Réplica al profesor Hernández-Pacheco sobre la gestación subrogada

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Entra el profesor Hernández-Pacheco en el debate sobre la gestación subrogada. Entra, sin embargo, medio de perfil: asomando la patita pero sin desarrollar un argumento filosófico entero en contra de la misma, tan sólo reprochándome tangencialmente algunos razonamientos de mi réplica al profesor Contreras. Siendo así, permítanme actuar del mismo modo y dar respuesta al profesor Hernández Pacheco a propósito de las consideraciones a salto de mata que va efectuando.

Hernández-Pacheco: “Se afirma, en definitiva, que el matrimonio y la familia, por milenios entendidos como instituciones legales que “legitiman” la estable convivencia, ayuntamiento heterosexual y mutua asistencia (también, aunque nos llevaría más lejos, la acumulación y transmisión de propiedad patrimonial), no merecen especiales preferencias ni exclusividad legal ?sostiene Rallo? para ser el marco adecuado de reproducción biológica, gestación y educación cultural y moral de la consiguiente prole”.

Que una institución se haya entendido por milenios de una determinada forma no significa que esa institución deba entenderse así ni que sea positivo que se entienda así. La esclavitud era otra institución milenaria que, afortunadamente, hemos entendido en los últimos 150 años que no era positiva. No afirmo, claro, que el matrimonio sea negativo (al contrario, en el artículo ofrezco argumentos por los cuales puede ser positivo): lo que sí digo, en efecto, es que la concepción milenaria del matrimonio no tiene por qué ser la adecuada y, además, que la evidencia nos demuestra que otras formas de convivencia no matrimoniales pueden ser igual de positivas que el matrimonio.

De hecho, si tantas ventajas evolutivas posee el matrimonio frente a otras formas de convivencia, ¿a qué viene tanto interés por protegerlo a través de la legislación estatal? ¿Por qué reclama el profesor Hernández-Pacheco “especiales preferencias” o “exclusividad legal” si, claramente, aquellas parejas que contraigan matrimonio tendrán mayor éxito reproductivo y, evolutivamente, desplazarán a las que no lo hagan? Normalmente, cuando se reclama el uso de la violencia (estatal, en este caso) para salvaguardar una institución es que ésta no está siendo capaz de adaptarse a la evolución del resto de la sociedad y se pretende que la sea la sociedad la que quede petrificada en ella. Por mi parte, insisto, no creo ni mucho menos que el matrimonio sea una institución desfasada y condenada a desaparecer: sí una institución que perderá su monopolio —ya lo ha perdido, de hecho— de forma de convivencia sana.

De todas formas, lo que más me interesa del planteamiento del profesor Hernández-Pacheco es el reproche que me dirige por creer que el matrimonio “no merece exclusividad legal para ser el marco adecuado de reproducción biológica”. ¿Realmente está proponiendo el profesor prohibir que cualquier pareja no casada se reproduzca? Y si es así, ¿podría indicarnos a través de qué rito debería casarse una pareja para acceder a la licencia estatal de paternidad? ¿Matrimonio civil, hindú, zulú, lasvegasiano? ¿O aquí también se reclama un monopolio para el matrimonio católico que, como todo el mundo sabe, ha sido la institución milenaria —extendiéndose incluso a antes de Cristo— por la que se han constituido familias sanas en todos y cada uno de los rincones del planeta —incluso entre los muy católicos inuit—? Y si no se afirma eso, ¿a qué viene reprocharme que defienda lo que es de sentido común?

Hernández-Pacheco: Porque, en efecto, en el centro de esta polémica está la suposición de que ayuntamiento sexual y gozoso alumbramiento de una nueva criatura, son extremos sobre los que, sin tener por supuesto nada que ver entre sí, un liberal (ah no, que son dos, uno y una) tiene que poder decidir, sin que medie ese embarazoso interludio de nueve meses, que sólo los conservadores consideran importante, y sobre el que el buen liberal puede –mejor, tiene que poder- prescindir: impidiéndolo, interrumpiéndolo, o como en la polémica que nos ocupa, haciéndolo objeto de desembarazante subrogación o ?vamos a entendernos? “subcontrata”.

