El presente texto es un resumen de la lección sexta de la asignatura Historia de las doctrinas monetarias que imparto dentro del máster en Value Investing y Teoría del Ciclo del centro de estudios OMMA.
Antecedentes
El desarrollo de una sólida teoría del valor asentada en el concepto de utilidad marginal permite asentar el conjunto de la teoría económica sobre unas bases mucho más sólidas que las desplegadas hasta entonces. Siendo la teoría del dinero un caso particular de la teoría del valor de los bienes, parece claro que el perfeccionamiento de ésta tuvo que jugar una decisiva influencia sobre aquélla. De hecho, el mismo economista que abanderó el refinamiento del concepto de utilidad marginal decreciente fue el mismo que desarrolló el seminal concepto de liquidez sobre el que necesariamente se asienta la teoría del dinero.
Carl Menger: El concepto de liquidez como característica esencial del dinero
En 1871 Carl Menger publica sus Principios de Economía Política donde expone que el valor de los bienes económicos depende de su utilidad (esto es, de su adecuación para satisfacer los fines de los seres humanos), pero no de su utilidad total, sino de su utilidad marginal: del valor del fin menos importante que un determinado stock de productos permite conseguir: “El valor de un bien concreto o de una determinada cantidad parcial de la masa total de bienes de que dispone un sujeto económico es igual a la significación que para el mencionado sujeto tiene la satisfacción de las necesidades menos importantes que puede alcanzarse con aquella cantidad parcial y todavía no está asegurada por la cantidad total”. Por ejemplo, el valor de un saco de trigo cuando tenemos tres sacos de trigo será el del fin menos valioso que uno de esos sacos de trigo nos permite alcanzar.
De la ley de la utilidad marginal decreciente se deduce que la posesión de una mayor cantidad de un determinado bien reduce la utilidad de ese bien y que una reducción de su cantidad la incrementa. Es decir, si tenemos tres sacos de trigo y conseguimos un saco de trigo adicional, el bien “saco de trigo” será menos útil por cuanto se dirige a satisfacer un fin menos valioso; asimismo, si uno de los tres sacos de trigo es destruido en un incendio, la utilidad del bien “saco de trigo” aumentará, por cuanto el segundo saco de trigo se dirigirá a satisfacer un fin más valioso que el que iba a satisfacer el tercer saco de trigo.
Esta evolución de la utilidad de los bienes ante las variaciones de su cantidad son universales: un aumento en la cantidad de un bien siempre reduce su valor y una minoración siempre lo incrementa. Ahora bien, que esta regularidad afecte a todos los bienes no significa que los afecte a todos en la misma magnitud. Habrá bienes cuya utilidad variará más violentamente y los habrá otros que la verán variar más lentamente: en concreto, habrá bienes que sirvan para satisfacer una enorme cantidad de fines (por tanto, su utilidad se reducirá muy lentamente ante aumentos de su cantidad) y habrá otros que apenas contribuyan a ello (por lo que su utilidad se reducirá muy rápidamente ante aumentos de su cantidad). No es lo mismo contar con más unidades de sacos de trigo que con más unidades de libros de sánscrito. En el siguiente gráfico, por ejemplo, el bien A es más líquido que el bien B porque su valor se reduce más lentamente ante los incrementos de su oferta.
En El origen del dinero (1892) Menger desarrolla esta idea y llega al concepto de liquidez: aquellos bienes con una utilidad más estable (que satisfagan una mayor cantidad de fines para un mayor número de individuos) serán los más líquidos y esto se reflejará en que el precio unitario al que puedan comprarse (precio pedido) o al que puedan venderse (precio ofrecido) será más estable. Es decir, el comprador que quiera adquirir grandes cantidades de un bien líquido apenas deberá incrementar su precio unitario y el vendedor que quiera desprenderse de grandes cantidades de un bien líquido apenas deberá reducir su precio unitario: “Si la cuestión fuera desprenderse de grandes cantidades de tela o seda a voluntad el vendedor por lo general deberá contentarse con un considerable porcentaje de disminución en el precio. Peor seria el caso de aquel que en cierto momento debe deshacerse de instrumentos astronómicos, preparados anatómicos, manuscritos en sánscrito u otros artículos tan poco comercializables. Si denominamos los productos o artículos más o menos líquidos de acuerdo con la mayor o menor facilidad con que se los puede vender en un mercado en el momento conveniente, a los precios solicitados actuales, o con una mayor o menor disminución en éstos, podemos ver, por lo que hemos dicho, que existe una diferencia evidente entre las mercancías”.
Aquellos bienes con una mayor liquidez serán unos candidatos ideales para desempeñar la función de medios de cambio indirectos: dado que el cambio directo o trueque tiene enormes inconvenientes (es necesario encontrar a una persona que tenga el bien económico que yo quiero y que quiera el bien económico que yo tengo), los agentes tienden a buscar maneras de superar esos inconvenientes. Una forma bastante lógica es separar los actos de vender y de comprar: los bienes económicos se intercambian no por aquellos que directamente deseamos, sino por bienes líquidos que no satisfacen nuestras necesidades inmediatas pero que sí son demandados por la inmensa mayoría de los individuos (acto de vender). Así, una vez hayamos accedido a esos bienes líquidos ampliamente demandados podremos intercambiarlos con facilidad por aquellos bienes finales que sí deseamos (acto de comprar).
Es fácil comprobar que este proceso de sustitución del intercambio directo por el intercambio indirecto no ha sido planificada centralizadamente por nadie, entre otro motivo porque al comienzo nadie conoce exactamente cuáles son los bienes más líquidos de todo el mercado (de hecho, la identidad de éstos puede ir cambiando con los gustos de los agentes y las circunstancias que los rodean). El intercambio indirecto simplemente se va abriendo camino gracias a la perspicacia empresarial de unos individuos que se dan cuenta que algunos bienes son más fáciles de comercializar que otros. En distintos momentos y lugares, sin embargo, pueden emplearse simultáneamente diferentes medios de cambio indirecto, los cuales entrarán en un proceso de competencia hasta que los agentes terminen seleccionando aquellos que, a su juicio, son más líquidos que el resto (incrementando su demanda y ensanchando, con esta decisión, todavía más el diferencial de liquidez): a esos medios de cambio generalmente aceptados los denominará Menger dinero, rol históricamente desempeñado por los metales preciosos.
De la teoría de Menger no sólo se sigue que el dinero es un bien presente con un valor muy estable en distintos lugares y momentos, sino que se trata de una institución social esencial para potenciar la división del trabajo que no ha sido creada por el Estado, sino por la sociedad. El único cometido del Estado, en todo caso, es el de perfeccionar el dinero que ha seleccionado el proceso descentralizado del mercado: “El dinero no ha sido generado por la ley. En sus orígenes es una institución social y no estatal. La sanción por parte de la autoridad del estado constituye una noción que le es ajena. Por otra parte, sin embargo, a través del reconocimiento del estado y de la regulación por parte del gobierno esta institución social del dinero se ha perfeccionado y ha sido adaptada a las múltiples y variadas necesidades de la evolución del comercio, así como los derechos que son resultado de la costumbre se vieron perfeccionados y adaptados a través de la ley”.
Georg Friedrich Knapp: El dinero como medio de pago sancionado por la ley
Casi en paralelo con el austriaco Carl Menger, el economista alemán Georg Fredrich Knapp desarrolló su obra sobre el dinero, cristalizada en su libro La teoría estatal del dinero (1905). Las conclusiones de Knapp eran justo las contrarias a Menger. De hecho, la frase con la que Knapp abre el libro es la opuesta a la conclusión mengeriana: “El dinero es una criatura de la ley”.
