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	<title>Juan Ramón Rallo &#187; Biblioteca del inversor</title>
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		<title>De un padre a sus hijas: las claves del éxito de Jim Rogers</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Mar 2011 00:46:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biblioteca del inversor]]></category>

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		<description><![CDATA[En general, un padre siempre quiere lo mejor para sus hijos. También los padres ricos, que tienen bastante claras las cuatro claves que les han hecho triunfar en la vida y tratan, como es obvio, de transmitírselas a sus vástagos. Tal propósito no es en modo alguno criticable, más bien al contrario, si bien los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><img class="alignleft" src="http://s.libertaddigital.com/fotos/noticias/su-gift-children-jim-rogers.jpg" alt="" width="126" height="140" />En general, un padre siempre quiere lo mejor para sus hijos. También los padres ricos, que tienen bastante claras las cuatro claves que les han hecho triunfar en la vida y tratan, como es obvio, de transmitírselas a sus vástagos.</p>
<p>Tal propósito no es en modo alguno criticable, más bien al contrario, si bien los igualitaristas ven en ese <em>tráfico de información privilegiada</em> una de las causas de la consolidación de las diferencias entre ricos y pobres. Por lo que hace al célebre Robert Kiyosaki, el subtítulo de su <a href="http://libros.libertaddigital.com/aprenda-a-pensar-como-un-rico-1276235401.html" target="_blank"><em>Padre rico, padre pobre</em></a> es un elocuente: &#8220;Lo que los ricos enseñan a sus hijos acerca del dinero ¡y la clase media no!&#8221;.</p>
<p>Afortunadamente, Jim Rogers, uno de los mejores inversores de todos los tiempos –y autor, entre otros libros fundamentales, de <a href="http://libros.libertaddigital.com/aprovechese-del-boom-de-las-materias-primas-1276234834.html" target="_blank"><em>El boom de las materias primas</em></a>–, ha decidido compartir con todos nosotros las lecciones que pretende transmitir a sus dos hijas pequeñas: Happy y Baby Bee. Tras una exitosísima juventud (partiendo de cero, a los 37 años ya era multimillonario&#8230; ¡y decidió <em>jubilarse</em>!) y una agitada madurez (dio en dos ocasiones la vuelta al mundo, una en moto y otra en coche, lo que le valió dos menciones en el <em>Guinness de los récords</em>), en 2002, ya sesentón, decidió ponerse a procrear; y procreó: a las susodichas Happy y Baby Bee, cuando contaba con 61 y 65 años, respectivamente.</p>
<p>En 2009 les <em>legó</em> el librillo <em>Un regalo para mis hijas</em>, en el que va reflexionando sobre cómo tener éxito y ser feliz en la vida, incluyendo, como es obvio, el mundo de las finanzas. La mayoría de los consejos destilan puro sentido común, lo cual los hace aún más importantes. Una de las primeras lecciones que ofrece a sus hijas&#8230; y a sus lectores es ésta: &#8220;Los detalles son lo que separa el éxito del fracaso&#8221;. En este y otros puntos, no dejemos que nuestras ideas preconcebidas sobre qué han de decir los genios de la inversión nos impidan averiguar qué es lo que realmente dicen. A los grandes inversores hay que leerlos y, sobre todo, <em>releerlos</em>.</p>
<p>Muchas de las recomendaciones de Rogers son similares a las de <a href="http://libros.libertaddigital.com/que-quiere-ser-trabajador-o-capitalista-1276238593.html" target="_blank">Kiyosaki</a> y <a href="http://libros.libertaddigital.com/aprenda-de-roy-miller-el-barbero-rico-1276238720.html" target="_blank">David Chilton</a>, si bien las adereza con su siempre enriquecedora experiencia personal. Aquí van unas cuantas: estudia en profundidad las distintas oportunidades de inversión, y a partir de ese momento confía en tu criterio y no dejes que te desanimen las burlas quienes no han analizado las cosas tanto como tú; desarrolla tus propias inquietudes, que serán las que te proporcionarán tus ventajas comparativas, para así vivir la vida con pasión y como si fuera un sueño; conoce tus propias limitaciones y sé capaz de controlarte ante los pánicos y los <em>movimientos de manada</em>; cultiva tus conocimientos viajando, aprendiendo idiomas (mandarín, inglés y español) y estudiando historia y filosofía: sólo dominando estas disciplinas se puede obtener una adecuada perspectiva del mundo en el que vives y en el que has de invertir; no temas al cambio, aprovéchate de él: las crisis sólo son un riesgo para quienes no tienen suficiente información y no se adaptan a las nuevas circunstancias: para el resto suponen lucrativas oportunidades; ahorra e invierte pensando en el largo plazo: si has hecho los deberes, te has especializado en áreas que te apasionan, eres consciente de tus limitaciones, has cultivado tu conocimiento del entorno y has previsto los cambios o te has adaptado a ellos, no te será complicado salir triunfante; educa a tus hijos con estos principios y otros similares que hayas desarrollado por tu cuenta.</p>
<p>Jim Rogers reside en Singapur desde 2007. No es casualidad: una de las tesis omnipresentes en este opúsculo es que el siglo XXI pertenece a China, del mismo modo en que el XIX fue el siglo de Inglaterra y el XX, el de Estados Unidos. La apuesta puede ser arriesgada, y el propio Rogers reconoce que las incertidumbres derivadas de una eventual guerra civil en el gigante asiático como consecuencia del agotamiento de sus recursos hidrológicos y el pinchazo de su burbuja crediticia. Pero ¿acaso Estados Unidos no pasó por circunstancias similares antes de convertirse en la superpotencia que es? Por lo que hace al resto de los BRIC, el panorama es dispar: Brasil&#8230; es muy probable que se desarrolle de manera acelerada, debido a que el boom de las materias primas se extenderá hasta 2025; India tiene potencial pero un futuro incierto, y Rusia es un desastre que no levantará cabeza en décadas.</p>
<p>Como digo, éste es un inspirador librillo escrito por una persona que, aparte de un enorme inversor, es un convencido liberal cosmopolita. <em>A Gift to my Children</em> es uno de los mejores regalos que podría haberles hecho a sus hijas&#8230; y, de carambola, a todos nosotros.</p>
