Brexit: ¿hacia una Europa más liberal?

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La mayoría de británicos votó ayer a favor de abandonar la Unión Europea. Se trata de la primera vez que un país se separa de ese proyecto de integración política llamado a constituir los “Estados Unidos de Europa”. Para muchos, nos hallamos ante una herejía que atenta contra el espíritu de los tiempos: lejos de avanzar hacia la irremisible unificación estatal, los británicos se han plantado ante la historia para conservar estructuras políticas más descentralizadas. Para otros, justamente por ello, el Brexit constituye una oportunidad para revertir la expansiva centralización administrativa que ha venido caracterizando a la Unión Europea durante las últimas décadas: olvidarnos de megalómanos Estados europeos y apostar, de verdad, por una sociedad y una economía europeas. Mas, por muchas oportunidades esperanzadoras que ofrezca el Brexit, no deberíamos soslayar los más que ciertos riesgos a los que también vamos a enfrentarnos a partir de hoy.

Las oportunidades del Brexit

La primera buena noticia que nos trae el Brexit es la de recordarnos algo que jamás deberíamos haber olvidado: la UE no es —ni debería ser— un Estado soberano que anule la autonomía de las unidades administrativas inferiores para imponer con mayor eficacia cartelizadora las preferencias de las élites gobernantes. La UE es —o debería ser— un club que se integre voluntariamente por los beneficios que proporciona a sus ciudadanos. El Brexit constata que éste no es un supuesto meramente teórico, sino real: a partir de hoy, otras sociedades podrán plantearse seguir ese mismo camino en caso de que la eurocracia bruselense continúe incrementando los costes de la permanencia (y, por ello, la propia eurocracia puede volverse más cuidadosa a la hora de avanzar hacia un exceso de integración política no deseada por la mayoría de europeos).

La segunda buena noticia del Brexit es que, a partir de hoy, se impone la necesidad de estudiar procesos de integración social y económica que no vayan de la mano de esos procesos de integración política. Son muchos los ciudadanos que identifican absolutamente Estado, sociedad y mercado (bajo la falaz idea de que los Estados crean las sociedades y estructuran los mercados). La globalización debería habernos demostrado que esto no es así: a saber, que la sociedad y la economía globales desbordan las estrechas fronteras de los Estados nacionales y que pueden, en gran medida, autoorganizarse al margen de sus políticos: en la actualidad, muchos de nosotros interactuamos más con personas o empresas “extranjeras” que con nuestros “compatriotas”, esto es, convivimos más con personas con las que no nos une ningún nexo político que con otras con las que estamos atadas por una misma “soberanía nacional”. Para todos aquellos que aspiran a globalizar la política para acotar y controlar la globalización social y económica —el socialismo paneuropeísta—, el Brexit es una mala noticia, pues socava uno de los mayores proyectos de cartelización estatal actualmente existentes (la Unión Europea) y nos empuja a plantearnos alternativas a la misma que son, precisamente, las que deberían haber constituido el ADN de la Unión Europea (libertad de movimientos de mercancías, capitales y personas sin una autoridad central que controle y regule esa libertad).

Y, tercero, el efecto dominó de la descentralización política no se detendrá en el Brexit: muy probablemente Escocia —en su mayoría pro-UE— reavivará sus pulsiones secesionistas de Gran Bretaña, mostrando así al resto de Europa que las fronteras estatales heredadas no son ni naturales ni inmutables, sino que deben adaptarse a las necesidades y preferencias de cada grupo social concreto. En lugar de imponer una mayor homogeneidad política ante la diversidad de opciones que nos ofrece la globalización, el Brexit bien puede contribuir a azuzar el imprescindible reconocimiento de que las estructuras estatales deben adaptare para respetar la heterogeneidad existente dentro de nuestras sociedades cada vez más plurales.

En suma, el Brexit supone un duro revés a la centralización reduccionistamente homogeneizadora de la política y una oportunidad para avanzar hacia formas de organización política autónomas más adaptables y cercanas al ciudadano. Por eso, muchos liberales celebran el Brexit frente a la tristeza de muchos socialistas cosmopolitas a fuer de supraestatalizadores. Sin embargo, sería del todo ingenuo pensar que el Brexit sólo nos ofrece oportunidades de mejora: los riesgos de empeoramiento son, al menos, igual de elevados.

