¿Refutó Harrod la explicación austriaca del tipo de interés?

Sabido es que Menger desarrolló la ley de la utilidad marginal decreciente (a mayor cantidad de un mismo bien, menor es la utilidad que el individuo obtiene de las unidades adicionales de ese bien) y que su discípulo Böhm Bawerk explicó el tipo de interés como el descuento de los bienes futuros sobre los bienes presentes. El economista keynesiano Roy Harrod creyó encontrar en 1948 una contradicción entre ambas teorías (en la conferencia segunda). Su crítica fue la siguiente:

Si una persona tiene 500 libras de renta en 1948 y 500 libras de renta en 1949, no tiene mucho sentido que decida ahorrar 100 libras de su renta de 1948 para recuperarlas en 1949 con los correspondientes intereses. Lo que este individuo estaría haciendo sería consumir 400 libras en 1948 y 603 (500 de renta + 100 de ahorro + 3 de intereses) en 1949: pero eso atenta contra la utilidad marginal decreciente. ¿Qué sentido tiene que una persona quiera ampliar su consumo hasta 603 libras en 1949 a costa de reducirlo a 400 en 1948? ¿Pero no decíamos que la utilidad decrecía con la cantidad? Entonces, ¿por qué opta por sobre-decrecer su utilidad en 1949 a costa de sobre-incrementarla en 1948?

La crítica puede parecer que tiene un cierto sentido pero es muy mala. Por lo siguiente:

  1. Se asume que las necesidades de 1948 y 1949 son similares. Esto es una hipótesis irreal que atenta contra toda la teoría moderna del asset allocation; teoría moderna basada en última instancia en las contribuciones austriacas de la preferencia temporal, aversión al riesgo y preferencia por la liquidez. Básicamente: un individuo tiene diferentes necesidades en diferentes momentos de su vida y, por tanto, ha de redistribuir su renta a lo largo de su vida. Y la forma de redistribuirla es mediante el intercambio renta-riqueza-renta, que es donde aparece el interés (recordemos que, 50 años antes que Harrod, el austriaco Frank Fetter ya consideraba el intercambio renta-riqueza como el intercambio intertemporal esencial donde emergía el interés).
  2. La teoría de la utilidad marginal decreciente es compatible con que la utilidad de ciertos bienes, como la del dinero, sea prácticamente constante (descienda muy lentamente). Esto no me lo invento yo, ya lo supo ver Menger. Por tanto, puede haber cambios en los saldos de tesorería que apenas afecten a la utilidad marginal del bien dinero.
  3. Pero, pese al punto anterior, lo esencial en el ejemplo de Harrod no es la utilidad marginal del dinero, sino de los bienes que se van a adquirir con ese dinero (al cabo, las libras no se van a mantener en tesorería, sino que se pretende gastarlas). Como sabemos, la utilidad marginal aplica para bienes que son percibidos como subjetivamente idénticos… pero no aplica sobre bienes heterogéneos. Tener un coche no reduce la utilidad de un televisor. La causa es más profunda: la utilidad marginal se refiere a los medios de la acción, pero no a los fines. Que yo tenga mucha hambre y necesite proveerme con mucha comida no implica que los fines de leer un libro o jugar a los videojuegos se vuelvan menos valiosos. De hecho, la ley de la utilidad marginal decreciente cobra sentido precisamente por ello: los medios homogéneos con los que cuento sólo permiten satisfacer un conjunto determinado de fines, y evidentemente las primeras unidades de esos medios homogéneos se dirigirán a satisfacer los fines más valiosos dentro de ese conjunto… pero si puedo ampliar el conjunto de fines que puedo satisfacer (aprovisionándome con otros bienes económicos distintos de los anteriores), es obvio que los nuevos fines no tienen por qué ser menos valiosos que los anteriores. De ahí, por consiguiente, que un señor con mucha renta no vaya a ver necesariamente cómo el valor de sus fines se desploma. Podría darse el caso, desde luego, pero en tanto en cuanto encuentre fines vitales de alto valor (suyos o de sus descendientes), puede mantener estabilizado el valor de su renta por mucho que vaya aumentando. En términos llanos: un ciudadano actual no es necesariamente un ciudadano más frustrado que una persona de hace 1.000 años (puede serlo, pero no hay necesidad lógica de que así sea): su renta se habrá multiplicado por 10.000, pero sus aspiraciones también lo han hecho. Obviamente, Harrod se cubre contra esta crítica asumiendo necesidades homogéneas en 1948 y 1949, pero como expondremos en el siguiente punto, no termina de comprender las implicaciones que ello tiene.
  4. Asumiendo, como asume Harrod, necesidades homogéneas en 1948 y 1949, lo que tenemos es que el individuo analizado simplemente está retrasando la satisfacción de alguno de sus fines desde 1948 hasta 1949. Por ejemplo: en 1948 me hubiese querido comprar un televisor, pero acepto no comprármelo hasta 1949 a cambio de que me entreguen en 1949 tres libras en concepto de intereses. Por consiguiente, lo que estamos intercambiando es el tiempo durante el que yo postergo mis necesidades (un año) por tres libras. En 1949, sin embargo, ya me puedo comprar el televisor que me hubiese comprado en 1948 y además cuento con tres libras extra. Esto, por mucho que asumamos necesidades homogéneas, en nada contradice la ley de la utilidad marginal decreciente: el fin de ver la televisión no se vuelve menos valioso en 1949 que en 1948 por el hecho de que en 1949 esté satisfaciendo más fines que en 1948. Como expliqué en el punto 3, la ley de la utilidad marginal decreciente se aplica sobre medios subjetivamente homogéneos, no sobre fines distintos y, por tanto, es perfectamente razonable retrasar el consumo de los servicios de televisión un año a cambio del pago monetario de un interés sin que ello implique que añadir la satisfacción de fines adicionales a 1949 desvalorice el resto de fines de 1949. No: desde Menger, la ley de la utilidad marginal decreciente se aplica a medios, no a fines.

