No al ‘banco malo’

Del programa económico de Rajoy sabemos poco o nada, salvo, según se ha filtrado, que pretende crear un banco malo. Es decir, otro banco malo, pues al parecer el sistema financiero español debe de estar plagado de ellos.

¿Y qué es eso del banco malo? Básicamente, el Gobierno de España emite deuda pública y compra a nuestras entidades todas sus malas inversiones, que pasan a ser acumuladas en un vehículo de inversión denominado banco malo.

Presuntamente, y según se nos cuenta, la adquisición se efectuaría con un importante descuento con respecto al valor real, de manera que a largo plazo los contribuyentes podrían incluso salir ganando. Por ejemplo: si unos promotores deben a una caja 100 millones de euros y el Estado adquiere ese préstamo a cambio de 70 millones, el Gobierno podría terminar embolsándose al cabo de unos años unos beneficios de 30 millones. Fantástico, ¿no? Pues no tanto. Pregúntese por qué, si estamos ante una indudable ganga, la caja de marras está deseosa de desprenderse del préstamo incluso con un descuento del 30% y, sobre todo, por qué ningún inversor, salvo el Estado, está dispuesto a comprar.

¿Tal vez sea, no sé, porque en realidad no se trata de ninguna ganga? Suponga que, como no sería de extrañar, los promotores impagan sus deudas y la caja sólo puede cobrar con el suelo que adquirieron esos promotores y que hoy, vaya por dónde, sólo tiene un valor de 10 millones. Resultado final de la operación: el Estado ha pagado 70 millones por un cubo de basura que sólo vale 10. ¿Y quién se ha agenciado la diferencia de 60 millones? Claramente, la caja que invirtió donde no tenía que invertir y que ha sido capaz de convencer a los políticos para que compren a precios inflados sus activos tóxicos.

Al final, pues, el banco malo sólo es un mecanismo para redistribuir la riqueza del país desde los contribuyentes hacia los accionistas, directivos, trabajadores y acreedores de las entidades financieras. En Irlanda, los contribuyentes han tenido que aportar 50.000 millones de euros (más del 30% de su PIB) y, de momento, el vehículo acumula unas pérdidas superiores a los 1.100 millones; es decir, ganancias… más bien pocas. Es de pura lógica: si el único dispuesto a comprar esos activos a precios tan desorbitados es el Estado, será que los activos no valen lo que el Gobierno va a pagar por ellos; será que todo es un opaco artilugio montado para transferir dinero desde el bolsillo del contribuyente a las cuentas de resultados del sector financiero.

Los habrá que, con algo de razón, argumenten que en estos momentos el mercado se encuentra demasiado revuelto como para asignar valoraciones realistas a los activos de los bancos; no es que muchas entidades no quieran sanear sus balances vendiendo sus préstamos basura a un importante descuento, sino que, si lo hicieran ahora, el precio al que podrían colocar sus activos sería tan injustificadamente bajo que quebrarían de inmediato. Dicho de otro modo, el único agente capaz de mantener la cabeza fría en estos momentos de tribulación es el Gobierno, quien, lejos de dejarse llevar por un precio de los activos irracional, es capaz de calcular su auténtico valor a largo plazo y sanear nuestro sistema financiero.

El razonamiento, como todos los realmente tramposos, tiene su pizca de verdad. En efecto, en momentos como los actuales muchos inversores, salvo aquellos con una visión más largoplacista, no tienen demasiadas ganas de seguir cargando sus balances de activos arriesgados a largo plazo, sino que, dada la incertidumbre, prefieren mantenerse tan líquidos como les sea posible. Con todo, me limitaré a efectuar dos preguntas: ¿cuánto tiempo ha pasado desde que comenzó la crisis financiera? Si bien es una cuestión controvertida, todos coincidiremos en que, en octubre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, la crisis ya había estallado, de modo que, como mínimo, han transcurrido tres años. Segunda pregunta: en estos tres años, ¿los bancos y cajas españoles no han disfrutado de un solo momento de calma para enajenar sus activos a precios realistas?

Es evidente que sí, de forma que sólo cabe colegir que si no lo han hecho ha sido por no reconocer su auténtico valor sobre sus balances; y si no quieren contarnos la verdad es porque, en tal caso, quebrarían. Es obvio que el banco malo que planea Rajoy no comprará los activos de bancos y cajas a unos precios tan bajos como para provocar la bancarrota de los mismos, por lo que el Gobierno del PP, si es que sigue adelante con este bárbaro proyecto, necesariamente pagará unos precios artificialmente altos. Es decir, el Gobierno del PP esquilmará todavía más al contribuyente para dejar limpios de polvo y paja los balances de unas cajas y unos bancos contaminados por su propio proceder.