Los riesgos del Brexit

Como hemos dicho, son muchos los que confunden Estado, sociedad y mercado: y de esa totalizadora identificación emergen los principales riesgos del Brexit. A la postre, si Estado, sociedad y mercado deben coincidir por la fuerza, entonces bien podríamos encontrarnos con un rearme proteccionista entre Reino Unido y el resto de Europa: esto es, bien podríamos encontrarnos con una improcedente identificación entre la autonomía política de Gran Bretaña y la autarquía social y económica de Gran Bretaña (o, en el lado europeo, identificar la salida de Reino Unido de la unión política europea con su salida de la unión económica y social).

No me cabe ninguna duda de que muchos de los que han apoyado el Brexit son peligrosos nacionalistas xenófobos antiinmigrantes: personas que han defendido el abandono de la Unión Europea como una oportunidad de oro para cerrar fronteras y replegarse ante la globalización. Tampoco me cabe duda de que muchos eurócratas tratarán de castigar la “traición” británica negándoles a los británicos todos los beneficios que lógicamente se derivan de su libre comercio y libre tránsito con el Continente. Lo peor que podría ocurrirnos ahora mismo es que vivamos un rebrote del nacionalismo antieuropeo y antiglobalizador (los viejos fascismos con nuevos rostros): es decir, lo peor que podría sucedernos es confundir europeísmo con unioneuropeísmo y, en consecuencia, anti-unioneuropeísmo con anti-europeísmo. Justo por ello, muchos liberales confiaban en que Reino Unido permaneciera en la Unión Europea: porque preferían la certeza de un socialismo supraestatalizador al riesgo de un fascismo nacionalista.

Se requerirá de mucha pedagogía y altura de miras para disociar integración política de integración social y, por tanto, para que la visión liberal de la sociedad triunfe sobre los instintos fascistoides de muchos británicos y europeos: pedagogía entre una población demasiado poco liberal en demasiadas ocasiones y altura de miras entre unos políticos que deberán reconocer que, en el fondo, no son necesarios (esto es, que los beneficios que hoy nos proporciona la Unión Europea pueden mantenerse sin la estructura política que hoy representa la Unión Europea).

Por eso, el Brexit sí abre un período de incertidumbre en el que, obviamente, los mercados financieros temblarán: una pugna entre primitivos instintos comunitaristas y modernos valores liberales. Si aprovechamos el Brexit para descentralizar intensamente la administración al tiempo que mantenemos la globalización, entonces avanzaremos hacia un mundo mucho más libre y próspero; si, en cambio, el Brexit da alas a los populismos nacionalistas antiglobalización, entonces el desastre social y económico derivado del Brexit puede terminar siendo mayúsculo.

Así pues, las consecuencias del Brexit, para bien o para mal, dependerán de la nueva arquitectura institucional europea que comience a tejerse a partir de este día 24 de junio de 2016. El futuro pertenece a los valientes y, a mi juicio, sería un error típicamente conservador perseverar en la defensa de un statu quo subóptimo por blindarnos frente a cualquier riesgo de empeoramiento: pero debemos ser conscientes de que ese riesgo existe y de que es ahora cuando debemos extremar los esfuerzos por combatirlo. La campaña no debería haber sido contra el Brexit, sino contra aquellos que pretenden instrumentar el Brexit y el Bremain para recortar las libertades de británicos y europeos. Ni socialismo supraestatalizador, ni fascismo nacionalista y proteccionista: liberalismo cosmopolita y respetuoso de la autoorganización política descentralizada.

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20 comments

  1. Estoy seguro que pragmatismo británico acabará imponiéndose, pero temo que Europa navegue por un mar intervencionista, populista y nacionalista de todo pelaje durante bastante tiempo.

    El Brexit ha sido un referéndum de política migratoria para limitar la libre circulación de personas. La profusión legislativa de Bruselas o la contribución al presupuesto comunitario han sido motivos marginales.
    Muy pocos han votado esta opción por razones liberales.

    Un referéndum es interesante para decidir a nivel local el nombre que ponemos a las calles, si la chavalería puede alcoholizarse en el parque y otros asuntos menores relacionados con bienes comunales/públicos. Consecuentemente, no soy un gran defensor de someter a votación directa cuestiones de enorme relevancia pero, ya que se vota, me parece una irresponsabilidad que sea por mayoría simple (sólo el 36% del cuerpo electoral lo ha respaldado).
    Sea cuál sea el resultado es una auténtica lotería con un bombo lleno de mentiras, falta de rigurosidad, sentimentalismo barato y demagaogia que generalmente polariza y radicaliza a la población.

