Olvídense de Laffer

La curva de Laffer siempre fue un arma de doble filo. Por un lado, permitía compatibilizar las espurias ambiciones de los políticos con los razonables intereses de los ciudadanos: si bajando impuestos aumenta la recaudación, todos (políticos y ciudadanos) salen ganando con una tributación más laxa. Por otro lado, sin embargo, identificaba el sistema tributario óptimo con aquel que maximizara la recaudación: alcanzado ese máximo, no habría motivos ni para subir ni para bajar los impuestos.

Esta semana han sido muchos quienes, enarbolando el análisis y las opiniones de Laffer, han justificado una rebaja fiscal en España: “si bajamos los impuestos, aumentará la recaudación y el déficit se reducirá por sí solo”. Otros les han replicado que la curva de Laffer es un cuento chino neoliberal y que no deberíamos hacer caso a tales cantos de sirena. Me temo que ni los unos ni los otros comprenden el fondo del problema.

Cierta, pero poco relevante

De entrada, es evidente que la curva de Laffer sí es cierta: su veracidad sólo necesita de la existencia de un tipo impositivo que maximice la recaudación y de que ese tipo impositivo no sea el 100%. Al final, lo que nos dice Laffer es, simplemente, que la recaudación no es una función lineal de los tipos impositivos debido a que éstos, si bien influyen positiva y directamente sobre los ingresos fiscales, también lo hacen negativa e indirectamente por la vía de aniquilar bases imponibles. Quizá el asunto se entendería mejor si, en lugar de “curva de Laffer”, habláramos de “punto de saturación de Laffer”: aquel tipo impositivo cuyo incremento es incapaz de aumentar adicionalmente la recaudación. Quienes niegan la validez absoluta de los argumentos de Laffer debería responder si, en su opinión, unos gravámenes del 85% (en IRPF, IVA, Sociedades…) permitirían incrementar los ingresos tributarios por encima de los niveles actuales. Obviamente, no.

Ahora bien, los escépticos con Laffer sí tienen algo de razón cuando afirman que quienes apelan al economista estadounidense como argumento de autoridad para bajar impuestos asumen que las economías siempre se encuentran a la derecha de la curva, esto es, que siempre nos hallamos en una situación donde una minoración de la carga impositiva aumenta la recaudación. Y aquí, los defensores de la curva de Laffer caen en un error idéntico al de sus críticos: si éstos negaban que aumentando impuestos puedan terminar cayendo los ingresos, aquéllos se oponen a la posibilidad de que, bajándolos, las entradas del erario caigan.

Por consiguiente, no cabe duda de que la curva de Laffer sí existe, lo que es muy difícil de determinar es en qué punto de la misma nos encontramos. Sin ir más lejos, nadie debería descartar la posibilidad de que hoy España no esté a la derecha de la curva, sino a la izquierda, a saber, que el gobierno todavía pueda incrementar algo más la recaudación si sigue apretándole las tuercas al sector privado. Durante las depresiones deflacionarias como la actual, es dudoso quesólo una bajada de impuestos consiga disparar la actividad del sector privado, de manera que la tajada que se obtiene pegándole un mayor mordisco a las rentas existentes suele ser mayor que los ingresos que se pierden por destrucción (o no creación) de esas rentas. Sin ir más lejos, en 2012 los ingresos tributarios totales de España aumentaron pese a la crisis: señal de que Rajoy todavía tiene margen para explotarnos un poco más, margen que –no les quepa duda– tratará de aprovechar.

El tema, sin embargo, sigue siendo que tanto los críticos como los defensores de Laffer yerran en su punto de partida: lejos de analizar la economía desde la perspectiva del Estado parasitario que desea maximizar sus recursos y su tamaño sin matar al huésped, deberían hacerlo desde la óptica de familias y empresas.

El verdadero objetivo: minimizar la rapiña

Hace cuatro años, coincidí en la mesa de unos cursos de verano con el hoy ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Como no podía ser de otro modo, por aquel entonces Montoro todavía seguía repitiendo la típica soflama popular-populista a favor de los impuestos moderados como principal elemento catalizador del progreso económico (esa misma que luego han desdeñado con mayor inquina que Zapatero), y uno de los argumentos que ofreció para respaldar su razonamiento fue el de la curva de Laffer: “nosotros bajamos los impuestos e incrementamos la recaudación”. Acabada su exposición, tuve ocasión de darle réplica para explicarle que sus puntos de vista eran marcadamente antiliberales. Si un país hipotético recaudara 10.000 millones de euros con unos tipos del 60%, 15.000 millones con unos del 40% y 10.000 millones con unos del 20%, el economista liberal no debería defender bajar los tributos del 60% al 40% (dándole al Estado 5.000 millones de euros más para que los dilapide a placer extendiendo sus redes clientelares), sino, como poco, al 20%: a saber, si un Estado puede recaudar lo mismo con tipos del 60% que con tipos del 20%, debe bajarlos al 20%.

