Conflicto de intereses

larazon

Suele afirmarse que la política es el ámbito de decisión donde el bien común prevalece sobre los intereses personales. Los distintos partidos son los representantes de la “voluntad popular” y, a través de su interacción parlamentaria, terminan alumbrando un entramado de normas que vela por las necesidades del conjunto de la comunidad. La crisis del PSOE (como también la de Podemos) pone de manifiesto que esta visión romántica de la política es tremendamente ingenua y peligrosa.

Es ingenua porque las distintas facciones que ahora mismo se están enfrentando a calzón quitado por controlar el aparato del partido socialista no están pensando en nada parecido a los intereses generales de los españoles, sino esencialmente en sus ambiciones e intereses personalísimos. La clave de la disputa es la pugna entre las diversas visiones estratégicas acerca de cómo retener o ampliar el poder institucional con el que hoy cuentan los distintos capitostes del PSOE: y, ante tal desacuerdo, los aspirantes a gallo de corral (Sánchez o Díaz) han de intentar conciliar los intereses de los distintos actores políticos en liza —votantes, militantes, burócratas, cargos electos o aliados políticos en cada una de las localidades y regiones en las que se batalla por el poder político territorial— para constituir una coalición interna lo suficientemente amplia como para derribar a la rival. Pretender que semejante comunidad de intereses variopintos, orquestada para repartirse los puestos de mando dentro del partido y de la administración entre los afines y aliados, guarde algún parecido remoto con el bien común de la sociedad española debería colocarse a la altura analítica de la ciencia ficción antes que a la de la ciencia social.

Pero, como decíamos, la visión romántica de la política no sólo es ingenua, sino también peligrosa: ignorar la verdadera naturaleza de la política y de los políticos puede conducir a muchos ciudadanos a aceptar mayores recortes de sus libertades de los que aceptaría con una visión realista de la política. No es lo mismo plegarse ante los mandatos de quienes consideramos depositarios de una voluntad general orientada hacia el bien común que ante las órdenes caprichosas de aquellos que sólo representan a la facción más poderosa y mejor organizada en el asalto del poder. Pero eso es lo que sucede en última instancia: cada vez que se reclama una mayor politización de la sociedad sólo se está reclamando un mayor sometimiento de las personas a esas coaliciones de intereses espurios.

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7 comments

  1. La degeneración que tenemos en el mundo es producto de las democracias liberales.

    ¡El liberalismo es el paraíso de los intereses personales por encima del bien común!

    El cuento de la representatividad en las democracias liberales está más que acabado.

    1. -Democracia republicana vs democracia liberal.
      http://juanramonrallo.com/2016/01/democracia-liberalismo-y-democracia-liberal/

      -Cada persona tiene su propio concepto de bien común. En realidad el bien común no es un resultado hacia el que todos debemos dirigirnos sino una serie de principios y condiciones para que las personas puedan alcanzar sus diversos fines.

      -El tema central es determinar qué asuntos son de competencia individual y qué asuntos son de ámbito colectivo. Cuestión nada sencilla de resolver por sus interrelaciones y porque hay personas que pueden pensar que nada es de ámbito colectivo o todo lo contrario.

      1. Requiemsoul, muy buen comentario. Yo creo, después de mis tiempos que tomo filosofando, que la libertad está muy bien pero no tiene sentido que no esté subordinada a la ética cuando es demandada por sujetos éticos.
        Creo sinceramente que seres como tales, deben de hacer gala de esta función por encima de cualquier otra ya que digamos que es su “atributo especial”. Ser o poder ser éticos.
        Con esto no abogo por la esclavitud coactiva que promulga el Estado ni mucho menos, sino que intento demostrar como incluso en una relación de esclavitud hay una parte que sí es libre. Se deduce pues, que eso está mal por una cuestión ética, no por la ausencia de libertad, sino, ambas partes tendrían que ser no-libres por consecuencia lógica.
        Quizás se trate de un orden jerárquico, pero es lo que creo; sobretodo después de experimentar ciertas cosas en mi vida.

        Tanto discutir sobre lo individual, colectivo, esclavitud, libertad…
        y parece que de lo que más se debe hablar es de ética.
        Supongo que en el fondo ya opinabas esto aunque yo lo haya matizado.

        1. El ser humano debe buscar la virtud, la verdad, el bien y la belleza siendo la libertad una herramienta clave, pero esta búsqueda la veo en ocasiones incompatible con el derecho a ser incorrecto y el derecho a envilecerse que nacen de la propia libertad.
          Por ello, defiendo un nivel de coacción superior a los límites que establecen la voluntariedad y la propiedad privada. Me refiero a instituciones formales (políticas) que sean lo más inclusivas y neutras posibles y que a su vez sirvan de contrapeso frente a la vulgaridad.

          “La sabiduría no consiste en moderarse por horror al exceso, sino por amor al límite”. Nicolás Gómez Dávila.

          1. Requiemsoul, otro comentario tremendo y una muy buena frase. Gracias.
            Creo que te refieres a lo que se llamaría “uniformidad” (concretamente moral), algunos lo llamarían absolutismo moral.
            La ética ya se encarga de “estudiar” cual es la moral que es capaz de cumplir esos requisitos y ser beneficiosa para todas las partes.
            En el fondo pienso que es lo acertado, el problema es que todo el mundo lo siga debido a que necesita aprenderlo primero si no lo intuye.
            En teoría perfecto por tanto, pero en la práctica hasta que no lo aprenda o intuya todo el mundo (eso que has dicho de inclusivo y neutro a la vez es crucial), es difícil que sea perfecto en la práctica.

            Y esto siempre y cuando la perfección sea posible en la práctica. Debido a que hay cosas muy cambiantes…
            creo que la perfección requiere de que no haya cambio irremediablemente, por eso parece imposible en ocasiones.

            Como la cúspide de algo, es cierto que debe haber algo singular como punto de origen o punto final. Y digo singular porque el propio resultado de la abstracción lo requiere. Cuando intentas hacer abstracciones de la realidad, no tiene mucho sentido que acabe tu conocimiento sobre ese algo en algo todavía más complejo.

            Pero bueno, que nos ponemos offtopics y a filosofar… Jaja

  2. Rallo: un artículo heroico. Muy bien.

    Antonio: yo soy antidemócrata precisamente porque la democracia va en contra del bien común y de los intereses personales.

    Por ejemplo, la democracia va en contra de los intereses personales cuando un gobierno elegido por “la gente” prefiere despilfarrar dinero en universidades, institutos y colegios antes de gastarlo en alcantarillas o en mantenimiento de carreteras. Es mucho más importante el alcantarillado público y las vías públicas que la mal llamada educación pública. Y va en contra de los intereses personales por cuanto la democracia que conocemos dificulta enormemente a la iniciativa privada hacerse cargo del alcantarillado, las vías y la educación.

    La gente que tenga interés y dinero podría ir a un pueblo viejo, pequeño, sin alcantarillado y con una vía de acceso en mal estado y gastar dinero en modernizarlo, quizás fundando una pequeña ciudad. Esto es impensable con la legislación actual. El Estado no quiere competencia.

    La democracia directa con la que sueñan algunos tiene mucho más que ver con fundar una ciudad o restaurar un pueblo por parte de gente interesada en hacerlo que con votar todos los asuntos legislativos vía referéndum.