Una fiscalidad no balanceada

La reciente publicación de las balanzas fiscales entre autonomías no ha satisfecho a prácticamente ninguno de nuestros políticos regionales. Pero más allá de las refriegas electoralistas, el documento elaborado por Ángel de la Fuente sí debería llevarnos a un muy hondo replanteamiento del modelo de financiación autonómica.

¿Sirven de algo las balanzas fiscales?

La primera cuestión a resolver es si las balanzas fiscales proporcionan algún tipo de información útil. A la postre, hemos escuchado en reiteradas ocasiones que “los impuestos los pagan los individuos, no los territorios”, por lo que supuestamente carecería de importancia conocer el saldo fiscal de un territorio (esto es, cuántos impuestos se pagan en relación con el gasto público recibido).

La crítica puede parecer lógica, pero tiene problemas serios. Al cabo, la manera que tiene un contribuyente de recuperar parte de sus impuestos abonados es disfrutando del gasto público en el que esos impuestos se materializan. Si paga muchos impuestos y disfruta de muy poco gasto, el contribuyente está tanto más explotado fiscalmente.

En este sentido, las balanzas fiscales ponen de manifiesto la diferencia entre los impuestos pagados por los residentes de una región y el gasto público recibido por esos mismos residentes: a mayor diferencia, más explotación fiscal media dentro de esa región.  De ahí que, aunque sea verdad que los impuestos los pagan los individuos y no los territorios, como esos individuos sólo tienen opción de recuperar los impuestos abonados a través de los servicios estatales que se presten en su territorio, las balanzas fiscales sí nos indican cuán maltratados fiscalmente están sus habitantes.

Es verdad que no se trata de un indicador perfecto: por ejemplo, si a un madrileño le arrebatan 20.000 euros en impuestos para entregárselos en forma de subvención a un getafense, el saldo fiscal de la Comunidad de Madrid por esta operación será cero y difícilmente podrá decirse que el madrileño ha recuperado parte de sus impuestos porque éstos se reinviertan en Madrid.

Es verdad, también, que dentro de cualquier región arbitrariamente definida podríamos encontrar subbalanzas fiscales  (entre la capital madrileña y el resto de ciudades de la comunidad o incluso entre barrios de la comunidad madrileña) hasta llegar a calcular una balanza fiscal individual. Pero que el indicador tenga sus limitaciones (como todo indicador) no invalida su utilidad: sólo implica que los cálculos tendrán un cierto margen de error y, sobre todo, que estamos valiéndonos de magnitudes medias (los residentes en un territorio pueden estar maltratados fiscalmente como media sin que todos ellos lo estén).

¿El método carga-beneficio es el adecuado?

La siguiente cuestión a dilucidar es si el modo en el que se han calculado las balanzas fiscales es el más adecuado. Grosso modo, existen dos métodos para imputar ingresos y gastos: el método carga-beneficio (que es el empleado en el informe) y el método flujo monetario. El primero imputa el gasto público a aquel territorio donde residen los ciudadanos que se benefician de los servicios provistos por ese gasto público; a su vez, los impuestos se imputan a aquel territorio donde residen quienes en última instancia soportan su carga. El segundo método, en cambio, imputa los gastos allí donde se materializa y los impuestos a aquellos que los abonan en primera instancia.

Por ejemplo, supongamos que en toda España sólo existe un hospital de maternidad en Madrid y que, por los motivos que sea, en la región madrileña nadie tiene hijos. ¿Quiénes serían los beneficiarios de ese servicio hospitalario? Según el método carga-beneficio, todas las madres del resto de España que acudan a él; según el método flujo monetario, los trabajadores del hospital madrileño Otro ejemplo: las cotizaciones sociales que pague una empresa catalana por disponer de una sede con trabajadores en Extremadura se imputan a los trabajadores extremeños, pues son ellos los que en última instancia lo pagan. De ahí que, aunque ambos métodos son útiles y tienen su relevancia, el método carga-beneficio es el más correcto y relevante.

