Cinco malas críticas a la teoría subjetiva del valor

Nuestro comentarista Xel plantea diversas objeciones a la teoría subjetiva del valor (TSV) que a continuación me encargo de resumir y responder.

La utilidad marginal no existe porque no puede hacerse la derivada matemática de algo ordinal

Este es un punto de confusión en el que suelen caer los críticos de la TSV cegados por su propia creación de muñecos de paja no entienden: si estamos diciendo que la utilidad es ordinal, ¿cómo se va a realizar una derivada de una escala ordinal? Tiene tan poco sentido hablar de utilidad marginal como, por ejemplo, de amor marginal.

El error es doble. Lo primero y esencial es que los defensores de la teoría subjetiva del valor quieren expresar por “marginal” la utilidad que el agente deriva de una unidad adicional de un bien: se la podría llamar también “utilidad de la última unidad adicional”. Y esto, como vemos, es algo perfectamente cognoscible: si tengo cinco manzanas, la utilidad marginal se refiere a la utilidad que tendría ganar una sexta manzana. ¿Es la utilidad de la sexta manzana más o menos valiosa que la utilidad de la tercera pera o de la décima silla? Ese es el tipo de comparaciones a efectuar. Lo esencial es que jamás comparamos toda una categoría de bienes contra toda otra categoría de bienes: no comparamos la utilidad de todas las manzanas del mundo con la de todas las peras del mundo (a menos que tuviéramos que efectuar ese intercambio en particular). Ese error era en el que caía Adam Smith cuando era incapaz de resolver la paradoja del agua y de los diamantes. En realidad, las comparaciones de valor se efectúan en términos de unidades transables, es decir, de aquellas unidades que queremos adquirir o de las que queremos desprendernos.

Otra cosa, motivo de confusión para los críticos de la TSV, es que, generalmente y por darle un tratamiento más matematizado,  muchos economistas optan por equiparar utilidad marginal con la derivada parcial de la función de utilidad. Pero este es un debate muy distinto al de si existe la utilidad marginal, porque la utilidad marginal no es la derivada parcial, sino que la utilidad marginal trata de ser aproximada y representada por la derivada parcial. En su momento, sin embargo, ya indiqué que la aproximación matemática ni siquiera es rigurosamente cierta. Si se quiere, se puede criticar el tratamiento matemático de la utilidad (sin demasiado motivo, a mi juicio), pero no se puede desechar la teoría subjetiva del valor por los errores que uno cree detectar en una de las maneras de aproximarla y representarla. Sería como rechazar que la ciudad de Madrid existe por el hecho de que existen mapas de Madrid, y es imposible que una ciudad entera quepa en el pequeño espacio de un mapa.

Es imposible pasar de una medida ordinal (utilidad) a una medida cardinal (precios)

Siendo la utilidad una jerarquía de valores, ¿cómo es posible que existan precios? Una cosa es decir que las preferencias del sujeto A son 1ª manzana > 2ª manzana > 1ª pera > 2ª pera > 1ª silla > 2ª manzana  o que las preferencias del sujeto B son 1ªsilla > 1ª manzana > 1ª pera > 2ª manzana > 2ª pera y otra muy distinta es decir que el precio de una silla son 2 manzanas. ¿Cómo pasamos de la jerarquía a la cuantificación exacta del precio entre ambas mercancías?

Muy sencillo: los precios son ratios históricas de intercambio. Imaginemos que el sujeto A tiene una silla pero no tiene manzanas y el sujeto B tiene dos manzanas pero no tiene ninguna silla. Ambos sujetos se topan, se ponen a hablar y empiezan a negociar. El sujeto A está dispuesto a entregar una silla a cambio de recibir 1 o 2 manzanas, mientras que el sujeto B está dispuesto a entregar 1 o 2 manzanas a cambio de recibir una silla. Existen, pues, incentivos a que se intercambien hasta 2 manzanas por una silla. ¿Cuál será la relación final de intercambio? No podemos saberlo a priori porque se trata de un proceso de negociación en el mercado: si el sujeto A tiene mayor poder de negociación o es más convincente que el sujeto B, el intercambio será de una silla por dos manzanas, y si es al revés será de una silla por una manzana.

Lo fundamental: que no es cierto que no puede pasarse de escalas ordinales a magnitudes cardinales. Aquí vemos claramente que sí se puede. ¿Qué significado tienen en tal caso los precios? Los precios expresan una relación de intercambio al cual ambas partes salen beneficiadas: si es de dos manzanas por silla, el sujeto A valora más dos manzanas que una silla y el sujeto B valora más una silla a dos manzanas.

Quizá el error esté en pensar que los precios son algo así como utilidad cristalizada. Pero no, no lo son: son la materialización cuantitativa de las acciones a las que induce la utilidad subjetiva. Es como decir: el amor no es subjetivo porque podemos contar los años que lleva casada una pareja. El argumento sería absurdo: el número de años de matrimonio podemos tomarlo como un indicio o una consecuencia del amor, pero no como su medición cuantitativa. Lo mismo con los precios y la utilidad.

Si la utilidad es ordinal, no podrían compararse miles de mercancías

Si la utilidad no es cardinal, resulta imposible comparar la utilidad de miles de mercancías y de sus combinaciones. Es decir, sería preciso asignar algún valor cardinal para poder realizar esas comparaciones de utilidad; y si hay que asignar valores cardinales, la utilidad no puede ser ordinal y no puede ser eso lo que determina los precios.

El argumento es erróneo pero sí tiene algo de razón. Empecemos con lo erróneo: se parte de la idea de que cada ser humano debe estar comparando en el momento de su elección todas las mercancías habidas y por haber en el mundo. No: el ser humano elige en cada momento dentro de su universo concreto de bienes conocidos. Por eso en ocasiones puede elegir mal, de manera precipitada o de forma poco reflexiva. Nada garantiza que la utilidad marginal de cada bien sea “objetivamente” buena: es la que es, quizá por filias, fobias o sesgos irracionales. Por eso muchas veces efectúa elecciones inconsistentes en su elección concreta: prefiere X>Y>Z pero cuando se le da a elegir concretamente entre X-Z, escoge Z. Simplemente, sus preferencias, su visión del mundo, su expectativa de satisfacción pueden ir mutando en cada momento. Quien haya tenido que escoger en un contexto de incertidumbre o indecisión lo sabrá muy bien. Por ejemplo: dónde vamos de vacaciones, de Luna de Miel, qué nombre le ponemos a nuestro hijo, ¿nos saltamos la dieta y compramos las tabletas de chocolate que tenemos delante?, etc. Salvo aquellas elecciones muy rutinarias –derivadas de preferencias muy sólidas y asentadas– el resto son muy mutables.

