Necesitamos muchas más sicavs

El dinero invertido en las sicav alcanzó en mayo un nuevo récord histórico en España: casi 36.000 millones de euros gestionados por unas 3.300 sociedades de inversión de capital variable. Desde los fatídicos ejercicios de 2011 y 2012, cuando nuestro país se halló al borde de la quiebra por la inepcia de PSOE y de PP a la hora de sanear las bases de nuestra economía, el patrimonio invertido en las sicav se ha incrementado en un 50%, dando pábulo a la teoría de que los ricos no sólo se están volviendo cada vez más ricos durante esta crisis, sino que además disfrutan de un privilegiado régimen fiscal.

Las sicav se han convertido en el paradigma de prebenda tributaria insolidaria para las clases acomodadas y en el símbolo de la gran reforma impositiva que todo gobierno progresista debe promover inmediatamente. Dado que, según reza el mito, los propietarios de una sicav apenas pagan unos impuestos del 1% sobre las plusvalías obtenidas a través de esa institución de inversión colectiva, resulta cuando menos llamativo el contraste con los elevados impuestos que están soportando por las clases proletarias. ¿Acaso no existe una injustificable discriminación fiscal a favor de los ricos?

De entrada, es menester aclarar que, en caso de existir alguna discriminación fiscal, no sería a favor de los dueños de las sicav, sino, en general, a favor de los partícipes en instituciones de inversión colectiva (IIC): todas ellas pagan un gravamen del 1% sobre sus beneficios. Dentro de las IIC no sólo entran las sicav, sino los mucho más populares fondos de inversión mobiliaria e inmobiliaria: baste señalar que, si bien las sicav alcanzaron un patrimonio de 36.000 millones de euros en mayo, el total de capital administrado por las instituciones de inversión colectiva se ubicó en 366.000 millones… esto es, diez veces más que en las sicav. En este sentido, cualquier persona puede contratar un fondo de inversión y beneficiarse —en los mismos términos que la sicav— de la tributación por beneficios empresariales del 1%. Sí, repito: un fondo de inversión —de esos que intentan colocarnos los bancos junto con un juego de sartenes— tributa al mismo tipo ultraprivilegiado que las sicav.

Entonces, ¿por qué quien ha contratado un fondo de inversión no tiene la sensación de estar pagando bajísimos impuestos? Pues porque cuando se desata la demagogia acerca de las sicav, se mezclan sin pudor alguno todos los impuestos que ésta está soportando. Imaginemos que un señor monta una sicav y que esa sicav compra el 100% de las acciones de una compañía. Si esa sociedad mercantil gana 10 millones de euros, le tocará tributar por el Impuesto de Sociedades de la sociedad mercantil a alrededor de un 25%, de manera que los 10 millones de euros quedarán reducidos a 7,5 millones. Esos 7,5 millones serán ulteriormente distribuidos en dividendos a la sicav, por los cuales ésta sí pagará el 1% en concepto de Impuesto de Sociedades de la sicav, minorándolos por tanto hasta 7,425 millones de euros. Pero cuando más adelante el dueño de la sicav quiera cobrar personalmente ese dividendo, deberá pagar cerca del 23% en IRPF (tipo general del ahorro), acortando la ganancia inicial de 10 millones de euros hasta los 5,72 millones. Es decir, el tipo efectivo que realmente estaría pagando este inversor, incluso utilizando como instrumento una sicav (o de un fondo de inversión, que tanto monta), sería del 42,8%. No estamos en un paraíso fiscal para el ahorro, sino un infierno fiscal.

