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Introducción de ‘Los errores de la vieja Economía’

Publicado el 14 febrero 2012 por Juan Ramón Rallo

En 1959, veintitrés años después de que John Maynard Keynes publicara La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, el mejor divulgador de la ciencia económica en el s. XX, Henry Hazlitt, se quejaba en el prólogo de su nuevo libro de que no conocía “ni una sola obra que haya consistido en criticar La Teoría General capítulo por capítulo, o a un análisis del libro teorema por teorema”. A ello se dedicó con bastante éxito el propio Hazlitt en ese nuevo libro suyo que tituló Los errores de la nueva Economía: un análisis de las falacias keynesianas, publicado al español por Aguilar en 1961, hace ya 50 años.

En efecto, la ausencia de una crítica sistemática al libro de Keynes –probablemente el más influyente en la historia del pensamiento económico junto a La Riqueza de las Naciones de Adam Smith– resulta llamativa. En cierto modo, parecería reflejar una aceptación acrítica de las teorías keynesianas que, desde luego, no se produjo en una parte relevante de la profesión económica, la cual, no obstante, fue marchitándose al no ofrecer ninguna alternativa omnicomprensiva al paradigma keynesiano. Sí hubo críticas breves y dispersas, así como numerosas reformulaciones, pero ninguna se concentró en atacar la totalidad de la obra.

Probablemente, la persona que en aquel momento habría estado mejor posicionada –tanto académica como personalmente– para refutar La Teoría General habría sido el miembro de la Escuela Austriaca y futuro Premio Nobel Friedrich Hayek. El austriaco ya había refutado con solvencia el anterior gran libro de Keynes, El Tratado del Dinero, y conocía perfectamente todas las argucias que el inglés empleaba en su nueva obra; sin embargo, desistió de escribir una refutación sistemática tanto por su sentimiento de haber perdido el tiempo criticando un libro entero que Keynes había dejado oportunistamente de suscribir, cuanto porque el enfoque de La Teoría General le parecía incorrecto de raíz.

No fue, por consiguiente, hasta 1959 cuando Hazlitt, lector y admirador de Hayek, tomó el relevo en tan fundamental empresa. Pero en 1959, una refutación de este calibre llegaba demasiado tarde para una academia que ya había adaptado todos sus modelos económicos de acuerdo con gran parte de La Teoría General. Así, el libro de Hazlitt pasó del todo desapercibido, y la única refutación de Keynes provino de la llamada contrarrevolución monetarista, una escuela de pensamiento con raíces en parte keynesianas que, por consiguiente, no desmantelaban el paradigma, sino que sólo lo pulían de sus fallos más evidentes.

Desde el libro de Hazlitt en 1959, no me consta la publicación de ninguna otra obra –más allá de recopilaciones de artículos de distintos autores– dedicada a analizar y a refutar paso a paso el contenido de La Teoría General. O dicho de otro modo, pese a que desde 1959 la ciencia económica ha avanzado muchísimo, no existe ningún libro que presente una crítica actualizada al pensamiento keynesiano. Y ello pese a que las ideas de Keynes siguen estando tremendamente presentes en nuestras sociedades, especialmente tras el estallido de la Gran Recesión en 2008, la cual llevó a multitud de políticos y economistas a reciclar el recetario del inglés.

Este 2011, se cumplen 75 años de la publicación de La Teoría General, motivo por el cual se impone un replanteamiento amplio de las aportaciones de este libro clave. Mas, después de tres cuartos de siglo, ya no puede afirmarse que uno vaya a refutar ninguna nueva Economía, como sí hizo Hazlitt en su momento; ahora, el pensamiento keynesiano forma parte indisociable de la corriente académica mayoritaria, por lo que mis ataques van dirigidos más bien contra una vieja Economía que, pese a las apariencias, no ofrece ni mucho menos soluciones a los problemas que estamos padeciendo.

