Por qué hay que desmantelar el Estado de Bienestar

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El Estado de Bienestar constituye una parte fundamental de las sociedades occidentales modernas. La mayoría de personas considera del todo irrenunciable que el Estado se ocupe de financiar —e incluso de proveer— servicios tan importantes como la educación, la sanidad, las pensiones, la dependencia o la asistencia social. Sin Estado de Bienestar, se nos dice, la igualdad efectiva de los ciudadanos se vería mermada, polarizándose la sociedad entre una minoría de ricos con acceso exclusivo a tales servicios básicos y una mayoría pauperizada privada de ellos.

Ahora bien, en principio este mismo razonamiento podría valer para muchas otras áreas de nuestras vidas: la alimentación, la ropa, las viviendas, los electrodomésticos, los automóviles, la televisión, los ordenadores personales, la telefonía o internet son bienes y servicios provistos por el sector privado que sí resultan accesibles para la inmensa mayoría de la población. Por ejemplo, según Eurostat sólo el 0,2% de los españoles no puede adquirir un televisor de color o una lavadora, el 0,3% un teléfono móvil, teléfono, el 5,8% un automóvil y el 7,2% un ordenador personal. Y todo en medio de una de las crisis económicas más duras de nuestra historia. Es decir, aquellos bienes y servicios cuya provisión dejamos a los mercados libres tienden a volverse disponibles para la práctica totalidad de la población. ¿Por qué, entonces, aplicamos un rasero distinto para enjuiciar los efectos que acarrearía una privatización de los servicios hoy monopolizados por el Estado de Bienestar?

En general, no existen buenas razones para ello salvo los sesgos ideológicos heredados tras décadas de propaganda a favor de un Estado gigantesco. Es más, existen muy buenas razones, tanto por el lado de la oferta como por el lado de la demanda, para pensar que una sociedad sin un elefantiásico Estado de Bienestar proporcionaría mucho más bienestar a sus ciudadanos.

Ventajas por el lado de la oferta

La nota característica de todo mercado libre es la competencia entre proyectos empresariales distintos. “¿Competencia para qué?”, podría preguntarse. La mayoría de las personas tienden a pensar que la competencia es positiva para que los precios de un producto se mantengan atados a sus costes: allí donde solo existe una empresa dominante, los precios podrían dispararse en beneficio del monopolista de turo. Sin embargo, si ése fuera el único o el más importante efecto de la competencia, entonces el Estado sería preferible al mercado: un gobierno responsable se limitaría a igualar los precios de las empresas públicas a su coste de producción y con ello evitaríamos que nadie se lucrara desproporcionadamente a costa de la población.

Sin embargo, la verdadera relevancia de la libre competencia no reside ahí, sino en la posibilidad de plantear modelos empresariales disruptivos que desplacen a los existentes. Es decir, no se trata de ajustar los precios de un producto dado a una rígida estructura de costes, sino de ser capaces alterar el producto y su estructura de costes para así poder ofrecer calidades crecientes a precios decrecientes. No en vano, eso es lo que sucede en todas las industrias privadas sometidas a la competencia: los automóviles de hoy no tienen nada que ver con los que se producían a principios de siglo XX, los ordenadores de hoy no tienen nada que ver con los que se fabricaban hace 40 años y los móviles de hoy no tienen nada que ver con los que se manufacturaban hace 20 años. Y ello es así, en esencia, porque hay millones de cabezas en todo el planeta compitiendo continuamente en pensar cuál es la mejor forma de suministrar todos esos servicios del modo más barato y con la mayor calidad posible.

A poco que reflexionemos sobre ello, el progreso científico opera bajo principios muy parecidos a estos: ¿por qué la ciencia avanza? Porque hay millones de cabezas que investigan en su campo de especialidad para desplazar la frontera de nuestro conocimiento. Si todas esas cabezas se redujeran a una sola, o todas ellas se sometieran a las órdenes dictadas por una sola, parece bastante obvio que nuestra capacidad para prosperar científicamente se vería notablemente mermada. Pues lo mismo sucede con la competencia empresarial: si el modelo organizativo para proporcionar un determinado bien o servicio es determinado por un grupo de burócratas que no tienen que rivalizar con el ingenio ajeno, no será posible contrastar estructuras organizativas heterogéneas para escoger en cada momento la mejor. Por eso, el modelo de enseñanza o de organización sanitaria sigue siendo hoy esencialmente el mismo que en el s. XIX, salvo por los adelantos científicos exógenos que han sido incorporados con dificultades a estos centros.

Necesitamos avanzar hacia nuevos modelos de gestión y provisión de los servicios sociales que superen los actuales: no ya para incrementar su accesibilidad real por la vía de reducir su coste, sino también para mejorar su calidad ante los ciudadanos. A la postre, no deberíamos obviar que los servicios provistos por el Estado exhiben una calidad y una disponibilidad bastante deficiente en nuestro país: el fracaso escolar se halla entre los más elevados de la Unión Europea, las listas de espera para especialistas se encuentran entre las más dilatadas del mundo desarrollado, los servicios de dependencia están infradesarrollados por su elevado coste y las pensiones públicas son profundamente insostenibles.

No se trata, claro está, de que una privatización de estos servicios sociales fuera a solventar inmediata y definitivamente todos estos problemas: pero la experimentación descentralizada y competitiva en cada uno de ellos sí tendería a descubrir y alumbrar en cada momento las mejores soluciones conocidas para ellos. El mercado no es la panacea para todo problema social, pero sí es el mejor marco para encontrarles un remedio por el lado de la oferta.

Ventajas por el lado de la demanda

La ventaja esencial de desmantelar el Estado de Bienestar por el lado de la demanda es devolverle la soberanía de su administración al ciudadano: éste, en lugar de verse obligado a comprar (vía pago de impuestos) los servicios que le ofrece el Estado en régimen de monopolio, puede escoger entre los distintos proveedores de educación, sanidad, pensiones o dependencia que mejor se adapten a sus necesidades y preferencias. De hecho, es esta soberanía del ciudadano la que proporciona un mecanismo de criba y realimentación a los distintos oferentes: aquellos empresarios que proporcionen unos servicios relativamente más caros y peores tenderán a ser descartados por los usuarios en favor de aquellos otros que los suministren más baratos y mejores.

