¿Y por qué no desmontamos los privilegios sindicales?

Acaban de proclamar CCOO y UGT que, atendiendo a la ultraliberal reforma laboral del viernes, España se ha comportado como si de un país intervenido se tratara. Qué insensatez: ¿para qué atender a los dictados de la Troika como si fuéramos una Grecia o un Portugal cualesquiera cuando podemos seguir obviando la crisis y prorrogando el pasteleo estéril de sindicatos y patronal? Lo cierto es que, conscientes o –más probablemente– no, las centrales sindicales mayoritarias han colocado el dedo en la llega al compararnos con los países intervenidos por la Troika: en materia laboral, España está en peor situación que Grecia, Portugal o Irlanda. Tan disfuncional es nuestro mercado laboral, tan catastrófica ha sido la permanente injerencia de los sindicatos, que ni siquiera un país quebrado y con riesgo inminente de abandonar el euro como Grecia nos hace sombra en materia de paro.

Desde luego, la reforma laboral no es perfecta, pero no por ser demasiado radical y demasiado liberal, como afirma la izquierda extrema, sino, en todo caso, por serlo insuficientemente. Aunque, tras conocer los detalles del texto legal, parece que sí se han dado pasos bastante significativos en la buena dirección –sobre todo en lo que a desarmar la negociación colectiva se refiere–, acaso habrá que lamentar que no se haya aprovechado la histórica coyuntura para limpiar enteramente de polvo y paja nuestra añeja legislación laboral, dando mucha más autonomía a las partes para negociar sus condiciones contractuales (incluyendo el despido) y sacando a todas las empresas de los convenios colectivos que no hayan libremente suscrito o a los que se hayan libremente adherido. El Gobierno, en cambio, ha optado en vano por mantener formalmente la caduca carcasa de la negociación colectiva y de los tropecientos tipos de contratos reglados –vaciándolos en parte de contenido– para, entre otras cosas, no enfurecer a quienes, como los sindicatos, medran y se legitiman gracias a la crispación social, sin que, claro está, ello le vaya a servir en absoluto para comprar ninguna “paz social”.

Como el escorpión en la fábula de Esopo, está en la naturaleza del sindicalismo espolear el resentimiento, el frentismo y, en definitiva, la “lucha” de clases. Por desgracia, nada nuevo bajo el Sol: llevan siglo y medio promoviendo la incivilización anticapitalista y no parece que estén demasiado interesados en rectificar, sobre todo cuando han convertido a afrenta permanente a la sociedad abierta y a la cooperación social pacífica en su muy rentable modo de vida. Mas, en cualquier caso, ese nada original discurso populista sí resulta harto peligroso en una situación como la actual, en la que por fuerza se están repartiendo las pérdidas derivadas de una muy inflada burbuja inmobiliaria y de una crisis agravada por el intervencionismo gubernamental y sindical.

Es verdad que los sindicatos, y la izquierda en general, han perdido gran parte de su legitimidad tras esa desastrosa gestión de las finanzas públicas y del mercado laboral, pero el irresponsable riesgo de una escalada en la conflictividad social sigue ahí y no porque el mercado laboral se haya abierto al fin un poquito, sino porque algunos han gozado durante décadas de las mieles de mantenerlo cerrado a cal y canto, de modo que cualquier liberalización la observan como una intolerable amenaza a sus privilegios.

Sabido esto, ahora sólo falta que el Ejecutivo no trate de buscar apaciguadoras contrapartidas para el recorte parcial de las prebendas sindicales que ha acometido con su reforma laboral. De hecho, en lugar de tratar de comprar sus voluntades, habría que proceder de inmediato a revisar –es decir, a finiquitar– todos sus mecanismos de financiación, tanto directos como indirectos, a costa del erario público. No combatamos sus liberticidas amenazas con más intervencionismo, sino con mucho menos: es decir, no tratando de resarcirles por el hecho de que su capacidad de dañar a los españoles se haya reducido, sino eliminando el resto de injustificables privilegios que todavía hoy conservan.