Montoro, claro está, no entendió la explicación ante el desconcierto general de un público que, imagino, tenía en aquel momento una consideración más alta sobre el exministro. Pero no es de extrañar que no lo hiciera, pues Montoro observaba (y observa) la realidad desde la liberticida perspectiva de un codicioso publicano sin escrúpulos. Una perspectiva que, desde luego, solo enriquece a los políticos que la practican y no a las familias y empresas que la padecen.

De ahí que, ahora mismo, el argumento a favor de las reducciones de impuestos en España deba ser otro: hay que minorar los tributos no porque con ello vayamos a aumentar la recaudación (cosa que probablemente no sucedería a corto plazo), sino para dar oxígeno a un sector privado extraordinariamente machacado por la crisis.Pero, para minorar la carga tributaria sin caer en la bancarrota, será imprescindible previamente rebajar el gasto de nuestro hipertrofiado sector público, haciendo compatible la mejora tributaria con la erradicación del déficit. La revolución fiscal ha de ir de la mano de una revolución en nuestro modelo de Estado: hemos de pasar de un sector público redistributivo y asistencial a uno diminuto y casi imperceptible. Un reto que la socialdemocracia del PPSOE jamás afrontará por cuanto prefieren mantener control social sobre una población dependiente del sector público.

Olvídense, por consiguiente, de Laffer: hay que reducir los impuestos –y si la recaudación sube, eso sólo significará que hay margen para seguir bajándolos– y hay que recortar, en muchísima mayor medida, el gasto público. En suma, no hay que maximizar la rapiña fiscal, sino minimizarla… especialmente durante una crisis económica en la que la gallina de los huevos de oro ya se halla extremadamente castigada y debilitada.

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20 comments

  1. Absolutamente de acuerdo. Quizá es que a la curva de Laffer le falta una variable temporal de mayor alcance (seguro que la curva evoluciona de “forma” con el tiempo). Intuyo que el fallo está en que el análisis lafferiano es, en el fondo, muy cortoplacista.

  2. También podría llamarse al “punto de saturación de Laffer”, “punto de entrada al infierno (fiscal)”. Y como en el infierno de Dante poner en dicho punto una leyenda: “Abandonad toda esperanza los que aquí entréis”

    Por otra parte y aunque lo expresado en el artículo no pude ser más cierto, también es verdad que una disminución de impuestos que produzca un aumento de ingresos totales del estado, está, en última instancia, disminuyendo el porcentaje de rentas confiscadas por el estado, aunque el monto total de lo confiscado sea superior. Todo ello en base a que dicha una disminución de impuestos, produjo un aumento de la base de la riqueza a expoliar.

    En definitiva la famosa curva puede ser utilizada tanto para bajar como para subir impuestos en la búsqueda de la maximización recaudatoria. Eso es malo, pero al menos supone un cierto freno a la voracidad estatal, expresada esta en términos porcentuales sobre las rentas, no en términos totales. En el estado actual de las cosas, es un gran mal menor (que no deja de ser un gran mal)

    Saludos.

    PD: Parece ser que el catedrático José Félix Sanz, ha “demostrado” que en España dicho punto de saturación se encuentra en un tipo marginal del 35%…¿¿??. Aunque reconoce que dicho punto sería variable para cada uno de los individuos en particular.

  3. Totalmente de acuerdo con el artículo :)

    Este debate sobre la curva de Laffer ha demostrado que muchas personas en España creen que simplemente con una rebaja de impuestos es suficiente para que se produzca la tan ansiada recuperación. Una rebaja impositiva es sin duda muy importante, ya que ayudaría a empresas y familias a disponer de más recursos para continuar y acelerar su desapalancamiento. Pero no es suficiente, ya que además el ahorro no destinado a pagar deudas debe invertirse en empresas competitivas enfocadas al mercado internacional (más desapalancamiento con el exterior). Los empresarios españoles deberán encontrar esos nichos fuera de nuestras fronteras, crear los planes de negocio adecuados y financiarlos con ahorro (ya que no habrá una gota de crédito). Este proceso será muy difícil y lento. Constituye un cambio de mentalidad enorme y un esfuerzo titánico. Seguramente pasarán bastantes años hasta que esta reconversión empresarial pueda ser un catalizador lo suficientemente potente para generar un crecimiento económico sostenible y generador de empleo.