En principio, parece claro que poder escoger resulta preferible a no poder hacerlo: cuando se les niega a los ciudadanos la capacidad para tomar decisiones responsables, normalmente es porque aquel que se lo deniega espera obtener alguna ventaja a su costa. En este caso, el Estado obliga a los ciudadanos a pagar impuestos por los servicios que suministra su burocracia: es decir, políticos y burócratas aspiran a obtener réditos monetarios y no monetarios de forzar a los ciudadanos a adquirir coactivamente aquellos (malos y caros) servicios que les ofrecen. Por ello, todos deberíamos ser partidarios de que nos otorguen esa capacidad de elección que ahora mismo nos niegan.

Sin embargo, muchas personas desconfían de que se les reconozca la libertad de elegir por la vía de privatizar los servicios públicos debido a que temen ser incapaces de costeárselos. En efecto, los bajos salarios que se perciben actualmente en España parecen insuficientes para sufragar los costes de colegios privados, hospitales privados o fondos de inversión privados.

Ahora bien, no deberíamos olvidar que la privatización de los servicios hoy monopolizados por el Estado de Bienestar iría inexorablemente ligada a una fortísima reducción de impuestos: si los gastos públicos se reducen, resulta innecesario mantener el nivel actual de ingresos tributarios, de modo que tales recursos podrían devolvérseles a los ciudadanos. Y no estamos hablando de de unos volúmenes exiguos de recursos: por ejemplo, un trabajador con un sueldo modal de 15.000 euros está pagando en España unos impuestos cercanos a 9.000 euros anuales (recordemos que un sueldo bruto de 15.000 euros ya ha sufrido, cuando aparece en la nómina, una exacción de unos 5.000 euros en concepto de cotización empresarial a la Seguridad Social), privándole así de toda capacidad real para escoger el colegio de sus hijos o el régimen de su jubilación.

Quienes defienden el Estado de Bienestar para proteger a las clases medias no se dan cuenta de que éstas son las principales perjudicadas por el mismo: es verdad que las rentas altas pagan unos impuestos muy elevados, pero al menos siguen gozando de suficiente capacidad financiera para escoger educación, sanidad o pensiones privadas después de abonar los tributos. Es decir, las rentas altas no son rehenes de los malos y caros servicios del Estado de Bienestar. En cambio, las clases medias y bajas, una vez sufragados sus impuestos, pierden toda capacidad económica para volver a asumir ese coste en el sector privado: el ciudadano medio sí es rehén del Estado de Bienestar debido a los altos impuestos que soporta.

La subsidiariedad estatal

Ahora bien, ¿qué sucedería con aquellas personas sin recursos en caso de que desapareciera el Estado de Bienestar? Al cabo, en toda sociedad puede haber individuos que, transitoria o permanentemente, queden descolgados de la vida en común. Mas quienes consideran que el Estado es una institución legítima para organizar políticamente la sociedad bien pueden defender algún tipo de ayudas públicas subsidiarias para aquel segmento de la población que no pueden acceder a determinados bienes y servicios fundamentales. Frente al omniabarcante Estado de Bienestar que termina fagocitando a toda la sociedad, cabe impulsar un Estado subsidiario que, con un limitado volumen de recursos fiscales, suministre asistencia sólo a aquellas personas más necesitadas. Es decir, del mismo modo que el Estado no necesita nacionalizar la agricultura o la industria textil para asegurar que todo el mundo tenga acceso a comida y ropa, tampoco tendría por qué controlar todos los aspectos de la educación, de la sanidad o de las pensiones a los que acceden todos sus ciudadanos.

Es verdad que una sociedad mucho menos estatalizada que la actual también dispondría de mecanismos internos para ayudar a este tipo de personas necesitadas —ahorro propio, seguros, mutualidades o fundaciones filantrópicas— y que, en consecuencia, probablemente si necesitaríamos de la intervención subsidiaria del Estado. Pero, en todo caso, frente a la irracional defensa de un Estado omnipotente, resulta mucho más razonable promover un Estado mínimo que se enfoque en ayudar únicamente a aquellos que verdaderamente lo necesitan.

En otras palabras: resulta perfectamente compatible defender el desmantelamiento del Estado de Bienestar al tiempo que se defiende el establecimiento de programas subsidiarios de asistencia para aquellos individuos más necesitados y descolgados de la sociedad.

Conclusión

El libre mercado ha sido el motor del progreso y de la prosperidad económica en todos aquellos sectores en los que se le ha permitido actuar. ¿Por qué entonces no extenderlo también a sectores tan importantes como la educación, la sanidad, las pensiones o la dependencia? ¿Acaso no queremos progreso y prosperidad en ellos? Es cierto que, en algunos casos, pueden existir problemas específicos que dificulten su expansión a esas áreas: por ejemplo, la provisión de sanidad acarrea dificultades distintas (información asimétrica, riesgo moral, selección adversa, fuertes externalidades…) a la provisión de tomates o de smartphones. Pero la existencia de estos posibles “fallos de mercado” —que, en todo caso, tendrían que ser ponderados contra los, normalmente, muchos más graves fallos del Estado— no debería ser razón para descartar radical y tajantemente el debate sobre el desmantelamiento del Estado de Bienestar: en todo caso, hará exigible un análisis más amplio y detallado que aquel que podemos dedicar en este artículo (para una explicación mucho más extensa sobre cómo los mercados libres pueden superar los llamados “fallos del mercado” en todos los sectores económicos, puede leerse mi libro Una revolución liberal para España).