    Hoy se han “evaporado” en España 60.000 millones de euros y UK ha perdido en 8 horas más de lo que ha aportado al presupuesto comunitario en 15 años. Nos deberíamos haber preocupado un poco, no?

    1. Pero sé sensato, requiem. ¿Qué habría cambiado nuestra preocupación? ¿Qué podríamos haber hecho para influir en el voto? ¿Ponernos de rodillas y suplicar: por favor, no nos dejéis solos con los franceses y los alemanes, tened piedad de España, ese sitio al que venís a emborracharos y a ligar con emigrantes colombianas?

      No se ha perdido nada. Los negocios buenos sobrevivirán y los malos perecerán. Así tiene que ser. ¿Qué sentido tiene lamentar cosas que quizás acaben beneficiándonos y que no está a nuestro alcance influir en ellas?

      La gente debe aprender a ignorar a los medios de comunicación. Seguro que hay ahora mismo abuelos españoles con un ataque de ansiedad porque tienen a los nietos en GB haciendo la tesis doctoral, y se pensarán que van a acabar en la cárcel o descuartizados por las masas de nacionalistas UKIPeros. Eso es lo que pasa cuando se ve mucha televisión.

      Vale ya chorradas fragilistas. Mucho más se pierde cuando la gente muere en accidentes de tráfico, y nadie se pone a lloriquear, porque los cabrones de los periodistas no les han dado la orden de lloriquear. Eso nunca se tiene en cuenta, y es el Estado el que se ocupa, por desgracia, de la seguridad de las carreteras.

      1. Pero Colombo…. siempre me llama la atención la adoración que procesáis los liberal-libertarios a cualquier cambio siempre que sea unilateral. ¿No hubiese sido mejor negociar o cambiar desde dentro la UE?. Además, Reino Unido ya tenía un trato de favor, tiene soberanía monetaria y ni siquiera pertenece al Acuerdo Schengen.
        En vez de optar por una vía incremental se ha optado por una vía rupturista que ha generado una incertidumbre y una destrucción de riqueza que ríete tú de la falacia de la ventana rota.
        No sé, a veces me recordáis a Meñique de Juego De Tronos, que desea acabar con todos los gobiernos de Poniente para que surga un nuevo comienzo liderado por él.
        O quizá – y es algo que he detectado en bastantes liberal- libertarios- sois de natural optimistas :))
        Yo soy bastante más miedica.

  2. Rallo no toca el tema de Londres como ciudad-estado independiente.
    Suena raro, pero si los londinenses quieren seguir, no sé por qué deberían conformarse con la decisión de los demás. La democracia hace aguas por todas partes.

    1. Sí se pronunció Rallo sobre la independencia de Londres, pero no en el artículo, sino en twitter:
      https://twitter.com/juanrallo/status/746377801763262464

      “No sólo avanza el independentismo escocés, sino londinense: vozpopuli.com/actualidad/84855-el-alcalde-de-londres-recibe-una-peticion-para-que-convoque-un-referendum-de-independencia … Sería magnífico tener una ciudad autónoma de Londres”

      Lo gracioso será cuando los progres londinenses quieran levantar un muro para proteger su cultura y civilización de los horribles mercaderes. El trumpismo está en lo más hondo de todos los corazones progresistas.

      El racismo no es el miedo a otras razas, sino el miedo a perder el control.

  3. RALLO UTILIZA LOS ARGUMENTOS FASCISTOIDES DE LOS SEPARATISMOS VASQUISTA Y CATALANISTA.

    La Teoría del Club es una patraña. Ni Europa ni España son un club.

    La Teoría de la Administración Pública Cercana al Ciudadano es una chorrada. Los 5 niveles de AAPP son igual de cercanos, cada uno con sus competencias.

    La centralización es cojonuda como demuestran todos los días los empresones del mundo. Por ejmplo, Inditex. Otro ejemplo es la Iglesia Católica.

    Rallo es pro-Brexit y, por tanto los anti-inmobiliarios estamos encantados de la vida con él, pero torcidamente, en clave CUANTO PEOR MEJOR.