¿Existe alternativa a este despropósito? Sí, y no me refiero a dejar quebrar sin más a las entidades financieras, ya que, por desgracia, y como consecuencia del abandono del patrón oro, los medios de pago de nuestras sociedades son en su práctica totalidad depósitos bancarios, de modo que su bancarrota ocasionaría un colapso total del sistema. La alternativa justa y pragmática pasa por no rescatar a las entidades con el dinero de los contribuyentes, sino con el de los acreedores.

Una empresa está quebrada cuando el valor de sus activos es menor al de sus pasivos. En tal caso, los acreedores no pueden recuperar todo lo que han prestado por la simple realización de sus activos. Pero, como es lógico, esa misma empresa puede salir de la situación concursal convirtiendo en acciones parte del dinero que adeuda a sus acreedores. Por ejemplo, si una empresa tiene activos valorados en 95 euros y deudas por 100 euros, podría pagar 10 euros de los que debe a sus acreedores entregándoles acciones con un valor nominal de 5: la compañía estaría así inmediatamente recapitalizada (debería 90 euros y tendría 5 euros de patrimonio neto). La operación está a la orden del día en el mundo mercantil y se conoce como capitalización de deuda.

Según se ha filtrado, el PP pretende inyectar hasta 150.000 millones de euros de los contribuyentes en el sistema financiero mediante la argucia del banco malo. Pues bien, bastaría con que convirtiéramos en acciones la deuda basura de nuestras entidades financieras, un 20% de su deuda garantizada y un 5% de las imposiciones a plazo fijo (a saber, que los pagos de intereses de uno o de dos años no se efectuaran en dinero, sino en acciones), para que el sistema financiero español se recapitalizara en cerca de 200.000 millones. Todo sin meter un solo euro del contribuyente y redistribuyendo los derechos de propiedad sobre los activos bancarios de una manera absolutamente justa: no han de hacerse cargo los contribuyentes, que como contribuyentes nada tienen que ver con las entidades, sino los acreedores (aquellas personas que confiaron lo suficiente en la entidad como para prestarle su dinero). Por supuesto, estamos hablando de valores medios para el conjunto del sistema financiero, de modo que, para las entidades más insolventes, la conversión sería mayor, pero tiene todo el sentido del mundo que la penalización (el intercambio de deuda en acciones con un valor fluctuante) sea creciente según el tamaño del pufo.

Con lo cual, ¿por qué no utilizar este esquema para el sector financiero español? ¿Por qué incrementar todavía más la deuda de nuestro sector público en unos momentos en que deberíamos estar reduciéndola? ¿Por qué cargar sobre las espaldas de unos contribuyentes que tienen sus propios problemas de deuda privada el coste de los errores ajenos? Es difícil de decir, probablemente sea una mezcla de miopía política, escaso respeto a la propiedad privada y pusilanimidad a la hora de enfrentarse a ciertas oligarquías económicas. Sin embargo, en mi opinión existe otra poderosa razón para que los populares ni siquiera estén considerando esta opción: Alemania.

Los españoles debemos casi 200.000 millones de euros a los bancos alemanes, en gran medida por los préstamos que nos hicieron para financiar la burbuja inmobiliaria. Si parte de la deuda de bancos y cajas se convirtiera en acciones, los bancos alemanes, en lugar de cobrar religiosamente cada euro adeudado, pasarían a ser propietarios de unas entidades financieras que probablemente no tengan ningún interés en poseer. Tres cuartos de lo mismo sucedió con Irlanda, cuyos ciudadanos y empresas debían 140.000 millones a los bancos alemanes: como es sabido, su Gobierno fue conminado a crear un banco malo.