Con todo, al final no deberíamos perder de vista lo esencial: a saber, que el mercado potencia la innovación de la oferta y reconoce la autonomía soberana de la demanda. Y esas son las dos claves que permiten una mejora continuada de aquellos servicios que consideramos más importantes para nuestras vidas. Otorgarles a políticos y burócratas el monopolio de su administración sólo tenderá a condenarnos a sufrir el incremento de sus costes y el estancamiento de sus estándares de calidad. Si queremos mejorar la calidad y la accesibilidad de los servicios sociales, desmantelemos ese Estado de Bienestar que, en verdad, sólo constituye el bienestar de la burocracia estatal.

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29 comments

  1. Buenas noches Juan Ramón,

    Yo no sé si es que hoy me he levantado con el pie comunista o es que me estoy haciendo viejo y cada vez soy más moñas.

    Yo entiendo que el libre mercado funciona bien cuando oferta >>> demanda.

    En mi opinión y por lo poco que sé, el liberalismo tiene dos pilares fundamentales, la libertad y el cálculo económico.

    En mi opinión con la sanidad no se dan ninguna de las tres cosas. La oferta es infinitamente inferior a la demanda, no hay libertad y no hay posibilidad de cálculo económico.

    ¿Existe una cantidad de dinero que no pagarías por el tratamiento de cáncer de un hijo?¿Sería legítimo un contrato que te obligase a pagar por una decisión en la que no tuviste alternativa?

    Sé que matemáticamente el cálculo de riesgos es equivalente. Y sé que al final alguien tiene que decidir cuánto se paga y por qué servicios. También creo que sería bastante mejor para más gente. Pero yo, personalmente, no me atrevería a privatizar totalmente la sanidad. Sí que la haría mucho más de batalla y sí que abriría muchísimo más el mercado a la oferta privada. También haría que gran parte de la cotización fuera opcional reemplazable por una alternativa privada. Pero sinceramente la escasez y la falta de libertad me tiran mucho para atrás.

    Un saludo.

      1. Buenos días Juan Ramón,

        Gracias por el comentario.

        Sí, eso ha sido muy desafortunado por mi parte. Tenía en mente la comida. Aquí tendemos a pensar que el libre mercado funciona bien con los alimentos porque tenemos una disposición de alimentos que supera en muchas veces los necesarios para vivir. No en todos los países pasa eso. Y en mi opinión es otra piedra fundamental para la libertad del ser humano.

        En serio, no creo que una persona que se está muriendo, por hambre, sed o salud sea libre de firmar ningún contrato.

        Con el analfabetismo daría para más que un comentario porque ahí sí que se me enredan las cosas.

        Un saludo.

    1. Amos a ver.

      La gente, mayoritariamente, quiere desentenderse al máximo de su salud y que le parcheen “gratis” cuando llegue el momento, rápidamente y sin dolor. Que le quiten dinero a los ricos (que siempre son los otros), que yo quiero ahorrar para mis pisitos y mi huerto y mis viajes y mis coches. Esta actitud es perfectamente comprensible. ¿Para qué complicarse la vida lidiando con las chorradas de los seguros y los médicos? Mejor que se ocupe el Estado, que para eso está, y nos sale más baratico. Ídem con la educación, las universidades, los jardines, la cultura, la defensa, la justicia, la ley, el medio ambiente, y las tan necesarias leyes que protejan nuestro comercio interior de las perversas influencias mercantiles de los demonios extranjeros, etcétera. Es imposible tener solo una cosa de estas intervenida sin tener también todas las demás también intervenidas.

      Recordemos al profeta Bastiat: El Estado es la gran ficción a través de la cual todos tratan de vivir a costa de todos los demás.

      Tenemos exactamente lo que merecemos. Debemos cambiar para merecer otra cosa y tener otra cosa mejor.

      Pero lo más grave de la sanidad no son las listas de espera, o ver a médicos y enfermeros que están hartos y no quieren seguir en su vocación porque no les dejan arreglar nada. Lo realmente grave es el contubernio de los estados con las farmacéuticas, aderezado por las patentes, que ralentiza y a veces impide el desarrollo y la apliación de tratamientos eficaces. Por no hablar de que la inmensa mayoría de las enfermedades son falsas crónicas son falsas (casi creadas por decreto-ley, por el contubernio de los gobiernos con los investigadores de las universidades) y los tratamientos son completamente inútiles. Oh, pobrecita señora de 55 que tiene una enfermedad degenerativa; se me va a tomar este analgésico y este protector estomacal durante veinte años, medicamentos que reducirán levemente su dolor a costa de agravar severamente sus síntomas e impedirá le recuperación. Casi todas las enfermedades degenerativas son sencillamente el producto de muchos años de malnutrición, favorecida a su vez por las subvenciones de los gobiernos a la producción de cierto tipo de alimentos.

      La mejor forma de prevenir enfermedades crónicas de toda la población es eliminando absolutamente todos los subsidios agrícolas. Liberalización total de la producción de alimentos. Uy, pobrecitos los ninios, que se quedarán si zumitos y sin bollos, tan nutritivos y completos. Vamos a dejarnos de chorradas. Todos los problemas del mundo moderno son creados o amplificados por la legislación, siempre con miras a favorecer a unos grupos a costa de otros. Nosotros mismos nos estamos destruyendo con nuestra hijoputez existencial, y por eso no debemos tener miedo de virus ni de extranjeros ni de comunistas.

      Claro que hay que desmantelar el Estado del Bienestar. Lo único que espero es que los cabronazos de los estatistas no se inventen una nueva milonga peor que la que padecemos.

      Pero para desmantelar esto primero hay que liberalizar la institución social más importante: el dinero.

      1. Buenos días Colombo,

        Gracias por tus reflexiones.

        Espero que seas médico y muy bueno para soltar todo lo que has soltado. La chamanería no está regulada. ¿Funciona bien? ¿No has visto señoras gastarse cientos de euros en productos homeopáticos? Cientos de euros en agua y azúcar recetados por su chamán de confianza, de por vida.

        Precisamente la agricultura está bastante descentralizada (aunque es verdad que demasiado subvencionada) Pero en alimentos procesados… Cuántos grupos hay? 10 a nivel mundial?

