¿Es la Escuela Austriaca una pseudociencia?

Aunque soy de la opinión de que no hay buenas o malas escuelas de Economía, sino buena o mala ciencia económica, considero que existe cierta utilidad señalizadora en poner en antecedentes al lector a propósito de la tradición principal de pensamiento en la que uno se enmarca. No para sacralizarla y defenderla a capa y espada, sino simplemente para aclarar cuál es tu background principal. En este sentido, tiendo a enmarcarme en la tradición de pensamiento de la Escuela Austriaca, aun cuando no son pocos quienes en alguna ocasión me hayan acusado de adoptar posiciones antiaustriacas por criticar a Hayek, Mises o Rothbard. Pero grosso modo creo que lo más descriptivo es insertarme dentro de esta corriente.

José Luis Ferreira acaba de publicar un libro en el que habla de refilón de la Escuela Austriaca para tildarla de pseudociencia. Su juicio crítico deriva de lo siguiente: “¿dónde están los avances de esta escuela? ¿Cuándo han corregido un error? ¿Cuándo han descartado una hipótesis por encontrar otra mejor? ¿Dónde publican? ¿A quién convencen? ¿Qué datos necesitan para invalidar alguna de sus hipótesis? … En realidad no es de extrañar que esta escuela no presente avances puesto que, como decía Friedrich Hayek, su postura no es consecuencialista. Para ellos la aceptación de la libertad de mercado es un fin en sí mismo como parte de la libertad humana”. Supongo que si uno es capaz de responder a estas cuestiones, la acusación de pseudociencia deberá ser corregida.

“¿Dónde están los avances de esta escuela?”

La pregunta me resulta confusa. ¿Avances, desde cuándo? ¿En las últimas dos décadas o en el último siglo y medio? ¿Y cómo medimos las avances?

Si nos referimos a los avances de los economistas dentro de la tradición austriaca creo que han sido tan numerosos que no merece la pena reiterarlos (Carl Menger desarrolla el concepto de utilidad marginal, de liquidez y de coste de oportunidad; Böhm-Bawerk pergeña la teoría del interés basada en la preferencia temporal; Mises desarrolla el concepto de cálculo económico y el consiguiente teorema de la imposibilidad del socialismo; Mises y Hayek elaboran el marco conceptual de la teoría del ciclo económico que le valdría el Nobel a este último; Hayek profundiza en el estudio de forma privadas de dinero y en los problemas de coordinación social por insuficiencia de información, etc.). Dejo fuera de este listado principal a economistas austriacos tan importantes y reconocidos por la globalidad de la profesión como Fritz Machlup, Ludwig Lachmann, Gottfried von Haberler, William Hutt, Frank Fetter o Israel Kirzner. Para un recorrido pormenorizado, puede consultarse este libro de Schulak y Unterköfler. Se trata de una tradición tan rica que incluso la American Economic Review incluyó un artículo de Hayek entre los 20 más importantes de los que han publicado en sus 100 años de vida.

En realidad, pocos economistas serios se atreverían a afirmar categóricamente que los economistas de la Escuela Austriaca han sido irrelevantes en la historia del pensamiento económico (ni siquiera Ferreira llega a ese extremo). Acaso la más razonable crítica sería que, desde Hayek, sus aportaciones han sido nulas y que se trata de una tradición extinta. Evidentemente, los economistas austriacos son una absoluta minoría dentro de la profesión actual, de modo que, por mero cálculo de probabilidades, la cantidad de aportaciones que podrán haber promovido serán mucho menores que las del resto de economistas. Aun así, en la actualidad sigue dándose una rica y creciente investigación basada en la tradición austriaca para cuyo conocimiento recomiendo este (ni mucho menos exhaustivo) paper de Evans y Tarko. Ciertamente, no me atrevería a tildarlas de inexistentes.

“¿Cuándo han corregido un error? ¿Cuándo han descartado una hipótesis por encontrar otra mejor?”

De nuevo, una pregunta muy confusa. ¿Cuándo han corregido un error o han descartado una hipótesis quiénes? Ferreira habla de los austriacos como se fueran un bloque ideológico compacto, un “todos a una como en Fuenteovejuna”. Para descubrir cuándo un austriaco ha corregido un error habrá que acudir a su particular biografía intelectual, al proceso de aprendizaje que ha emprendido y que le ha llevado a revisar, rechazar o reforzar parte de sus ideas. Todos los economistas, austriacos o no austriacos, cambiamos de opinión cada vez que leemos e investigamos, profundizando en nuestros conocimientos previos o socavando esos (erróneos) conocimientos previos.