Knapp trata de probar precisamente que “el alma de la moneda no está en el material del que están hechas las piezas, sino en las normativas legales que regulan su uso. El dinero, sea metal o papel, es solo un caso particular de los medios de pago en general”. El motivo es que, si bien la utilidad puede ser una condición necesaria para que una mercancía se convierta en dinero, no es una condición suficiente: “Es la posibilidad de emplear la mercancía en los intercambios lo que le permite convertirse en un medio de pago. La posibilidad de usar el bien [para satisfacer necesidades finales] no añade nada a las cualidades del dinero, pues en tal caso todos los bienes podrían convertirse en medios de pago, en tanto todos ellos tienen algún uso tecnológico”. Fijémonos en cómo Knapp confunde liquidez con utilidad (no es la utilidad de los bienes lo que les convierte en candidatos para devenir dinero, sino su liquidez) y cómo cae en una petición de principios (‘para que un bien se convierta en medio de cambio debe emplearse en los intercambios’).
En cualquier caso, Knapp no sólo considera que dinero es todo aquello que participe en los intercambios, sino que podremos identificar qué es y qué no es dinero atendiendo a la regulación de esos intercambios: en concreto, será dinero aquello que la ley imponga como medio para saldar las deudas fruto de los intercambios que se hayan realizado (curso legal).
En la medida en que las deudas pactadas en una divisa (por ejemplo, pesetas) pueden ser modificadas a posteriori por el Estado y determinar que sean pagadas en otra divisa (por ejemplo, euros), queda claro que el material o la mercancía que actuará como dinero sólo puede definirse histórica y contingentemente por el Estado: “La elección, denominación y definición del medio de pago es un acto libre de la autoridad estatal (…), lo que nos lleva a concluir que la validez de los medios de pago no está sometida a un determinado contenido material, sino que la unidad de valor sólo podrá definirse desde un punto de vista histórico”.
Sin embargo, Knapp no concluye su exposición en este punto: hasta aquí sólo ha demostrado que el Estado puede imponer como dinero el tipo de mercancía que desee en cada momento histórico: por ejemplo, una onza de plata o una onza de cobre. Pero si Knapp se hubiera quedado en este punto, se le podría objetar que el Estado sólo puede determinar la identidad del dinero entre aquel espectro de bienes que le ha preseleccionado el mercado, de modo que, en cierto sentido, continuaría sometido a éste. Por ello, el siguiente paso que da Knapp es el decisivo: probar que el Estado puede desligar el dinero incluso de cualquier contenido material.
Knapp explica que en el sistema monetario de su tiempo (y por tanto también en el nuestro) los medios de pago no circulan en función del peso y la pureza del metal que contienen, sino del valor nominal que les otorga el Estado a aquellas piezas monetarias que cumplan con la forma marcada por la ley: “La proclamación [del valor] se consigue cuando se establece que las piezas monetarias que cumplan con una determinada descripción serán consideradas tantas unidades de valor”. Es en este momento cuando la sociedad comienza a utilizar como dinero no aquellas mercancías que hubiese podido seleccionar en un comienzo, sino “tickets” o vales de compra a los que Knapp denomina técnicamente “medios chartales de pago”. De ahí que a la doctrina de Knapp se le denomine chartalismo: “El dinero siempre es un medio chartal de pago. A aquellos medios chartales de pago les llamamos dinero. La definición de dinero es por tanto la de ‘un medio chartal de pago’”.
El economista alemán consigue explicar así no sólo que la moneda de oro circule, sino que el papel moneda inconvertible también lo haga. El papel moneda, como el oro, terminan siendo medios chartales de pago perfectamente sustituibles en sus funciones, pues ni uno ni otro conceden un derecho a un valor seguro (“el dinero, en general, no ofrece ninguna certeza de satisfacción real [directa], sino sólo la seguridad de satisfacción a través de su circulación”) y ambos sirven para pagar las deudas (y de manera muy destacada, las deudas que mantenemos con el gobierno, esto es, los impuestos), por mucho que no se trate necesariamente de un pago en sentido material sino nominal: “es un completo error considerar que el papel moneda inconvertible no acarrea pago alguno. Sí sirve para pagar aunque no en un sentido material”.
La narrativa de Knapp nos ofrece, además, una explicación sobre el origen del dinero radicalmente opuesta a la de Menger: si bien puede ser el mercado quien inicialmente escoge un medio de cambio, conforme la confianza y los intercambios se van volviendo más complejos, esos medios de pago metálicos pierden su sustancia material y se convierten en medios chartales de pago:
Lo que sucede es esto: cuando se acuña por primera vez piezas de metal, la principal preocupación era la de tratar de reconocer inmediatamente la cantidad y la naturaleza del metal que se había utilizado. Esto se hacía para que fuera innecesario examinar con precisión el peso o el material. En un comienzo, nadie pensaba en raspar y desgastar las monedas; no resultaba por tanto relevante plantearse si las monedas circulaban por su contenido metálico o porque así lo establecía la ley, pues cuando las monedas no se hallan desgastadas semejante distinción es inútil. Sin embargo, conforme las monedas se van desgastando y la gente lo percibe, surge necesariamente la cuestión que tantos quebraderos de cabeza provoca a día de hoy: ¿van a circular las monedas de acuerdo con su peso metálico [o de acuerdo a su valor nominal]? (…) Si el medio de pago circula según el valor nominal proclamado por la ley, entonces estamos en un sistema chartal.
En suma, la culminación del sistema monetario conlleva la progresiva abstracción del medio de pago hasta convertirlo en algo absolutamente desligado del soporte material sobre el que se expresa: ese estado de máxima abstracción será el ‘dinero’. Y dado que semejante proceso de creciente abstracción es, además, controlado y dirigido por el Estado bien puede decirse que el dinero es una criatura del Estado o, más concretamente, de la ley.
Silvio Gesell: El repudio de la función de depósito de valor
Tanto Menger como Knapp han definido el dinero como medio de cambio pero, al menos en el caso de Menger, la función de depósito de valor se halla implícitamente asociada a la anterior: si el dinero surge de la necesidad de separar los momentos de venta y de compra de bienes y si necesariamente ha de transcurrir un cierto período de tiempo entre ambas decisiones, será imprescindible que el dinero sea apto para conservar su valor desde el momento en que se decide vender hasta el momento en que se decide comprar. Ciertamente, ambas funciones no tienen por qué coincidir en el mismo bien económico, pero sí deberán ser desempeñadas por algún bien.
Uno de los más destacados herederos de Knapp, Silvio Gesell, optó por divorciar ambas funciones en su obra El orden económico natural (1916). Según Gesell, la división del trabajo necesita de un medio de cambio generalmente aceptado para expandirse; existen, por tanto, beneficios potenciales muy elevados de pasar de un sistema económico basado en el trueque a uno basado en los intercambios indirectos. He ahí dónde, para Gesell, reside el valor del dinero: en las ganancias potenciales que reporta emplear algún bien económico como medio de cambio. La fuente de valor del dinero, o el respaldo del dinero, no es la utilidad del bien económico, sino los beneficios derivados de esa división del trabajo: “aparte de la división del trabajo no hay otro respaldo para la moneda. La división del trabajo genera una corriente ininterrumpida de mercancías, la que a su vez produce una permanente demanda de medios de cambio, de dinero, cualquiera sea el material con que esté hecho”, esto es, “la moneda es y será mercancía: su utilidad consiste exclusivamente su empleo como mercancía de canje”.
Por eso, por cierto, suscribe la idea de Knapp de que el dinero surge del Estado; si cualquier cosa puede ser dinero con tal de que sirva como mecanismo de cambios indirectos, lo habitual será que el Estado cree el dinero: “El dinero como medio de intercambio es la base y condición de la desarrollada división del trabajo, de la producción de mercancías. Un medio de intercambio es indispensable para la división del trabajo. Per es esencial que la fabricación de ese medio de intercambio sea monopolizado por el Estado. Si cualquier persona pudiera fabricar dinero libremente y hacerlo a su manera, su multiplicidad lo haría inútil para llenar su objetivo. Todos declararían su propio producto como dinero y con ello habríamos retornado al comercio de trueque”; en suma, “el dinero necesita del Estado, sin este no se concibe la moneda”.