En general, soy del todo comprensivo con las quejas y reivindicaciones de los alemanes. Nos prestaron un dinero que quieren recuperar y nosotros, si es que somos responsables, deberíamos hacer todo lo que esté en nuestras manos para devolvérselo. Pero Alemania también debería ser consciente de que no será posible que le repaguemos todo cuanto le adeudamos a menos que nos lo refinancie durante bastante tiempo o –y esta es su opción preferida– que socialicemos las pérdidas. El primer camino queda a su discreción (la capitalización de deudas sería una manera de refinanciarnos); el segundo queda a la nuestra… y deberíamos negarnos en rotundo. No se trata de argentinizarnos y mandarles orgullosos a hacer gárgaras, sino de que asuman su responsabilidad a la hora de comerse parte del agujero que contribuyeron a crear: si es injusto y contraproducente que el contribuyente alemán cubra los despilfarros de los políticos españoles –motivo por el cual los políticos españoles deberían ajustar de inmediato ingresos y gastos–, también lo es que el contribuyente español cubra los errores de los banqueros españoles… y alemanes.

Dicen que Rajoy concederá casi tanta importancia a la política exterior como a la económica a la hora de lograr la recuperación. La ocurrencia me parece disparatada, pues no se trata de que vengan a salvarnos desde fuera, sino de que volvamos a generar riqueza desde dentro. Pero el gallego sí tiene algo muy importante que negociar, o, al menos, algo muy importante por lo que plantarse: el banco malo sería una pésima idea, por mucho que interesadamente la defiendan parte de los banqueros de aquí y los políticos de allí.

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17 comments

  1. Hacerlos socios del negocio del siglo,si pero ¿y si nuestros hermanos,los banqueros alemanes no ven con buenos ojos la operacion? ¿Y si para convencerlos se incluye en el mismo paquete parte de la deuda soberana del reino de españa? ¿ seria una oferta que no podrian rechazar o se partirian de la risa?.

    Los accionistas de los bancos ¿que diran de esto?.Y en las cajas…¿entenderan en alemania esta manera de gestionarlas, tan “mediterranea”?¿no les sonara a sirtaki?.
    Y la valoracion ¿estara un forense presente?
    Al final banco malo,silla plegable o si hace falta en el mismo suelo.Donde diga la cancillera merchel

  2. Resumiendo: que Rajoy cree que el agujero en el sistema financiero es de 150.000 millones (y que es coyunturaa) y tú lo elevas a 200.000 millones. Rajoy cree que si el Estado tapa el agujero con 150.000 millones de deuda, todos los agentes económicos se tranquilizan, la confianza vuelve, el crédito fluye… y todo arreglado. ¡Pero si el otro día decía Montoro (creo) que en el ’96 estábamos mucho peor! ¡No saben de qué hablan!

    Yo creo que, si bancos y cajas reconocen 150.000 millones de mora es porque tenemos el doble, más la que llegará de los 600.000 millones de crétito promotor vivo, más la deuda soberana que se impague… No me atrevo ni a echar cuentas… De un tercio del PIB a la mitad (¡ups! había dicho que no me atrevía). Habría que meter mucho más en ese banco malo o que convertir mucho más porcentaje de los depósitos en acciones.

    Sobre el papel, todo puede hacerse: sumas aquí… restas allá… Pero en la realidad, a ver cómo se lo vendes a la gente. Hasta que la mayoría de la sociedad no crea de verdad que estamos muertos, y para ello tiene que vivirlo en carne propia, no se puede hacer nada. La mayoría de las personas seguimos exactamente igual que antes de la crisis, porque este es nuetro modelo social: o todo o nada.

  3. Yo profesor estoy con Ud. Creo que la solución a los problemas de los bancos no debería partir de la acción del Estado sino de que las parte intervinientes en los bancos, como en cualquier otro negocio, asuman parte del problema, cada una en la medida que se considere más justa y que no se haga recaer parte de ella en terceros que nada tienen que ver con el caso.

    Es decir, la mejor manera de que un banco no quiebre es que capte nuevo capital…. Y la cosa por ahí esta complicada. ¿Quién va a querer invertir en bancos y cajas que estas efectivamente quebrados, sin conocimiento claro de cuál es la deuda, porque no pueden decir la verdad, y qué beneficio podrían obtener de ello en una situación como la actual donde el crédito no fluye hacia el ciudadano, ni tan siguiera en el mercado interbancario? Difícil. Muy difícil.

    Lo siguiente es hacer lo que Ud. dice, capitalizar deuda…. lo que implica que quienes esperan cobrar acepten quedarse con la empresa que les debe un dinero, quedarse cada uno con una parte muy pequeña de esa empresa, de manera que poco o nada podrán hacer para solucionar los problemas que tiene desde el punto particular de cada uno. Deberían ponerse de acuerdo los nuevos accionistas, con los antiguos, nombrar nuevos consejeros y…. Muy complicado. Sobre todo porque lo que yo quisiera como acreedor de cualquiera es…. cobrar lo que se me debe, a ser posible todo.