Sin ir más lejos, yo mismo he cambiado radicalmente de ideas en un área que no es que sea de importancia secundaria para mí, sino que es mi campo principal de investigación y especialización: grosso modo, he dejado de ser un ricardiano en materia monetaria (la nota más importante del dinero es su cantidad, el dinero ideal tiene su cantidad totalmente limitada, la demanda de dinero posee una importancia secundaria, los precios dependen esencialmente de la cantidad de moneda, el dinero ideal es deflacionista, los precios internacionales se regulan mediante el mecanismo flujo especie-dinero de Hume, los bancos han de mantener el 100% de su coeficiente de caja, etc.) para pasar a ser un smithiano-cantilloniano (la nota más importante del dinero es su calidad, la demanda de dinero es el factor más importante y potencialmente inestable de su valor, el dinero ideal es suficientemente elástico como para responder a cambios en su demanda a corto y largo plazo, el dinero ideal mantiene estable su poder adquisitivo, los precios internacionales dependen de los flujos de crédito entre países, el coeficiente de caja es un problema relativamente menor siendo más importante la liquidez conjunta de la entidad, etc.). Como digo, ésta era el área que en la que uno creía ser especialista sobre las demás pero que, tras muy variadas lecturas, termina descubriendo que no. Imaginémonos qué sucedería si me pusiera a hacer un listado de otras materias donde soy consciente de no ser un especialista: la lista de aprendizajes y rectificaciones sería interminable.

Sin embargo, la postura de Ferreira parece ser, más bien, la de plantearse si la Escuela Austriaca in toto ha reconocido alguna vez un error. Sinceramente, éste me parece un modo muy malo de aproximar el problema: la Escuela Austriaca no piensa, no actúa, no toma decisiones. Son los pensadores que se adscriben a esta tradición de pensamiento –sin necesariamente excluir o blindarse frente a otras tradiciones– los que lo hacen. Y si Ferreira tiene la impresión de que todos dentro de la tradición austriaca piensan del mismo modo, eso sólo ilustraría que se ha sumergido poco o nada entre los autores austriacos. Me atrevería a decir que no existe un solo asunto en Economía (no hablemos ya en otras áreas vinculadas como el Derecho, la Filosofía, la Ciencia Política o la Psicología), donde existe consenso entre todos (o entre el 99%) de los economistas austriacos: ni en metodología (la postura de Mises es bastante distinta a la de Hayek y a su vez diferente a la de Machlup/Zanotti), concepto de equilibrio (la economía de giro uniforme de Mises, no es la economía caleidoscópica de Lachmann o la economía contrafactual de Hülsmann), formación de precios (no es lo mismo Böhm-Bawerk, que Fekete o que Lachmann), naturaleza y función de la empresarialidad (como equilibradora a lo Kirzner o promotora en desequilibrio a lo Lachmann), cálculo económico (¿es un problema de falta de propiedad como dice Mises o uno de falta de información como sostiene Hayek?), competencia y monopolio (¿existen monopolios no legales como afirma Mises o no existen como defienden Rothbard o Armentano?), teoría del capital (Menger es muy distinto a Böhm-Bawerk, Böhm-Bawerk es bastante distinto a Hayek, Hülsmann es radicalmente distinto a Hayek y Menger, Lachmann entronca con Hayek pero para distanciarse notablemente de él), interés (preferencia temporal pura como afirma Fetter, preferencia temporal y productividad marginal como defienden Fekete y Böhm-Bawerk, arbitraje empresarial desequilibrante según Lachmann, spread entre utilidades de acuerdo con Hülsmann…), dinero (¿Qué es dinero? ¿Cómo se determina su valor? ¿Qué papel juega la demanda? ¿Qué propiedades exhibe el buen dinero? ¿Qué sustitutos cercanos puede tener el dinero? ¿Puede ser Bitcoin dinero?… Preguntas a las que Menger, Mises, Huerta de Soto, White, Selgin o Fekete responderían de muy diversas formas), banca (¿Es viable la reserva fraccionaria o sólo el 100%? ¿Qué papel juega el descalce de plazos y de riesgos? ¿Crea la banca dinero? ¿Puede la banca descontar sólo papel comercial de calidad o cualquier otro activo? De nuevo, las posiciones de Huerta de Soto, White o Fekete son completamente enfrentadas siendo todos ellos austriacos), ciclo económico (¿Puede haber ciclos sin bancos? ¿Puede haber ciclos en un mercado libre? ¿Es el ciclo un fenómeno monetario o crediticio? ¿Qué papel juega el arbitraje de la curva de rendimientos? ¿Genera el ciclo sólo distorsiones reales? ¿Existen las contracciones secundarias? ¿Existe el fenómeno deuda-deflación? ¿Agrava el atesoramiento de dinero el ciclo, es irrelevante o incluso es sano?: preguntas a las que cada austriaco daría una respuesta según se base más en Mises, Hayek, Haberler, Fekete, Huerta de Soto, Lachmann o en economistas no austriacos como, verbigracia, Fisher, Koo o Rogoff), etc.

Es decir, no existe ni lejanamente un consenso dentro de la tradición de pensamiento austriaca sobre numerosísimas cuestiones como tampoco lo hay entre el resto de economistas. En ese sentido, todos los economistas austriacos no sólo descubren errores internos, sino errores en otros austriacos.

“¿Dónde publican?”

Las publicaciones de los economistas austriacos son cuantiosas en numerosos medios (artículos, libros, papers…). Imagino que Ferreira se refiere a publicar en revistas científicas indexadas. Aquí puede encontrar una lista bastante completa, donde se excluyen deliberadamente las publicaciones no-JCR.

 “¿A quién convencen?”

