Twitter Facebook RSS Email App de iOS App de Android

Categorizado | Actualidad Económica

Las amenazantes prisas por segar los brotes verdes

Publicado el 27 enero 2013 por admin

De manera un tanto simplificada podría decirse que hay dos grandes teorías a propósito de los ciclos económicos: las teorías de la producción y las teorías del gasto. Las primeras sostienen que las crisis son el resultado de la acumulación de errores y desajustes en los patrones productivos y financieros de una economía;  las segundas, que las crisis son consecuencia de una súbita insuficiencia del gasto agregado. Partiendo de tal diagnóstico, es obvio que las primeras apuntarán como receta contra las depresiones el favorecer un pronto reajuste de las diferentes estructuras empresariales, mientras que las segundas defenderán incrementos indiscriminados del gasto.

No es momento para tratar en profundidad los múltiples errores de esta última visión, la keynesiana: baste apuntar que los aumentos sanos del gasto son una consecuencia del previo incremento sostenible de la producción y no su causa. Tratar de maximizar el gasto en medio de una estructura económica que no ha efectuado la transición hacia patrones saludables es tanto como querer crear una nueva burbuja que sustituya a la anterior. No se deprima: acaso se sienta deprimido al escuchar que no existen remedios mágicos contra las crisis, que es algo más complicado que multiplicar los ceros del presupuesto nacional. Pero mire el lado positivo: tampoco hay mal que cien años dure; una vez completemos nuestro saneamiento interno, volveremos a generar riqueza.

Visto desde esta perspectiva, 2013 será el sexto año de crisis, y de reajuste interno, en España. Para muchos, nuestra situación no ha hecho más que empeorar desde entonces, alejando cada vez más cualquier perspectiva de recuperación. Y, sin duda, son numerosos los capítulos en los que hemos ido a peor –muy en particular, todos aquellos relacionados directa o indirectamente con la actividad del sector público–, pero también hay algunos que muestran cómo varios de los desequilibrios sedimentados entre 2001 y 2007 se han empezado a corregir: el precio de la vivienda nueva ha caído un 25% desde máximos, familias y empresas han reducido su endeudamiento en más de 180.000 millones de euros (un 7% del total), los costes laborales se han congelado de facto desde 2010, el sector financiero –excluyendo el rescate estatal, lo que merece una negativa mención aparte– se ha recapitalizado en más de 100.000 millones de euros desde 2008 y, sobre todo, parte de nuestra industria parece que está encontrando nuevos mercados en el exterior, lo que ha permitido que las exportaciones de 2012 sean un 20% mayores que las de 2007 (si bien en algunos mercados tan importantes como Australia, Brasil, el Magreb, Canadá, Japón, China, Suiza o Turquía han crecido más de un 80%) y que, a su vez, desde mediados de este año hayamos pasado a convertirnos en ahorradores netos frente al resto del mundo (lo que implica que estamos amortizando nuestra deuda exterior). Son procesos todos ellos que avanzan en la dirección correcta, que previsiblemente se consolidarán durante este ejercicio y que, una vez culminen, nos traerán la tan ansiada recuperación.

La cuestión se encuentra precisamente en el lapso de tiempo que tomará culminar este proceso: tras seis años, todavía estamos lejos de haberlos concluido, especialmente porque el omnipresente intervencionismo del sector público se ha dedicado a torpedearlo. Al cabo, la tarea del Estado en esta crisis debería haber sido la de facilitar que se completaran los reajustes productivos y financieros imprescindibles dentro del  sector privado y, para ello, nada tan sencillo como liberalizar la economía y reducir los impuestos al sector privado sin endeudarlo por la puerta de atrás (esto es, sin acumular nueva deuda pública). Así lo ha hecho, de un modo insuficiente pero no mal orientado, con la parcial liberalización del mercado de trabajo a través de la reforma laboral, la cual ha permitido que empresarios y empleados mantengan a raya los costes salariales y alcancen una mayor eficiencia organizativa.

