¿Refutó Milton Friedman a los austriacos?

Circula por internet la conveniente leyenda de que Milton Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo económico al demostrar que no existía relación alguna entre las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y las crisis económicas. Como es sabido, Mises y Hayek (entre otros) pretendieron explicar la recurrencia de períodos de auge y depresión aduciendo que el sistema bancario (no necesariamente la banca central) conseguía reducir de manera artificial los tipos de interés, incentivando con ello un período de malas inversiones generalizadas (boom) que inexorablemente conduciría a su colapso y posterior reajuste (depresión). Por tanto, si Friedman verdaderamente hubiese demostrado la ausencia de correlación entre reducciones de los tipos de interés y las crisis, debería uno plantearse si la teoría austriaca adolece, en efecto, de alguna falla interna. Pero ¿es así? ¿De verdad Friedman enterró la teoría miseana y hayekiana de las depresiones?

Pues no. De entrada, Friedman en ningún momento estudió la correlación entre reducciones de los tipos de interés y crisis económicas; y si se hubiese decidido a hacerlo, probablemente se habría visto forzado a reconocer que sí existe una fuerte vinculación entre ambos fenómenos.

Lo que, en cambio, analizó Friedman en 1964 y en 1993 fue otro asunto distinto: ¿existe correlación entre la intensidad de un período de expansión económica y la intensidad del subsiguiente período de recesión? Y la conclusión que alcanzó fue que no, que la duración e intensidad de las depresiones era básicamente aleatoria: en algún momento, y por algún motivo, la economía encallaba y lo hacía con variables niveles de gravedad. El de Chicago, sin embargo, sí encontró una relación entre la intensidad de esas aleatorias recesiones y el brío de la recuperación subsiguiente: crisis medianas eran seguidas por recuperaciones medianas y crisis vigorosas por recuperaciones igualmente vigorosas. Era, pues, como si la economía se situara normalmente sobre su tendencia de crecimiento a largo plazo y, de vez en cuando, se fuera descolgando en forma de crisis transitorias: es lo que Friedman denominó su Plucking model.

A juicio del de Chicago, el hecho de que no hubiese relación entre la expansión económica previa y la recesión posterior sembraba “serias dudas sobre la veracidad de aquellas teorías que consideran que la causa de las depresiones profundas se debe a los excesos cometidos durante la expansión previa (el ciclo económico de Mises, como claro ejemplo)”. Pero ¿realmente la teoría austriaca es incompatible con las observaciones empíricas que realiza Friedman? Me temo que, para desgracia de quienes se escudan en el de Chicago, no.

Primero porque, como el propio Friedman reconocía en sus artículos, existe un obstáculo muy considerable para llegar a tal desenlace: ¿cómo definimos el período de expansión al que vinculamos el período de depresión subsiguiente? La opción más sencilla es la que adoptó el de Chicago: tomar como expansión el período inmediatamente posterior a la última recesión. Mas esta elección tiene un problema: ¿qué sucede si buena parte de la magnitud de las crisis se debe a las distorsiones acumuladas e insuficientemente depuradas durante las anteriores crisis? Por ejemplo, gran parte de la intensidad de la crisis actual se puede explicar no sólo por las malas inversiones y el sobreendeudamiento que se acumuló entre 2001 (última recesión) y 2008, también por los desequilibrios gestados con anterioridad a 2001: no olvidemos que en esa fecha Alan Greenspan consiguió reinflar la burbuja crediticia antes de que una recesión que apenas duró nueve meses consiguiera purgar todos los errores acumulados. Sólo por esto los resultados de Friedman, como él mismo admitía, deberían ser puestos en cuarentena.

Pero, en segundo lugar, existe una dificultad todavía mayor para considerar que el de Chicago efectivamente refutó a los de Viena: básicamente, que no es incompatible con la teoría austriaca. Ninguna economía puede operar en cada momento por encima del nivel que se deriva del pleno uso de sus recursos: cuando todos los factores estás ocupados, crecer todavía más es muy complicado. La cuestión, por tanto, es si la utilización plena que se realiza de esos recursos es sostenible o no (es decir, si esos factores están fabricando riqueza o, en cambio, se insertan en malos planes de negocio). Y de eso justamente trata la teoría austriaca del ciclo económico: pronosticar que la manipulación de los tipos de interés provocará no un exceso de inversiones en general, sino de malas inversiones (el perfil temporal y de riesgo de los planes de negocio será incompatible con las preferencias y necesidades de los ahorradores). Mises y Hayek no afirmaron que, durante los booms, la economía fuera a crecer por encima de su potencial (algo harto complicado), sino que crecería de manera insana y, en consecuencia, estaría condenada a pinchar. De nuevo, por consiguiente, las observaciones de Friedman no contradijeron en nada la teoría austriaca.

En definitiva, aunque pueda resultar muy cómodo apelar a la autoridad de Friedman para echar por tierra las ricas conclusiones alcanzadas por autores de la talla de Hayek o Mises a cuenta de los ciclos económicos, me temo que no sirve: no sólo plantea la cuestión de manera errónea, sino que llega a conclusiones plenamente compatibles con la teoría austriaca. Será menester, pues, buscar mejores argumentos.

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8 comments

  1. Gracias porque algunos podremos cerrar ciertos debates con los q siempre nombran a Friedman para refutar a los austriacos. Los anti-austriacos tendrán que inventarse otra excusa.