    El mainstream desinforma a la población lanzando el mensaje que lo importante es que “fluya” el crédito, haya “estímulos” y vuelva el “consumo”. Ese modelo de crecimiento se ha acabado. Temo que el país termine colapsando por la no asimilación de esta nueva realidad. La mayoría (empezando por el Gobierno) espera un maná del cielo que no llegará.

  4. Si usásemos el concepto de saturación de Laffer para denominarla saturación recaudatoria o con+fiscatoria, nos situaríamos en el ámbito de la marginalidad utilitaria de la recaptatio estatal y estadística.

    El Estado intercambia con los individuos, una bajada de fiscalización por una subida de recaudación, hasta que llegue un punto límite anterior al momento de saturación lafferiana (n-1). Si se satura o se llega al momento “n”, ni al Estado le interesa seguir intercambiando más impuestos por más renta disponible, ni a los ciudadanos les interesará pagar más. Si el Estado no se da cuenta, y sigue intercambiando entonces el ciudadano dejar de ser recíproco y evade impuestos o trabaja en negro. Con lo cual el Estado también pierde utilidad en ese “seguir incrementando” impuestos o intercambio con los contribuyentes.

    La utilidad marginal del incremento/decremento de impuestos a cambio de menor/mayor renta disponible para el contribuyente, estaría vinculada a la economía distribuida en las “colas” de la curva. Pero a la vez, la misma curva de distribución se iría aplanando o afilándose en relación al nivel de utilidad marginal aplicada al proceso de la recaptatio fiscal.

    no sé…estaba pensando en voz alta.

  5. Que existe la curva es evidente, ahora lo que estoy seguro es que no se puede calcular el punto exacto donde los ingresos caerán.

    Simplemente no se sabe la cantidad de puestos de trabajo que habría generado todo ese capital si no hubiera sido confiscado por el gobierno, ni tampoco se sabe nada de la sostenibilidad de dichos negocios.

    De todos modos, si bajar impuestos genera más ingresos entonces es que no se han bajado suficiente.

  6. Hacía tiempo que quería hablar justo de esto mismo…

    Cuando Aznar usaba la curva de Laffer para justificar la bajada de impuestos, yo siempre decía: ¡Menudo liberal de pacotilla! No está diciendo que bajar los impuestos es bueno porque cuantos menos impuestos mejor, sino que que, en este punto de la película, le conviene bajarlos porque quiere recaudar más. ¡Y este señor es lo más liberal “que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”! ¡Jo!

    Otra cosa: hoy en día, ese punto de inflexión de Laffer es muy complicado por todo lo que ya se ha explicado aquí y porque habría un punto de inflexión para cada impuesto. Es decir: cada impuesto tiene un punto a partir del cual se recauda menos por él, pero puede que motive que se recaude más por otro impuesto. Por ejemplo: ¿me suben el impuesto por plusvalías del ahorro? Pues ahorraré menos (el Estado recaudará menos por ahí), pero gastaré más (el Estado recaudará más por IVA).

    Al final, para el Estado, todo se reduce a ir tanteando, a ver qué pasa.

    Otra cosa (bis): también es muy complicado esto de Laffer, porque el Estado puede argüir: “¡Muy bien! He subido los impuestos y ha bajado la recaudación, pero es que ambas cosas no son consecuencia una de la otra, sino coincidentes. Yo no he creado la recesión subiendo los impuestos. La recesión estaba ahí y, como yo sabía que venía, por eso he subido los impuestos, para que la merma de recaudación sea menor. Es decir: la recesión me iba a hacer perder 30.000 millones de recaudación, pero gracias a mi subida de impuestos solo hemos perdido 10.000 millones”

    PD: ¿qué tal lo he hecho, Don Cristóbal, he defendido bien la causa? ¿Ahora, le dirá Vuecencia a estos señores inspectores que jamás volveré a faltarle al respeto al Gran Leviatán?

