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¿Qué es el dinero fiduciario?

Publicado el 03 diciembre 2011 por Juan Ramón Rallo

Muchas veces hemos hablado de que el bien que mejor cumple las propiedades para actuar como dinero es el oro. Sin embargo, a día de hoy no pagamos el pan con monedas de oro ni tampoco podemos ir a la ventanilla del banco y reclamarle unas cuantas onzas. Simplemente no existe conexión directa entre los medios de pago que utilizamos y el metal amarillo. Pero entonces, ¿qué diantre son los euros, los dólares y las libras que llevamos en el bolsillo o que poseemos en el banco? Pues son formas de lo que tradicionalmente se ha llamado dinero fiduciario, papel moneda o dinero inconvertible.

Para empezar, conviene tener claro su origen. Prácticamente todos los papeles moneda que hemos conocido tienen una procedencia común: no comenzaron siendo papel moneda, sino promesas a entregar una determinada cantidad de metal precioso. Sólo tenemos que fijarnos en sus nombres: la libra procede de la libra de Carlomagno, que contenía (o equivalía) a una libra de plata; el franco era el nombre con el que popularmente se conocía a la libra tornesa, la moneda de plata envilecida a partir de la libra carolingia; el marco era unidad de cuenta en oro o en plata equivalente a ocho onzas de peso; el dólar era el nombre que en España se le daba a la moneda de ocho reales, equivalentes a 25,5 gramos de plata, etc.

Por supuesto, todas estas denominaciones monetarias sufrieron importantísimas redefiniciones hasta el punto de que el contenido metálico de cada moneda pasó a tener muy poco que ver con el original. Tan sólo conservaron su status de monedas nacionales con una cantidad de oro o plata cambiante con las épocas. Fue ese status de divisa nacional el que llevó a que las promesas a pagar oro o plata que creaban los bancos de emisión nacionales recibieran el nombre de su correspondiente moneda nacional. Por ejemplo, bajo el patrón oro clásico, establecido por Isaac Newton en 1717, una libra esterlina equivalía a unos 7,3 gramos de oro puro y un dólar aproximadamente 1,5 gramos.

Pues bien, en varias ocasiones a lo largo de la historia, los bancos emisores se han plantado frente a sus acreedores y les han dicho que no estaban dispuestos a pagarles sus deudas. Lo que eran promesas pagaderas en oro se convirtieron en deudas impagadas. Y eso es, ni más ni menos, el dinero fiduciario: un pasivo impagado por parte del banco central. Parece fácil, pero es importante que seamos conscientes de la trascendencia que supone pasar de utilizar como dinero un activo final como el oro (un activo que no es el pasivo de nadie más) a emplear el dinero fiduciario, un pasivo (impagado) del banco central. Y es que, si el dinero fiduciario es un pasivo, todos aquellos que acepten poseerlo le están concediendo un crédito al banco central y, por tanto, siguen siendo presas del entramado bancario. Cuando, con el patrón oro, le exigíamos a un determinado banco que nos pagara nuestros créditos en oro, nos salíamos del sistema y nos desvinculábamos de él; ahora, cuando un banco privado nos paga nuestros depósitos en papel moneda nacional, pasamos a ser acreedores del banco central, quien es muy posible que utilice el crédito que le estamos concediendo para, por ejemplo, refinanciar al banco privado de quien nos queríamos desligar.

Claro que el hecho de que el dinero fiduciario sea un pasivo impagado parece sugerir que no puede tener valor. ¿Cómo una obligación repudiada puede ser valiosa? Pues puede: que una deuda esté impagada no significa que carezca por completo de valor, sobre todo si la gente sigue pensando que puede conseguir algo endosándosela a otras personas porque, por ejemplo, continúa utilizándose como medio de pago generalmente aceptado en una economía.

Con el papel moneda esta creencia puede extenderse y perpetuarse por distintas razones: el Estado suele reclamar que le paguemos sus impuestos en dinero fiduciario (no en oro); el banco central puede ofrecer intereses muy elevados para aquellos que mantengan depósitos en forma de papel moneda en lugar de buscar refugio en el oro (la Reserva Federal tuvo que colocar los tipos de interés en el 19% cuando el precio del oro superó en 1980 los 800 dólares por onza); el banco central puede utilizar sus reservas (oro, divisas extranjeras y otros activos) para estabilizar el valor y el tipo de cambio del dinero fiduciario, e incluso puede comprometerse en sus estatutos a evitar una depreciación anual muy grande del papel moneda (los objetivos de IPC de cada banco central); si el público está habituado a efectuar sus pagos con billetes y cheques, la fuerza de la costumbre le puede llevar a seguir usándolos aun cuando no sean convertibles en oro; el Gobierno puede prohibir los intercambios, la tenencia o los contratos en oro (como sucedió en EEUU entre 1933 y 1977) e incluso en divisa extranjera; todas las deudas nacionales se suelen redenominar en papel moneda, eximiendo de su pago en oro, lo que genera una demanda adicional y automática sobre el papel moneda, etc.