En suma, Harrod ni de lejos mostró la incompatibilidad entre la ley de la utilidad marginal decreciente y los tipos de interés determinados por la preferencia temporal. De hecho, resulta sorprendente cómo se expone como refutación de una teoría un ejemplo similar al que los impulsores de esa teoría utilizarlos para defenderla… precisamente porque es un ejemplo del todo consistente con la explicación y con el resto de la teoría económica en la que se enmarca.

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10 comments

  1. @Juan Ramon,

    Ha leido alguna vez por casualidad a Carlos Bondone y su teoria del tiempo economico? Su claridad a la hora de diseccionar y clasificar dinero y credito es excelente, con lo que asi poder entender mucho mejor lo que es el tipo de interes. Que opinion le merece?

    Un saludo

  2. JRR: Hay muchas cosas que aún no veo del todo claro en cómo se aplicar la utilidad marginal al dinero, no en el sentido de la relación consumo/ahorro sino en el de la relación ahorro/financiación. Es decir, cuando debemos pedir dinero a crédito. El deudor entonces es el que consume dinero-a-crédito, y consume un “bien líquido”. Compra dinero?, o lo alquila por un tiempo?, o compra tiempo de no-ahorro?…todo esto me da dolores de cabeza.

    Otra cosa, veo que Keynes dice lo mismo que los austríacos.

    Cuando se explica la utilidad marginal del dinero, en función de una preferencia temporal entre consumo presente y consumo futuro y de ahí se saca el concepto de prima de arbitraje o tasa de interés, o lo que dice Bohm-B. cuando define el tipo de interés como descuento de bienes futuros sobre bienes presentes.

    Keynes dice, creo, que la utilidad marginal de consumo presente se iguala a la utilidad marginal de ahorro (pasado) pero con la intervención del factor inflación. Este factor inflación, depende a su vez de la cantidad de oferta monetaria que a su vez determina la tasa de interés. Creo que dice lo mismo, que sus austríacos. Pero quizás veo ahí aparecer un elemento con más protagonismo: el de la Cantidad de oferta de dinero disponible vinculado a la tasa de interés.

