El partidista interés público de Varoufakis

economista

Es habitual afirmar que la propiedad privada siempre se gestiona atendiendo a los intereses privativos de su dueño mientras que, en cambio, la propiedad pública se administra de acuerdo con el interés general. Quienes establecen esta simplista dicotomía no toman en cuenta otras dos posibilidades: por un lado, que el dueño de una propiedad privada decida gestionarla según su concepción del interés general (por ejemplo, un inmueble que sea cedido habitualmente por su propietario a ONGs que combatan problemáticas sociales que él considere relevantes); por otro, que los gestores de la propiedad pública la patrimonialicen en su propio interés personal (por ejemplo, un inmueble público cedido gratuitamente a un partido político para que organice un mitin).

Justamente, esta última posibilidad es bastante más habitual de lo que suele reconocerse en el debate político. Y es que, durante cuatro años, nuestros mandatarios —sea cual sea el color de su ideología— se convierten en dueños y señores de un gigantesco catálogo de propiedades estatales que han sido financiadas en su totalidad mediante la sustracción de recursos a los ciudadanos: edificios, terrenos, vehículos, empresas públicas, entidades financiaras nacionalizadas, paradores, escuelas, hospitales y, cómo no, decenas de miles de millones de euros en forma de recaudación tributaria. Presuntamente, esos mandatarios, como legítimos representantes “del pueblo”, gestionarán esa inmensidad de propiedades estatales atendiendo al interés de sus representados, pero es bien sabido que también podrían hacerlo atendiendo a su interés personal: esa es una de las caras de la famosa “corrupción institucional” que desde hace décadas contamina las administraciones públicas españolas.

En principio, la legislación de un país proscribe el uso arbitrario de los recursos públicos en interés exclusivo del político-administrador de turno: la normativa no permite la apropiación personalista de los recursos estatales. Sin embargo, esta limitación se enfrenta a tres graves problemas: el primero es que tal limitación puede no ser eficaz, dado que los políticos pueden en muchos casos burlar las leyes sin que la ciudadanía, los medios de comunicación o los tribunales sean conscientes de ello. El segundo es que las leyes que ponen coto al uso personalista de las propiedades estatales son redactadas por los mismos políticos que deberían ser objeto de control, de modo que ellos pueden ajustarlas para que su latrocinio no cualifique como corrupción.

Mas acaso el tercer problema sea el más serio y difícil de resolver: dado que no existe una definición objetivo de qué es el “interés general”, compete a los administradores especificar en cada caso cuándo un determinado uso de las propiedades estatales resulta compatible con ese interés general. Por ello, la misma legislación que proscribe un uso arbitrario y personalista de los enseres públicos autoriza un margen de discrecionalidad a los políticos para que los administren según su personal concepción —o la personal concepción de sus votantes— de ese interés general. Y es aquí donde evidentemente se abona el terreno para que nuestros mandatarios usen a su antojo los recursos que nos han extraído coactivamente a todos: se trata de una corrupción no solo legalizada, sino socialmente legitimada.

Tomemos como ejemplo la última polémica a la que se ha visto sometida la Concejalía de Cultura el Ayuntamiento de Madrid: la cesión con un 70% de descuento del centro cultural municipal Matadero a la plataforma “Un plan B para Europa” (participada por miembros de Podemos, En Comú, Izquierda Unida…) para organizar una jornada de conferencias en las que intervino Yanis Varoufakis. Precisamente, la justificación de ese notable descuento (desde 23.000 euros a 6.900) fue que tales jornadas respondían al “interés público”. Pero, ¿de verdad lo hacían?

Al entender de muchos —entre los que yo mismo me encuentro—, contribuían más bien a promover una visión de Europa que nos conduciría a una mayor pobreza, fragmentación social, discordia y enfrentamiento: es decir, si acaso respondían a algo, eso era el “anti-interés público”. Por supuesto, desde Ahora Madrid mantendrán una visión distinta: de acuerdo con su criterio, estas jornadas sí contribuían a construir una Europa mejor. Pero si existe un fuerte disenso al respecto, parece claro que el interés de esas jornadas no será general, sino más bien parcial y partidista. ¿Debería Ahora Madrid (o cualquier otro partido político) poder instrumentar partidistamente unas instalaciones públicas? No, no debería: pero en este caso lo ha hecho, incluso tal vez sin ser consciente de ello (pues podrían pensar sinceramente que estaban fomentando el interés general).

