Contra la vergonzosa lista de morosos fiscales

economista

El artículo 42 del Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica de protección de datos establece que un ciudadano sólo podrá acceder a ficheros que contengan información personal sobre el incumplimiento de las obligaciones dinerarias de otro ciudadano cuando lo requiera para enjuiciar su solvencia económica. Y, más en particular, se entenderá que nos encontramos ante esta situación cuando concurran alguna de estas tres circunstancias: que ambos mantengan una relación contractual no vencida; que una parte pretenda celebrar con la otra parte un contrato que implique un pago aplazado; que una parte pretenda contratar con la otra un servicio de facturación periódica.

Parece bastante evidente que la reciente publicación de la lista de grandes morosos fiscales por parte del Ministerio de Hacienda no se acoge a ninguno de estos tres supuestos. Todos los españoles hemos accedido a semejante información con absoluta desprotección para los afectados y en unas condiciones que el propio Estado considera merecedoras de sanción según el susodicho Reglamento. Y, sin embargo, la medida ha contado con el cuasi unánime plácet de las fuerzas políticas, de los medios de comunicación y de la sociedad española en general.

El simplón y lamentable argumento empleado para justificar este atentado contra los derechos de algunas personas es que estamos ante una medida ejemplarizante para evitar futuras moras entre los contribuyentes españoles. Un argumento que, pese a su debilidad, apenas ha recibido ninguna contestación: como si, en efecto, bastara con apelar abstractamente a la ejemplaridad impositiva para validar cualquier razonamiento por endeble que resulte.

Y es que, de entrada, la propia ejemplaridad de la medida resulta más que dudosa. La mayoría de grandes morosos fiscales que figuran en la lista son empresas quebradas sin ninguna capacidad de pago, tanto al Fisco como al resto de sus acreedores privados. Muchos otros son particulares que han recurrido el acta de la inspección fiscal a la que han sido sometidos no por deseo de defraudar, sino debido a una distinta interpretación del marasmo de normativas tributarias existentes, todas ellas repletas de incoherencias, vaguedades y ambigüedades. ¿En qué sentido, pues, dará ejemplo la lista? ¿Acaso desincentivará que las empresas yerren al invertir y, consecuentemente, entren en concurso de acreedores? ¿O a que una legislación deliberadamente compleja se simplifique a ojos de todo el mundo? De ningún modo: de hecho, si la mayoría de grandes morosos fiscales no pagan a Hacienda no es porque no quieran, sino porque no pueden: a la postre, su acreedor ya es el Estado y éste posee toda la capacidad coactiva necesaria para resarcirse de sus créditos… si es que ello fuera posible.

Pero aun cuando, en efecto, la medida sí fuera ejemplarizante, no por ello puede justificarse cualquier conculcación de los derechos individuales. Si fuera así, seguiríamos cortándoles la mano a los ladrones o colocando en la picota a los delincuentes comunes: la ejemplaridad debe estar sometida a la proporcionalidad entre el ilícito jurídico y la sanción. Sanciones desproporcionadas podrán ser ejemplarizantes, pero no serán justas. Y si en este caso consideramos proporcional dar absoluta publicidad a la información personal de los morosos, ¿por qué no aplicamos el mismo criterio a los morosos de deudas privadas? ¿Por qué no publicamos las listas de todos aquellos que adeuden el pago de importantes sumas de dinero a bancos, empresas o particulares?

Al final, de esta legitimación social a la publicación de la lista de grandes morosos fiscales, sólo cabe extraer dos inquietantes conclusiones. La primera es que aplicamos un doble rasero para juzgar los comportamientos del Estado y los del resto de la sociedad: aquello que consideraríamos delictivo en un particular -abrir al público un registro de deudores morosos-lo juzgamos loable para el Estado, aun cuando en este caso concreto debería ser justo al revés, dado que resulta mucho más grave la mora en una deuda que hemos contraído voluntariamente (deuda privada) que la mora en una deuda que nos ha venido impuesta sin nuestro consentimiento (deuda tributaria).

La segunda, y derivada de la anterior, es que el interés del Estado -amedrentar a la población para que cumpla puntualmente con sus obligaciones tributarias- se halla por encima de los derechos individuales: el Estado, a diferencia de cualquier otro ciudadano, tiene patente de corso para violar lo que incluso él mismo define como derechos individuales (la privacidad y el acceso restringido a la información personal de deudores morosos). ¿Cuál es el límite a este principio que dinamita el imperio de la ley en favor de la arbitrariedad de la casta política? ¿Aquel que al propio Estado le venga en gana?