En cualquier caso, merced a todo este arsenal de intervenciones, el papel moneda puede seguir siendo demandado y utilizado como medio de pago por parte de la población, lo que claramente le concede un valor: hay gente que está dispuesta a entregar su riqueza a cambio de ciertas cantidades de ese dinero fiduciario. Es más, si ese dinero fiduciario no es gestionado de una manera salvaje y aberrante por el banco central –de modo que su pérdida de valor, la inflación, sea moderada–puede incluso convertirse en un activo que integre parte del patrimonio de los agentes –justo lo que sucede con el franco suizo o la corona noruega–, lo que claramente incrementa todavía más su valor.

El encargado de gestionar el dinero fiduciario es su emisor: el banco central. La gestión se efectúa a través de lo que se conoce como política monetaria: dado que el dinero fiduciario no son más que sus pasivos impagados (ya sean billetes o depósitos a la vista en el banco central), en principio el banco central tiene la opción de emitir nueva deuda (nuevos medios de pago) para comprar temporal o definitivamente distintos activos de la economía. En general, los activos que adquirirá el banco central serán deudas de otros agentes, sobre todo del Gobierno (monetizaciones) y de la banca (refinanciaciones). Y aquí es donde existe un riesgo latente: el banco central genera nuevos medios de pago (o evita la destrucción de los medios de pago generados por la banca privada) contra unas deudas que no son más que la promesa de fabricar en el futuro bienes y servicios. Si el banco central adquiere muchas deudas ajenas que además sean a muy largo plazo o muy arriesgadas, tendremos una mayor cantidad de medios de pago que no irá acompañada por el momento (y tal vez no lo irá nunca) de bienes y servicios que adquirir con ellos. Es decir, el dinero fiduciario perderá valor (inflación) tanto con respecto a los bienes y activos internos como respecto a los dineros fiduciarios extranjeros.

Y es que el dinero fiduciario es un dinero nacional, lo que significa que en principio sólo se podrá utilizar dentro de las áreas monetarias arbitrariamente delimitadas por los políticos. Esto es algo verdaderamente absurdo por mucho que hoy lo veamos como razonable: si la división del trabajo y los intercambios tienen un carácter internacional (globalización), lo lógico sería que la contrapartida de esos intercambios (el dinero) también lo fuera. Pero no: un determinado papel moneda sólo sirve para comprar bienes o activos en una determinada zona (en España sólo pueden comprarse bienes y activos a cambio de euros, pero los euros a su vez no pueden utilizarse para comprar bienes y activos en Chile), lo que significará que los precios de los bienes y activos locales fluctuarán para el resto del mundo no sólo de acuerdo a su propio valor, sino al valor que se le dé al papel moneda nacional: si éste cae, el papel moneda nacional se depreciará frente al papel moneda extranjero, y por tanto se abaratarán los bienes y activos nacionales y se encarecerán los extranjeros (y viceversa si la divisa se aprecia).

Fijémonos, pues, en que el dinero fiduciario es un muy mal dinero. Si, según decíamos, las dos funciones básicas de todo dinero son las de ser un medio general de intercambio y un depósito de valor, el papel moneda es, por un lado, un mal medio internacional de cambio (su valor con respecto a las divisas extranjeras fluctúa continuamente por motivos ajenos a la utilidad de las mercancías foráneas) y, por otro, un pésimo depósito de valor (históricamente, los bancos centrales han comprado todo tipo de deuda pública y privada, lo que ha hundido el valor del dinero fiduciario). Pero, pese a ello, el dinero fiduciario sigue utilizándose, ¿por qué?