Sinceramente, esta puede que sea la pregunta más extraña de todas. No creo que la calidad y solidez de una tradición de pensamiento deba medirse en función de la gente a la que convencen. La homeopatía o la astrología convencen a mucha gente y no por ello deja de ser pseudociencias. Supone una visión muy ingenua del progreso científico. En verdad, ignoro qué quiere dar a entender Ferreira con esta cuestión: tal vez que la Escuela Austriaca no le convence a él (y a su círculo de colegas), lo que supuestamente ya bastaría para arrinconarla como pseudociencia.

Pero, yendo más allá de tan inquisitorial juicio, prefiero aproximar esta cuestión de otro modo. ¿Qué influencia han tenido los economistas austriacos sobre otras personalidades relevantes? Pues mucha. Por ejemplo, entre los Premios Nobel de Economía se me ocurren al menos ocho donde la influencia austriaca ha sido muy considerable: John Hicks (véase), James Buchanan (véase), Ronald Coase (véase), Douglass North (véase), Robert Lucas (véase), Vernon Smith (véase), Oliver Williamson (véase aquí y aquí) o Elinor Ostrom (véase). No en vano, Hayek es el segundo economista más citado por los Premios Nobel de Economía en su conferencia de recepción. No estoy diciendo ni lejanamente que todos estos economistas sean austriacos o que sus aportaciones se deban esencialmente a haber estudiado la escuela austriaca, sino que todos ellos han sabido encontrar ideas valiosas entre los austriacos y, por tanto, han sido persuadidos parcialmente por su trabajo (como lo han sido parcialmente por otros economistas no austriacos, sin que ello nos lleve a calificar la economía no austriaca de pseudociencia).

Más allá de los Nobel, encontramos reconocimientos a las aportaciones austriacas entre economistas muy relevantes y de muy diversas corrientes.

Entre los keynesianos tenemos a Axel Leijonhufvud, para quien la reciente crisis económica se explica por una combinación de Hayek y Mises con Minsky. Entre los monetaristas, David Laidler también ha reivindicado recientemente buena parte de la teoría austriaca del ciclo económico. Entre los economistas más mainstream, nos encontramos con Ricardo Caballero (del MIT) que hace suya la humildad epistemológica de Hayek en el análisis macroeconómico o con Guillermo Calvo (de la Universidad de Columbia), quien considera que la Escuela Austriaca ha solventado uno de los (a su juicio) enigmas fundamentales de la macroeconomía (el link entre crisis financieras y booms crediticios) o con William White (ex economista jefe del BIS), quien considera las aportaciones austriacas esenciales para reconducir el pensamiento macroeconómico. También habría que mencionar a Thomas Mayer, economista jefe del Deutsche Bank, quien se reconoce a sí mismo como “austriaco”.

Otros economistas relevantes fuertemente influidos por la Escuela Austriaca son los polifacéticos Tyler Cowen, Nassim Taleb y Deirdre McCloskey, los expertos en economía del desarrollo como William Easterly o Enrique Ghersi (coautor del famoso y muy influyente libro de “El otro sendero”) o el reputadísimo metodólogo Uskali Mäki.

Y si nos apartáramos del ámbito académico, muchos inversores y empresarios de grandísimo éxito profesional (el caso más conocido en España es el de Bestinver; y fuera de ella, probablemente Marc Faber o Jim Rogers) se reconocen fuertemente influidos por la Escuela Austriaca.

De nuevo, con todo esto no pretendo demostrar que la Escuela Austriaca tenga razón (ya de entrada, porque no existe un pensamiento único dentro de la Escuela Austriaca, sino las ideas de muchísimos economistas austriacos que han influido de un modo divergente a todos los anteriores): sólo pretendo mostrar su influencia y persuasión sobre personas de reconocida valía académica y profesional.

“¿Qué datos necesitan para invalidar alguna de sus hipótesis?”

De nuevo, los datos dependerán de la hipótesis que quiera falsarse. Es verdad que muchos austriacos no aceptan que la teoría pura (no así la economía aplicada o la historia) pueda ser falsada (véase Hülsmann), pero otros sí lo hacen con diversas cautelas (véase Zanotti). Por consiguiente, habría que ir caso por caso para ver qué dato concreto (y por qué) cree suficiente cada economista austriaco para falsar una determinada teoría. La pregunta es bastante vacía, como lo es plantearse qué dato necesitan los economistas no austriacos para invalidar alguna de sus hipótesis. Dependerá de la hipótesis.

¿Hayek, anticonsecuencialista?

Por último, Ferreira intenta transmitir la imagen de que la Escuela Austriaca es una corriente de pensamiento construida a la medida de un programa ideológico: el liberalismo. A su juicio, los austriacos retuercen sus teorías económicas para que encajen dentro de sus dogmas ideológicos. Como ejemplo, cita a Hayek como ejemplo de anticonsecuencialismo y de economista dogmático que antepone la libertad a toda consideración económica.

Hasta llegar a este punto, tenía serias dudas de su Ferreira había leído en profundidad a los economistas austriacos (sospechaba que no, pues se adscribe al mito de que Friedman refutó la teoría austriaca del ciclo), pero con su juicio sobre el antiutilitarismo de Hayek –y de los austriacos en general– ha terminado por despejarlas.