  2. Salvando el espanto monstruoso del artículo anterior, creo que seria interesante y se echa a faltar un pronunciamiento sobre el nuevo experimento japonés. De golpe un quantitative easing de esos, o como se llame, de un 30% del PIB. Creo que en principio el resultado solo puede ser completamente alternativo: o la economía japonesa se va definitivamente al carajo o sube como un tiro. Si no me equivoco, desde la ortodoxia económica –que soslaya siempre si en cada momento la cantidad de dinero y su velocidad de circulación es la adecuada, dando por supuesto que lo es o no lo es con exceso- no cabe más que pronosticar un desorden económico que hundirá a Japón.

    Desde la conspiranoia –la ciencia que estudia el Poder- me atrevo a pronosticar lo contrario. Japón es el arquetipo de una nación no soberana, gobernada desde un portaaviones y sometida al terror nuclear. El estancamiento último de Japón coincide más o menos con la eclosión China, que le sustituye como potencia exportadora. El sorprendente desarrollo chino se ha financiado desde los nuevos bancos de Hong Kong –y el que financia manda- una vez que a la aguerrida patriota malvinesa Tatcher la ordenaron que entregara la multiestrategica colonia, lo que hizo sin rechistar ni pero alguno, tras atentado personal y frustrado del IRA. El nuevo gobierno japonés no solo ha puesto en marcha ese espectacular plan monetario, también llega cargado de ardores nacionalistas. Desde hace un tiempo llevan recalentando conflictos chino-japoneses por unas islas pérdidas, y la cavernícola, a la vez que misteriosa potencia nuclear, Corea del Norte andan con amenazas de misiles de playstation, que es lo que le gusta a su líder supremo y occidentalizado. En fin, que desde la ciencia conspiranoica se atisba un ordenado relanzamiento de la economía japonesa para provocar y justificar nuevos conflictos en Asia, que a saber a donde los llevan. Parece que han decretado el fin del estancamiento japonés y los que por aquí tengan su hipoteca en yenes que estudien como les afecta.

  3. Otra cosa q les gusta a algunos echar en cara a los austriacos o a Mises sobre todo: “es q se basan en a prioris” o “no hay evidencias empiricas” o q la praxeología no les debe parecer ciencia…… . Tampoco le veo mucho sentido a esas criticas, pero son lugares comunes….

  4. Gracias. Me refería a cual va a ser el efecto en la economía japonesa, si se va a hundir o a levantar. Claro que el efecto que explicas sobre la economía mundial es todavía más interesante. ¿Duradero? Y que pueda servir para pinchar la burbuja de la deuda pública por aquí y por allá es para echarse a temblar.

  5. Considero que debería acentuar la crítica al modelo matemático como la que formulé al Dr. José Luis Ferreira: supongamos que crea un modelo matemático que logra predecir con precisión el comportamiento futuro de los actores económicos, por ejemplo, los precios futuros o cuándo se producirá una crisis. Si se publica ese modelo económico los actores modificarán sus comportamientos futuros en base a los nuevos conocimientos por lo que se modificará la realidad y si no lo publica será un conocimiento inútil. Los modelos matemáticos tiene sus límites uno es el que señalo pero hay otros que señala la misma Escuela Austríaca de Economía aquel es un límite impuesto a la ciencia económica que nunca podrá superarse.

  6. Otro problema del modelo matemático en economía es que la predicción no puede ser más o menos exacta. El modelo si no predice exactamente no es matemático sino que es pseudocientífico. Si se parte de datos se debe llegar a predecir datos futuros de manera exacta. Lo que sucede es que muchas veces se hace un salto indebido que es una falacia de lo cuantitativo a lo cualitativo, o sea, se parte de un modelo cuantitativo y cuando se predice se tiene en cuenta la calidad de la teoría, se hace un modelo matemático se llega a una conclusión no expresada en forma matemática que es una hipótesis o teoría y se aplica esa teoría para predecir el comportamiento futuro, pero entonces lo que está haciendo el economista no es más que una predicción de tendencia o patterns prediction similar a la de los austríacos con el agravante de que no la reconoce como tal y que atribuye a la ciencia económica una exactitud matemática que no tiene (una cosa es aplicar las matemáticas a una realidad y otra que se pueda llegar a una solución matemática en ese terreno). Se cumple así una falacia similar a la que planteó Hume en las ciencias sociales pues se hace un salto indebido de lo matemático a lo cualitativo en la selección de la teoría a aplicar para la predicción económica.

  7. Microcuento de mi autoría intelectual:
    Un empresario va a ver al ingeniero que tiene que construir un edificio de diez pisos de altura. El ingeniero le dice que según sus estudios y planos sólo existe un 1% de probabilidad de que el edificio se venga abajo.
    El empresario lo insulta de arriba a abajo, le exige que haga nuevamente los números y planos y le advierte que va a pedir una segunda opinión sobre su trabajo.
    Luego, se dirige a la oficina contigua donde trabaja su economista.
    A éste le ha encargado llevar a cabo los estudios sobre la rentabilidad de la construcción del edificio.
    El economista lo recibe, le sirve un café, le muestra el modelo matemático que ha fabricado para prever los resultados del negocio y le dice según él considera y si no surgen otros imprevistos existe sólo un 10% de probabilidad de que la inversión que va a realizar sea un mal negocio.
    El capitalista le agradece por el trabajo, le pregunta por sus honorarios y se va de la oficina muy contento.