Pero el mensaje clave de la obra de Gesell es la necesidad de que el dinero sólo sea un medio de cambio y no un depósito de valor: “El dinero debe ser un medio de cambio, y nada más. Está destinado a facilitar el intercambio de mercancías, y allanar sus dificultades. El trueque era un procedimiento inseguro, difícil y costoso, y por ello fallaba con frecuencia; el dinero que ha de substituirlo, debe por eso asegurar, acelerar y abaratar el intercambio de las mercancías. Esto es lo que exigimos del dinero. El grado de seguridad, rapidez y baratura con que las mercancías se cambian, constituye la piedra de toque para la aptitud del dinero. Si, aparte de ello, pedimos también que las cualidades corporales del dinero nos incomoden lo menos posible, lo hacemos siempre que esta exigencia no se oponga en lo mínimo a la consecución de los fines del dinero. Si lográsemos la seguridad, la rapidez y el abaratamiento del intercambio de los productos mediante un dinero que no es destruido por la polilla, y que, además, se presta inobjetablemente para el ahorro, entonces tal dinero debería implantarse. Pero debe desecharse si la seguridad, la rapidez y la baratura del intercambio se perjudican”.
Sucede que, para Gesell, el hecho de que una mercancía pueda actuar como depósito de valor sólo contribuye a entorpecer los intercambios, esto es, a que los consumidores puedan negarse a adquirir las mercancías que les ofrecen los empresarios: “Debemos, pues, empeorar al dinero como mercancía, si hemos de mejorarlo como medio de cambio, y ya que los poseedores de mercancías tienen siempre apuro en el cambio, justo es que también los poseedores del medio de cambio sientan el mismo apremio. La oferta se encuentra bajo presión directa, intrínseca; lógico es que se coloque la demanda también bajo idéntica presión”. Fijémonos en que Gesell detesta la soberanía del consumidor sobre el productor y la salvaguarda que para ésta supone el hecho de que el consumidor cuente con el bien más líquido de todos: el dinero. Justamente porque el dinero es más líquido que las mercancías que intentan vender los comerciantes, el consumidor puede influir y determinar la composición de la producción: “La elección del metal monetario ha convertido a la demanda en una acción volitiva del poseedor del dinero, entregándola al capricho, al afán de lucro, a la especulación y al azar, sin considerar que la oferta, por su estructura orgánica, quede totalmente desamparada frente a esa voluntad. Así surgió el poder del dinero que, convertido en potencia plutocrática, ejerce una presión insoportable sobre todos los productores”.
Con tal de contrarrestar el uso del dinero como depósito de valor, Gesell favorece un dinero papel que tenga que estampillarse una vez por semana, asumiendo su tenedor los correspondientes costes. Es lo que llama la libremoneda: “La libremoneda pierde semanalmente por cuenta del tenedor un milésimo de su valor nominal, que el portador tendrá que reponer, pegando al dorso estampillas de moneda subsidiaria (…)De este modo la circulación monetaria estaría siempre presionada”.
En suma, el propósito de la libremoneda impulsada por Gesell es socavar la soberanía del consumidor obligándole en todo momento a gastar su dinero aun cuando no encuentre en el mercado bienes de consumo o de inversión que lo satisfagan.
Carlos Bondone: La necesaria distinción entre dinero, crédito y moneda
A día de hoy, la tradición mengeriana en el ámbito monetario ha sido continuada fundamentalmente por dos autores: Carlos Bondone y Antal Fekete. Los dos suponen un excelente punto de partida para blindar el potente análisis monetario de Menger de las críticas a las que directa o indirectamente ha sido sometido por Knapp, Gesell y todos sus sucesores intelectuales. Comencemos con las aportaciones de Bondone en este ámbito.
En su libro Teoría de la moneda (2011), Carlos Bondone recoge una clarificadora taxonomía dirigida a distinguir entre las categorías de dinero, crédito y moneda. De acuerdo con Bodone, moneda vendría a ser todo bien económico que satisface la necesidad de liquidez del ser humano (siendo la liquidez la cualidad que necesitan los individuos para realizar con rapidez intercambios de bienes sin recurrir al mucho más costoso e ineficiente trueque). La moneda puede ser de dos tipos: moneda-dinero o moneda-crédito.
La moneda-dinero se da cuando el medio de cambio generalmente aceptado es un bien presente como el oro, la plata, el cereal, el ganado, la sal, etc. La moneda-crédito, en cambio, aparece cuando los agentes utilizan como medio de cambio un crédito, como puede serlo el billete de banco o un pagaré. Ahora bien, Bondone introduce una segunda clasificación de enorme interés dentro de las monedas-crédito: todo crédito puede ser de tipo regular (cuando el crédito especifica la cantidad y calidad de bienes futuros que se han de entregar para saldar el crédito: por ejemplo, 5 onzas de oro) o irregular (cuando no se especifica la cantidad y calidad de bienes que se han de entregar para saldarlo; por ejemplo, “entrégame dentro de un año aquellos bienes que en ese momento estés produciendo”).
La clasificación de Bondone permite enmendarle la plana a Knapp cuando sugiere que la evolución lógica del dinero concluye en un medio de pago chartal, como se acredita del hecho de que los gobiernos puedan imponer el medio de pago que circula en cada momento y en el que se saldan las deudas. Los chartales de Knapp, el papel moneda inconvertible actual, no son más que créditos irregulares que actúan como moneda (“la economía queda endeudada con el tenedor del papel moneda con una cantidad y calidad de bienes que sólo quedará definida en el momento de la compra”) pero no son dinero: no son bienes económicos presentes que satisfagan necesidades de los agentes económicos. Que un Estado, debido a su indudable posición de preminencia e influencia social, pueda inducir en un determinado momento la sustitución de una moneda-dinero (oro) por una moneda-crédito irregular no significa ni que: a) los agentes económicos no deban dar su consentimiento y aceptar ese nuevo medio de pago; b) moneda-dinero y moneda-crédito irregular sean conceptos económicos indistinguibles; c) la moneda-crédito irregular sea preferible a la moneda-dinero.
Precisamente, la teoría de Knapp nos llevaría a caer en una falacia de causalidad falsa: aceptar la moneda-crédito irregular como un acto soberano del Estado y como una necesaria mejora con respecto al patrón oro por mero determinismo histórico (aunque, debemos aclararlo, Knapp se declara partidario de que el Estado mantenga el patrón oro y no adopte un papel moneda inconvertible), cuando justamente el rol del análisis económico debe ser el de responder a preguntas tan relevantes cómo a) cuáles son las condiciones en las que los agentes aceptan el papel moneda inconvertible como medio de pago, b) cómo se determina su valor, c) cuáles son sus efectos sobre la banca y el ciclo económico, d) ¿es preferible la moneda-crédito irregular a la moneda-dinero?
Antal Fekete: La función dual del dinero
Carlos Bondone considera que las funciones exclusivas de la moneda son las de medio de cambio y las de unidad de cuenta, pero no la de depósito de valor. En su opinión, hay muchos otros bienes económicos que desempeñan la función de depósito de valor y que, por tanto, no cabe asignársela como característica central de la moneda. En este punto, Bondone sigue a Menger, quien también rechazaba que el dinero tuviese como característica esencial la de actuar como depósito de valor.
En realidad, sin embargo, la teoría de Menger y la de Bondone (no así la de Knapp y, mucho menos, la de Gesell) sí llevan implícita la necesidad de considerar que una de las funciones esenciales del dinero es la de actuar como depósito de valor líquido. Para completar la visión de Menger y Bondone sobre la moneda y el dinero hemos de recurrir a otro economista moderno: Antal Fekete.
Tal como explica Fekete en su artículo The Janus-Face of Marketability (2003), el dinero tiene dos funciones o dos caras (como también las tenía, por cierto, el Dios romano del comercio, Jano): la función de medio de cambio y la de depósito de valor. El dinero, por tanto, tiene que ser líquido en ambas instancias: líquido para ser intercambiado (lo que él llama “liquidez grande”) y líquido a la hora de ser atesorado y desatesorado (lo que él denomina “liquidez pequeña”). Fijémonos en que un bien puede tener una enorme “liquidez grande” y ser un fantástico medio de cambio pero ser un desastre como depósito de valor: en Roma, las cabezas de ganado eran utilizadas como medio de cambio (por cuanto era muy fácil de desplazar a grandes distancias), pero eran un depósito de valor fatal (morían). Un dinero que sólo sea un buen medio de cambio es un dinero incompleto; de hecho, es el dinero ambicionado por Gesell.