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22 comments

  1. Muy buen artículo.
    Dos preguntas: con la nueva reforma laboral,a que nivel quedamos con el resto de paises desarrollados? Hace poco leí que españa estaba sobre el numero 110 en materia de reformas laborales.creo que aún estamos lejos de UK,Alemania,Holanda o los Bálticos.
    La otra cuestión:Se creará empleo a medio plazo??
    Yo apuesto a que tardaremos más de dos años en bajar de 5 millones de parados(según EPA)?Aunque sólo es una opinión mía que no se basa en ningún análisis y creo, no tiene mucho sentido hacer esas predicciones.

  2. Sr. Rallo

    1. Leerte a usted comentar sobre sindicatos y trabajadores es como leer a los comunistas expresarse con el mismo resentimiento hacia los empresarios. Veo que ignora por completo que los sindicatos de hoy no son aquellos del siglo XIX y hasta mediados del XX. Tampoco entiende la razón de el porqué se les da subvenciones. Para comprarlos, sí, hablemos claro, para eso. Para que hagan el paripé y los trabajadores se crean que alguien les representa, pero la realidad del día a día empresarial se mueve en la mayoría de los casos en otros parámetros. Hoy los sindicatos no tienen fuerza, ni legitimidad, ni buena imagen entre los que pretenden defender, ni capacidad de movilización. “Ten a tu enemigo cerca”, esa es la máxima por la que se ha hecho ver que pintaban algo y se les ha invitado a cenar. Por eso se hizo lo que en su tiempo se hizo. Pero llegará la época donde ya ni eso. Llegaron a un acuerdo con la patronal para justificar algo del dinero que reciben. Sin su labor las condiciones de los trabajadores serían de semiesclavitud pero ahora mismo no tienen fuerza, no tienen afiliados suficientes y hasta algunos empresarios ponen como condición tener a trabajadores no afiliados para invertir. Mañana hacen una huelga y será un fracaso.

    2. No tenga miedo, puede hacer hoy en día lo que le dé la gana con un trabajador, beneficiarse de las múltiples subvenciones que le pagamos entre todos y no temer la respuesta de un sindicalismo en retroceso. También puede “pactar” con un trabajador una media jornada y tenerlo jornada completa. ¿Quién le va a controlar y sobre todo, cómo lo van a controlar? Puede seguir haciendo triquiñuelas legales para encadenar contratados laborales y en fin, para contratar, despedir y pagar lo que le dé la gana porque la presión de los 5 millones de parados pesa sobre los trabajadores. Y también tener a trabajadores enfermos que se dan de alta so pena de ser lanzados al paro. La picaresca, por lo que se ve, se le combate con la falta de humanidad. Tampoco se preocupe por las miserables 20 horas formativas, siempre puede enseñarle la puerta de salida a quien se le ocurra ejercer su derecho. Además, nadie la va a ejercer, tiene un tiempo ridículo y no va aumentar la productividad ni la formación de nadie. La cuantía del coste para la empresa la ha calculado supongo partiendo del hecho de que la mayoría haga uso de ese derecho pero eso no va a resultar. No supondrá coste alguno en cuantía importante. El Gobierno ha puesto eso ahí como un adorno.

    3.La concentración y polarización de riqueza sigue imparable así como la elaboración de todo tipo de legislaciones favorables a sus intereses. Un socialismo para ricos. Sólo estos tienen capacidad para hablar de libertad, el resto ha de resignarse con las migajas.

    4. Por qué no nos ahorramos un discurso llenos de vocablos liberales y hablamos claro, sin complejos. Nada de hablar de pactos entre iguales. Hablemos si quiere de que lo que se desea es promover por todos los medios posibles que el empresario pueda hacer dinero pasando por encima de todo y de todos, de contratos y Constituciones, de tratados internacionales y una ética mínima.