Pero, ¿las jerarquiza todas? No: el ser humano no elabora una jerarquía detallada de cada una de las mercancías posibles, sino que se limita a preseleccionar aquellas que, en un momento dado y por cualquier motivo fundado o no, cree que le reportan una mayor utilidad marginal sobre el resto y esas sí que las jerarquiza. Por ejemplo, cuando compramos por Amazon no visitamos todas y cada una de las páginas y las jerarquizamos, sino que tenemos unas cuantas obras que sabemos más útiles que todo el infinito universo restante y, sobre las obras preseleccionadas, sí que establecemos una jerarquía en caso de no poder adquirirlas todas (por una restricción presupuestaria). Es como si eligiéramos en forma de árbol: primero descartamos el grueso de lo que en general no interesa o no conocemos y preseleccionamos unas pocas mercancías y luego ya jerarquizamos esas otras mercancías.

El argumento, sin embargo, sí es válido para entender tanto las oportunidades de arbitraje que existen en el mercado cuanto el problema de la imposibilidad del socialismo. Dada la enorme ignorancia espacial y temporal del ser humano y su muy restringido universo de elección, existen oportunidades para que los empresarios proporcionen “servicios” dirigidos a “mejorar” las elecciones de cada individuo: por ejemplo, trayéndole mercancías manufacturadas en China que desconocía que existían; por ejemplo, organizando spots publicitarios que llamen su atención; por ejemplo, colocando una tienda especializada en un espacio visible; por ejemplo, realizando campañas de promoción, etc.

Asimismo, dado que al ser humano sólo le interesa la utilidad del producto final y no suele plantearse ni conocer cuál es la utilidad alternativa (coste de oportunidad) que cada una de las partes que componen esa mercancía tendría para otras personas (me interesa la mesa en la desayuno porque es útil para ello, pero desconozco qué otros fines podrían lograr otras personas con la madera, los tornillos o las horas de trabajo que se utilizaron para fabricarlas), una economía sin magnitudes cardinales sería muy ineficiente y terminaría colapsando en organizaciones económicas diminutas donde esas comparaciones sí puedan realizarse “a ojo de buen cubero”.

Por fortuna, una economía capitalista sí dispone de magnitudes cardinales: los precios, que como sabemos son ratios a las que históricamente se han realizado intercambios mutuamente beneficiosos. De la comparación de los precios finales de venta de los productos y de los precios de las partes que los componen (costes) surgen los beneficios: justamente, la línea de flotación para determinar si un producto genera más valor del que destruye para los consumidores. Los distintos empresarios, de manera descentralizada e individual, buscan combinaciones de factores dirigidos a fabricar bienes que proporcionen beneficios, en un proceso de competencia donde las mejores ideas desplazan a las menos malas.

De ahí que el socialismo, sin precios libres que sean el reflejo de las utilidades de los distintos agentes económicos, no puede funcionar: simplemente no se pueden comparar centralizadamente la utilidad de todas las infinitas posibles combinaciones de factores productivos con la utilidad de todos los infinitos tipos de bienes producibles.

La TSV asume que todas las mercancías son irreproducibles

Esto no es así. Es una crítica sin demasiado recorrido. Precisamente, la teoría subjetiva del valor trata de explicar qué mercancías son en cada momento las más valiosas con respecto a la cantidad disponible (obras de arte) y con respecto a los usos alternativos que tienen los factores productivos necesarias para incrementar su cantidad (coste de oportunidad). Aquellas mercancías cuya utilidad marginal sea más valiosa en relación con el coste de oportunidad (las utilidades marginales de producir otros bienes distintos de ése) serán fabricadas. Y al incrementar su oferta, dos efectos tendrán lugar: uno, la utilidad marginal de ese bien se reducirá (por la ley de la utilidad marginal decreciente); dos, el coste de oportunidad de ese bien se incrementará (pues se reduce relativamente la producción de mercancías alternativas, lo que significa que, por la ley de la utilidad marginal decreciente, a menor número, mayor valor).

La teoría subjetiva del valor descansa sobre un razonamiento circular

¿Qué razonamiento circular? Los consumidores eligen en función de los precios de los productos, pero se supone que los precios de los productos representan su utilidad marginal.

La verdad es que este razonamiento no tiene mucho sentido una vez se conoce como se determinan los precios en un régimen de competencia bilateral. Pero vamos, ni siquiera necesitamos entender esto para comprender por qué se trata de una objeción sin fundamento.

Es verdad que, en la inmensa mayoría de productos (aunque no en todos: por ejemplo, Cristiano Ronaldo negoció su salario, no le vino “dado” como un precio externo), los consumidores eligen a partir de los precios que establecen los empresarios. Pero los empresarios son conscientes de que sólo podrán vender sus mercancías siempre y cuando su precio (el coste de oportunidad para el consumidor) no supere la utilidad marginal que ese producto tiene para el consumidor. No estoy diciendo, claro, que todo empresario tenga este modelo económico en la cabeza, pero el razonamiento es simple: “si la mercancía es muy cara, al comprador no le saldrá ‘a cuenta’ y no la adquirirá”.

Dicho de otro modo, los precios pedidos por los vendedores son propuestas (ofertas) que se lanzan a los consumidores esperando que sean inferiores a su utilidad marginal y que, en consecuencia, estos acepten comprar. Si los empresarios aciertan, venderán su mercancía de manera continua. Si los empresarios se equivocan, sólo podrán vender su mercancía bajando precios (ajustándola, vía prueba y error, a la utilidad marginal del consumidor)… pero si el empresario baja los precios tanto como para no cubrir sus costes de producción (el coste de oportunidad de que esos factores estén fabricando otros bienes más valiosos en otras partes de la economía), deberá abandonar ese ruinoso modelo de negocio.

Por consiguiente, para que los precios sean determinados por la utilidad marginal no es necesario que haya un proceso de negociación cara a cara entre dos partes: basta con que una de ellas sepa que no le queda otro remedio que anticipar y ajustarse a las preferencias de la otra.

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28 comments

  1. Rallo,

    Además, como bien sabes, incluso ese precio dado considerado como “externo” por el consumidor no es tal. Cualquier bien económico, por ejemplo un litro de aceite de oliva extra de la marca “OO”, se ofrece a distintos precios en la tienda de la esquina, el super, el hiper, la gasolinera, internet… y el consumidor puede escoger la mejor alternativa. O pasar a otra marca “AO” o a productos sustitutivos: aceite de oliva a secas, de girasol, coco, mantequilla…

    Y la competencia entre las distintas superficies de venta, para atraer consumidores, reduce el precio (siempre y cuando no existan interferencias coactivas institucionales).

  2. De ahí que el socialismo, sin precios libres que sean el reflejo de las utilidades de los distintos agentes económicos, (…)

    No hace falta irse al socialismo. En nuestro estado intervencionista hay muchos ámbitos donde no hay precios libres:

    1º El mercado laboral. Al no haber salarios libres (al fin y al cabo, un salario es un precio) hay paro y subempleo.

    2º Las tasas de interes, decididas por el banco de España en vez de por el libre mercado.

    3º Precios de espéctaculos (¿por qué existe si no la reventa?)

    4º Uso de carreteras. El consumidor no paga una tarifa. Se da por supuesto que el Estado debe construirlas y “siempre merece la pena construirlas”.

  3. @Rallo.