La excepcionalidad, por consiguiente, se halla en que los intermediarios financieros, por el mero hecho de ser intermediarios, no deban pagar dos veces impuestos por los mismos conceptos (el beneficio empresarial o las rentas del ahorro). Ahora, imaginémonos que sí los forzamos a pagar dos veces: es decir, que los beneficios de las sicav comienzan a tributar a, por ejemplo, el 25% de media. ¿Solventaríamos con ello nuestro gigantesco agujero presupuestario? No: si el patrimonio de las sicav es de 36.000 millones de euros, eso significa que sus beneficios anuales rondarán, en el mejor de los casos, los 1.800 millones de euros (estamos suponiendo una muy generosa tasa media de retorno del 5%). Hacer tributar esos 1.800 millones de euros al 25%, arrojaría una recaudación adicional para el Fisco de 450 millones de euros al año: dado que nuestro déficit público actual es de 60.000 millones de euros, apenas serviría para cubrir el 0,75% del mismo. Y todo ello suponiendo que, en caso de subir la tributación de las sicav al 25%, éstas no huirían en desbandada de España.

No: España no necesita seguir convirtiéndose en un infierno fiscal para el ahorro. Si es que existe alguna discriminación a favor de las sicav, la solución no pasa por penalizar todavía más el ahorro, sino por extender ese régimen fiscal al resto de españoles: urge que cualquier persona pueda crearse su propia sicav sin límite de inversiones iniciales o de partícipes. Una sicav para todos que fomente el ahorro de todos: también de las clases medias. Ésa es la reforma tributaria que ni PP, ni PSOE, ni Podemos, ni Ciudadanos se atreverán a impulsar.

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13 comments

  1. Conozco a gente que tiene miedo de invertir. Están convencidos de que ellos no merecen invertir, que no es normal que el dinero trabaje para ti, que no quieren hacer cosas “raras” que no hace nadie más, y que invertir en muchas cosas es algo maligno.

    Todos los que piensan así tienen trabajos muy bien pagados, no llegan a fin de mes, no saben qué hacer con sus ahorros, viven sacrificadamente y todos sin excepción eran buenos estudiantes en el BUP y COU, sacaron buena nota en la selectividad y acabaron bien su carrera (medicina, ingeniería de telecomunicaciones, farmacia). Lo que pasa en la sociedad española va mucho más allá del concepto de analfabetismo financiero. Es como si la inquisición siguiera activa, pero en vez de cosas religiosas se dedicara a perseguir a la gente por otros motivos. Vivimos en una sociedad aterrorizada. Y lo que demuestra que esto es peor que una secta destructiva es que todos piensan que están haciendo bien las cosas y que han llegado a lo mejor que pueden aspirar.

    Rallo, tienes mucho tajo por delante.

    Dicen que hay que predicar con el ejemplo, pero hace falta una liberación psicológica y una renovación emocional para lograr que los muy esforzados españoles puedan llegar al nivel al que tienen potencial de llegar. Sí, la estructura jurídico-legal es importante, pero si la gente tiene miedo, cualquier reforma será inútil.

  2. Colombo, tienes razón. Yo tengo miedo a la gente sobretodo después de las últimas elecciones, porque son los que tienen algo que perder los que pueden tener miedo. Creeme, hay quien no tiene nada que perder por eso pasa lo que pasa. Lo puedes ver ya aquí con algunos comentarios de oportunistas.

  3. Otra penalización fiscal de la sicav frente a la inversión en fondos de inversión. Estos gozan de exención fiscal cuando se traspasa la inversión entre fondos, no así en la sicav, para lo que se requieren al menos 500 socios para igualar dicho tratamiento fiscal (solo se necesitan 100 socios en su constitución).

  4. Yo seré el primero en montar una, cuando reúna el capital mínimo necesario para su constitución, está claro.

    Muy buenos comentarios respecto de la gente común, realmente. “yo tengo miedo a la gente”, “vivimos en una sociedad aterrorizada” (será por el empleo, supongo).

    Y así queréis llegar a la gente?. Para empezar, hay que escuchar lo que la gente quiere, y no ir de Jesucristo salvador diciéndoles lo que deben oír.

  5. Xavier Rodrigues, el liberalismo no es un producto en tanto en cuanto no se trata de producirlo para venderlo. La gente debe de aceptarlo le guste o no porque influye a todos no solo desde una perspectiva de consumidor.

    Hay que ir de lo que hay que ir, como tú de tonto creyéndote listo.