Acaso la única salvedad que pueda efectuarse en este punto se refiere a aquellos gastos generales que presuntamente benefician por igual a todos los españoles: por ejemplo, la alta dirección del Estado, la representación exterior, la defensa o la I+D. Estos gastos, que ascendieron a 17.400 millones de euros en 2011, se imputan equitativamente a todos los españoles a través del método carga-beneficio. Y aunque sea correcto hacerlo así, también es cierto que, en este caso, aquella región que concentre las entidades encargadas de la provisión de estos servicios generales obtiene un beneficio sobre el resto. En este sentido, suele aducirse que esa región privilegiada es Madrid, donde se ubican todas los Ministerios y demás burocracia estatal; motivo por el cual el método carga-beneficio sobreestimaría el déficit fiscal de esta región.

La crítica tiene parte de razón, pero tampoco debemos exagerarla: de los 17.400 millones de servicios generales, sólo 1.000 se corresponden con gastos indudablemente concentrados en Madrid. De los otros 16.400, alguna parte recaerá en Madrid, pero ni mucho menos su totalidad: por ejemplo, la acción exterior del Estado (2.200 millones) afluye al exterior; la defensa (8.500 millones) no está concentrada en Madrid, que sólo tiene un cuarto de todas las bases militares; el gasto en gestión tributaria (1.600 millones) se difumina, en un 90%, hacia los servicios territoriales; el gasto en I+D (2.600 millones) se asigna a centros investigadores y universidades de toda España, etc.

¿Qué nos dicen las balanzas fiscales de 2011?

Sentado lo anterior con sus pertinentes matices, uno puede utilizar los datos de las balanzas fiscales con una razonable confianza. ¿Y qué nos dicen estos datos? Pues, básicamente, que los ciudadanos de cuatro comunidades autónomas —Madrid, Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana— están costeando las sobredimensionadas burocracias del resto de autonomías, muy en especial de Andalucía, Canarias, Castilla y León, Galicia y Extremadura. Cada madrileño paga 2.700 euros extraordinarios en impuestos —y cada catalán y balear alrededor de 1.500— para financiar las transferencias de 2.700 euros anuales que recibe cada extremeño, las de 1.900 que recibe cada canario o las de 1.500 que recibe cada asturiano.

Los incentivos perversos que tal organización hacendística provoca son gigantescos. Primero, destruye la corresponsabilidad fiscal: los ciudadanos residentes en comunidades netamente receptoras demandarán más gasto público aunque ello implique pagar mayores impuestos (pues no son ellos quienes, en última instancia, los están pagando) y, a su vez, tenderán a ser más condescendientes con el despilfarro del que no es su dinero. Segundo, elimina todo incentivo a la competencia fiscal entre autonomías en la medida en que gran parte de los ingresos termina redistribuyéndose dentro del sistema. Tercero, atrofia el desarrollo de las regiones dependientes de las transferencias externas, las cuales pasan a convertirse en rentistas del resto de España: el caso más paradigmático es el de Extremadura, que obtiene el 17% de su PIB (¡el 17%) del resto de españoles (o dicho de otra forma: la principal industria de Extremadura es el cabildeo político para sacar tajada presupuestaria). Y cuarto, se gesta una comprensible tensión entre los ciudadanos de aquellas regiones que contribuyen netamente y los de aquellas otras que son receptoras netas: la reciente explosión del independentismo catalán es difícilmente entendible sin toda esta fortísima redistribución interna de la renta mal calificada de “solidaridad interterritorial”.

Los resultados de las balanzas fiscales deberían llevarnos a una revisión en profundidad del modelo de financiación autonómica: si hemos descentralizado la mayor parte de los gastos del Estado, deberíamos hacer lo propio con los ingresos. No es de recibo que una familia media madrileña esté pagando de más 7.500 euros anuales en impuestos para transferirlos al resto de España.