Por cierto, tal vez intente replicarse que toda jornada de reflexión y debate ideológico es de interés general. Pero no: ¿o es que consideraríamos de interés general que tales instalaciones se cedieran para unas “jornadas” de reflexión de la Falange, del Frente Nacional o de Amanecer Dorado por el debate que contribuyeran a suscitar? Claramente no. Por consiguiente, por mucho debate público que pueda haber promovido Varoufakis, seguimos estando ante un caso de uso partidista y personalista de la propiedad pública: un habitualísimo tipo de uso que los defensores de la propiedad pública suelen obviar cuando la promueven.

En definitiva, cada vez que algún político defienda que sólo la propiedad pública salvaguarda el interés general recuerden qué quieren decir en verdad: la propiedad arrebatada coactivamente a los ciudadanos incrementa el patrimonio del que ese político —o los burócratas o votantes cuyos intereses representa— usa y disfruta personalmente. Ningún mandatario está libre de ello: tampoco aquellos que nos dijeron que iban a regenerar la vida pública. Es un problema mucho más profundo de derechos, incentivos y visiones ideológicas: es un problema consustancial al Estado.

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24 comments

  1. Lo absurdo de este post viene por la tendencia del autor a aprovechar las sendas y vericuetos dialécticos que permiten las múltiples interpretaciones de ciertos conceptos como, en este caso, el “interés general”.

    Es evidente que “interés general” es un concepto amplio y etéreo, que se puede manejar al antojo de cualquiera.
    Como es etéreo el concepto de libertad individual o defensa de la vida que planteáis los liberales, o esa manera que tenéis de hacer entender que liberar por completo la economía y eliminar impuestos va a tender siempre a beneficiar al conjunto de la población.
    Es decir, que vuestro ideario también se sustenta en conceptos etéreos.

    El error de este artículo es partir de la base de que defender el “interés general” significa que existe una manera exacta e inequívoca de resolver qué es de interés general y qué no.
    Nunca jamás, nada ni nadie, podrá determinar qué es realmente de interés de todos y qué no.

    Lo cual no justifica que no se gestione con esa idea. La política, por definición, debe ser eso y no otra cosa. Gobernar por el interés de una minoría sería absurdo.

    Sabiendo esto, y no siendo demasiado tonto, uno debe entender que cuando un político habla de interés general, se refiere a un concepto amplio y generalista que, sin embargo, se puede concretar en “atender el interés del ciudadano, y no sólo de las élites”, que es a lo que nos hemos acostumbrado tanto que casi lo consideramos consustancial a la política. Es un concepto que hay que entenderlo en el contexto actual, de la misma forma que todos entendemos qué quiere decir Rajoy, Rivera o Sánchez cuando hablan de “la unidad de España”, algo que tomado al pie de la letra se podría interpretar de muchas maneras.

    Repito que para entender esto no es necesario ser ni la mitad de listo que es el autor de este artículo, lo cual me parece más grave por la mala intención del mismo.

    Cuando uno vota a un partido lo hace para confiar en su gestión por razones varias: ideológicas, afinidad de pensamiento o de percepción de las posibles soluciones a los problemas que nos encontramos, etc, etc.

    Yo les voto porque creo que su forma de gestionar es la ideal y para eso debo concederles que ellos tomen decisiones en función de su manera de ver las cosas y entenderlas. No esconden que harán las cosas de una manera determinada y no de otra, y tú decides si votarlos o no. ¿Cuál es el problema de esto?

    Un Gobierno o un Ayuntamiento gestiona muchísimas cosas. Algunas tan concretas que es imposible valorarlas en términos o conceptos como el de “interés general”. Pero hay que gestionarlas: hay asociaciones, hay centros culturales, hay celebraciones, etc.

    Es decir: contratar un concierto para unas fiestas municipales se puede considerar de interés general o no, según te parezca bien ese concierto o no.
    Eso no significa que se deba dejar de programar algún concierto en según qué fiestas. Yo voto al partido que, entre otras cosas, si organiza un concierto éste irá en sintonía con su manera de entender las cosas. ¿Qué problema hay en eso?

    Hay muchas contrataciones y muchas decisiones que escapan del control absoluto del ciudadano.