Antes de entrar en materia, sin embargo, dos caveats: primero, es verdad que todos los austriacos tienen ideología y que la inmensa mayoría de ellos tienen una ideología muy cercana al liberalismo (no siempre ha sido así: Eugen von Philippovich, por ejemplo, era más bien socialdemócrata), pero también todos los economistas no austriacos tienen ideología (ven el mundo a través de un conjunto de ideas y valores). Segundo, muchos economistas austriacos actuales rechazan, en efecto, el utilitarismo como regla para defender una ideología liberal, por considerar que existen cuestiones éticas previas a resolver (dicho de otro modo, muchos economistas austriacos rechazan que el análisis de la problemática social comience y termine con la economía); pero en esto último también coincidirán con muchísimos economistas no austriacos. La clave, empero, es si los economistas –austriacos o no austriacos– dejan que su ideología contamine sus desarrollos científicos: es decir, si colocan la ciencia al servicio de la ideología en lugar de modular su ideología en función de los hallazgos científicos disponibles. Y aquí encontraremos de todo: austriacos que caerán en la trampa de forzar las conclusiones científicas en aras de la ideología y austriacos que no lo harán. Pero lo mismo sucederá entre los no austriacos: ¿o es que ellos Ferreira intenta hacernos creer que los economistas no austriacos están absolutamente inmunizados contra el sesgo de confirmación? Espero que no, pues con ello sólo confirmaría su sesgo de confirmación a la hora de querer tildar a la Escuela Austriaca de pseudociencia.

Sentado esto, ¿dos austriacos tan relevantes como Mises o Hayek se aproximaban a la ciencia económica desde una perspectiva antiutilitarista? No, y siquiera sugerirlo demuestra una nula lectura o comprensión de sus textos. Mises es el caso más claro: siguiendo a Weber, considera que la economía debe ser una ciencia libre de juicios de valores. Su defensa del libre mercado era eminentemente utilitarista. Incluso llegó al extremo de sostener que el único buen argumento en contra de la esclavitud era su inferior productividad frente al trabajo libre. Dicho de otro modo, Mises no es que no fuera consecuencialista, es que era un consecuencialista extremo: la libertad no era un fin en sí mismo, sino el marco óptimo para lograr el bienestar social.

El caso de Hayek es algo más complicado. Es verdad que Hayek no se consideraba utilitarista, pero tampoco aceptaba el iusnaturalismo. En realidad, lo que sucede es que, partiendo de su análisis de que los problemas de información y coordinación en sociedad se solventan en gran parte mediante instituciones sociales que no han sido planificadas centralizadamente (ese análisis es el que recoge en el artículo calificado por la American Economic Review como uno de los 20 más importantes que han publicado), Hayek llega a la conclusión de que lo más conveniente para el ser humano es respetar esas instituciones y tradiciones aun cuando no las entienda. Dicho de otro modo, Hayek rechaza que uno pueda planificar la sociedad basándose en comparaciones agregadas de utilidad cognoscible –rechaza el hiperracionalismo constructivista–, pero no lo hace porque lo considere inhumano, sino porque previamente ha demostrado (o creído demostrar, ese es otro debate) los errores del constructivismo y la conveniencia social de aceptar las instituciones espontáneas. Su visión es metarracionalista: denuncia racionalmente los problemas del abuso de la razón y aconseja, por motivos consecuencialistas, no atentar contra el orden social liberal. De ahí que Liggio haya calificado a Hayek de utilitarista indirecto; otra forma de denominarlo sería utilitarista restringido o utilitarista humilde. Pero, desde luego, no antiutilitarista.

En todo caso, uno podría pensar que mi interpretación de Mises y Hayek es forzada y Ferreira se ha limitado a seguir interpretaciones alternativas igualmente válidas. Pero no: la interpretación estándar y generalizada es que Mises y Hayek eran utilitaristas. ¿Cómo puede Ferreira sostener todo lo contrario? Una de tres: o miente conscientemente, o no ha leído casi nada de los austriacos, o no ha entendido casi nada de lo que ha leído de los austriacos. Las dos primeras actitudes no serían demasiado honestas desde un punto de vista científico para construir una crítica a los austriacos; la tercera sólo reflejaría que esa crítica está basada sobre bases muy endebles. Mi juicio –absolutamente especulativo– es una combinación de escasas lecturas con desganado afán por comprenderlas, todo ello filtrado por el peligroso sesgo de confirmación.

Conclusión

¿Es la Escuela Austriaca pseudociencia? Si por Escuela Austriaca queremos decir “todos los economistas que siguen la tradición austriaca” (o incluso “una mayoría de los economistas que siguen la tradición austriaca”) la respuesta es claramente no. Desde luego que podremos encontrar austriacos que caigan en actitudes muy poco científicas, como también podremos encontrar a economistas no austriacos que incurran en tales prácticas. Desde luego que podremos encontrar a austriacos equivocados, como también habrá no austriacos profundamente errados. Lo que no tiene sentido –y es una actitud escasamente científica– es descalificar a todos los austriacos para así evitarse entrar en el debate.