Bueno, la afirmación sólo es parcialmente cierta. Dado que es un mal medio internacional de cambio sujeto a manipulaciones políticas, no es infrecuente que países con gobernantes irresponsables y que realizan la mayoría de sus intercambios con otro país opten por adoptar como divisa propia la de este último (por ejemplo, Panamá o Ecuador con el dólar estadounidense). Estas naciones renuncian a su propio papel moneda porque derivan ventajas sustanciales de ello: cobran sus mercancías en la misma divisa con la que pagan sus compras internacionales (blindándose del riesgo de cambio) y, además, arrebatan a sus políticos la posibilidad de hacer barbaridades con el banco central nacional (se renuncia a la política monetaria nacional).

Pero, aun así, no son demasiados, sobre todo en el Primer Mundo, los países que han abandonado sus propios dineros fiduciarios. La razón está en que si la inflación generada por el banco central tiene su origen en la refinanciación de un crédito bancario que crece a muy elevados ritmos pero que no padece un riesgo de impago masivo, los agentes económicos tienen la opción de blindarse e incluso de lucrarse adquiriendo activos pagaderos en el propio dinero fiduciario y que, gracias al mayor crédito, se estarán revalorizando (acciones, inmuebles, materias primas, bonos). Sí, los agentes privados degradan de manera extraordinaria su liquidez (invierten su patrimonio, incluso endeudándose, en activos a muy largo plazo), pero es probable que ni siquiera sean conscientes de ello y, sobre todo, que las elevadas ganancias se lo compense.

Los problemas comienzan cuando esos mismos agentes se dan cuenta de que toda la montaña de deuda favorecida por el dinero fiduciario no puede amortizarse y rechazan poseer activos pagaderos en dinero fiduciario que, como las deudas, tengan sus flujos de caja prefijados. En tal caso, el banco central deberá adoptar una decisión: o refinancia masivamente a todos los deudores insolventes e ilíquidos o los deja caer. En el primer supuesto, tenderá a generar inflación (se creará nuevo papel moneda sin que los deudores insolventes hayan fabricado bienes que deseen ser adquiridos por sus tenedores) y en el segundo deflación (se destruirán gran cantidad de los medios de pago que la banca privada había generado sobre la base del dinero fiduciario). La magnitud de esa inflación o deflación dependerá del volumen y de la calidad de la deuda que el banco central opte por refinanciar o por dejar caer, encontrándonos en el caso extremo (insolvencia de todo un sistema sumamente apalancado incapaz de generar cantidades apreciables de nuevos bienes y servicios) con la hiperinflación (destrucción de la moneda fiduciaria salvando nominalmente el importe del crédito) o con la hiperdeflación (destrucción del crédito salvando la moneda).

En cualquier caso, debería quedar claro que el papel moneda es un pésimo dinero que sólo se ha conseguido implantar en nuestras sociedades merced a un continuo intervencionismo estatal y cuyo máximo propósito es impedir que la ciudadanía opte por mejorar su liquidez dejando de extenderle crédito a la banca, de modo que ésta pueda prolongar durante mucho más tiempo sus distorsionadoras expansiones crediticias (cuyo mayor beneficiario es, precisamente, el Estado). Pero, al ser un pésimo dinero que los individuos jamás habrían adoptado de manera espontánea, su supervivencia está diariamente en riesgo, sobre todo cuando se lo gestiona tan mal como para llevarlo al borde del colapso.

19 Comentarios para este artículo.

  1. Rberzal Says:

    excelente articulo sr Rallo. Muy buen relato del timo de la estampita. Ahora lo que hace falta es que tengamos c…nes para tumbar a toda esta banda de crizos dw tres al cuarto.

  2. dsklp Says:

    Si suponemos que nuestros queridos euros los emite y respalda el bce; y el bce esta comprando montones de deuda de paises que no se sabe si van a poder cumplir con el pago de todos los intereses y la devolucion del capital,¿se podrian considerar,mas que como dinero fiduciario o un pasivo,un gatuperio?

  3. A. Romero Says:

    Sr. Rallo: Felicidades por su artículo. Visito su página todos los dias, a la espera de leer algo fresco y reconfortante que me motive algo dentro de esta espiral de estupidez que nos asola. Y lo encuentro aquí siempre.
    Como la cosa pasa ya del castaño oscuro, prefiero tomarlo todo a chanza, y después de leer su artículo busco en internet algo más, para no sentirme tan aburrido, y esto es lo último que he leído por ahí:
    Ineptocracia: Un sistema de gobierno en el que los menos aptos para liderar son elegidos por los menos capaces de producir, y en el que aquellos miembros de la sociedad menos capaces de sustentarse a sí mismos o de triunfar son recompensados ??con bienes y servicios procedentes de riqueza confiscada a un número decreciente de productores“.
    Conclusión. No estamos solos. Pero somos tan pocos…
    Le animo a que siga escribiendo.