    Por último, si esta cantidad de oferta monetaria se expande ilimitadamente, entonces esto afectará supongo a la utilidad marginal del dinero-a-préstamo, con el descenso de la tasa de interés hasta pongamos Cero. Con lo cual la utilidad marginal de consumir o de ahorrar se igualan y además dicha marginalidad tiende a ser cero. Con lo cual, volvemos a Menger, lo que pasa es que entonces, no hay necesidad de tener nada en cash, o en estado líquido. El líquido desaparece,y aparece un estado que podríamos calificar de gaseoso. El dinero ya no es líquido, sino gaseoso!

  3. Hay un error que sobrevuela el comentario y que además es lo que diferencia a la Escuela Austriaca de Keynes: en los préstamos el dinero sólo actúa como unidad de cuenta en la que expresar el valor de los bienes presentes y de los bienes futuros. Los préstamos no son intercambios de dinero presente por dinero futuro, básicamente porque nadie pide un préstamo para tener dinero atesorado permanentemente; al contrario, se pide un préstamo para comprar bienes presentes (si atesoraras el dinero y no lo rentabilizaras, no podrías devolver el crédito, porque tendrías que pagar intereses sin obtener rendimientos).

    Por eso, una oferta monetaria ilimitada no afecta a medio plazo al tipo de interés: si aumentas la cantidad de dinero, el tipo de interés cae por la mayor oferta de crédito con dinero, pero los precios de la economía terminan subiendo, con lo que, para acceder a la misma cantidad de bienes presentes, has de aumentar tu demanda de crédito. Mayor oferta y mayor demanda se anulan y el tipo no cae: viene determinado por factores reales, no monetarios.

    Por último, la utilidad marginal del dinero es la de tener el dinero atesorado. Lo desarrollo aquí: http://juanramonrallo.com/2012/11/leccion-7-el-debate-entre-cuantitativistas-y-cualitativistas-sobre-el-valor-del-dinero/

  4. JRR: Disculpe la extensión del texto.
    Gracias, pero lo que yo quería decir no era que el préstamo de dinero fuera un intercambio monetario de dinero presente por dinero futuro. Sino lo que yo entiendo es que cuando estamos en el capital-financiero: en el momento instante de pedir financiación externa, el factor consumo no existe sino es como consecuencia o finalidad de ese acto.

    En el acto en sí, no hay mercancía o bien que aparezca. Se consume o se pide el bien líquido por excelencia: el dinero. No se piden mercancías o bienes de producción (bienes ilíquidos). Se pide o se consume Dinero: el bien líquido. En el planteamiento de utilidad marginal mengeriana, lo que se consumían eran bienes ilíquidos (mercancías en Marx o bienes de órdenes n en Menger), no el bien líquido (capital monetario).

    Por eso, cuando pedimos un crédito no consumimos “bienes ilíquidos” sino bienes líquidos en su forma de “cash” (en cierto modo queremos atesorar). Queremos el dinero líquido aquí y ahora, ya!. Luego lo que hagamos con ese dinero líquido, ya se verá (en qué bien ilíquido lo convertimos).
    De modo que en el acto de financiación, en tanto préstamo monetario, no podemos plantearlo en términos de consumo o no-consumo de bienes ilíquidos.
    El acto en sí de pedir un préstamo, se puede entender así, como la relación de intercambio entre: Ahorro presente por Ahorro futuro. Al pedir o consumir dinero, pedir líquido, estamos decidiendo o hemos decidido ya si:
    – ahorramos desde el pasado: no pedimos crédito
    – ahorramos desde el futuro: pedimos crédito (el préstamo sería un ahorro negativo)

    Era en este sentido, que inicié el comentario anterior sobre: “en cómo se aplicar la utilidad marginal al dinero, no en el sentido de la relación consumo/ahorro sino en el de la relación ahorro/financiación.”
    Y es en este mismo sentido, que el concepto de “utilidad marginal” del dinero-a préstamo o dinero-como-financiación externa, debe ser enfocado de distinto modo al de la utilidad marginal del dinero-como capacidad de consumo de bienes ilíquidos.