    5. Veo que no le gusta la judicialización de un procedimiento laboral. La culpa se la echa usted a que los jueces son de izquierdas parece. Qué le parecería si establecemos un corte y sólo admitamos a los que tengan carnet de un partido de derechas. Resulta que a un liberal le molesta la independencia de la justicia, que la justicia sea la que escuche a las partes en conflicto, que los trabajadores tengan la opción de defender sus derechos. Lo dicho, la acumulación de poder lleva a actuaciones como esta, a crear leyes a la medida. Un retroceso a épocas dickensianas, a crear las condiciones para que proliferen toda suerte de situaciones injustas y abusos. Si usted no quiere un proceso judicial llegue entonces a un pacto con el trabajador. Claro, en este caso no le interesa el libre pacto entre partes. Lo que veo en el fondo es que lo que defiende es que la balanza se incline siempre del lado del empresario en toda circunstancia.

    6. Una reforma laboral llena de subvenciones, de muletas para que los empresarios puedan contratar. Veo que su credo liberal le permite saltar por encima de un contrato firmado, de reducir a nada lo que las partes acordaron en su momento. Lo que usted propone no es que las partes acuerden libremente pactar nuevas condiciones en nuevas circunstancias sino amordazar al trabajador y que trague con las modificaciones que “libremente” le imponga el empresario. Este año será conocido como el año ERE, el año en el que las administraciones públicas echarán a miles de empleados para sustituirlos por intermitentes y desincentivados parados que trabajen gratis, el año donde muchos empresarios elaboraron planes para poner la mano y cobrar subvenciones (así espera usted supongo que cambiemos de modelo productivo). Contrato formativo (hasta los 30?): una tapadera y el síntoma de impotencia de nuestra economía para crear empleo, una forma de manipular las estadísticas oficiales de desempleo.

    Conclusión: No tenga duda, los sindicatos son hoy nada y con los trabajadores puede hacer, con la ley o sin ella (independientemente del Estado y de todo), lo que le dé la gana. No ponga excusas para justificar que no se contrate. En su momento la ley que había no fue un obstáculo para reducir la tasa de paro al 7.8% y despedir a mansalva. Ahora se seguirá contratando lo que se vaya necesitando (menos incluso porque tienes a trabajadores dispuestos a emplear horas gratis con tal de que no los despidas) y se despedirá más fácilmente que nunca. Se amordaza al trabajador y se mexicaniza nuestra economía. Se ampliará el polo económico de economía informal, la precarización y se ampliará hasta límites insospechados la economía criminal que se nutrirá de todos los exiliados del sistema.

    Felicidades

  3. 1. Lo que está generando la poralización de la riqueza es el intervencionismo monetario, fiscal y regulatorio de gobiernos y bancos centrales. No confunda liberalismo con lo que hemos tenido hasta ahora, que no tiene prácticamente nada que ver.
    2. Yo no hablo de pacto entre iguales, hablo de pactos voluntarios entre individuos. La igualdad de partida no sólo es imposible de medir, sino que no se da en prácticamente ninguna relación contractual. Ahora bien, lo que ahora mismo coloca al trabajador en una posición de relativa inferioridad con respecto al empresario es la enorme tasa de paro, de la que es responsable la crisis (intervencionismo monetario) y la rigidez laboral (intervencionismo regulatorio).
    3. Lo que propongo es que trabajadores y empresarios pacten a qué instancias recurrir. Canalizar la resolución de conflictos hacia unos tribunales que se sabe de antemano que están extraordinariamente sesgados hacia la izquierda no es un modo de impartir justicia, sino de doblegarla a favor de una de las partes.
    4. ¿Un 7,8%, que seguía siendo una tasa sustancialmente mayor a la del resto de Europa, tras la mayor expansión crediticia de nuestra historia? ¿Qué broma es esa? Si eso era lo mejor que podía dar nuestra legislación laboral, es muy claro que resultaba del todo distorsionante.