Es verdad que existen otros bienes que actúan como depósito de valor, pero son bienes económicos que son muy ilíquidos a la hora de ser atesorados (podemos tener que pagar un elevado precio para adquirirlos) o de desatesorarlos (podemos tener que contentarnos con un precio muy bajo para enajenarlos). Un dinero que nos impidiera atesorarlo y nos lanzara en brazos de bienes muy ilíquidos para conservar el valor sería un mal dinero (de nuevo, ése es el dinero que ambiciona Gesell). Por ejemplo, supongamos que cada mes la autoridad central repudia todos los billetes de euro que circulen; en tal caso, los billetes de euro podrían ser muy líquidos durante un mes, pero perderían toda su liquidez más allá de 30 días. La autoridad estaría forzando a los agentes que quieran asegurarse el gasto a dos meses vista a que buscaran depósitos de valor alternativos: por ejemplo, los pisos o las acciones. Pero la adquisición de pisos o acciones –y no digamos su venta precipitada– conllevan importantes costes no sólo de transacción sino de precios pagados y recibidos: la conservación intertemporal de valor se efectúa de manera muy deficiente, socavando la liquidez y la soberanía intertemporal del consumidor.
Por eso, si la característica básica del dinero es su liquidez, como piensan Menger y Bondone, habrá que considerar también su liquidez intertemporal y habrá que reputar como característica esencial del dinero la de ser un depósito de valor líquido. De hecho, como explica Fekete, cuando históricamente no han convivido ambas características en un mismo bien económico, la sociedad ha tendido a utilizar sistemas monetarios duales: unos bienes desempeñaban la función de medio de cambio (ganado) y otros la de depósito de valor (sal).
Además, gracias a esta teoría, también podemos comprender no sólo por qué Gesell estaba profundamente equivocado, sino por qué la moneda-crédito irregular es defectuosa: aunque en el corto plazo pueda ser un medio de cambio funcional, a medio y largo plazo es un depósito de valor lamentable (es muy complicado estabilizar el valor de un pasivo con características indeterminadas), lo que fuerza a los agentes a buscar depósitos de valor alternativos y mucho menos líquidos (acciones, bonos, pisos, materias primas, etc.).
Recapitulación
Carl Menger fue el primer economista en aportarnos una definición marginalista del dinero, asentada en su característica esencial: la liquidez. El análisis de Menger permite demostrar cómo el dinero solventa los problemas del trueque, cuáles son las características y propiedades que debe cumplir el buen dinero y por qué el dinero es descubierto y seleccionado por el mercado y no impuesto por el Estado. Este análisis mengeriano se ve enriquecido por las aportaciones mucho más recientes de Carlos Bondone y Antal Fekete: el primero distingue entre moneda y dinero, para poder incorporar dentro de la primera categoría otros bienes económicos que no son dinero pero que sí pueden actuar como medio de cambio (en concreto, el crédito regular y el crédito irregular); el segundo amplía la extensión de la liquidez para incumplir no sólo la liquidez en el espacio (medio de cambio), sino también a lo largo del tiempo (depósito de valor líquido), siendo el bien económico presente dinero el que es capaz de reunir ambas de un modo óptimo (y no el crédito irregular cuando actúa como moneda).
Frente a este sólido marco analítico nos encontramos con la visión chartalista de que el dinero es una criatura del Estado, por cuanto éste puede imponer en cada coyuntura histórica el “dinero” que juzgue adecuado, incluso hasta el punto de privarle de cualquier valor material o dejarlo reducido a su mero valor nominal. En realidad, el Estado no puede imponerle al mercado un dinero que éste no acepte, como se pone de manifiesto, por ejemplo, durante las hiperinflaciones; cuestión distinta es que la destacada posición del Estado –y sobre todo del gigantesco Estado moderno– le permita jugar, en ocasiones, una influencia decisiva a la hora de determinar el medio de pago de una economía (por ejemplo, obligando a que los impuestos sean abonados en una determinada divisa). Pero incluso en esos casos debe ser el mercado quien acepte y digiera la moneda de origen estatal y, además, el Estado lo tiene muy difícil para influir sobre el bien económico que los agentes utilizan como depósito de valor más líquido. Mas, sobre todo, la moneda-crédito irregular (el papel moneda inconvertible o los medios chartales de pago) lejos de circular por un abstracto valor nominal determinado por el Estado circula al valor apreciado por los agentes económicos tal como veremos en la siguiente lección: en cuanto crédito irregular de repago dudoso o incierto, su valor necesariamente fluctúa en función de las expectativas sobre los bienes en los que podrá llegar a transformarse.
Por último, la posición geselliana de que el dinero sólo debe ser un medio de cambio y no un depósito de valor va claramente en contra no sólo de la soberanía del consumidor, sino incluso de la misma lógica interna de un buen medio de cambio. Al fin y al cabo, un medio de cambio es bueno si nos permite realizar intercambios indirectos mutuamente beneficiosos; para ello, el tenedor debe tener la capacidad de escoger qué quiere comprar y qué no quiere comprar. Dicho de otro modo: para que un medio de cambio sea un buen medio de cambio ha de poder ser un medio de no-cambio, esto es, un medio para, en ocasiones, poder no comprar nada (un depósito de valor).
La idea de que el dinero tiene que ir pudriéndose como el resto de mercancías para acelerar los cambios es sólo un modo de proponer que los individuos se vean forzados a realizar intercambios que no son mutuamente beneficiosos: por ejemplo, yo vendo una oveja por 10 libremonedas y, debido a su progresiva depreciación, me veo forzado a usar esas 10 libremonedas en comprar 50 kilos de arroz que valoro menos que la oveja. Al final, el dinero (o, mejor dicho, la moneda-crédito irregular) ha sido un velo para efectuar un mal intercambio para el propietario de la oveja. Lo mismo cabría decir si el vendedor de la oveja se ve forzado a invertir sus 10 libremonedas en activos que juzga muy poco rentables o muy arriesgados: en tal caso, se habrá efectuado un intercambio intertemporal (bienes presentes a cambio de bienes futuros) que tampoco será mutuamente beneficioso.
En definitiva, alterando desde el Estado las funciones y la naturaleza del dinero se consigue que la economía deje de ser progresivamente un juego de suma positiva y en muchos casos degenera en un juego de suma cero, tanto para unos consumidores como para unos ahorradores que han perdido gran parte de la soberanía que dentro del mercado les confería el disponer del bien más líquido tanto en el espacio como a lo largo del tiempo.









noviembre 4th, 2012 a las 22:22
He oído que tanto Bondone como Fekete detectan ciertos errores en Mises en su teoría sobre el dinero, pero no acabo de entenderlos ¿cuáles serían? ¿qué implicaciones tendrían?
noviembre 5th, 2012 a las 0:14
Me sumo a la pregunta. Alguna discrepancia he leído sobre la utilidad marginal del oro, por ejemplo, pero no más.
Paz y Libre Cambio,
noviembre 5th, 2012 a las 7:56
Hola jfc, Refenes,
En este resumen Rallo resalta las diferencias más importantes. Por parte de Bondone la gran diferencia es su taxonomía o clasificación monetaria, donde diferencia claramente entre los conceptos Moneda y Dinero (Moneda es un medio de cambio, y dinero es aquel medio de cambio que además es un bien presente). Mises le otorga categoría de dinero a la moneda fiat, cosa que Bondone rechaza totalmente clasificando la moneda fiat como moneda-crédito-irregular.
Esta diferente taxonomía, tiene muchísimas implicaciones. Por mencionar una, elimina la necesidad del teorema de regresión. Mises se ve “obligado” a formularlo al equiparar la moneda fiat a la moneda mercancia (para él ambos son dinero)…. Y entonces justifica el valor de la moneda fiat por una inercia heredada del dinero mercancía (oro, o billetes convertibles en oro).