    La Tasa de Interés o precio del dinero prestado, debe relacionarse no con el concepto de “consumo-de-bienes ilíquidos” sino con el consumo-de-bien-líquido, que en este caso se expresa a través de la petición de un préstamo de dinero líquido. Dicho de otro modo, el interés financiero, como tasa de arbitraje, no arbitra entre “consumo presente” o “consumo futuro”, pues la Tasa de interés no está respaldada por “bienes ilíquidos” sino por “bien líquido”. La mercancía como bien ilíquido,no entra en contacto con el acto-de-financiación de dinero. Cuando uno pide un préstamo, pide liquidez, no iliquidez.

    De modo que todo esto de la utilidad marginal del dinero, en el momento que se trata de consumir dinero-líquido, es una cuestión de preferencia temporal por la “liquidez”, no de preferencia temporal por la “mercancía” (o iliquidez).

    Si consumo “liquidez” en el marco teórico del capital financiero, y en concreto del acontecimiento del préstamo de dinero, quiere decir que estoy comprando “una mercancía líquida”: estoy comprando dinero. Pero en realidad, no lo compro el dinero, lo alquilo.

    Si lo alquilo, no puedo comprarlo, entonces ¿qué diablos compro?… Compro tiempo. Compro en realidad tiempo-de-ahorro. En realidad cuando pido un préstamo, ni consumo bienes ilíquidos (porque lo que no estoy pidiendo un bien-mercancía o bien-materia prima por ejemplo, ni consumo el bien líquido (porque el dinero no lo compro pues lo alquilo), sino que consumo “tiempo de ahorro”.

    Porque yo no ahorré en el Pasado. Estoy comprando en el Presente, pues “tiempo-de-ahorro en el pasado”. Alguien ahorró por mí en el pasado (siempre que hubiera un coeficiente de caja del 100%), y yo le compro ahora ese “tiempo de ahorro”.

    Lo que compro, lo que consumo es tiempo de ahorro, y no liquidez (dinero cash). Porque ese dinero líquido, automáticamente como usted me decía: “Los préstamos no son intercambios de dinero presente por dinero futuro, básicamente porque nadie pide un préstamo para tener dinero atesorado permanentemente; al contrario, se pide un préstamo para comprar bienes presentes”. Esto es decir, que en realidad dos cosas: 1) que el préstamo no es de dinero líquido sino de tiempo-de-ahorro pasado, pero por otro lado 2) también es cierto que el dinero-líquido que se alquila, se diluye enseguida o instantáneamente al consumir un bien ilíquido (sea para consumo o para inversión).

    Por lo tanto, en el acto de prestar o de pedir prestado dinero líquido, “la liquidez” se ausenta. Se ausenta al pedir el crédito porque lo que pedimos es “tiempo-de no ahorro”(nuestro) y se ausenta después de recibirlo porque compramos o consumimos (ahora sí) inmediatamente un bien ilíquido. En conclusión, al pedir “liquidez” en forma de préstamo financiero, ésta desaparece misteriosamente. Porque en realidad, el dinero ha tomado forma no de líquido sino de “gas”: gaseosa. El capital financiero es capital gaseoso.

    Algunos hechos fundamental que revelan todo esto: que el sistema capitalista actual se basa en la “gaseidad del dinero” (y no en la liquidez mengeriana y austriaca) , creo pensar que son dos ejemplos paradigmáticos: el concepto de “corralito” (cuando todo el mundo a la vez quiere hacer líquido su dinero, entonces se hunde el sistema), el otro concepto es el de “liquidación deuna sociedad” (cuando el capital de una sociedad, se liquida, se vuelve líquido, el capital muere). De modo que finalizando, podríamos decir que literalmente: la liquidez ha muerto.

    Reitero mi pregunta, ¿cómo aplicar la utilidad marginal a este nuevo marco referencial de los bienes gaseosos y del dinero-crédito como la forma más gaseosa de un bien?

