La gran mentira del socialismo del siglo XXI

baner-confidencial

Jeremy Corbyn ha sido reelegido líder del Partido Laborista reivindicando un “socialismo municipalista para el siglo XXI” frente “al sistema de libre mercado que ha generado una desigualdad grotesca y unos estándares de vida estancados”. O en otras palabras: tras el desastroso experimento de las últimas décadas, consistente en haber desmantelado el Estado en favor de un liberalismo de corte radical, toca que el Estado vuelva a crecer sin freno para recuperar el terreno perdido.

El problema de esta ideologizada narrativa política es que no se ajusta a la realidad. Durante las últimas décadas, no ha habido ningún desmantelamiento del Estado: al contrario, ha habido una consolidación del Estado hipertrofiado en los niveles más altos de su historia. Basta con analizar la evolución del gasto público durante los últimos 130 años para comprobar que los estados han ido parasitando expansivamente a familias y empresas para manejar oligárquicamente la riqueza por ellos generada:

Fuente: Cusack y Fuchs (2002) y FMI.
Fuente: Cusack y Fuchs (2002) y FMI.

El liberalismo político vivió su apogeo desde mediados del siglo XIX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante este periodo, el tamaño del Estado oscilaba entre el 5% del PIB (en el caso de las naciones más liberales, como EEUU) y el 15% del PIB (en el caso de los estados más intervencionistas, como Italia o Alemania). Las dos guerras mundiales y el consenso socialdemócrata posterior elevaron ese gasto hasta una horquilla de entre el 35% y el 45% del PIB, esto es, hasta nueve veces más que en el periodo liberal.

Desde los años ochenta, han sido muchos los que interesadamente nos han vendido el mantra de que el liberalismo —de la mano de Reagan y Thatcher— resultó victorioso y restableció su predominio político: el Estado fue progresivamente demolido de un modo incluso más radical que en los orígenes del liberalismo clásico (de ahí la aparición de nuevos términos para describir el fenómeno, como neoliberalismo, ultraliberalismo, turboliberalismo, capitalismo salvaje, etc.). La realidad, empero, es muy otra: a partir de los años ochenta, los estados no redujeron su tamaño, sino que consolidaron el rapidísimo crecimiento experimentado hasta entonces y, en algunos casos, continuaron cebando su tamaño. A día de hoy, el gasto público de prácticamente todos los países europeos supera el 40% del PIB y en varios casos incluso el 50%. ¿De qué desarticulación del Estado estamos hablando?

Acaso se contraargumente que el derribo del Estado no se produjo durante los años ochenta y noventa, sino únicamente tras la crisis de 2008, que se fue gestando durante las dos décadas previas. Pero, de nuevo, esta narrativa es falaz: en 2015, el peso de los principales estados de Occidente era el mismo que antes de iniciada la crisis (de hecho, en la mayoría de ellos, era incluso superior). En la patria de Corbyn, el liberalismo radical que ahora denuncia para justificar su socialismo del siglo XXI ha establecido un Estado que pesa el 40% del PIB.

Fuente: FMI.
Fuente: FMI.

¿Dónde ven ustedes el repliegue del Estado? En ninguna parte. Jamás los estados modernos han manejado más recursos de los que manejan hoy. Jamás el sector privado ha manejado relativamente menos recursos de los que maneja hoy. Mas la propaganda de Corbyn —y de Podemos en España— sirve justamente para desplazar el eje ideológico hacia su socialismo. Si un Estado socialdemócrata de entre el 40% y el 50% del PIB es liberalismo radical, ¿cómo no hipertrofiar el sector público hacia cotas todavía más elevadas apenas apelando a una socialdemocracia presuntamente moderada? Esa es la estrategia: convertir la radicalidad en el centro político para seguir alimentando a la bestia estatal a costa de los ciudadanos.

Frente a esta radicalidad antiliberal con piel de cordero, deberíamos empezar a plantearnos la posibilidad de seguir otro camino: el de revertir de verdad todo el exorbitante crecimiento que el Estado ha acumulado durante los últimos 100 años y regresar, por fin, a un genuino sistema político liberal con una sociedad civil mucho más pujante y una intervencionista burocracia estatal minimizada. El ideal de un Estado que no pese más del 5% del PIB —10 veces menos que el actual— es perfectamente alcanzable: el socialismo del siglo XXI no es más que el ineficaz estatismo fagocitador cuya acta de fracaso están levantando los mismos demagogos que pretenden resucitarlo con nuevos bríos.