Por ejemplo, Ferreira sostiene que siempre que lee o escucha a un austriaco no aprende nada nuevo (“Cuando acudo a un seminario de mis colegas a menudo aprendo algo. A veces confirman una hipótesis, a veces la rechazan y todavía otras veces proponen alguna nueva. En cambio, cuando leo a un autor de esta escuela no aprendo nada. No hay nada nuevo, no hay descubrimientos inesperados, sólo una repetición de las mismas ideas una y otra vez. Este estancamiento es todo lo contrario del quehacer científico”), en cuyo caso o bien lee a pocos austriacos porque arrogantemente cree saber todo lo que ellos saben (aunque no sepa lo que saben) o bien entiende poco de lo que ha leído. Descarto la tercera posibilidad de considerarle un superhombre que ya lo sepa todo de todo. ¿O es que puede sostenerse seriamente que cuando uno lee a un austriaco como Peter Leeson no aprende nada nuevo? ¿O que Larry White no ha aportado nada a la ciencia económica que Ferreira no sepa ya? ¿Nada nuevo en los escritos de Robert Higgs? ¿Nada de nada?

La afirmación de Ferreira no es demasiado distinta a cuando un economista austriaco señala que “no leo a los no austriacos porque no aportan nada”. Es una actitud pseudocientífica dirigida a evitar entrar en el sano debate con otros economistas adscritos a la Escuela Austriaca (o no adscritos a la Escuela Austriaca): si trazo una línea entre buena y mala ciencia, automáticamente me ahorro oponer argumentos contra los que se hallan en el campo de la mala ciencia. Pero semejante perspectiva sólo contribuye a paralizar el diálogo y la reflexión necesarios para lograr el progreso científico. Es un atrincheramiento ideologizado poco saludable. Un ensimismamiento en el que, afortunadamente, no han caído algunos de los más brillantes economistas, austriacos o no austriacos.

Aquí puedes leer la segunda parte de este debate.

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41 comments

  1. ¡Gracias por tan estupendo artículo!

    Para los que somos liberales de tercer o cuarto nievl*, como yo, este tipo de artículos sólo refuerzan nuestras ideas.

    Ideas que pueden evolucionar hacía la verdad, pues de eso se trata la ciencia.

    La ciencia no se trata de novedades, sino de descubrimientos.

    ¡Saludos!

    * Por liberal de tercer o cuarto nivel, me refiero a los que, como yo, nos apoyamos mucho en el conocimiento de gente como Juan Ramón Rallo.

  2. “La esclavitud es intolerable”.
    “Ya está el ideólogo. Primero habrá que ver si la esclavitud es económicamente eficiente o no antes de pensar en abolirla, ¿no crees, radical enfermizo? Vete con los de tu secta y déjanos hacer ciencia”.

  3. Un artículo brillante y riguroso. Verdaderamente soberbio.

    @Camus En efecto, muchos utilitaristas olvidan -o tal vez ignoran- que la ética es también una ciencia. Y que los análisis éticos son previos a los análisis económicos, e independientes de estos.

  4. Maravilloso, no tanto por ser una respuesta al pésimo artículo de Ferreira (al que has dejado en evidencia con un estilo impecable, dicho sea de paso), si no por plasmar en un simple post un resumen de los distintos posicionamientos dentro de la escuela, que para aquéllos que como yo tenemos una idea del tema pero por falta de lecturas completas de los originales no sabemos muy bien de donde hemos sacado alguna de las cosas que sabemos (he leído más ensayos que libros), pues aquí encontramos las referencias que queramos para profundizar e incluso, siempre dentro de los límites de la honestidad personal, una manera de reforzar el discurso con referencias a autores concretos según el tema dentro de la escuela, como algo provisional hasta que complete la lectura de los libros (aunque dado el tiempo que puedo/quiero dedicarle, sé que me va a llevar años y años xd)

  5. El sr. Ferreira claramente se ha leído cuatro libros, y ha creado su particular muñeco de paja … Bravo por el resumen.

  6. ¿caveats? ¿background?

    Escribe vd. muy bien , no lo estropee con anglicismos totalmente prescindibles.

    En lo referente al artículo, bien esta refutar las chorradas, pero las preguntas-críticas se caían por si solas. Como bien dice vd.,son vagas e inconsistentes.

    Saludos.

  7. El insigne economista Mark Blaug, otro que, tras años de criticismo, acabó por reconocer la validez de los postulados y aportes de la Escuela Austriaca.

  8. Hola Juan Ramón,

    como bien dice Gabriel Molina yo sería también un austriaco de cuarto nivel, que lo que sé se lo debo sobre todo a libros y artículos como los suyos o los de Daniel Lacalle, artículos de páginas como DesdeElExilio, LiberalSpain… o periódicos como LibreMercado o Cotizalia. El caso es que quería dar un paso más para conocer mejor la corriente austriaca y otras teorías (no solo de oídas) y leerme a los grandes autores. El problema es que no sabía por donde empezar y en una página leí que un buen comienzo sería leerme esta lista, a poder ser en orden, para tener una primera visión de la evolución de la economía y después de leerlos ya ir leyendo otros para profundizar más:

    Smith, A.: La Riqueza de las Naciones.
    Marx, K.: El Capital.
    Menger, C.: Principios de Economía Política.
    Engels, F.: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado.
    Böhm-Bawerk, E.: Capital e Interés.
    Mises, L.v.: Socialismo.
    Hayek, F.v.: Precios y Producción.
    Keynes, J.M.: La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero.
    Mises, L.v.: La Acción Humana.
    Friedman, M.: Capitalismo y Libertad.
    Hayek, F.v.: Derecho, Legislación y Libertad.
    Rothbard, M.: Concebido en Libertad y La ética de la libertad.
    Huerta de Soto, J.: Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos.