El párrafo contiene, al menos, dos errores. El primero es que la gestación subrogada no prescinde del embarazo. De ahí su nombre: gestación subrogada. Lo que hace esta técnica de reproducción asistida es trasladar ese embarazo al útero de una tercera mujer gestante. Pero no prescinde de él. Por tanto, difícilmente en el centro de la polémica estará la suposición de que un liberal pueda reproducirse prescindiendo del embarazo. Segundo error: uno puede defender la gestación subrogada sin defender el aborto. Que reconozcamos (o no) al embrión como ser humano con derechos (y, por tanto, no abortable) es absolutamente independiente a si  consideramos lícito que ese embrión se desarrolle en un útero distinto al de su madre biológica. Hay personas favorables al aborto y contrarias a la gestación subrogada (la mayoría de feministas); hay personas contrarias al aborto y favorables a la gestación subrogada (muchos conservadores estadounidenses). Cada debate hay que valorarlo en sus propios términos y no mezclarlos con la aparente intención de crear muchos de paja.

Hernández-Pacheco: Y es que los hijos no se producen, porque, amigo Rallo, no son cosas destinadas a satisfacer no se sabe qué necesidades de auto-realización, sino absolutos que pertenecen a lo que Kant llama el “reino de los fines”. Por eso “vienen”, y han de ser acogidos, en un proceso que escapa en mucho a nuestra capacidad de decidir, sobre todo en lo fundamental, en ese fundamento propio que tiene cada uno para sí y que lo hace libre, insustituible, indisponible e indiseñable; en un proceso que, desde la primera cerveza que nos tomamos con el otro progenitor, nos supera con mucho. Ellos son libres porque, como por cierto todas las personas con las que nos encontramos ?el compañero de trabajo, el vecino de escalera, nuestra mujer o marido, por supuesto nuestros padres e hijos?, escapan a nuestro control.

Imagino que el profesor Hernández-Pacheco es consciente de que los niños no “vienen” de París y que, por tanto, los hijos sí se producen: son, normalmente, el resultado de un acto de reproducción sexual (coito) entre un hombre y una mujer; acto de reproducción que, salvo que el profesor Hernández-Pacheco esté efectuando una llamada a la indiscriminada promiscuidad sexual —cosa que no creo que suceda—, suele ser el resultado de una planificación por parte del hombre y la mujer. Planificación familiar natural, suelen llamarse en el seno del matrimonio católico. Los niños, por tanto, no vienen: se crean cuando una pareja decide reproducirse sexualmente: y justamente porque son el resultado de un acto voluntario de los padres, los hijos son responsabilidad de esos padres (patria potestad). Me temo que el profesor Hernández Pacheco no ha pensado en todas las repercusiones éticas que implicaría que los hijos no se trajeran, sino que vinieran solos, autónomamente, sin mediar voluntad alguna de los padres al respecto.

A propósito, y siguiendo con la patria potestad, tampoco es enteramente cierto eso de que los hijos sean “libres”. Los hijos, justamente por poseer una racionalidad restringida y poco desarrollada en sus etapas iniciales de desarrollo, caen bajo la tutela de los padres: son éstos los que colocan legítimamente fronteras a su libertad. Es verdad que esa tutela no puede ejercerse como mero capricho solipsista de los padres, sino que está condicionada a favorecer un sano desarrollo del menor. Pero el caso sigue siendo que los hijos no tienen autonomía plena, sino que están sometidos a la autoridad paternal (tanto más cuanto menor grado de responsabilidades sea fisiológicamente capaz de interiorizar y asumir el menor).

¿Qué implicaciones tiene todo ello sobre la gestación subrogada? Pues que, de la misma forma que una pareja opta por reproducirse sexualmente y traer una vida una vida al mundo, una pareja también puede optar por reproducirse sexualmente sin coito (fecundación in vitro) y gestar ese embrión en el útero de una tercera mujer que voluntariamente acepta cooperar con ellos en traer una nueva vida al mundo. ¿Responde todo ello al interés del menor? Dado que no se han detectado secuelas psicosociales o emocionales en los menores gestados por subrogación, debería resultar lógico que la decisión acerca de dónde gestar el embrión (que imagino que el profesor Hernández-Pacheco ya considerará una vida bajo la patria potestad de los padres) cae bajo el legítimo ejercicio de tutela de sus padres: los padres biológicos.

Hernández-Pacheco: No terminamos de ser libres allí donde empieza la libertad de otros, sino que es ahí, donde encontramos ante nosotros a la libertad diferente, donde de verdad empezamos a serlo, y entonces responsables, cuando acogemos en la propia la libertad ajena. De esta forma esas libertades no son átomos perdidos de voluntad solipsista, sino proyectos que se integran y trenzan en la fortaleza de instituciones compartidas, como son la familia, la empresa, el vecindario o el Estado.