  4. José L. Ochando Says:

    Quedan bastante claros la génesis y los mecanismos del dinero fiduciario. Quizá no quede tan claro en el artículo el apartado de formación de burbujas. Una forma alternativa de caracterizarlas sería decir que son la generalización de apuestas bajistas sobre el dinero. Por supuesto, sólo el dinero fiduciario es lo suficientemente degradable para ello. Toda burbuja es en esencia una burbuja de crédito, en la que los agentes económicos se ponen cortos en dinero para apostar por uno o varios activos, que actúan como catalizadores. Pero lo importante es que esas apuestas bajistas sobre el dinero son inversiones especulativas de bajísimo riesgo en estadios iniciales, ya que los bancos centrales se fijan públicamente políticas monetarias expansivas y tipos de interés bajos. En esencia, en una burbuja se apuesta a que el valor real de las deudas contraídas bajará, ya que se creará un proceso inflacionario en vivienda, acciones u otro tipo de activos.

  5. aversiahora Says:

    El otro día tuve un sueño muy raro. Era raro porque yo acostumbro a soñar con Jessica Biel, pero esta vez soñé que yo era una especie de gobernador intemporal de España. Estuve al frente del gobierno del país durante 2 o 3 generaciones. Lo primero que me sorprendió es la obsesión del español medio -es decir, la mayoría de los españoles- de que cada año tiene que vivir mejor. ¿Por qué? Porque sí. ¿Que lo normal es que se sucedan épocas buenas y malas? ¡Aaaaah, es igual! El neocontrato social Rousseau 2.0 estipula que hay que ganar cada vez más sueldo. Si esto se cumple, al españolito medio le importa un bledo que gobierne la derecha o la izquierda o los nacionalistas, que seamos democracia o dictadura, que los políticos roben o sean honrados, que se enchufe a la gente o que no, que seamos uropeos (así, sin la e) o autonomistas, o ambas cosas a la vez (¿que cómo vas a ser ambas cosas a la vez? ¡hombre, era un sueño!), que haya guerra o haya paz, que se persiga a la ETA o se negocie con ella, que se invierta en energía renovable o en nuclear… Todo se reduce a que se cobre cada vez más. ¿Cuántas veces hemos oído eso de “que hagan lo que quieran, a mí… mientras me paguen lo mío”.

    Un país no puede, por tanto, decrecer. Ni siquiera estancarse. Pero esto es imposible. Por pura lógica, la economía de un país decrecerá siquera alguna vez, aunque sea dar un paso atrás para dar dos adelante. Por tanto, la economía de la mayoría de los españoles debería dar también un paso atrás de vez en cuando. Pero no puede ser. NeoRusseau 2.0 dice que no, so pena de que ese gobierno, puede que incluso ese régimen, se hunda.