A eso, a remover obstáculos y a no crearlos, es a lo que debería haberse circunscrito la actividad estatal en estos últimos años y, también, en 2012. Sin embargo, tanto el Gobierno del PP, como antes el de ZP, han optado por trasladar parte de las dificultades del Estado y del sistema financiero sobre los ya fatigados hombros del sector privado, todo lo cual sólo ha contribuido a ralentizar y dificultar enormemente su saneamiento. Recordemos: 27 subidas de impuestos en 2012 (muchas de ellas sobre el ahorro y los beneficios empresariales);  incertidumbre sobre la sostenibilidad de nuestras finanzas públicas y de nuestra permanencia en el euro a cuenta de una deuda pública superior al 80% del PIB y un déficit por encima del 7%; rescate de la banca a costa del contribuyente y creación de un banco malo que prolongará la liquidación de los activos tóxicos (y el correspondiente ajuste de precios) durante quince años; contrarreforma del sector eléctrico, consolidando una estructura de costes regulatorios infladísima debido al apoyo político a energías ineficientes y caras.

En lugar de proceder a pinchar la burbuja financiera y estatal concentrando los costes de esos pinchazos en las propias administraciones y en los propios bancos, se ha procedido a socializar pérdidas mediante los recurrentes rescates y subidas de impuestos. Dos innecesarios errores que han lastrado lo que podría haber sido –tal como sucedió en los países bálticos a partir de 2009– una recuperación más sólida y rápida. Sólo cabe plantearse, con una pizca de verdaderamente justificada indignación, qué evolución habría seguido nuestro sector empresarial, y muy en particular nuestro aquel orientado hacia el exterior, si en lugar de subir impuestos los hubiésemos reducido, si en lugar de generar incertidumbres sobre la solvencia del país las hubiésemos despejado por entero recortando todos los gastos, si en lugar de consolidar un encarecimiento de la factura eléctrica de más del 100% desde el año 2002 hubiésemos atajado los costes regulatorios, o si en lugar de frenar la caída del precio de la vivienda reteniendo miles de millones de euros en activos fuera del mercado los hubiésemos liquidado con decisión. Es decir, si en lugar de apalear por todos los costados a un sector productivo en proceso de reestructuración, hubiésemos optado por desbrozarle el camino de impuestos y regulaciones.

Los habrá que sugieran que bajando el gasto, la caída de nuestro PIB hubiese sido más acusada. Probablemente sean los mismos que hace siete años negaban la existencia de la burbuja inmobiliaria y la consideraban parte integral de nuestro (in)sano crecimiento del PIB. Pero, sea como fuere, démonos cuenta de que la parte más robusta y esperanzadora de nuestro crecimiento económico –las exportaciones– no depende de que en el interior gastemos más o menos (de hecho, en todo caso, un mayor gasto interior empeora nuestra capacidad exportadora). Si España quiere recuperar este 2013 parte de la solvencia dilapidada entre 2009 y 2012, no le quedará más remedio que seguir fomentando su sector exportador a costa de adelgazar su voraz sector público: generar mucho más ahorro interno para, por un lado, sanear las finanzas de las empresas más sobreendeudadas y, por otro, invertir en ampliar la capacidad productiva de aquellas industrias que sí tienen mercado allende nuestras fronteras.

El camino a seguir para salir de la crisis admite pocas dudas y, en parte, es aquel que el sector privado está tratando de encarrilar desde hace seis años. El problema sigue siendo que el Gobierno no ceja en su intento de apoderarse de la nueva riqueza que todavía con debilidad comienza a generar una parte de la economía para así afianzar un sector público que se hipertrofió absolutamente durante los felices años de la burbuja inmobiliaria. Sin una radical rectificación en esta sede resultará muy complicado que la todavía muy endeudada  y descompuesta España salga adelante. No basta con que haya brotes verdes; lo esencial es que éstos arraiguen y crezcan con fuerza, de ahí que las prisas del sector público por segarlos y devorarlos sean, tanto ayer como hoy, nuestra mayor amenaza.