    Lo más fácil es… desgraciadamente, socializar pérdidas. Desgraciadamente. Sobre todo cuando el pufo es tan grande que aceptar la quiebra de los bancos, de la mayor parte del sistema financiero, ya no es cosa de unos administradores irresponsables sino consecuencia de una política por parte de las autoridades políticas y reguladoras nefasta que ha ayudado a que este problema se cree.

    No sé, pues, si el hecho de socializar pérdidas no es en sí justo castigo para una sociedad que vive de espaldas a la realidad económica, que vive en la indolencia, que vive en la apatía política o incluso en el desapego a lo político por diversas causas, incluso activamente, y que tiene que darse cuenta del qué está pasado pero, sobre todo, del porqué está pasando. Sólo si se dan estas dos condiciones se podrá aprender del pasado y tratar de actuad de manera consecuente para que no se pueda volver a repetir en el futuro.

    No es de recibo que la inspección del BdE haya permitido apalancamientos tan bestiales. No es de recibo que se hayan tirado los precios del dinero, de la manera que se ha hecho. No es de recibo que se haya destruido de manera tan bestial el interés por el ahorro. No es de recibo que se penalice de esta manera casi confiscatoria las rentas del capital, que perjudica mucho más al pequeño y mediano ahorrador que al grande. No es posible que se promuevan políticas que favorezcan determinadas áreas productivas, la construcción, simplemente por intereses cortoplacistas de quienes mandan, con el objeto de presentar balances positivos en las cifras del paro.

    El problema, por tanto, hay que dividirlo en dos, solucionar el pufo, de alguna manera, desgraciadamente el banco malo no es la más buena, pero será la más posible, y que paguen los ciudadanos debería ser explicada que es consecuencia directa de las elecciones de los gobernantes que han tenido, y gracias a ello, la segunda parte es explicar a la ciudadanía lo ocurrido y proponer, proponer, a ésta, alternativas dentro de lo que pueden efectivamente elegir en el mercado político de aquellos que sí defiendan su interés puesto que no puede ser interés de la población sufrir crisis tan dramáticas como la que está a punto de suceder.

  4. Como bien dice el profesor “otro banco malo, pues al parecer el sistema financiero español debe de estar plagado de ellos”, y que nos están costando un ojo de la cara, que yo sepa, y no sé si mis datos son correctos, ya se ha metido al sistema bancario más de 20.000 millones a través del FROB en el último año, y en avales a los bancos me pierdo.

    Ahora entra la risa cuando el Sabadell se pilla la CAM tras dejar a cero el Fondo de Garantía de Depósitos, y no queda muy claro el papel del FROB en esta operación, aunque repiten machaconamente que esto no le cuesta nada al contribuyente, lo cual consigue precisamente el efecto contrario, pensar que la cosa no está clara.

    El gran problema que sufrimos en nuestro país no es un Estado manirroto, que como todos lo es, sino una deuda privada inasumible que mantiene quebrado a nuestro sistema financiero. Y antes, mientras el maná brotaba de los ladrillos y los puticlubes crecían como hongos en las cuentas de la carretera, los grandes hombres de la patria se aplaudían y llenaban sus sacas. Ahora, cuando el maná se ha secado, todos tenemos que pagar el pato … excepto los mismos, los que se enriquecieron, que siguen haciéndolo ante la borrosa vista de una población ignorante, que como bien dice Bastiat puede ser un justo castigo por su indolencia y apatía.

  5. En esta ocasión estoy plenamente de acuerdo con usted, señor Rallo. Ya está bien del “socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres”. O, dicho de otra forma: “los beneficios son para ellos, lás pérdidas se reparten entre todos”. El banco malo es una estafa colosal.

  6. Por eso lo que debemos hacer es dejar que los bancos quiebren. y aquellos depositantes que pierdan sus ahorros que se fastidien. Que hubieran pensado antes meter su dinero a un interés más alto cuando eso es un posible índice de la necesidad de liquidez de un banco que ha comprometido su balance.

    Por eso sería mejor que el sistema bancario no estuviera protegido por el Estado, sino que estuviera en igualdad de condiciones que los ciudadanos….

    Que es lo que pedimos aquí.