  7. Y con esto ya acabo:

    En el artículo, Rallo nos ha recordado una idea de esas que, de vez en cuando, pasan de ser un arcano económico que cuando lo explicas te miran mal, a convertirse en cultura popular que todos dominan. Me refiero a la capacidad que tienen algunos empresarios de transferir a los consumidores el coste de un impuesto que les cae encima. Hoy en día, tal y como estamos, hemos visto como la mayoría de los empresarios se han comido la subida del IVA, por no atreverse a llevarla a precios, pero a lo que estábamos acostumbrados es a lo opuesto

    Lo que yo quería aportar (y es que ha venido por aquí una burra que me pide que la lleve de vuelta al trigo, jeje) es que eso pasa también entre trabajadores. Ejemplo hiperbólico para que se entienda: si a Messi le suben los impuestos, le da igual… porque los paga el Barça. Messi cobra neto. Pero ese extra en el “bruto” que Messi cobrará tendrá que salir de algún lado. ¿Del sueldo de Pedro y Adriano, quizás?

    En los niveles mundanos ocurre lo mismo, pero más sutil: hay trabajadores a los que, si el Estado les sube los impuestos, te montan una huelga que te crujen y consiguen que les suban el sueldo tal que les compense la subida fiscal. Al final, ¿quién paga todos los impuestos, ya directa, ya indirectamente?: el pringado.

    A partir de aquí, ya entramos en el terreno subjetivo sobre si, en un país regulado hasta las trancas, oligárquico y familia-enchufista como es Ex-paña, los que más cobran son los “mejores”. Los mejor organizados, sin duda. Los más productivos, estaría por ver.

    Por cierto: estoy muy interesado en saber cuáles son las productividades exactas de mis compañeros. Y la mía. Las de los comerciales creo que serían fáciles de medir. Pero no se me ocurre cuál puede ser la productividad de cada tío de RRHH… de cada administrativo… del de mantenimiento… de cada manager… ¡No vaya a ser que alguien esté cobrando de más! ¡O de menos!

  8. El auténtico planteamiento liberal jamás hubiera descubierto la curva de Laffer pues solo refleja la evolución de aquello que el liberal propone eliminar (y que por tanto no evolucionaría).

    Los impuestos, a lo sumo podrían contemplarse como un inevitable, pésimo y arcaico modo de dotación de ingresos que deberían permanecer siempre bajos y lejos del punto de inflexión de tal curva: mínima carga impositiva y mínima recaudación.

  9. La inversion no ira a un pais con impuestos altos,o se ira si los suben. Aumentara la economia sumergida.Esto acelerara la caida en la curva,o en caso contrario,bajada de impuestos, acelerara la subida de recaudacion
    Tampoco ira a paises con impuestos bajos y sin seguridad juridica,en este caso se ve como la falta de libertad aplana la curva.
    Si los impuestos bajan algunos precios tambien lo haran,entonces es posible que no todo el mundo decida consumir al pensar que puedan seguir cayendo,lo que hara aumentar el ahorro y la inversion a la vez que otros preferiran gastar ahora…Solo veo ventajas en la bajada de impuestos y es que nadie mejor que uno mismo sabe lo que tiene que hacer con su dinero

  10. @la chiva de la curva

    “Si los impuestos bajan algunos precios tambien lo haran,entonces es posible que no todo el mundo decida consumir al pensar que puedan seguir cayendo, lo que hara aumentar el ahorro y la inversion a la vez que otros preferiran gastar ahora”

    La reducción de impuestos ayuda a que haya mayor margen para bajas en los precios, pero la gente no reduciría la compra de bienes de consumo basándose en la expectativa de esa posible bajada.

  11. @Socialista

    Cómo puedes decir que en 2007 el estado español no era muy depredador, cuando en pocos años había conseguido doblar su gasto?

    Irlanda más de lo mismo. Dirás que sus impuestos no eran alto, pero su gasto público, igual que el español, había crecido a un ritmo muy muy superior al de los países sin burbuja.

    http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do

    Irlanda

    Gastos del gobierno irlandés en el año 2000: 33 010 millones de euros
    Gastos del gobierno irlandés en el año 2008: 77 008 millones de euros

    Un incremento del gasto similar al español. Tú dirás si te parece o no poco incremento.