<p><strong>JIM ROGERS: <a href="http://www.amazon.com/Gift-My-Children-Fathers-Investing/dp/1400067545" target="_blank"><em>A GIFT TO MY CHILDREN: A FATHER&#8217;S LESSONS FOR LIFE AND INVESTING</em>.</a> Random House (Nueva York), 2009, 89 páginas.</strong></p>
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		<title>Aprenda de Roy Miller, el barbero rico</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Feb 2011 22:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biblioteca del inversor]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad Digital]]></category>

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		<description><![CDATA[Las obras de Kiyosaki van claramente orientadas a educar a los ricos. Su finalidad es que toda persona interiorice esa grandeza del capitalismo que supone lograr que el dinero de uno se ponga a trabajar sólo en la creación de riqueza. Sin embargo, interiorizar las lecciones de Kiyosaki no es sencillo. En efecto. No basta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float:right; margin:0 0 10px 15px; width:240px;">
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		</p><p><img class="alignleft" src="http://i2.squidoocdn.com/resize/squidoo_images/-1/lens11383711_1277842292The_Wealthy_Barber.jpg" alt="" width="150" height="210" />Las obras de Kiyosaki van claramente orientadas a <a href="http://libros.libertaddigital.com/aprenda-a-pensar-como-un-rico-1276235401.html">educar a los ricos</a>. Su finalidad es que toda persona interiorice esa grandeza del capitalismo que supone lograr que <a href="http://libros.libertaddigital.com/que-quiere-ser-trabajador-o-capitalista-1276238593.html" target="_blank">el dinero de uno se ponga a trabajar sólo en la creación de riqueza</a>. Sin embargo, interiorizar las lecciones de Kiyosaki no es sencillo.</p>
<p>En efecto. No basta con leer al célebre hawaiano y creer que se le ha entendido, también es necesario proceder a un cambio de actitud ante la vida que no todo el mundo puede o quiere acometer. Lo de que perder 10.000 o 20.000 euros no es una tragedia sino una provechosa lección es algo que no todo el mundo acaba de ver&#8230;</p>
<p>Pero no desespere. Si cree que su lugar en nuestro sistema económico no es el de capitán de navío, el de multimillonario que disfruta examinando negocios, comprándolos, reestructurándolos, capitalizándolos, reflotándolos o enajenándolos, no se preocupe: tiene otras muchas opciones a su disposición. Quizá no vaya a ser un gran capitalista, pero puede convertirse en un más que decente burgués de clase media-alta. En tal caso, puede leer a Kiyosaki para ser consciente de cuáles son las reglas del juego, claro, pero de quien tiene que aprender no es del autor de <em>Padre rico, Padre pobre</em>, sino del sabio y rico barbero de Michigan Roy Miller.</p>
<p>Este personaje de ficción, creado por David Chilton, bien podría considerarse el símbolo del sentido común de la clase media. Su objetivo no es el de Kiyosaki: que una persona deje de trabajar porque su dinero ha pasado a trabajar por él, sino más bien lograr que, mientras trabaja, una persona destine parte de su salario a prepararse una jubilación desahogada. Y para ello desarrolla un plan financiero lo suficientemente sencillo como para que todo el mundo pueda seguirlo.</p>
<p>Empecemos por lo básico: la primera pata para amasar un cuantioso patrimonio (en realidad, ésta no es una idea original de Roy Miller, sino de George Clason, de cuya obra <em>El hombre más rico de Babilonia</em> les hablaré en otra ocasión) pasa por ahorrar un 10% de nuestra renta e invertirla en un fondo de alto rendimiento (alrededor de un 15% de rentabilidad media anual). Plantéese lo siguiente: si ahorrara 80 euros mensuales (1.000 euros al año) durante 35 años y los invirtiera al 15% anual, ¿qué patrimonio acumularía? Eche las cuentas: 1.000 euros anuales durante 35 años son 35.000 euros&#8230; añadiéndole una rentabilidad del 15% anual, tal vez lleguemos a amasar 100.000, 200.000 a lo sumo, ¿no? Pues&#8230; no: en realidad, su patrimonio sería superior al millón de euros.</p>
<p>No le estoy tomando el pelo. Fondos como el del ejemplo existen en todo el mundo, incluso en España: ahí tienen, sin ir más lejos, <a href="http://www.bestinver.es/" target="_blank">Bestinver</a>. ¿Acaso les parece inasumible ahorrar un 10%? Miller también ha pensado en eso: pasen a considerar el ahorro como un gasto fijo, no como el sobrante del mes. Ahorre un tanto fijo, no lo que le quede. Adapte su modo de vida al ahorro, no el ahorro a su modo de vida, porque si no siempre existirá la tendencia al despilfarro. Miller llama a esta parte de su plan financiero &#8220;ahorro forzoso&#8221;: asuma que le han bajado el sueldo un 10% y tome sus decisiones de gasto a partir de ahí.</p>
<p>¡Ah! Y empiece a ahorrar y a invertir lo antes posible. Se asombraría de lo que cuenta el tiempo.</p>
<p>Imagine a dos gemelos que a los 22 años deciden ponerse a ahorrar. El primero lo hace e invierte en un fondo 2.000 euros cada año durante seis, y luego deja de hacer nuevas aportaciones; el segundo se echa para atrás, no empieza a ahorrar y a invertir hasta los 29 años y, a partir de entonces, invierte 2.000 euros al año durante 37. Si los dos invierten su dinero en el mismo fondo –de una rentabilidad anual del 12%–, ¿quién cree usted que tendrá más dinero a los 65 años, el que invirtió 12.000 euros durante seis años o el que invirtió 64.000 euros durante 37 años? Sorpresa: a los 65 años, ambos tendrán 1,2 millones de euros. Por tanto, no pierda un segundo más o dentro de unos años se arrepentirá.</p>
<p>Pero no acaba aquí la cosa. El plan financiero del barbero rico tiene, al menos, dos patas más. A una de ellas podríamos llamarla &#8220;de ahorro virtuoso&#8221;; con el 90% de su renta restante tras detraer el gasto fijo del ahorro forzoso haga lo que quiera, pero plantéese lo siguiente: ¿vale la pena gastar tanto? ¿Realmente se ha parado a pensar en las horas de trabajo que dedica para ser capaz de comprarse caprichos? Otro día les hablaré del irregular <em>La bolsa o la vida</em>, de Joe Dominguez y Vicky Robin, cuyos cálculos son bastante más precisos que los del viejo Roy, pero el barbero rico también tiene algo que decir en esta sede: un euro ahorrado son dos euros ingresados.</p>