        El dinero está liberalizado hasta donde yo sé, que es bastante poco. Puedes comprar y vender oro libremente.

        Un saludo.

        1. Sobre el dinero tiene que conocer el monopolio estatal de la emisión de moneda y las leyes de curso legal forzoso. No está liberalizado.

          Me repito mucho, pero sobre la agricultura, las subvenciones de la OCDE y sus implicaciones en los países del tercer mundo recomiendo un libro ” Cuando la ayuda es el problema” de Dambisa Moyo.

          También es muy interesante la revolución agrícola de Nueva Zelanda cuando eliminó las subvenciones. La productividad y el empleo creció de forma intensa siendo el países desarrollado con mayor peso de este sector en el PIB y en la población ocupada.

          Sobre el chamanismo o la homeopatía no es ninguna novedad que las personas toman malas decisiones porque no somos perfectos. Pero en un libre mercado están acotadas: afectan a estas personas pero no a ti ni a mí. Además pueden recapacitar y comprobar que es un fraude por propio experiencia , opiniones de otras personas o informándose. El mercado también ofrecer mecanismos para solventar sus “fallos”. Por otra parte, este fraude evita que otras personas cometan ese mismo error. Autodisciplina y retroalimentación.

          Me acuerdo que mi tía compró una de esas botellas que imantaban agua. No tardó tiempo en darse cuenta de que le habían tomado el pelo y fue más precavida la próxima vez con los charlatanes de feria.

          El siguiente artículo de Rallo me parece un “must-read”. Hablo sobre alguno de los puntos que comenta:
          “¿Necesita un mercado libre de agentes racionales?”

          http://juanramonrallo.com/2011/10/%C2%BFnecesita-un-mercado-libre-de-agentes-racionales/

          1. Buenas tardes Requiemsoul,

            Gracias por tu comentario.

            Una cosa es la moneda que respalda el estado y otra es con lo que puedas comerciar. Luego sabes que al estado sí que le tienes que pagar en su moneda los impuestos.

            Si yo estoy a favor de liberalizar mucho, lo máximo posible. Pero hay veces que no es posible. Y si no se hace con leyes, se hará con arcabuces. Y no lo digo porque sea lo que yo quiera, lo digo porque es lo que ya ha pasado y es normal que pase.

            Un saludo.

        2. No soy médico, gracias a Dios.

          Los médicos buenos saben que los analgésicos como el diclofenaco no son nada más que un tratamiento sintomático, y también saben que la gente cree que es un tratamiento para la enfermedad, a pesar de que se les explica que no lo es y que con el tiempo dejará de funcionar y que empeorará la enfermedad. La gente, por desgracia, solo escucha lo que quiere escuchar, y luego se siente defraudada, y por todo esto los médicos buenos que tienen escrúpulos morales sufren frustración. Los pocos médicos buenos de España están hartos. Los demás médicos, que son casi todos, especialemente los de atención primaria, no tienen ni idea de lo que están haciendo porque solamente siguen órdenes. Aplican protocolos y solo estudian medicamentos, no estudian enfermedades ni tratan a pacientes. No tienen tiempo para estar al día, sobre todo porque casi todo lo que se publica es publicidad encubierta y, aunque se descubriera algo importante no podrían aplicarlo, porque es como un ejército y tienen que esperar órdenes. Su trabajo solo consiste en ir dando salida a las medicinas de moda. Nada más. Se indignan cuando escuchan esto, pero es la cruel verdad. Esta ineptitud generalizada, producto de las nefastas órdenes de la superioridad también se ve en algunos abogados y banqueros (más bien, en los sucursaleros).

          La homeopatía o cualquier otra cosa inocua, es decir, incapaz de hacer daño, es infinitamente mejor tratamiento que cualquiera de los muchos tratamientos médicos dañinos, caros e ineficaces que tanto abundan. Esto debería ser obvio. Cualquier persona que defienda el interés de los pacientes y el principio de no hacer daño debería exigir que no hubiera ningún tipo de financiación pública para ningún medicamento de ningún tipo, ni siquiera los homeopáticos.

          Hay que entender, y esto duele al orgullo de los fanáticos de la ciencia, que la mayoría de las enfermedades las cura el propio cuerpo. Siempre ha sido así. Y resulta que los tratamientos médicos, la cirugía y muchas veces los propios diagnósticos pueden difucltar ese proceso de autocuración, o incluso agravar las enfermedades (efecto nocebo). Incluso esas pocas enfermedades que requieren atención médica para las que no hay tratamiento eficaz deberían ser atendidas más con la verdad (nuestros tratamientos le van a dejar peor, mejor cambie de dieta, dé paseos por lugares tranquilos y deje de pensar cosas que le produzcan ansiedad, como que el mundo es injusto) que con la mentira (vamos a probar con estas pastillas nuevas, a ver qué pasa, y usted siga comiendo como siempre y pensando las mismas locuras de siempre, puesto que la química es inapelable).

          No estoy en contra de los medicamentos, sino de que se empleen mal, y que se dé mala información a la gente respecto a ellos, como ocurre con los bancos y sus planes de pensiones o sus productos de inversión. Yo creo que todos los medicamentos deberían ser vendidos y comprados libremente, sin receta médica, incluidos los medicamentos ilegales como el opio o la heroína. Respeto el derecho de los farmacéuticos a negarse a vender un producto a alguien porque opinen que le va a hacer daño. Y me parece completamente razonable que los médicos reganen autoridad y digan a la gente que no se les ocurra automedicarse porque se pueden hacer mucho daño, que es la verdad. Los médicos son peleles del Estado y han perdido toda su autoridad, y por eso vemos a tanta gente abusando de antibióticos. Sin esta necesaria libertad química la gente no podrá descubrir qué medicamentos son fraudulentos ni los médicos podrán recuperar el respeto que se les debe. Deben limpiar su casa, y liberalizar su profesión y todos los productos farmacéuticos.