    ¿Qué le parecen? ¿Añadiría/quitaría alguno? ¿Por dónde seguir luego?

  9. “la aceptación de la libertad de mercado es un fin en sí mismo”

    Curiosa afirmación, en boca de un científico.

    By the way,¿Absoluta libertad de mercado? ¿Libertad de mercado con alguna regulación? ¿Como se concreta en cada caso concreto de política economica, con su contexto cultural, social, etc? ¿Puede la desregulación total producir efectos contradictorios y perjudicar a la sociedad en vez de favorecerla? ¿O para un austriaco estas discusiones son irrelevantes….porque contradicen un dogma asumido a priori?

    La ciencia económica no ayuda a entender mejor como funciona la economía y los agentes que participan en ella. Para luego buscar las mejores formas para satisfacer las necesidades humanas.

    No servirá a la sociedad si trata de construir un castillo ideologico en torno a una idea asumida de antemano, no sometible a discusión.

  10. Juan Ramón, bien dicho lo dicho. Entre los economistas que puedes citar que han reconocido la opinion austríaca como válida creo que también se puede decir el caso de Mark Blaug cuando reconocio que: “ellos” (los austriacos)en el tema del ciclo tenian razón y nosotros no”…)

  11. Marqués,

    Con background de acuerdo; con caveat de anglicismo poco, más bien latinajo.

    Eldaynel,

    Puedes empezar con Menger para conocer bien los fundamentos subjetivistas de la Economía. Y luego yo abordaría “El hombre, la Economía y el Estado” de Rothbard, seguido de “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” de Huerta de Soto.

  12. Para eldayniel:

    Si permites mi intromisión, puesto que la petición iba dirigida al profesor von Rallo, yo te recomendaría encarecidamente “La Formación de la Teoría Económica Moderna” de Mark Skousen. Un autor con un pie y medio en la Escuela Austriaca y el otro medio en la de Chicago. La obra es amenísima, sencilla y con un nivel de erudicción suficente para el lector con un conocimiento medio de economía. Como introducción y visión de conjunto de la historia del pensamiento económico es ideal antes de meterte directamente y a fondo con el listado de obras y economistas que expones. Consulta el índice:

    http://unioneditorial.net/la-antorcha?page=shop.product_details&flypage=flypage.tpl&product_id=227&category_id=19&keyword=skousen

    Una excelente introducción a la economía desde la óptica austriaca es el libro del propio Juan Ramón Rallo y Carlos Rodríguez Braun “El Liberalismo no es Pecado”. Con un regustillo húngaro (o neoaustriaco) pero qué le vamos a hacer. :)

  13. Einar

    Muchas gracias. Una serie de artículos que me sirvieron mucho también para introducirme en la teoría austriaca fueron “Comprendiendo la economía” de Arturo Taibo en el blog Desde El Exilio http://www.desdeelexilio.com/category/comprendiendo-la-economia/page/3/ y su análisis sobre el keynesianismo “Comprendiendo a Keynes” http://www.desdeelexilio.com/2010/03/23/comprendiendo-a-keynes-i/

    Juan Ramón Rallo

    Gracias por la recomendación.
    ¿Lee alguna vez el blog Desde el Exilio? ¿Qué le parece? ¿Ha leído alguna vez los artículos que le he expuesto a Einar? En caso afirmativo ¿Qué le parecen como iniciación a la economía?

    Un saludo.

  14. Ya que veo que en los comentarios la gente se ha animado a compartir fuentes, aquí os dejo esta perla que me encontré el otro día. Es un mexicano al que le gusta hilar fino fino, con artículos que buscan profundizar e incluso someter a crítica los propios postulados libertarios (o más bien, algunas posturas concretas dentro del libertarianismo); con una intención a lo LiberalSpain, pero con un rigor y precisión en el uso del lenguaje mejor a la media de LS (sin ánimo de criticar a LiberalSpain, que como fuente de contenido es excelente porque todo el mundo ahí tiene un espíritu crítico encomiable (no dogmatismos) y ganas de aprender y profundizar, pero siendo como son todos gente joven, a veces se aprecia alguna carencia en algún comentarista en tema de estilo, sintaxis, etc., que aunque no es lo fundamental pues siempre es agradable cuando eso se respeta bien).

  15. eldaynel: yo te sugeriría empezar antes que nada por “La economía en una lección” de Hazlitt. Es muy sencillo, rápido de leer, y fácil.

    Claro, es más bien un comienzo para el pensamiento económico liberal, antes que nada, pero de todos modos es muy recomendable.

    Un cordial saludo.

  16. Excelente artículo. Al indignado de la esclavitud (Camus) le recomiendo una segunda lectura. Parece no haber entendido el razonamiento de Mises.

  17. Ante las crudas afirmaciones de Ferreira, que ya se empezaba a suponer que no analizaba la “corriente austriaca de economía” sino simplemente la desprecia por contradecir sus postulados ideológicos, el artículo del Profesor es demoledor.