<p>¿Que qué significa esto? Muy sencillo: imagine que su tipo marginal sobre la renta es del 43%. Si usted desea gastarse 1 euro en bienes de consumo, deberá ingresar en términos brutos 1,75 euros (para que, después de gravarlos al 43%, le quede neto 1 euro). Si usted se vuelve austero y no gasta ese euro, se evita tener que trabajar para ingresar casi 2 euros. Convierta, por consiguiente, el ahorro en una de sus principales virtudes: vivirá más tranquilo y menos estresado. Más aun si destina ese ahorro virtuoso a algún fondo de inversión o activo seguro y de alto rendimiento que le permita aprovecharse de las maravillas del interés compuesto. No olvide que, además, las rentas del capital suelen tributar a tipo muy inferiores a las del trabajo (en España, si cobra un sueldo bruto de 150.000 euros anuales, pagará 56.000 en IRPF; si percibe un dividendo anual de 150.000 euros pagará <em>sólo</em> 31.000).</p>
<p>Pero todavía nos queda una pata del plan financiero de Miller: el ahorro fiscal. La ventaja de este ahorro es que, a diferencia de los restantes, usted no tiene que hacer ningún sacrificio en términos de gasto, más bien es el Gobierno quien tiene que hacerlo. Tan sólo ha de acogerse a las desgravaciones que aparecen en la legislación tributaria –normalmente referidas a vivienda y fondos de pensiones– y recuperar el dinero que el Estado pretendía arrebatarle vía impuestos. Aquí Kiyosaki probablemente daría un buen cachete a Miller, pues nuestro maestro para ricos critica con profusión la tan extendida costumbre de comprar una vivienda en propiedad para aprovecharse de la deducción impositiva: las residencias no son activos, sino pasivos, dice Kiyosaki.</p>
<p>Mi opinión personal es que, en general, para la clase media la vivienda puede ser una buena inversión siempre que: a) se haya comprado a buenos precios (no más de 17 veces la renta anual del alquiler), b) no ahogue nuestra situación financiera tanto como para desatender nuestro 10% de ahorro forzoso, c) no haya previsión de un cambio de ciudad de residencia a corto plazo, d) vaya acompañada de suficientes incentivos fiscales, e) los gastos asociados a la compraventa no sean desproporcionadamente elevados o, en su caso, puedan ser cubiertos con los incentivos fiscales. No tengo dudas de que Roy Miller estaría de acuerdo conmigo, pues de hecho alguna de estas cautelas las ofrece en el libro. Además, son un buen resumen de por qué hoy, como norma, carece de sentido comprar una vivienda en España: ni se ofertan a buen precio, ni las cuotas hipotecarias resultantes pueden atenderse con los salarios corrientes, ni existen incentivos fiscales, ni los costes de transacción son moderados.</p>
<p>La alternativa en España para beneficiarse del ahorro fiscal serían, por tanto, los fondos de pensiones. Pero aquí cuidado: tenga en cuenta que la inmensa mayoría de estos vehículos financieros proporcionan una pésima rentabilidad (con honrosas excepciones, ahí está el fondo de pensiones de Bestinver, con una rentabilidad anual del 12,5% en los últimos 15 años).</p>
<p>De hecho, el único problema que para el lector hispano puede tener este excelente manual novelado de ayuda financiera es que está escrito para el público estadounidense. Gran parte de los consejos son igualmente válidos, pero muchos otros –todos los vinculados a la legislación o a los productos financieros concretos del país– no. Aun así, se trata de una obra harto recomendable: pese a que se lee en dos tardes, el sentido común que irradia nos hará preguntarnos cómo hemos podido vivir hasta ahora sin seguir al pie de la letra los sensatos consejos del barbero rico.</p>
<p><strong>DAVID CHILTON: <a href="http://www.wealthybarber.com/" target="_blank"><em>THE WEALTHY BARBER</em></a>. Prima Publishing (1989), 200 páginas.</strong></p>
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		<title>¿Qué quiere ser, trabajador o capitalista?</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Jan 2011 10:16:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biblioteca del inversor]]></category>
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		<description><![CDATA[Uno de los argumentos preferidos de la izquierda para nacionalizar la escuela y tomar el control de los planes de estudio es el de la promoción de la igualdad de oportunidades. En principio, si el hijo de una familia pobre es más inteligente y trabajador que el de una familia rica, el sistema público de [...]]]></description>
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<p><img class="alignleft" src="http://1.bp.blogspot.com/_bJuKS6kBWmk/TAVBPi77j4I/AAAAAAAAAG8/eaqQpyoB1aQ/s1600/el-cuadrante-del-flujo-de-dinero-300pix.jpg" alt="" width="144" height="222" />Uno de los argumentos preferidos de la izquierda para nacionalizar la escuela y tomar el control de los planes de estudio es el de la promoción de la igualdad de oportunidades. En principio, si el hijo de una familia pobre es más inteligente y trabajador que el de una familia rica, el sistema público de enseñanza le permitirá obtener un buen trabajo bien remunerado, hipotecarse para adquirir una mansión y disfrutar de todos los lujos de que disfruta la clase más acaudalada.</p>
<p>Al margen de los enormes y variopintos problemas que subyacen a este razonamiento –problemas que tienen que ver con la mediocridad del currículo de la escuela pública, o con el error de confundir salario alto con riqueza, por citar dos ejemplos–, la principal crítica que se me ocurre es que la educación financiera, lo más importante para poder llegar a amasar un patrimonio sustancial, se encuentra del todo ausente de nuestros sistemas de enseñanza. Por lo general, los ricos, que saben por experiencia cómo relacionarse con el dinero, son los únicos que transmiten esas lecciones fundamentales a su descendencia, así que el espejismo redistribucionista de la igualdad de oportunidades ni está ni se le espera.</p>