Mi formación es la propia de un economista de la Escuela Austriaca, de modo que voy a proceder a criticar a Keynes haciendo uso de las teorías más refinadas dentro de este paradigma. Por ello, cuando me refiera a la “tradición económica anterior a Keynes” o a los “economistas clásicos” lo haré en el mismo sentido en que lo hace el inglés en su obra: estaré apelando a la teoría económica más avanzada y refinada previa a La Teoría General. La diferencia estará en que, como Keynes nunca entendió las aportaciones seminales de la Escuela Austriaca, él consideraba que la teoría económica clásica alcanzó su estadio más elevado en las plumas de Alfred Marshall y Arthur Cecil Pigou. Nosotros, en cambio, incluiremos dentro de estos términos genéricos e inexactos (pero usados recurrentemente por Keynes) a los mejores teoremas desarrollados por la Escuela Austriaca (de Carl Menger, Eugen Böhm Bawerk, Ludwig von Mises o Friedrich Hayek) y por la Escuela Clásica (Adam Smith, David Ricardo, Jean Baptiste Say y John Stuart Mill) antes de 1936.

Mi objetivo es simple y llanamente hacer una exposición lo más justa y fidedigna posible de La Teoría General para proceder, acto seguido, a su refutación. Salvo excepciones muy puntuales, ni pretendo analizar y criticar las obras anteriores de Keynes ni tampoco los desarrollos teóricos ulteriores que se han edificado sobre la obra del inglés. De ahí que también haya optado por omitir prácticamente todas las citas y referencias bibliográficas para no desviar la atención del lector desde lo esencial –los argumentos de Keynes y de la Escuela Austriaca– a lo accesorio –las fuentes concretas de cada una de las ideas planteadas–. En las próximas páginas, pues, encontrará una exposición cruda del paradigma keynesiano según aparece en La Teoría General y de la alternativa planteada al mismo por la Escuela Austriaca. Con todo, el lector interesado sí podrá hallar al final de la obra una relación bibliográfica con la que profundizar en muchas de las teorías aquí presentadas. Así las cosas, salvo alguna excepción claramente señalizada, cuando en este libro haga llamadas a números de página cabrá entender que se refieren al paginado de la primera edición de La Teoría General, donde podrá encontrarse la fuente original de las ideas del inglés que en ese momento se estén analizando.

Aprovecho la ocasión para agradecer al profesor Jesús Huerta de Soto, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, su prólogo y a David Sanz Bas, doctor en Economía y autor de una excelente tesis doctoral donde analiza el debate del período de Entreguerras entre Hayek y Keynes, su epílogo.

Espero que, al concluir este libro, el lector sea capaz no sólo de conocer por qué Keynes se equivocaba, sino también por qué él pensaba estar en lo cierto; de hecho, considero que una parte de mi libro –la meramente expositiva del pensamiento de Keynes– podría emplearse como guía para la comprensión de La Teoría General. Nada me gustaría menos que transmitir la impresión de que he tergiversado las ideas de Keynes y de que, por tanto, todo el esfuerzo crítico que he invertido en refutarlas se ha dirigido en realidad contra un muñeco de paja.

21 Comentarios para este artículo.

  1. Àlex Bové Díez Says:

    Profesor,

    Estoy convencido de que ésta va a ser una obra de referencia para los austríacos y esperemos que para los no tan austríacos.

    Un abrazo desde Barcelona,
    Àlex

  2. Jordi Franch Parella Says:

    No incluiría a Jean Baptiste Say en la Escuela Clásica, aunque sí a Thomas Robert Malthus.
    El primero pertenece a una rica tradición continental, en bastantes aspectos protoaustriaca.

  3. Rafa Says:

    Traducción al inglés, ya!

  4. Juan Ramón Rallo Says:

    Lo intentaré, sin duda.

  5. GRN Says:

    Y al chino tampoco vendría mal, ¿no?

  6. Xel Says:

    Parece que su libro puede ser muy interesante para que un nuevo aficionado a intentar entender la economía como yo tenga una buena visión de las que, corríjame si me equivoco, son las 3 escuelas de pensamiento económico predominantes del siglo 20.

    ¿Donde puedo comprar la versión digital?

    ¿Antes de leer su libro debería de leer alguno similar que se hubiera escrito sobre los clásicos y los neoclásicos para empezar la casa por los cimientos y tener una base sólida?. ¿Cual me aconsejaría?.

    Tengo lo que para usted va a ser un problema, de todo lo que ley o intenté leer, (como El Capital de adolescente), y que fue casi todo por internet donde al final siempre acabas abrumado por la cantidad de información, lo que más me atrae precisamente es Marx.

    ¿Debo primero acabar de decantarme por Marx o el marginalismo antes de empezar con su libro?

