El FMI se equivoca; sus críticos mienten

Se atribuye a Arquímedes la famosa frase de “denme un punto de apoyo y moveré el mundo”, pero tuvo que llegar Jean François Revel para revelarnos que el principal de esos puntos de apoyo que mueven el mundo era la mentira; o todavía mejor que la mentira, las retorcidas, tergiversadas e interesadas medias verdades. No otra cosa ha sucedido con el ya celebérrimo informe del FMI donde, según reza el pensamiento único pro-despilfarro, el organismo internacional ha claudicado de su machacona obsesión con la austeridad. Según se nos cuenta, el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, ha demostrado en este paper que los efectos depresivos de la austeridad son mucho mayores de los inicialmente esperados y, por tanto, que han sido negativos para Europa. Y, ciertamente, la noticia posee los dos ingredientes esenciales para convertirse en todo un bombazo: el reconocimiento de que la austeridad es un fracaso por parte de esa maligna institución que representa lo peor de las esencias neoliberales, el FMI.

Pero hasta aquí la impostada realidad, ahora vayamos a los hechos. Comencemos por el final, por las conclusiones de este redentor informe que supuestamente admite entre súplicas de misericordia el error de haber impulsado las políticas de austeridad: “Para concluir, merece la pena que a la hora de decidir la política fiscal adecuada es necesario muchos otros factores aparte de los multiplicadores fiscales a corto plazo. Por consiguiente, no hay que interpretar nuestros resultados como una oposición a la política fiscal de ningún país en concreto. Prácticamente todas las economías desarrolladas se enfrentan al reto de tener que ajustar sus presupuestos en respuesta a unos elevados niveles de deuda pública y a la presión que el cambio demográfico ejercerá sobre las finanzas públicas. Los efectos a corto plazo de la política fiscal son sólo uno de los muchos factores que hay que considerar a la hora de determinar el ritmo adecuado de consolidación fiscal en cada país”.

Cáspita, parece que la cosa no está tan clara. Mejor analizamos las distintas mentiras que orbitan en torno a esta historia.

El FMI no tiene nada que ver con el liberalismo

El FMI es una burocracia política internacional creada hace tres cuartos de siglo por dos personas profundamente antiliberales: Harry Dexter White (agente soviético infiltrado en la Administración estadounidense) y John Maynard Keynes (el más conocido promotor intelectual de las políticas inflacionistas, neomercantilistas y deficitarias en el s. XX). Su propósito original era proporcionar financiación a los gobiernos de aquellos países con déficits exteriores extraordinarios (es decir, retrasar los ajustes automáticos propios del patrón oro) y, tras el abandono de Bretton Woods, se ha dedicado a conceder créditos a tipos blandos a aquellos gobiernos con déficits públicos gigantescos para que, a cambio de planes de consolidación fiscal consistentes predominantemente en sangrantes subidas de impuestos, permitirles estirar durante más años la acumulación de deuda y el gasto público sobredimensionado.

Los liberales no chicaguenses siempre hemos defendido que lo mejor que puede hacerse con el FMI es cerrarlo ipso facto. Un prestamista privilegiado de gobiernos extranjeros financiado merced a miles de millones de exacciones fiscales que además promueve sucesivos sablazos tributarios es una institución nada liberal. Nunca lo fue y nunca lo será.

Ni el PIB ni el empleo son sacrosantos

El informe del economista jefe del FMI Olivier Blanchard (que no el informe del FMI) llega a la conclusión de que, como media, cada punto de consolidación presupuestaria (de subida de impuestos o de reducción de gastos) se traduce en una caída del PIB de, aproximadamente, 1,5 puntos (es lo que se conoce como “multiplicador del gasto”); un punto más de lo que originalmente el FMI había esperado. Dicho de otro modo y haciendo un ejercicio meramente ilustrativo de trasladar estos resultados al caso español: si nuestro país quiere reducir su déficit de 100.000 millones de euros tendrá que asumir una contracción del PIB de 150.000 millones. Luego matizaremos el alcance de estos resultados incluso dentro de los parámetros del informe; antes, sin embargo, es necesario efectuar una digresión sobre la relevancia del PIB y el empleo.