  4. ¿Diria menger que los sindicatos son un bien?.Creo que si,y como bien son necesarios.Ahora bien, no con este funcionamiento,este enfoque,esta direccion.Es evidente.El desprestigio que han acumulado es la prueba,pero eso es culpa de la dejadez de muchos y la incapacidad (y deseo que solo sea incapacidad y no haya tambien ambicion) de muchos de sus dirigentes.
    No han tenido el valor de confiar en ellos mismos;se han plegado a lo facil,la subvencion,las “ayudas”,la infame financiacion a traves de los cursos de formacion.¿cuantos millones de horas en cursos de informatica y otras “materias”?¿con que resultado?Mas de 5 millones de parados.
    Son necesarios como fuerza que se contraponga al poder que da el dinero de los empresarios¿que trabajador podria emprender un juicio y hacer frente a los costes?Aqui me equivoco,pero no lo borro.Se que los no afiliados tienen que pagar,pero aun asi sera menos.Yo lo he visto y se de la eficacia de sus sevicios juridicos,porque a esas personas las mueve,no el dinero solamente,tambien una idea de justicia.
    Dice que los sindicatos “medran y se lejitiman gracias a la crispacion social”Pues es al reves.La sociedad percive que los sindicatos no cumplen su funcion al ver que se degeneran las condiciones laborales e incluso de vida.
    Ese resentimiento,ese frentismo del que habla es el recurso facil al populismo,un intento de “mantener la cara” frente a una parte de la sociedad para no reconocer el fracaso de haberse convertido en un eje mas en la maquinaria de un estado enorme e ineficaz, renunciando a su verdadera labor.Hacer de la tierra un paraiso.
    Seguro que esto ultimo a mas de uno le ha hecho reir.Pero yo quiero eso.Creo que es no solo posible, es imprescindible cambiar esta sociedad que,seamos sinceros, a nadie nos gusta

  5. Sr. Rallo

    1. Mi impresión es que nos situaremos en una tasa de paro estructural alto, lo más probable que cerca del 15%, que exista una elevada proporción de trabajadores que cobren en el futuro un salario muy bajo y que trabajen de forma intermitente (incluso con largas épocas de inactividad forzada), el papel de los sindicatos será residual y si se diera el caso de bajar de cierto nivel de paro siempre se podrá abrir de nuevo las puertas de la inmigración o crear leyes que socaven la capacidad de respuesta de los trabajadores. No existen fantasmas más allá del Elba ni cultura reivindicativa o contestataria en la sociedad. Luego el escenario que usted plantea no se va a dar y por tanto los trabajadores no van a exigir mejores condiciones ni salarios más elevados ahora ni el futuro. A los trabajadores sólo les queda empobrecerse y tener menos capacidad para pactar ni exigir nada (menos libres en fin).

    2. Si el trabajador no cuenta con una legislación que les defienda, el empresario les va a pasar siempre y en toda circunstancia por encima. Volveremos a repetir todas las situaciones injustas y dramáticas que ya se vieron en el pasado. El pacto libre entre individuos es un cuento. Además, es de puro sentido común, aquel que dispone de capital, de recursos, de fuerza, que ofrece algo muy preciado por la sociedad (trabajo) impondrá sus reglas.

    3. Si los ciudadanos perciben que son ellos los que cargan con la mayor parte de los sacrificios, que sus condiciones de trabajo y salario empeoran independientemente de coyuntura y situación empresarial alguna ( en el sector turístico se ve con resentimiento como se han hecho muy buenos números, con más clientes que nunca en algunos casos y como por otro se ha despedido, bajado sueldos y explotado al personal que había) se mina la confianza de esa sociedad, se abre la puerta a los extremismos políticos y la violencia, se da alas a la economía criminal que se nutre de todos los descontentos y descolgados del progreso. Es curioso, pero vamos hacia formas totalitarias para garantizar la seguridad. Más libre mercado pero todo más blindado y vigilado. Lo ideal sería un pacto global generoso que mirara por todas las partes.

  6. ¿Sindicatos?
    ¿Que Sindicatos?