    Hay una crítica muy interesante a la TLV (opuesta a la TSV) en la página de http://www.burbuja.info/inmobiliaria/temas-calientes/322658-teoria-laboral-del-de-marx-5.html hecha por el forero robergarc en respuesta a “Carlx” que dice:

    “He escrito ayer un texto cuasinfinito para un hilo del principal sobre el que Carlx, por ejemplo, ha pasado bastante, por no decir completamente, de puntillas.

    Interesantísimo, pero trilladísimo, debate. Mi postura al respecto es ecléctica, en tanto que ambas partes tienen cierta razón, pero adolecen, aunque ellas no lo crean, de similares defectos.

    Recapitulemos de modo conciso. Los conceptos a tratar son, fundamentalmente, tres: valor de uso, valor de cambio y precio. Relacionados todos ellos con las mercancías. Ninguna mercancía que se defina como tal carece de utilidad o valor de uso -Marx lo aclara al inicio de El Capital-, por lo que se elimina de raiz el manido ejemplo de discutir qué valor tiene aquello que ha implicado mucho trabajo pero que nadie quiere ni necesita. Aquello que nadie quiere ni necesita no es mercancía ni cabe hablar a su respecto de valor. No tiene valor de uso ni de cambio, analoguemos conceptualmente estos o no.

    Discutir, por otro lado, respecto a la definición de valor de uso o de valor de cambio es, si se quiere, epifenoménico, en tanto que poco o nada aclara de cara al asunto esencial como son los precios. Más cuando la discrepancia es de raiz entre marginalistas y marxistas al respecto, por lo que es imposible establecer un dialogo constructivo, ya que, como digo, el desencuentro es, digamos, axiomático y de partida.

    El problema clave radica, pues, en la transformación de los valores en precios, siendo este el nudo gordiano del sistema marxista, el cual Marx dejara sin resolver -o más que sin resolver, colmado de burdas mistificaciones y simplificaciones, como la de suponer, en el Libro II, un modelo de reproducción simple para la economía capitalista, con la equidimensionalidad y equiproporcionalidad de sus partes que luego tratara Sweezy- y trajera de cabeza a los teóricos marxistas de primera mitad de siglo -luego, el tema, demasiado académico, matemático y abstruso, terminaría agotando al marxismo mainstream, que tiraría por otros caminos-, empezando por Bonkiewicz y su problema de la transformación de 1907, su continuación por medio de Winternitz en 1948, Seton en 1957 o, finalmente, Morishima en 1973. ¿Resultado? Ninguno. La nada más absoluta. Absurdas hipótesis y groseras simplificaciones mediante modelos matemáticos ajenos completos a la realidad de una complejísima economía capitalista de giro cíclico no uniforme y con rotación recurrente -“las mercancías por medio de mercancías” de Sraffa-, en la que, contradiciendo a Morishima, sí existen “problemas de elección de técnicas”, sí existen “problemas de producción conjunta”, sí hay “problemas de trabajos concretos heterogéneos”, sí hay capital fijo y no todos los bienes son de tiempo de producción unitario. El resultado del marxismo académico, al cabo, no fue satisfactorio al respecto y se terminó dejando de lado el asunto y dedicándose a otros menesteres menos complejos. Ni Marx ni sus epígonos fueron capaces de explicar el llamado problema de la transformación, que es lo que da fundamento a la teoría laboral del valor, en tanto que permitiría explicar, si ello hubiera sido posible, la formación de precios a partir de los valores de cambio de las mercancías. Esa vía, ya digo, ha quedado muerta.

    Arrumbado a ese respecto el marxismo, ¿cómo se forman los precios, pues? El precio no es más que el valor de uso codificado, por así decirlo, en valor de cambio. Pues no existe proceso de cambio, en la esfera de las relaciones de mutuo beneficio en que deviene todo trueque o relación comercial, del cual no pueda educirse el esencial ecualizador monetario, en forma de precio, que tal reciprocidad materializa. Precio es valor de uso. Porque no hay otro valor que consagre la relación de cambio. El valor de las mercancías -y esto creo que es lo fundamental- depende de la utilidad social que las mismas encarnen y lleven incorporada. Utilidad, insisto, siempre social, en cuanto el proceso no se realiza a nivel individual y distributivo, sino en una escala atributiva, de agregados de individuos, ínsitos en estructuras sociales, las cuales van configurando, mediante sus actos en el mercado –deseos comerciales-, los precios de las mismas y el proceso de recurrencia de la distribución de bienes y servicios, bloqueando aquellos que se revelan como socialmente inútiles y haciendo recurrir la de aquellos que satisfacen unas necesidades socialmente dadas y determinadas en el tiempo histórico de que se trate. No se trata, como equivocadamente argüyen ciertos austriacos, de elecciones “libres”, en el sentido de incondicionadas, ni subjetivas en el sentido de individuales. En el mercado opera el individuo, pero siempre como miembro de una clase -no tanto en el sentido marxista como en el sociológico-, al nivel de la cual las decisiones de los agentes económicos son tomadas a la vez que conformadas por la misma. No existen, en la economía moderna, Robinsones como agentes económicos ni consumidores aislados, monádicos, separados de la estructura social que necesariamente los envuelve y codetermina.

    Y es la utilidad “socialmente necesaria” -llámese así, en un guiño conciliatorio-la que activa o bloquea, en su caso, el proceso cíclico de rotación recurrente de unos bienes o servicios, sólo posibles en un tiempo histórico dado, siendo expulsados del mercado de intercambio, como resultado de un proceso dialéctico, aquellos socialmente considerados como inútiles. Los bienes “aparecen” en la esfera del intercambio con obvia prelación temporal a su escrutinio y análisis social y su ulterior aceptación o descarte, siendo correlato de esto que el ámbito de la producción es, por ello, ontológicamente anterior o previo al del intercambio o consumo.

    Son los precios, que resultan de la dialéctica volitiva de los consumidores socialmente agregados, quienes, al cabo, determinan los costes empresariales, si es la intención de los empresarios insertar su producción de manera recurrente en la rueda cíclica de la reproducción capitalista, en un ciclo de intercambio sobre el cual influyen en la medida de su adaptación a los criterios y deseos históricamente dados en los ámbitos sociales de consumo de sus productos o mercancías. Sin perjuicio de lo anterior, el ámbito del consumo y el intercambio no sólo es temporalmente posterior –dicho esto con la pertinencia que la naturaleza cuasi circular del ciclo económico y del mecanismo recurrente de intercambio permite-, sino también ontológicamente derivado del ámbito de la producción, en tanto que, al contrario de lo que muchos marginalistas supusieron, ningún hombre puede desear aquello que no existe.

    El deseo es siempre conformado y las necesidades, en las esferas de intercambio mercantiles, inducidas. Determinado todo ello por y en un mercado de naturaleza dialéctica en el que los productores proponen y los consumidores dispone.