El problema fundamental al cual se enfrenta todo sistema económico es cómo dirigir unos recursos escasos (entre ellos el factor trabajo) a satisfacer los fines, presentes y futuros, más importantes de las personas que cooperan pacíficamente en ese sistema. Si no tuviéramos que economizar los recursos, podríamos emplearlos de manera aleatoria en cualquier actividad, ya sea en seguir construyendo pisos en España o en cavar agujeros por el mero placer de roturar la Tierra. Pero como emplear los recursos de un modo implica no poder utilizarlos de otro modo (coste de oportunidad, sobre todo en aquellos factores complementarios que exhiben cuellos de botella), es menester organizarlos de tal forma que generen patrones productivos útiles para los consumidores presentes y futuros.

El PIB, para bien o para mal, no mide la calidad del gasto o de los patrones productivos. La burbuja inmobiliaria sumaba PIB de manera muy considerable (directa pero también indirectamente, es decir, tenía efectos multiplicadores) y creaba cantidades ingentes de empleo, pero empobrecía enormemente a los españoles (gasto improductivo financiado con deuda que deberá saldarse con gasto productivo futuro); las guerras o los servicios de represión de una dictadura también suman PIB y no por ello son deseables; incluso un aumento del déficit para multiplicar por 100 las remuneraciones de nuestros políticos incrementaría el PIB y el empleo, pero sólo constituiría un expolio a los españoles.

La cuestión, por tanto, no es si a corto plazo un mayor gasto público permite producir ciertas cosas y contratar a ciertas personas, sino si esas cosas que se producen son más útiles que lo que cuesta producirlas y si, por tanto, el empleo se dirige a crear riqueza. A nadie debería sorprenderle que si el Estado mantiene un déficit de 100.000 millones de euros anuales, el PIB aumente en, al menos, 100.000 millones de euros anuales, y probablemente en algo más (los 150.000 millones recogidos en el informe). Pero nada de esto nos informa de si gastamos bien o fatal; de si dilapidamos los recursos en placeres fugaces que hipotecan nuestro futuro o pavimentamos un camino de prosperidad.

De hecho, el propio informe recoge que la influencia más contractiva de los programas de austeridad se da sobre la inversión privada (que se reduce más de tres veces lo esperado que el consumo). Por un lado, es lógico que subiendo impuestos muchas inversiones que eran rentables dejen de serlo (¡por eso no hay que subirlos!). Pero, por otro, si la inversión se reduce por la falta de gasto público, en realidad sucede que esos desembolsos estatales estaban promoviendo inversiones dependientes del presupuesto: no inversiones rentables por sus propios méritos, sino rentables en función de la renta que coactivamente pudieran rapiñar a los contribuyentes. ¿De verdad queremos un país donde se invierta pensando en el cacique de turno y no en el consumidor? ¿Un país con rentabilidades garantizadas para que se lucren los grupos de presión de turno? Si las inversiones que caen son las inversiones de la plutocracia político-empresarial-lobbyista, bienvenidas sean esas caídas. Lo contrario sería convalidar económicamente los buenos resultados de fenómenos como el pelotazo promotor en la burbuja inmobiliaria.

Las limitaciones del informe

Al margen de las cualificaciones anteriores, el paper tiene otras tres limitaciones de las que conviene dejar constancia. La primera es que, como mucho, sus conclusiones son válidas para economías sumergidas en una depresión deflacionaria: los propios autores han realizado el mismo análisis para países emergentes y no encuentran relación significativa alguna. Segundo, en buena medida los resultados están sesgados por la inclusión de casos excepcionales como el griego, cuya debacle económica no es extrapolable al resto de países (de hecho, excluyendo a Grecia y Alemania, el multiplicador se reduce a 1,2). Y tercero, la principal conclusión del informe se refiere al período 2009-2010: si tomamos el período 2009-2012, el multiplicador giró en torno a 1 (¿a alguien le sorprende que bajando 100 el gasto público el PIB a corto plazo baje en 100?); de hecho, para 2011 y 2012, el multiplicador muy probablemente fuera inferior a 1 y, en todo caso, estuvo en línea con las previsiones originales del Fondo. Aquellos interesados en atribuir la recesión actual a los errores del FMI a la hora de valorar los efectos contractivos de la austeridad tendrán, pues, que buscarse otro informe. Éste no les sirve.