Ambos (Fekete y Bondone) rechazan el carácter cuantitativista de Mises, aunque el cuantitativismo es una crítica expresa de Fekete. Y es que Mises no presta la atención que debería a la naturaleza de la moneda para clasificarla. Por ejemplo mete en el mismo saco (Money Proper o Money in the Narrower sense) al oro y al dinero fiat, y desdeña las Real Bills cuándo estas son muy superiores a la moneda fiat.
Una vez que comprendes la taxonomía que propone Bondone hay varias cosas de Mises que rechinan muchísimo, por ejemplo:
- Que exista una categoria monetaria que se llame dinero-crédito.
- Que Mises admita (en Acción Humana) que una vez que una moneda convertible en oro se declara inconvertible, pasa a ser fiat y entonces sube de categoría!! (ya que el dinero fiat para Mises es Money Proper mientras que una moneda convertible es Credit Money o Fiduciary Media).
noviembre 5th, 2012 a las 9:43
Gracias, Manuel. Desde luego, las implicaciones que has citado de la taxonomía de Bondone sobre las Real Bills o el cambio a dinero fiat inconvertible parecen contundentes y merecen estudiarse con detenimiento.
Desgraciadamente, la primera vez que te oí hablar de esta taxonomía me perecieron mero formalismo, pero veo que no es así.
Un saludo
noviembre 5th, 2012 a las 11:04
¿Y que nos impide volver al uso del oro (moneda-dinero) o, como mucho moneda-crédito regular?
Creo que este es el punto flaco de la exposición. ¿Porque preferimos papel moneda (moneda-crédito irregular) a un sólido crédito-regular (vales de oro) o el mismo oro?
Profesor, usted mismo en no se que ocasión, no recomendaba adquirir oro hasta que uno tuviese más de 100.000€ para invertir o ahorrar. ¿Porque?
noviembre 5th, 2012 a las 11:18
Si jfc es cierto y no eres el único. Mucha gente critica a Bondone porque “hace un mundo” de unas simples disquisiciones semánticas. Y para nada es así.
Hay una implicación práctica muy importante. Si admites que dinero=crédito como hace Mises (y también Friedman o Keynes) pones las bases para la formación sistemática de burbujas de crédito.
Si el crédito es intercambio de bienes presentes por bienes futuros, y al mismo tiempo otorgas la categoría de bien presente al crédito (que es un bien futuro) cuando éste se utiliza como medio de cambio….. Te has metido en un circulo vicioso crediticio desde los mismos cimmientos de tu teoría monetria.
Es como si en arquitectura admites que cualquier cosa que sea útil como suelo sirve para cimentar un edificio. Admites en tus fundamentos teóricos la construcción de un edificio con infinitas plantas, lo cual hace que luego sea muchísimo más complicado demostrar con contundencia y claridad lo peligroso de intentar construir semejante edificio.
noviembre 5th, 2012 a las 13:14
Quizá al final nos estemos liando demasiado:
vimeo.com/44394416
(Un poco de humor para distendir, pero con mucho sentido común)
noviembre 5th, 2012 a las 13:16
Tal y como yo lo veo, el propio concepto del dinero como “medio de intercambio” lleva aparejado inexorablemente el que a su vez tenga que considerarse “depósito de valor”, sencillamente porque la ventaja que supone el dinero como superación del trueque como medio de intercambio conlleva implicitamente la dilatación en el tiempo de los propios intercambios: solo puede interesarme vender ahora mis mercancías a cambio de dinero si lo puedo asu vez intercambiarlo cuando me convenga, por lo que necesariamente tiene que inspirarme confianza como “depósito de valor”. Como dice el art.”medio de intercambio” y “depósito de valor” son las dos caras de la misma moneda y podemos comprobarlo empíricamente con los procesos hiperinflacción: el dinero en una hiperinflacción pierde fundamentalmente su contenido de “depósito de valor” lo que inexorablemente conduce a que en esas situaciones sea finalmente repudiado también como “medio de intercambio” y se vuelva al trueque o a su sustitución por otro tipo de dinero (por ejemplo oro), que los agentes confían que conservará su cualidad de “depósito de valor”.
noviembre 5th, 2012 a las 14:57
En ese sentido Bondone lo que dice es que el depósito de valor es una característica deseable para cualquier bien, no es algo exclusivo del dinero. No es que para él no sea importante, de hecho lo es. Pero no ve justificable teorizar ad-hoc en ese sentido para el dinero, cuando ese argumento es generalizable para todos los bienes.
Es una cuestión epistemológica. Una teoría es más potente cuanto más simple y más general.
Poniendo un ejemplo: La utilidad de oro como dinero es mayor que la del trigo de la misma forma que la utilidad del hierro como herradura de un caballo es superior a la de la madera.
noviembre 5th, 2012 a las 14:58
Pese al vídeo-chiste sigo interesado en las respuestas a las preguntas que hacía más arriba:
“¿Que nos impide volver al uso del oro (moneda-dinero) o, como mucho moneda-crédito regular?”
“¿Porque preferimos papel moneda (moneda-crédito irregular) a un sólido crédito-regular (vales de oro) o el mismo oro?”
“¿Porqué no se recomienda adquirir oro hasta que uno tiene ya una gran reserva de dinero fiduciario?”
noviembre 5th, 2012 a las 15:01
En los ejemplos del oro y la herradura quise decir Utilidad más duradera, no utilidad mayor…
noviembre 5th, 2012 a las 15:09
“¿Porque preferimos papel moneda (moneda-crédito irregular) a un sólido crédito-regular (vales de oro) o el mismo oro?”
Por que hasta el día de hoy la ciencia económica en su conjunto o al menos como opinión mayoritaria sostiene que lo que Bondone llama crédito irregular es Dinero. Y conforme a ello actuan legisladores, políticos, banqueros centrales y agentes económicos… Aunque estos últimos algo sospechamos y por eso aplicamos un descuento a ese supuesto “dinero”, que es la inflación.
Además los agentes económicos tenemos un perverso incentivo para acoger la moneda-crédito-irregular, y es endeudarnos en ella. Endeudarse en una moneda que pierde valor de forma sistemática puede ser un gran negocio si se hace con el timing correcto.
noviembre 5th, 2012 a las 15:27
Gracias Manuel,
La segunda parte de su explicación es más convincente/contundente, pero la primera no es moco de pavo.
Yo mismo he pensado comprar oro, y
¿luego que?
- Por Ley no me sirve para pagar impuestos ni efectuar ningún pago al ningún ente público.
- Ni grandes empresas ni pequeños comerciantes me aceptan oro como pago directamente, no están preparados para ello y les complicaría su facturación, el cobro del IVA (que NO va en oro) y el pago de sus impuestos.
En resumen, el oro no me sirve NI como medio de pago directo NI, por lo tanto, como unidad de cuenta de precios, por pura presión Estatal.
Todavía me queda la reserva de valor, pero…
¿Donde lo guardo?
¿En casa? ¿bajo el colchón?
A poco que compre es MUCHO dinero y MUCHO riesgo si me lo roban…
¿Lo meto en un banco?
La mayoría de los bancos NO aceptan oro, solo dinero fiduciario.
¿Usar un banco de oro?
Te van comiendo el oro a onzas con el tiempo, solo merece la pena, entiendo, si tienes grandes reservas (¿quizá por eso la recomendación del Profesor?)
¿Lo guardo en una caja de seguridad?
Quizá sea la mejor opción, si no saben lo que guardo es posible que sea lo más económico, pero aún así son más de 100€ como mínimo al año por lo que parece (http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/sociedad-y-consumo/2008/10/26/180964.php)
Ya tienes que haber hecho un buen desembolso para que te rente.
En resumen, entre las leyes y prohibiciones estatales y que todo se amolda a ellas, salirse del camino marcado es difícil, incómodo y caro.
noviembre 5th, 2012 a las 15:31
“Además los agentes económicos tenemos un perverso incentivo para acoger la moneda-crédito-irregular, y es endeudarnos en ella. Endeudarse en una moneda que pierde valor de forma sistemática puede ser un gran negocio si se hace con el timing correcto.”