  5. Juan Ramon,
    Te copio aquí 2 comentarios que ha realizado Rolando Astarita, en su blog, a tu artículo sobre Harrod. Un tal “Carlos Martín” copió tu artículo allí (en el post “Respuesta a una critica de la TLV de Marx”. Rolando le contesté con el comentario 1 sin caer en que el artículo es tuyo. Aclarado lo cual contesta mas ampliamente en el comentario 2:

    COMENTARIO 1

    Texto muy largo, que no responde el argumento de Harrod. Lo que dice Harrod es que el interés (en el ejemplo, 3 libras) no se puede explicar por las preferencias intertemporales, en base a la teoría de la utilidad. Para que todos puedan juzgar hasta qué punto la respuesta de Carlos Martín responde al argumento de Harrod, reproduzco éste, textualmente (tomado de Hacia una economía dinámica).
    “Si una persona tiene todas las razones para suponer que tendrá una renta de 500 libras en 1948 y una renta de la misma cantidad en 1949, y ninguna razón para suponer que sus necesidades serán mayores en el segundo año, no ganará nada cambiando 100 libras en 1948 por 103 libras en 1949. Al contrario, seguramente perderá. En 1948 tiene que reducir su consumo de 400 libras a cambio de la ventaja de elevarlo a 603 libras en 1949. Es verdad que en total tendrá 1003 libras para gastos en los dos años en lugar de 1000 libras. Pero debemos considerar la utilidad de las libras. En 1948, renuncia a las libras numeradas de 401 a 500 y en 1949 adquiere libras numeradas de 501 a 603. Es probable que cada una de las libras del primer grupo tenga una utilidad considerablemente mayor que cualquiera del segundo, y es muy improbable que el despreciable extra de tres libras compense esto. Nuestro hombre probablemente saldría perjudicado en su intento de conseguir tres libras ‘por nada’”.
    Esto es, con la misma teoría de la utilidad, es imposible explicar el interés por preferencias intertemporales del consumo. Por supuesto, los capitalistas dinerarios que invierten en los mercados financieros no lo hacen obedeciendo al principio de la preferencia intertemporal de consumo. Pero lo interesante es que Harrod demuestra aquí la inconsistencia interna de la explicación usual de la ortodoxia sobre la tasa de interés (a saber, es la prima por arbitrar entre dos tipos de bienes, presentes y futuros).
    Ahora que cada cual lea y saque sus conclusiones.
    Repito lo que dije en otro comentario: cuando tenga tiempo, voy a escribir una pequeña nota (de divulgación, no tiene ninguna pretensión de originalidad) para explicar la crítica de Sraffa a la teoría de la utilidad, en tanto ésta se basa en una especulación de tipo contrafáctico, que no tiene asidero en la realidad.

    COMENTARIO 2

    Primero, le agradezco que me haya hecho conocer este texto. no lo conocía, ni a su autor. De todas maneras, me pareció evidente que no puede responder el argumento de Harrod. En general, pienso que no hay manera de fundamentar el interés en un fenómeno del intercambio. Los clásicos (y Marx en especial) tenían razón al fundar el origen del interés en la producción y la distribución del valor agregado. En Marx el interés surge de un hecho concreto, la producción y la generación y apropiación de plusvalía por parte de los capitalistas. En la teoría subjetiva, el interés tiene que deducirse a partir de especulaciones, y para colmo, no hay manera de encajar la explicación en la propia teoría de la utilidad marginal decreciente. Rallo no puede hacerlo, como no pudo hacerlo antes Fisher, o Bohm Bawerk.

    Me extiendo un poco en el asunto. Recuerdo que Fisher, para fundamentar el interés, tuvo que suponer que los agentes esperan que sus ingresos aumenten en el futuro; con ingresos incrementados, supuso que la utilidad marginal del dinero bajaría, y esto justificaba cobrar una prima por prestar dinero. Tenemos entonces un razonamiento especulativo (hay que suponer que los agentes esperan que sus ingresos aumenten en el futuro), que no se puede generalizar.