Conclusión

El paper de Blanchard y Leigh no modifica ni un ápice los términos del debate. Quienes entienden la verdadera problemática de los ciclos económicos son conscientes de que gastar más por gastar más no sirve de nada y que hay que concentrarse en reorganizar en una dirección sostenible los patrones de producción; asimismo son conscientes de que la austeridad puede tener efectos contractivos del gasto a corto plazo, o incluso que puede ser devastadora a largo plazo si consiste en subidas de impuestos y no en reducciones del tamaño del Estado. Pero pinchar la burbuja inmobiliaria en 2005 también habría sido contractivo y no por ello indeseable; lo mismo sucede ahora con la burbuja estatal sostenida con un sobreendeudamiento que amenaza con llevarse por delante a toda la economía.

El FMI es una burocracia internacional parida por el keynesianismo que debería cerrarse de inmediato, pero por detestable que resulte no conviene ni ocultar su liberticida discurso para hacerlo pasar por organismo ‘liberal’ (“hay que subir los impuestos”) ni tampoco tergiversar sus declaraciones (“la austeridad es un error y debe ser rectificada”). Ni los liberales merecemos cargar con la tacha de sus antiliberales recomendaciones económicas ni la sociedad merece padecer la política económica de quienes, incluso, se sienten necesitados de manipular el intervencionista mensaje del Fondo, o de sus economistas, para justificar un Estado todavía más mastodóntico.

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20 comments

  1. La verdad es que es curioso como la mitología popular da por sentado que el FMI es una especie de santuario del Neoliberalismo. Bueno, todo lo malo hay que asociarlo al Liberalismo, no vaya a ser.

  2. Bueno, de identificar al FMI con el Capitalismo Salvaje se han ocupado en medios televisivos todo tipo de gente, desde comunistas profesionales hasta humoristas intelectuales y presentadores como Milá y otros de su ralea.
    Como para el común solo Existe aquello que sale o se dice en TV, pues eso, el FMI es el Capitalismo.

    La Austeridad solo es para la plebe, los gobiernos ni pueden ni deben ser Austeros, tiene que robar, rapiñar, exprimir y triturar a los pocos que mantienen esto en marcha, hasta que ya no puedan más y todo se hunda.
    Luego vendrá el Estado Perfecto, el Socialismo Perfecto.
    Parece que la Guerra Fría librada por los intelectuales terminó ganándola la URSS.

  3. Y otra cosa, nos tendrán que explicar que entienden ellos por austeridad. España todavía sigue gastando miles de millones (decenas)(y lo que no se sepa) al año mas de lo que ingresa y para ellos es austeridad rancia.

  4. El estado es un ogro bueno que para salvarnos de nuestra natural incapacidad se carga con unos servicios como la sanidad,educacion,justicia,ejercito y muchos otros.Y asi nos hace la vida mas sencilla y la organiza,cosa que nos seria imposible hacer a nosotros.
    Nos cobraba un poquito por hacerlo,mas o menos la mitad de lo que ganamos,pero es por un buen fin:dar trabajo a todos sus amigos.
    El estado era feliz.Nosotros hasta eramos incapaces de reconocer lo bien que viviamos.Y en medio de esta felicidad,y abusando de la bondad del estado protector,los avariciosos liberales estuvieron a punto de arruinar el sistema con su rapiña antihumana,contraria al socialismerenge imperante.
    El pobre estado no tuvo mas remedio que recortar,y muy a su pesar se vio obligado a darnos peores servicios y tener que cobrarnos un poco mas.
    Pero el estado es bueno y como su enorme corazon no sopartaria tener que extender los recortes hasta sus amigos,el FMI (fofo & miliqui investment) han hecho un inchfome que le permichira volver a dirigir la chijera de loch recrtech a chu lugar.Tu bolsillo.
    En el mundo feliz se volvera a sonreir y se escucharan otra vez la alegres risas de las hienas.
    Aunque olvidan que no hay mal que dure cien años ni dinero para pagar tanto “tratamiento”