Ah, y esto también tiene la lectura inversa; si las hipotecas se denominasen en oro quizá nos lo pensábamos más antes de contraer una a más de 5 o 10 años.
noviembre 5th, 2012 a las 15:45
Asi es. La realidad hoy es que el oro no es medio de cambio generalmente aceptado, por tanto no es moneda, y si no es moneda tampoco puede ser dinero.
Yo soy de los que piensa que si el oro está “ilegalizado” o desmonetizado es con el consentimiento de todos. La prueba está en que cuando el mercado decide repudiar una moneda, no hay ley que se le ponga por delante.
noviembre 5th, 2012 a las 17:57
Muchísimas gracias, Manuel.
noviembre 5th, 2012 a las 18:29
Manuel Polavieja: “Yo soy de los que piensa que si el oro está “ilegalizado” o desmonetizado es con el consentimiento de todos. La prueba está en que cuando el mercado decide repudiar una moneda, no hay ley que se le ponga por delante.”
Hola,
¿Y no se trataría más bien de la manifestación de la Ley de Gresham?
noviembre 6th, 2012 a las 9:25
Estimado Manuel: el que fuera “deseable” que todos los bienes sirvieran como depósitos de valor no implica, ni mucho menos, que todos los bienes posean dicha cualidad: es evidente que cualquier bien perecedero (a bote pronto: la mayoría de los alimentos frescos), casi por simple definición, no sirve como depósito de valor y sin embargo no por ello dejan de ser bienes.
Precisamente, por el no ser depósitos de valor, es lo que les invalida para ser utilizados como dinero por la razón que anteriormente he expuesto: la utilidad del dinero no solo solo radica en que facilita para los intercambios que hacemos hoy, sino que facilita los que haré dentro de varios año.
Por ello es evidente que dinero es: aquello que se acepta como medio de pago y para ello es inexcusable que sirva como depósito de valor.
noviembre 6th, 2012 a las 9:31
Precisamente porque el dinero debe poseer ambas propiedades, a día de hoy en España (y casi en el resto del Mundo) y en el contexto de un ciudadano corriente, el oro no es dinero: por muy buen depósito de valor que sea, no sirve como medio de pago. Lo cual, dicho sea de paso, no significa que no lo haya sido en el pasado y que no lo pueda volver a ser en el futuro.
noviembre 6th, 2012 a las 11:29
Hola pvl,
Creo que no me he explicado bien. Lo que sostiene Bondone es que el mantenimiento de la utilidad en el tiempo de cualquier bien hace que, ceteris paribus, sea más valorado.
Por ejemplo un alimento fresco que se estropee en 10 dias será más valorado que un alimento de exactamente las miamas características excepto que se estropea en 3 días.
¿Es mejor valorado aquel dinero que, ceteris paribus, conserva durante más tiempo su utilidad monetaria? Sin ninguna duda. Pero eso es algo común a todos los bienes / utilidades. No es algo que afecte de forma exclusiva o particular al dinero.
noviembre 6th, 2012 a las 11:47
Y más aún lo de “mejor dinero cuanto más tiempo conserve su utilidad” es también es relativo o subjetivo.
Alguien que quiera endeudarse no denominaria su deuda en un dinero que conserve bien o muy bien su valor, justo lo contrario de lo que querría alguien que pretende atesorar liquidez.
noviembre 6th, 2012 a las 12:30
Hola de nuevo Manuel. Gracias por la aclaración: ahora he entendido mejor lo de Bondome, aunque sigo sin estar de acuerdo. Puede que en algunos bienes podamos establecer el “ceteris paribus” que comentas pero no en otros: por ejemplo el pescado fresco se cotiza más caro que el congelado.
Se podrá argüir que en ese caso no se conserva el ceteris paribus, porque se modifica la calidad etc, pero entonces es evidente que no podríamos aplicar el principio de ceteris paribus a la elección de la inmensa mayoría de bienes, ya que precisamente son las diferencias entre ellos(reales o fictias es irrelevante) lo que nos hace decidirnos por unos u otros.
Respecto a lo que comentas de la deuda tampoco estoy de acuerdo. Creo que se entiende muy fácilmente si tenemos en cuenta que la deuda es simplemente dinero negativo (literalmente de igual manera que si estoy a 30 m bajo el agua estoy a menor altura que si estoy a nivel del mar). Yo puedo tener + 30 euros o puedo tener – 30 Euros (si tengo una deuda de 30 euros). Y en ambos casos, si por ejemplo por efecto de una hiperinflacción los euros dejan de conservar totalmente su valor y por lo tanto , cualquier cantidad de Euros pasa a valer 0 euros, está claro que en el caso de deberlos he salido ganando porque he pasado de -30 euros a 0, y en el caso de poseerlos he salido perdiendo porque he pasado de +30 a 0.
Luego no tiene nada de subjetivo o relativo.
noviembre 6th, 2012 a las 12:35
Por cierto se me ocurre otro caso donde es francamente dudoso que “ceteris paribus” se valore más un bien más longevo: la moda en cualquiera de sus manifestaciones (música, ropa, etc).
noviembre 6th, 2012 a las 13:15
Es que tanto en el ejemplo del pescado como en el de la moda el ceteris paribus no se cumple.
Por supuesto que el ceteris paribus es un artificio teórico para ilustrar una idea, pero como bien sospechas no es algo real, porque en el mundo real todo cambia, sobre todo cambian nuestras necesidades y opiniones, que tienen tanto peso o más que las cualidades de los bienes a la hora de valorar.
El ejemplo de la moda es muy bueno precisamente para explicar que el ceteris paribus no se refiere solo a las propiedades del bien en cuestión, si no a la percepción que los agentes tienen de esas propiedades, no importa incluso si ésta percepción es caprichosa, el efecto económico se produce igualmente. Una prenda que está de moda hoy, no es la misma prenda pasada de moda mañana, aunque físicamente sea la misma (nuevecita y sin usar) económicamente son prendas distintas. Y si se vuelve a poner de moda 10 años despues, la prenda vuelve a ser económicamente distinta, pese a seguir siendo la misma prenda física en todos los casos.
Insisto en que el ceteris paribus es un artificio que hay que coger con pinzas siendo consciente de las limitaciones que tiene, porque con el tiempo todo cambia.
Y lo de subjetivo o relativo depende del sujeto que esté valorando el dinero en cuestión. Si un agente A no tiene ahorros y lo que quiere es endeudarse preferirá, si puede, utilizar un dinero que sea mal depósito de valor. Mientras que un agente B cuya necesidad sea atesorar liquidez, preferirá evitar, si puede, ese mismo dinero que el agente A quiere utilizar. Aunque ambos coinciden en que ese es un dinero que o bien interesa vender en descubierto (agente A) o bien no interesa comprarlo (agente B), satisface mucho mejor las necesidades del agente A que las del agente B.
noviembre 6th, 2012 a las 13:28
Unos datos empíricos, irrelevantes aunque dan que pensar.
Según algunos estudios las zonas del cerebro que se activan cuando una acción incluye sexo, alimento o dinero son las mismas,…, zonas primitivas.
Induce a pensar, el dinero es una “recompensa” (o sea tiene valor e utilidad) sobre una acción de consumo/valor primario, tal que sexo y alimento. Debe ser necesariamente futura (reserva valor), porque el dinero no se come o se …
Todos los intentos por emitir monedas-dinero son perseguidas por el Estado, y la gente acaba en la cárcel. No obstante, las monedas-crédito de mala, o muy mala calidad no son perseguidas. Induce a sospechar algo,…
“En realidad, el Estado no puede imponerle al mercado un dinero que éste no acepte, como se pone de manifiesto, por ejemplo, durante las hiperinflaciones”
Esto no corresponde con la realidad, puesto que las hiperinflaciones se producen porque el Estado ha impuesto el “dinero” al mercado anteriormente. Los costos de evadir las restricciones son altos, por lo tanto la inercia lleva a usar el forzoso “dinero”.