    En resumen, la teoría laboral del valor está, a nivel científico, completamente obsoleta e indemostrada. Gran parte del marxismo serio y académico se peleó con ella durante casi medio siglo y terminó por arrumbarla ante la imposibilidad de lograr una mínima explicación de los procesos de mercado en una complejísima economía capitalista como la actual. Y ese marxismo está formado por aquellos que no suelen estar cobijados detrás de una pancarta ni emboscados tras sesudas y abstrusas cátedras universitarias en las cuales hacen sinecura de triviales y escolares ejercicios de exégesis de un filósofo muerto hace ya casi siglo y medio, que vivió y analizó un sistema y un mundo enormemente distintos al actual. Un marxismo respetabilísimo, por otra parte.

    Pero el valor emerge del mercado, de la demanda, de las valoraciones cruzadas entre demandantes y oferentes, en función de cómo aquellos valoran los productos por estos ofrecidos. ¿Puede llamarse utilidad a esa valoración? Por supuesto. Si bien el proceso, siendo fenoménicamente individual, es, en el fondo, social y colectivo -cosa ya expuesta por Mises en La Acción Humana-, estando ahí el núcleo de la economía en cuanto a la formación de precios: en la libertad objetiva de elección por parte de los consumidores, en función de sus gustos, necesidades, deseos o utilidades, de los productos previamente introducidos en el mercado por parte de los oferentes.

    Suponer que un objeto posee un valor objetivo e inmanente, ajeno a circunstancias y a su inserción en un ciclo de naturaleza heterodeterminativa como es el mercado, es de un groserísimo idealismo. Pura metafísica.”

    “Xel” nos dice que “Para los argumentos a favor con leer a economistas marxistas actuales como Anwar Shaikh, Diego Guerrero o Rolando Astarita es suficiente, lo que me gustaría es conocer argumentos potentes en contra, no por masoquismo sino para descartarla y ponerme con otra cosa.”

    Pero según parece, muchos marxistas debatieron entre sí sobre la TLV sin poderse llegar a ningún acuerdo y al final…”es algo que intentaron aclarar muchos economistas marxistas y fracasaron, Abandonaron la tarea, agacharon la cabeza y ocultaron su fracaso”. Por decirlo con palabras que suenen “familiares” a las que usa “alguien” por aquí al que “todos conocemos” :-)

    Mi pregunta es ¿Hay algún link en español sobre las pólemicas entre marxistas contra marxistas sobre esas discuciones sobre la TLV en la que al final NO todos los marxistas pudieron ponerse de acuerdo entre sí y donde Xel pueda leer los argumentos DIFERENTES a los de Astarita Guerrero o Shaikh para compararlos entre sí y conozca así LA OTRA VERSIÓN de los hechos según los propios marxistas que están en desacuerdo con Astarita o los otros dos?

    Me parece que sería muy buena idea linkearlos para tener un punto de comparación. Dado que TODO lo que dicen los marxistas es tan “de confianza” para Xel (aunque EL no haya leído aún El Capital) pues conocer las pólemicas entre marxistas sobre la TLV sería quizá interesante para él.

    Y no niego que para mí también que siempre estoy interesado en leer un poco de todo. :-)

    Tampoco biene mal una pequeña bibliografía.

  4. Tigran, estoy impresionado, eres todo un teórico, escribe un libro y te lo compro.

    Confieso, también intenté leer El Capital. Fue de los primero libros económicos (no estoy seguro de que merezca este calificativo)que cayó en mis manos, no por que me interesase especialmente, simplemente lo tenía, heredado. Y digo que intenté porque ha sido el único libro que he abandonado. La verdad, creo que para soportarlo se debe abandonar todo conocimiento previo para poder entrever su lógica, también se debe abandonar la acitud crítica habitual en la lectura y se debe ser tolerante o ignorar las contradicciones contínuas en que incurre el autor. Con eso y teniendo asumido que es un ladrillo de 2500 pag(en mi edición) quizá consigas acabarlo y entonces pertenecerás a un club muy selecto, en el cual no se encuentran la mayoría (siendo generosos) de los ideólogos comunistas.

    Yo no creo, estoy seguro, que exista un debate científico-ecnómico sobre si el marxismo o algunas teorías marxistas pueden o no explicar la realidad. Creo que algunas personas, ya sea por motivos de envidia, falta de autorealización, odios o lo que sea, buscan consuelo ideológico en sus ideas.

    Por tanto, estar escribiendo en un foro de economía para compartir ideas y cambiar las equivocadas (que suelen ser la mayoría), y encontrarte que das vueltas en bucle sobre teorías sobre el valor medidas en horas/hombre que no tienen cabida en ninguna teoría económica por muy de “izquierdas” que se pueda considerar, no deja de ser bastante patético.

    Si estuviésemos en un foro matemático, y participases por tu interés en las integrales en números complejos y resulta que te encuentras discutiendo sobre una supuesta demostración de que 1+1=3 deberías de dejar de considerar la posibilidad de que no te haces entender y empezar a considerar que no te quieren entender, y que desde luego no se trata de debatir sobre las matemáticas.

  5. @ Luis

    Respecto a tu último párrafo me ha venido a la mente esto que copio y pego.

    El lógico y filósofo británico Bertrand Russell (1872-1967), para ilustrar el principio de que cualquier propuesta se puede deducir de una manera falsa, ha utilizado esta identidad matemática. Uno de sus estudiantes de filosofía que le preguntó: «Imagine que usted piensa que 2 + 2 = 5, ¿se puede deducir que usted es el Papa?».

    Supongamos que 2 + 2 = 5
    Restemos 3 de cada uno de los miembros de la identidad. Obtenemos 1 = 2.
    Por simple simetrica,1=2 2=1.
    Ahora, dado que el Papa y yo somos dos personas distintas y dado que 2 = 1, el Papa y yo somos uno. Como resultado de ello, yo soy el Papa.

  6. Jaja, tu lógica es aplastante. Me lo apunto.

    Me acaban de poner en la pantalla que no ponga posts tan rápido. :O

  7. Hombre, yo sólo copio y pego lo que ya esta escrito por otro, un punto que me interesaba, nada más.

    Estoy escribiendo una crítica a la TLV (si me equivoco para mí es mejor, porque ya me lo dirán ustedes y así aprendo más) que me temo que me va a salir extemporanea en el sentido de que a lo mejor repito lo que otros ya habrán comentado, pero eso también es mejor para mí, porque si por caminos independientes llego a las mismas opiniones que otros, pues eso es algo.

    Sobre Marx, pues hay mucha carga ideológica en todas las apreciaciones de sus obras, pero es natural dado los hechos históricos que ocurrieron tras la publicación de El Capital y las deformaciones de sus seguidores y detractores. Es difícil de leer y más aún de leer con imparcialidad. Pero realmente me desperto curiosidad las pólemicas entre marxistas: el alrgumento favorito de los defensores de sus ideas es que “No lo has leído bien y por eso no entiendes lo que dices” pero cuando uno ve como marxistas expertos y muy expertos se acusan unos a otros de hacerle decir a Marx lo que este en realidad no dijo, pues resulta interesante.

    Lo malo es que tengo muy poco tiempo para intervenir y responder y eso me duele, que mal.

    Pero mejor participar poco que no hacerlo. Es posible que tarde en responder, pero que remedio.