    Cuando voto a un partido sé que tomará decisiones que yo no tomaría pero le voto porque creo que el cómputo global de esas decisiones me parecen idóneas.

    Organizar un concierto, una conferencia de interés político (lo de Varoufakis no es un mitin), una proyección de películas, una campaña de tipo social, etc, etc, que vayan en consonancia a una ideología cercana al que gestiona y a sus votantes, es tan criticable como que el dueño de Vodafone contrate a su cantante favorito, que tú odias, para ponerlo de cortinilla musical en su línea de atención al cliente. Tú eres cliente de Vodafone y contratas sus servicios libremente igual que yo voto libremente a un partido para que gestione como ellos consideren oportuno los recursos del Ayuntamiento.
    Si para ti eso es razón para no votarlo, no lo votes.
    Y si para ti es razón para no contratar Vodafone, no lo contrates. Bueno, salvo que estés pillado por la permanencia de un año.

    Ni todos los clientes de vodafone estarán de acuerdo con las decisiones del dueño ni todos los votantes de la ciudad estarán de acuerdo con las decisiones del alcalde. Qué problema hay salvo que esas decisiones supongan gastos excesivos e inexplicables y claramente perjudiciales (como la campaña para presentar Madrid como sede olímpica). Me parece bien que existan unos límites en el gasto de este tipo de cosas.

    Cuando alguien estudia Economía debe entender que podrá encontrarse profesores que verán la economía de una manera diferente a la tuya.
    El problema es cuando las Universidades de todo el mundo se ponen de acuerdo para que todos sus profesores sean de la misma cuerda y se decide no contratar a profesores de ideología diferente.
    Ahí ya hay un problema.

    Lo criticable sería que el Ayuntamiento prohibiera conferencias que no fueran de su línea ideológica (salvo que sean ilegales por defender ideas antidemocráticas)

    “Interés general” no tiene que significar que tenga que gustarle a todo el mundo. Eso no habría ayuntamiento que lo cumpliese. Es aspirar a algo imposible.

      1. Y seguro que en otra ocasión fuiste más precavido y no tan confiado. Me alegro. La experiencia otorga poder al cliente. Y los sinvergüenzas tienen poca esperanza de vida en un mercado libre con unas instituciones sólidas.

        Tampoco estaría mal que calculases qué porcentaje de tu renta va destinado a impuestos para sufragar gastos que no deseas.

        1. Requiemsoul:

          Es absurdo pensar que cuando uno elige democráticamente a un partido para que GESTIONE tenga que esperar que todo aquello que gestione cunpla cada uno de sus deseos.

          Si lo que rechazáis es la idea de que exista una gestión de un país, entonces deberíais ser más claros y decir que no debería haber gobierno ni Estado para que gestione nada.

          Eso es incompatible con vuestro deseo de que el Estado gestione y asegure el respeto a las propiedades privadas, por ejemplo.

          O sea: ¿queremos un ente gestor o no?

          Porque todo ese odio al Estado viene por ese odio a que exista un ente gestor.

          Si existe ese ente gestor de un Estado es inevitable que tenga que gestionar dinero público.

          Aceptando esto, no tiene sentido que critiques algo consustancial del gobierno de un Estado: tomar decisiones que no cumpla los deseos particular de alguno de sus ciudadanos.

          ¿Se entiendo lo que digo?

          Por lo tanto, es absurdo que quieras deslegitimar y despreciar lo estatal porque haga algo que es inevitable que haga.

          Si no quieres que eso ocurra, entonces no debería existir Estado, ni mínimo ni amplio. Porque eso que criticas ocurrirá siempre que haya Estado y gobierno.

  2. En resumen: considerar hipócrita a un político por defender el interés general es como considerar fraude por mentir la campaña publicitaria “El corte inglés piensa en ti”.

    Es la misma absurdez tanto una cosa como la otra.

    1. DEJEMOS AL CHICO EN PAZ CON SU PUBLICOFOBIA E INTENTEMOS QUE DEJE DE SER TAN CURSI COMO UN REPOLLO CON LAZO.

  3. Sea o no interés público, muchas veces la búsqueda de interés propio de la empresa termina generando externalidades positivas en otras personas. Pienso en cuando un supermercado, tienda por departamento, etc piensa abrir una sucursal en un barrio modesto, lo que inmediatamente genera el alza del precio del suelo en sus vecinos. Alquilar el espacio se convierte en una bendición.

