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¿Es el crédito de los bancos ilimitado?

Publicado el 25 noviembre 2011 por Juan Ramón Rallo

En otro momento ya explicamos el proceso por el que los bancos crean dinero o, mejor dicho, medios de pago. Básicamente, los bancos tienen la capacidad de emitir pasivos o promesas de pago en oro o en papel moneda que, por su credibilidad y conveniencia, son utilizados como medios generalizados de pago en toda la economía. Por ejemplo, si yo poseo un cargamento de trigo valorado en 100 monedas de oro, el banco puede adelantarme el cobro de su venta entregándome una promesa de pago consistente en 99 billetes (convertibles en 99 monedas de oro) o en un depósito a la vista por importe de 99 monedas de oro.

Si el negocio bancario está diligentemente realizado, su actividad no sólo no genera distorsión alguna, sino que resulta muy beneficiosa para una sociedad cuyas operaciones mercantiles no están uniformemente distribuidas en el tiempo (lo que implica que en algunos momentos habrá mucha necesidad de dinero para efectuar pagos y en otras será necesario mucho menos). Además, la creación de medios de pago revertirá rápidamente: siguiendo con el caso anterior, si en un mes vendo el cargamento de trigo y le pago 100 monedas de oro al banco, las promesas de pago que creó pasarán a estar garantizadas por oro.

Los problemas comienzan cuando el crédito que proporciona la banca va extendiéndose a horizontes cada vez más amplios sin contar, a su vez, con las fuentes de financiación correspondientes. Una cosa es emitir pasivos respaldados por dinero o por bienes de consumo que ya existen y que poseen una amplísima demanda, y otra muy distinta es emitir esos pasivos contra bienes que existen pero que no se sabe si van a poder venderse o incluso contra bienes que ni existen en este momento ni es seguro que vayan a existir en el futuro. Es lo que sucede cuando un banco concede una hipoteca o créditos personales emitiendo pasivos convertibles a la vista en oro o en papel moneda: los medios de pago que ha creado el banco se pueden utilizar desde ya en el mercado para comprar cualquier cosa, pero los bienes que han respaldado su emisión (los que irá creando el deudor del banco para amortizar el préstamo recibido) tardarán años en aparecer; de ahí que, entre otras cosas, una expansión extraordinaria del crédito por parte de la banca genere subidas de precios de los bienes presentes.

Si la banca comercial se limitara a monetizar bienes presentes y líquidos (y la banca de inversión prestara a largo plazo tras haber recibido préstamos a largo plazo), todos coincidiríamos en que la cantidad de crédito que estas entidades pueden generar está limitada. Pero cuando la banca comercial abre la puerta a monetizar bienes presentes y futuros, parecería que la cantidad de crédito que puede llegar a conceder no conozca límites: al cabo, nada impide que un banco adelante el cobro de los bienes de consumo que, por ejemplo, se fabricarán dentro de 1.000 años.

Mas, ¿realmente es así? ¿Realmente los bancos pueden conceder todo el crédito que se les antoje? En realidad, no. El crédito extendido por la banca encuentra límites tanto por el lado de la oferta de ese crédito como por el lado de su demanda.

El crédito que puede ofertar la banca está necesariamente limitado desde el momento en que, no lo olvidemos, los medios de pago que genera un banco (los depósitos a la vista, por ejemplo) son deudas contra ese banco… y deudas que además son cobrables de inmediato. Cuando los bancos monetizan bienes futuros lo que están haciendo, en el fondo, es endeudarse a muy corto plazo (emiten pasivos pagaderos a la vista) y prestar a largo plazo. La inestabilidad de la operación es clara: si el banco se compromete a entregar a petición del cliente un oro o un papel moneda que sólo obtendrá con el paso de los años, en cualquier momento la entidad puede ser presa de una suspensión de pagos. Por consiguiente, el chiringuito crediticio montado por un banco que se endeuda a corto y presta a largo depende críticamente de que algunos de sus acreedores (los depositantes, verbigracia) no le exijan en tropel el pago de sus deudas. Si lo hicieran, el banco no sólo tendría que dejar inmediatamente de prestar a largo plazo, sino que incluso debería liquidar (malvender) con grandes descuentos sus activos para obtener algo de circulante con el que satisfacer a sus acreedores (lo que podría abocarlo a la quiebra).

