Menos IVA para mí y que paguen los demás

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La Gala de los Goya se terminó convirtiendo, como en tantas ediciones anteriores, en una crítica al Gobierno de turno para exigirle un mayor apoyo a la industria cinematográfica española. Si tradicionalmente la principal reivindicación del sector había sido el proteccionismo subsidiado –a saber, restringir la emisión de películas extranjeras y subvencionar las nacionales—, hoy existe otra piñata a la que golpear acaso con mayor contundencia: el “IVA cultural” del 21%, que, según nos dicen, habría arrasado completamente con el cine patrio.

Dejando de lado que no existe tal cosa como el “IVA cultural”, lo cierto es que los datos de espectadores e ingresos del cine español no parecen acreditar a primera vista que desde 2012 se haya producido un colapso sectorial: es verdad que 2013 fue un mal año, pero 2014 fue el mejor de toda la serie histórica, tanto en ingresos como en número de espectadores.

Sin embargo, hay que reconocer que los datos agregados resultan tramposos, en tanto en cuanto el éxito de unas pocas películas a pesar del elevado IVA podría estar enmascarando el fracaso de muchísimas otras películas debido al elevado IVA.

Más en concreto, un incremento del IVA no es especialmente dañino para los oferentes de aquellos productos –incluidas las películas– cuya demanda sea poco sensible a los aumentos de precio (es lo que técnicamente llamamos demanda inelástica): por ejemplo, si todo el mundo tiene muchas ganas de ver una determinada película, que el precio de la entrada suba de 8 a 10 euros como consecuencia del IVA no reducirá demasiado el número total de espectadores. En cambio, unos mayores impuestos sobre el consumo sí pueden ser devastadores para los oferentes de productos con una demanda muy sensible a los aumentos de precio (demanda elástica): por ejemplo, si se estrena una película de calidad media, que el precio de la entrada suba de 8 a 10 euros puede hacer desaparecer a una enorme cantidad –incluso a la práctica totalidad– de sus espectadores.

Por consiguiente, si en 2014 se estrenaron varias películas españolas que el público general percibía como de alta calidad (películas con demanda muy inelástica), eso puedo camuflar la elevada mortandad de películas que el gran público percibía como de calidad media o baja (películas con demanda bastante elástica). O dicho de otra forma, con un IVA más reducido, probablemente podrían haberse estrenado más películas españolas en 2014.

Acaso algún lector opine que si el gran drama del IVA cultural es que dejan de estrenarse películas mediocres, entonces tampoco hay demasiado motivo para tanta protesta: incluso podría interpretarse que la subida del IVA proporciona un filtro a priori de calidad. Mas este argumento es equivocado. Primero, porque una película puede ser percibida como de calidad mediocre por la mayoría de la población pero excepcional por un nicho reducido de espectadores: y no por ello deberíamos impedir o dificultar que se estrene. Y, segundo, porque aunque una película fuera de calidad mediocre para todo el mundo, tampoco hay razón para que se obstaculice su estreno con impuestos: si el valor que otorga una persona a 8 euros es inferior al que otorga a pasar la tarde en el cine viendo una película mediocre pero, en cambio, valora 10 euros más que ir al cine, ¿qué sentido tiene forzar tributariamente un aumento del precio de 8 euros a 10? Con ello no conseguiremos recaudar más –pues el espectador dejará de ver la película y no pagará nada de IVA–, pero sí lograremos reducir el bienestar de la sociedad –pues espectador y cineasta podrían haber salido mutuamente beneficiados con la entrada a 8 euros, pero ahora ambos perderán: uno se quedará sin ver la película y el otro sin los 8 euros–.

Es decir, los impuestos producen siempre una pérdida irrecuperable de bienestar que es tanto mayor cuanto más sensible sea la demanda (o la oferta) a los cambios de precios. Dado que la inmensa mayoría de las películas españolas –salvo contadas excepciones– exhiben una demanda muy elástica (a poco que suba el precio, dejo de verlas), es normal que los cineastas o los actores protesten contra el IVA del 21%. Se trata, además, de una reivindicación razonable que, a diferencia de las subvenciones o las regulaciones proteccionistas, puede ser perfectamente defendida desde posiciones liberales.