<p>En fin, que tras dejarnos un riñón y parte del otro costeando con nuestros impuestos la ineficiente y onerosísima educación pública, resulta que debemos de ser nosotros, a nuestra muy autodidacta manera, los que nos procuremos formación en lo relacionado con las finanzas personales. Peor que mejor, el Estado se encarga de formar –con cargo a los contribuyentes, claro– ingenieros, arquitectos, filósofos, historiadores y abogados, pero se olvida de proporcionar a la gente –incluyendo a quienes estudian para ser ingenieros, arquitectos, filósofos, historiadores o abogados– las nociones que precisan para ser financieramente independientes, esto es, para que acumulen un capital que les permita vivir de las rentas en vez de trabajar durante toda su vida 40 horas semanales –por lo menos– para apenas hacer frente a los pagos mensuales de sus deudas.</p>
<p>Libros de educación financiera los hay a decenas, y en los próximos meses iremos dando cuenta de varios de ellos. Pero algunos de los mejores forman parte de la serie de publicaciones Padre Rico, dirigida por Robert Kiyosaki. En otra ocasión ya les hablé de su muy interesante <a href="http://libros.libertaddigital.com/aprenda-a-pensar-como-un-rico-1276235401.html" target="_blank"><em>Padre Rico, padre pobre</em></a>, que escribió a finales de los 90. Desde entonces, el éxito editorial ha sonreído merecidamente a este autor, que ha publicado una decena de libros más, en los que reitera sus consejos más importantes y desarrolla muchos de ellos.</p>
<p>A Kiyosaki le preocupa el modo de vida americano –y occidental– consistente en dedicarse a estudiar durante muchos años para obtener un título universitario que allane el camino hacia un gran salario, que a su vez abra las puertas a un endeudamiento incontrolable con el que sufragar al momento todos los caprichos que podamos tener –una casa en propiedad, un nuevo mobiliario, un automóvil, unas buenas vacaciones, etc.–. Para Kiyosaki, los analfabetos en materia de finanzas confunden ser rico con vivir como un rico. Los segundos se cargan de deudas para poder cumplir su sueño; los primeros, en cambio, tienen recursos suficientes como para hacer frente a todos sus gastos <em>sin necesidad de trabajar</em>.</p>
<p>Ahí está la clave: el pobre trabaja por dinero, mientras que el rico deja que su dinero trabaje por él.</p>
<p>Las personas que consumen como ricos recurriendo al crédito se vuelven esclavas de sus deudas; al contrario que los ricos, no pueden dejar de trabajar, porque en tal caso no serían capaces de hacer frente a sus deudas. Caen en la <em>carrera del hámster</em>: no dejan de dar vueltas en una rueda de la que no pueden escapar: cuanto más dinero ganan, más se endeudan, y cuanto más se endeudan, más tiempo y con más esfuerzo deben trabajar.</p>
<p>Kiyosaki insta a la gente a no vivir al día; o mejor, a no vivir el presente a cuenta del mañana. El rico utiliza sus recursos presentes para construirse un mejor, más próspero mañana.</p>
<p>En este sentido, <em>El cuadrante del flujo de dinero</em> es la continuación natural de <em>Padre rico, padre pobre.</em></p>
<p>Una vez asentados los conceptos básicos, Kiyosaki sistematiza su división entre ricos y pobres distinguiendo cuatro estrategias para obtener entradas de efectivo: la estrategia de ser empleado, la de ser autoempleado, la de ser propietario de un negocio o la de ser inversor. Los empleados y los autoempleados deben trabajar por el dinero, mientras que los propietarios de negocios y los inversores dejan que el dinero trabaje por ellos.</p>
<p>Toda persona –salvo que viva del sector público– se encuentra en al menos uno de estos cuadrantes: los empleados trabajan para otra persona y, a cambio, perciben un salario; los autoempleados trabajan para sí mismos, y con la venta de los bienes o servicios que producen obtienen unos ingresos de los consumidores; los dueños de un negocio conciben un sistema empresarial generador de beneficios y pagan a otros para que trabajen en su lugar; en cuanto a los inversores, destinan su dinero a adquirir participaciones (acciones o bonos) en sistemas empresariales ya existentes.</p>
<p>En todos los cuadrantes puede vivirse dignamente, aunque parece claro que es en los dos últimos donde son mayores las posibilidades de ganancia y disfrute de abundante tiempo libre. Los ricos –aunque de todo haya– suelen ser o dueños de negocios o inversores, actividades que les permiten disfrutar de grandes rentas y de mucho tiempo libre. En ese sentido, a muchos les gustaría ser ricos, pero la inmensa mayoría jamás se ha planteado en qué cuadrante se encuentra ni –por tanto– qué debe hacer para dejarlo por uno mejor.</p>
<p>No es un asunto baladí, pues las reglas que operan y las habilidades requeridas son distintas en cada uno de ellos. Desde luego, la lógica del empleado no sirve para ser autoempleado, mucho menos para ser un buen inversor o un buen dueño de negocio.</p>
<p>El trabajador debe ser un muy buen reproductor de las tareas que le encomiende su empleador, y ha de tratar en todo momento que el valor de su producción supere el salario percibe. Sólo así podrá conseguir ascensos y aumentos de sueldo. En cambio, el dueño de un negocio debe saber rodearse de gente competente; no necesita ser el más listo de todos, sino el más hábil y perspicaz. Si necesita resolver un problema fiscal, no ha de ponerse a estudiar la legislación tributaria, sino contratar al experto más capacitado; si necesita personal que haga turnos largos, ha de preocuparse por buscar a gente que disfrute de su trabajo y pueda aguantar varias horas sin desmotivarse. La misión del propietario es, pues, tener una visión global del sistema empresarial que dirige; lograr que todas las piezas funcionen en armonía y sin fricciones con el propósito de servir de la mejor manera posible a sus clientes.</p>