  8. Prof. Rallo, gracias por la claridad. Le agradecería que explique la utilidad marginal, pues siendo elemental para un ecónomo, es un poco desconocida para un filósofo (como yo).
    Por cierto, se lo nota enamorado… planeando casamiento??? jejeje.

  9. @Tigran
    Habla una y otra vez de consumidores y oferentes,pero no estan siempre los mismos individuos en el mismo papel.Detras de la oferta hay una demanda,un deseo de intercambio de bienes o servicios beneficioso para las dos partes, que seran tanto para satisfacer necesidades personales como para emplearlos en mejorar nuestra actividad empresarial.
    El comercio es dinamico y para mi el ser comprador a vendedor no esta tan claro puesto que los dos intercambian.
    Tambien dice:” en tanto que, al contrario de lo que muchos marginalistas supusieron, ningún hombre puede desear aquello que no existe.”Creo que olvida la capacidad de inventar,de soñar,casi de crear del ser humano.Si esto fuera verdad,por ejemplo,no habria aviones

  10. En realidad no entiendo porque este tema es tan controvertido.

    ¡Es tan evidente!

    Cuando vas a comprar un bien o pagar un servicio te importa “LITERALMENTE un pimiento” la cantidad de trabajo, capital, tiempo o materias primas que hayan hecho falta para que exista ese bien o servicio. (Es más, sería muy difícil calcular todo eso bien aunque quisieras hacerlo.)

    Al final lo que evalúas, subjetivamente, es si “te apetece”, “te gusta” o “crees” que te “resulta útil” o que “lo necesitas” por la razón que sea, y “lo valoras más” que esa cantidad de dinero en tu bolsillo con la que podrías comprar otras cosas.

    Y, aunque no haya una negociación de precios en ese momento con el vendedor, TU simple decisión de adquirirlo o no, junto con las de cientos, miles o millones de otros compradores potenciales, hace que el precio de oferta del bien o servicio se ajuste a demanda: bajará o subirá según gustos, modas, cambios de comportamiento social (turismo), descubrimientos tecnológicos (usos del petróleo antes o del grafito para el grafeno ahora), localización del establecimiento de venta, publicidad, marketing, etc

    Los precios no son perfectos, pero siempre tienden a un equilibrio dinámico porque van incorporando la nueva información que aparece en el mercado (nuevos productos o tecnologías, nuevas modas, carestías temporales o permanentes de materias primas, buenas o malas cosechas, etc)

    Es tan sencillo (y tan complejo) como eso.

  11. ¿Que le habrá pasado a Xel? Tras casi 100 comentarios defendiendo la TLV de todos los ataques y criticando a su vez a la TSV ahora de golpe y porrazo no da muestras de vida. Espero que no esté enfermo.

    Mal para mí; y yo que amanecí hoy con ganas de jugar al parchís…

  12. @Rallo

    Gracias por la respuesta y por abrir un post sobre algo tan interesante y creo que importante, voy a intentar leerlo con calma, entenderlo bien, compararlo con la TLV y a ver si consigo hacerme una idea clara de todo esto del valor para pasar a otra cosa.

    Gracias por su paciencia con neófitos en economía como yo y por su pedagogía, seguro que no soy el único que le agradece este post.

    @Roxana

    Don´t worry, estoy de vacaciones y sin internet, (todavía existen lugares así por suerte, jeje).

    Volveré y prometo hacerlo de forma más prudente sin daros tanto la chapa con tantos mensajes. Por cierto ya tengo la respuesta a aquellas preguntas que me hiciste, lo consulté y cuando pueda te la pongo en el otro post.

  13. Pues es raro, todo el mundo cuando se va de vacaciones se aparta del Internet. Yo cuando estoy de vacaciones aprovecho para navegar más pero eso sí, sólo en temas recreativos para mí.

    Yo también me asombro de la paciencia y pedagogía del señor Rallo, pero es una de las cosas que más me gustan de su página.

    No veo nada de malo en meter muchos comentarios, mientras enriquezcan los temas a tratar.

    Todavía no tengo mucho tiempo para participar gran cosa, pero me gusta leer de cuando en cuando lo que dicen los demás.

  14. Me lo imprimo, lo estudio y luego digo algo….

    Que yo también estoy de vacaciones haciendo un alto….. para coger fuerzas ….. o una depresión

  15. @Rallo

    Cuando entro en un supermercado tengo que decidir entre cientos de mercancías, muchas de ellas con la misma utilidad objetiva. No es sólo una decisión entre A o B o un mero trueque.

    Normalmente tampoco se regatea a la hora de comprar, los precios ya están fijados en última instancia por la ley de la oferta y la demanda. Y suelen ser los mismos para todos los clientes en un momento dado independientemente de la utilidad marginal que tengan para cada uno de ellos.

    Se ajusta más a mi realidad que los precios finales en el mercado se fijan por la ley de la oferta y la demanda, y oscilan en torno a unos precios iniciales que son los costos de producción más las ganancias.

  16. 1) ¿Tiene en la cabeza todas las miles de mercancías? No, nadie las tiene (de ahí la importancia de la publicidad). Se dedica a escoger de entre las pocas que conoce, las que prefiere. El asunto es muy simple. ¿Nunca ha hecho la lista de la compra o la carta de los Reyes Magos? Ahí se jerarquizan las mercancías por las preferencias.
    2) Que los precios de venta estén dados para los consumidores no significa que no se fijen por la utilidad marginal. Si el precio de venta de televisores supera la utilidad marginal de los televisores para los compradores, no se venderán, de modo que tendrán que abaratarse o dejar de producirse (si el precio al que deberían fijarse es más bajo que los costes de producirlo; costes que en última instancia dependen de la utilidad marginal esperada de los productos que se habrían producido con esos factores productivos).
    3) Los costos de producción no son más que costes de oportunidad de los factores productivos, y el coste de oportunidad es la utilidad de los bienes que no llegan a producirse. Si yo cobro un salario de 1000 euros al mes, ¿por qué es? Si mi empresario pudiera pagarme menos, menos me pagaría; pero no puede. ¿Por qué? Porque hay otro empresario que está dispuesto a pagarme, pongamos, 980 euros. ¿Y por qué me quiere pagar 980 euros? Porque espera que contribuya a crear bienes que serán vendidos por eso más la ganancia (que es igual al tipo de interés, esto es, el valor intertemporal). Por tanto, me paga 1000 porque espera que genere un valor superior a 980, y eso dependerá de la utilidad marginal de los bienes que vaya a producir.

  17. @Xel: Me gusto mucho esa apreciación de que “el valor no depende del tiempo de trabajo de cualquier productor individual, como si un holgazán fuera a producir más valor sólo por tardar más… en cambio lo que determina el valor es la cantidad de trabajo abstracto que en promedio se requiere para producir una mercancía. Es como si se sumaran todos los trabajos invertidos en la producción de un tipo de mercancía, y luego se dividiera la suma total de tiempo de trabajo por la cantidad de mercancías. El resultado sería el tiempo promedio que se requiere para producir cada mercancía. Por lo tanto es la productividad media y el ritmo de trabajo medio lo que determina la magnitud del valor. La competencia no permitiría que los valores escapasen a este promedio. Por lo mismo, dado que el valor es de naturaleza social, el tiempo de trabajo que cuenta es el del presente. No importa cuánto haya costado producir un bien hace dos años, sino cuánto cuesta producirlo hoy. El valor pasado no se mantiene intacto como si fuera una entidad física. (Esto afecta también al valor de los medios de producción del capitalista, por ejemplo, una máquina: si un año después de comprar una máquina a un valor, ese tipo de máquina se está vendiendo en el mercado a un valor inferior (acaso porque ahora cuesta menos producirla), entonces el valor presente de esa mercancía, como de cualquier otra, es el del mercado y no el anterior.”