En suma, la publicación de esta lista de grandes morosos fiscales constituye un vergonzoso ataque a los poquísimos derechos que todavía conservan los contribuyentes. Resulta desmoralizador contemplar cómo la mayoría de ciudadanos aplaude ciegamente esta agresión estatal contra los derechos de unas pocas personas por el mero hecho de que no les afecta a ellos directamente y de que esperan rascar alguna migaja del gasto público adicional que podría sufragarse con una recaudación tributaria algo mayor. Así no.

También te puede gustar

10 comments

  1. Cual es el fraude?

    Le quito al ciudadano lo que me da la gana, cuando me da la gana y además repartiendolo como me da la gana. Todo ello a punta de pistola y bajo amenaza de meterte entre rejas.

    O

    Negarse a ser robado a pesar de la amenaza?

  2. El otro día lo leí en twitter:
    -Soy el Genio de la Lámpara.Te concederé lo que desees pero a tu vecino le daré el doble
    -Que me quede tuerto

    La palabra egoísmo no describe bien este fenómeno.

  3. Tanto miedo al populismo y la falta de responsabilidad democrática de Podemos para que al final “la derecha responsable” cometa las mismas tropelías. Los bolivarianos no están por llegar, hace mucho que se instauraron en nuestro gobierno.

  4. Alguien dice que superamos la edad media, pero solo en las formas, concretamente en el bobierno/estado de su bienestar.
    Uno de esos cambios en las formas, es sin duda la recaudacion de impuestos y el escarnio pubico. Antes se manchaban las manos para quitarte tu renta si no pagabas tributos, ahora ni eso, salvo en casos limite y a rechinadientes porque “les hacen trabajar”. Antes se hacia un escarnio pubico en la plaza del pueblo, por diversos motivos: robo, asesinato, brujeria…pero no por no pagar tributos, no vaya a ser que a los campesinos, les diera por largarse de la “proteccion” señorial.

    Hoy no hay plaza pubica para tal evento, hay una lista electronica de morosos. Yo creo que William Wallace la luciria orgulloso, pero claro, para eso hay que tener la moral de William Wallace, no la de Barcenas, ni la de Monedero, ni la de ninguna empresa del IBEX, que comulgan con el bobierno y apoyan sus tropelias, pero a su vez predican “el bien comun que supone el pago de impuestos”.

  5. Una vez más queda claro que TODOS son iguales, pero 25 millones no lo quieren ver, feliz año al autor.

  6. Los que se jactan de la publicación deleznable de la lista de supuestos morosos, luego ponen el grito en el cielo por haberse hecho públicas conversaciones grabadas en su propio despacho sin su consentimiento, utilizando cargo público y todos los resortes del Estado para denigrar la reputación de un adversario político.

    Eso se llama hipocresía. Pretender hacernos creer que se lucha contra el fraude fiscal por parte de aquellos que, según auto de un juez, se han estado financiando ilegalmente y pagando en B la reforma de su sede, es de una ridícula torpeza que augura una nueva penosa legislatura, protagonizada por un atajo de diletantes de la política que han demostrado sobradamente su incompetencia y que nos van a dejar un fangal económico del que nos van a tener que sacar a base socializar las pérdidas generadas por ellos mismos.

    La supuesta lucha contra el fraude fiscal, en absoluto va a aminorar las pérdidas del Estado ya que se va a seguir gastando mucho más de lo que se recaude por este concepto.

    No puede transmitir ejemplaridad quien ha acreditado sobradamente su escasa capacidad para tomar decisiones severas en tiempos severos y su precaria habilidad para la resolución de los problemas. Rajoy no ha querido enfrentarse a la banca pública a la hora de hacerle pagar el coste de la burbuja financiera, trasladando a los ciudadanos el pago de aquel desastre. Rajoy tampoco ha querido reducir el gasto público superfluo para no dejar de infiltrar todos los rincones de la sociedad con las personas de su confianza, pagando muy cara su fidelización.

    Nadie se atreve a decir la verdad, que más tarde o temprano se va a tener que reducir la carga que genera el asistencialismo, que la reforma laboral ni mucho menos se ha completado, que ha de ser ser inminente la revisión del sistema público de pensiones y que si se sigue dilatando la resolución del déficit, tendrán que ser los socios europeos los que tengan que tomar el mando por inhibición de aquellos que tenían que haberse hecho cargo de la soberanía decisoria sobre estas materias en España, los mismos que ahora van presumiendo de delatores bordeando la Ley de Protección de Datos en un intento espurio de lavar su imagen rota.

  7. Rallo,

    Yo soy empresario, pago mis impuestos y ESTOY HASTA LAS NARICES DE PAGAR MÁS IMPUESTOS DE LOS QUE ME CORRESPONDEN POR CULPA DE LOS DEFRAUDADORES.

    Sí a la lista de morosos, pues, porque lo que no pagan ellos lo pagas tú. NO SEAMOS MEMBRILLAZOS, ni en nombre de la libertad, ni leches.

    Las listas negras las ha inventado el sector privado.