    1. La búsqueda de interés propio puede favorecer el interés propio y a veces, de paso, beneficiar a otros. Efectivamente.
      ¿Y qué?

      ¿Eso es razón para que la política sólo considere el interés propio de cada uno?
      ¿Para qué queremos política entonces?
      Si lo que queremos es que no haya gestión de ningún tipo entonces dejemos de hablar de política.
      El interés propio es algo que ya está suficientemente potenciado por cada persona, para qué favorecer más.

      Que un gobierno mire por el interés de los ciudadanos no significa que alguien no pueda satisfacer su propio interés y que este pueda beneficiar a otros.
      Encontrará trabas como todos pero para eso está la voluntad y el esfuerzo, para superarlas.
      Pero deja que la política se preocupe precisamente de lo que las personas individualmente no harán precisamente porque todos miramos, antes de nada, por nuestro propio interés.

      1. Para consumir lo que tú quieres tienes que producir lo que quieren los demás. Para satisfacer tú interés propio tienes que atender las necesidades ajenas. Para recibir primero tienes que dar .

        Si no fuera así o estas robando, o estás coaccionando o serías increíblemente pobre (economía de subsistencia caza-recolección).

        1. Para que la mayor parte de la población esté en condiciones de producir lo que necesitan otros, para que haya suficiente gente que pueda consumir lo que producen los demás, para que ese flujo de intercambio de necesidades y esfuerzo no cese, es necesario orientar la economía de un país hacia la productividad antes que a la especulación y tomar las medidas que sean necesarias para que la mayor parte de ciudadanos puedan, por su propia voluntad y esfuerzo, acceder a esa corriente de recursos.
          Os creéis los únicos que valoráis la meritocracia cuando las políticas que odiáis también pueden fomentarla, de hecho, se trata de que haya suficiente pastel para repartir entre todos los que se esfuercen por lo que le corresponde para vivir.
          Lo que vosotros apoyáis es un pastel enorme al alcance de unos pocos, de manera que si el que tiene el 70% del pastel decide pagar a sus empleados unas migajas que no le sirven para vivir, pues adelante, el pastel es todo suyo y que reparta como le dé la gana.
          Es la diferencia entre hacer políticas que tienden a la exclusión y hacer políticas que pretenden incluir a todos los que quieran formar parte del sistema.

          1. Austrohúngaro.

            Antes se me ha olvidada otra posibilidad: el autoconsumo sofisticado que podremos vislumbrar en los próximas décadas: robots, impresoras 3D, autoconsumo eléctrico etc. De todos formas, para adquirir estos productos necesitamos producir previamente y además habrá necesidad imposibles de conseguir sin un intercambio: ej un viaje.

            La asignación y utilización adecuada de recursos , así como la elaboración de proyectos empresariales exitosos en un mundo cada vez más sofisticado explica en buena medida los altos salarios de los superdirectivos.
            Sería interesante comprobar qué porcentaje de los ingresos, beneficios netos, gasto del personal y capitalización bursátil representa el sueldo del CEO de una empresa.

            Un trabajador requiere siempre de un plan empresarial para crear riqueza, en cambio puede llegar la situación de que un plan empresarial no requiera de un trabajador para crearla ( ej. un robot).

            Para aumentar la productividad no hay mejor receta que la del liberalismo: división del trabajo, ahorro , propiedad privada (seguridad jurídica), intercambio(comercio). Un marco que maximice el descubrimiento y la prueba y error.

            Ya te hemos comentado varias veces el coste de oportunidad que supone la discrecionalidad y arbitrarialidad estatal al no guiarse por criterios de rentabilidad, el papel y las competencias del Estado mínimo o la protección social en una sociedad minarquista/ancap. Así que no me voy a volver a repetir.

            No sé, no entiendo lo difícil que resulta para la socialdemocracia aceptar las bondades de la libertad económica.
            Supongo que es la idea de que sin seguridad económica previa es imposible la prosperidad, la autorrealización o la libertad… ¿ Y entonces cómo no seguimos en la edad de piedra? O quiza es que todos seamos conservadores y votamos a quien nos da de comer…

          2. Tampoco me voy a repetir aquí recordando que nunca he rechazado de plano las recetas del libre mercado siempre que se tomen como lo que son: recetas.