Por supuesto, una mayor descentralización fiscal implicará que las autonomías que hoy son receptoras netas de fondos deberán replantearse de raíz sus presupuestos. Pero no confundamos ese necesario replanteamiento presupuestario con la típica demagogia de dejar a las regiones “pobres” sin servicios educativos o sanitarios “de calidad”. Primero, porque el gasto sanitario y educativo representa el 60% del gasto autonómico total (y el gasto autonómico ni siquiera es la totalidad del gasto desplegado en una región), de modo que podrían recortarse otras partidas presuntamente menos relevantes. Segundo, porque hay formas de recortar el gasto educativo y sanitario sin merma en la calidad de sus servicios (por ejemplo, recortar los salarios de su personal, adecuándolos al poder adquisitivo medio de esas regiones: ¿por qué el sueldo base de un profesor extremeño ha de ser el mismo que el de un madrileño?). Y, tercero, porque las regiones receptoras siempre cuentan con una simple alternativa a recortar el gasto: subir impuestos a sus ciudadanos.

Ahora mismo, son los impuestos extraordinarios soportados por los ciudadanos de otras regiones los que costean parte de los gasto de las receptoras netas: por ejemplo, los andaluces reciben como media unas transferencias netas de 880 euros por ciudadano (el 5,5% de la renta per cápita andaluza) mientras que los catalanes abonan como media unos impuestos extraordinarios de 1.100 euros (algo más del 4% de su renta per cápita)… ¿por qué no invertir los términos? En tal caso, las transferencias interterritoriales se reducirían sin merma del gasto en ambas regiones.

En suma, las balanzas fiscales, con todos sus defectos y limitaciones, ponen de manifestó hasta qué punto el Estado controla y abusa de la renta que arrebata a sus ciudadanos. Cuantos más altos sean los tributos y más gasto distribuya el sector público, mayores tensiones entre ciudadanos tenderán a aparecer. Lejos de crear instituciones cuyo fundamento último sea la pugna política por el reparto del botín deberíamos avanzar hacia instituciones que promuevan la cooperación voluntaria y pacífica entre todos los ciudadanos. Y, para eso, necesitamos una reducción muy considerable de la carga fiscal que vaya de la mano de una profunda descentralización administrativa.

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13 comments

  1. La verdad es que con Juan Ramón tengo un problema. Cuanto más lejos me siento de sus posiciones ideológicos, más acertados encuentro sus artículos. ¡Tengo que ir al psiquiatra, pero ya!

  2. Tomas

    A mi me pasa lo mismo, pero es que una cosa es Rallo escribiendo sobre economía y otra escribiendo sobre ideología, el Rallo economista y el político.

    Yo respeto al Rallo ideólogo pero me es más interesante el economista aunque también estoy más cerca de otras escuelas económicas.

    De todas formas este artículo es sobre gestión, y creo que casi todos estamos de acuerdo en que en España la gestión del Estado y administraciones púbicas es corrupta e ineficiente.

    Bajo mi punto de vista creo que habría que reformar el modelo político del Estado español hacia uno más federal y que los diferentes territorios recauden sus propios impuestos, elaboren sus presupuestos con ello y quizás un fondo de compensación con los territorios más pobres por razones evidentes e inevitables. Pero todo esto exigiendo una buena gobernanza.

    El ejemplo de los ecomunicipios suecos es muy interesante; http://huellasdigitales.cl/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=5180:eco-municipios-el-nuevo-paradigma&catid=53

  3. Bastante de acuerdo con el contenido, pero con una salvedad importante: Madrid.
    La capital es un sumidero de impuestos recaudados en todo el país (grandes empresas con sede social centralizada, el gran aparato estatal con sus funcionarios y un largo etc.). Por ello no se puede afirmar que una familia madrileña transfiere 7500 euros anuales, porque buena parte son impuestos que la capital no genera sino solo redistribuye.
    Dejando aparte la capital, que alguien me explique el motivo por el cual las comunidades de lengua catalana (Cataluña, Valencia y Baleares) son las que tienen mayor dèficit (¿es aún un residuo de la relación entre vencedores y vencidos en la guerra de sucesión del XVIII?) Puede parecer una idea absurda, pero no creo en casualidades y ciertamente me resulta oscuro el vigente criterio redistributivo. Saludos.

  4. Creo que esos 7500 euros anuales, sí serían los impuestos que la familia madrileña transfiere de media.

    Cosa distinta, sería decir que hay privilegio al tener muchos funcionarios del estado. Pero creo que de eso ya ha hablado Rallo en el artículo.