    1. La centralización es buena para los que están amorrados al pezón. Es mala para los que ponen el pezón. Si piensas que los esclavos que financian toda esta juerga viven en el mejor de los mundos posibles, entonces es que tú estás amorradísimo al pezón y no quieres destetarte. Es comprensible, pero deja de dar lecciones de ética al contado.

    2. ¿Centralizados los empresones del mundo? Obviamente no sabes de lo que hablas.

      Patraña, argumentos fascistoides, chorrada, CPM…y dices, pisitos, que venís aquí con IDEAS???

      Vómitos sulfurosos traéis.

      Os echaremos al pilón.

    3. @Hipercínico.

      Más bien la crítica del liberalismo procede de la coacción de la planificación estatal.
      Pero una empresa tiene total libertad para planificar su organización: más jerárquica y centralizada o todo lo contrario.

      Sobre los niveles regulatorios, en mi opinión, sobran dos o tres (Diputaciones y CCAA) pero tiene razón que la cercanía al ciudadano puede ser una arma de doble filo: se puede controlar mejor al político/funcionario pero también puede ser más fácil capturar al regulador. No hace falta ni mencionar la cantidad de redes clientelares y corruptelas que hay en las diputaciones y ayuntamientos.

    4. La teoría del club no es una patraña.

      Es una buena metáfora para explicar algunas características de la UE.

      Para explicar España no sirve ni como mala metáfora.

      La cercanía o lejanía de la administración al ciudadano no es una teoría, en todo caso será una característica de dicha administración que habrá que ver como se mide antes de hacer consideraciones.

      El Ayto. de mi pueblo lo tengo más cerca que Estrasburgo en términos de distancia física. Pero ambos están a un clic de email.

      Habrá que aclararse un poco sobre los indicadores y su medición para discutir ideas.

  4. Hacéis muy bien en dedicar vuestra energía en contrarrestar al rojo de mierda del pisitos. Que personas de tanto peso intelectual se dediquen a ello prueba cuán grande es el pisitos.

    Pero curiosamente no habéis dicho una sola palabra sobre lo importante:

    RALLO ESTÁ POR EL BREXIT Y, como España no puede irse de la UE sino exactamente todo lo contrario, EL ROLLO ANTEUROPEÍSTA DE RALLO HACE QUE RESULTE ANTI-BURBUJA ESPAÑOLA, AUNQUE EN CLAVE CUANTO PEOR MEJOR.

    Conforme vayan pasando los dias iréis viendo la profundidad del Brexit. Vuestra ceguera es total, con tanta tonteria anti-sector público.

    Una pregunta nimia: ¿vuestras injurias y calumnias al Estado y al funcionariado incluyen a la GUARDIA CIVIL?

  5. SOIS GENTUZA.-

    Vaya mierda de foro es este lleno de gentuza que odia a los servidores del Estado.

    Os alegráis del Brexit.

    A Rallo le está cambiando la cara.

    Maltratais a quien no piensa como vosotros.

    Iros a la mierda.

    Ni Hipercínico ni leches. Me niego a escribir en esta basura.

    ¡Cerdos!

    1. Podrías, si quisieras, tomar nuestras diferencias de opinión con caballerosidad y parsimonia. Está a tu alcance comportarte como un adulto.

      Nadie te obliga a escribir. No has pagado nada por tener el dercho a escribir. Nadie te paga nada para que escribas. No perderás nada. Tus comentarios no le gustan a nadie, y nadie los echará de menos. Solo tú echarás de menos escribir. Y volverás a escribir, como ha pasado las últimas cinco veces que has hecho un ragequit.

      La verdad es que no necesitas insultar a nadie para expresar tu punto de vista. Y si alguien te responde insultándote, basta con ignorarlo. Convivir en internet es muy fácil.

    2. Con esta tropa tan membrilla y flojeras el movimiento pisitófilo creditófago está acabado.

      ¡Qué poca sustancia conceptual! No hay chicha.

      ¡Qué poca correa! No hay cintura.

      ¡Cuánta soberbia gratuita! Solo repetís consignas en mayúsculas.

      Y vuestro profeta tocándose las pelotas en Sotogrande mientras os envía a una carnicería.

      Rebelaros contra la tiranía.

      Os ayudaríamos pero preferís ser siervos de los dos totalitarismos que os infectan, el centralismo totalitario liberticida y el fundamentalismo religioso.

        1. Las ciudades pequeñas deberían pasar a ser reinos autónomos gobernados por monjes guerreros. Valores tradicionales.