            El leño de mensajes que he acumulado aquí han sido, sobre todo, para insistir en que lo que critico del liberalismo es creerse algo más que eso: un conjunto de recetas útiles para generar riqueza. Punto.

            Pero vosotros lo queréis universalizar, convertirlo en fin y en objetivo, de ahí vuestro absurdo odio a todo lo Estatal.

            Si realmente vuestro deseo es que el fin sea mejorar la productividad para mejorar la calidad de vida de casi todos, cojonudo, estoy de acuerdo.
            Pero por sistema, como liberales de libro que sois, no podéis manifestar ese deseo sin sentir ese complejo de marxista que os viene cada vez que se os pasa por la cabeza el buscar un objetivo de mejora general al conjunto de ciudadanos. Lo tenéis prohibido por vuestro ideario, por así decirlo.

            Las recetas liberales para crear riqueza están muy bien, a mi entender, si el Estado consigue gestionar esa riqueza para que el conjunto de ciudadanos tenga acceso a los medios básicos para su formación y, así, libremente cada uno, con esas mínimas opciones, decidir cómo ser útil para mantener esa productividad.

            Me parece muy bien crear riqueza con el esfuerzo de empresarios y empleados (con sus sueldos correspondientes, ajustados a su responsabilidad), pero no entiendo esa cerrazón a negarse a que se intente hacer uso de esa riqueza para mejorar la casa.

          3. @Austrohúngaro.

            Yo entiendo que aquí hablamos de un “debe ser”. Un Estado como el que proponemos los liberales supondría recortar el gasto en unos 400.000 millones de euros. ¿Alguien cree que sería posible llevarse a cabo?. Recuerdo que en el 2012 se recortó en 25.000 millones y el clima social estaba enrarecido.

            A corto plazo/medio plazo me conformo con eliminar el déficit y largo plazo con un Estado de un 25% del PIB centrado en el gasto social reduciendo la grasa política.

            Y es que la clave no está sólo en cuánto se gasta sino en cómo se gasta.
            Creer que si se reduce el gasto público a un 10% automáticamente un país va a ser próspero es caer en una ilusión. Hay otros factores cruciales como el marco legal, la justicia o la seguridad que tienen un impacto decisivo en el bienestar.

            Dos ejemplos:

            ¿Cuál es el país del mundo con mayor gasto público en porcentaje?. Dinamarca con un 56%
            ¿Cuál es el país del mundo con menor gasto público?. Guatemala con un 13%.

        2. Hace unos días, Antonio Banderas fue invitado a un programa muy famoso donde hizo unas declaraciones que han tenido cierta repercusión, por ser muy aplaudidas.
          Dijo algo así como “Una encuesta en España a estudiantes decía que el 75% declaraba que quería ser funcionario mientras que en EEUU el 75% quería ser emprendedor” y concluía que un país se levanta con gente que se la juega, que es dueña de su destino, así surgen los Facebook, los Google, etc”.

          Aunque desconozco la fiabilidad de esa encuesta, partiré de la base que es verdad.

          Creo que el comentario de Banderas (que dijo con vehemencia, como poniéndole garra interpretativa, se ve que se siente implicado) está tan cerca de la verdad como del genocidio.

          Me explico (y esto tiene que ver con lo que he intentado decir mil veces aquí): estoy totalmente de acuerdo en que es muy positivo que exista gente emprendedora, con talento y capacidad de riesgo para una sociedad sobre todo cuando dedican su esfuerzo a una actividad productiva, que genera riqueza y empleo.

          Y estoy de acuerdo en que un Estado debe facilitar, alentar y ayudar a que estas brillantes personas canalicen su talento y energía para la realización de sus ideas. Que se premie el riesgo y el talento lo apoyaré siempre.

          Ahora, el comentario de Banderas y su rabia contenida me asustan un poco porque oigo entre líneas y percibo en la pelusilla entre sus dientes un mensaje de odio y rechazo a los que no son como él (emprendedor, arriesgado, exitoso).

          Y esa es la cuestión. Interpreto su discurso más como un rechazo a los no “capacitados” que una razonable alegoría del riesgo, el talento y un apoyo a que los Gobiernos faciliten que broten las mentes más privilegiadas.