Es similar a decir la gente vota a los mejores candidatos (usa el mejor dinero), cuando estamos en un Estado de Partidos. No puede ser cierto, porque la acción es indirecta, votaría a los mejores candidatos para la res pública (en su opinión) si pudiera elegir uno a uno. El sistema modifica la conducta,…, y el resultado es falaz. No digamos ya, si incluimos “la ponderación” de votos (lo que sería impuestos, acceder a subvenciones,…), porque las mayorías se transforman en minorías mayoritarias que ostentan el poder. De ahí a a la oligarquía dos patadas,…
noviembre 6th, 2012 a las 14:10
Las inflaciones se producen cuando se crea dinero por encima o muy por encima de la cantidad de bienes.
Simplificando, si un vaso de vino cuesta 2 euros, el doblar la cantidad de dinero lo que hará es que el vaso de vino valga el doble. Es decir imprimiendo más dinero no se producen automáticamente más bienes, lo que se hace es aumentar el precio de los bienes ya existentes, eso es la Inflación.
noviembre 6th, 2012 a las 14:14
Si, pero yo matizaría “el Estado ha pretendido imponer la moneda al mercado anteriormente” Ante lo que el mercado se “defiende” con inflación, hiperinflación o directamente el repudio monetario. Todo dependiendo de como sea la moneda que se pretende imponer.
Tenemos el caso de Argentina actualmente que si bien no es hiperinflación bien podemos calificarla de inflación alta. ¿Sirven de algo las maquinaciones del IPC por parte del gobierno? Más bien no, como mucho afectan a los precios controlados por el gobierno, pero el mercado sigue castigando a la moneda con el descuento (inflación) que considera oportuno, obviando el descuento que pretende imponer el gobierno vía manipulación del IPC.
Si el gobierno sigue por ese camino ignorando la presión del mercado, no tengo duda de que más pronto que tarde el mercado acabará por repudiar la moneda.
noviembre 6th, 2012 a las 14:21
Efectivamente Freeman, es el mercado quien inevitablemente descubre de forma “descentralizadamente coordinada” que la cantidad de moneda emitida supera el contravalor de bienes producidos.
noviembre 6th, 2012 a las 14:34
Manuel: Antes de nada, comentarte que es un placer debatir contigo sobre estos temas.
Mi conclusión es que el dinero no comparte con el resto de los bienes la propiedad de ser de mejor “calidad” (en el sentido de más apreciado por los agentes) cuanto mejor conserve su valor: Esa cualidad se cumple inexorablemente por el “buen dinero” y muchos otros bienes pero no por TODOS los bienes (que si no te he entendido mal es el razonamiento de Bondone para excluir la necesidad de considerarla una propiedad intrinsecamente importante del dinero). Por cierto, descononozco la fecha en la que Bondone elaboró su teoría, pero sospecho que antiguamente habría más bienes que cumplieran esa premisa de más valor cuando más duraderos, que en la actualidad.
Finalmente sobre tu comentario de la deuda creo que es preciso introducir precisamente el concepto de ceteris paribus para no multiplicar los escenarios: a cualquiera que tenga un saldo neto deudor le interesa que el dinero se deprecie hasta llegar a valer 0 (encontrará literalmente tirado por la calle el dinero que debe) , mientras que al que tenga un saldo neto positivo eso le perjudica (por los mismos motivos, llegado el caso le da lo mismo tener los billetes en su bolsilo que si los tira a la calle o los regala). En ese sentido los intereses de cada sujeto podrían interpretarse como subjetivos, pero mirado globalmente vemos que en ese proceso de hiperinflacción extrema, tanto deudas (dinero negativo) como el dinero positivo se han comportado de la misma manera objetiva y predecible: cualquier cantidad de dinero (positiva o negativa) se ha destruido y ha pasado a valer 0. Y si entendemos el buen dinero como el mecanismo que permite mayor eficacia en los intercambios económicos y que por tanto contribuye a la generación de riqueza y como mal dinero el que hace justo lo contrario, creo que es perfectamente objetivo describir que una de las características principales del buen dinero es que conserve su valor en el tiempo, o al menos no lo pierda de forma abrupta por mucho que eso beneficie objetivamente a los deudores.
noviembre 6th, 2012 a las 15:33
Cuidado pvl, bajo la Teoría del Valor subjetivo lo correcto sería:
“…más valor cuanto más tiempo sean percibidos como útiles…”
en lugar de:
“…más valor cuando más duraderos…”
noviembre 6th, 2012 a las 17:54
“el Estado ha pretendido imponer la moneda al mercado anteriormente”
Eso es como un boxeador que tiene la cara destrozada, tambaleándose, y le preguntan al manager que tal le va, y dice el tipo: “se defiende”. Hablar de defensa del mercado induce a pensar al menos limita el daño, cosa que es falsa, pues lo que realmente sucede es que sufre el daño* y ello se refleja en forma de aumento sostenido de precios.
Y respecto a lo del repudio, repasando las de Zimbabwe y Alemania vemos se produce en fase terminal de la economía.
¿Cómo se defiende el mercado cuando el precio se duplica cada 4 horas?
No “ha pretendido”, simplemente la ha impuesto.
Eso es como los impuestos, dado que son “dos caras de la moneda”, la gente pretende pagar pocos impuestos, pero se los imponen y los pagan. Y al final pagan impuestos, por mucho que se defiendan.
Por cierto, en mi opinión la moneda-crédito y la inflación tienen una relación más compleja, existe el impago, … ,la velocidad,…, los impuestos,…: Todo forma parte del mismo conglomerado, cosa compleja.
*:http://es.wikipedia.org/wiki/Se%C3%B1oreaje
Curiosamente ahora lo utilizan los bancos privados, aquellos capaces de endeudarse a muy bajos tipos,…, además del duo “Estado”-bonos, banco central.
noviembre 6th, 2012 a las 21:34
El mercado no se defiende contra unos precios que se duplican cada cuatro horas, el mercado de defiende duplicando el precio cada 4 horas en respuesta al crecimiento de la masa monetaria.
Incluso gran parte del crecimiento de la masa monetaria se origina en el mercado. Ya que endeudarse en una moneda débil es beneficioso, y en un sistema de moneda-crédito como el que tenemos nuevo endeudamiento = incremento de la masa monetaria.
Contra los impuestos la defensa es más difícil porque ahí si hay coacción y violencia. Con respecto a la inflación, y salvo que haya control de precios, no hay coacción ni violencia para evitar la subida de los precios.
Y aunque sea más difícil defenderse contra los impuestos, la gente también lo hace. Los ricos mediante elusión y evasión fiscal y los pobres mediante la economía sumergida.
noviembre 7th, 2012 a las 5:30
Cuándo se refiere a conservación del valor, está hablando de mantener una misma relación de intercambio con otros bienes (valor de cambio) o de la valoración personal que hace el poseedor?
Es decir, la conservación de valor se refiere a que el precio de la moneda no sea muy volátil? Esto es lo primero que entendí pero el ejemplo de la sal me hizo pensar si lo que querría decir por conservación de valor no sería simplemente durabilidad.
noviembre 7th, 2012 a las 7:24
Me refiero a la valoración subjetiva del propietario y de los no propietarios (a todos los agentes en general). El precio o valor de cambio es una consecuencia o reflejo de las valoraciones de quienes intercambian.
Y el valor es una consecuencia de la utilidad primero y de la cantidad despues (Utilidad Marginal).
Que la utilidad dure en el tiempo no depende solo del bien, también depende de la percepción de quien valora dicha utilidad. Algo puede durar fisicamente mucho tiempo y sin embargo su utilidad decaer, como sucede con las prendas de vestir cuando pasan de moda, como muy bien me indicó pvl más arriba.
noviembre 7th, 2012 a las 8:40
Hola de nuevo Manuel: esa sutil y acertada distinción que haces entre “…más valor cuanto más tiempo sean percibidos como útiles…” y “…más valor cuando más duraderos…”, en mi opinión y hasta que alguien no me demuestre lo contrario, es aplicable típicamente a bienes sujetos a la subjetividad intrínseca de las modas pero en absoluto es aplicable al dinero, cuya valoración por parte de los agentes es quizás, de las cosas más objetivas que podemos encontrar en ciencias sociales.