  5. Uno de los errores de la situación actual es pensar que podemos elegir. Nosotros tenemos que reducir forzosamente nuestro déficit porque no somos capaces de financiarnos. La crisis del sistema financiero americano actuó como el niño del cuento de “El traje del Emperador”: la exclamación de “El sistema financiero está desnudo” hizo que muchos inversores que, hasta ese entonces, veían unos multiplicadores bancarios cobardones, empezasen a verlos excesivos.

    Hubo un tiempo en que mucha gente creyó que se podía recortar ingentes cantidades de gasto -publico o privado- sin recesión. De ahí las discusiones sobre las contrapartidas de los planes de rescate. Se pensaba que se podía hacer grandes reformas sin graves consecuencias a corto (inmediato) plazo. Ahora ya se ha alcanzado un consenso mayoritario sobre que no hay reforma sin dolor.

    Por eso yo siempre he sido tan pesimista: si no hacemos nada, seguiremos hasta que reventemos; y si hacemos de inmediato las reformas que hay que hacer, reventamos ahora, antes de que se vean los frutos de dichas reformas.

    Las crisis de endeudamiento tienen una complicación a mayores: precisamente, por estar tanta gente tan endeudada, una recesión de las gordas (¡qué bien manejo el argot técnico! ¿verdad? jeje) significa quiebra de muchas empresas, porque una empresa se endeuda en previsión de un nivel de ingresos. Si ese nivel se hunde, jamás podrá pagar su deuda. Alguna podrá sobrevivir haciendo las cosa muy bien y quedándose con mayor cuota de mercado, pero la mayoría quebrarán.

    Lo mismo un matrimonio que se ha comprado un piso. Tú haces tus cuentas que, más o menos, son: ahora empezamos pagando una cuota de hipoteca por valor del 60% de nuestro sueldo, que es una barbaridad. Pero, como lo normal es ir cobrando cada vez más, dentro de 5 años pagaremos el 50%… dentro de 10 años, el 45%… dentro de 20, el 30%… Si a esa pareja ahora le dicen que le van a bajar el sueldo un 30%, a ver cómo pagan la hipoteca.

    Sic transit gloria mundi.

  6. El FMI dice lo que dice porque siempre ha servido a los intereses de Estados Unidos, país al que ahora le interesa que Europa y el resto del mundo siga consumiendo sus productos y prestándole. En el pasado defendía otra cosa en el mundo porque era lo que mejor iba a los intereses de sus poderosas corporaciones. Blanchard está a sueldo del Gobierno de los Estados Unidos. Hoy lo tratarán como a un príncipe pero mañana cuando se jubile lo hará con las condiciones propias de un rey.

  7. Cuando leo artículos como estos siento que hay que tomarse cada vez más en serio a Rallo. He comparado con otros y me parece que es el único que ve cosas que otros no ven. También he aprendido una cosa: que fácil es que corran las falacias en economía. Triste pero cierto.

    Recuerdo haber leído en el Blog Salmón el mismo tema.

    http://www.elblogsalmon.com/economia/nuevo-mea-culpa-del-fmi-por-subestimar-los-multiplicadores-fiscales

    Hay un comentario de Alamein en su estilo típico donde entra directamente a hacerle unas preguntas endiabladas al autor…que se cuida mucho de responderle. Vale decir que aunque los lectores de ese autor son violentamente antiliberales le ponen “interesante” al comentario.