    Pero para mi sigue siendo muy importante saber en qué consiste o si es verdaderamente correcto llamar ciencia a la economía. ¿Cuál sería el método científico de la economía? Y sabiendo que la economía no es fruto de planificación, mal que les pese a los economistas keynesianos y las continuas evidencias de su fracaso, sino el resultado de infinitos intercambios individuales dentro de un marco mas o menos regulado pero siempre libre sobre decisiones libres de los individuos, se puede hablar de ciencia cuando es imposible saber cuales serán las infinitas decisiones posibles de todos o una gran mayoría de los individuos que participan en el mercado?

    Es mas, ese análisis para ser científico ha de ser mínimamente objetivo. Para nada subjetivo ni ideológico…. ¿es eso posible?

    Podríamos decir, pues, que ¿si eliminamos la libertad individual la ciencia económica sería efectivamente una ciencia?

    Sinceramente creo que no, que tampoco, pero la cuestión que tiene que resolver el profesor Ferreira es si para el la libertad individual es en si un valor a defender.

  18. ESTE SEÑOR EL 13/05/13 PUBLICO UN ARTICULO EN EL QUE AFIRMABA QUE DA IGUAL QUE RECIBAMOS UN PRODUCTO O SERVICIO DEL SECTOR PUBLICO O PRIVADO, AFIRMANDO QUE A nadie se le ocurre incidir en el hecho de que los panaderos viven gracias a que los demás les pagamos. EL PANADERO SI NO GANA DESAPARECE, SI FUERA PUBLICO NO DESAPARECERÍA, SEGUIRÍA EXPRIMIENDO A LOS 13 MILLONES DE CONTRIBUYENTES DEJANDO MENOS MEDIOS PARA QUE OTROS HAGAN MEJOR EL TRABAJO.TAMBIÉN AFIRMA QUE Todos vivimos de todos los demás, QUE SE LO DIGA A LOS DE UGT DE ANDALUCIA.

  19. ¿Os creíais que toda esta crítica que le estoy haciendo a la escuela de Austria me la estoy inventando? No, guapos, no… Hace AÑOS que la comunidad científica de economistas (los economistas serios) demostraron la tontería que es todo esto del “ciclo económico de la escuela de Austria”. Yo lo único que he hecho ha sido “traducirla” a un lenguaje comprensible para un profano en Economía (pero vaya, que cualquiera con dos dedos de frente, a nada que investigue se va a dar cuenta por él mismo de que es falsa, que no es muy difícil).

  20. Hola Juan Ramón,
    Cuando puedas explícanos tu evolución intelectual y tus actuales posiciones.
    Particularmente el párrafo que empieza con …/… “smithsoniano-cantilloniano” y acaba con …/… “la liquidez conjunta de la entidad”
    Magnífico artículo.

  21. ´Le he pedido al Dr. José Luis Ferreira que refute la siguiente afirmación: supongamos que crea un modelo matemático que logra predecir con precisión el comportamiento futuro de los actores económicos, por ejemplo, los precios futuros o cuándo se producirá una crisis. Si se publica ese modelo económico los actores modificarán sus comportamientos futuros en base a los nuevos conocimientos por lo que se modificará la realidad y si no lo publica será un conocimiento inútil. Los modelos matemáticos tiene sus límites uno es el que señalo pero hay otros que señala la misma Escuela Austríaca de Economía aquel es un límite impuesto a la ciencia económica que nunca podrá superarse. ¿Qué piensa al respecto?

  22. Una vez conocido el equilibrio, los economistas austríacos se interesan por el desequilibrio. Es aquí donde se inscribe la especificidad de Hayek. El desequilibrio se caracteriza por la divergencia entre la oferta y la demanda global de bienes, y se evidencia a través de una crisis de sobreproducción (debida a la desproporción entre los sectores productivos), lo que representa la fase decreciente o negativa del ciclo.

  23. “Mises es el caso más claro: siguiendo a Weber, considera que la economía debe ser una ciencia libre de juicios de valores. Su defensa del libre mercado era eminentemente utilitarista. Incluso llegó al extremo de sostener que el único buen argumento en contra de la esclavitud era su inferior productividad frente al trabajo libre. Dicho de otro modo, Mises no es que no fuera consecuencialista, es que era un consecuencialista extremo: la libertad no era un fin en sí mismo, sino el marco óptimo para lograr el bienestar social”

    Sin duda me pierdo algo.. La variante de utilitarismo que está en juego es la que defiende que la bondad de una institución es función de su contribución al bienestar social. A menos que se vincule por definición el aumento del bienestar social con el aumento de productividad, no hay ningún argumento (ni obvio, ni, me temo, no obvio) que pueda conectar utilitarismo/consecuencialismo con la cuestión de la esclavitud. Y lo más importante: no puede ser parte de ninguna teoria económica la asimilación de aumento de productividad con bienestar social…No se trata por tanto de que la ciencia económica haya de estar o no libre de valores. Aun suponiendo que la asimilación de bienestar a productividad no es valorativa, no es una asimilación que pueda ser defendida por razones económicas…

  24. El artículo del Dr. Rallo es excelente.
    Aún así, sin ánimo de polemizar, debo resaltar que considero que el estudio de la Escuela Austriaca de Economía puede hacerse sin tener que adherir necesariamente a una ideología ni siquiera a la liberal, en ese sentido, trato de aprender de la Doctrina Social de la Iglesia y de la clara exposición de la misma que presenta Juan Pablo II en su Encíclica Centessimus Annus.
    Considero que no es necesario adherir a ninguna ideología pero tampoco a ninguna corriente filosófica y ética en particular (sí, todo científico debe adherir a aquella corriente filosófica y ética que considere acertada y lo mejor que puede hacer es explicitarla) para comprender y aceptar como válidas muchas de las teorías de la Escuela Austriaca de Economía o poder considerarse un austriaco en materia económica.

