La deuda pública es un fraude

Durante años se pensó que la deuda pública de aquellos países más responsables era un “activo libre de riesgo”. A la hora de valorar cualquier inversión, el punto focal sobre el que se edificaba el resto de cálculos eran la rentabilidad de la deuda soberana: “si la deuda pública a un año te proporciona un 2% de rentabilidad sin asumir riesgo alguno, otras inversiones alternativas que sí son arriesgadas deberán rentarte mucho más para compensarte la posibilidad de quebranto”. Era un razonamiento que sonaba bien, tal vez por la necesidad humana de encontrar creencias firmes a las que agarrarse incluso en momentos de tribulación. Pero lo cierto es que la deuda pública no fue jamás un activo libre de riesgo que nos blindara contra cualesquiera pérdidas de nuestro capital: durante años se estuvo impagando parcialmente a través de la inflación y ahora, en algunas partes del planeta, vemos que también puede impagarse a través del repudio.

Acaso por ello, por vender algo que no es, ya cupiese calificarla de fraude. Pero no, cuando digo que la deuda pública es un fraude no me refiero principalmente a eso, sino al fraude en toda regla que constituye dentro del proceso de creación de riqueza. Me explico: ya hemos visto en numerosas ocasiones que nuestro crecimiento económico no procede del consumo sino del ahorro y, precisamente por ello, los rentistas constituyen un engranaje indispensable dentro de la economía. Sin rentistas que proporcionen su tiempo en forma de capital para que otros empresarios con mejores ideas sean capaces de crear nuevos y mejores planes de negocio, viviríamos en una economía cuasi de subsistencia.

La remuneración al rentista, pues, está más que justificada aun cuando ese rentista no mueva ni un solo dedo para levantar el negocio: simplemente por el hecho de esperar a que maduren las buenas ideas, simplemente por el hecho de enajenar parte de su tiempo vital a empresarios perspicaces, merece apropiarse de una parte de la producción futura que sin él no hubiese sido posible generar. Ahora bien, remarco lo de que el pago al rentista debe proceder de la producción futura que sin él no se hubiese podido crear: si yo utilizo mi tiempo para labores improductivas, estaré perdiendo el tiempo, ergo no obtendré nada a cambio. De ahí que la tarea mínima que debe acometer el rentista es la de valorar las aptitudes del empresario o la viabilidad del proyecto a los que confía su capital: si éstos no marchan bien, él no podrá cobrar.

En este sentido, la tarea del rentista tiene una dimensión social, en la medida en que opta por utilizar su tiempo en la generación de riqueza para los demás. Por eso, que acierte y gane dinero significará que los demás hemos salido ganando –utiliza su tiempo en proyectos que satisfacen las necesidades más urgentes de los consumidores– y que falle y lo pierda –dilapida su tiempo sin generar nada valioso a cambio– que nos ha proporcionado bienes mucho menos útiles de los que podría haber creado.

Hasta aquí todo correcto: los intereses individuales y los colectivos van en sintonía. Pero, ¿qué sucede con la deuda pública? Pues que toda esta red de relaciones mutuamente provechosas salta por los aires. ¿Qué garantiza el repago de la deuda pública? ¿La generación de bienes futuros valiosos por parte de los proyectos en los que se invierte o simplemente la capacidad del Estado para recaudar impuestos a sus súbditos? Es evidente que lo segundo. Ningún rentista invertiría su capital en una empresa cuyo plan de negocios fuera cavar agujeros para volverlos a tapar; pero en cambio si se lo prestarían a un Estado que tuviese idéntico propósito. El Estado, pues, permite a los rentistas realizar un uso del todo improductivo de su tiempo y de su dinero… ¡sin por ello experimentar pérdidas! Y cuidado, no estoy afirmando que el Estado no puede hacer nunca un uso productivo de los recursos que maneja; lo que sí digo es, primero, que el Estado no selecciona sus inversiones en función de la rentabilidad esperada de las mismas (básicamente porque no puede conocerla) y, segundo, que el repago de la deuda pública no depende del devenir de esas inversiones.