También te puede gustar

4 comments

  1. “socialismo municipalista para el siglo XXI” frente “al sistema de libre mercado que ha generado una desigualdad grotesca y unos estándares de vida estancados”

    Este hombre engaña en cuanto dice que el sistema de libre mercado ha generado una desigualdad grotesca.

    Cuando la gente oye desigualdad, a pesar de que la parte del cerebro inconsciente se le enciende la luz roja de la envidia, en la parte del cerebro consciente equipara desigualdad con miseria o algo así.

    Hay desigualdad en una ciudad, cuando a uno le toca la lotería, lo cual no quiere decir que los demás vecinos se hayan hecho más pobres.

    Al contrario, como se suele gastar en la proximidad, muchos de ellos podrán beneficiarse de bienes y servicios que podrán vender al nuevo rico y que antes no podían vender.

    Pero es que la mentira es doble: en un Estado occidental, cuando alguien se enriquece normalmente es porque su actividad empresarial ha tenido éxito, y es capaz de generar mucho negocio.

    Cuando alguien se empobrece, nunca se empobrece tanto como para estar tirado en el arroyo, porque en los Estados capitalistas resulta que hay un Estado del Bienestar, financiado por los impuestos (cuanto más dinero, mejores servicios; cuanta más actividad económica, menos necesitados) que hace que el destituto nunca tenga renta 0, o tenga que recurrir al robo para comer. El límite por abajo lo suministran los servicios sociales, que en Inglaterra pueden ir desde una casa, dinero para comer y alimentarse…)

    La desigualdad, si es fruto del trabajo y el ingenio, nunca es grotesca; es un premio al esfuerzo y a la dedicación del que nos beneficiamos todos gracias a los puestos de trabajo que genera, a las compras que permite hacer, y a los impuestos que paga y financian el Estado del Bienestar.

    Esta desigualdad es también un acicate para no quedarse de brazos cruzados esperando que le den a uno “salario de integración” (no hay para tantos; y no deja de ser una limosna). Si uno lo puede hacer, lo podemos hacer los demás.

    Claro, entiendo que cuando hay mucho trabajo y bien pagado, la gente deja de votar al Partido Progresista Envidioso; y sus políticos dejan de vivir como marqueses a costa de los que pagan impuestos porque ganan mucho dinero.

    ¿Qué entiende por “estándares de vida estancados”?

    (yo entiendo por “estancado” algo que no evoluciona. Si está hablando del liberalismo económico, se referirá que los obreros no viven mejor -salarios que no suben, precios que suben…)

    Pero si los salarios no suben, ¿por qué los socialistas (ingleses en este caso, pero se les puede aplicar a otros más corruptos) importan competencia (inmigrantes)?

    Eso hace bajar el precio de mercado de la mano de obra.
    No te quejes, pues, de que los estándares de vida están estancado: lo has creado tu, no el sistema de libre mercado.

    Además, cuantos más extranjeros no cualificados entren, menos ayudas sociales hay para repartir, porque las ayudas sociales son limitadas.

    La única manera de que suban los salarios es que el obrero ponga mayor valor añadido a su trabajo (ej teniendo más responsabilidades, no necesitando supervisor, que su aporte técnico sea mayor, que su calidad sea mayor…) que el mercado quiera pagar.

    Pero aquí los socialistas ingleses actúan en contra del trabajador: no promueven ni el ascender en la empresa (rompe la disciplina sindical del trabajador -se trata de hacer todos fuerza para que todos ganen ), ni mucho menos le anima a establecerse por su cuenta (es decir, establecerse como autónomo -empresario- ¡vade retro, satanás!)

    Incluso aunque las aduanas se cerrasen a los productos extranjeros, el consumidor tiene un límite de gasto respecto al precio de las cosas sin que estas tengan mayor valor (es decir, si solo se repercute la subida salarial sin que el trabajador aporte nada a cambio)
    De hecho, a partir de la crisis del petroleo del 74, la subida constante de los salarios se ha traducido en todas partes en contratar menos obreros y en comprar más máquinas -lo cual es letal para la clase obrera-

    Claro, es la misma historia de siempre: la envidia y la codicia al trabajo de los demás.

