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Categorizado | Libre Mercado

Desconfianza absoluta

Publicado el 11 mayo 2012 por Juan Ramón Rallo

Aunque bastaría con señalar a los mínimos del Ibex o a los máximos de nuestra prima de riesgo para constatar la enorme desconfianza que existe en torno a la economía española, hay otros dos que ilustran tal vez con mayor crudeza las crecientes dudas que los ahorradores nacionales y extranjeros albergan sobre ella y los devastadores efectos que éstas conllevan.

El primero se refiere a la tenencia de deuda pública española en manos foráneas: en el último año, esta cifra se ha desplomado desde los 286.000 millones de euros (el 52% del total) hasta los 219.000 millones (el 37% del total). El segundo, la evolución del saldo deudor de nuestro sistema financiero con el resto del Eurosistema: en los últimos doce meses, la deuda viva de nuestras entidades con el resto de las europeas ha pasado de 43.000 millones de euros a más de 300.000 millones, lo que indica una importante salida de capitales de nuestro país con la consiguiente provisión compensatoria de liquidez del BCE para evitar el colapso. En suma, los extranjeros no quieren nuestra deuda y los nacionales sacan su dinero del país, lo que lleva a nuestros bancos a pedírselo prestado a Draghi, el único suficientemente osado como para extendernos crédito.

Pocos disputarán que una economía que se enfrente a semejante estrangulamiento financiero lo tendrá muy complicado para crecer y generar riqueza. No ya, que también, porque quienes deban prorrogar los vencimientos de su deuda se enfrenten de continuo a una permanente amenaza de suspensión de pagos, sino porque las nuevas inversiones que este país necesita para transformar su equipo productivo no llegan a materializarse.

En este sentido, son legión quienes propugnan que la solución a todos nuestros problemas provendría de que el BCE fuera todavía más generoso en su provisión de liquidez. Olvidan tales voces el muy básico adagio de “se puede llevar el caballo al río pero no se le puede obligar a beber”. El crédito que el instituto emisor concede a nuestros bancos les servirá para refinanciar sus deudas, pero es más que improbable que, en el actual clima de desconfianza, se dediquen a canalizar esa liquidez a prorrogar los vencimientos de deuda del sector privado: simplemente, para los bancos es mucho más seguro tener el dinero en caja o invertido en deuda pública (sobre todo alemana) que inmovilizarlo en una economía como la española. Y no hablemos ya, claro, de que esa liquidez extraordinaria procedente del BCE se termine convirtiendo en las inversiones productivas que tanto necesitamos: si el capital está incómodo dentro de España, pocos serán los empresarios que quieran endeudarse para invertir dentro de nuestras fronteras.

Mas, ¿de dónde surge tamaña desconfianza hacia nuestra nación? Los hay que responsabilizan a la austeridad teutona: como no gastamos, no crecemos y si no crecemos nadie quiere invertir en nuestro país. Miope observación que desconoce que, de ser ese el obstáculo, bien podrían crearse nuevas firmas en España para vender allende nuestros lindes. La problemática es muy otra: nuestro sector financiero y nuestro sector público no han completado su saneamiento, y mientras tal incógnita siga sin despejarse, el riesgo cierto de suspender pagos y vernos forzados a salir del euro seguirá muy presente entre los inversores. Difícil reprocharles, salvo por un patrioterismo suicida muy mal entendido, que, entretanto los riesgos que perciben no se hayan despejado, pongan a buen recaudo sus ahorros de toda una vida, es decir, bien lejos del Reino de España.

De ahí, claro, que una reforma financiera y una consolidación presupuestaria bien pergeñadas sean de vital importancia para nuestra recuperación. Sin ellas, nuestro sistema económico no atraerá capital y se irá desangrando poco a poco por los agujeros que nos legó la burbuja inmobiliaria y que no van siendo llenados por una nueva generación de riqueza. Quienes insisten en que necesitamos políticas de crecimiento, asimilando éstas a más gasto público deficitario, parecen obviar que estamos al borde del abismo no por la insuficiencia de deuda, sino por un exceso que muchos juzgan impagable. La realidad es la contraria: no existe disyuntiva entre austeridad y crecimiento, pues, en un país tan potencialmente insolvente como el nuestro, la primera es condición sine qua non del segundo.