    Un saludo y suerte con su libro

    PD – Creo que debería de haber alguna asignatura obligatoria de economía y de derecho en la educación secundaria.

  7. Xel Says:

    @GNR

    Al consejo de administración de la mayor empresa del mundo, el Partido Comunista Chino, no creo que le hiciera mucha gracia un libro así, dudo mucho que permitiesen leerlo a sus trabajadores, :)

  8. Juan Ramón Rallo Says:

    Hola Xel,

    Creo que al comienzo no saldrá en versión digital, aunque indagaré sobre el asunto.

    Sobre qué libro leer criticando a los clásicos y a los neoclásicos, no creo que sea necesario. Más que nada porque los neoclasicos, en su acepción actual, surgen de la síntesis de las teorías de Keynes con los partidarios del equilibrio general, y eso es obviamente posterior a La Teoría General. Y si quieres un libro que critique con saña la economía clásica, la propia Teoría General es un intento (fallido, a mi juicio) de ello.

    Lo que sí leería es, por ejemplo, mi anterior libro “El liberalismo no es pecado”. Este de “Los errores de la vieja Economía” puede ser algo denso en algunas partes sin previamente haber comprendido bien todas las derivadas del marginalismo.

  9. El osito Teddy Says:

    ¡Traducción al sindarin, ya!

  10. GRN Says:

    Xel, no subestime a quien ha sacado a 500 millones de personas de la pobreza en tiempo record, y como es lógico, a base de capitalizar ahorro.
    Creo que el libro del profesor Huerta de Soto, fue o está siendo traducido al chino.

  11. Xel Says:

    La versión digital sería sin duda muy interesante para los que no vivimos en España y seguramente para usted como autor, llegaría a mucha más gente evidentemente.

    De todas formas seguiré su consejo y empezaré por “El liberalismo no es pecado”.

    @GNR

    Lo decía medio en broma medio en serio por el tema de la censura. Imagínate que para permitir la publicación de un libro de Huerta de Soto se junten en una sala y vean alguna de sus clases sobre Marx………

  12. GRN Says:

    Sí, sí, le pillé el tono (a veces la frialdad de comunicarse por texto sin conocerse tiene estos matises) pero no quería dejar de aportar el dato.

    Sin duda dirían: Oh Dios mío! Así que eso lo que había detrás de Marx? Maldita sea, y como Mao pudo hacer caso de esa… Aaaaah ya, mira por donde iba nuestro querido Mao. Menos mal que…
    (Todo esto son suposiciones mías, eh?)

  13. Carla Says:

    Hola profe:

    Su libro parece muy interesante, por favor que llegue a Chile, ya que mi país, carece mucho del estudio de la Escuela Austriaca, para mi mala suerte.

    Saludos profe :D

  14. BlindSmile Says:

    Me iba a esperar a una posible versión digital, pero al final me he animado a adquirirlo físicamente en Unión Editorial. Viendo que está disponible a partir de hoy, supongo que hoy mismo me lo enviarán :D

    Saludos,

  15. Richard Salvatierra Says:

    Estimado Xel:

    En referencia a libros y autores que diluciden tu ansia de aprender acerca de la escuela asutríaca de economía te sugiero leas los siguientes libros:

    1.- Camino de Servidumbre – Friedrich Hayek
    2.- Lo que se ve y no se ve – Frederic Bastiat
    3.- El Estado – Frederic Bastiat
    4.- La Economía de la Corrupción – Enrique Ghersi
    5.- La Ley – Frederic Bastiat
    6.- El Otro Sendero – Hernando de Soto
    7.- Yo, el lápiz – Leonard Read
    8.- Good to Great – Jim

    Muchos éxitos.

    escribe si gustas richard.salvatierra (at) hotmail.com

  16. ignoranteasies Says:

    y, humildemente pregunto a vosotros, eruditos…¿Y para que ha servido tanta escuela?, si al final se llega a donde los poderosos, y no son precisamente quienes generan las teorías, sino aquellos que las dominan y las utilizan, aquellos que hacen y deshacen teorias a su libre albredio. Hoy el capitalismo de keynes está caduco, pues ya vereis cómo lo transformarán en algo que seguro no facilitará las cosas a quienes no poseen nada. Yo siempre lo dije las teorias sirven para bien poco, cuando un pueblo se muere de hambre. En todo caso sirven legalmente a algunos a aprovecharse de muchos otros.