De este modo, todo el proceso económico de generación de riqueza se ve trastocado: el rentista puede aparcar o dilapidar su capital apropiándose de parte de la riqueza que sí genera el resto de la sociedad (vía los impuestos que percibe a través del Estado). Los incentivos son claramente perversos, especialmente para unos ahorradores que rentabilizan su capital de manera automática. En momentos de crisis, por ejemplo, todos desean prestarle su dinero a los Estados más solventes; no porque éstos vayan o puedan a hacer un uso sensato y productivo del mismo, sino porque esos Estados controlan economías pudientes a las que pueden ordeñar fiscalmente. La injusticia es manifiesta, pues los rentistas sin ideas ni proyectos salvaguardan sus patrimonios –e incluso obtienen jugosas rentabilidades– a costa de aquellos otros rentistas –y trabajadores y empresarios– que sí siguen contribuyendo a mantener la economía a flote. Una masiva subvención cruzada donde los intereses individuales dejan de converger con los intereses colectivos: los inversores en deuda pública y los políticos manirrotos medran a costa de los contribuyentes presentes y futuros.

Con todo, tampoco se trata de considerar, ni mucho menos, enemigos de la humanidad a quienes se refugian de manera persistente en la deuda pública. Por un lado, porque la inmensa mayoría de los rentistas –entre los que se encuentran, por ejemplo, los pequeños ahorradores que poseen un plan de pensiones– desconocen las interioridades del problema y se limitan a responder a incentivos: “si el Estado me pide prestado dinero y me lo devuelve con intereses, pues le presto”. Por otro, porque no me cabe duda de que el rentista conservador y adverso al riesgo (el tipo de rentista que hoy compra deuda pública) ha sido el gran perjudicado –con mucha diferencia– de todo el intervencionismo monetario desplegado en el siglo XX por los Estados: no sólo perdió, con el abandono del patrón oro, el que había sido el depósito de valor seguro y confiable por excelencia, sino que, para más inri y como decíamos al principio, buena parte de sus adquisiciones de deuda pública “segura y libre de riesgo” se han visto impagadas por la vía inflacionaria durante los últimos 100 años (el rentista ha recuperado un principal mucho más devaluado del que prestó).

Más bien de lo que se trata es de cambiar el chip y de darse cuenta de que la organización económica actual, en la que los billonarios volúmenes de deuda pública son el activo predilecto de bancos, aseguradoras, fondos de pensiones y fondos de inversión, da lugar a unas enormes distorsiones no sólo en el lado financiero de la economía, sino también en el lado productivo: el Estado se convierte en el garante de unos fondos que dilapida y que sólo es capaz de amortizar consumiendo el capital correctamente invertido de otros ciudadanos. Lo que necesitamos es un sistema económico con activos absolutamente seguros pero nada rentables (el oro) y luego todo un conjunto de proyectos empresariales con distintos perfiles de duración y de riesgo en los que, vía bonos, acciones u otros instrumentos, los rentistas puedan inmovilizar su capital… asumiendo la posibilidad de no recuperarlo. Los rentistas sólo deberían obtener ganancias por participar en el proceso social de creación de riqueza, pero jamás por situarse al margen del mismo o, incluso, por obstaculizarlo.

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20 comments

  1. El estado se endeuda porque no tiene suficiente con los impuestos para mantener los servicios por los que les cobra a los ciudadanos y a la vez mantener su desmesurada estructura.Cada vez es mas grande,con nuevos niveles de administracion,mas funcionarios y cada vez da peor servicio.
    Esto hace que tenga un equilibrio muy delicado y que en epocas como la actual,al aumentar el paro y reducirse sus ingresos,se vea obligado a endeudarse todavia mas.
    ¿un estado mas pequeño,con un gasto mas eficiente? Si,pero ahora ya nos pilla tarde
    El beneficio de la deuda publica.Una parte seria el bienestar de los ciudadanos,la paz social.La otra parte seria la fomosa parte contratante de la primera parte…

  2. Señor Rallo. Tres cosas:
    1) Opino como Rberzal: Es usted un monstruo. El Rolls Royce de los economistas. Por cierto; su logo es exacto al de la marca Rolls Royce. Al principio me dije; “mira qué simpático que copia el símbolo de la marca de la excelencia automovilística”. Pero ahora le digo que se lo tiene bien ganado. ¿No se han querellado contra usted? :))

    2) Dice que la deuda pública no es totalmente segura, desde el momento en que la inflación es una forma de impago parcial. Pero supongo que la inflación no sólo impaga parcialmente la deuda pública; sino a todas las inversiones, ¿no?

    3) He oído en varias ocasiones que el Banco Central crea e inyecta dinero en la economía, cuando compra deuda pública. De ser así, la deuda pública sería imprescindible ¿no?
    Un día nos tiene que contar a los que no somos economistas cómo crean los bancos centrales el dinero “tocable” (monedas y billetes de euro). No hablo de los “medios de pago alternativos” o “promesas de pago” de los bancos comerciales, que ya explicó usted en su día.