Y de ahí, también, que las previsiones que acaba de publicar Bruselas sobre nuestro déficit en 2012 y 2013 sean desoladoras. No ya porque un déficit del 6,4% para este año y del 6,3% para 2013 supongan un flagrante e inadmisible incumplimiento de nuestros compromisos con la Comisión Europea, sino porque la imagen que transmiten estas cifras es que nuestro ya insoportable ritmo de endeudamiento público es un problema absolutamente enquistado en la estructura de un Estado que ningún partido político español tiene la más mínima voluntad de reformar.

Si esta es la opinión que los cuates europeos tienen de los ajustes de Rajoy, imagínense cuál será la de los operadores de mercado que no se andan ni con medias tintas ni con componendas. Acaso así se entienda mejor por qué el capital no fluye hacia España y por qué los ajustes aprobados hasta la fecha por el PP son del todo insuficientes para enderezar el rumbo de las finanzas públicas: máxime cuando, en realidad, tales ajustes han recaído en su práctica totalidad sobre un asfixiado y debilitado sector privado y no sobre un mórbido, hipertrofiado e ineficiente sector público.

O rectificamos o nos vamos al hoyo. La crítica coyuntura en la que se encuentra España no reclama políticas estatistas e izquierdistas como las aplicadas por Zapatero y proseguidas por Rajoy, sino auténticas y profundas reformas liberales que permitan convencer a los ahorradores nacionales y extranjeros de que nuestro país, pese a su gravosísimo endeudamiento público y privado, es un destino seguro, serio y rentable en el que hacer negocios. Es decir, lo que necesitamos es liberalizar sin ambages el sector privado y adelgazar con contundencia el sector público.

10 Comentarios para este artículo.

  1. josvazg Says:

    Está claro, !abrochense los cinturones…. vamos a quebrar!

    Dos cuestiones.

    - Una la libertad del capital para salir del país es relativa. Solo el gran capital conoce o tiene acceso a salir en grandes cantidades y de manera rápida y segura (sin colchones de por medio)

    - Y la otra. ¿Por cuantos años se multiplica la salida de la crisis tras la quiebra?
    Yo apuesto que, sin quiebra podríamos estar recuperados más o menos bien para 2015 o 2017.
    Tras la quiebra… ¿podemos convertirnos en una Argentina 2.0 y pensar en 5-6 decadas de miseria constante?

  2. Juan Ramón Rallo Says:

    1) Puedes sacar el capital comprando deuda pública (o un ETF de deuda pública) de cualquier país solvente (EEUU o Alemania).
    2) Con quiebra y salida del euro probablemente experimentemos una cierta recuperación rápida en sectores de muy bajo valor añadido (como Argentina) para vivir episodios inflacionistas y de crecimiento del Estado que degenerarán en nuevas crisis y robos generalizados.

  3. Kaly Says:

    Quisiera preguntarle, la globalización de mercados, en las que hay tantas diferencias entre economías, derechos laborales, salarios , etc, es posible que aguante en el tiempo? Quisiera saber su opinión al respecto. Gracias de antemano.

  4. josvazg Says:

    Profesor,

    ¿Como de solventes son en realidad EEUU y Alemania a medio o largo plazo?
    (A corto si lo son)
    EEUU tiene mucha deuda, y corre el peligro en un lustro o dos de cansar a todo el mundo y que su demandado dolar deje de ser la monedad de referencia. En Learn Liberty (ese IJM americano) explican muy bien que NO tienen para pagar todos los compromisos:
    http://www.youtube.com/watch?v=p0RkWqyn1y4
    http://www.learnliberty.org/content/how-big-us-debt

    A que plazo se considera EEUU “solvente”

    Y sobre Alemania, ¿no corre el riesgo de que la hundamos entre todos también a medio largo plazo?