Si, como decía Hume, todo Gobierno se mantiene sobre el consentimiento tácito de sus súbditos, lo mismo cabe decir con respecto a la oferta de crédito de los bancos: ésta sólo subsiste merced al consentimiento tácito de sus acreedores. Si los acreedores deciden que ha llegado el momento de que el banco pague sus deudas, entonces se acabó su crédito a largo plazo. Y, ciertamente, las razones por las que los acreedores pueden proceder a “retirar” sus depósitos son muy variadas: algunos economistas sólo apuntan a pánicos irracionales de los depositantes que se han tratado de contrarrestar con ciertas instituciones políticas (un banco central que actúe como prestamista de última instancia, el fondo de garantía de depósitos, los corralitos, etc.). Pero las razones que motivan una retirada masiva de depósitos no tienen por qué poseer una pizca de irracionalidad. Por ejemplo, los acreedores pueden temer que muchos de los préstamos de la entidad terminan siendo impagados y que, por tanto, quienes más tardíamente retiren su dinero sólo cobren una fracción de lo que se les debe; o pueden pensar que la política de concesión de préstamos del banco empieza a volverse cada vez más imprudente, de modo que optan por desvincularse de la entidad.

Sea como fuere, el crédito que otorgan los bancos está sometido al crédito que a su vez les conceden sus acreedores. Por eso el patrón oro jugaba un papel tan importante a la hora de limitar la excesiva e insostenible expansión crediticia de la banca: si ésta se iba de madre, sus acreedores (particulares, empresas o incluso otros bancos) acudían a cobrar sus deudas en oro, lo que forzaba a los bancos a moderar o constreñir su alocada política crediticia. Hoy en día, sin embargo, las deudas de los bancos son pagaderas en papel moneda y ese papel moneda lo emite a discreción el banco central, de manera que si los acreedores le exigen a la banca el cobro de sus deudas, ésta siempre tiene la opción de refinanciarse en ese banco central para proseguir con su imprudente extensión de préstamos, dando como resultado unos devastadores excesos de deuda privada que degeneran en profundas y duraderas depresiones como la actual.

Mas, aun cuando los controles preventivos sobre la oferta de crédito hayan saltado por los aires tras el abandono del oro, los bancos siguen sin poseer una capacidad ilimitada para conceder crédito: existe una última e infranqueable barrera que es la demanda de crédito. Sin demanda de crédito no habrá nuevo endeudamiento por mucho que el banco desee ofertarlo. El adagio es claro: “Se puede llevar al caballo al río [se puede ofrecer crédito] pero no se le puede obligar a beber [no se puede obligar a nadie a que demande crédito]“.

Ciertamente, los bancos tienen una poderosa –pero no absoluta– capacidad para influir sobre la demanda de crédito. Dado que, fuera del patrón oro, los bancos pueden proveer tantos préstamos como deseen a unas condiciones y a unos tipos tan laxos como gusten, la demanda tenderá a reaccionar en consecuencia. Imaginemos que los tipos de interés a los que los bancos ofrecen crédito se ubican en el 5% y que, en tal caso, la demanda del público ya se encuentra saturada (nadie quiere endeudarse más pagando un 5% de intereses); pero ¿qué sucede si los tipos se reducen al 3%? Pues que probablemente aparecerán nuevos demandantes de crédito que continuarán tirando del carro.

Este proceso puede prolongarse durante bastante tiempo, pero en todo caso hallará su fin en algún momento. Cuando familias y empresas se encuentren ya tan endeudados que no deseen incrementar sus pasivos ni un poquito más –ni siquiera si los tipos se ubican en el 0%–, entonces los bancos ya no podrán seguir expandiendo el crédito por muy generosa que sea su oferta (los keynesianos calificarán esta situación de “trampa de la liquidez”, otros preferimos llamarla trampa de la iliquidez). Visto está, pues, que en última instancia la oferta de crédito, por muy flexible que hayan querido volverla, colapsa cuando lo hace la demanda.

Claro que los intervencionistas también se las han ingeniado para evitar que la demanda de crédito colapse. Si familias y empresas no desean endeudarse más porque no es ni prudente ni rentable hacerlo, ¿adivinan quién tomará el relevo a la hora de seguir cebando el endeudamiento total de una economía? Sí, eso es: el Estado. Dado que la amortización de su deuda no depende del rendimiento de sus inversiones, su margen para continuar demandando crédito es muy superior al de los agentes privados. Lo que para una empresa sería impensable y absurdo –endeudarse por endeudarse sin esperar retorno alguno– para el Estado es perfectamente racional y factible.

Claro que la credibilidad y la solvencia del Estado también van deteriorándose con su creciente endeudamiento. Si el Estado asume nuevas obligaciones con las que no contribuye en nada a que el sector privado genere más riqueza, la relación entre su deuda y sus ingresos fiscales netos se irá volviendo cada vez más desfavorable. Los bancos privados, por mucho margen que puedan poseer para ofertar crédito, se negarán a continuar financiándole (más que nada porque su aspiración es cobrar sus préstamos) y, en tales momentos, sólo un banco central politizado y mucho más imprudente que la banca privada podrá saciar el voraz apetito del Gobierno por nuevo crédito: es lo que se conoce como monetización de la deuda pública. Pero este proceso, como explicaremos en otros artículos, tampoco puede implementarse de manera ilimitada.