          Una cosa es pedir a los gobiernos que pongan facilidades, apoyos o ayudas (aunque sea quitando trabas) a que se fomente el desarrollo emprendedor libremente, dejando que el talentoso pueda asumir sus riesgos y desarrollar su capacidad (sin perjudicar a terceros, eso sí) , y otra querer aspirar a una sociedad donde todos se sientan obligados a ser emprendedores talentosos, y si no lo eres te jodes y muerde el polvo.

          Para empezar, si todos fuéramos emprendedores talentosos, no habría talentosos que convirtieran sus ideas en millonarias. Por tanto, aspirar a una sociedad sólo de súpercapacitados es tan absurdo como aspirar a una sociedad donde todos seamos iguales y ganemos lo mismo.

          ¿Por qué los únicos ejemplos de desarrollo del talento y de la capacidad de riesgo y éxito son aquellos que generan multimillonarios?

          ¿Qué hubiera sido de Banderas si a Almodóvar no le hubieran subvencionado sus películas? ¿Y de Almodóvar?

          No es quitarle mérito, ser una estrella de Hollywood no está al alcance de cualquiera, alguna virtud habrá demostrado. Pero me parece hipócrita su mensaje de odio anti-Estatista

          Pretender que la única forma de motivar y permitir el desarrollo de las grandes ideas es reducir el Estado al mínimo es igualmente absurda. ¿Qué impide a un joven talentoso desarrollar sus geniales ideas en un Estado de Bienestar? ¿Pagar impuestos?
          Cuando Zuckerberg pensó en desarrollar Facebook, ¿le frenó pensar que iba a tener que pagar impuestos? ¿Si hubiera tenido que pagar más, se lo hubiera pensado?

          Está claro que al emprendedor de verdad nada le va a frenar, haya el gasto público que haya. Y si destacan es porque son excepcionales, son un porcentaje mínimo de la población.

          Mi conclusión es que un Estado debe preocuparse poco de los más capacitados (simplemente dejándoles florecer y crecer, quitando trabas y añadiendo facilidades) y mucho del resto (simplemente permitiendo que tengan acceso a convertirse en trabajadores lo más capacitados que puedan). Eso me parece lo más lógico y práctico.

          Lo absurdo es pretender diseñar un mundo a la medida de los pocos que más destacan.

          Lo triste de que el 75 % quiera ser funcionario es que no les queda otra aspiración en un país como este donde ser licenciado en algo te condena al paro o a trabajar en algo que no es lo suyo por un sueldo mísero.

          Es contradictoria esa actitud del emprendedor quejándose de que el Estado les incomoda porque intenta apoyar a los que no son como él (otra cosa es que lo consiga o que sea un Estado corrupto como el español), cuando se supone que esa persona es emprendedora porque ningún obstáculo ha podido con él. Bien, pues que siga haciendo méritos.

  4. “Es un problema mucho más profundo de derechos, incentivos y visiones ideológicas”

    Naaaa. Es mucho más simple que todo eso.

    No existe ni puede existir tal cosa como el “interés general”. Punto. El “interés” es una creación de la mente y la mente es individual siempre. Cada individuo tiene la suya.

    No existen mentes colectivas. El interés individual de uno puede ser parecido al de otro, en cuyo caso podemos hablar de intereseS comunes. Pero nunca podemos hablar de un interés general.

    Por consiguiente los problemas derivados de todo este tinglado son los normales y lógicos que enfrenta el ser humano cuando decide dimitir de su razón y dar carta de naturaleza a sus ficciones. Cosas malas pasan !!!

    En esto los liberales con una chispa de formación filosófica lo deben tener claro: el político dispone privativamente de los bienes financiados mediante el expolio de sus verdaderos dueños y una de las excusas que propone para que no se note es que lo hace en nombre de un mito, una ficción, el “interés general”.

    El que se lo crea y le guste que se rían en su cara, allá él ! A mi particularmente no me gusta que me tomen por tonto. Pero claro, yo soy tan raro….

    1. Es una pena que no exista el interés general, porque si existiera, entonces podríamos argumentar que, dado que nadie quiere que le roben o que le manden o que le maten, tenemos que esos intereses generales solo pueden ser defendidos desde el anarcocapitalismo de libre mercado.

      Un argumento con un aire hoppeano, ¿verdad?

      1. Colombo, digo yo que sí que hay cosas que le interesan a todo el mundo el problema y lo curioso es que eso a veces también puede generar conflictos al existir la escasez.