    Es la eficiencia en el trabajo lo que produce cosas que pueden hacer obtener beneficios y por tanto riqueza. No el trabajo per sé o exclusivamente. Esto es lo que me ha faltado matizarte en el comentario anterior :)

  6. El liberalismo es una construcción social que se tiene que intentar imponer, como toda ideología. Presentáis como eterno y natural algo que es un producto social.

    Lo que se produce para vender es “mercancía”, no un “producto” simple, como si estuviésemos en una economía de autoconsumo.

    Otro insulto personal. Cuántos van?.

  7. Sí que hay un cierto aroma a falacia naturalista. Y un evolucionismo socio-moral que se ha terminado porque los valores liberales son su cumbre. Arbitrariamente. Ponen un sentido a la historia.

  8. Xavier Rodrigues, no te equivoques hay mercancías que no hace falta producirlas si no que ya lo están.
    Lo que te quiero decir es que el liberalismo es una teoría basada en abstracciones de consecuencias sociales. No es ningún invento social, de ahí que varios autores tengan que pulir su definición o no se pongan de acuerdo.

    No se trata de imponer se trata de seguir como si de un camino se tratara. De nada sirve imponerlo si el que sufre el impuesto no sabe a donde va su beneficio. Más o menos seria lo que pasa ahora con los impuestos del Estado.

    Es que eres tonto tío, tendrás que aceptarlo :)

  9. Las mercancías no están, se producen.

    Buena definición de Liberalismo, muy filosófico y aparentemente respetuoso, pero interventor como el que más en la práctica…

  10. El liberalismo, más que un sistema de salvación, es, simplemente, recordarle a la gente lo que intuitivamente saben. Por ejemplo, que deben salvarse a sí mismos.

    El modo de la salvación es cosa tuya. Si triunfas, cojonudo, si fallas, levántate y sigue adelante.

    La vida es un juego raro. Tú eres tu propio rival y la victoria no se consigue al final, sino durante el juego. Ganar en el juego de la vida significa “vivir bien” (“bien” es una palabra cargada de subjetividad). Para vivir bien, hay que hacer muchas cosas, y no hacer otras cosas. Por ejemplo, hay que evitar hacer daño a otros: robar, matar, violentar, mentir. Sin embargo, algunos jugadores deciden que hacer daño forma parte de vivir bien. Así, por ejemplo, aparece el concepto de justicia social, o el la igualdad de oportunidades.

    El corolario es claro “no viviré bien hasta que haya justicia social”, o “seré feliz cuando haya igualdad”. Cuando llegas a esto, has perdido en el juego de la vida.

    Pero no es el final. Es posible salir del estado de derrota permanente. Solo hay que proponérselo y no mirar atrás.

    A todos los que les gusta “ayudar a los demás”: quitaos la armadura dorada, bajaz del caballo e incad la espada en la tierra. Ayudaos primero a vosotros mismos, y dejad también que los demás se ayuden a sí mismos.

    Y me dirán, ¿qué pasa con los que no pueden ayudarse a sí mismos? Esos necesitan una persona adulta y capaz que les sostenga solo donde ellos no pueden. Pero la mayoría de la gente puede y debe ser su propio adulto. Si no dejas que nadie sea adulto ¿quién coño va a cuidar de los pocos que realmente no pueden?

    Xavier, te voy a hacer una pregunta. Ahora mismo, 2015, no hay patrón oro. Hay mucha pobreza, mucha desesperación, mucha desmoralización y mucho miedo. También hay muchas murallas que recortan las opciones de la gente, a cambio de mantener en pie los negocios de algunos. La banca no es una industria que esté funcionando bien ¿crees que con el patrón oro las cosas serían distintas? ¿mejor o peor?

  11. Colombo, no tendría (casi) ningún problema con una concepción así del liberalismo, mi crítica se dirige a los fundamentos, no a lo que dice. No porque los fundamentos sean unos u otros sino porque fundamentan. Los fundamentos son estáticos, inmunes a la crítica desde dentro (nadie puede criticar sus propios fundamentos) y necesariamente tienden a eliminar la pluralidad (son proselitistas). Por eso mostrar que no hay nada racional ni antropológicamente necesario en la elección de fundamentos es una, paradójica, exigencia moral.