    No me parece que haya mayor misterio por lo demás. Salen con mayor déficit las comunidades con mayor renta per cápita, con excepción, como siempre, de las comunidades forales.

    Para hacer análisis más detallados, habría que ver a qué comunidad le han tocado grandes obras, (como el AVE, o aeropuertos), cual tiene más proporción de jubilados, etc.

    (Y una cosa que me planteo yo: El gasto de una autopista que cruza Soria (por coger una provincia poco poblada) de lado a lado, y está encargada a una constructora madrileña o catalana, se considera que es un beneficio solo para los sorianos?)

    Y sí que hay concentración de sedes de empresas en Madrid (y también lo hay en Cataluña o Valencia, en comparación a otras comunidades). Pero no veo el problema. Tal vez esto pueda crear alguna distorsión, dependiendo de a quién se impute el impuesto de sociedades (¿a accionistas? ¿a consumidores?) pero no veo por qué iba a beneficiar necesariamente a Madrid en los cálculos, de una manera injusta.

  5. Que gran artículo profesor Rallo. A esto lo definiríamos como corresponsabilidad fiscal. Reflexiones como la suya, que son de un gran sentido común, son las que teníamos que exigir a todas nuestras comunidades autónomas. Traducido en lenguaje popular me viene a la cabeza un refrán “ A Dios rogando y con el mazo dando” . No se puede abusar eternamente de la solidaridad de los demás. Yo te puedo ense?ar a pescar, pero pasado un tiempo prudencial de aprendizaje debes ser capaz de ganarte la vida por ti mismo. Ojalá sus sabías opiniones hagan reflexionar a todos los ciudadanos que “ Nada es gratis” lo que unos pagan y otros disfrutan sin esfuerzo , no se puede mantener a lo largo del tiempo. El mantener el parisitismo eternamente no es la solución.

  6. “Primero, destruye la corresponsabilidad fiscal: los ciudadanos residentes en comunidades netamente receptoras demandarán más gasto público aunque ello implique pagar mayores impuestos (pues no son ellos quienes, en última instancia, los están pagando) y, a su vez, tenderán a ser más condescendientes con el despilfarro del que no es su dinero”.

    La gran mayoría de los ciudadanos españoles siempre demanda más gasto público independientemente de la carga tributaria. Lo vemos a diario y hay infinidad de ejemplos.

    “Segundo, elimina todo incentivo a la competencia fiscal entre autonomías en la medida en que gran parte de los ingresos termina redistribuyéndose dentro del sistema”.

    Tal vez no sea totalmente extrapolable, pero en la Unión Europea (un mercado económico relativamente integrado) la competencia fiscal es insignificante (al igual que la redistribución vía fondos de cohesión y otros).

    “Tercero, atrofia el desarrollo de las regiones dependientes de las transferencias externas, las cuales pasan a convertirse en rentistas del resto de España: el caso más paradigmático es el de Extremadura, que obtiene el 17% de su PIB (¡el 17%) del resto de españoles (o dicho de otra forma: la principal industria de Extremadura es el cabildeo político para sacar tajada presupuestaria).”

    Probablemente refuerza esa atrofia, pero la causa principal es más profunda.

    “Y cuarto, se gesta una comprensible tensión entre los ciudadanos de aquellas regiones que contribuyen netamente y los de aquellas otras que son receptoras netas: la reciente explosión del independentismo catalán es difícilmente entendible sin toda esta fortísima redistribución interna de la renta mal calificada de “solidaridad interterritorial””.

    Es una de las principales excusas que utilizan los nacionalistas catalanes (que por cierto es muy buena). Pero si tuvieran un régimen tributario favorecedor como el del País Vasco creo que no sería óbice para que tuvieran el mismo nivel de pretensiones.

    Conclusión:

    Estoy a favor de la mayor descentralización posible tanto de gastos como de ingresos con todas sus consecuencias. Significaría el desmembramiento a la fuerza de una gran parte de los servicios estatales en regiones profundamente estatistas. Algo que veo extremadamente poco viable desde el punto de vista político y social.

    Buen artículo.

  7. @Carmen

    Estoy bastante de acuerdo con lo que dices, pero yo matizaria un par de cosas.