<p>Kiyosaki hace un buen trabajo a la hora de mostrar los parecidos y las diferencias entre los distintos cuadrantes. Particularmente brillante me resulta su taxonomía de los inversores: están los que lo despilfarran todo (inversores nulos), los endeudados, los ahorradores, los sabihondos, los largoplacistas, los sofisticados y los capitalistas. Esta clasificación ordena de menor a mayor paradigmas de inversor en función de su nivel de sofisticación y de sus ganancias potenciales: desde los <em>inversores</em> que se endeudan creyendo que están comenzando a construir su patrimonio –cuando en realidad trabajan para que los bancos se enriquezcan– a los que emulan a los dueños de negocios a la hora de seleccionar su cartera de activos (como Warren Buffett).</p>
<p>Sin embargo, no acuda a este libro buscando técnicas concretas de inversión. Aunque Kiyosaki es un multimillonario que se ha enriquecido gracias al éxito que ha obtenido en la inversión inmobiliaria, sus libros no explican cómo se invierte; se centran en el paso inmediatamente anterior. Y es que –como le gusta repetir–, antes de invertir usted ha de comprender e interiorizar las reglas del juego de su cuadrante. Los empleados, por ejemplo, suelen tener un pánico enorme y en parte irracional a perder dinero y contentarse con obtener rendimientos cuasinulos antes que correr el menor riesgo si éste puede implicar pérdida alguna.</p>
<p>Si tiene usted esa mentalidad, olvídese de invertir: le queda mucho camino –psicológico– por recorrer. Los ricos aprenden y mejoran a partir de sus errores; los pobres, en cambio, se repliegan y se hunden psicológicamente. Si pierde 2.000 o 10.000 euros en bolsa, plantéese cuán distinto resulta fustigarse pensando: &#8220;Horror, ¡esto no es para mí! ¡Nunca más debo cometer el error de meterme en la bolsa!&#8221; que preguntarse: &#8220;¿Qué he hecho mal? ¿Qué debo cambiar para que, <em>cuando vuelva a invertir en bolsa</em>, no me pase otra vez lo mismo?&#8221;.</p>
<p>Para eso, precisamente, sirven los libros de Kiyosaki. Como dice él, el rico conjuga de maravilla los verbos <em>ser</em>, <em>haber </em>y <em>tener</em>. Solemos obnubilarnos con el tener (riqueza), cuando lo cierto es que éste es consecuencia del haber (habilidades como inversor o como propietario de un negocio), lo que en gran parte es fruto del ser (predisposición a y preparación para ahorrar e invertir en condiciones de riesgo e incertidumbre).</p>
<p>Antes de disfrutar de una segunda o tercera vivienda, preocúpese de amasar el patrimonio con que pagarla. Antes de pretender amasar ese patrimonio, preocúpese de conocer bien cómo lograr que su dinero se multiplique –por ejemplo, estudiando las técnicas del <em>value investing–. </em>Y antes de aprender a multiplicar su dinero asegúrese de que verdaderamente quiere multiplicarlo, es decir, asuma que ha de afrontar ciertos sacrificios y cambiar de mentalidad. En definitiva: antes de estudiar cómo volverse rico, lea a Kiyosaki.</p>
<p><strong>ROBERT KIYOSAKI: <a href="http://www.puntodelectura.com/es/libro/el-cuadrante-del-flujo-de-dinero-1/" target="_blank"><em>EL CUADRANTE DEL FLUJO DE DINERO</em></a>. Punto de Lectura (Madrid), 2010, 309 páginas. </strong></p>
</div>
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		<title>Aprenda a pensar como un rico</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jan 2011 10:02:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biblioteca del inversor]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad Digital]]></category>

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		<description><![CDATA[La diferencia más importante entre un rico y un pobre no está en sus patrimonios, sino en sus perspectivas. Hay personas con muchas riquezas que afrontan la vida como si fueran pobres, y hay personas con muy pocas propiedades que tienen la actitud mental de un rico. A largo plazo, los primeros suelen acabar en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<div><img class="alignleft" src="http://www.elresumen.com/libros/padre_rico_padre_pobre.jpg" alt="" width="130" height="198" />La diferencia más importante entre un rico y un pobre no está en sus patrimonios, sino en sus perspectivas. Hay personas con muchas riquezas que afrontan la vida como si fueran pobres, y hay personas con muy pocas propiedades que tienen la actitud mental de un rico. A largo plazo, los primeros suelen acabar en la ruina y los segundos, amasando grandes cantidades de dinero.</div>
<div>El mundo está lleno de ricos que volvieron a serlo después de conocer la ruina y de pobres que, tras engrosar las filas de los <em>nuevos ricos</em>, finalmente volvieron a sumirse en la miseria. Los primeros dominan el arte de crear riqueza; los segundos son demoledoramente eficaces destruyéndola.</div>
<div>Puede que el autor del libro que nos ocupa, Robert Kiyosaki, sea, junto con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Hill" target="_blank">Napoleón Hill</a>, el pensador que más ha trabajado para proporcionar una buena educación financiera a las clases medias y trabajadoras.</div>
<div>Kiyosaki empieza relatando su propia experiencia personal. Así, sabremos que su padre, un funcionario bien remunerado, estaba obsesionado con que terminase los estudios universitarios, encontrase un trabajo estable y bien pagado y adquiriera una casa a modo de inversión. Muy distinto era el padre de uno de sus amigos: un empresario que no terminó la educación básica, que detestaba trabajar para otros (ya fuera el Estado o los accionistas de una compañía), especialmente de manera indefinida, y en cuya lista de prioridades la compra de una vivienda figuraba en los últimos lugares.</div>
<div>Kiyosaki comparó ambas concepciones a fin de averiguar cuál era la mejor. Pues bien: a la primera acabó denominándola visión del &#8220;padre pobre&#8221;; a la segunda, visión del &#8220;padre rico&#8221;.</div>
<div>La enseñanza básica que Kiyosaki trata de transmitir es que la riqueza no está ligada al consumo compulsivo, sino a la posesión de un conjunto de activos (patrimonio) que generen rentas suficientes como para poder vivir sin trabajar.</div>
