Comparativa de los programas de empleo para el 26J

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Uno de los mayores dramas a los que sigue enfrentándose la economía española es, sin duda, el del paro y el del empleo precario. España es una de las economías del mundo desarrollado con una tasa de paro más elevada (del 21% a finales del primer trimestre de 2016) y con una tasa de temporalidad más alta (el 25% de todos los puestos de trabajo son temporales). No se trata de un problema novedoo: la tasa de paro media desde 1980 ha sido del 17% y la temporalidad ha llegado a alcanzar el 35% incluso cuando crecíamos burbujísticamente en el año 2005.

La reforma del año 2012 supuso un paso en la buena dirección: por un lado, contribuyó a reducir la brecha entre contratos indefinidos y temporales; por otro, aumentó la flexibilidad interna de las empresas para que, ante una turbulencia económica, se minimizara la destrucción de empleo. Sin embargo, la reforma de 2012 se quedó corta: la dualidad entre modalidades contractuales sigue viniendo impuesta por ley; a su vez, empresarios y trabajadores continúan sometiéndose a unos convenios colectivos negociados por patronales y sindicatos en su nombre pero sin su consentimiento.

Por desgracia, las principales formaciones políticas del país no apuestan por concluir la reforma inacabada, es decir, por avanzar hacia un mercado más libre. Más bien al contrario: muchas de ellas abogan directamente por erradicarla para regresar al nefasto régimen laboral previo a 2012.

Así, Unidos Podemos es el partido que con más rotundidad apuesta por encorsetar las relaciones laborales de los españoles. Primero, aboga por encarecer y dificultar el despido. Segundo, pretende otorgar primacía a los convenios colectivos sectoriales por encima de los convenios negociados internamente en cada empresa. Tercero, incrementará la presencia de los sindicatos en las pymes con menos de diez trabajadores. Y cuarto, aumentará el salario mínimo interprofesional hasta los 950 euros mensuales en catorce pagas. En definitiva: más rigideces y costes empresariales que sólo contribuirán a frenar la creación de empleo o, incluso, a destruir parte de los puestos de trabajo existentes.

Por lo que respecta al PSOE, sus promesas son hasta cierto punto bastante parecidas a las de Unidos Podemos: reforzar la negociación colectiva de carácter sectorial, elevar el salario mínimo y promover la reinserción laboral mediante contrataciones públicas temporales. Afortunadamente, y a diferencia de Unidos Podemos, los socialistas no pretenden en principio encarecer el coste del despido ni controlar las empresas mediante una mayor infiltración sindical.

Ciudadanos es probablemente el partido que mejor perfilada y orientada tiene su propuesta de reforma laboral, por muy insuficiente que ésta siga siendo. Primero, la formación naranja apadrina la creación de un nuevo tipo de contrato con indemnización creciente: de este modo, los trabajadores fijos y temporales comparten de entrada las mismas condiciones contractuales, las cuales van mejorando conforme aumenten su permanencia en la empresa. Segundo, los de Rivera también proponen la llamada “mochila austriaca”: una indemnización por despido por la que va cotizándose mes a mes para que, llegado el momento del reajuste empresarial, la compañía no sufra sobrecostes extraordinarios derivados del despido. Tercero, Ciudadanos también pretende implantar un ‘cheque formativo’ que quede en manos del desempleado, para que sea éste —y no la administración pública— quien escoja cómo y dónde reciclarse formativamente.

A su vez, el Partido Popular no propugna ningún cambio relevante con respecto al marco de relaciones laborales actual. Su única propuesta para acelerar la creación de empleo pasa por incrementar las bonificaciones sociales y fiscales: eximir del primer año de IRPF a quienes encuentren su primer empleo; eximir de dos años de IRPF a los parados de larga duración que monten un negocio; y eximir de cotización a los primeros 500 euros de los nuevos contratos indefinidos. Los de Rajoy, pues, no ofrecen nada verdaderamente novedoso con respecto al statu quo: dado que España está creando medio millón de nuevos empleos anuales, la tentación de cruzarse de brazos parece haber sido demasiado fuerte.