    ¿Cómo me las ingenio, entonces, para cuadrar el círculo? A bote pronto se me ocurren dos opciones:
    En la primera, puedo crear “burbujas” cuando la economía se estanque (tengamos en cuenta que el españolito medio entenderá como crisis que la población activa crezca más que la economía o, al menos, que los salarios). El problema está en que una burbuja no es más que gastarse hoy dinero de mañana. ¡Bueno! Para eso se ha inventado la deuda (no solo para eso, de acuerdo). Puedo darle a esta generación de ahora una parte del sueldo de sus hijos. ¿Que luego sus hijos se enfadarán porque vivirán peor que sus padres? Pero eso… ¿cuándo? ¿Dentro de 20 años? ¡Buuuuuh! El que venga detrás, que arree.
    En la segunda opción, dado que solo necesito la aprobación de la mayoría, no de todos, puedo cumplir con NeoRousseau 2.0 y subirle el sueldo al 98% de los trabajadores a costa de despedir (o de no dejar que entren en el mercado laboral) al 2%. ¿Nivel de aceptación popular? 98%. ¡Viva yo y el Estado de Bienestar! Luego, puedo dejar fuera al 5%, para subirle el sueldo al 95%… Luego, puede ser 90-10. Luego, 85-15. Luego, 80-20. ¡Uy! Más no va a poder ser. Si dejo fuera a un 25-30% de la gente, aunque tenga un nivel de aceptación popular del 70%, igual ese 30% se organiza y me monta una revuelta social o empieza a apoyar partidos antisistema. ¿Qué hago ahora? Pues puedo empezar a crear una nueva casta social, la de la gente que gana 800-1000€, o que solo trabaje 3 meses al año. Será gente que estará dentro del sistema, pero cogida con alfileres. No participará en revueltas sociales, pero tampoco defenderá muy fervorosamente el régimen. Pasado un tiempo, ya hemos llegado al límite de paro y de pseudo-salarios que podemos aguantar. Es más, los mismos padres a los que les subí el sueldo a costa de sus hijos, ahora se enfadan porque quieren que sus hijos vivan bien, ¡pero sin soltar ellos la pasta! ¿Qué hago? Estaba desesperado, no se me ocurría nada… Entonces -¡albricias!- soñé que leía un artículo de un economista que decía que la gente es tan imbécil que puedes pagarle con pagarés, que les da igual. Él no le llamaba pagarés. Le llamaba algo así como “medios de pago”… Una cosa “mu complicá’”. No sé… Pero, agotadas la opción 1 y 2, puse en práctica esta nueva opción. ¿Y funcionó! La gente que estaba dentro del sistema -en la que yo me apoyo para seguir gobernando- cada vez cobraba más, pero una parte creciente de lo que cobraba lo hacía en pagarés… ¡bueno!… en medios de pago de esos. Medio de pago que atesoraba en un banco. Jiji. Verás cuando les digan que su ahorro, es decir, una parte de sus sueldos pasados no existe. Jijiji. Eso sí, cuando se enteren, que me quiten lo “bailao”.

    Entonces me desperté. Menos mal que era un sueño…

  6. JuanC Says:

    Señor Rallo:
    Cuando un banco central crea dinero, ¿siempre lo hace en forma de billetes y monedas, o también lo hace como mero apunte electrónico en una cuenta creada ad hoc? Es que no me imagino un barco cargado de dólares como forma de pago internacional (neto de la compensación de saldos previa)

    Yo me imagino que los billetes y monedas se fabrican sólo con el propósito de que sean usados como medio de pago por los particulares en las pequeñas transacciones del día a día (para comprar el pan), y que por lo tanto son un porcentaje pequeño de todo el dinero creado, siendo la mayor parte como apunte contable. ¿Estoy en lo cierto?

  7. aversiahora Says:

    Sí, la mayor parte del dinero es un apunte contable. No sé cómo andarán las M1 y M3 ahora mismo, pero calcula que la M1 (dinero físico y depósitos a la vista) puede ser cerca de un tercio de la M3 (que sería la M1 más depósitos a corto plazo y depósitos a largo plazo). Si hablamos solo de billetes y monedas en circulación, la llamada M0, puede rondar el 5% de la M3.

    Por cierto, ¿habéis leído en el periódico de Rallo el saqueo de ahorros privados en los vecinos?:
    http://www.libremercado.com/2011-12-05/portugal-emplea-fondos-de-pensiones-privados-para-reducir-deficit-1276443385/

    Pues ¡vayamos preparándonos, que no es más que el comienzo!

  8. josvazg Says:

    Solo hay una cosa que no queda muy clara Profesor.

    ¿Tanto poder tienen los Estados como para que, ni con la que está cayendo ahora, usted mismo no aconseje adquirir oro más que como un 10% del patrimonio cuando este ya ronde los 100.000€?

    ¿A que se debe esto? ¿o esa recomendación?

    Yo de momento ya me planteo adquirir algún depósito en otra moneda que no sea el Euro? No se si el dolar (que tampoco me fío mucho) o otra. ¿Alguno ha hecho esto ya? ¿es fácil? ¿es barato? ¿merece la pena?

    [De momento oro aún no, aunque me tienta la idea luego no se como guardarlo y no me fío de que me lo guarden y en poco se lo acaben quedando por el coste de custodia]