  17. farrulugo Says:

    el libro es muy denso,se hace algo pesado,sobre todo si tenemos unos conomcimientos muy elementales de economia,como es mi caso.pero se entiende bien.a mi me lo regalo el profesor Miguel Anxo Bastos Boubeta.
    un amigo mio q esta haciendo el doctorado en economia dejo de ser keynesiano cuando lo leyo.
    supongo q ue sera similar al del profesor Rallo:los errores de la nueva ciencia economica.

  18. farrulugo Says:

    yo a xel,le recomendaria,tb:
    la economia en una leccion de hazlitt.
    La accion humana de mises
    Hombre economia y estado de rothbard
    monarquia, democracia y orden natural de hoppe(este es rancisimo)
    liberalismo de salin

  19. cooperativism.net Says:

    La empresa, en la era pre crisis está asociada con poder, control, arrogancia, cabildeo y lograr ganancias para los socios por encima de todas las consideraciones, yo prefiero llamar sociedad a la entidad productora de bienes y servicios cuyo objetivo es el bienestar de sus trabajadores a los que prefiero llamar asociados o colaboradores.

    La empresa en la era industrial era principalmente capitalista o sea que el capital compra el trabajo, mientras que en mi idea de sociedad es el trabajo que consigue el capital. Es muy común que los emprendedores comiencen por preocuparse por el capital para comenzar, tanto para comprar el trabajo de sus empleados, como por los altos costos exigidos por el gobierno para un start up.

    Pero una sociedad puede comenzar consiguiendo colaboradores por internet y comenzar desde sus casas y luego que el trabajo les dé el dinero, porque si consiguen inversionistas, de acuerdo a las reglas comúnmente aceptadas, son los inversionistas los que determinan la política de la empresa y la su interés es generar la mayor cantidad de utilidades para ellos, es por eso que Steve Jobs fue despedido de Apple, pero tuvieron que reincorporarlo porque no es el capital el que hace crecer la empresa sino el trabajo.

    Porque eso de comenzar con deudas, apostando y perdiendo los bienes familiares o financiándose para estar bajo el control de inversionistas, no, no, no. eso jamás, olvídense si creen que eso es de lo que se trata emprender y tener éxito, tiene que valorarse uno y no salir a venderse, porque se lo van a tragar los codiciosos capitalistas.

  20. Bastiat Says:

    cooperativism.net… nos has apabullado en muy poco tiempo… y voy a ser yo el que rompa el hielo.

    Y lo hago en relación a este último “post” que realmente me parece un poco desacertado.

    Las empresas, en cualquier circunstancia, están orientadas al beneficio. Eso en si ni es bueno ni es malo, ya que aquella empresa que no logra un beneficio quiebra y el capital y los trabajadores dejan de estar unidos por el fracaso del proyecto. Lo que desde aquí defendemos es que en la medida de que el Estado se arrogue tantas competencias, las empresas, los empresarios, y, en cierta forma también los trabajadores de las mismas, intentaran cabildear para ganarse el favor del político de manera que obtengan situaciones de favor por encima de sus competidores. No es un fallo del concepto de empresa sino es una perversión de un sistema basado en el Estado Grande.

    La empresa, por tanto, siempre será una parte de capital y otra de trabajo. La cantidad de uno y la cantidad y calidad de otro determinará en el tiempo su éxito y su trabajo. Cierto es que si una empresa surge cargada ya de deudas porque se ha necesitado inversionistas que prestan su dinero a cambio de un interés y el funcionamiento de esa empresa no satisface esas deudas es evidente que el proyecto fracasa. Y m as si el Estado Grande se empeña en poner todas las trabas habidas y por haber para cercenar el emprendimiento.

    Pero la alternativa que Ud. nos propone, tan legítima como la … habitual, no escapa de ese esquema, únicamente parte desde una posición menor y gracias a las capacidades de los individuos que la forman logran el éxito… o no. Y en el caso que nos cuenta, el de Steve Jobs primero, no, nunca nadie dice que sea el capital el que haga crecer la empresa, pero sin capital no hay empresa, y segundo no es el trabajo el que la hizo crecer, sino el trabajo de Steve Jobs, que no es lo mismo. De hecho, puede ocurrir que en el momento en el que ha desaparecido definitivamente el Sr. Jobs dicha empresa pierda el rumbo porque si bien el capital es imprescindible, el talento para administrarlo y los frutos que de esa administración se saque sí es definitorio a la hora de los resultados… que no son otros que el beneficio.