    En España lo que hay son “Ministerios Sindicales”, forman parte del Estado y su cliente es el gobierno subvencionante de turno, no los trabajadores. SI, el gobierno subvencionante, ahora el PP como antes lo fue el PSOE.

    La única forma de tener sindicatos sería cortar las subvenciones a 0. Eso es lo que habría que hacer.

    Y si se hiciera eso y las profecías de Juan se cumpliesen (“el del monopoly dándonos a todos con el látigo mientras arrastramos piedras enormes por el suelo…”) los nuevos sindicatos surgirían con fuerza, pues los puteados trabajadores emplearían lo que pudiesen de sus sueldos para afiliarse.

    Estas empresas sindicales, libres ya de su dependencia politica, negociarían POR los trabajadores, no por ningún interés político ni por otras razones oscuras. Se deben a sus clientes, como cualquier otra empresa EN EL MERCADO, y por ello solo quedarían en pie las que negociasen bien y de forma realista por sus clientes, los trabajadores.

    (Por ejemplo, un sindicato que negociase condiciones fetén pero irreales para sus trabajadores y los forzase al cierre de la empresa y posterior paro, perdería clientes mientras que otra que pactase buenas condiciones pero equilibradas mantendría satisfechos y con empleo a sus clientes por más tiempo)

    Pero vamos, esto es todo de 1º de Mercado.

  7. Opino como farrugo, sería muy útil comparar nuestras legislaciones laborales, la previa y la actual, con la de nuestro vecinos que tienen menos de la mitad de paro que nosotros.

    Y digo bien, comparar ambas, pues lo mismo la ultraliberal reforma actual queda igual o peor en la escala que la legislación previa si hacemos la comparativa.

  8. Cuando los sindicatos nacieron los trabajadores no tenían nada que perder porque simplemente no tenían nada. La política aplicada desde mediados del siglo pasado cambió ese panorama. Ahora tienen algo unido a una montaña de deuda. Esto ha desactivado cualquier tipo de revolución. La gente hoy en día no quiere ningún paraíso sobre la tierra sino consumir lo que ve en los escaparates. Le importa un pimiento cómo le va la vida al que tiene al lado.

    Los políticos vieron la oportuna necesidad de tenerlos controlados y nada mejor que subvencionar con unos pocos millones su silencio. Realmente muchos beneficios invirtiendo poco dinero. Los sientas a cenar en un gran Ministerio y se piensan que representan a alguien, que son algo, pero en el fondo han tragado con las 52 reformas del Estatuto de trabajadores y todas las reformas laborales, sean del signo y del calibre que sean.

    Fueron importantes en una época, se dejaron la piel defendiendo los intereses de un colectivo, sin su labor la concentración de rentas sería hoy muchísimo más acusada. Pero los ciudadanos y trabajadores tendrán que crear otras estructuras que les defiendan u otras formas de defender sus intereses porque estos sindicatos no valen ya para nada. Y lo saben, por eso no hay huelga general. Si fuera el Gobierno les animaría a montarla porque de esa manera clavarían los últimos clavos de su ataud, se justificaría la retirada de subvenciones (no es necesario comprar ya paz social alguna de cara a los ciudadanos) y ya no los invitarían a cenar salvo para usarlos como monigotes y reírse de ellos. El fracaso de una huelga implicaría su definitivo hundimiento y animaría al Gobierno para seguir aplicándose hasta el final en su deconstrucción de todo el andamiaje que ha posibilitado la no generalización de situaciones de drama social y una concentración insultante de riqueza y poder decisorio en cuatro manos.