14 Comentarios para este artículo.

  1. Víctor Says:

    Excelente como siempre, profesor. Que absurdo e irresponsable se antoja todo el intervencionismo cuando se explica con esta claridad.

  2. BlindSmile Says:

    Este artículo es excelente. Es usted muy grandilocuente, espero el próximo artículo sobre la monetización de deuda. ¡Ahora a recomendarlo a todos mis contactos!

  3. dsklp Says:

    ¿Y en la situacion actual por que los bancos no dan creditos a las empresas y particulares y prefieren comprar deuda publica,arriesgandose a que el estado al cerrar las industrias y aumentar el paro y caer su recaudacion de impuestos no sea capaz de devolver la deuda?
    Creo que esta actitud es no solo dificil de explicar,tambien tiene un punto de abuso.Pedir pretado a unos intereses bajisimos para comprar deuda con unos intereses tres o cuatro veces mayores puede parecer el negocio ideal,pero si esto deja a la economia real sin liquidez es un sinsentido.
    Un gobierno que avala a la banca,unas empresas casi siempre privadas,que las rescata para impedir que quiebren por haber asumido riesgos excesivos y lo hace con nuestro dinero.¿Que decir de esto?
    La banca y el gobierno forman un tandem de ayudas mutuas,pero los que pedalean somos los ciudadanos y ya se sabe que las bicicletas se caen en cuanto se deja de pedalear

  4. Maestro Says:

    Buen articulo. A mi juicio esta crisis demuestra algo que antes se creía irracionalmente que era imposible: que un país como el nuestro pudiera quebrar. A partir del momento en que sucede esto, tendremos que cambiar el chip.
    Por cierto, que les parece el indulto a Sanz? Yo estoy tan escandalizado que voy a cambiar mi cuenta del Santander a otro banco

  5. ignatius Says:

    En un ejemplo que puso en este artículo “por el que los bancos crean dinero o, mejor dicho, medios de pago” de 7 de agosto de este año decía:
    “los bancos no necesitan a los depositantes para crear depósitos. Basta con que me concedan préstamos. La operación es sencilla. Imagine un banco con el siguiente balance: Activo (100 onzas de oro) Pasivo (100 onzas en Fondo Propios). Acto seguido me concede una hipoteca de 1.000 onzas y su balance queda como: Activo (100 onzas de oro + 1.000 onzas en un crédito hipotecario) Pasivo (100 onzas en Fondos Propios + 1.000 onzas en depósitos a la vista). Los bancos no necesitan a los depositantes para crear depósitos. Basta con que me concedan préstamos. La operación es sencilla. Imagine un banco con el siguiente balance: Activo (100 onzas de oro) Pasivo (100 onzas en Fondo Propios). Acto seguido me concede una hipoteca de 1.000 onzas y su balance queda como: Activo (100 onzas de oro + 1.000 onzas en un crédito hipotecario) Pasivo (100 onzas en Fondos Propios + 1.000 onzas en depósitos a la vista).”
    Si los bancos no necesitan a los depositantes para crear depósitos y basta con conceder préstamos a los clientes, en el ejemplo de balance que pone el profesor ¿de donde saca el banco las 1.000 onzas de crédito hipotecario (imagino que es activo corriente o no corriente por que se devolverá a más de un año) para prestarlas y darle al contado las 1.000? ¿tiene las 1.000 onzas en depósitos a la vista porque se los prestó alguién al banco? ¿Quién? ¿Nop debería reflejarse en el balance también si se las prestó alguien?

  6. dulcinea Says:

    Como siempre, brillante artículo. Sin embargo, hay quien utilizando la propia base del liberalismo, podría poner patas arriba sus argumentos. Me refiero a que en última instancia es el individuo el que acude al banco y decide endeudarse, así que podría decirse que si el sujeto no es capaz de vencer ese intervencionismo, a pesar del cual le es permitido “decidir” en última instancia, el liberalismo no es tan bueno, porque el individuo no es capaz de decidir bien “por sí mismo”. Yo no tengo conocimientos sufucientes para rebatir esta postura dignamente, así que no estaría mal que el Sr Rallo nos ilustrara despedazándola, y respondiera a la pregunta de, ¿es el liberalismo una utopía?

  7. el corintio Says:

    para dulcinea, el problema del tinglado montado es que aquellos que actuan correctamente ante la industria bancaria, le vuelve el boomerang en forma de inflación no deseada y asiste pasivo a una disminucion de su capital en forma de impuesto obligatorio. Si los que no viven de deudas y viven de ahorro pudieran evitar las consecuencias de las malas practicas, entonces que cada cual viva como quiera, el problema es la obligación de apechugar con la inflación y la correspondiente parte proporcional de deuda estatal.

    un saludo.