          No solo hay que internalizar los riesgos (médicos, farmacéuticos y pacientes), sino que todos deben aprender a ser sinceros y decir qué quieren de verdad: ganar dinero ayudando o ganar dinero perjudicando. Los pacientes que buscan compasión y no curación, puesto que no tienen ninguna enfermedad, deben aprender a buscarla en otro sitio, de forma que no se hagan daño a sí mismos.

          En estos tiempos, gracias a la explosión de libertad que hay con internet, hay muchos charlatanes, pero también hay mucha gente seria diciendo cosas que hay que decir. Entre toda la morralla he encontrado a tres personas que, según me parece, saben de lo que hablan: Doug McGuff, médico de urgencias, Terry Wahls, profesora de medicina, Paul Jaminet, físico, economista y emprendedor. Estos tipos tienen datos y saben exponerlos.

          No quiero que se prohiba la comida procesada, sino que los productores internalicen los riesgos. Mientras haya sanidad pública financiada con impuestos, los productores de chocolatinas vivirán en Jauja. Todos tenemos que ser responsables, productores y consumidores. Los estados no deben salvar el culo de nadie en cosas que son responsabilidad de los propios agentes.

          Respecto a lo del dinero, por más que el oro y la plata sean dinero de verdad, si vas a un comercio e intentas pagar con tres gramos de plata pura vas a acabar en el cuartelillo de la guardia civil, y lo sabes. Descontando a los comerciantes que tienen recursos legales para aceptar pagos en cosas distintas de la divisa de curso legal, la realidad es que todos los demás te “obligan” a usarlo, porque no quieren problemas, y esto es a lo que les fuerza el sistema, y los gobernantes se aprovechan de todo esto, porque lo han diseñado así. Los poderosos siempre han hecho las leyes de forma que les favorezcan a ellos. Liberalizar el dinero significa abolir las leyes de curso legal y que los poderosos dejen de mangonear a compradores y vendedores.

          Perdón por el rollo macabeo que he soltado.

          Salud y saludos.

          1. Muy interesante como siempre, Colombo.

            “La homeopatía o cualquier otra cosa inocua, es decir, incapaz de hacer daño, es infinitamente mejor tratamiento que cualquiera de los muchos tratamientos médicos dañinos, caros e ineficaces que tanto abunda”.

            jaja! No voy a decir que no tengas parte de razón.
            Muchos medicamentos tiene efectos contraproducentes y discutibles como los relacionados con enfermedades mentales, sin embargo, por propia experiencia sin la ciencia ahora mismo estaría muerto: el cuerpo humano es prodigioso pero no milagroso.
            Dieta sana, ejercicio moderado, actitud positiva, no abusar del automedicación… nada que no sepamos.. pero somos seres cortoplacistas y miopes. Por esto mismo, siempre he pensado en la dificultad de internalizar costes relacionados con la salud o con las drogas cuyas consecuencias son a muy largo plazo y difíciles de cuantificar y explicar. Al final los damnificados reclamarían la socialización de costes vía Estado.

  2. Se dice Estado del Bienestar (del y no de).

    El EdB es un invento liberal, para amortiguar la lucha de clases.

    El CP (Capitalismo Popular) es un invento socialdemócrata: tu Todos Capitalistitas, Rallo.

    Todos somos trabajadores, no capitalistitas. Pregúntale a cualquiera de tus ricos, Rallo.

    Roma no paga traidores.

  3. Hay un argumento al principio del artículo que al menos hace pensar a mucha gente, lo cual no deja de ser un éxito tras tantos años de lavado sistemático de cerebro. Es el argumento de que ¿por qué no la vivienda, la alimentación o el vestido? En el tema de la salud tendrían que recurrir a temas muy técnicos de asimetría de la información que no están al alcance de la inmensa mayoría de la población. Es decir, se quedan sin argumentos, salvo algún extremista -no es negativo, aquí casi todos somos extremistas- que dice que también vivienda, alimentación y vestido deberían estar controlados por el Estado.

    Quizá desde un punto de vista liberal, la estrategia para tener más visibilidad sería la de promover el Estado subsidiario, pero claro, ahí topamos con nosotros mismos.

    1. Ho Pin, lo más curioso de todo esto es que la gente cree que tiene derecho a cualquier cosa que necesite o desee por el mero hecho de existir, sin embargo las piedras no tienen ningun derecho y también existen y según su jerga además compartirían el mundo con los seres vivos pues.

      No cuadra el asunto.

      Y es que los derechos son para quien puede usarlos, reconocerlos, respetarlos…
      lógicamente.

      Esto lo explica muy bien Francisco Capella.

      De ahí por tanto la existencia iusnatural de los negativos al menos en seres con supuesta capacidad para razonar o potencialmente capaces para hacerlo.

      ¿Porque no puedo ser yo o tu el Estado o parte de el entonces?

      Pues porque hay dos acciones que se tienen que llevar a cabo sistemáticamente: imponer y redistribuir.
      Entonces si no haces eso no puedes serlo obviamente.

      En cuanto a la libertad, la confunden con el acceso a las cosas, pero todo el mundo debería saber que un átomo puede ser libre dentro de un recipiente hasta con que no sea coaccionado, por tanto, ese estúpido argumento no cuadra ni cuanticamete ya que se podría argüir incluso que alguien no es libre si no tiene acceso a un ferrari.

      Todo este tema se puede ver en convivencia con el tema de las externalidades negativas.

      Si resulta que cada vez que viene alguien al mundo una persona cualquiera que existe antes debe de subsidiar a la que viene después iríamos apañados. Los progenitores tendrían hijos a raudales o por capricho y los no-progenitores tendrían que mantener a seres que no son sus hijos cuasi por obligación sistemática.
      Esto pasa en más zonas del mundo de lo que se cree.

      Juan Ramón sabe que lado del espectro político es el causante de esto más que nadie.
      Y es que será problema de los medios de producción más que del resentimiento y del creerse con derecho a todo, seguro que sí, no hay más que ver que pasaría si se los das a un bebe para su autoconsumo o produces lo que nadie quiere en el mercado.