    La solución ya la está él proponiendo, seguramente por el éxito de PODEMOS en España y por la victoria laborista en Londres (Sadiq Khan, con un salario de £143,911): “un socialismo municipalista”

    Es decir, el reconocimiento que ya no se puede hacer nada a nivel estatal (muy poco se puede hacer; las grandes logros sociales ya están asimilados), y encima las decisiones de un Primer Ministro son juzgadas por su éxito (ej crear empleo ) o su fracaso (alta tasa de desempleo).

    Pero precisamente son medidas estatales las que establecen o prohiben el libre mercado, las que pueden limitar la “desigualdad”, las que establecen la política migratoria, las que fijan las pensiones, el montante de las ayudas sociales (como el beneficio de desempleo..)…

    ¿Cómo podemos lograr el viejo ideal socialista: comprar el voto robando a tu vecino y dándotelo a ti sin peligro ni contestación?

    En los gobiernos municipales de pueblos y ciudades.

    Total, al final las calles, gobierne quien gobierne siempre van a estar igual de sucias (en parte porque somos unos cerdos; en parte porque los funcionarios municipales son incontrolables; y ya estamos acostumbrados)

    Nunca podemos decir si un pueblo o una ciudad tienen éxito o fracaso.

    Pero siempre podremos regalar casa a los inmigrantes.
    O hacer creer que nos la van a regalar a nosotros.

    O hacer las payasadas de Carmena.

    O aplicar la memoria histórica y cambiar el nombre de las calles que lleven apellidos de la Guerra Civil (me refiero a apellidos de los cavaliers, no de los roundheads, menos la princesa Pocahontas, antepasada de William Churchill -como indígena y mujer oprimida, no como matriarca de una de las más poderosas y ricas familias inglesas de la que han salido 2 héroes de guerra)

    Este es el destino de las democracias: ser víctimas de estas manipulaciones y de estos engaños.

    Mientras tanto, los servicios públicos, como la educación pública, precisamente por orden socialista, es una mierda, de la que intentan huir en cuanto pueden los que pueden (a escuelas católicas concertadas) so pena de quedarse fuera de la meritocracia y de vivir el resto de la vida como un ¡obrero necesitado!

    En el peor momento: Gran Bretaña, como cualquier otro país, está compitiendo contra el mundo. De la formación y de la hacendosidad de sus habitantes depende que todos vivan bien, o que todos vivan como viven la mayoría de los países (que, por cierto, no se pueden permitir el lujo de ser socialistas. Eso es para los blancos indolentes, aburridos y sin ideales)

    Y parece que justamente ésta fue la clave del triunfo socialista en las pasadas elecciones municipales de Londres: la presión de los inmigrantes sobre los servicios sociales municipales (inmigración en masa creada precisamente por los socialistas)

    La democracia no tiene solución; y lo único que parecía salvarla era la educación (justamente por eso la han matado: es necesario que la masa no pensemos por nuestra cuenta, solo que votemos a quien nos mandan)

    Los socialistas de Corbin y Pedro Sánchez piensan que manteniendo a los trabajadores encabronados y en la necesidad es la única manera de garantizar que votan por ellos. (¡quien pillase £143,911 por hacer nada!)

    Como no podemos, y la “democracia” nunca va a mejorar, la única manera de que no nos perjudique más de lo debido es limitar el número de servicios (por lo menos, si son una mierda, son una mierda pocos, no muchos); y los demás, con el dinero que no nos han espoliado los buscaremos por otra parte si los queremos o necesitamos, pagando la relación calidad/precio que consideremos conveniente.
    La otra manera es evitar que no roben más que lo estrictamente necesario.

    1. El profesor Rallo parece que gusta de hacer demagogia, el socialismo deuncia y con mucha razón que se ha desmantelado el “Estado del Bienestar” no el Estado como entidad. Si quiere hablar con propiedad coja todos esos datos que da y extrapole el gasto en politicas sociales, que son “el estado del bienestar” de las sociedades modernas, verifique cuál es el poder adquisitivo de un ciudadano con el salario medio, etc..
      Para demagogos ya tenemos a los políticos, hay que ser un poco más serio.

  2. Para D. Juan Ramón Rallo: D. Juan Ramón: Le conozco desde que hablaba usted en la COPE y el libertaddigital.com. También visité temas del institotojuandemariana.
    Siempre aprendí algo de usted. Le felicito por sus publicaciones en otros medios. Le tengo un gran cariño y respeto por muchas razones: ES REALISTA y no se anda con tonterías.
    Cordial saludo