  3. La verdad, Rallo. Nunca me había parado a pensar en la deuda pública desde esta perspectiva. Felicidades por el artículo.

  4. Que la deuda estatal no se paga es tan antiguo como la prostitución, y que incluso país tan liberal como los EE.UU ya lo hizo con Cuba o Filipinas (deuda odiosa), tal vez de ahí venga lo de “más se perdió en la guerra de Cuba”.

    Y más recientemente tenemos el caso de la deuda de Irak, por supuesto también declarada odiosa por los norteamericanos tras su invasión. Y muchos en Grecia están luchando por lo mismo, por declarar odiosa su deuda, …

  5. Pero de dónde se ha sacado semejante idiotez. Doctor en economía, de qué. Alucino. O sea que la deuda pública es un fraude, quizás quiso decir la deuda privada, esa sí que es un fraude. Cuántas estados comparado por ejemplo con los bancos ( que se supone son lo más seguro en inversión) han quebrado más.
    Que no es productiva la deuda pública; con que se hacen carreteras, hospitales, aeropuertos,puertos, investigación,defensa, seguridad, etc, etc; con deuda pública. Y que es la deuda pública si no crédito solicitado para producir dichos bienes. Solicitados a los ahorradores, desde luego, no a los que dilapidan sin ton ni son. El problema de España, como usted bien sabe es el escaso ahorro del que dispone, por eso, por eso, tenemos los problemas que tenemos. De acuerdo que hay que racionalizar el gasto, mas bien el despilfarro, pero eso es otra cosa. La deuda pública esta avalada por toda la riqueza que tiene el país. el impago de la deudas públicas referidas le falta la reseña de que el impago es debido a guerras. Y desde luego la deuda pública está muy lejos de chiringuitos piramidales y otras malas hierbas, que seguro usted conoce mejor que todos nosotros.

  6. Relea un poco anda: “no estoy afirmando que el Estado no puede hacer nunca un uso productivo de los recursos que maneja; lo que sí digo es, primero, que el Estado no selecciona sus inversiones en función de la rentabilidad esperada de las mismas (básicamente porque no puede conocerla) y, segundo, que el repago de la deuda pública no depende del devenir de esas inversiones”.

    ¿Me puede informar de cuál es la TIR de construir una carretera? ¿Y el coste del capital captado en caso de que se sometiera al riesgo de real de no ser recuperado si la carretera no proporciona frutos suficientes? Pues si no conoce ni la TIR ni el coste del capital, no puede decir si una inversión crea más riqueza que aquella que destruye. Así de simple. Pero con la deuda pública nada de esto importa, porque se paga vía impuestos, no vía rentabilidad directa de la inversión.

  7. Observador, así que la deuda pública sirve para hacer hospitales, carreteras, seguridad…, entonces, ¿para qué diablos sirven los impuestos que pagamos? En los últimos tres años la deuda pública casi se ha doblado (hablo de memoria) entre 300.000 y 400.000 euros más, según usted, las carreteras se deben asfaltar con oro y ¿dónde están los hospitales?, ¿dónde el material de defensa?, vamos hombre, no debe tomar tan en serio los mensajes del Gran Hermano.

  8. La deuda pública? menudo atraco, y por cierto no hace falta estar en guerra (aunque no veo por qué las guerras no se han de pagar), tenemos Ecuador y Argentina y Haití muy recientemente. Y estamos en proceso de impago en Túnez, e imagino que pronto el resto de países donde se ha derrocado a dictadores en la “primavera árabe”.

    Y por supuesto, veremos que pasa con Europa … y es que el Estado es un atracador que ni siquiera paga por las “armas” que utiliza …

  9. A los que no sois observador: ¿Cómo le podéis responder con tecnicismos económicos a un “personaje” que comienza su entrada faltando al respeto, tachando de idiotez el artículo, despreciando el doctorado en economía de Rallo, y terminando de la misma manera?

  10. @JuanC
    Totalmente de acuerdo con usted.

    @observador
    Ojalá todos los doctorados en Economía fueran como Rallo, seguro que no padeceríamos nada de lo que estamos padeciendo actualmente.