  9. Sr. Jozsvag y Sr Rallo

    Es la hora del empresario sin escrúpulos. Si yo fuera uno de ellos escogería su liberalismo como coartada teórica. La usaría para convencer a la gente de otra cosa mientras por otro lado me lleno los bolsillo (sí, puede que usted sea buena persona, coherente y quiera otra cosa pero siento decirle que el ser humano no es por lo general así “eso no es liberalismo” –diría usted, “yo no soy marxista” –también dijo Marx). Y lo mejor de todo, me los lleno legalmente explotando legalmente a alguien que voluntariamente pacta conmigo su situación de semiesclavitud. Si alguien estaba esperando es la hora de poner el dinero y crear empleo. Pero tengo algo más que decirle
    a ese tipo de empresario: que no se preocupe si piensa que esta situación va a cambiar a medio plazo porque por delante nos queda una larga época así en nuestro país. En el nuestro, en otros se cuenta y se piensa en otros parámetros, nadie es enemigo sino colaborador en la creación de riqueza, para ti, para él y para la sociedad. Aquí nos queda sufrir por delante 6 millones o más de parados, empobrecimiento general y sentimiento de humillación.

  10. Antonio,

    La idea tiene varios errores. Uno es pensar que por el hecho de que la productividad marginal de unos trabajadores sea cero dentro de una empresa, lo es también en el sistema económico. Mientras queden necesidades insatisfechas, y yo diría que las hay en grandes cantidades, su productividad no será cero. El otro es pensar que los trabajadores españoles compiten con los franceses o los alemanes; no es así, compiten (o dejan de competir) en la misma medida que los de Madrid y Móstoles o los de unos barrios de Madrid con otros barrios de Madrid. Es decir, ni dentro de un país ni fuera de él todas las relaciones económicas son de sustitutividad, muchas de ellas son de complementariedad.

  11. @juan

    Si los empresarios lo van a tener tan bien y tan fácil en España según usted… pues nada, todos a hacernos empresarios, mejor explotar que ser explotados…

    Pero la verdad es que, aunque no está prohibido ser empresario, ni es fácil, ni el chollo está garantizado.

    La realidad es que los empresarios preferirían tener que pagar pastones a los empleados porque el paro fuera bajísimo, ya que en esas circunstancias, con tanta gente trabajando y “funcionando” (consumiendo, ahorrando, invirtiendo…) ya que sus ventas no pararían de subir como la espuma, y sería mucho más fácil acertar casi con cualquier modelo de negocio.

  12. Josvazg

    No, todos recordamos aquello del “nivel de paro que no dispara la inflación”, se acuerda de la NAIRU, aunque el profesor Stiglitiz le hace una crítica razonable. Por otro lado si encuentras la posibilidad de sustituir el consumo interno por el foráneo no te importa que la gente de aquí se empobrezca, incluso le sacas partido. Hay muchas empresas que se han olvidado ya del consumidor español porque saben que sus productos no van a tener salida aquí porque este va a ser mucho más pobre en esta década.

    Antonio

    El Gobierno dice que pretende rectificar eso instaurando como derecho las 20 horas formativas y que no es causa de despido mandar a la calle a un trabajador que no sepa hacer una actividad para la que anteriormente no se le ha formado adecuadamente con el curso correspondiente. También que apuesta por la FP. Tan bonito como irreal. Es curioso que el empresario español no caiga en la cuenta de que le sale a cuenta (a medio plazo claro) implicarse en la formación de sus trabajadores, apostar por su participación activa en las decisiones de la empresa (cosa que sí hacen y muy bien los alemanes) y hacer lo posible para que estos concilien su trabajo con sus obligaciones familiares. Cuando la empresa se involucra los trabajadores responden, cuando la empresa no se ve a sí misma como un ente aislado de la sociedad ésta premia su implicación con una valoración creciente de su imagen. No siempre es así, lo sé, pero no estoy hablando de la evolución económica del Congo sino de un país para el que la Constitución o un contrato sirven para algo más que para ser usado como papel reciclado.

    Y resulta curioso que se subvencione la creación de empleo a sabiendas que ello implicará mayor rotación y que el empleo durará lo que duren estas subvenciones. Nuestros empresarios buscan la prima, la subvención, el seguir haciendo lo mismo de la misma manera, les importa bien poco prepararse para el futuro (lo hemos visto claro cuando ha estallado la crisis y se han roto todos los huevos puestos en la misma cesta). Y ahora quieren pagar menos pero no tener más capital para innovar u ofrecer mejores servicios y productos sino para seguir con la misma chalanería de antes.