        Es un poco como lo de la libertad de expresión que llaman…
        hay quien dice que es un absoluto o mejor dicho que debe serlo (ej. Walter Block).
        Yo en esto discrepo porque sí creo en las agresiones no-físicas.

        ¿Alguien puede considerar no agresivo que le persiga hasta su casa llamándole hijo de *piii*?

        Aún teniendo motivo yo creo que es evidente que… Jajaja

        Yo creo que esto es por confundir la agresión objetiva del sentimiento que produce en él agredido.

        Es posible que tal sentimiento sea desproporcional o incluso no tenga nada que ver pero creo sinceramente que lo que hay que analizar es él hecho en sí.

        Lo que decía de la intención, él tono, los efectos en el receptor…

        Creo que es evidente que esté legitimado para llamarte la atención si te pones a hacer ruiditos adrede desde tu casa y yo te oigo aunque sea lo que llaman “horario de hacer ruido”.

        No creo que todo ruido valga digo yo…
        y otra cosa es que pueda demostrar que lo haces adrede obviamente.
        De esto se vale bastante gente ya que como sabe que también él Estado le ampara por lo de la presunción de inocencia pues nai nai.

        Sí, Hoppe, a mí no me gusta que lo tilden de tanta cosa peyorativamente, además él no creo que diga que solo las agresiones son físicas.

        Quizás para que se entienda mejor haya que llamarlo erosiones… Jajaja

        1. perdón por lo de “él” y “el” es que me he cambiado en el móvil el teclado y al escribir rápido… :P

      2. La no existencia de un interés general único y orgánico, asunto que debería ser obvio para cualquiera con un mínimo de formación, no excluye la existencia de interesES comunes objetivos (no arbitrarios sino racionales) que pueden concitar acciones organizadas VOLUNTARIAS comunes pero que de ninguna manera podrán ser legítimas si violan los derechos individuales.

        Cuestión añadida es esa ficción que sostiene que un político puede conocer el interés general y promoverlo aún salvando su tendencia natural a obrar según su propio interés, único que existe y único que es verdaderamente capaz de conocer.

  5. Requiemsoul, esta conferencia es muy buena…
    Suena precioso sobretodo cuando piensas siempre que él enfrentamiento con la muerte lo tienes ya perdido.

    No sé hasta que punto se habrán tomado una seta alucinógena o es verdad; pero mejor si lo es la verdad.

    Las máquinas deben de hacer las cosas que más pueden deteriorar la salud humana al menos la física ya que la salud mental es algo más complejo de evitar que se deteriore a veces.

    Y la gente lo que debe es de adaptarse precisamente al resto de cosas que no las puedan hacer máquinas.

    Es en ese momento será cuando la gente tendrá que ver sí o sí que aunque se pase horas en su empleo eso no es lo que más feliz debe hacerle sino el hecho de disfrutar de la vida como pueda y quiera.

    El tema de una renta que no sea de trabajo ni de capital es que debe de ser condicional y voluntaria a poder ser, es decir, no debe de surgir de impuestos sino de alguna entidad emisora de algún bien considerado dinero, podríamos decir que sería algo así como un préstamo.
    No sé muy bien como sería pero si a la gente le das pero le dices que tendrá que devolver mañana el incentivo al ahorro no se pierde y la iniciativa para generar otras rentas con las que luego saldar esa tampoco.

    Lo que pasa con una renta básica incondicional es lo que se puede observar en estas preguntas:

    ¿Te has preguntado que pasaría si te dan 500 € hoy y te los gastas hoy? ¿Habria que darte otros mañana entonces?

    Pero volviendo a la conferencia en sí…
    la corbata de Mickey de José Luís es un puntazo, ¿eh? Jajaja

    https://youtu.be/0DjqdQe_u4Q

  6. Buenos días a todos,

    Básicamente estoy de acuerdo con el contenido del artículo, creo que hasta que no reduzcamos al máximo “lo público” no crearemos una sociedad realmente próspera.

    Quiero comentar también la idea de no considerar de interés público que partidos como Falange o Frente Nacional participases de esos espacios. Como he citado en la idea del párrafo anterior, no creo que se deban ceder a ningún partido, pero no entiendo que las personas que piensan lo contrario crean que partidos como los citados deban ser excluidos del debate per se. Parece que la libertad de expresión muchas veces va por barrios, y se trivializa demasiado a determinados grupos a los cuales se quiere eliminar del debate público mediante la ridiculización y la propaganda, y no mediante la confrontación de ideas.

