Tertulia económica del 24 de agosto de 2016

Hablamos sobre el estancamiento de las conversaciones PP-Ciudadanos y sobre los riesgos de los tipos de interés negativos.

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2 comments

  1. El año pasado leí un artículo en un periódico sobre la situación del sector odontológico en Ex–paña. Decía el artículo que el paro -¡ojo!- entre los licenciados era del 20% (nótese que coincide con la tasa general). Ello, teniendo en cuenta que hay mucho titulado emigrado y que hay mucho subempleo, es decir, odontólogos trabajando de auxiliares o de administrativos. Y añado yo: y habrá mucho titulado que ya se ha buscado las habichuelas en otro sector.

    Estas Navidades estuve con un amigo mío, odontólogo él, y le pregunté por la veracidad del artículo. Y, efectivamente, Miami me lo confirmóooooo… digo… mi amigo me lo confirmó. (¡Ejem! No sé qué habrá sido eso…) Él no conoce los detalles concretos, pero… ¡vamos!… ¡que sí! Que se non è vero, è ben trovato.

    Hace poco, en Vozpopuli salió un artículo parecido sobre los fisioterapeutas. Han pasado de ser los reyes del mambo a cobrar como camareros.

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    Quiero ir a parar al punto de que, hoy en día, sobra de todo. No significa que todos podamos hacer de todo. Sino que, para cualquier cosa, sobra gente con la cualificación adecuada. Por tanto, la tendencia general tiene que ser a la convergencia salarial con los camareros. Al menos, para el 80% de los trabajadores. Siempre habrá ese 20% de “putos amos” que, más por experiencia en una cosa muy concreta de su campo que por estudios, podrá imponer sus condiciones. Pero los demás somos absolutamente reemplazables.

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    Hoy en día, hay muy pocos cuellos de botella naturales. Como digo, sobra “capital humano” (ji ji , capital humano… ¡qué cursilada…!). Sobra capacidad de acceso al capital, gracias a (o por culpa de… a gusto de cada uno) nuestro sistema de expansión monetaria a través de la deuda. Y sobra tecnología barata, que reduce la curva de aprendizaje de toda profesión u oficio.

    La única forma, por tanto, de obtener rentas muy por encima de la media radica en crear cuellos de botella artificiales a través de la regulación.

    Lo hemos visto con Uber y los taxis. Hoy en día, el acceso a esa tecnología que es un coche es muy fácil. Basta con que a un parado veinteañero le deje el coche su padre.

    Lo estamos viendo con los alquileres turísticos. Con tanto heredero cuarentón y cincuentón sin oficio ni beneficio (o con él), hay oferta de “soluciones habitacionales” más que de sobra.

    Aquellos sectores que consiguen arañar una legislación más proteccionista (protección contra tener que competir demasiado) podrán pagar mejores sueldos que los sectores en los que se aglomera el resto de los mortales: los que habría en condiciones normales más los que vienen rebotados de aquellos sectores protegidos en los que no les han dado licencia para entrar.

    Y, además, como los sectores más protegidos son los que suministran lo más necesario, los trabajadores pobres tienen que pagar precios demasiado altos no solo por el lujo, sino también por los productos básicos.

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    Ahora voy a jugar a provocar un poquillo y conectar a nuestro Rallo con Pisitófilos.
    ¡Blasfemia, blasfemia! Naaaa, seamos un poco gamberros, que es veranito.

    Dicen Rallo y Llamas que Ex – paña peca de atomización del tejido productivo, con tanta PYME. Que los empresones son los que exportan… que hay que competir duramente por esto de la globalización… Es verdad.

    Algo parecido dice Pisitófilos con lo de que somos unos mercheros, defendiendo mercadillos y empresitas subcapitalizadas, que luego no pueden atender a normas ISO o a responsabilidades empresariales por una mala praxis, y que si gafes… y que si membrillos… etc, etc, etc.

    ¡Y es verdad! Pero es que hay un pequeño problema. Yo, ahora mismo, estoy empezando a temer que Peter Pan va a romper unilateralmente el contrato que tenemos firmado. Y, por si acaso, estoy sacando adelante el Plan B: estoy pintando un autorretrato, que pienso guardar en el trastero, con la finalidad de que envejezca por mí, mientras yo vuelvo a los 18 años. ¡No veo qué puede fallar…!

    Una vez conseguido, volveré a buscar mi primer empleo. Por supuesto, iré a una de esas grandes empresas donde pagan sueldos tan buenos. Pero, si no me contratan, tendré que acudir a una de las pequeñas. Y si tampoco me contratan, tendré que intentar montarme yo mi miniempresa de falso autónomo merchero, membrillo, subcapitalizado e intentar competir en precios contra los grandes tiburones, aunque eso signifique que atomizo el sursum corda y me cargo las exportaciones y la madre que las parió.

    Y si no me dejan trabajar, porque no me dan licencia, dado que es un proyecto de país tener gigantes nacionales, lo mínimo que espero es que el mismo intervencionismo que hay para cerrar mercados y crear así grandes empresones (o rescatarlos cuando sus directivos sapientísimos y sus trabajadores formadísimos los han quebrado), lo haya para repartir los puestos de trabajo.