    Lo cierto es que teniendo todo el dinero que tenemos dejamos escapar la mejor materia gris, no premiamos la excelencia, no implicamos a los trabajadores en la empresa ni procuramos formarles mejor a todos los niveles. Tampoco ganamos productividad con una rotación excesiva ni dejando en la estacada a los que tienen 31 años, ni provocando en los trabajadores que los largos años de trabajo no le han servido sino para una miserable indemnización o una cuantía de paro ridícula. Se promueve el subempleo, la economía informal, se da alas a la economía criminal que se nutre de los desplazados, se degradan los servicios públicos restando renta y motivación a las familias. Todo ello resta en la ecuación. Los trabajadores trabajarán más porque se les pone una pistola en el pecho pero no mejor, ni más motivados ni aportarán todo lo que saben que pueden aportar porque poco se les valora. El colmo es que el empresario pretende que lo den todo a cambio de nada. Menuda jeta, así nos va.

  13. Señor Rallo si algo hay claro en este mundo desde que existe el ser humano es la lucha de clases, eso para mi no tiene discusión y la historia está ahí, la pasada y la presente.

    A día de hoy vemos a policías pagados con los sueldos de los ciudadanos defendiendo el parlamente griego y los bancos de esos mismos ciudadanos.

    ¿Son de la misma clase social unos y otros?, muy amistosos tampoco parecen, desde luego parecen más bien en lucha por defender cada uno sus intereses, .., sus intereses individuales para lo que se unen con otras personas con sus mismos o parecidos intereses, .., su clase social.

    Si algo creo que habíamos conseguido en Europa occidental en la segunda mitad del siglo 20 fue el pasar de aquella lucha cruenta de clases hasta la segunda guerra mundial a un, “vale, vamos a intentar llegar a acuerdos”.

    En mi pueblo como en todos hay mineros, trabajadores de la siderurgia, pequeños empresarios, autónomos, funcionarios, ganaderos, en mi pueblo nacieron los fundadores del Corte Inglés y de Galerías Preciados…….de familias muy humildes por cierto. Pero ahora no les pidas que defiendan lo mismo que sus vecinos agricultores o albañiles, es lógico.

    ¿Los intereses de todas esas personas, y de todos los colectivos a los que pertenecieron en sus vidas personales o profesionales son los mismos?

    Por favor ¡

    Yo respeto por supuesto su opinión, pero no nos haga trampas intentando negar las diferencias de clases, usted defiende los intereses de la suya como por otra parte es lógico. Ahora bien, permítanos a los demás defender nuestros intereses también, ¿eso es la libertad no?

    Ustedes están intentando acabar con la conciencia de clase de los trabajadores, Tatcher en Inglaterra lo hizo con mucho éxito en los 80, parece que ustedes también lo están teniendo en España y en Europa actualmente, .., enhorabuena ¡¡

    Ahora bien, que de ahí salga algo positivo para el progreso de nuestras sociedades media un abismo

  14. En cuanto al funcionamiento de los sindicatos, …, pues si, estoy de acuerdo en que no funcionan como deberían, ni tampoco la patronal, ni los partidos politicos, ni nada en nuestro país. De hecho ¿funcionó alguna vez algo en el?

    ¿Por cierto que opináis de que te puedan despedir a pesar de estar enfermo y debidamente justificado?

    Los griegos y los romanos de “clase alta” estaban obligados a mantener a sus esclavos, ..,a ver si vamos a acabar envidiándolos, …, a los esclavos digo.

    un saludo

  15. Pues la verdad es que es así. Todo el mundo defiende sus intereses. Pero todos. No creamos que los demás defienden solo sus intereses egoístas, y que solo yo soy una persona bondadosa, que defiendo el Bien y la Justicia universal.