<div>Según Kiyosaki, el error de los pobres es que prestan mucha atención a la renta de los ricos y ninguna al origen de la misma. Los ricos poseen acciones, empresas, bonos o inmuebles que les proporcionan periódicamente dividendos, beneficios, intereses y alquileres. De hecho, si son prudentes y sólo consumen una pequeña porción de su renta podrán reinvertir el resto, ampliar su columna de activos y lograr una renta aún mayor en el futuro. El rico no necesita trabajar por dinero: su dinero trabaja por él.</div>
<div>Los pobres, por el contrario, quieren vivir como si fueran ricos pero sin ser como ellos. Dicho de otra manera: buscan trabajos con altos salarios para así poder disfrutar cuanto antes de una renta como la de los ricos. El problema es que, en lugar de invertir esos altos salarios en adquirir activos que les permitan alcanzar en el futuro la independencia financiera, los dilapidan casi por entero en el consumo, en <em>vivir</em> <em>como ricos</em>. Y, claro, como su renta procede sólo de una fuente (el trabajo), cualquier bache laboral (despido, reducción salarial) implica una disminución de la misma y, en teoría, del consumo. En teoría, porque en la práctica suelen preferir endeudarse para mantener su <em>status</em>.</div>
<div>Total, que mientras los ricos se embarcan en un proceso de acumulación de activos, los pobres lo que hacen es acumular pasivos. Cada vez tienen que destinar una mayor porción de su salario a amortizar los intereses de las deudas que han contraído, de modo que, lejos de encaminarse a la independencia financiera, van acercándose cada vez más a la insolvencia. Kiyosaki denomina a este proceso &#8220;la carrera de la rata&#8221;: se trata de un círculo vicioso de endeudamiento del que cada vez es más difícil salir.</div>
<div>Frecuentemente, la <em>carrera de la rata</em> empieza con la adquisición de la primera vivienda. En EEUU –y para qué hablar de España– son muchos los que consideran que su residencia habitual es la inversión más importante que pueden acometer. Así que nada más lograr un trabajo más o menos indefinido conciertan una hipoteca con el objeto de comprarla.</div>
<div>A juicio de Kiyosaki, se trata de una decisión desafortunada, dado que se asume un volumen muy elevado de gasto en un momento en que la renta del sujeto es más bien modesta. Y, claro, pasa lo que pasa, que son legión los que se quejan –y para qué hablar de España– de que el sueldo apenas les llega para pagar la hipoteca.</div>
<div>Por incurrir en prácticas de este tipo, los pobres no pueden ahorrar y adquirir activos que les proporcionen renta. Su sueldo va a parar esencialmente al Gobierno y a los bancos; y si quieren consumir más (por ejemplo, para pagar los estudios de sus hijos) lo normal es que se vean forzados a buscar un segundo trabajo.</div>
<div>Kiyosaki cree que la pésima formación financiera que proporciona la educación pública es la causa última de la generalizada percepción de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. También influye poderosamente lo que se enseña en los hogares: los padres pobres transmiten a sus hijos ideas erróneas y los condenan a seguir siendo pobres, mientras que los ricos enseñan a los suyos a conservar y ampliar el capital acumulado.</div>
<div>La idea última de Kiyosaki está muy relacionada con las enseñanzas del filósofo <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Edward_C._Banfield" target="_blank">Edward Banfield</a> y, en buena medida, con las de la Escuela Austriaca de Economía. Según Banfield, la diferencia fundamental entre los ricos y los pobres está en su horizonte temporal: los primeros son capaces de representarse el futuro con mucha mayor nitidez y claridad. O, dicho a la manera austriaca: los ricos son capaces de idear planes a más largo plazo. Su horizonte temporal no está limitado a la satisfacción de las necesidades inmediatas, sino que efectúan transacciones <em>intertemporales</em>: renuncian a parte del consumo presente para poder disfrutar de más recursos en el futuro.</div>
<div>Si lo que quiere es alcanzar la <a href="http://www.juandemariana.org/estudio/982/sociedad/propietarios/" target="_blank">independencia financiera</a>, no sólo es importante que sepa <a href="http://revista.libertaddigital.com/estrategias-de-inversion-exitosas-1276234692.html" target="_blank">invertir</a> de manera adecuada, también ha de saber cómo gestionar sus finanzas. La clave está ahorrar con prudencia e invertir con éxito. Y en prestar mucha atención a maestros como Kiyosaki.</div>
<div><strong>ROBERT KIYOSAKI Y SHARON LECHTER: <em>PADRE RICO, PADRE POBRE: LO QUE LOS RICOS ENSEÑAN A SUS HIJOS ACERCA DEL DINERO ¡Y LA CLASE MEDIA NO!</em> Aguilar (Madrid), 2008, 280 páginas.</strong></div>
</div>
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		<title>Aprovéchese del boom de las materias primas</title>
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		<pubDate>Thu, 29 May 2008 14:21:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biblioteca del inversor]]></category>
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		<description><![CDATA[Desde el pasado mes de agosto, las materias primas se han situado en el foco de atención de casi todo el mundo: periodistas, especuladores, inversores, ciudadanos de a pie. Las brutales subidas del petróleo, los alimentos y los metales preciosos están repercutiendo en el día a día de familias y empresas: nadie puede escapar al subidón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde el pasado mes de agosto, las materias primas se han situado en el foco de atención de casi todo el mundo: periodistas, especuladores, inversores, ciudadanos de a pie. Las brutales subidas del petróleo, los alimentos y los metales preciosos están repercutiendo en el día a día de familias y empresas: nadie puede escapar al subidón de las <em>commodities</em>. Como suele suceder, en estas circunstancias todo el mundo trata de arrimar el ascua a su sardina y aprovechar la situación para promover su propia agenda ideológica.</p>
