Comparativa de los programas de déficit para el 26J

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España sigue soportando un elevado y preocupante déficit público de 50.000 millones de euros. Probablemente, tras varios años de tranquilidad financiera, hayamos perdido la noción de los problemas de solvencia en los que sigue inserta España: baste decir, acaso para recuperar parte del sinsabor perdido, que en el año 2012 nuestro país estuvo a punto de quebrar por un desequilibrio presupuestario de 100.000 millones: sí, 100.000 millones de euros frente a los 50.000 con los que aún cargamos hoy.

En otras palabras, no estamos ni mucho menos fuera de la zona de peligro: de momento, todavía nos queda por delante un esfuerzo equivalente al que hemos experimentado durante los últimos cuatro años. De ahí que una de las prioridades de todas nuestras formaciones políticas de cara a las próximas elecciones generales debería ser la de articular un plan convincente para cuadrar de una vez ingresos y gastos. Pero, por desgracia, no es así: ninguno de los grandes partidos muestra el menor interés real por explicarnos cómo piensa acabar con el déficit. En el mejor de los casos, sólo se abstienen de prometer multiplicarlo.

De entrada, Unidos Podemos presenta, como de costumbre, el programa más peligrosamente irreal. La formación morada ambiciona acabar con las políticas de austeridad por la vía de aumentar los gastos en 100.000 millones de euros y los ingresos en 120.000. Adiós a los recortes para ajustar las cuentas: sablazo tributario inmisericorde sobre familias y empresas para poder sobredimensionar el tamaño del sector público. O eso aseguran. Evidentemente, un político puede controlar el volumen de gastos que coloca en el presupuesto, pero de ningún modo puede manejar el de los ingresos tributarios: por eso, el escenario más verosímil bajo un gobierno de Podemos sea un déficit público muchísimo mayor al actual. De ahí, por cierto, su sempiterno compromiso con la reestructuración de la deuda pública: “impagaremos la deuda para volvernos a endeudar en masa”. Una terrible combinación, esa de mezclar la reestructuración de deuda con el sobreendeudamiento, que sólo nos conduciría a la suspensión de pagos: sobre todo, en el marco de una Unión Europea que se opone frontalmente a una indisciplina presupuestaria tan extrema.

Por lo que respecta al PSOE, los socialistas también han prometido acabar con la austeridad del gasto en un sentido similar al de Podemos: a saber, más desembolsos estatales financiados con muchos más impuestos. Con todo, a diferencia de los de Pablo Iglesias, el PSOE propone cifras algo más realistas: incrementos de gasto sustancialmente menores (en el entorno de los 30.000 millones de euros) que podrían sufragarse en parte con su alza tributaria. Aun así, el efecto inicial de las políticas socialistas también implicaría una sustancial elevación del desequilibrio presupuestario, lo que nos colocaría en una situación de vulnerabilidad frente a Europa: sería imprescindible renegociar los objetivos de déficit y es dudoso que Bruselas nos lo tolerara habiendo alcanzado ya el 100% de deuda sobre el PIB.

Ciudadanos, por su lado, ha elaborado un programa en el que aparentemente se respeta con rigor el cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. La formación naranja es consciente de la importancia de respetar la palabra dada a Europa y, por eso, combina sus incrementos del gasto (cercanos a los 10.000 millones de euros) con aumentos de los ingresos (subidas de impuestos a las empresas). Sin duda, uno podrá criticar las prioridades de Ciudadanos (aumentar el gasto asistencial a costa de penalizar la inversión empresarial en España), pero al menos no socavan significativamente la reducción del déficit.

Por último, el Partido Popular ha anunciado que seguirá bajando los impuestos al tiempo que aprobará ciertos aumentos menores del gasto público (del orden de 2.000-3.000 millones de euros). Como es evidente, reducir los ingresos y aumentar los gastos es la fórmula perfecta para incrementar el déficit: sin embargo, los de Rajoy confían en compensar ese descuadre con la recaudación extraordinaria procedente del crecimiento económico. No se trata de un escenario completamente inverosímil pero, tras haber incumplido el déficit todos y cada uno de los años de la crisis, uno esperaría una menor indisciplina electoralista (esto es, o no bajar impuestos o bajarlos recortando el gasto). En todo caso, el posible incremento del descuadre presupuestario seria comparativamente mucho menor al del PSOE y, sobre todo, al de Podemos.

En suma, nosotros políticos parecen haberse olvidado de que todavía gastamos un 13% más de lo que ingresamos. El déficit ha desaparecido absolutamente de la campaña electoral y no porque haya dejado de ser un problema, sino porque la extraordinaria liquidez existente en los mercados financieros ha anestesiado la prima de riesgo y nos ha hecho olvidar la situación de pre-quiebra en la que nos hallábamos hace cuatro años. Mas, si no perseveramos en los esfuerzos por igualar ingresos y gastos, nada nos salvará de regresar a esa devastadora situación. Algunos incluso parecen empeñados en llevarnos a ella.

 

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