17 Comentarios para este artículo.

  1. Privatta Says:

    ¿Por qué un mayor gasto interior empeora nuestra capacidad exportadora?

  2. Juan Ramón Rallo Says:

    El gasto interno se alimenta o de consumir mayor parte de nuestra producción interna (dedicamos una menor cantidad a exportar) o de importar más. En ambos casos nuestro saldo exterior se deteriora. Idealmente podríamos pensar que el gasto interno podría alimentarse de producir más, y en momentos de depresión y de recursos ociosos como el actual, en parte así sería, pero: a) no es una relación lineal (si aumentamos el gasto interno en 1, la producción interna no lo hará en 1, sino en menos, de modo que habrá desplazamiento de exportaciones o aumento de importaciones), b) habrá recursos relativamente escasos que se usen de manera más intensiva y que, por tanto, se encarezcan, reduciendo la competitividad de las exportaciones.

  3. Refesnes Says:

    Un mayor consumo interno también provocaría mayor inflación y por tanto pérdida de competividad del sector exportador.

  4. Refesnes Says:

    Que es básicamente el punto b) de la respuesta de D. Juan Ramón Rallo. Ooops :) Lapsus.

  5. Jose Angel Says:

    Juan Ramón,¿dependerá también del valor que generemos con el gasto de las importaciones?. Es decir si somos capaces de importar por 1, y en los procesos productivos, y venta generamos 2, ¿nuestro saldo exterior empeoraría?

  6. Imanol Says Says:

    Juan Ramón,mi enhorabuena por la frase: “los aumentos sanos del gasto son una consecuencia del previo incremento sostenible de la producción, y no su causa”, digna de ser enmarcada. Si los políticos hicieran caso a esta frase, seguro que no nos moríamos ni en cien años.

  7. Trilu Says:

    Juan Ramón,
    ¿y por qué un aumento de 1 en el gasto interno no se traduce en un aumento en 1 de la producción interna? ¿es porque es interna, porque supones que hablamos de gasto público o simplemente esa linealidad nunca se da?.
    ¿Sera porque, como bien dices, sólo si previamente se ha creado de forma sostenible y acertada esa producción para que pueda ser gastada?

  8. Juan Ramón Rallo Says:

    En efecto, para gastar hay que ofrecer algo a cambio; incrementar el gasto sin contrapartida (endeudamiento) puede incrementar en parte la producción interna, pero es inevitable que una parte de ese gasto se redistribuya entre importaciones (somos más ricos, compramos más iPads o más coches alemanes) y menores exportaciones (parte de lo que hemos producido lo vendemos dentro y no fuera). En el límite, si estuviésemos explotando al máximo el equipo productivo, todo aumento del gasto interno supondría un desplazamiento de exportaciones o un aumento de importaciones.

  9. Juan Ramón Rallo Says:

    Jose Angel,

    Claro, aumentar las importaciones para reexpotar no es nada negativo; no tengo ninguna obsesión mercantilista con reducir las importaciones. Con libertad comercial y ausencia de crédito laxo, es suficiente.

  10. Trilu Says:

    Juan Ramón,
    Sobre el asunto del balance entre importaciones-exportaciones:
    Se supone que si importamos y no exportamos ¿nos estamos perjudicando?.
    Al fin y al cabo, excepto que importemos endeudándonos, estamos pagando por unos productos que no teníamos y que mejoran nuestra situación.
    Sin embargo me ha parecido entenderte en otros artículos que importar sin exportar es, por sí mismo, endeudarse…¿acaso no pagamos lo que importamos?.
    Lo entiendo si quito el velo del dinero: importar sería cambiar productos foráneos por los nuestros. Si los nuestros no cruzan la frontera es que a alguien no le estamos pagando, intercambiando…Pero no sé si esto es volver al prisma del trueque…El dinero que sale de nuestro pais para pagar las importaciones ya es la mercancía suficiente para haber pagado.
    Claro que desde ahí…si pagamos con oro (por no hablar de nuestra moneda) ¿nos estaríamos quedando sin oro? ¿es eso empobrecerse aunque haya sido por cambiarlo por productos?…perdemos liquidez…pero no nos empobrecemos ni nos endeudamos ¿no?
    Bueno, que tengo un poco de lío con eso vaya…