    Pues bien, lo mismo ocurre con el razonamiento de Bohm Bawerk (lo traigo a colación porque veo que Rallo se inspira en la tradición austriaca, y me parece que usted también; si me equivoco en esto, de todas maneras sirve para el argumento). De nuevo, recuerdo que Bohm Bawerk (en su Teoría positiva del capital) también sostiene que el interés es el agio que surge del intercambio entre bienes presentes y futuros. Y la prueba que da, no es convincente, como lo demuestra muy bien Wicksell. Es que Bohm Bawerk sostiene que el agio surge de la diferencia entre los bienes presentes y futuros, como sucede con todos los otros valores de cambio (anoto para luego que Rallo aquí cambia este supuesto, y esto es fatal para su explicación). Pues bien, Bohm Bawerk (como le apunta Wicksell) define la utilidad marginal para un período de consumo determinado. Sin embargo, si tratamos de aplicar este criterio directamente a los bienes presentes y futuros, surge claramente la dificultad de que tanto la oferta de bienes futuros, y el período de consumo, no están determinados. Bohm Bawerk trata de superar la dificultad afirmando que la utilidad del presente es mayor que la utilidad del futuro, para bienes del mismo tipo y cantidad. Pero éste no puede ser un argumento general. Tampoco lo es, por supuesto, su afirmación de que existe una superioridad técnica de los bienes presentes. Ahora bien, con esto estamos en el meollo del asunto: hay que hacer supuestos (que los hace el economista, de manera puramente especulativa) para que las cosas encajen en lo que quiere demostrar. Pero son supuestos que no tienen validez general. Por ejemplo, Rallo sostiene que el argumento de Harrod es equivocado porque Harrod asume que las necesidades de 1948 son similares a las de 1949. Claro, Rallo necesita que las necesidades no sean similares, para lo que quiere demostrar. ¿Y por qué no pueden ser similares? ¿Solo porque no le encaja en la teoría? Ahora afirmo que, personalmente, pienso que mis necesidades en 2014 serán muy similares a las de 2013 (y las de 2013 son bastante similares a las de 2012). Con este sencillo contraejemplo, se acaba la generalidad del estado subjetivo, con el que se quiso demostrar la tesis.

    Más todavía, vuelvo un momento a la comparación entre bienes. En este punto, es incluso más coherente Bohm Bawerk que Rallo. El austriaco afirma que si hablamos de utilidad marginal, los bienes tienen que ser heterogéneos. Si son idénticos, no hay manera de comparar utilidades (y todo el análisis se basa en comparaciones de variaciones en los márgenes que, de nuevo, son construcciones mentales). Por eso Bohma Bawerk quiere hacer una teoría general del interés (como quiso hacerla Fisher) que fuera, en última instancia, un caso particular del intercambio general de bienes. Pero para esto tuvo que suponer que los bienes presentes son distintos de los futuros. Y éste es un precepto básico de la teoría de la utilidad. Por eso, la teoría no sostiene que se estén intercambiando tiempos, sino bienes heterogéneos (presentes y futuros).

    Dicho esto, voy al argumento de Harrod. Por supuesto, no discute el fundamento, la utilidad marginal aplicada a bienes presentes y futuros (como sí apunta a hacer Wicksell). Pero de todas maneras, presenta un argumento sencillo y que se hace más contundente si hacemos explícito el supuesto de utilidad marginal decreciente. El tema es así: si bajo mi consumo de 500 dólares a 400 dólares este año, para tener un consumo globalmente superior en 3 dólares (producto del interés), la caída de la utilidad por el año de ahorro nunca puede compensarse con el aumento de utilidad cuando recibo el interés (no puedo hacerla aquí, pero si hace la curva convexa tradicional de utilidad, esto es, con derivada primera positiva, y segunda negativa, lo verá claro). La explicación del interés por las preferencias intertemporales es lógicamente inconsistente con los propios fundamentos de la teoría de la utilidad.

  6. Oigan, creo que esto de aplicar la teoría de la utilidad marginal decreciente para explicar cómo funciona un “intercambio financiero” es más sencillo de lo que se cree.

    Bohm-B se equivoca cuando quiere explicar el valor de la utilidad del dinero a partir de un intercambio entre bienes ilíquidos…cuando el dinero cash que es el Señor y protagonista único del préstamo financiero no es ningún bien ilíquido.