    Es cierto que los sindicatos defienden al trabajador de su jefe. No lo voy a negar. El problema es que lo defiende contra los intereses de los parados. Y como la propaganda de los sindicatos (y de la izquieda en general) es defender a los más débiles, se han cargado su propia imagen.

    Cuando en España teníamos un 5% de paro, los más débiles eran los trabajadores. Los parados eran 4 gatos, que no tenían capacidad ni de hacer ruido. Ahora, llevamos 3 décadas en las que casi nunca hemos bajado de los dos dígitos de tasa de paro, y es obvio quiénes son los más débiles. Y son tantos que se hacen oír. Sin embargo, los trabajadores, que ya no son los más débiles, siguen comportándose con la inercia de creerse tal y, por ello, merecedores de todo “derecho”. Aquí, quien gana 25.000€ al año, sigue considerándose un pobre “proletario”, cuando el sueldo medio en España es de 22.500€. Y eso sin meter en el cociente a los parados, que entrarían con 0€ en el divisor. ¿Cuánto sería el sueldo medio entonces? ¿16.000€? Pues eso significaría que el típico mileurista, del que se habla como si fuese un pobrecito infeliz, cobraría 1000€/mes por 14 pagas: 14.000€ al año. Cerca de esos 16.000 de media. O sea, un mileurista es clase media. Otra cosa es que él quiera verse como pobre y que quien gana 25.000€ no quiera verse como clase alta.

    Tenemos que darnos cuenta de que la sociedad se ha fragmentado mucho en estos 30 años y a los represantes populares cada vez les cuesta más contentar a grandes capas de población, pero seguimos comportándonos con la inercia del pasado, conforme a clichés que ya no son reales, como si nada hubiese cambiado.

  16. @Xel

    ¿Y como explicas tú que Tatcher en Inglaterra haya ganado más elecciones que ningún político antes de ella y haya durado más tiempo que nadie en poder (incluyendo a Tony Blair) si era tan mala con los pobrecitos obreros?

  17. Xel, fíjate si la lucha de clases tiene tan poca base que dices que todos luchamos por nuestros intereses (lo cual puede ser cierto), equiparando intereses con “intereses reduccionistamente monetarios” (lo cual es falso de todas todas). Tómame a mí como ejemplo: dices que yo también defiendo mis intereses. Tengo dos contratos, uno indefinido con una empresa y otro de colaboración con una universidad pública y, sin embargo, estoy defendiendo la rebaja del coste del despido (que afecta al personal indefinido) y reformas en la ley de acceso a la función pública para que se pueda echar a empleados públicos. ¿Qué intereses clasistas estoy defendiendo?

  18. Es cierto, usted es un idealista, muy idealista eh.

    Pero me imagino que usted como casi todo el mundo está rodeado en su entorno profesional por otras personas con sus mismos problemas e intereses, con su mismo estatus y eso a veces nos hace perder un poco el sentido de la realidad.
    Yo de crío oía todos los días varias veces las sirenas de Ensidesa marcando los turnos de trabajo, .., imagínese poder estar mirando por un agujero a 80000 personas en aquellos talleres, ¿no le cambiaría su concepto de la realidad social?. Pues nacer en una familia de trabajadores de la siderurgia con mucha conciencia de clase, con mucha ideología sindical no es lo mismo que nacer en una familia de pequeños empresarios o de abogados.

    Yo no miro despectivamente a nadie por su estatus social, tengo mucho respeto a todas las personas que con su esfuerzo salen adelante y son tan admirables los grandes empresarios como los trabajadores siempre que sean honestos.

    Simplemente pienso que la conciencia de clase es muy importante y posiblemente Marx tenía razón en que el motor de la historia es la lucha entre las diferentes clases sociales.
    Aunque a mi me gustaría que en vez de lucha fuese negociación.

    En cuanto a los sindicatos y a la patronal española, pues pienso lo mismo que con casi todo en nuestro país, el problema no son las instituciones que me parecen necesarias y en otros lugares parece que son útiles a la sociedad, el problema somos las personas, en este caso los españoles que somos un desastre.