  7. Primero habría que encontrar comprador privado a esas acciones… que no lo hay. Luego, se podría esperar a que aparecieran, cuando las cosas mejoraran; pero las cosas no mejorarán hasta que se desatasque este embrollo, “profesor”.
    Yo creo que no es tan descabellado que la capitalización venga del dinero público, si no hay otro. Es más, si se aplica un buen hair cut, o descuento, las pérdidas pueden ser mínimas, como lo han sido en EEUU (ese país que tanto odiáis).
    Sobre esto hay, afortunadamente, cientos de ejemplos históricos, como Suecia, que nacionalizó activos basura a mansalva, y el Banco de Suecia inyectó liquidez en cantidades masivas, mayores que USA. Incrementó los activos del BS en un 25% del PIB, que luego devolvió a la sociedad hasta la normalidad de su cartera. Ahora Suecia es un país ejemplar, que crece en torno un 3%(lo que es un lujo para nosotros).
    Sobre la inflación, me parece que es un mal, pero no el peor de los males cuando la alternativa es un colapso total del euro. Estamos ante el riesgo de un colapso del euro. El euro ha sido un distorsionador, no el potenciador de estabilidad que prometía ser. Pero ante una ruptura desordenada, yo no veo más alternativa que, por lo menos, mantener la inflación donde está.
    Esas dos subidas de tipos del BCE de Trichet, que tanto alentasteis aquí, fueron nefastas, especialmente la segunda, para la deuda española.
    Y luego está el ajuste interno. No hay más remedio, pero si hubiéramos podido devaluar en su momento, ahora nuestros problemas serían otros.
    Feliz navidad

  8. No hablo de ampliar capital, para lo cual, en efecto, no hay o prácticamente no hay compradores. Hablo de capitalizar deuda, es decir, de convertir forzosamente parte de la deuda de los bancos en acciones como mecanismo sustitutivo a una quiebra al uso. El caso de EEUU es distinto. Primero porque se entró en el capital de los bancos; segundo, porque el mercado se cerró de la noche a la mañana. Aquí los bancos han tenido el mercado abierto dos años, y si no han vendido ya activos tóxicos es porque el descuento razonable sería tan grande que los habría abocado a la quiebra. Si se les compran ahora esos activos a precios que no los aboquen a la quiebra, se les estará regalando el dinero. Y yo no odio ni mucho menos a EEUU, les admiro en muchas más cosas de las que admiro a Europa.

    Sobre la inflación, si fuera un mal menor podría considerarse, pero me temo que es solo un mal que no nos beneficiaría prácticamente en nada: http://juanramonrallo.com/23/12/2011/la-inflacion-un-mal-remedio-contra-la-depresion/

    Y la devaluación como mecanismo anticrisis la tocaré en un próximo artículo.

    Un saludo y Feliz Navidad

  9. Pero, ¿cómo se puede hablar de forzar una capitalización si nadie quiere capital en ese banco? en ese caso, sólo el gobierno puede “forzar” con recursos públicos…
    La capitalización del Santander, gracias a la Comisión Europea (9% obligatorio) ¿sabes como lo está haciendo? vendiendo sus joyas en Sudámérica. Eso es capitalización “forzada”. de todas maneras, un amigo del libre mercado, me sorprende que hable de “forzar” cuando nadie quiere poner un duro.

  10. Esto me recuerda a cuando Ruiz Mateos quiso comprar Sidra el Gaitero. Cuando ya habían llegado al acuerdo final, El dueñp de SeG preguntó – ¿Y como ve más a pagar?
    Yo? -dijo el bribón- en “Rumasiñas”
    Y ¿qué es eso?
    -acciones de Rumasa
    – Si? pues a cambio yo te doy “Gaiteriñas”, no te jo…

  11. Pues que lo imponga el Estado, ¿qué problema hay? ¿Es más intervención eso que meter dinero de los contribuyentes? Al contrario, es la solución que más se aproxima a lo que sucedería en un mercado libre donde pudiese haber quiebras empresariales que no afectaran al sistema de cobros y pagos.

  12. Oye, Juan Ramón: espero con impaciencia lo de la devaluación. Llevo tiempo dándole varias vueltas, a cada cual más friki. Espero que le dediques un buen párrafo a cómo crees tú que afectó nos afectaron las 4 que hicimos en la primera mitad de los ’90. Sobretodo, al mercado laboral y al relevo generacional. ¡Fue, en total, una devaluación del 50%, si mal no recuerdo!

    Pd: como las cosas escritas no siempre se entienden bien y hay muchas “tortas” volando en esta página, lo digo en serio, sin tonillo.