      El Estado del Bienestar, ese que intenta hacer ver que el amor se basa en redistribuir cosas (riqueza en concreto obviamente) no en sentir. Un insulto a la inteligencia pues.

    2. Ho Pin ¿Sabes que contestan a eso?. Que es el Estado el que garantiza la competencia. Sin Estado los panaderos y tenderos se cartelizarían para fijar precios y sólo los ricos podrían comer y vestir.

      No entienden la imposibilidad de coordinarse en un cartel y los grandes incentivos para romperlo, que si existe es derivado de la violencia y/o de las barreras legales, tampoco entienden que si Amancio es rico es porque ha hecho rico a millones de clientes, o que si el pan ha dejado de ser básico es consecuencia de la oferta descentralizada y competitiva de calidades, precios e ideas.

      El artículo es muy bueno y de una forma breve y concisa resume el libro “una revolución liberal para España”.

      El mayor enemigo del Estado de Bienestar supongo que es el envejecimiento de la población y no los liberales.

  4. Ahora bien, en principio este mismo razonamiento podría valer para muchas otras áreas de nuestras vidas: la alimentación, la ropa, las viviendas, los electrodomésticos, los automóviles, la televisión, los ordenadores personales, la telefonía o internet son bienes y servicios provistos por el sector privado que sí resultan accesibles para la inmensa mayoría de la población.

    Los automóviles propiamente dichos sí son provistos por el sector privado. Pero las calles y carreteras para que circulen son provistos por las Administraciones Públicas. Y en el caso de los automóviles que aparcan en la calle, su aparcamiento también está provisto por los Ayuntamientos. Todo esto supone unas tremendas subvenciones “en especie” al uso del automóvil.

    Tampoco vendría mal un debate sobre la posible privatización del uso y aparcamiento de los automóviles.

    Los automóviles son los artefactos que más promueven la mentalidad antiliberal.

  5. Te sigo desde hace tiempo y te tengo en alta estima intelectual y académica. Pero en mi opinión pecas de lo mismo que criticas, y es de un sesgo ideológico, casi dogmático, y argumentas desde un punto de vista muy teórico. .

    Si ya es un coñazo el estar cambiando de compañía telefónica, eléctrica, internet etc. a cada oferta, trampeo, etc. de las empresas, imagina hacerlo con la Sanidad, donde además el “coste” de equivocarte de proveedor es ireversible.

    Si miras las estadísticas en UK donde el gobierno está promoviendo que la gente cambie más a menudo de compañía eléctrica para que así bajen los precios, verás que la razón principal por la cual la gente no lo hace es 1) Falta de tiempo 2) Poca confianza en que el retorno por ese coste de tiempo valga la pena.

    El libre mercado funciona en sectores donde esa disrupción de la que hablas genera eficiencias en costes y avance tecnológico. Hemos llegado a un punto de avance tecnológico tal, que esa disrupción se está volviendo en nuestra contra, donde eficiencia en coste significa aumentar márgenes de beneficios sin necesariamente conllevar ninguna mejora de la vida de los ciduadanos (si acaso lo contrario). Una disrupción en servicios como Sanidad sólo disrumpe la vida cotidiana de la gente.

    1. Es conveniente un monopolio porque así no me rompo mucho la cabeza … ¿No será esto sin duda una de las mayores lacras del Estado de Bienestar?. ¿La comodidad como base de la mediocridad?

      Si alguien no quiere perder tiempo buscando una alternativa para mejorar su vida que no lo haga (que lo dudo), pero a mí dame la opción de elegir no sólo entre una amplia variedad de proveedores, sino de poder competir y ofrecer otra alternativa. Libertad de elección y libertad de entrada. Ser individuos mejor informados, más exigentes y menos dependientes.

      Hacer lo mismo con menos y minimizar lo innecesario también es bienestar y disrupción. Supone un menor coste de oportunidad liberando recursos hacia otras actividades.

  6. Jorge NODA BENITEZ,

    “Si ya es un coñazo el estar cambiando de compañía telefónica, eléctrica, internet etc. a cada oferta, trampeo, etc. de las empresas, imagina hacerlo con la Sanidad, donde además el “coste” de equivocarte de proveedor es ireversible.”

    Argumento muy endeble.

    Como a ti te parece un “coñazo el estar…”, le prohibes al de al lado poder hacerlo.

    Por la misma regla de tres, el de al lado tuyo puede argumentar, EXACTAMENTE lo mismo, para prohibirte que puedas elegir ropa o alimento (por ejemplo), y obligarte a que sea el Estado tu proveedor único.

    1. Pero es que yo no he hablado de prohibir el libre mercado en esos sectores, hablo de no desmantelar el público como propone el autor del artículo.
      Rallo parte de la premisa de que para poder haber un verdadero mercado libre de verdad, la gente tiene que dejar de ser expoliada por los impuestos y tener más dinero disponible, y por tanto primero debe desaparecer el sistema público.

      Lo de “un coñazo” es una forma de hablar. Pero tú me entiendes, en sectores teóricamente libres se dan asimetrías de información, llegando a un punto en el que resulta cuestionable si realmente eso es beneficioso para la población. Me sorprendería que no hayas tenido ninguna mala experiencia con compañías telefónicas o eléctricas a la hora de coger ofertas o cambiarte de una a otra… Más que nada porque en esa “competitividad” lo que acabaría imponiendose es la parte comercial para captar clientes, incentivada por resultados, lo que conlleva confusión y “coñazo”. A eso me refiero.

      Por no hablar de que esas disrupciones de las que habla Rallo con “cost focus” (Porter) tiene repercusiones inexorables en el mercado laboral, y por tanto también en nuestra renta disponible y calidad de vida. Por ejemplo en unos años habrá desaparecido el 35 por ciento de la fuerza laboral manual y el progreso tecnológico destruirá netamente empleos por primera vez (Deloitte).