    No se trata pues de establecer preferencias temporales entre consumo futuro y presente. Se trata de ver cómo en este proceso no hay que tener en cuenta ni saldos-de-caja, ni tesorería, ni Ahorro (positivo).

    Además tampoco hay mercancías con valor-trabajo que valgan, pues lo único que se intercambia aquí y ahora, en el préstamo-a-interés es DINERO líquido en el pasado por DINERO líquido en el futuro (a devolver). NO HAY mercancías o bienes intercambiados, no hay por tanto valores-de-cambio basados en el valor trabajo ni en reservas.

    …repito NO HAY RESERVAS. Ni por parte del que demanda dinero-líquido ni por parte del que oferta dinero-líquido. Esa creo que es la clave, para comenzar a intentar explicar el intercambio financiero desde la teoría de la utilidad marginal de un bien líquido como es el dinero-cash.

    …en lugar de RESERVAS líquidas, hay “fondos de financiación” pasivos y “inversión en activos”.

  7. Juan Ramón,

    A) Dices: “Como sabemos, la utilidad marginal aplica para bienes que son percibidos como subjetivamente idénticos… pero no aplica sobre bienes heterogéneos. Tener un coche no reduce la utilidad de un televisor. La causa es más profunda: la utilidad marginal se refiere a los medios de la acción, pero no a los fines”.

    En esto hay algo que me parece nuclear y que me sorprende. ¿Acaso los fines no obedecen también a una escala ordinal de preferencias? Unos nos parecerán de mayor importancia que otros y en función de ello, elegiremos y negociaremos la obtención de los distintos medios de acción para alcanzarlos.
    No tener qué comer sí reduce la utilidad de conseguir un televisor. Parece que el fin “ocio” es subordinable a la obtención de alimentos y ello condicionará mi actuación.

    B) Aunque se ve claro que la utilidad marginal aplica a bienes percibidos como homogéneos, yo no veo claro que no aplique a bienes heterogéneos.
    Creo que por ahí va la crítica que hace Rolando Astarita a tu post.

    C) Aunque de él no entiendo qué espera demostrar sugiriendo que alguien puede tener escasa preferencia por el presente y crea que sus condiciones vitales serán equivalentes ahora y en el futuro (¿cómo lo sabe? ¿la incertidumbre es algo que solo acompaña a los austríacos?)

    D) Suponiendo la estabilidad de utilidad marginal del dinero, a mi me parece que la utilidad marginal de los bienes podrá ser decreciente al aumentar la cantidad de bienes o medios de acción disponibles, sean estos homogéneos o heterogéneos, y eso no se contradice con la propensión a aumentar esa cantidad en el futuro mediante ahorro (en detrimento de la cantidad presente cuya utilidad marginal acaso aumente, según a qué fines renuncie, y en detrimento de la utilidad marginal futura) si ello me reporta una rentabilidad que reduzca la sensación de incertidumbre ante el futuro y compense dicho diferencial de utilidades marginales (aumento de la presente y reducción de la futura)del mismo modo que buscamos rentabilidades que superen la inflación (cuando empleamos un dinero adulterado que pierde valor).

  8. Hacia el final de los comentarios de la lección 5, respondiéndome a una pregunta afirmas:

    “El interés es el descuento de los bienes futuros en relación con los bienes presentes. No contradice nada, porque un aumento de bienes presentes puede tender a reducir ese descuento (caen los tipos de interés) y un incremento de los bienes futuros, a aumentarlo (suben los tipos por mayor impaciencia por anticipar renta).”

    1) Al aumentar los bienes presentes (entiendo un aumento de producción de bienes de consumo) tiende a reducirse el interés por el ahorro…¿y a la vez disminuye la utilidad marginal de los bienes presentes?

    2) Al aumentar los bienes futuros (2a:¿entiendo un aumento de producción de bienes de capital o de préstamos?) tiende a aumentar el interés por el ahorro…2b: ¿y a la vez disminuye la utilidad marginal de los bienes futuros?