    Un saludo.

    1. David (druizgar):

      Yo creo que hay que diferenciar varias cosas:

      1- Lo de Varoufakis es un Congreso. De una determinada ideología, claro, todo Congreso reúne opiniones, es imposible que no haya ideología. Pero es un Congreso. A veces los Ayuntamientos promueven la celebración de eventos que no coinciden con los gustos de todos, es inevitable. Habrá Ayuntamientos que sean más de ayudar a la celebración de conciertos de Julio Iglesias (cediendo espacios o reduciendo costes) y otros que se inclinarán más por conciertos de, por ejemplo, Sabina.
      El Ayuntamiento ha puesto facilidades para que lo organicen. Sí. El Ayuntamiento está regido tras una elección democrática por gente de esa ideología, sí. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso la celebración de ese congreso impide que se celebren otros? ¿Acaso el Ayuntamiento no facilita también la existencia de centros donde se organicen congresos que no sean de la misma ideología? Otra cosa sería que los prohibiese, cosa que no hace.

      2. Ya dije antes que lo de “interés público” se presta a muchas interpretaciones pero no hay que ser un lince para entenderlo en el contexto actual.
      Me parece que no es ninguna locura considerar un Congreso que trata temas de índole social (desde la ideología que sea) de interés público. Seguro que habrá a quien no le interese, pero el término es coherente.
      Nadie podría criticar que un Ayuntamiento organizara algún evento cultural con dinero público atendiendo a ese mismo interés para una conferencia de Vargas Llosa, aunque todos sabemos qué políticos son los más cercanos a este escritor. Yo mismo entendería esa consideración. Otra cosa es que en esa conferencia se gastaran varios millones de euros.

      Repito: interés público no quiere decir que le interese a cada uno de los ciudadanos. Todo aquello que se presta a interpretación, pues eso, se presta a interpretación. Es inevitable. Y se vota a un partido para que prevalezca el tipo de interpretación que ellos dan. No podemos pedir que cada ciudadano exija que prevalezca su interpretación individual.
      Aunque odiéis la idea de colectividad vivís en un mundo donde muchas cosas se organizan en base a lo colectivo. ¿De qué otra forma se podría gestionar un Ayuntamiento o un Estado?
      Regirse únicamente por conceptos económicos, beneficios, pérdidas, valores, que es lo que pretendéis vosotros, es algo demasiado parcial. Es válido para el mundo empresarial, los mercados, las finanzas, etc. Pero en la gestión de ayuntamientos y Estados hay muchos más elementos que considerar.

      Exigir concreción a lo que no es concreto es un absurdo.
      Cuando tú dices que reducir al máximo lo público creará una sociedad próspera es una afirmación llena de detalles sin aclarar, es poco concreta. Habrá Estados mínimos que son prósperos, no digo que no, pero lo son porque se benefician de su excepcionalidad. Si todos los Estados fueran así, esa prosperidad no sería la que es porque muchas inversiones de las que se benefician ya no elegirían sí o sí a esos pocos países. Por ejemplo, Suiza ya no se beneficiaría de poseer en sus bancos más del doble del PIB español por la evasión fiscal pues los ricos no necesitarían esa evasión.

      3. Me parece lógico no considerar de interés público organizar un evento de Falange porque básicamente apoya ideas antidemocráticas. Es una cursilería, lo sé, pero la política tiene un componente cursi que tampoco podemos evitar. La democracia es cursi.
      Ya me parece grave que en España se permitan manifestaciones a favor del dictador español, cosa que en otros países nada sospechosos de ser antidemocráticos no es posible.
      Además, os guste o no, el Congreso de Varoufakis está orientado claramente hacia un debate sobre la situación social en Europa. Está teñida de cierta ideología, claro. Todo congreso lo está porque en ellos los ponentes dan opiniones. Pero el tema del congreso es el que es.

      4. En cualquier caso, un Ayuntamiento puede elegir entre varios Congresos el que quiera. Me parece lógico que se decante por el que se acerque a su ideología. Sus votantes le han dado confianza para que gestionen según su manera de ver las cosas. ¿Qué tiene eso de malo?
      Si eso es razón para no votarlos, no los votes.