  11. Juan Ramón Rallo Says:

    Sí, no necesariamente aumentan el endeudamiento, pues pueden atenderse entregando dinero. Lo que sucede es que, en la práctica, eso no funciona así: los bancos no pagan entregando sus reservas (pues en tal caso tendrían que reducir multiplicadamente los créditos que han extendido sobre ellas) sino con las promesas que posean contra otros bancos. Y si no poseen suficientes promesas, acuden al interbancario a refinanciarse hasta que las posean; situación que en déficits comerciales estructurales puede prolongarse sine die. Y el interbancario (o cualquier otro pasivo merced al cual se salde la deuda del interbancario) son deuda.

  12. Trilu Says:

    Juan Ramón,

    Gracias pero no sé si te he entendido bien.

    ¿No podemos pensar lo mismo de cualquier compra?. Se realiza con “promesas de pago” de los bancos. Estos no las pagan con dinero sino que las compensan con “promesas” que les deben otros bancos (¿no es eso?). Si de estas no tienen suficientes y tampoco quieren o pueden tirar de reservas o fondos propios, piden préstamos a otros bancos; si no lo consiguen, piden al banco central…etc. Es el procedimiento que nos has explicado que infla burbujas pues hace aparentemente sostenible un estado de “impago” de riqueza al simular una “paciencia” o capacidad de espera del mercado que no es real.

    “situación que en déficits comerciales estructurales puede prolongarse sine die”

    ¿Por qué han de ser las exportaciones y no la propia generacion de riqueza del comercio interior, las que equilibren esas promesas de pago de los bancos del importador?

    Un pais con comercio interior muy productivo sine die ¿no puede permitirse tener mas importaciones que exportaciones sine die?.

    ¿Será que en tal caso el banco del importador sí puede pagar con productos de la economía interior al banco del exportador y que eso es precisamente la exportación?

    ¿Compensamos las promesas de pago de nuestros bancos con las promesas de pago de los bancos extranjeros?

    En fín, acaso no haber estudiado economía tiene estas cosas. Por cierto, para cursar el master de OMMA, ¿son necesarios estudios previos de economía?

  13. Juan Ramón Rallo Says:

    1) Puedes decir lo mismo de la acumulación de deudas interiores (aquellas compras interiores que no se salden con otras ventas interiores), sí, pero aquí hablamos de deudas con el exterior, no de acumulación de deuda interna. El asunto es que toda la diferencia entre importaciones y exportaciones se tenderá a traducir en un mayor endeudamiento, pues esa diferencia ya es el saldo neto de lo que cobramos (exportaciones) y de lo que pagamos (importaciones). No estoy diciendo que la única deuda sea la externa, sino que el déficit exterior tiende a ser una manifestación de nueva deuda.
    2) No entiendo cómo vas a pagar las importaciones con producción interna. Eso es como si te compro muchos productos pero no te los pago; luego me pego un festín en el interior de mi casa, incluso me monto una granja de autosubsistencia, y te digo que te pagaré con la “alegría” interior. En todo caso, para poder pagarte tendré que venderte a ti, o a alguien a quien le quieras comprar tú, parte de la mercancía que produzca. Aumentando el consumo interno, por tanto, no pagas las deudas externas; sólo exportando más de lo que importas puedes hacerlo.
    3) Para compensar promesas de pago es necesario que exista una situación de interendeudamiento. Si el banco A puede compensar sus deudas con el banco B es porque A le debe dinero a B y B a E. Pero para que un banco nacional (A) le deba dinero a un banco extranjero ha de ser porque hayamos importado y para que un banco extranjero le deba dinero a un banco nacional tiene que ser porque hayamos exportado.
    4) Es necesario tener ciertas nociones, pero no haber cursado la carrera de Economía. En todo caso, lo evaluamos nosotros.