Supongo que no es necesario explicarle al profesor Hernández-Pacheco qué queremos decir los liberales cuando señalamos que la libertad de uno termina la del otro. Pero, siendo así, tampoco veo motivo para que un catedrático de Filosofía se dedique a tergiversar qué estamos diciendo. Lo reformularé: “Mi libertad a actuar con absoluta arbitrariedad termina donde empieza la libertad ajena: cuando dos libertades se encuentran, la interacción se produce respetándose mutuamente, esto es, mediante una relación voluntaria entre ambos sujetos”. Yo no soy libre cuando acojo, sin más, la libertad ajena en mi libertad: eso puede llamarse interferencia no deseada en mis planes personales. ¿O acaso un esclavo es libre cuando acepta ser esclavizado por su dueño? No, yo soy libre cuando acojo o no acojo voluntariamente la libertad ajena y esa otra persona respeta mi decisión de acogerla o no acogerla. Por eso, liberalismo no es solipsismo: es asociación voluntaria y respetuosa. Libertad de asociación con la familia (no a los emparejamientos forzosos), con la empresa (no esclavitud), con el vencindario (no reclusión) y con el Estado (no sumisión política). Por si cupieran dudas sobre qué queremos decir, permitiré que el filósofo Chandran Kukathas se lo explique mejor al filósofo Hernández-Pacheco:

“El término liberalismo se identifica con un paradigma político que responde a la diversidad humana defendiendo instituciones que permitan la coexistencia de distintas creencias y modos de vida; el liberalismo acepta la pluralidad de modos de vida (la multiplicidad de valores religiosos y morales en el mundo moderno) y promueve la tolerancia. El liberalismo se diferencia de otras filosofías políticas en que rechaza la idea de un orden social orgánico y espiritualmente unificado, dentro del cual los intereses de los individuos se alineen en perfecta armonía con los intereses de la comunidad. Los individuos poseen fines distintos y no existe un único objetivo común que todos deban necesariamente compartir”.

Hernández-Pacheco: Por el contrario, la idea, en nuestro caso, de una libertad sin embarazo, es el principio de todo totalitarismo, que hace de la generación cadena de montaje de la que sólo se pide ahora que sea eficiente; y para la que, al final, el mundo ?y en él ahora también los hijos? se convierte en material, en acopio de cosas disponibles.

Como ya he explicado, gestación subrogada no es “libertad sin embarazo”, sino procreación vía gestación en un útero distinto al de la madre biológica. Desconozco qué tiene esto que ver con una cadena de montaje: ¿se le pide solo eficiencia a las mujeres gestantes? Se les pide que colaboren con una pareja parcialmente infértil en traer vida al mundo: ignoro en qué términos medir la eficiencia de semejante contrato y no me consta que ninguna pareja que haya recurrido a la gestación por subrogación haya pretendido parametrizar tal eficiencia. ¿Se convierten los hijos en material mediante la gestación subrogada? Hombre, lo que me preocuparía es que la gestación subrogada generara seres inmateriales. Por fortuna, tanto la procreación natural como la subrogada dan lugar a hijos materiales.

Por último, tampoco sé qué tiene que ver la gestación subrogada con el totalitarismo: ¿un acuerdo libre y voluntario entre personas responsables para engendrar vida y formar una familia es totalitario? En cambio, encerrar a esas personas a la cárcel o arrebatarles a sus hijos así concebidos, ¿es libertad? Agradecería una clarificación de tal taxonomía.

Hernández-Pacheco: Por eso es tan importante la continuidad de ese proceso de generación que defiende Contreras: desde aquella primera, aparentemente tan intrascendente, cerveza, hasta el día en que esperamos sean ellos los que nos devuelvan piadosamente a la tierra, que es naturaleza de la que todos procedemos y a la que, como al seno que nos genera a todos, todos hemos de volver.

Mucho me temo que el profesor Hernández Contreras no ha argumentado en absoluto por qué esa continuidad que defiende el profesor Contras es tan importante. Se limita a afirmarlo, sin haber proporcionado réplica alguna a los argumentos que, creo, expuse con cierta claridad argumental y suficiente evidencia empírica detrás. A saber:

  • Procreación natural no va a aparejada a matrimonio; procreación subrogada puede ir aparejada a matrimonio.
  • El matrimonio no es la única forma de convivencia adecuada para los hijos.
  • Aunque el matrimonio fuera la mejor forma de convivencia, eso no justifica por sí solo prohibir que parejas no casadas (o parejas casadas que no vayan a ser padres absolutamente excelentes) tengan prohibido reproducirse.

Esos son los tres argumentos a los que tiene que responder Hernández-Pacheco para avalar la tesis del profesor Contreras. Y, en su artículo, no lo hace en absoluto.

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