    Es verdad que la mayoria de ciudadanos esta de acuerdo con un mayor gasto del gobierno, pero tambien es verdad que los partidos que prometen mas gasto, aseguran que el gasto se financiara solo con crecimiento, o que lo pagaran los ricos. Nunca reconocen que lo pagara el mileurista.

    Y en cuanto los efectos de la competencia fiscal en Europa, puede que no sean tan insignificantes:
    http://vvww.eatlp.org/uploads/Members/GeneralReportSchoen.pdf

    Ademas, la competencia es mayor, cuanto mas facil es cambiar de territorio. Cambiarse a oto pais Europeo, cambiando completamente de idioma, costumbres, y muy lejos de familia y amigos es una cosa. Cambiarse de comunidad autonoma es bien distinto. De momento, los regimenes forales si que aprovechan su autonomia para bajar impuestos, y tenemos tambien los ejemplos de los estados de EEUU y de los cantones suizos.

  8. Lo único que nos dice el sistema carga benefició es el superávit fiscal de una Catalunya independiente si se continuara con el hiper gasto actual.Por eso a los catalanes solo nos importa el flujo monetario que, es el relevante para analizar la viabilidad económica de Catalunya.De todas formas me parece una burla a la honestidad imputar sólo 1.000 millones a Madrid.El informe cocinado por Montoro para qué Madrid parezca más solidaria que Catalunya es de vergüenza .Y es de una deshonestidad intelectual vergonzosa participar de ello. En Catalunya ya no os cree nadie ,ni que por casualidad algun dia se os ocurra decir alguna verdad.Podéis continuar con vuestros insultos y mentiras que nosotros nos vamos.Que os vaya bonito con vuestro país de fantasía.

  9. ¿Qué insultos, Albert?

    Por otro lado, yo no he dicho que Madrid sólo participe de 1.000. He dicho que sólo 1.000 están claramente concentradas en Madrid. Ni el gasto en Defensa, ni en representación exterior, ni en I+D, ni en la Agencia Tributaria (90% son servicios territoriales) están concentrados en Madrid. Y eso son 14.000 de los 17.500 millones en servicios generales. Por cierto, el método carga-beneficio le imputa a Madrid 2.500 de esos 17.500 millones. Por tanto, la diferencia no será muy acusada.

  10. @Iñaki

    “Es verdad que la mayoria de ciudadanos esta de acuerdo con un mayor gasto del gobierno, pero tambien es verdad que los partidos que prometen mas gasto, aseguran que el gasto se financiara solo con crecimiento, o que lo pagaran los ricos. Nunca reconocen que lo pagara el mileurista.”

    Como bien dices nunca lo reconocen y lo termina pagando el mileurista (y el no mileurista agregaría). Desde ya, pero la historia se repite: los ciudadanos piden siempre más gasto público, los políticos lo llevan a cabo a costa de esos mismos ciudadanos y las protestas multitudinarias sólo se producen en caso de haber recortes. Nadie se queja cuando el Estado se endeuda a mansalva, y cuando se suben los impuestos las muestras de rechazo son bastante escasas en términos relativos.

    “Y en cuanto los efectos de la competencia fiscal en Europa, puede que no sean tan insignificantes:
    http://vvww.eatlp.org/uploads/Members/GeneralReportSchoen.pdf
    Ademas, la competencia es mayor, cuanto mas facil es cambiar de territorio. Cambiarse a oto pais Europeo, cambiando completamente de idioma, costumbres, y muy lejos de familia y amigos es una cosa. Cambiarse de comunidad autonoma es bien distinto. De momento, los regimenes forales si que aprovechan su autonomia para bajar impuestos, y tenemos tambien los ejemplos de los estados de EEUU y de los cantones suizos.”

    ¿La competencia fiscal ha hecho que los suizos paguen cada vez menos en impuestos?

    http://en.wikipedia.org/wiki/Taxation_in_Switzerland#mediaviewer/File:Tax-Revenues-As-GDP-Percentage-(75-05).JPG

    http://en.wikipedia.org/wiki/Federal_budget_of_Switzerland#mediaviewer/File:Main_taxes_in_Switzerland_from_1990_-_2010.JPG

    ¿La competencia fiscal ha hecho que los estados en Estados Unidos disminuyan el gasto público?

    http://watchdog.wpengine.netdna-cdn.com/wp-content/blogs.dir/1/files/2013/07/growth-in-taxes.jpg

    Que no parezca que estoy en contra de la competencia fiscal. Sin embargo, creo que es un tema bastante complejo en el que intervienen cuestiones políticas y sociales, lo que deriva en que no necesariamente la carga tributaria tienda a disminuir.