  9. Mazarino Says:

    Me ha recordado la carta abierta de Antal Fekete a Paul Volcker en julio de 2009:
    “Se han ofrecido todo tipo de explicaciones ad hoc para la crisis de la deuda. Pero la única explicación real es que bajo la amenaza de la backwardation del oro los acreedores se pelearán por la liquidez. No va a existir ninguna recuperación hasta que se haga algún tipo de provisión para poder hacer una retirada ordenada de la deuda mediante algún tipo de mecanismo que use el oro como el último extintor. La alternativa es una Gran Depresión mucho peor que la de los años 30. Para entender esto sólo tenemos que imaginar el shock que iba a sufrir el mundo entero si se terminara revelando que la deuda del gobierno de EEUU es de hecho imposible de canjear. El emperador está desnudo. Mientras los bonos tengan una claúsula sobre el oro o el propio mercado de bonos esté soportado por un mercado de papel sobre el oro, entonces los bonos todavía pueden parecer reembolsables. Pero en cuanto aparezca una backwardation permanente que haga el oro inaccesible, entonces la deuda se volverá imposible de reembolsar a los ojos de los tenedores de bonos. No se hace la deuda canjeable por el hecho de pagar los bonos de EEUU a su madurez en billetes de la Reserva Federal. Pues son precisamente los bonos los que avalan a las Federal Reserve Notes como colateral, revelando que en última instancia los bonos no son realmente canjeables en absoluto. Un bono vinculado a un tipo de interés es reemplazado por un bono [los billetes nominados en dólares o Federal Reserve Notes] que no va vinculado a ningún interés, es decir, a un instrumento inferior. Todo lo que se está haciendo es barajar varias formas de deuda imposibles de liquidar. Cuando el mundo termine despertando de esta prestidigitación, el sistema monetario internacional no será capaz de sobrevivir a la onda expansiva. El caos en el que se va a hundir el mundo va a ser atroz”.

  10. aversiahora Says:

    A Josvagz (aprovechando la entrada de Mazarino):

    Si lo que yo tengo en mente se cumple, y todo parece indicar que lo va a hacer, vamos camino de un apocalipsis de tal magnitud que los años 30 van a ser un chiste. En ese escenario, esa cosa tan graciosa que llamamos seguridad jurídica va a ser algo que estudiaremos en los libros como un concepto sin plasmación real. Lo que intento decir es que, metas tu dinero donde lo metas, te lo van a robar de una forma u otra. Te van a bajar el sueldo; te van a saquear tus ahorros del banco; te van a saquear tus inversiones ya sea en Bolsa o en fondos, aunque sean de pensiones; te van a devaluar la moneda; vas a tener una fuerte inflación; y te van a comer a impuestos. Y lo van a hacer con nuevas leyes readactadas “ad hoc”, que, por supuesto, te aplicarán retroactivamente.

    ¿Que compras oro? Harán una ley por la que tengas que vendérselo a la fuerza al Estado por menos de lo que vale (no te rías, lo hizo F.D. Roosevelt a mediados de los años 30, tal cual, sin hipérbole narrativa). ¿Que sacas el dinero del país? Pues te obligarán a retornarlo, so pena de que no puedas hacerlo nunca. ¿Que lo tienes en casa, debajo del colchón? La inflación, ¿recuerdas?

    No hay donde escaparse, salvo que seas muy rico y puedas permitirte repartir tu dinero en varias cosas, todas ellas fuera de la UE y EEUU, y que puedas, en caso de que te ordenen repatriar el dinero, irte a vivir fuera.

    Por cierto: creo que fue Mazarino (el real) quien, hablando de los impuestos, dijo que “un buen ministro de Economía y un buen cocinero se parecen en que ambos son capazes de sacarle el máximo número de plumas al pavo sin que el pavo se agite demasiado”.

  11. Josvazg Says:

    Gracias aversiahora… Ya me quest mas tranquilo pues…

  12. Josvazg Says:

    Era “ya me quedo mas tranquilo…”

  13. aversiahora Says:

    Jeje. Es que soy muy apocalíptico, pero te aseguro que lo veo. De todas formas, para compensar un poco tanta negatividad, déjame compensar:

    Nos asusta mucho empobrecernos porque lo vemos como individuos. Es decir, es un drama si a ti te recortan el sueldo un 30% ¿Dónde vás a ir? Pero si a casi todo el mundo le recortan el sueldo un 30%, ya no parece tan grave. Eres mucho más pobre, pero tu posición relativa en la sociedad es la misma. Si antes eras clase media, ahora también serías case media. Pero más pobre. De la misma forma que la clase media de hace 30 años era más pobre que la de ahora. Sería como un viaje al pasado.