Ahora bien, que la crítica al elevado tipo general del IVA sea razonable, comprensible e incluso liberal no debería llevarnos a olvidar la profunda hipocresía ideológica de muchos de esos cineastas y actores, que, a renglón seguido, promueven subidas de prácticamente todos los restantes impuestos para sufragar un Estado mucho mayor al actual. Si ellos mismos están sufriendo en sus carnes cómo la subida del IVA desmantela sus industrias y genera pérdidas irrecuperables de bienestar, ¿qué creen que sucederá con el resto de la economía si nos lanzamos a incrementar masivamente los impuestos? ¿Qué pasará con la oferta y la demanda de trabajo si aumentamos los impuestos al trabajo? ¿Qué pasará con la inversión empresarial si incrementamos los impuestos a los beneficios empresariales? ¿Qué pasará con la oferta y demanda de cualquier bien de consumo si nos limitamos a reducir el IVA cultural pero mantenemos todos los demás? Pues sucederá, en mayor o menor grado (según las respectivas elasticidades de su oferta y su demanda), lo mismo que, según los cineastas, está sucediendo con el cine español.

¿A qué entonces tal ejercicio de sadismo desde la tribuna de los Goya? Si uno sabe –porque lo ha sufrido personalmente– que las subidas de impuestos destrozan la economía en forma de caídas de ventas, quiebras empresariales, despidos de personal o recortes salariales, ¿a qué viene exigir más impuestos (o apoyar a opciones políticas que exigen muchos más impuestos)? Probablemente se replique que lo anterior no es más que el precio que debemos pagar por disfrutar de un Estado de Bienestar. De acuerdo, pero entonces ¿por qué los cineastas no quieren pagar ese precio al tiempo que sí reclaman que lo paguen los demás? ¿Por qué reivindican para sí un privilegio que no desean extender como derecho general para el conjunto de la población?

La respuesta es muy sencilla, aunque bastante incómoda para quienes tienden a idolatrar el mundo de la cultura como una realidad social inmaculada y moralmente superior a, por ejemplo, el mundo empresarial. Los cineastas y actores congregados en la Gala de los Goya no son más que un lobby que presiona al Gobierno para defender sus intereses crematísticos. Toda sociedad altamente politizada está plagada degrupos de presión que intentan utilizar la coacción estatal en su propio beneficio y en perjuicio del de los demás: y, repito, la industria cinematográfica es otro de esos lobbies. Que muchos no lo perciban así –y que, en su lugar, sea vista por amplios sectores de la sociedad como un conjunto de abnegados intelectuales que luchan contra las injusticias sociales– tan sólo forma parte de la estrategia de ese lobby: convencernos a todos de que sus intereses personales (hoy bajar sólo el IVA del cine, ayer aumentar las subvenciones al cine español) son intereses generales para así empatizar con la población y ser capaces de instrumentarla políticamente para presionar con más eficacia al gobierno de turno en beneficio propio.

Por mi parte, y frente a reivindicaciones facciosas, me limitaré a defender intereses verdaderamente generales: bajen todos los impuestos a todos los ciudadanos, incluido el IVA del cine… aunque no sólo el IVA del cine.

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12 comments

  1. Perfecto.

    La metonimia de la palabra “Lobby”.

    http://www.etymonline.com/index.php?allowed_in_frame=0&search=lobby

    “lobby (n.)
    1530s, “cloister, covered walk,” from Medieval Latin laubia, lobia “covered walk in a monastery,” from a Germanic source (compare Old High German louba “hall, roof;” see lodge (n.)). Meaning “large entrance hall in a public building” is from 1590s. Political sense of “those who seek to influence legislation” is attested by 1790s in American English, in reference to the custom of influence-seekers gathering in large entrance-halls outside legislative chambers.

    Esto no es algo que haya sido inventado en los EEUU. Cada imperio ha tenido una palabra para este fenómeno. Curiosamente, esas palabras se han olvidado. Tendemos a olvidar las más cosas más vergonzosas.

  2. Pues tan sencillo como variar el precio de la entrada en función de la demanda,así las mediocres tendrán su público y las grandes producciones su beneficio, no es normal pagar lo mismo por películas de distintas calidades…

  3. Hombre, hombre, ¡qué ideas! Someter la kultura a las leyes del mercado, es decir de la libertad, esto es intolerable. Esta página está llena de liberales, ¡qué escándalo!

    Todo quisque intenta influir en la legislación, por eso los yankis esos, que son muy prácticos, lo tienen legislado y organizado. Aquí la progresía se rasga las vestiduras con semejante cosa porque ellos son más de hacer las cosas entre amiguetes y así.

    ¿Alguien cree que alguien pagaría algo por visionalizar el zurullo ese de los títeres? Pues eso, que como son majos chavales, y creemos en el valor-trabajo de Mars y Hendel hay que subvencionarles, o sea que pague el ayuntamiento de turno.

    Es que no tienen ustedes corazón…

  4. Hola, Juan Ramon,

    llamar despectivamente “Lobby” a aquellos grupos sociales que la inevitable, y también muy deseable, especialización del trabajo produce no es muy sensato en el mundo capitalista en el que vivimos.