  14. Mazarino Says:

    El articulo, como siempre, incide en donde tiene que incidir, pero a mi entender peca de optimista. Hay muchos mas factores que condicionan la lenta salida de la crisis. Esta muy bien pensar en la exportación, pero para eso es necesario empresas que exporten. De acuerdo, las que pueden lo están haciendo, pero me temo que no es suficiente. Necesitaríamos alcanzar una masa critica de empresas exportadoras para que realmente se conviertan en motor del país. Necesitamos para ello una generación de jóvenes emprendedores y muy bien formados para crear tecnología que pudiese venderse al exterior. Con exportar jamones no es suficiente. Así que es necesario un profundo cambio en el sistema educativo, y fundamentalmente en la calidad de muchas universidades, cuyo nivel ha caído en picado en los últimos veinte años (propongo que comparen los niveles de examen de 1990 y 2010 de algunas ingenierías “de las duras”) para facilitar un mayor numero de titulados que mas o menos dieran el pego en la época de bonanza, pero que ahora no tienen esperanza de encontrar un trabajo en el extranjero por su bajo nivel. Hay que fomentar la colaboración entre investigadores y emprendedores, e impulsar decididamente el I+D+i. Todo esto lleva una generación cambiarlo. Mientras tanto, la situación se deteriora por momentos, debilitando el consumo interno, arrastrando a pequeños empresarios al cierre, y al país a la miseria. Me temo que hay que asumir que eso es lo que nos espera en el corto plazo.

  15. Trilu Says:

    A ver sí sintetizo bien y he entendido bien.
    Tal como decía Say, la producción se paga con producción.
    La producción exterior la pagamos con producción interior, sea esta de mercancías o de dinero-mercancia (oro por ejemplo).
    Pagar con billetes bancarios es pagar con “promesas de pago”, luego es diferir el pago hasta que este se materializa con mercancías. Pero han de ser mercancías nuestras, de lo contrario no estamos pagando nosotros. Eso implica que las exportaciones deben igualarse con las importaciones pues de no ser así alguien esta en deuda.
    La intermediación bancaria facilita el proceso pero, dado su privilegio de endeudarse sin límite aparente también facilita que las promesas de pago se difieran sine die, camuflando situaciones de balanza comercial desequilibrada o deficitaria (alguien debe).
    Pero de ello se deduce que un país fuertemente exportador puede perjudicarse sí no importa hasta igualar exportaciones, pues implicaría que no esta cobrando
    ¿Es correcto?
    Trataré de ir a tu conferencia del 1 de marzo

  16. Trilu Says:

    Juan Ramón,
    Tan solo aclarar que mi entrada anterior te la dirigía a tí.

  17. Trilu Says:

    @ Juan Ramón,

    No crece este hilo
    y aún a riesgo de quedar sin respuesta,
    mi zozobra me impide dejarte tranquilo.

    En mi intento de comprender la economía
    me inquieta tu respuesta
    perdona la cabezonería

    Un país con fuertes exportaciones,
    no igualadas con importaciones
    ¿Puede verse perjudicado?

    Al fin, no cobra en mercancías
    lo que solo son promesas de pago
    Adios, gracias, ya acaban mis poesías

    (:-(

Deja una comentario

*

#Podemos

Crónicas de la Gran Recesión II

Los errores de la vieja economía

Crónicas de la Gran Recesión

Colaboraciones en otros libros

Una revolución liberal

Una alternativa liberal

El liberalismo no es pecado

Una crisis y cinco errores