    Veamos, según eso si Messi hace más de 20 goles y Xavi jugando los mismos minutos y corriendo los mismos kilómetros hace menos goles que Messi es porque…¡Xavi es un holgazán!

    Y como “en cambio lo que determina el valor es la cantidad de trabajo abstracto que en promedio se requiere para producir una mercancía. Es como si se sumaran todos los trabajos invertidos en la producción de un tipo de mercancía, y luego se dividiera la suma total de tiempo de trabajo por la cantidad de mercancías. El resultado sería el tiempo promedio que se requiere para producir cada mercancía” entonces si se sumaran todos los trabajos invertidos en la producción de un gol, y luego se dividiera la suma total de tiempo de trabajo por la cantidad de goles el resultado sería el tiempo promedio que se requiere para producir cada gol. Por lo tanto es la productividad media y el ritmo de trabajo medio lo que determina la magnitud del valor.

    El único problema es que…así se supone que Owen hubiera debido triunfar en el Madrid como nadie. (Ve en Notas de fútbol el capítulo Owen: el asesino introvertido) y no fue así.
    Otro problema que se plantea es cuantas unidades de trabajo abstracto se supone que hace Xavi que no mete goles, pero es vital para el Barca casi tanto como Messi. (Notar que cuando Messi juega con Argentina aunque tiene una constelación de estrellas consigo no hace tantos goles como en el Barca porque no tiene un Xavi dando pases para él). Vale, Xavi es mediocampista y su función NO es hacer goles, sino dar pases. Pero eso plantea un problema: ¿Cuál es la “unidad de trabajo abstracto” para medir cuanto debe ganar Xavi? No puede ser por correr kilómetros a lo bruto, ni por minutos jugados a lo bestia, sino por la dirección del juego que hace. Calro eso lo sabe todo el mundo, pero ¿Con cuantas “unidades de trabajo abstracto” se cuantifica eso? ¿En que nos apoyamos para decir “Xavi debe ganar tantos euros”? Creo que ni Guardiola lo sabía, simplemente Pep determinaba por puro pálpito que “Xavi es indispensable y si se va él me voy yo” por puro insitinto de jugador (Pep fué un gran jugador) pero sin ningún cálculo mátematico que lo avalara. Y sin intentar hacerlo tampoco.

    Otro problema: Sir Alex Fergunson ganó los mismos premios que Guardiola pero necesito más años para conseguirlos. ¿Decimos entonces que Sir Alex es un holgazán?

    ¿Cuántas “unidades de trabajo abstracto” tiene que hacer Guardiola para ganarle la champions a Sir Alex? ¿Con que las medimos?

    Mourinho ganó la Championscon el Oporto…se supone que cómo tenía menos jugadores “estellas” que otros clubes debio de hacer más “unidades de trabajo abstracto” para ganar con un equipo con una nómina relativamente débil. (O sea, que mientras más “unidades de trabajo abstracto”fueran capaces de hacer sus jjugadores, menos “unidades de trabajo abstracto” tenía que hacer él, ya que es más fácil ganar con un equipo lleno de estrellas que con uno que no tiene tantas) pero cuando llego al Chelsea tuvo la nómina más llena de jugadorazos que la billetera de “Habra moneych” le podía dar. Arrasó en la Premier, pero…no volvio a ganar la Champions.¿Debemos concluir que el Mourinho del Chelsea era más holgazán que el Mourinho del Oporto?

    Benítez planteo un dibujo conta el Milán gracias al cual el Liverpool perdía 3 a 0 en el primer tiempo, en el segundo planteo un dibujo gracias al cual el Liverpool gano la Champions. ¿Cuantas “unidades de trabajo abstracto” hizo Benítez allí?

    ¿Cuantas “unidades de trabajo abstracto” se supone que cuesta ganar la Champions? (¿Avramovich lo sasabe ahora que por fin la gano tras tantos gastos en dinero y tiempo?)

    Y mira que la cosa se pone divertida cuando nos vamos con los galácticos del Madrid: Zidane estaba considerado por muchos como el mejor del mundo. Pero se supone que no llego a ser tan bueno como Maradona en el Nápoli. Bueno, como Zidane esta rodeado de galácticos se supone que Zidane tenía que hacer menos “unidades de trabajo abstracto” que Maradona que tenía que echarse al Nápoli al hombro él solito. O sea que de nuevo, las “unidades de trabajo abstracto” que Zidane tiene que hacer para ganar la liga resulta que son menores porque como las de sus compañeros de juego (Raúl, Ronaldo Nazario, Figo Becks, Casillas, Roberto Carlos, Makelele y un largo etc) son muchas, pujes las “unidades de trabajo abstracto” que tiene aportar Zidane para ganar la liga son menos. ¿Pero en base a qué “unidades de trabajo abstracto” cuantificamos que Zideane esmejor o peor que Maradona?

    Eso por no mencionar la obviedad de que Becks nunca fué considerado tan bueno como Zidane. (Se le consideraba buen jugador, pero un peldaño por debajo de Zizou o de Ronaldo Nazario) y sin embargo Becks ganaba más dinero. Pero no por jugar, sino por hacer comerciales en la tele. Por promocionar unos calzoncillos le pagaban más dinero que por correr kilómetros en un Barca Madrid. Bueno, es como el caso de Undargarín que ganaba más estafando gente que sudando la camiseta en un partido de balonmano.Ahora bien..
    en el caso de Undargarín eso se justifica diciendo que “estafar también es trabajo intelectual” pero yo pregunto:

    ¿¿¿Tomarse fotos en calzoncillos es trabajo intelectual??? (Porque esta claro que trabajo físico NO es) ¿¿¿Con qué “unidades de trabajo abstracto” determinamos cuánto hay que pagarle a Beks por tomarse fotos en calzoncillos por Dios???

    Eso por no mencionar la obviedad: ¿¿¿Dónde esta la plusvalía que le sacan los capitalistas al “explotado” Beckham al que le pagan millones por tomarse fotos en calzoncillos??? (A mí me gustaría que me “explotaran” así. ¿Y a tí,Xel?)

    Y aquí viene lo bueno: la UNICA manera de defender que los capitalistas le sacan una plusvalía al Beckham es decir que las ventas que les produce éste son tan grandes que los millones que los capitalistas le pagan a su vez son migajas. Vale, muy bien. Pero eso nos lleva a un razonamiento circular: si Becks les produce tantos millones a los capitalistas por anunciar sus calzoncillos es que el consumidor “SUBJETIVAMENTE” prefiere comprar unos calzoncilos con la foto de Beckham que unos calzoncillos con la foto de otros. Dado que el valor de uso de los calzoncilos no varía entonces el hecho de que la foto de Beckham este en el envase aumenta su valor de cambio pero eso sólo es posible recurriendo a la TSV que es precisamente la que se quiere negar.