    Por cierto… en cualquier momento puede Ud. trabajar a pérdida, pero no por mucho tiempo.

  21. cooperativism.net Says:

    Gracuas bastiat por tu atención, acá va otra colaboración:

    ¿Poniendo la atención en lo que no queremos nos va a dar lo que sí queremos?

    Todos estamos fijándonos en los errores del sistema sociopolítico, la corrupción, la injusticia y todas las políticas erradas y el sufrimiento del pueblo en consecuencia. Pero no por ver los aspectos errados se van a corregir, es bueno saber dónde está la falla, pero tenemos que tener la visión de lo que queremos crear.

    Que el sistema tal como lo conocemos, se está derrumbando es un hecho innegable, lo que hay que resolver es ¿con qué lo vamos a reemplazar? La respuesta está en la participación universal.

    La era del caudillismo y partidismo ha finalizado, la TIC (tecnología de la comunicación e información) o sea Internet 2.0 está acá oportunamente como herramienta para la consulta universal.

    Basta de líderes egocéntricos que nos salven, necesitamos soluciones consensuadas, la salvación está en nosotros mismos y tenemos que desarrollar un sistema sociopolítico del pueblo, para el pueblo y por el pueblo y eso solo se puede lograr con la madurez política de todos.

    Basta de seguir opiniones de especialistas que nos leen un futuro que nunca sucede, la pérdida de la autoconfianza por el marginamiento y la exclusión ha permitido el surgimiento de tales falsos profetas, ¿Somos verdaderamente tan ingenuos cómo para esperar nuevos salvadores?

    Cada individuo tiene que ponerse a pensar y aportar soluciones, no pueden esperar que otros lo hagan por uno, porque eso ha dado lugar a la pérdida del poder del pueblo, así que a pensar y proponer soluciones que puedan ser debatidas, desarrolladas y mejoradas por todos para luego ser votadas y aplicadas.

    Tenemos que seguir investigando los errores del sistema, pero es para saber lo que no queremos y poder pensar en lo que sí queremos, concentrémonos en las soluciones no tanto en los problemas, acabar con el sistema sin reemplazarlo por uno sostenible, solo es llamar al caos, a la violencia y al desastre total.

    La caza de brujas de los culpables no va a arreglar nada de por sí, no se pueden disculpar las conductas insolidarias de los administradores públicos, pero hay que reconocer que los culpables somos todos, que hemos permitido negligentemente el desarrollo de este sistema, retrayéndonos de nuestra obligación de participar en las decisiones colectivas y permitir que se nos marginen de estas.

    Siempre ha habido gente dispuesta a aprovecharse de nuestra pereza mental y negligencia, pues hemos dejado que otros se hagan cargo de nuestros problemas colectivos, bueno ya es hora que nos despertemos, sacudamos nuestro letargo, dejemos el zombi-ismo y pongamos manos a la obra en la reconstrucción.

    Alemania después de la guerra estaba peor que nosotros ahora y estamos pidiéndoles ayuda, eso demuestra el poder de un pueblo decidido y trabajador que ama la calidad y desprecia la negligencia, tomemos pues la iniciativa porque el problema es de todos, no solo de unos cuantos.

    Cambios siempre se han dado en la continua evolución de la civilización, la forma en que se dan depende de los individuos del momento, si se rehúsan al cambio provienen las guerras y revoluciones, estas obligan a reflexionar y a hacer lo que podrían haber hecho por las buenas.

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  1. Juan Ramón Rallo, profesor de ISEAD Business School, publica el libro “Los errores de la vieja economía” « Blog ISEAD dice:

    [...] http://juanramonrallo.com/14/02/2012/introduccion-de-los-errores-de-la-vieja-economia/ [...]

  2. Introducción de ‘Los errores de la vieja Economía’ | Capitalismo dice:

    [...] Publicado el 14 febrero 2012 por Juan Ramón Rallo [...]

  3. Alejandro Muyshondt - La redención marxista, el Apocalipsis Socialista y la escatología comunista – Pablo Martín Pozzoni dice:

    [...] Los errores de la vieja economía de Juan Ramón Rallo [...]

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