  5. Francisco Says:

    Saludos, esto es todo un montaje de políticos corruptos y banqueros, la crisis durará todo lo que ellos quieran y según los intereses de los mercados, el dinero como el principio de conservación de la energía ni se crea ni se destruye se transforma, o sea el dinero no desaparece cambia de manos, menos para la clase media, más para políticos y banqueros (los nuevos ricos. Yo no tengo porqué pagar los vicios de unos pocos (España es un país que lleva 30 años viviendo de subvenciones al campo, agricultura, minería, eso si que es insostenible), pero claro son votos para el gobierno de turno, que prefiere cargar contra el funcionariado, y ojo me refiero a funcionarios de carrera con oposición y pertenecientes a cuerpos estatales (docentes, policía, sanitarios, etc) no a empleados públicos metidos a dedo, amiguísimos y demás chupópteros. Mi paga extra de Navidad no va para saldar una deuda que no es mía, va para mantener la nómina de esos empleados públicos que repito sin oposición y metidos a dedo, o para perpetuar unas subvenciones al agricultor de turno que se enriquece día a día, o para sostener un colectivo de privilegiados como los mineros,asociaciones, lobbys, etc….
    ¿y creen que recortando sueldo y derechos a funcionarios que no tenemos nada que ver con esto, se arregla la crisis? vamos listos, ninguna de estas medidas ha creado un sólo puesto de trabajo, y seguirá sin crearlo, porque señores que se les meta en la cabeza en este país la juventud no quiere trabajar, si así como suena, sólo quieren pagas y subvenciones y partidos políticos que lo consientan. Un ejemplo ilustrativo y real porque fui testigo directo, en un instituto de secundaria el conserje le pregunta a un chaval de 14 años ¿oye chaval tu antes no usabas gafas? respuesta del chaval: “Sí, pero dice mi madre que no me las ponga a ver si así me dan una paga” no hace falta decir más.

  6. Juan Ramón Rallo Says:

    Francisco,

    Partes de un error básico: por supuesto que el dinero se crea y se destruye, y en enormes cantidades.

  7. aversiahora Says:

    Una de las cosas más difícil de entender (y, por tanto, más difíciles de explicar) que tiene la economía es cómo se crea y se destruye el dinero. ¡Madre mía! Y es la piedra Rosetta de todo.

    Por aquí se ha hablado muchas veces de la reserva fraccionada de los bancos, del descalce de plazos o del dinero fiduciario. Se ha hablado del patrón oro y del respaldo que todo dinero debería tener. Lo cierto es que todo dinero creado tiene un respaldo, lo que pasa es que, muchas veces, el respaldo del dinero creado es… riqueza aún no creada, pero que se creará. ¡Hala! ¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo se va a crear dinero sin haber respaldo ya real, contante y sonante? Pues ese es el concepto del crédito concedido conforme a todo lo anterior: reserva fraccionada, descalce de plazos, sin patrón oro…

    Por cada 10€ que alguien ingresa en un banco, un banco presta 100. Se acaban de crear 90.

    Nosotros hemos creado un montón de dinero con respaldo de una riqueza por venir que no ha venido: por ejemplo, el “ladrillo”. Hemos creado un montón de dinero con respaldo del precio de venta futuro de unas casas que ya no valen ni la mitad. ¿Por qué? Pues porque así como la mayoría social pagaba cada vez más dinero por un piso, llegó un momento en que esa misma mayoría decidió que un piso no podía valer tanto. Y con esa decisión colectiva, sin que nadie tocase ninguna clavija, un montón de riqueza se destruyó. Como Matrix. O más clásico aún (¡por supuesto que Matrix es un clásico intemporal! jeje), como “El traje del Emperador”. De repente, todos vieron que el Emperador estaba desnudo.

    El problema es el dinero creado con ese respaldo que no se va a materializar. Ya se ha metido en el sistema. Ya lo hemos gastado. Ya lo hemos cobrado. Ya lo hemos ahorrado. Y ya no existe, al menos, un porcentaje importante.

    Ahora, o inventamos otra forma de crear riqueza que permita compensar la que no se ha materializado, o nos empobrecemos vete a saber cuánto.

    Nuestro dinero se parece mucho a la bolsa. Imaginad que cobráis vuestro sueldo en acciones. Si la bolsa se desploma, vuestras acciones valen menos y sois más pobres: he cobrado 2000€ en acciones, he canjeado por dinero el equivalente a 1500€, y el equivalente a 500€ lo he ahorrado. En 1 año tengo ahorrados 6000€. Si la bolsa se hunde la mitad, lo gastado, gastado está, pero lo ahorrado vale 3000€. Y mi sueldo, siendo el mismo número de acciones que antes, ya no será de 2000€, será de 1000.