    Pero si negamos la subjetividad…a ver cómo se explica que unos calzoncillos de Beckham tengan más valor de cambio o mayor precio que unos anunciados por otro.

    Y ojo, que no me digan que “unos calzoncillos son una obra de arte” o “pagarle un pastón a Becks para anunciarlos no es típico del capitalismo”

    Otro detalle: no se puede decir que Becks invirtió trabajo en hacerse un gran jugador antes de ser imagen de tantos productos. Porque el gordo pelón y feo de Ro
    aldo Nazario era mejor jugador para casi todo el mundo…y no ganaba tanto como Becks. Y el pelón flaco y feo de Zizou también estaba considerado mejor jugador y no ganaba tanto como el guaperas rubio ojos azules de Becks. ¿Y la subjetividad no tiene nada que ver????

    Tanto Ronaldo como Zizou invirtieron más tiempo y con más éxito en ser grandes jugadores y no sacaron tanto provecho como anunciantes

    ¿Porqué?

    Por no mencionar que en sus últimos años Beck No obraba más por jugar que Rooney por ejemplo, pero seguía cobrando más por anunciar que éste.

  18. @Xel: por favor, no olvides responder a lo que escribí en el post anterior: en el que copio y pego lo que te dijeron en la página de burbuja inmoibiliaria (lo puedes comprobar por el link en anaranjado) sobre las contradicciones entre marxistas que no se ponían de acuerdo sobre la TLV.

  19. Perdón: se me olvido escribir en mi primer post: “Me gusto mucho esa apreciación que leí en uno de tus enlaces explicando la TLV que dice que…”

    PD. Bienvenido Xel. Este lugar no es lo mismo sin tí…¿Jugamos al parchís?:-)

  20. @Tigran

    Dame tiempo a entender bien las respuestas de Rallo y contrastarlas con la TLV e intento contestarte a tús mensajes.

    ¿Grrrr, algún día podré entender todo este rollo del valor y hacerme una opinión para pasar a otra cosa o acabaré abducido jaja?

    Esta respuesta también vale para Roxana:

    – Tigran, la TLV dice que los objetos únicos, monopolizables, no reproducibles no tienen un precio que se rige por la misma. Lo mismo pasa con los trabajadores que tienen cualidades únicas como pueden ser los futbolistas que tú mencionas, o los artistas, …, actores, ..,etc.

    Estas son las únicas digamos excepciones, que en realidad no lo son, porque la TLV lo que explica es el valor de los bienes y servicios en el modelo de producción capitalista.

    Un ejemplo, los clubes deportivos españoles son todos deficitarios, deben 3000 millones a la seguridad social y tienen todos grandes deudas, en parte porque pagan unos salarios fuera de mercado, deberían de estar todos quebrados por ello y si no lo están es porque tienen privilegios.
    ¿Pero y en la NBA?, ahí los salarios están todos regulados y es una empresa que genera beneficios, ¿y según que pautas están regulados?, ¿como calculan los directivos de la NBA cuales son los salarios que deben de cobrar los jugadores, como calculan el valor de la “mercancía” salario?

    – Tigrán acerca del primer comentario que hiciste sobre el post que puse en burbuja, …, parte de una premisa falsa. Todas las críticas a la TLV de Marx vienen por el supuesto problema de la transformación de valores en precios de su teoría. Bien, no existe ese problema, está resuelto

    http://rolandoastarita.wordpress.com/2011/07/07/valor-trabajo-el-problema-de-la-transformacion-y-critica-sraffiana/

  21. @Tigran

    Aquí te pongo un párrafo del texto de Astarita:

    “De forma independiente, Shaikh y Morishima desarrollaron una solución al problema de la transformación muy sencilla. Consiste en partir del procedimiento de Marx, pero en lugar de detenerse en el primer cálculo de los precios de producción, continúan en una segunda, tercera y sucesivas rondas, introduciendo en cada una de ellas los precios de producción obtenidos en las rondas anteriores como precios de insumos. El resultado es que rápidamente los precios de producción, y la tasa de ganancia, convergen hacia los precios de producción y la tasa de ganancia calculados por medio del sistema de ecuaciones. Lo importante es que aun suponiendo que en el punto de partida del proceso los insumos estén en valores (en realidad, precios directamente proporcionales a los valores), a partir de la segunda ronda los capitalistas ya están comprando sus insumos a precios de producción, no a precios valores. En otras palabras, Shaikh y Morishima con su método superan la cuestión de transformar los valores en precios de producción. Y esto es lo que sostienen los temporalistas: los insumos no deben ser transformados porque el capitalista compra a precios de producción (más precisamente, a precios de mercado que oscilan en torno a los precios de producción; pero aquí no hemos tratado los precios de mercado; para la solución temporalista, véase Carchedi y Haan, 1995; más general, Freeman y Carchedi, 1996). El propio Marx alertaba sobre el asunto:

    “Puesto que el precio de producción puede divergir del valor de la mercancía, también el precio de costo de una mercancía en el cual se halla comprendido este precio de producción de otra mercancía, puede hallarse por encima o por debajo de la parte de su valor global formado por el valor de los medios de producción que entran en ella. Es necesario recordar esta significación modificada del precio de costo y no olvidar, por consiguiente, que si en una esfera particular de la producción se equipara el precio de costo de la mercancía al valor de los medios de producción consumidos para producirla, siempre es posible un error” (Marx, p. 208. t. 3)”

  22. @Xel: “Tigran, la TLV dice que los objetos únicos, monopolizables, no reproducibles no tienen un precio que se rige por la misma. Lo mismo pasa con los trabajadores que tienen cualidades únicas como pueden ser los futbolistas que tú mencionas, o los artistas, …, actores, ..,etc.”

    Pero eso NO contesta la pregunta de cuantas unidades de trabajo abstacto tiene que hacer un buen mediocampista de contención o un buen defensa o un buen DT porque ni Xavi ni Messi ni Mou son “unicos” en el sentido de que su CARGO no pueda ser ocupado por otra persona que lo haga “mas o menos tan bien” después de que ellos se vayan. Y esa persona que sea capaz de hacerlo “más o menos tan bien” como Xavi o Mou ganará más o menos el mismo sueldo (ya estandarizado) que ellos. ¿Y cuantas unidades de trabajo abstracto exige el CARGO (considerado como una institución) que queda sea quién sea el que se vaya y el que venga después de él? Porque es evidente que alguien tendrá que venir tras Xavi o Mou y se le pagará más o menos según “las unidades de trabajo abstracto” que haga, pero ¿Cómo cuantificas tú cuantas “unidades de trabajo abstracto” conlleva ser el cerebro de los jugadores del Barca o el DT del Real Madrid? ¿Cómo les pones sueldo? ¿Cómo decides cuanto deben ganar? Porque en última instancia TODOS los seres humanos son únicos. Pero el sueldo que se le paga al CARGO no lo es: es general y esta previamente estandarizado independientemente de quién lo ejerza.