Volvamos de nuevo al escenario de una hiperinflación, que tiene la virtud de simplificar el escenario eliminando todo lo superfluo en relación al valor del dinero: en ese escenario ¿es razonable pensar que pueda haber agentes interesados en atesorar dinero hiperinflaccionado? Rotundamente no: en ese escenario todos los agentes actúan de manera absolutamente racional (que sea consciente o intuitivamente es indiferente) y previsible: dado que el dinero inflaccionario pierde su valor de depósito a marchas forzadas (y por tanto literalmente deja de funcionar como dinero al perder una de sus dos cualidades esenciales), todos los agentes compiten entre sí para intercambiarlo por otros bienes tan rápido como les sea posible.
noviembre 7th, 2012 a las 9:49
“El mercado no se defiende contra unos precios que se duplican cada cuatro horas, ”
En cierta forma es correcto, pero en cierta forma es incorrecto.
Si yo tengo el monopolio de la “moneda” y tu estás obligado a usarla, si “imprimo” el doble de la masa monetaria actual y se lo doy barato a los “inversores”. Estos compran materias primas que tú necesitas, evidentemente sin elusión posible.¿Quien sube el precio tú o yo?
Es como aquello, si planto fuego a una casa donde está usted, evidentemente usted es el que corre para salvar la vida. ¿Pero debería correr si yo no plantara fuego a la casa? En el código penal se explicita como causa.
Además, el nuevo dinero siempre araña una porción mayor de valor según se introduce en la economía, y más aún si su tasa de inyección varia de forma imprevisible.
Con el ejemplo anterior, si era necesario duplicar el precio cada 4 horas. Simplemente duplicando el valor nominal de lo emitido anteriormente, los cálculos/expectativas del mercado (doble cada 4 horas) serán erróneas y sufrirá perdida al “adquirir moneda” por mercancía,…
“Y aunque sea más difícil defenderse contra los impuestos, la gente también lo hace. Los ricos mediante elusión y evasión fiscal y los pobres mediante la economía sumergida.”
Pero ello no es baladí, pues al igual que la inflación trastoca completamente la estructura social.
noviembre 7th, 2012 a las 11:32
Claro que la inflación y los impuestos tienen efectos. Y mi idea es intentar comprender / exponer esos efectos con rigor. En este caso diferenciando muy bien entre causa y consecuencia.
En el ejemplo del fuego se ve muy bien lo que yo quiero dejar claro. Si alguien prende fuego a mi casa y salgo corriendo yo no me defiendo de mi propia huida, sino que me defiendo del fuego huyendo.
noviembre 7th, 2012 a las 11:57
pvl, date cuenta que la afirmación “…más valor cuanto más tiempo sean percibidos como útiles…” no excluye a la premisa “…más valor cuando más duraderos…”, sino que la incluye.
Hasta aquí hemos estado hablando de Utilidad a secas que tiene que ver con las cualidades de los bienes, más que nada por ir por partes. Pero no podemos olvidarnos del apellido “Marginal”, que tiene en cuenta además la cantidad.
Cuando la cantidad de un bien aumenta sin que aumente su demanda, su precio baja. Esto es lo que le pasa al dinero cuando hay inflación, que no es distinto a lo que le pasa a cualquier otro bien.
Y para no caer en el cuantitativismo hay que tener en cuenta que las cualidades de los bienes condicionan su cantidad. Por ejemplo la distribución geológica del oro y la forma en que se encuentra en la naturaleza (muy mezclado con otros metales) condiciona su cantidad. De la misma forma que la cantidad de crédito está condicionada por sus cualidades, por su propia naturaleza la forma de crear un crédito es tan simple como un apreton de manos, firmar un contrato, emitir una promesa de pago o realizar unos apuntes en tu contabilidad.
noviembre 7th, 2012 a las 18:23
La autoridad en dinero dice:
http://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/other/virtualcurrencyschemes201210en.pdf
… they trust this central authority.
…
Medium of exchange: money is used as an intermediary in trade to avoid the inconveniences
of a barter system, i.e. the need for a coincidence of wants between the two parties involved in
the transaction.
Unit of account: money acts as a standard numerical unit for the measurement of value and
costs
Store of value: money can be saved and retrieved in the future.
…
The question then arises as to whether they also fulfil the “store of
value” function in terms of being reliable and safe, or whether they pose a risk not only for their
users but also the wider economy.
…
The US authorities have accused this scheme (e-gold) of violating anti-money laundering regulations. In 2008 the company’s founder
and two senior directors agreed to plead guilt.
—
Un poco indigerible, porque, ¿cómo puede ser reserva de valor si se basa en la fe? Y el banco central no garantiza absoutamente nada. Son premisas contradictorias.
Vamos que sería expectativa (creencia en caso de irracionalidad y/o ignorancia),..,
Por otra parte, tambien abren la mano al llamar “money” a monedas convertibles solamente por un producto exclusivo,..
Bastante flojo.
noviembre 7th, 2012 a las 21:59
Pero aun hay mas, ver pagina 23 , proferir/inventar que los austriacos empujaron bitcoin. Madre del amor hermoso no me extrañan nada los pufos bancarios con semejante equipo técnico en el supervisor no me extraña.
noviembre 7th, 2012 a las 22:26
Bueno, yo le he echado un vistazo y lo que dice más bien es que el creador de las Bitcoins se inspiró en la escuela austriaca. Y despues dice que a pesar de esa inspiración los economistas austriacos rechazan las Bitcoins.
Bondone no rechaza las Bitcoins, las equipara a la plata el oro o la sal porque son un bien presente. Pero aunque Bondone se considera austriaco (Mengeriano para más señas) no tengo nada claro que los austriacos “mainstream” (instituto Mises) consideren a Bondone uno “de los suyos”.
noviembre 8th, 2012 a las 20:28
Pero, para aseverar eso debería enlazar a un artículo del creador lo explique, cosa que no hace.
También podría afirmar los contrabandistas se inspiran en el libre comercio, pero ¿por qué compensa el contrabando?.
Desde mi punto de vista Bitcoin tiene severos problemas de diseño y algo que no dice el “artículo”*, una de las principales, no ya de su existencia sino supervivencia, es el monopolio poseen los bancos centrales. Y a su vez, atacan cualquier posibilidad de dinero medianamente fiable los Estados mediante todo tipo de legislación y triquiñuelas.
Algo me interesa, es la creación de nuevo dinero, todas las que conozco y las que soy capaz de imaginar no son satisfactorias (salvo la de competencia libre entre creadores de dinero).
Si alguien tiene alguna propuesta me gustaría conocerla,…
*: corporativismo y falta de objetividad
noviembre 19th, 2012 a las 13:05
Me gustaría saber si se va a colgar el video de la conferencia que dió el otro día Manuel Polavieja en el Instituto Juan de Mariana.
noviembre 19th, 2012 a las 13:46
Sí.
abril 23rd, 2013 a las 7:52
Eso es en lo que yo me fijé, cuando leí el libro de Menger y me dí cuenta de que la Historia del Pensamiento Económico me había timado, una vez más: que se trata de un análisis OBJETIVO del VALOR. Ud. dice:
“Esta evolución de la utilidad de los bienes ante las variaciones de su cantidad son universales…”
Es decir, “son universales”….Que no me digan jamás que Menger inicia una teoría del valor subjetivista….Es un objetivista cuantitativo, pues “lo objetivo” no es la esencia o cualidad o phúsis (que diría Platón o Aristóteles) sino la cantidad-a-disposición.
abril 23rd, 2013 a las 8:00
Que la teoría de Menger sea una objetivación cuantitativa del Valor-de-un bien significa, que toma el espacio de repetición estructural (repetición del mismo bien n veces a los que se asigna diferentes utilidades)como si fuera ahora un nuevo espacio de representación (espacio de valor de los bienes). Del mismo modo, los semióticos toman el espacio de repetición de los signos lingüisticos como si fuera un espacio de representación. En ambos casos, se comprenderá que ya no estamos en el mismo espacio clásico del concepto de representación, o del concepto de valor….
Realizar esta operación (tomar un espacio estructural de repetición como si fuera un espacio nuevo de representación pero sin referente de la cosa, o sin esencia cualitativa del bien…es cambiar el concepto de valor de uso simbólico por el valor asimbólico de utilidad marginal )