    Eso sí, la gente que está muy endeudada -con una hipoteca, por ejemplo- está “muerta”. Aunque, en ese caso, la inseguridad jurídica que antes mencionaba actuaría en su favor. Es decir, una mayoría de personas que no pueden pagar sus deudas conseguiría que ganase las elecciones un partido que prometiese arreglar ese tema, con lo que acabaríamos pagando los que no tenemos hipoteca, bien vía impuestos, bien vía quiebra de bancos (¡allá volaron mis ahorros!), bien vía tapar el agujero del balance de los bancos con dinero de nueva creación (¡hola, Señora Híper-Inflación!).

    Al final, todo se reduce a que la mayoría social acepte que somos más pobres y no pretenda que los recortes los paguen todos menos yo, porque yo trabajo -¡qué casualidad!- en ese sector que es el único imprescindible para “sacarnos de la crisis” y además soy imprescindible en mi puesto.

    ¿Será posible? ¿Realmente los españoles “nos hemos dado” una democracia y una constitución que entierra los “rencores fraticidas del pasado”? 0, ¿hemos tapado esos rencores con un barniz de “burbuja” y ahora va a salir lo que llevamos dentro?

    Pues eso: Apocalipsis habemus.

  14. E. Martín-Serrano Says:

    En el artículo destaco la expresión: « (ya sean billetes o depósitos a la vista en el banco central)» . «Banco central» es la clave y «dinero fiduciario» se presenta como relativo a «banco central». Y tengo una duda.

    ¿Qué son entonces los depósitos, generados por los bancos (no-centrales), que reciben la denominación de «dinero fiduciario» por doquier y sin embargo no son emitidos por el «banco emisor» (central) sino por el sistema financiero excluido el «banco emisor» mismo. En otras palabras, se distingue por doquier entre «dinero fiat» y «dinero fiduciario». Parece desprenderse de la distinción que el dinero fiduciario representa (o es) título, no sobre oro sino sobre dinero fiat. «Fiduciario» y «fiat» no parecen ser entonces sinónimos.

    Como ejemplo, pongo un extracto de algo leído por ahí, elegido al azar de entre otros muchos ejemplos:

    «Pero, actualmente ya no existe dinero fiduciario en el mundo. Ningún billete representa actualmente algún derecho exigible por su dueño a cargo de quien lo emite. ¿Por qué?

    El dinero fiduciario pasó a ser sustituido por el dinero “fiat” (del latín fiat, “hágase”). Se le llama así pues existe por decreto, por mandato de la autoridad de quien gobierna, y porque no es redimible por cosa alguna. No tiene ningún respaldo, ni promete la entrega de algo de valor a su dueño. Hoy en día, sólo existe dinero fiat en el mundo.»

    Pareciera que la distinción no es trivial.

  15. aversiahora Says:

    Dinero real se consideraba el oro y la plata. El metal en sí o acuñado en moneda tiene valor en sí mismo.

    EL dinero-papel o fiduciario, al principio, se emitía con respaldo de oro y plata. De hecho, los billetes los firmaba un gobernador, un interventor y un cajero de un banco porque daban fe (fiduciario) de que ese billete tenía su respaldo de oro o plata correspondiente. Tú podías ir al banco con tu billetito y pedir que te dieran las onzas de oro y plata que correspondían.

    El dinero fiat es el actual. Tú vas al banco a pedir que te den lo que respalda tus papalitos de colores y te llevas a casa el haberle alegrado el día a los trabajadores del banco, por las carcajadas que van a soltar. No lo infravalores… no es poca cosa alegrarle el día al prójimo. Jeje.
    De hecho, yo espero haberlo conseguido con esto.

  16. E. Martín-Serrano Says:

    Tal como dices es; según creo. Aquello de “… pagará al portador …” es lo que establece la distinción. Pero convenía precisarlo, porque si no el embrollo sobre la cosa del dinero, que no es pequeño, crece, crece y crece.

    Agradecería una aclaración de matices. Sería útil.

  17. aversiahora Says:

    El dinero fiduciario era el que un banco emitía contra el oro o la plata que tenía bien guardaditos. Y tú tenías el derecho legal de reclamar en el banco el oro o la plata correspondiente a ese dinero fiduciario. Primero, cada banco emitía sus billetes. Luego, esa facultad la monopolizó el banco central de cada país, pero manteniendo la promesa de que cada billete y moneda de curso legal tenía un respaldo “metálico” cierto. Eso es el patrón oro (o plata, o bimetálico).

