Qué impuestos le subirá Podemos

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Podemos ha condicionado su apoyo al PSOE a que éste apruebe un incremento del gasto público de 96.000 millones de euros y un aumento de los impuestos “a los ricos” por importe de 40.000 millones. Se trata de una subida fiscal equivalente al 55% de lo que recaudamos en IRPF o a casi el 70% de lo que se obtiene por IVA. ¿Cómo pretende Podemos extraer tan desproporcionado volumen de recursos tan sólo exprimiendo a “los ricos”? En realidad, no lo pretende, ya que los líderes de la formación morada son muy conscientes de que necesitarán parasitar al conjunto de los ciudadanos para acrecentar el tamaño de la burocracia estatal.

Al cabo, las subidas tributarias que pueden afectar exclusivamente a las rentas altas o a los patrimonios elevados proporcionan un monto de recursos bastante moderado: según los propios cálculos de Podemos, el incremento del IRPF a las rentas superiores a 60.000 euros suministrará 2.000 millones de euros; el incremento del Impuesto de Patrimonio y de Sucesiones, otros 2.000 millones; y el cambio del régimen fiscal de las sicav, como mucho 1.000 millones. Por consiguiente, en el más generoso de los escenarios imaginables con Podemos, los ricos y las rentas altas apenas aportarán coactivamente 5.000 de los 40.000 millones proyectados por los de Pablo Iglesias. ¿Y el resto? El resto serán soportados no sólo por los ricos, sino también por los pobres y las clases medias.

Anoten, si no, los sablazos tributarios que ya ha anunciado Podemos y que afectarán indiscriminadamente a todos los ciudadanos.

Primero, del IRPF se eliminarán la mayoría de exenciones y deducciones, muy en especial las aportaciones a planes privados de pensiones. A su vez, dentro del impuesto sobre la renta, también se incrementarán muy apreciablemente los tipos que gravan las rentas del capital (dividendos, intereses, alquileres o plusvalías): y no olvidemos que el 60% de estas rentas las perciben personas con ingresos anuales inferiores a 60.000 euros. Segundo, el Impuesto de Sociedades se incrementará alrededor de un 50% para todas las compañías: grandes, medianas y diminutas. Tercero, también subirán las cotizaciones a la Seguridad Social de todos los autónomos que ingresen más de 9.200 euros. Cuarto, los nuevos impuestos medioambientales que pretende crear Podemos serán soportados por toda la sociedad pero muy en especial por el ciudadano corriente: por ejemplo, los impuestos medioambientales que existen en Dinamarca —país de referencia en temas de fiscalidad medioambiental— gravan, entre otros elementos, la gasolina, el carbón, el gas natural, los platos, vasos y cubertería de plástico, las baterías, el despilfarro de agua, los neumáticos, las bolsas de plástico o los automóviles. Y quinto, la lucha contra la economía sumergida castigará sobre todo a pequeños consumidores, empresarios y autónomos.

Incluso el PSOE, un partido que se ha declarado abiertamente a favor de subirles impuestos a todos los españoles, ha entendido que el programa fiscal de Podemos supone un inasumible castigo fiscal a las rentas medias y bajas. Basta con leer el comentario que han efectuado los socialistas acerca de las propuestas tributarias de los de Pablo Iglesias: “Esta subida extraordinaria de ingresos públicos vía impuestos podría poner en riesgo el crecimiento económico y la creación de empleo. Pero además las previsiones de recaudación son irreales a no ser que se haga recaer el esfuerzo fiscal sobre las rentas del trabajo, fundamentalmente medias y bajas”.

En suma, Podemos no pretende distribuir la renta desde ricos a pobres, sino desde el conjunto de la sociedad hacia la burocracia estatal.

El disparate

Yanis Varoufakis, ex ministro de Finanzas griego y principal responsable de haber quebrado y condenado la banca del país a un duro corralito, ha estado de visita por España donde, en esencia, ha recomendado la formación de un amplio frente de izquierdas —PSOE, Podemos, IU y otros partidos afines— que plante cara a las políticas de austeridad de la Troika. Según Varoufakis, la ortodoxia fiscal impuesta por el Norte de Europa al Sur implica condenarnos a una recesión permanente. Poco importa que España esté creciendo al doble que Alemania, o que las tan admiradas socialdemocracias nórdicas dispongan de unas finanzas estatales perfectamente equilibradas: el diagnóstico del político heleno es que el Sur no puede crecer sin cronificar sus déficits públicos. Huelga decir que ello sólo supondría a medio plazo la ruptura del euro, ya que los contribuyentes del Norte no están dispuestos —con buen criterio— a costear permanentemente el gasto público del manirroto Sur. Pero acaso eso sea justo lo que desean muchos de los políticos españoles que han coreado a Varoufakis durante su visita.

La amenaza

La incertidumbre política ya está comenzando a cargar a España con sus primeros costes. La agencia de rating Moody’s ha rebajado la perspectiva de la deuda española desde “positiva” a “estable” debido tanto a las insuficientes reformas que se han aplicado en los últimos cuatro años cuanto, sobre todo, a la práctica imposibilidad de que vayan a aprobarse durante los próximos ejercicios a tenor de la distribución de fuerzas parlamentarias. De acuerdo con Moody’s, donde queda un mayor trabajo pendiente es en el ajuste presupuestario, el cual sigue exhibiendo un inquietante desequilibrio que ningún partido tiene intención de deshacer: España ha cerrado 2015 con un déficit público cercano a los 50.000 millones de euros y con una deuda pública equivalente al 100% del PIB. Es decir, nos queda tanto por recortar como lo que hemos recortado entre 2009 y 2015, con el agravante de que la deuda acumulada en 2016 es casi el triple de la existente en 2009. Y en este crítico contexto financiero, todos los políticos se empeñan por huir hacia delante.

Desde el exterior

Una de las noticias económicas globales más importantes que nos dejó la semana pasada fue el acuerdo entre Rusia y Arabia Saudí para limitar su producción de petróleo con el objetivo de intentar que el precio del barril supere la barrera de los 50 dólares. Ambos países controlan el 30% de su producción mundial y, por consiguiente, semejante alianza debería implicar una elevada probabilidad de éxito. De hecho, en un primer momento, el precio del crudo se elevó más de un 10%. Mas, tras la reacción inicial, el precio del petróleo ha vuelto a renquear. Al cabo, existen dos razones de peso para dudar de su eficacia. Primero, EEUU, gracias al fracking, posee un amplio margen para incrementar su oferta de petróleo si los precios volvieran a elevarse. Segundo, buena parte del abaratamiento actual del crudo se debe a la debilidad de su demanda por parte de unos países emergentes en crisis: una crisis que sólo hará que agravarse si el crudo se encareciera con respecto a sus niveles actuales.

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