  11. El Estado solo puede financiarse de 3 maneras, a cada cual más vil y miserable:

    1) IMPUESTOS, que son inmorales pero por lo menos son un robo directo, cas “honrado”, sabes claramente que te están robando. Te dicen que es para hacer Carreteras, Hospitales y Colegios, y si, algo de eso hacen también, pero la verdad es que todo lo que toca el Estado (sanidad, infraestructuras, educación) es cada vez más caro y cada vez de peor calidad. Y al mismo tiempo tenemos que ver las comilonas, viajes a todo trapo, cochazos oficiales, embajadas innecesarias y otras tonterías en las que dilapidan NUESTRO dinero (el dinero de TODOS, que no el dinero de NADIE).

    2) DEUDA PUBLICA, que es indolora al ciudadano al principio, pero que acaba convirtiéndose en INFLACION e IMPUESTOS. Solo sirve para que el Estado pueda gastar más de lo que ingresa, cosa que nadie más que los Estados pueden hacer durante tanto tiempo como hacen ellos. Es una forma vil de robar por la espalda a los ciudadanos, pero no la más vil de todas…

    3) (HIPER)INFLACION, que es sin lugar a dudas la forma más vil, rastrera y miserable de robar a la gente sin que casi se den cuenta. Las síntomas aparentes son que “los extranjeros son unos asquerosos que nos venden sus mercancías a precio de oro” porque, claro, lo que no se ve es que “nuestra moneda ya no vale ni el papel en la que se imprime”, y no es culpa de los extranjeros, sino de quien controla la moneda.

  12. El Estado es completamente CIEGO a la eficiencia:
    – No tiene NINGÚN INCENTIVO para ahorrar en sus operaciones y servicios.
    – No sabe el grado de satisfacción REAL que los usuarios de sus servicios tienen, ya que el dinero para pagarlos es obtenido por la fuerza de todas formas, les gusten o no esos servicios a los ciudadanos. Y claro, servicio que ya estás pagando de todas formas o que crees que es gratis lo explotas hasta el fondo, “voy al ambulatorio a que me receten algo…”.
    – No existe cultura ni costumbre alguna de replantearse las cosas, los costes, los plazos, la eficiencia de los procesos… REPLANTEARSE las cosas es la semilla de la INNOVACION. Lo público y la burocrático es justo la actitud contraria a la innovación.

    Es más, desde un punto de vista PRO-Estatista y no liberal, es decir, alguien que quiera que el “Estado del Biengastar” continúe más o menos como hasta ahora por más tiempo, la actual coyuntura es una OPORTUNIDAD ÚNICA para replantearse las cosas, reducir gastos e intentar “HACER MAS CON MENOS” en lo público, cosa que NUNCA más se va a replantear de nuevo hasta que las cosas estén otra vez tan mal como están ahora.

  13. Sobre los “malditos” mercados y su supuesto maltrato.

    No seamos hipocritas, a todos nos gusta ganar dinero, ser más ricos que antes. Y a todos nos gusta que nos devuelvan lo que prestamos, y con intereses. Si pensamos que no nos lo van a devolver, lo que hacemos es dejar de prestar más, de hecho prestar más caro no es TAN drástico como dejar de prestar del todo.

    Ahora vemos que está claro que el “sentimiento del Mercado” ha ido cambiando de la siguiente manera:
    – En 2008 y 2009 se daba crédito a las PROMESAS de los políticos, se creía que llevarían a cabo las reformas necesarias y que podrían pagar las deudas que estaban empezando a adquirir.
    – En 2010 ya las promesas no valían, hacia falta ver MEDIDAS concretas anunciadas y en vías de aplicación.
    – A lo largo de 2011 se ha pasado de requerir medidas a exigir RESULTADOS. Ya no valen anuncios, ni medidas concretas, ya solo cuentan resultados positivos. No queda tiempo para marear más la perdiz.

  14. JuanC,

    2) No, la inflación no afecta por igual a todos los activos. La bolsa, en cierto modo, puede protegernos contra la inflación, ya que muchas empresas ven aumentar sus ingresos con la misma.
    3) Hoy en día el dinero del banco central sí está respaldado por deuda pública, pero por una fracción no demasiado considerable de ésta. Por tanto, podría reducirse de manera muy considerable sin afectar a la “oferta monetaria”. Aparte, de que el banco central podría respaldar sus emisiones con otros activos. Aquí explico más o menos el proceso: http://juanramonrallo.com/07/08/2011/%C2%BFcomo-crean-dinero-los-bancos/

  15. Gracias Rallo:
    Dices que el dinero del banco central sí está respaldado por deuda pública, pero por una fracción no demasiado cosiderable de ésta. ¿Quieres decir que NO TODA la deuda pública se utiliza para crear moneda, pero sí que toda la moneda se crea con deuda pública?
    Gracias.