  8. Víctor Says:

    ignatius

    Ese banco puede conceder esa hipoteca, pero mediante un proceso que pone de manifiesto lo inestable que es prestar un dinero que no se ha ahorrado previamente:

    (100 caja + 1000 hipoteca a cobrar) / (100 fondos propios + 1000 depósito a la vista)

    Hasta aquí todo bien. Las complicaciones vienen cuando el cliente ejerce ese derecho que tiene contra el banco, ya que el banco tiene ciertas dificultades para atender a sus pasivos:

    -Puede pedir prestado a otro banco o al Banco Central

    (100 caja + 1000 hipoteca a cobrar + 900 caja) / (100 fondos propios + 1000 depósito a la vista + 900 préstamo a devolver al BC)

    -O puede vender esa hipoteca con un descuento importante (supongamos que la vende por 900)

    (100 caja + 900 caja) / (1000 depósitos a la vista)

    Una vez el cliente retira el dinero:

    -En el caso del préstamo

    (1000 hipoteca a cobrar) / (100 fondos propios + 900 préstamo a devolver al BC)

    -En la venta de activo

    (0)/(0)

    Realmente el banco puede crear cuantos depósitos desee sin tener que depender de los depositantes. La clave está en si el banco puede o no soportar la retirada de efectivo por parte del cliente (Si no hubiera conseguido el préstamo del BC, no habría podido hacerlo. Si no hubiera podido vender su activo o lo hubiera hecho a un precio inferior, no habría podido hacerlo.) Negocios privados que asumen demasiados riegos y que utilizan el BC para refinanciar y perpetuar ilimitadamente sus malas artes.

    —————

    Por otra parte, quisiera preguntarle al profesor si monetizar bienes presentes de alta demanda se hace con ahorro previo o si se crea moneda. Ciertamente se asegura la supervivencia del banco respaldado el pasivo con un activo de alta calidad y muy corto plazo. Pero en el caso de que haya monetización, ¿sus efectos en la economía serían similares a los de inundar el mercado de medios de pago producido por cualquier vulgar monetización de deuda?

  9. ignatius Says:

    Muchas gracias Says. O sea, que el banco consigue el dinero prestado de otro banco o banco central o vendiendo la hipoteca.
    Contablemente, en el ejemplo, deduzco que el banco primero contabiliza la concesión de la hipoteca que se apunta en el pasivo como depósito a la vista (que supongo que será una deuda que tiene el banco) y luego pide el préstamo. ¿Es así?

    ¿En la venta de activo, el balance no quedaría 100 caja / 100 depósitos a la vista, puesto que la venta es a 900?

  10. josvazg Says:

    Profesor, ¿conoce una fuente fiable para ver la evolución gráfica de las deudas públicas y privadas en España en los últimos 10 años?

  11. dsklp Says:

    En francia proponen que para acabar con el paro se prohiban los despidos y se reparta el trabajo sin perdida en los salarios.
    Espero que se equivoque y el credito de los bancos sea ilimitado,que un meteorito de oro aterrize suavemente sobre la tierra y los marcianos nos regalen sus fuentes de energia a cambio del asesoramiento de estos linces.
    Y lo peor es que lo dicen en serio…

  12. Víctor Says:

    La Fed orquestó el rescate secreto de los bancos inyectando 7,7 billones de dólares

    Un ejemplo de en qué punto estamos y el papel de los Bancos Centrales
    ————–

    ignatius, si no me equivoco, la venta de un activo contabilizado por 1000 a 900 causa unas perdidas de 100 que se trasladan a fondos propios minorándolos hasta 0. El cliente retira 1000, así que (0) / (0)

    En el primer caso: sí, el banco primero contabiliza la concesión y luego pide el préstamo, ya que no puede hacer frente a su pasivo (retirada de efectivo del cliente).

    Fíjate, al principio no podía hacer frente a los vencimientos de su pasivo a muy corto plazo con el activo que tenia (caja de solo 100, liquidez insuficiente) de modo que tuvo que pedir un préstamo. Y ahora, una vez que el cliente retira el dinero, sigue sin poder frente a los vencimientos de su pasivo ya que con toda probabilidad su pasivo (préstamo) venza mucho antes que la hipoteca del activo. Vuelve a sufrir una falta de liquidez que “solucionará” pidiendo otro préstamo y así ad infinitum…

    Por extraño que parezca esto, grosso modo así funcionan habitualmente los bancos.

  13. ignatius Says:

    Muchas gracias, Víctor. Ahora. El artículo de Juan Manuel Rallo me queda mucho más claro. Me ha llevado mucho tiempo comprender esto que me has aclarado sobre la complejidad del mecanismo del funcionamiento del dinero. La huida hacia adelante “ad infinitum” de los bancos es alucinante.

  14. mjrbnhdfk Says:

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