    El dinero actual no te da ese derecho. Tú no puedes ir al banco y pedirle que dé x gramos de oro por tu dinero. El dinero se fabrica con el respaldo de la opinión de unos “expertos”, que deciden en cada momento cuánto dinero tiene que haber, en función de unos indicadores macroeconómicos, de los cuales el más importante es la inflación. Por eso le llaman “fiat”, o sea, “hágase” en latín. Cuando a esos “expertos” se les va la mano con el “hágase”, pasan cosas como lo que está pasando, pero, como son mayoría los que defienden que este modelo es el mejor, no rectificarán nunca y podrán defender que la culpa de todo no es de ellos, sino del terreno de juego y del árbitro.

    Eso sí, a ti nadie te prohíbe que vayas a una joyería a comprar oro, si crees que es mejor que los papelitos de colores y los apuntes contables. Antes de tomar la decisión, mira a la cara a Rajoy y a ZP… escucha a MAFO y a Draghi… ¿De verdad vas a decirme que no te fías de su sabiduría y honradez? ¡Cómo va a estar esa gente engañándonos, ya por maldad, ya por ignorancia!

  18. josvazg Says:

    @aversiahora
    “No lo infravalores… no es poca cosa alegrarle el día al prójimo. Jeje.”

    Pues “a ver si ahora” se aplica usted el cuento y me da alguna noticia optimista objetiva que me compense un poco por sus reciente vaticinios tenebrosos. je je! ;-)

    Yo por mi parte voy a dar alguno:

    Me parece que en EEUU los terroristas-económicos keynesianos campan más a sus anchas que aquí en Europa. No es que aquí seamos austriacos ni nada parecido, pero como que parece que hay un pelín más de contrapeso, aunque solo sea por el lado alemán. Con un poco de suerte, si no saquean demasiado al contribuyente es posible que salgamos de esta mejor y menos endeudados que nuestros amigos al otro lado del atlántico. Hablo del medio plazo (3-4 años) no de ahora que las vamos a pasar canutas si o si, con reformas acertadas o incorrectas (=intervencionistas y saqueantes)

    Por otro lado, en la economía real, hay una serie de tecnologías emergentes (de entre las que conozco, el grafeno, todo el tema del cloud computing, nuevas tecnologías de baterías) que pueden sacarnos del hoyo con un poco de suerte. Tecnologías que seguramente nuestros iletrados gobernantes desconocen, y eso está muy bien, porque de lo contrario nos hipotecarían como si ya hubiesen dado sus frutos esas tecnologías, tanto las que luego tengan éxito y las que no.

    No en vano estamos como estamos porque “se comió una y se contaron veinte”

  19. E. Martín-Serrano Says:

    @aversiahora

    A eso me refería con mi entrada primera. “Fiduciario” versus “fiat”. Aunque al final la cosa se reduce a una idea aparentemente simple de simple nada tiene, y el exceso de terminología o su uso confuso, pues eso: confunde.

    Los billetes de euros del BCE (estos serían dinero fiat) nada tienen que ver con los billetes que solían emitir los bancos privados, que tenían autorización para ello, haciendo uso del llamado “multiplicador” derivado de la “reserva fraccionaria”, ni con la emisión de depósitos de hoy. Estos últimos, los billetes privados y los depósitos, son estrictamente equivalentes entre sí desde el punto de vista económico [no desde el operativo y el jurídico. Véase Huerta de Soto, Dinero Crédito Bancario y Ciclos Económicos" (pág. 202, texto en cursiva, entre otras)] y serían dinero fiduciario. Al menos esto es lo que dicen algunos especialistas.

    Y como veo que no se me contradice me confirmo en ello.

    Sólo me propongo aclarar la terminología porque:

    “El mundo del dinero y del crédito (junto con el lenguaje y la moral) es uno de los órdenes espontáneos que más se resisten al análisis del investigador …” F.A. Hayek, “La Fatal Arrogancia”.

    Aquí el problema del “dinero” y del “lenguaje” se refuerzan.

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  1. La adicción nuestra, los Sapiens Sapiens, al oro | Blog personal de Alex Rayón Jerez dice:

    [...] hoy en día para querer volver -no todos, claro- al oro? Dinero fiduciario (fiat money). ¿Y qué es el dinero fiduciario? También conocido como papel moneda o dinero inconvertible, porque ni es un papel que tiene valor, [...]

  2. Dinero honesto y dinero deshonesto Precio OroyFinanzas.com dice:

    [...] que lo crea de la nada. Así se comprende bien la definición del dinero actual que hace Juan Ramón Rallo, que suena al ahorrador que lo atesora como una bofetada: “el dinero actual es un pasivo [...]

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