, resulta que el argumento sobre la investigación o la enseñanza de determinadas disciplinas minoritarias tampoco puede quedar al albur de lo que diga el estado o el gestor público de un determinado centro. Y eso te lo voy a explicar con otro ejemplo. En este país hay un concepto nefasto precisamente para lo que se pretende que es el de la defensa de la cultura. No hay nada más pernicioso para la cultura que esta la defienda el Estado. ¿Quien es el que va a decidir si un pintor, un escritor, un escultor o un cineasta es bueno o malo si quien ha de juzgar y premiar es quien no lo hace desde su posición económica si no desde su posición política?. Pues es el mismo caso que el de la investigación y estudio de ciencias…. “raras”

    En la antigüedad había un concepto muy válido que podría recuperarse en el presente y hacia el futuro, el mecenazgo. Los pintores y escultores, los escritores no vivían de su obras porque el mercado era muy estrecho, no todo el mundo leía y pocos eran los que podían pagar por tener un cuadro en casa, un buen cuadro. La figura del mecenas es quien ha permitido la existencia y el recuerdo y reconocimiento de muchos artistas, e investigaciones también, de la antigüedad. Pues lo mismo podría pasar hoy.

    Hay determinados conocimientos que podrirán perderse o que no avanzarían, en cuestiones muy minoritarias, tanto para la ciencia como para el gran público que sólo alguien interesado con capacidad económica para ello, se puede permitir. Y al ser él quien juzgara si se están obteniendo los resultados esperados se garantizaría así la justicia.

  28. Pitorrata Says:

    Le agradezco el comentario, Bastiat. Creo que no he sabido explicarme adecuadamente, porque coincido con muchos de sus planteamientos aunque usted los esgrime como contrarios a mi opinión.
    1. Naturalmente que pienso que la rentabilidad del negocio universitario depende de su excelencia, no de la cantidad de títulos ofertados. Pero si miro los planes de estudios de Princeton, NYU, Cambridge, Stanford… y así todas las que quiera de primera línea, absolutamente en ninguna de ellas faltan titulaciones de humanidades. Es más, las hay por decenas. Igual es porque esas titulaciones, y los departamentos que las sostienen, también son fuente de recursos y de prestigio. Como testimonio evidentísimo de su atractivo, si quiere, nos ponemos a citar a los profesores universitarios que más venden (sus libros, se entiende), y la proporción de humanistas que hay entre ellos. Pero no creo que haga falta, porque supongo que estoy en un blog donde algo tan obvio es conocido sobradamente. Sentiría que no fuera así, y que el “reduccionismo” que me adjudica se debiera a que, equivocadamente, haya dado yo por descontados elementos de juicio que no están en la mente de todos.
    2. Creo haber comentado, imagino que no con suficiente vehemencia, que es posible que la solución a nuestro modelo universitario sea la privatización masiva. No lo puedo afirmar más categóricamente porque, hasta la fecha, nadie me ha pedido que le busque solución al problema yo solo. Jamás se me ocurriría hacerlo aunque me lo pidieran, quizá por prudencia excesiva. Es hasta posible que el principal inconveniente del artículo de D. Juan Ramón, al menos a mi vista, sea la pretensión de dar la solución a un problema tan complejo en unos cuantos párrafos. Por mi parte, me he limitado a plantear una serie de cuestiones sobre las que me parece importante reflexionar. Evidentemente, ni pretendía ni puedo ser exhaustivo. Si a usted le parece reduccionista mi comentario por ello, no tengo problema en aceptar tal calificativo.
    3. Me alegra que aluda al hospital clínico de Navarra. Es el ejemplo en el que estaba pensando, por comparación, cuando escribía que una universidad sin investigación, por muy privada que sea, es aberrante. Si no tuvieran que dedicarse a ella, como D. Juan Ramón Rallo sostiene expresamente, tal clínica no podría existir. Para constatar el nivel de las universidades privadas españolas, si quiere de nuevo, repasamos la lista de los que desarrolla una actividad investigadora relevante. En mis cuentas salen, aproximadamente, entre cero y ninguno. Más aún: repasemos los centros, a excepción de Navarra, donde se investiga algo. De nuevo me salen entre cero y ninguno. Así es imposible que las universidades sean competentes, como de hecho sucede. Me he cuidado mucho en este extremo aludiendo específicamente al caso español, porque es evidente que las universidades de mayor prestigio cuentan con la investigación más potente (entre otras cosas, porque es uno de los criterios que más pesan para establecer el ranking correspondiente).
    3. Sobre el funcionamiento de la universidad pública española le podría contar mil aventuras conocidas en primera persona. Muchas de ellas delictivas. Incluso he sido víctima propiciatoria en cierta ocasión de los tejemanejes de un catedrático de los del carné del partido, así que figúrese las ganas que pueda tener de defender tal entramado.
    4. Me alegra también que hable de mecenazgo y de “políticas culturales”, porque es un tema que me preocupa especialmente, y del que me he ocupado en alguna ocasión por escrito. No consigo encontrar lecturas “liberales” que traten el problema del patrimonio cultural. Me parece haberle leído recientemente, en otro post, algo sobre la protección del paisaje en Nueva Zelanda y sobre el modelo de crecimiento urbanístico en la costa española. ¿Es así? Si pudiera hacerme alguna recomendación bibliográfica, se lo agradecería.
    5. Acerca del alias escogido, solo puedo decirle que es una palabra que en ocasiones utiliza mi hijo de 3 años para referirse a alguna clase de individuo, generalmente animal y de trapo, que no sabe identificar. Me parece bien que le resulte simpático. Y si no fuera así, pues, la verdad, tampoco me parecería haber cometido un pecado grave.
    Espero haberle parecido ahora un poco menos arbitrario. Saludos.