  23. @Xel: gracias por la respuesta a la objeción planetada por el forero de la burbujainomibiliaria, me parece muy bien que consultes a Astarita para que te responda, pero me gustraía también que esa misma respuesta se la postees al forero de la burbuja a ver que responde EL. (Eso nos acercaría a todos mucho más a la verdad, ¿No?) Si ya lo has hecho ponme un link.

    Lo que dice Alamein es interesante también: el DT del REal Madrid, siempre ganará más que el DT del Osasuna. Pero para que el DT del REal gane la copa tiene que hacer menos unidades de trabajo abstracto, ya que tiene mejores jugadores que el del Osasuna. Pero sin embargo le pagan más. Y ser campeón de liga es más fácil para el DT del Real que para el DT del Osausna.

    OJO: no importa quién sea DT del Real o del Osasuna, siempre se verificará esta situación. No es algo que dependa de “quién” sea.

  24. No considero que la caída da la teoría del valor-trabajo fuera el fin de la teoría de la plusvalía, entendida en otros términos.

    El primer error consiste en pensar que los austriacos refutaron la concepción socialista que sostiene que, bajo el capitalismo, los beneficios del empresario proceden del trabajador.
    La Escuela Austriaca desarrolló el concepto de la productividad marginal de los factores de producción –entre ellos el trabajo-, según el cual la productividad de cada unidad de factor puede valorarse en términos de la pérdida de rendimiento que produciría la desaparición de dicha unidad.

    Según los austriacos, el precio de cada factor de producción tiende a igualarse con su productividad marginal -descontando el interés-, pues de lo contrario, el “beneficio neto” producido por la diferencia entre ambos atraería a otros empresarios hasta que este desapareciera por completo.
    Lo que no suelen mencionar los economistas austriacos tan a menudo es que tal competencia está artificialmente limitada por el Estado y, por tanto, los “beneficios netos” producidos por la disparidad entre salario (debido a las barreras de entrada) y productividad muy a menudo no llegan a liquidarse o, lo que es lo mismo; la “plusvalía” existe.

  25. Martí

    Ya se refutó esa teoría otra cosa es que no acepten aún que los Austriacos tienen la razón.
    Es solo cuestión de ‘envidia’ como siempre.

    La ‘valoraciones’ emanan de ‘sujetos’ por ende son ‘subjetivas’.
    Así que olvidaré de ‘plus-valoraciones’ como algo arbitrario.

    Un supuesto ‘trabajador’ no tiene ninguna ‘minusvalía’ de su supuesto trabajo porque no ‘ingrese’ lo mismo que otro trabajador o que el que lo contrata.
    En los ‘contratos’ (incluso de palabra) es donde se plasma la ‘valoración’ ese trabajo por medio del salario, ni mas ni menos.
    Que te ‘engañen’ con lo de que te van a pagar y no lo hagan eso es otra cosa o que ‘no puedan’ realmente pagarte cuando ya has hecho tu supuesto trabajo es otra. No mezcles cosas incompatibles que puedes hacer el ridículo y no creo que te guste.

    Nada tendría ‘valor’ si no existieran ‘sujetos’ emisores de ‘evaluaciones’.

    Decir por ejemplo: Yo soy yo.
    Eso NO es una ‘valoración’.

    Decir por ejemplo: El pastel está bueno pero estoy empachado (incluso por varios al unísono).

    Eso SÍ es una ‘valoración’.

  26. 1.- Es falso que la teoría del valor de Marx haya sido demostrada como falsa. ¿Quién determinó eso? ¿Los liberales? ¿El amo decidió que la teoría de liberación del esclavo es falsa? ¿Qué harán los marxitas, aceptar la conclusión de los liberales? ¿Qué han aceptado los liberales? ¿Por qué esperan que los marxistas acepten las conclusiones de los liberales?

    2.- Atrás de la teoría subjetiva del valor no está solamente un análisis económico, está una escuela filosófica, una cosmovisión, y sabemos cuál es: eurocentrismo, occidentalocentrismo, que se expandió al mundo a través de la colonización, el patriarcalismo, el racismo y el cristianocentrismo, por medio de la conquista militar. John Locke, el filósofo admirado por Hayek, y uno de los padres del liberalismo, estuvo a favor de la conquista de los nuevos territorios, y partidario de la esclavización (él mismo tenía negocios en el tráfico de esclavos).

    3.-El mismo Marx no pudo alejarse del eurocentrismo, solo al final de su vida empezaba a ver fuera de Europa gracias a la situación de los populistas rusos, pero toda su obra, al igual que el capitalismo, es moderna y eurocéntrica, lo que significa que su marco categorial, desde la epistemología hasta la espiritualidad, pasando por la economía política y la pedagogía, solo pueden funcionar para Europa del Norte (recuerden el rechazo de Hayek a la filosofía continental europea).

    4.- Los pueblos de América Latina, Asia y África (mestizos, criollos, indígenas, musulmanes, chinos, etc.) tienen marcos categoriales distintos.

    5.- La teoría del valor subjetiva y la teoría marxista son modernas y eurocéntricas, no sirven para todo el mundo. Debe haber un diálogo entre todas las culturas para establecer qué teoría les sirve y cómo les sirve, según sus características propias, la teoría subjetiva es más adecuada para EEUU y el norte de Europa, pero para los países periféricos, pobres,subdesarrollados, la teoría marxista es más adecuada, pero eso lo debe decidir cada cultura. Los aymara o los musulmanes no son iguales a los ingleses y europeos del norte que construyeron la teoría subjetiva del valor.

    6.- ¿Cuándo consultaron Menger, Jevons, Marx, etc. a todas las culturas del mundo para construir sus teorías del valor?

  27. Entiendo la teoría, el consumidor paga un precio inferior a la utilidad marginal (porque de otra forma estaría incurriendo en un coste de oportunidad) y este precio debe ser superior al coste de producción para la empresa porque ésta a su vez estaría incurriendo en otro coste de oportunidad que es la utilidad marginal de emplear los factores productivos en bienes o servicios alternativos.
    Sin embargo, al llevarlo a la práctica me perdió completamente, es decir que no comprendo la teoría jaja.

    Por ejemplo, ¿Por qué en Amazon el precio de un libro de papel es mayor que el de un libro digital teniendo el mismo contenido?. ¿No será por qué los consumidores considerarían un timo que se cobrase el mismo precio con unos costes muy inferiores a un libro de papel? La subjetividad nace de la idea de que los costes determinan el precio. ¿Ironía?

    En cambio, en Steam ( el mayor distribución digital de videojugos) fija de salida exactamente el mismo precio que una tienda física. ¿Razones? Aprovechar la menor sensibilidad al precio de los fans (algo que perfectamente podría aplicar Amazon). El resto de clientes no se mosquea porque anticipan las agresivas ofertas de esta página que ningún otro competidor es capaz de igualar.