    Utilizar la lógica y normal lucha de intereses que esa especialización del trabajo produce en nuestra sociedad capitalista para arremeter contra recaudación de impuestos es sacar de contexto la propia razón por la que existe esa recaudación de impuestos y esa especialización del trabajo.

    La conclusión inevitable a la que llegas…

    …”Por mi parte, y frente a reivindicaciones facciosas, me limitaré a defender intereses verdaderamente generales: bajen todos los impuestos a todos los ciudadanos, incluido el IVA del cine… aunque no sólo el IVA del cine”….

    … deja al descubierto la verdadera razón por la que utilizas a esa gente del cine y su lucha, lógica o no lógica, porque le bajen el IVA:

    …” los impuestos atentan contra los intereses verdaderamente generales” …

    … con lo que es el propio Estado de Bienestar, y los impuestos necesarios para su mantenimiento, lo que esta atentando contra los intereses de los ciudadanos según tu ya conocida ideología.

    Como suelen decir, Juan Ramón …. “para ese viaje no necesitábamos alforjas”…

    Un cordial saludo

    1. Alekine, ¿estás defendiendo el mercantilismo?

      Yo no estoy tan seguro que el mundo sea capitalista dada la injerencia y el tamaño de los Estados.
      Creo que hay alternativas mejores que el Estado de Bienestar como la Sociedad de Propietarios. Si piensas detenidamente la solidaridad que se pregona está vacía porque se basa en la imposición . El Estado de Bienestar presupone que la gente es insolidaria , irresponsable e imbécil.

      1. La solidaridad nunca es solidaridad si se obliga.
        Y si nos fijamos bien, varias ideas del keynesianismo y del intervencionismo, son ideas heredadas de los mercantilistas sobretodo lo referido a comercio exterior y a que el Estado debe ser el director de la economía. Y sobretodo la creencia mercantilista de que la economía es un juego de suma cero, muy típica creencia del intervencionismo.

      2. Lo que yo defiendo es el “comunaturismo”, o sea, el “comunismo”. L que sucede es que esa palabra esta muy gastada como consecuencia de los fallidos experimentos estalinista, maosetista y fidelista.

        Yo defiendo que se debe mantener una parte importante de la propiedad privada de forma indivisa entre los miembros de la comunidad. Lo importante o curioso de ese “comunitarismo” es que esa propiedad indivisa debe de estar participada y ser administrada de manera equitativa entre los miembros de la comunidad.

        Por ejemplo, una Sociedad Anónima responde a este Principio de Propiedad Privada Indivisa pero falla estrepitosamente cuando se observa que esa propiedad privada no se reparte de forma equitativa entre los socios ya que puede haber, y de hecho hay, socios mayoritarios que poseen y controlan la mayor parte de esa propiedad privada indivisa.

        COMUNITARISMO: Sistema económico basado en Sociedades de Capital Privado Indiviso donde la decisiones y el capital se mantiene equitativamente repartido entre los socios.

        Resumiendo —-> libre mercado sin capitalistas = comunitarismo

        Un cordial saludo

    2. Deberíamos valorar el Estado de Bienestar por su coste de oportunidad.
      ¿Es decir, qué ocurriría si parte de los servicios estatales se proveyeran por el sector privado, y así tener que pagar menos impuestos y tener menos gasto, el Estado con menos deuda, etc?
      Hasta qué punto el Estado de Bienestar montado en Grecia durante la burbuja benefició a la población? Por poner un caso exagerado.
      Pero los estados demasiado endeudados lastran la capacidad de crecimiento de la economía, y para que hayan impuestos altos, debe haber un sector privado muy pujante que contrarrestre los efectos depresores que tienen los impuestos altos, como ocurre en los países nórdicos.
      Suecia llegó a tener un Gasto Público del 70%. Y el FMI tuvo que intervenir porque el país quebró. Ahora el GP de Suecia sigue siendo muy alto pero su economía lo permite sostener.

      En resumen, valoremos las cosas por su coste de oportunidad.
      Después de que al español medio se le quite alrededor del 40% de su renta en impuestos, está claro que las prestaciones públicas mejoran el bienestar de los españoles. Pero la cuestión es: con un nivel de impuestos menor(que permita una mayor creación de riqueza) ¿tendrían mayor bienestar que ahora los españoles, sin encima tener que depender de las prestaciones estatales?

      1. Sólo hay que comprobar como la educación pública está totalmente desfasada y cada vez más alejada de al realidad. Un sector que carezca de libertad de entrada tiene un serio problema.