      Lo de las pensiones es para mear y no echar gota. Tan insostinble son por cuestiones demográficas y cuestión de mercado de trabajo, como también es cierto que en Reino Unido por ejemplo el 90 por ciento de planes de pensiones privados no tiene suficientes activos para respaldar las pensiones y que ha tenido que ser el Estado británico mediante el Pension Protection Fund quien ha tenido que rescatarlas cuando han quebrado (la última hace un mes).

      1. En otro comentario lo he enlazado pero seguro que resulta de su interés:

        “El mercado no es superior al estatismo porque los agentes nunca fallen, sino porque los inexorables errores individuales están acotados (no afectan a la totalidad de la economía, sino a partes más o menos amplias), se reconocen al margen de la tozudez de quien toma decisiones (merced a quiebras empresariales) y pasan a enmendarse por defecto (recolocación de los factores productivos tras la quiebra) y porque sus aciertos se producen al margen de la voluntad y de la brillantez de sus miembros (gracias al sistema de precios)”

        Aquí el resto de este brillante artículo de Rallo sobre uno de los asuntos que peor entienden los estatistas. Le va a resultar de sumo interés:

        http://juanramonrallo.com/2011/10/%C2%BFnecesita-un-mercado-libre-de-agentes-racionales/

        Los liberales nos oponemos a cualquier rescate público y coactivo. Sólo genera incentivos perversos y comportamientos oportunistas. Quien no ha invertido en esos planes de pensiones termina pagando las malas decisiones ajenas (el contribuyente) y por supuesto existe el riesgo moral de tomar riesgos desproporcionados (tanto por parte del vendedor como del comprador) y de mantener una actitud irresponsable, pasiva e ignorante porque ya me rescatará el Estado si no acierto.

        Por cierto, yo jamás invertiría en un plan de pensiones de un banco. Hay alternativas mucho mejores de ahorro, pero se trata de otro de los fallos de esta bendita educación estatal: la completa ausencia de educación financiera. No ahorréis, no seas independientes y autónomos, nosotros nos encargaremos de proporcionaros la pensión.

          1. Y otro buen artículo sobre el ludismo de otro autor -Perdona que lo coloque en comentarios separados pero el blog no me deja poner más de un enlace en un mismo comentario-.
            http://www.elblogdedaniel.com/mito-9-ludismo-robotizacion/

            Tal vez conoce la anécdota de Milton Friedman cuando viajo a China.
            Y lo llevaron a ver un proyecto de infraestructura y miles de trabajadores con palas estaban construyendo un canal. Friedman asombrado preguntó por qué no había ni una sola excavadora o equipo mecanizado para mover la tierra y un funcionario público respondió: “Las palas crean más trabajo”
            Friedman respondió: “Entonces, ¿por qué no usar cucharas en vez de palas?

        1. Requiem, es difícil y deprimente ahorrar con un dinero tan malo como la peseta o el euro. Es mucho más sensato despilfarrar y dar gañotazos y vivir del cuento, mientras el dinero tenga tantos defectos.
          Por otra parte, y dadas las circunstancias, este absurdo que es ahorrar e invertir y partirse la cara para defender lo tuyo tiene mucho más mérito que el que tendría si el dinero fuera de mejor calidad.

          1. Sí, es lo que comentaba Rallo es su ponencia sobre el patrón oro que reduce la incertidumbre en materia de precios, tipos de cambio y tipos de interés a largo plazo a diferencia de la moneda fiat. O la animadversión que tiene el Estado hacia el ahorro al ser fuente de autonomía e independencia de las personas.

            He estado buscando información sobre el rescate del Gobierno británico a los planes de pensiones privados que comentaba @Noda Benítez y no he encontrado nada ( no es que sea muy bueno buscando información en ingles :) ). Sólo que hace unos días quebró una empresa de venta minorista (BHS) y su plan de pensiones presentaba un importante déficit.

  7. requiemsoul, sí muy buena de Friedman apesar de ser
    monetarista :)

    Esto pasa desde que el dinero está tan ligado tanto al trabajo (véase salarios) como a la subsistencia, por eso no entienden o no aceptan no tener trabajo cuando el trabajo lo ejerce la maquinaria.

    Hasta que la gente no entienda que en el fondo es un problema de producción necesaria o deseada (esto incluye ahora más que nunca servicios) tanto para uno mismo (autoconsumo) como para los demás (mercado) seguirá viendo al trabajo como los calvinistas.

    Todo lo que implique trabajo es virtuoso pero claro si lo ejerce una máquina no.
    Me hace gracia eso de que les quitan trabajo en lugar de ver que su finalidad es aumentar la productividad a la hora de producir.

    Pero, independientemente de eso…

    ¿se te puede quitar algo que nunca has tenido?

    En fin, se contesta solo eso.

    Hay quien siempre ha buscando independizarse de los demás cuando no le interesa depender y depender de los demas cuando no le interesa independizarse.
    Ya sabes de que lado del espectro político hablo.

    Cuando depender o no-depender debe de ir acorde a las circunstancias no acorde a algo arbitrario y separado de estas.

    Quizás de ahí su relativismo moral.

    Por eso sus contradicciones son innatas.

    Lo que nunca entenderán sobretodo porque no les conviene sino ya no se comerian un colín con su ideología (como debería ser), es que ni siquiera en el feudalismo la gente se quejaba de la dependencia con los demás tanto.
    Era más en la esclavitud forzada (para que se entienda mejor) porque ésta implicaba coacción, violencia y expolio.

    De esto se puede decir que no es la dependencia el problema sino un trato ilícito sin contrato lícito.

    A pesar de que por ser personas (no por ser hombre o mujer) existen derechos negativos iusnaturales que tiene sentido que sean iguales al tener de forma natural semejanzas como especie, el ejercicio o el resultado de tales derechos no tiene porque ser igual.

    Tener derecho a que te dejen ganarte el pan no es tener derecho a que te dejen ganarte el pan que se ha ganado otro antes o a ganarte un pan igual.

    Digamos pues, que el ejercicio o resultado de llevar a cabo un derecho evidentemente puede requerir de un orden natural.