<p>El caso paradigmático es el de los neomalthusianos: parece que la carestía actual de productos tan básicos como los alimentos vendría a validar su tantas veces pronosticado agotamiento de los recursos naturales. El problema es que no conozco a ningún neomalthusiano que se haya hecho rico comprando materias primas cuando éstas están baratas y vendiéndolas cuando están caras. Yo prefiero fiarme de los análisis rigurosos de quienes predijeron a tiempo el <em>boom</em> de las materias primas y sacaron provecho de sus predicciones.</p>
<p>Puede que el caso más conocido sea el de Jim Rogers, uno de los grandes gurús de la inversión en materias primas. En 1970 Rogers, que previó la explosión de los precios de las <em>commodities</em>, fundó junto con George Soros el famoso fondo de inversión Quantum, que en sólo once años <a href="http://www.streetstories.com/James_Rogers.htm" target="_blank">alcanzó</a> una rentabilidad del 3.500%. Rogers suele comentar con orgullo que pudo jubilarse a la temprana edad de 37 años, lo que le ha permitido volcarse desde entonces en su mayor afición: el turismo.</p>
<p>Rogers es un auténtico trotamundos: ha visitado más de 115 países, y hoy por hoy es la persona que más kilómetros ha hecho a bordo de un vehículo a motor, según consta en el Libro Guiness de los Récords. Fruto de sus peripecias viajeras son sus libros <em><a href="http://www.amazon.com/Investment-Biker-Around-World-Rogers/dp/1558505296" target="_blank">Investment Biker</a></em> y <em><a href="http://www.amazon.com/Adventure-Capitalist-Ultimate-Road-Trip/dp/0812967267/ref=pd_lpo_k2_dp_k2a_3_txt?pf_rd_p=304485601&amp;pf_rd_s=lpo-top-stripe-2&amp;pf_rd_t=201&amp;pf_rd_i=1558505296&amp;pf_rd_m=ATVPDKIKX0DER&amp;pf_rd_r=1GD5EYAW7X82J6X0N8JH" target="_blank">Adventure Capitalist</a></em>.</p>
<p>En 1998 nuestro personaje detectó que el precio de las materias primas estaba tremendamente infravalorado y que se avecinaba un alza en los mismos que se prolongaría por espacio de unos quince años. Así las cosas, decidió crear su propio fondo de inversión en materias primas: el Rogers International Commodity Index (RICI). Desde 1998 hasta la actualidad, el valor del RICI se ha multiplicado por cinco.</p>
<p>Seis años más tarde dio a la imprenta <em><a href="http://www.amazon.com/Hot-Commodities-Anyone-Invest-Profitably/dp/140006337X" target="_blank">Hot Commodities</a></em>, donde explicó por qué creía que el <em>boom</em> de las materias primas iba a durar varios años más y expuso los rudimentos de la inversión fundamental en materias primas. Quienes le hicieran caso, seguro que obtuvieron pingües beneficios: desde que dio a la imprenta <em>Hot Commodities</em>, el fondo de Rogers casi ha duplicado su valor.</p>
<p>Por fortuna, Netbiblo acaba de publicar en español esta obra imprescindible de Rogers, bajo el título de <em>El boom de las materias primas</em>. La estructura es bastante sencilla y clara: dos capítulos iniciales donde se explica por qué las materias primas son y van a seguir siendo un mercado provechoso, dos de carácter más técnico donde se expone cómo funcionan estos mercados y otros seis en los que se analizan los fundamentos de oferta y demanda de diversas materias primas y en los que Rogers da su opinión sobre lo que podría deparar el futuro.</p>
<p>Pese a que predijo la carestía de las materias primas, nuestro autor no es un neomalthusiano, no cree que el mundo se encamine hacia el agotamiento de los recursos (excepción hecha del petróleo); de hecho, su predicción es que el actual <em>boom</em> durará hasta mediados de la siguiente década.</p>
<p>Rogers explica que durante el s. XX se han alternado ciclos de precios altos y bajos en el mercado de las materias primas, con una duración de entre diez y quince años. Los tres grandes <em>booms</em> de precios se produjeron en 1907-1920, 1933-1953 y 1968-1981: todos terminaron con un colapso de los precios y una sobreproducción de materias primas por otros diez o quince años.</p>
<p>La explicación que proporciona Rogers a estos ciclos, si bien tiene un ápice de verdad, pasa por alto el elemento esencial. Según Rogers, cuando los precios de las materias primas están altos, los empresarios efectúan inversiones masivas para incrementar la oferta. Dado que los proyectos para localizar, extraer, procesar y distribuir las materias primas son duraderos y costosos, la etapa de precios altos se prolonga durante más de una década. El problema es que, cuando toda esta enorme nueva capacidad productiva entra en funcionamiento, la oferta se incrementa tanto que los precios se desploman. Y como los precios están tan bajos y la capacidad productiva es tan elevada, debido a la sobreinversión anterior, ningún empresario invierte durante más de una década en el campo de las materias primas (un ejemplo: EEUU no ha construido una sola refinería de petróleo desde 1976). La oferta se estanca, pero la demanda sigue subiendo poco a poco (especialmente estimulada por los precios bajos), hasta que llega el momento en que vuelven a subir los precios y el ciclo se reanuda.</p>
<p>El problema de esta teoría es que parece que sea el libre mercado el responsable de semejante caos productivo. La explicación de Rogers sería mucho más rica y explicativa si incorporara la <a href="http://libros.libertaddigital.com/articulo.php/1276232694" target="_blank">teoría austriaca</a> del ciclo económico, que demuestra que los procesos generalizados de mala inversión en los sectores más alejados del consumo (como las materias primas) se deben a la intervención de los bancos centrales en los mercados crediticios.</p>
<p>Es una pena que Rogers ignore la teoría austriaca, ya que él mismo no escatima críticas a la Reserva Federal, y en particular a su actual presidente, Ben Bernanke. En noviembre, por ejemplo, le <a href="http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=newsarchive&amp;sid=aXH9wCx1oydw" target="_blank">llamó</a> &#8220;tonto de remate&#8221; por decir que la depreciación del dólar no afectaría a los estadounidenses que no compraran en el extranjero. Asimismo, en marzo <a href="http://www.cnbc.com/id/23588079" target="_blank">propuso</a> cerrar la Fed para terminar con la pérdida de valor del billete verde.</p>