  11. @Carmen Alameda

    Tendría que haber dicho que el aumento del gasto lo pagará “también” el mileurista, para ser más claro.

    Es verdad que en los medios de comunicación se sacraliza el gasto público (cuanto más mejor), y la gente parece demandar más gasto público aunque le suban los impuestos. Pero yo sigo creyendo que si el mileurista fuese consciente de todo lo que paga de impuestos, incluidas cotizaciones sociales, IRPF, IVA, impuestos especiales etc… el mileurista cambiaría muy pronto de opinión.

    También la mayoría es muy pro energías alternativas. Pero si a la gente se le hubiera dicho años atrás, el sobrecoste que iban a tener las apuestas de los políticos por este tipo de energía, creo que pocos hubieran aceptado esos sobrecostes. (Y no estoy en contra de energías de ningún tipo).

    En cuanto a la competencia fiscal, creo que sí que se le puede ver un efecto positivo, pese a los datos que das. Hay que tener en cuenta, que lo recaudado no solo sube cuando suben los impuestos. Con los mismos impuestos, a más actividad generadora de impuestos, o a mayores rentas, hay mayores impuestos. Los impuestos que tiene ahora mismo España, confiscarían mucho más del 50% del PIB, y sería un PIB mucho más grande, si en España hubiera pleno empleo, y todo el mundo ganase más de 100000€ anuales, o si volviésemos todos a endeudarnos comprando casas en otra burbuja inmobiliaria.

    El gasto en los Estados Unidos subió mucho, al parecer entre 2001 y 2011, pero habría que ver cuánto creció el PIB, y cuantos de esos impuestos se pueden achacar a la actividad extra generada por la burbuja inmobiliaria estadounidense. En España también, y sin subir impuestos, el gasto público se incrementó una barbaridad entre esas fechas.

    También habría que ver, lo mismo en Suiza. En Suiza hay un buen grado de autonomía fiscal, pero una buena parte de los impuestos también son federales, y otros están fijados a un mínimo por la federación. Y además, lo ya dicho antes. Mayor recaudación no implica impuestos mayores siempre.

    A mi me parece que la competencia fiscal no es la panacea, pero sí es una fuerza que empuja en contra de los impuestos altos. Sería raro que no hubiese alguna comunidad “rebelde”, que no pusiese los impuestos más bajos rompiendo la norma general.

  12. Perdoneme usted,Don Ramón ,creo que he usado incorrectamente la palabra insulto.Si algo bueno tiene esta página es la corrección general ,a mucha distancia de lo que es habitual en internet.De todas formas encuentro como mínimo ofensivo que se llame a Catalunya región,cosa que como usted ya save que nos toca un poco las gónadas .Lo cual no significa que usted lo diga con ánimo de ofender,por eso le pido perdón .
    En cuanto al tema que nos ocupa mimpuntomde vista lo podrá encontrar mucho mejor explicado de lo que podria hacer yo en la página de nuestro amigo Sala Martín (tambien esta en ingles).Que quedé claro que mi otro comentario es anterior a su lectura,yo no soy el correo de nadie ni voy teledirigido con el celebro lavado cono dicen por ahí.

  13. Yo no creo que sea tan menor el impacto del estado en Madrid, primero por todos los ministerios, instituciones, ministros, jueces, reyes, cámaras de representantes que tienen impacto directo estricto en Madrid, además están las sedes de grandes empresas que pretenden medrar viviendo del BOE, las embajadas, los lobbies de presión. El impacto de la capitalidad es extremó. Como dice Sala i Martín, si haces una fiesta en tu restaurante y pagas más que los demás por ser el más rico, sigues ganando dinero pagado por todos ellos mientras que lo tuyo te sale a coste.