Por último, conviene remarcar que todas las formaciones políticas han alcanzado una especie de consenso silencioso para machacar a los autónomos durante la siguiente legislatura. Tanto Unidos Podemos, como PSOE, PP o Ciudadanos defienden la necesidad de que los profesionales autónomos coticen por sus ingresos reales, impidiéndoles escoger su base de cotización como venía sucediendo hasta la fecha. Se estima que este sablazo “social” penalizará al 80% de los autónomos. Todo vale por saciar la voracidad tributaria del Estado.

En términos generales, pues, ningún partido se muestra dispuesto a tomar el toro por los cuernos: a saber, liberalizar el mercado laboral para maximizar la creación de empleo de calidad. En el mejor de los casos, se apuesta por mantener la situación actual; en el peor, por revertirla para regresar al marco de relaciones laborales previo a 2012. El mismo marco que ha condenado a España a ser el país con más paro y mayor temporalidad de todo el mundo desarrollado.

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4 comments

  1. En Dinamarca no existe salario mínimo interprofesional pero sí copago farmacéutico del 50-100%. Respecto a la situación en España, la conclusión es que, en Europa, todavía queda mucho por hacer.

    Reducir la tasa de desempleo se puede lograr con lo que algunos consideran “agresiones” contra el Estado del Bienestar, esto es, por un lado dejarse explotar por un cruel empresario que te pague 200 euros al mes en un país en el que ya no merezca la pena vivir, y por otro teniendo que abonar copagos para poder mantener los servicios públicos básicos.

    A la sociedad española en su conjunto no se le ha querido quitar la venda de los ojos por parte de los lobbies políticos y la oligarquía sindical, cuyos estatus se verían amenazados por una explicación de la realidad económica tal y como nos la ilustra el cálculo económico misiano.

    Al no poderse realizar dicho cálculo por parte de una sociedad coaccionada, la alternativa es decir amén a una situación en la que el paro y la precariedad hay que asumirlos a cambio de sostener unos servicios públicos deficientes de los que gran parte de la población no puede prescindir.

    Socialismo real.

  2. Al margen de que no es completamente al 100% como usted comenta, lo que pretendía resaltar es la divergencia que existe en nuestro país, y en otros muchos, entre la realidad socioeconómica y el deseo de transformación que se traslada a los ciudadanos desde el terreno político a cambio de nada, haciendo creer que se puede vivir con sueldos “dignos”, precios baratos y servicios públicos “libres y gratuitos”, sin asumir sacrificios porque el Estado proveerá.

    En Dinamarca existe pleno empleo pero también unos impuestos al consumo y al trabajo elevados con un un sistema de pensiones tangencialmente público, al margen del copago farmacéutico ya mencionado.

    La resultante final debería ser consecuencia de un proceso que culminara en la elección voluntaria por parte de cada ciudadano de su relación con el Estado, un Estado lo más reducido posible de cara a no interferir la libre cooperación entre partes.

    Que nos venga impuesto un pseudobienestar por decreto orientado al “bien común”, es la excusa perfecta para el bienestar de unos pocos que viven de la gestión de nuestras vidas sin derecho a ello.

    El modelo colectivo siempre tendrá inconvenientes ya que nunca podrá adaptarse a las necesidades y proyectos de cada persona. Por ello, el derecho a decidir de cada individuo sobre sí mismo, más allá de una praxis ontológica, liberaría a las sociedades de la coacción de unos pocos y permitiría que la creatividad empresarial redundara en beneficio de todos, al no verse estos actores explotados por el Estado.

    El liberalismo favorece a todos, el socialismo nos esclaviza sin opción, a los datos me remito.

    No podemos alcanzar todos los anhelos, nada es gratis y las rentas básicas no son la solución porque retroalimentan a los burócratas.

    Estos mensajes no se oyen en las campañas electorales.

  3. Ayer leía el manual del perfecto idiota latino americano publicado en el 95 y la tasa de paro por entonces en España era del 24% veo que eso es un problema de larga data por cierto recomiendo el libro no tienen desperdicios.