  25. Al final Ferreira consigue su objetivo fundamental, que es conseguir que le entren al trapo de su troleo, cuando lo que ha escrito es un simple ejercicio de descalificar a otros que no sean de su cuerda. No sé si habrá muchas falacias magufas de la “FEDEA people”. Esos que se pusieron de uñas porque te dieron un premio y dijeron que era un pucherazo, cosa que no dijeron cuando el año anterior y bajo las mismas premisas se lo llevaron ellos. Ellos son así: son la ciencia y la razón. Lo más cachondo del asunto es que el problema de la magufería no es un tema soviético o tirolés. Es que seguramente lo que hace Ferreira y sus allegados sea tan pseudociencia como las demás. Pero es su pseudociencia y vestirla de ciencia les vendrá muy bien para pillar un carguito en la Administración.

  26. MENUDO IDIOTA ESTA HECHO USTED.
    LO SUYO NO ES NI CIENCIA NI CORRIENTE NI PENSAMIENTO POLÍTICO.
    Lo suyo es ser LACAYO de los ricos, los verdaderamente ricos, y hacerles la cama promoviendo el anarcocapitalismo, donde no habrá ningún tipo de seguridad para la gente en el futuro. Salvo que tengas mucho dinero para pagarte esa seguridad. Es decir, un mundo donde solo puede vivir bien, perdón muy bien el 1% de la población.
    Es usted un vendido… por cuatro perras ademas!!

  27. JM Rallo tengo una duda latente que siente usted cuando un gran intelectual como Hayek se vendió a un régimen fascista como el chileno,una contradicción que no tiene vuelta.Le tengo gran admiración a ud y al Doctor Huerta de Soto,hace varios años entre por error a un vídeo de Huerta de Soto en youtube,siendo un socialista.Y gracias a las ideas de este gran intelectual,me di cuenta que era una sistema condenada al fracaso.
    Saludos desde Argentina,y ojala algun día pueda conocerlo personalmente.

  28. Hay claramente diferencias entre la economía científica, contrastada mediante artículos científicos y revisión por pares, y las opiniones económicas que se publican en periódicos. Pero incluso en la economía aceptada científicamente, la realidad se simplifica hasta lo ridículo para adecuarla a modelos clásicos y escenarios de la teoría de juegos muy básicos, y dar las recetas tipo FMI: one size fits all.

    Así, una parte de los economistas siguen partiendo absurdamente de que existen cantidades infinitas de recursos naturales, o que estos son indefinidamente sustituibles entre sí y con el capital económico, y siguen creyendo en la posibilidad de un crecimiento exponencial de la producción en un planeta abarrotado y finito. Todo eso carece de cualquier fundamento científico desde el punto de vista de ciencias mucho más consolidadas como la física y la biología.

  29. Xosé Manuel Carreira, Ninguna ciencia basada en preceptos irrefutables puede considerarse consolidada. Ni la física ni la química lo son y por tanto la biología tampoco ya que está expuesta a procesos evolutivos o mutaciones que no se pueden predecir.
    Eso no quita que no sean interesantes o útiles. Pero es que la fregona también lo es.

    Apartir de aceptar eso ya se puede hablar de superpoblación…

    No hay que confundir la población con el exceso. Digamos que si hubiera exceso de moriría la gente moriría. Porque en condiciones naturales y normales ocurre. El exceso podría ocasionarse porque no hay bienes que consumir, no recursos en la Tierra. Por eso los países subdesarrollados sirven de ejemplo de lo que digo.

    Mosher creo que también dice eso que en el S. XXI bajará la natalidad y se alargará la esperanza de vida, lo que hará que disminuya la población posiblemente.
    Muchos dicen que aumentará mucho, pero no creo porque la gente ya sabe cuantos hijos puede tener y sabe que no sale de una guerra.
    La población se autorregulará solo hay que dejar que ocurra y no desvirtuar su ciclo con políticas de control natal.
    Los anticonceptivos son opcionales no hay una ley que te obligue a consumirlos por tanto no es una regulación gubernamental.

  30. Yo creo que faltó hacer un poquito más de énfasis en la labor de Kirzner como economista.

  31. Mientras que las otras corrientes económicas se discute sobre economía (obvio), los austriacos tienen que discutir primero si lo que predican es científico y si merecen ser llevados a serio.

    Pobres Austriacos!. Nadie los toma en cuenta. Y si lo son, son para fines propagandísticos. En resumen, son buenos tontos útiles.