    El creer que tienes (ya no derecho a existir para que no suene mal) sino derecho a un trabajo por el mero hecho de existir eso puede ser realmente peligroso para la socialización porque puede generar resentimientos perpetuos o actos violentos (la gente podría incluso forzarte a que les des empleo y remunerado obviamente).

    Esta pasando hoy en día con el paro que hay, como la gente se revoluciona de una manera que incluso asusta al más pintado.

    Y es que no lo quieren ver pero la necesidad o el deseo no genera un derecho (mucho menos automático) y tampoco una obligación ajena.

    Estas cosas precisamente son las que servirían de marco para que la gente no confundiera la libertad con la irresponsabilidad de sus vidas.

    Y para terminar, decir que es realmente triste este país en algunos aspectos, desde la crisis el número de lavado de cerebros ha aumentado de forma bestial.

  8. Estos son los buenos artículos de Rallo: “pase y zas directo a portería” en términos futbolero.
    A seguir dando la batalla.

  9. Me gustaría resaltar que eso de “Estado del Bienestar”, “gastos sociales”…etc no existe en la realidad.

    Son conceptos abstractos que pueden englobar muchas cosas.

    (lo cual favorece que cada uno interprete esas palabras según sus apetencias, y que los contenidos difieran de persona a persona)

    Cuando hablamos de Estado del Bienestar, lo primero que viene a la cabeza es
    la educación, la sanidad, el seguro de desempleo y el subsidio de desempleo…y poco más.

    Pero lo cierto es que hay un montón de iniciativas, con más o menos fortuna que pagamos todos con los impuestos y los trabajadores y empresarios con las cotizaciones y que no sabemos que existen y que desde luego no son necesarias.

    ¿Cuánto dinero de los demás pensamos que va a ir a nuestros bolsillos (si votamos a quien hay que votar) y cuánto es el que de verdad recibimos ?

    ¿Cuánto dinero que creo que va a ir para mi y cuánto dinero se pierde en el camino para pagar políticos y funcionarios (el que parte y reparte…y encima no les controla nadie)?

    ¿Cuánto dinero ganado con el sudor de mi frente aporto y cuánto recibo de verdad en forma de beneficios sociales?

    ¿Si yo estoy obligado a aportar, por qué los que reciben no se esfuerzan como nos esforzamos los demás para salir adelante y ayudar a los que no han tenido tanta suerte? (yo no he heredado nada y lo que tengo me lo he trabajado yo, sin ser especialmente inteligente ni trabajador, como el resto de las clases medias). Por cierto, que la educación, que nos sale carísima, es justamente para mejorar la suerte del nacimiento, no para seguir igual.

    ¿Cuánto ganan los políticos y funcionarios que parten y reparten? (más que yo, seguro)

    Con la crisis hemos visto que no funciona (la gente está desprotegida cuando llega la hora de la verdad).

    ¿Sabe la gente que a los primeros a los que se ayuda es a los inmigrantes por razones obvias (están más necesitados porque son pobres, no saben hacer nada y muchos casos ni siquiera hablan la lengua). Y las fronteras están abiertas? (es decir, son ayudas sociales que siempre se necesitan mientras haya un emigrante que se cuele por la frontera)

    (por cierto, por qué tengo que subvencionar con el fruto de mi trabajo (los “gastos sociales”) a un rico su criada extranjera si yo no me puedo pagar una)

    ¿Es Estado del Bienestar que yo tenga que pagar a Miguel Bosé (por decir un nombre) o a Toni Cantó (por decir otro )para que actúen?
    Y de paso hacen publicidad política (contraria a mis intereses ) con mi dinero extorsionado.

    ¿Cuánto dinero de este “Estado del Bienestar” y “ayudas sociales” sale del país para enriquecer listos bien conectados de este país -las ayudas al “desarrollo”- o a la oligarquía del país de ayuda? (y yo creyendo que el Estado del Bienestar era para mi)

    ¿es bueno para la cohesión social fomentar la envidia, la codicia de los bienes ajenos y la falta de emprendimiento? (recuerdo que tenemos 6000000 de parados porque no hay empresas para contratarles -y ellos evidentemente no quieren montar una, aunque sea de las de mesa y teléfono-)

    ¿Es bueno para el país que las cosas no funcionen?
    (la cultura del funcionariato, que no tiene control real de su efectividad, y la cultura del recibir gratis, que no controla la relación calidad/precio, hacen que se haya creado una cultura social de que las cosas no funcionan)

    ¿Es bueno fomentar así la corrupción? (mientras no me robe a mi y haga cosas por la aldea que no me cuesten al bolsillo…)

    ¿Es bueno para el país tener políticos votados porque nos hacen creer que van a robar a los “ricos” para dármelo a mi; y no políticos que demuestran buenos resultados de gestión? (Andalucía y Extremadura)

    ¿Tengo que subvencionar con mis impuestos a quien tiene playstation, coche, casa en el pueblo, móvil de última generación, se va de vacaciones en crucero a los fiordos noruegos y pasa la luna de miel en Cancún… (son casos reales); y que naturalmente les sabe a poco y quieren más porque estamos en la sociedad del consumo y siempre hay algo para consumir (especialmente si pagan los demás )

    Ya sabemos que a pesar de lo que nos cuesta, no funciona ni la educación, ni la sanidad, las pensiones (ya verás lo que va a pasar dentro de un par de años cuando empiezen a reclamar pensiones los jubilados del boom de los años “60”, que encima no tuvieron hijos) y la dependencia (que tenemos que pagar los demás, pero la casa del anciano o del disminuido va para sus hermanos o primos, que no han querido ocuparse de su pariente); el desempleo (en parte por el trabajo en negro)…

    En fin.
    Lo asombroso es que hay gente (políticos) que insiste en que tenemos que regenerarnos….cambiar todo…un gobierno de izquierdas….
    Pero yo no veo medidas concretas para lograr tanto bien.

    ¿no será en que insisten en manipularnos con humo?

    Elemental, querido Watson: los políticos nos han visto con cara de tontos y obran en consecuencia.