    Lo curioso es que dice mucho de lo que dice Rallo aunque a un nivel intuitivo; es decir, sin el rigor cientifíco de Rallo pero por pura intuición llega casi a las mismas observaciones.

    Eso me revela una cosa: la economía no es sólo una ciencia exacta, sino también es cuestión de intuición y sentido común.

  8. Ah, sí, Alamein, lo recuerdo. Era un comentarista muy confrontacional a veces, pero muy agudo. Lástima que ya no participe como antes.

    ¿Pero no lo estarás confundiendo con otra persona, Tigran? Es posible que ese nickname lo usen varias personas.

    No esta mal el debate sobre el patrón oro al final.

  9. No creo que sea otra persona: mira las preguntas. Son Alamein inconfundible, en su estilo típico.

    Me alegra que haya leído el debate sobre el patrón oro.

  10. Gracias profesor, un artículo sobre este tema y desde una óptica austríaca lo estaba esperando cómo “agua de Mayo”. Tenía dudas, y se han esfumado.

  11. habría que editar el penúltimo párrafo y eliminar lo que aquí he tratado de destacar:

    «El paper de Blanchard y Leigh no modifica ni un ápice los términos del debate. Quienes entienden la verdadera problemática de los ciclos económicos son conscientes de que ____HAY_QUE____ gastar más por gastar más no sirve de nada y que hay que concentrarse en reorganizar en una dirección sostenible los patrones de producción…»

  12. A mi me exaspera que la gente todavía no entienda algo tan sencillo como esto:

    La deuda es MALA, porque HAY QUE PAGARLA SIEMPRE… es más, la DEUDA SIEMPRE SE PAGA de una forma u otra, incluso cuando se decide INCUMPLIRLA.

    Puedes elegir pagarla a lo Sueco/Báltico o a lo Argentina.

    ¿Ustedes que forma prefieren?

    Argentina fue en los 1950, una de las mayores potencias mundiales, y desde entonces lleva más de 60años de mal en peor. ¿Queremos eso?

    Luego tenemos el ejemplo intermedio Japones, más de 20años atascados, ¿queremos eso?

    ¿O queremos pasar el apretón en 1año y medio o 2 y luego empezar a mejorar como hizo Suecia en su día, Canadá, los países Bálticos etc?

    Es curioso como la gente entiende bien el problema para su economía familiar o la de su empresa/negocio pero NO para el Estado.

    Es alucinante como nos han lavado el cerebro con la “singularidad del Estado”:

    – Si tu ingresas menos, deberás gastar menos.
    – Pero El Estado NO, dicen, contra toda hecho empírico, que debe gastar aún más.

    – Si tus ingresos bajan o suben tus gastos, no puedes pedir aumentos de sueldos porque sí, o subir los precios de tus mercancías, ya que será contraproducente. Debes bajar los gastos mientras descubres o surgen nuevos ingresos.
    – Pero el Estado NO, ellos simplemente suben impuestos… y miran a otro lado o buscan chivos expiatorios cuando recaudan menos aún.

    – Si debes cada vez más, sabes que pronto dejarán de prestarte, pues nadie se fiará de ti, ¡y con razón!.
    – Pero el Estado NO, al Estado hay que darle dinero barato por siempre, y si no se lo das o se lo das más caro eres “un &#@! especulador de mi$%#2a!”

    – Si te faltan ingresos, no puedes pintarlos, tendrás que pedir dinero o hacer algo por lo que los demás quieran pagarte.
    – El Estado NO, el simplemente pinta unos billetes y luego mira para otro lado y le echa la culpa “a la abuela que fuma” cuando la inflación se lo come todo y revienta la vida de los más pobres.

    El Estado es “diferente”, se rige por otras “leyes”…
    … es una lástima que La Realidad aún no se haya enterado de esto todavía.

  13. ¡Uy! Es que el Estado es distinto a una familia o a una empresa. Imagina que tú, Rallo y yo tenemos una empresa a partes iguales. Nos endeudamos por valor de 100 y, por tanto, cada uno debemos nuestra parte alícuota de 33,3, que habrá de pagarse con nuestros ingresos, que también serán los mismos para cada uno.