  12. Yo no lo veo tan sencillo. El significado de la curva de Laffer está claro, pero lo que no está nada claro y es muy discutible es hasta donde llegan sus efectos ni donde se encuentra su verdadero punto de inflexión, porque la curva es dinámica: cambia con las condiciones.

    No sabemos hasta que punto la reducción (y también la simplificación) de los impuestos puede aumentar la base imponible. Entre otras cosas, no lo sabemos porque para saberlo sería necesario bajar los impuestos muchísimo durante un periodo lo suficientemente largo para que sus efectos se hicieran notar completamente en toda la economía. Eso nunca se ha hecho en España, y no se si en algún lugar se ha hecho realmente.

    Pregunto: ¿Si eliminamos TODOS los impuestos excepto un IVA del 4%, la actividad económica aumentaría tanto como para que el estado recaudase más de lo que recauda ahora? Ustedes dirán que no, pero yo diría que, con tiempo suficiente, sin duda alguna así sucedería.

    En un entorno de super-actividad económica favorecida por impuestos super-reducidos, el descenso recaudatorio aparecería con toda probabilidad en un punto tal de la curva, que el volumen total de los impuestos recaudados fuera virtualmente IRRELEVANTE para el volumen del PIB, por lo que su ulterior reducción carecería de efecto práctico alguno y no podría favorecer nuevos aumentos de actividad, ni de ingresos. Estoy hablando de presiones fiscales muy bajas, que jamás se han dado.

    Es cierto que el estado no debe buscar el óptimo de recaudación, sino la mínima intervención y el mínimo gasto posible. Pero sospecho que minusvaloran ustedes la verdadera profundidad del concepto de Laffer, mucho más activo de lo que parece. No se olviden de que el tiempo transcurrido tiene una importancia vital en los asuntos financieros, y es de asuntos financieros de lo que estamos ablando: apliquen las reglas del interés compuesto a los impuestos no recaudados, y luego me cuentan.

    Un aumento exponencial del PIB dará como resultado un aumento igualmente exponencial de la recaudación, por pequeño que sea el porcentaje recaudado, y eso es lo que una brutal reducción de impuestos puede provocar a largo plazo.

    La reducción de impuestos, si produce un incremento de la recaudación, puede llevar al administrador a un incremento de gasto (lo más probable) o a sucesivas reducciones de impuestos: lo que recaudé de sobra, lo descuento en los impuestos siguientes a cobrar, lo cual produce un nuevo aumento de la base y un ulterior aumento de la recaudación. Lo que no sabemos es hasta donde puede llegar este círculo virtuoso, y no lo sabemos porque la sociedad presiona al estado para que gaste más (lo cual suele dar votos) abortando así el proceso.

    Por otra parte, mucho ojo con eso de que la reducción de impuestos produce un aumento en la recaudación, porque esa clase de efectos no son ni directos ni inmediatos. Uno puede bajar los impuestos y no percibir el aumento de ingresos hasta pasados 12 meses… ó 24.

    Por cierto, lo de Montoro en el 2012 fue una simple carrera desbocada hacia adelante para lograr tapar el déficit cuanto antes. No creo que no supieran que las subidas de impuestos les iban a llevar a una reducción de la recaudación, aunque a corto plazo les lleva, lógicamente, a un aumento de la misma. Esto, por la misma razón expuesta anteriormente: el efecto Laffer no es inmediato. Se pueden aumentar los impuestos hoy y obtener un aumento de recaudación hoy, sin que eso indique en que lado de la curva nos encontramos. En el siguiente periodo recaudatorio las cosas pueden ser muy diferentes… y eso es lo que está pasando hoy en España.

  13. @Herbert Garcia Nalon

    Estoy de acuerdo contigo. Creo q a largo plazo, una gran reducción de impuestos, lleva a recaudar más, simplemente porque la economía mejora mucho más rápido. (Suiza, con bajos impuestos, recauda por persona más o menos el doble que Grecia).

    Tampoco digo que reducir el gasto sea lo único que hace falta para que las cosas mejoren. De hecho, si se reduce el gasto a costa de por ejemplo dar peores servicios en los monopolios estatales de justicia, o de policía, pues seguramente las cosas irían a peor, y no a mejor.

  14. Estuve en la presentación del profesor Sanz el pasado martes y debo decir que fue una presentación magistral. Realmente impresionante! Os recomiendo ver el video en You Tube, con poner “Jose Felix Sanz Reforma You Tube” lo encontrareis.