  29. Pitorrata Says:

    Perdón, se me olvidaba. Haría usted bien, Bastiat, en no tomarme en serio. Aspiro a no hacerlo ni yo mismo. Quizá algún día lo consiga.

  30. Bastiat Says:

    Ocurre, pitorrata (¡vaya con el niño!), que si entendí sus afirmaciones en defensa de la privatización y que, quizás demasiado vehemente en mi comentario, me lancé a rebatir sus dudas sobre la privatización.

    No es sólo por esas dudas porque lo que defiendo realmente la privatización de la universidad en sí, si no, en realidad, la privatización de toda actividad que el mercado esté dispuesto a realizar, incluso las labores de asistencia social.

    Mi vehemencia, por tanto, va por ahí.

    Y además defiendo la privatización en España y rechazo el argumento a la hora de comprarla con las universidades de otros lugares, las norteamericanas especialmente, porque el peso de “lo público” que, en España, hace que cualquier crítica al funcionamiento de “lo privado” esté mediatizado por eso.

    No. La labor privada es, como he dicho, una labor tanto o más aceptable incluso desde el punto de vista moral, algo en lo que también insisto en ese y otros comentarios, que la labor pública.

    Sobre todo cuando la labor pública presume de generosidad y altruismo y, como Ud. mismo indica, en demasiadas ocasiones es sólo una fachada que oculta las mas deleznables conductas sobre todo bajo esas premisas de moralidad.

    Por lo demás, desconozco lo de Nueva Zelanda y el desarrollo urbanístico de la costa no es en sí un problema de liberalismo si no de legislación y conceptos claros sobre lo que es propiedad privada y propiedad pública.

    Gusto de poner un ejemplo de aquellos que los ecologistas sandías sueles usar a menudo: los campos de golf. Pues resulta que para el cambio climático es mejor un campo de golf que un campo de cebollas. La cantidad de plantas fijadores de CO2, la humedad que proporciona al ambiente es muy superior que dicho campo de cebollas, sobre todo en su fase de barbecho. Si añadimos a ello la cantidad de trabajos fijos y de calidad del campo de golf frente al campo de cebollas…. la ventaja para el golf se hace abusiva.

    Y no sé tomarme nada en broma, salvo que se hable en broma. Entonces si. Será en broma. Me gustan y por ello vengo aquí, al internet, a debatir sobre ideas y si se hace eso en broma… mejor me veo el Telecinco.

    Un Saludo.

  31. Pitorrata Says:

    Pues me parece que estamos bastante de acuerdo. Las diferencias, creo, son de matiz, probablemente debidas a mis manías personales. Ya le digo que quizá sea excesivamente prudente, o quizá es que tengo un punto tradicionalista.
    Hace bien en no tomarse las cosas en broma. Yo tampoco lo hago y por esta razón aspiro a meterme en cintura a mí mismo. Me parece que tomarse demasiado en serio a uno mismo es deshonesto, intelectualmente reprobable y, sobre todo, terriblemente violento (con las libertades de los demás). Por ejemplo, Zapatero se toma demasiado en serio a sí mismo y a la vista está la influencia que su “pensamiento Alicia” ha tenido en nuestras vidas.

  32. Bastiat Says:

    Que quede claro que yo me rio mucho de mi mismo.

    Pero la situación no es para tomársela en broma.

    Un Saludo.

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