    Ahora imagina que cada uno tiene su empresa: el Estado se endeuda por valor de 100 para “ayudar a la economía productiva y a los emprendedores”. Cada uno seguimos debiendo 33,3, pero yo he conseguido que, de los 100, el Estado me dé 75, porque soy amiguete del ministro (o, simplemente, del funcionario, que me avisa de que existe esa subvención, de la que yo jamás me habría enterado).

    Pues, hete aquí que todos debemos 33,3, pero yo he recibido 75 y vosotros, 12,5. O nada. Luego, mezclas esto con conceptos etéreos como el de la Justicia Social, y ya puedes justificar cualquier atraco. Por ejemplo: “es que tus padres son ricos y te han montado la empresa, mientras que yo he tenido que currármelo solo. Es justo que el Estado compense”. O: “es que yo he estudiado Empresariales y tú no, por tanto no es justo que cualquier tarambainas se pueda montar una empresa y le funcione, mientras la mía no funciona”. O: “llevo 25 años haciendo lo mismo y me ha funcionado, así que no es justo que tenga que cerrar porque no hay quien compita con los chinos”. O…

    Este es el trabajo de los políticos: toda medidad benefica a unos y perjudica a otros, así que tienen que ser buenos sociólogos para ver cuáles son los porcentajes de beneficiados y perjudicados. Y el trabajo de los ciudadanos es conseguir meternos en la mayoría para ser los beneficiados. A esto creo que se le llama ser una persona de orden, respetuoso de las normas.

    O quizás no. ¡Quién sabe!

  14. El estado es el gestor de TODOS y por lo tanto pertenece a los ciudadanos, si el estado puede crear la moneda no es necesario que se endeude, puede pagar cualquier cosa sólo creándolo, de la misma forma q hace la fed pero sin interés, por ejemplo haciendo una carretera y pagando a la empresa que lo haga, o pagando a los funcionarios o similar y puede controlar la masa monetaria subiendo o bajando los impuestos, en realidad cobra impuestos y ese dinero lo “tira” ya que no lo necesita para nada, sólo ha retirado cierta cantidad de la circulación para controlar la inflación. Los bancos privados prestarán dinero a tu empresa pero con reservas del 100% ¿sabes lo que es la reserva fraccionaria? …

    El sistema tiene que ser DEMOCRATICO de verdad, no como ahora que vivimos en una dictadura encubierta, no vale con votar una vez cada 4 años, debe ser una democracia participativa con control sobre los políticos, q pueden ser unos ladrones pero con controles y justicia esto terminaría…

    ver el http://www.peakprosperity.com/crashcourse/espanol , es MUY interesante.

    Cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=34837

  15. Liberal auténtico,

    ¡Brutal síntesis argumental! Ya estoy viendo al profesor temblar ante la inminente estampida de su alumnado…es que tanto alarde verborréico…

    Eres tan “liberal auténtico” como libertarias, tanto en la ficción como en sus vidas reales, eran las protagonistas del filme de Aranda.

    Y te recuerdo: calificar negativamente sin argumentos no es dar una opinión, es DESCALIFICAR. Y te digo: descalificar es el último recurso de los disminuídos intelectuales, que además, si lo hacen de manera anónima, añaden a su currículum, la cobardía.

    ¿ Has aprendido ya la diferencia entre descalificar(es lo que has hecho tú) y hacer una crítica negativa(es lo que he hecho yo)??.

  16. Genial!…Nuevo suministro de armamento intelectual contra la aplastante “verdad universal” que nos quieren vender. Y estoy con Tigran, alguien debería tomarse mas en serio a Rallo. No es solo la teoría austriaca, es Rallo. La lógica de su discurso es aplastante.

  17. Juan Ramón,
    ¿De qué es un buen indicador el PIB y de qué no lo es?
    ¿Refleja inversiones, ahorro,..?
    ¿Donde podemos leer mes sobre el tema?
    Gracias