    ¿Por qué tenemos este sistema monetario entonces? Ahí ya entramos en cuestiones sociológicas. Nosotros ahora nos quejamos del dinero que se destruye tan rápidamente, pero cuando se creaba igual de rápido, qué contentos estábamos. ¡Qué chachis éramos! ¡Qué bien nos llevábamos! ¡Cuántos funcionarios había y qué útiles todos! ¡Cómo molaban los AVES y las autopistas por todas partes! ¡Qué bien controlaban al poder los periodistas! ¡Y qué multiculturales éramos con tantos inmigrantes! ¡Qué guay era eso de Europa! ¡Y qué guay irse de vacaciones al extranjero en vez de al pueblo de los abuelos!

    Cuando un país no es capaz de crear un modelo social estable, poder crear un montón de riqueza casi de inmediato solventa muchas tensiones. O las aplaza. Pues, si no inventamos otra forma de crecer de verdad (u otra burbuja), el pazo ha vencido.

  8. Francisco Says:

    Saludos, gracias por responder, pero eso suena todo a teoría, y la realidad, bueno como dice el dicho: “teoría es cuando todo se sabe y nada funciona y práctica es cuando todo funciona y no se sabe porqué” y bien si el dinero se crea y se destruye, ahora diré lo que opina la vox pópuli: señores hagan más dinero,o creen nuevas formas de generar riqueza, claro con el euro esto no es posible, pero con la peseta sí, y no me digan que no se pueden hacer porque todos sabemos que EEUU lo lleva décadas haciendo fabricando más dinero con la reserva federal, ¿Qué es hacer trampa, sí y quien se va a oponer a ello? otro asunto es que parece que los expertos economistas no saben resolver el problema de la crisis mundial; si en España necesitamos generar riqueza, plusvalía, bienes con los que comerciar, etc, etc, díganme ustedes que empresas hay que crear, en que sectores, que mano de obra especializada se necesita, que productos vender, en que mercados, son todos interrogantes que ningún experto se atreve a responder, ¿tan díficil es? va a resultar que ya no sólo sobran políticos ineficaces , también sobran supuestos expertos, asesores, economistas, y demás charlatanes que dicen saber mucho pero nadie da la solución, que por otro lado ya sabemos que no es fácil, pero para eso están los expertos en economía que asesoran a políticos o si no como ustedes dicen no son rentables tampoco, y aquello que no es sostenible o rentable… ya me entienden.
    Para ilustrar esto, un compañero mío estaba estudiando matemáticas en la facultad y publicaban una revista especializada, pues bien allí se decía que la mayoría de los cálculos matemáticos de ciertas especialidades universitarias se utilizaban como criba habida cuenta de la dificultad que presentan para la mayoría de los estudiantes, y que en realidad no son necesarios para entender como funciona la economía y el mundo empresarial, si hasta Mario Conde lo dijo una vez, llevar una multinacional es como llevar una churrería, sólo que con más gente, hay una regla muy simple, los beneficios tienen que superar a los gastos y siempre jugar con dinero real, no con dinero ficticio que es lo que ha estado pasando a mi entender en estos tiempos, saludos a todos y sin acritud.

  9. Juan Ramón Rallo Says:

    Es que confundes hacer más dinero con crear más formas de riqueza. La riqueza son los bienes de consumo o de capital que necesitamos, el dinero un simple trozo de papel o un apunte contable.

  10. Manuel Álvarez Says:

    A Francisco,

    Creo que no tienes claro a qué se dedica un economista.

    Un economista no crea empresas, sectores, actividades, procesos, productos… ni lo hace, ni lo hará. Quien se dedica a esos menesteres se llama EMPRESARIO. Y son nada más y nada menos que ciudadanos que se han dado cuenta cómo satisfacer unas necesidades insatisfechas de sus vecinos y se han puesto manos a la obra.

    El economista es el que estudia todo eso, cómo se transmite la información económica, cuales es el escenario más favorable para que los empresarios actúen, cómo se distribuye más riqueza entre los ciudadanos… un economista no crea empresas igual que un psicólogo no crea inteligencia.

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