<p><em>El</em> <em>boom de las materias primas</em> es un libro fascinante no sólo para aquellos que quieran lucrarse con las mismas. Como el propio Rogers explica, es necesario conocer cómo funciona el mercado de las materias primas para invertir con éxito en los demás.</p>
<p>Si las predicciones del autor están en lo cierto, las materias primas seguirán en precios altos hasta 2015. Eso sí, si piensa invertir en ellas, tenga en cuenta que el propio Rogers <a href="http://finance.yahoo.com/tech-ticker/article/1284/Jim-Rogers:-Commodities-Picks-and-Pans?tickers=" target="_blank">pronosticó</a> en febrero que los precios van a sufrir a medio plazo una corrección a la baja, como consecuencia de la crisis internacional. Lo que no quita, claro, para que, hasta 2015, la inversión en estos activos vaya a ser una de las más rentables.</p>
<p><strong>JIM ROGERS: <em>EL BOOM DE LAS MATERIAS PRIMAS</em>. Valor (Barcelona), 2008, 228 páginas.</strong></p>
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		<title>La fórmula mágica para hacerse rico</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Dec 2007 14:15:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Ramón Rallo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si le dijera que, con una fórmula mágica contenida en un texto de poco más de cien páginas, usted podría convertir un euro en 51 en el plazo de 15 años, probablemente me tomaría por loco. Pues precisamente eso es lo que promete Joel Greenblatt, uno de los inversores más exitosos del mundo, en El pequeño libro que bate al mercado. Es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft" src="http://www.onlineinvestingai.com/blog/wp-content/uploads/2010/06/the-little-book-that-beats-the-market.jpg" alt="" width="102" height="146" />Si le dijera que, con una fórmula mágica contenida en un texto de poco más de cien páginas, usted podría convertir un euro en 51 en el plazo de 15 años, probablemente me tomaría por loco. Pues precisamente eso es lo que promete Joel Greenblatt, uno de los inversores más exitosos del mundo, en <em>El pequeño libro que bate al mercado.</em></p>
<p>Es cierto que las obras que explican cómo convertirse en multimillonario abundan en las estanterías de las librerías, y que todas afirman la suya es la única estrategia que funciona. El simple sentido común nos sugiere que hacerse rico no debe de ser tan fácil y que, por tanto, todos esos libros sólo venden humo.</p>
<p>Pues bien, déjeme decirle que el de Greenblatt es una excepción. Por una simple razón: su fórmula sí tiene sentido. Y no por su elegancia formal, sino porque está basada en sólidos fundamentos inversores. <em>El pequeño libro&#8230;</em> es una de las mejores obras de divulgación de la teoría del <em>value investing</em>, la estrategia inversora de Benjamin Graham que permitió a Warren Buffet convertirse en el segundo hombre más rico del mundo.</p>
<p>Básicamente, Greenblatt comienza por explicarnos que una acción es una porción de un negocio empresarial que adquiere un inversor; en otras palabras, quien compra una acción está comprando una participación en un conjunto de activos y en los beneficios futuros que dichos activos generen. En los mercados, el precio de las acciones debería depender de las ganancias que esperan los inversores generen anualmente los negocios que les interesan. Por ejemplo, si yo tengo una empresa que gana 10.000 euros al año y le vendo un 10%, usted tendrá derecho a recibir 1.000 euros anuales. La cuestión es, ¿cuánto estaría dispuesto a pagar por recibir esos 1.000?</p>
<p>Si le ofreciera el 10% de mi empresa por un euro, seguramente aceptaría; pero si se lo ofreciera por un millón, seguramente me diría que no. La acción debería cotizar a un precio intermedio, por ejemplo a 15.000 euros, en función del tiempo que estén dispuestos a esperar los inversores para recuperar su inversión.</p>
<p>Sin embargo, las ganancias futuras de una empresa son inciertas. Podemos saber cuánto ganó en el pasado, pero no lo que ganará en el futuro. De ahí que cada inversor tenga sus particulares expectativas y esté dispuesto a ofrecer un determinado precio por una misma acción. Si usted espera que mi empresa pase de ganar 10.000 a 1.000.000 euros en un año, probablemente esté dispuesto a pagar más de 15.000 euros por el 10% de la misma.</p>
<p>Debido a estas expectativas divergentes, surgen especuladores profesionales que se dedican no a tratar de anticipar cuáles serán los beneficios de una empresa, sino cuáles serán las expectativas de los inversores. Si alguien se da cuenta de que usted está dispuesto a pagar 200.000 euros por el 10% de mi negocio, tratará de comprar mi 10% antes que usted para, posteriormente, revendérselo. Al mismo tiempo, aparecen otros especuladores que tratan de conocer cuáles son las expectativas de esos otros especuladores sobre el precio futuro de las acciones. Y así sucesivamente.</p>
<p>Ésta es la razón por la que las acciones oscilan tanto en el corto plazo. Sin embargo, a largo plazo el precio de las mismas viene determinado indefectiblemente por sus fundamentos, esto es, por su capacidad para generar beneficios.</p>
<p>Una manera de hacerse rico en la bolsa consiste en sacar provecho de esa discrepancia. Si las cotizaciones diarias (basadas en una pura especulación sobre las expectativas ajenas) reducen notablemente el precio de una acción que, de acuerdo con sus fundamentos, tenderá a crecer mucho a largo plazo, usted podrá comprar negocios muy buenos (con una gran capacidad para generar beneficios) a precios muy bajos.</p>
<p>El problema, de nuevo, es que resulta complicado predecir los beneficios. Existen técnicas para tratar de calcularlos con cierta exactitud, pero para manejarla hay que leer mucha literatura económica, no siempre inteligible para el profano, dedicar innumerables horas al análisis de las empresas en que se tiene pensado invertir. Ahora bien, si no se cree capacitado o no tiene tiempo para leer e investigar, puede recurrir a un método que automatiza al máximo la selección de acciones; o sea, a la fórmula mágica de Greenblatt.</p>
<p>Recordemos: para hacernos ricos tenemos que buscar acciones de buenas empresas a precios de ganga. Como no sabemos o no tenemos tiempo para predecir los beneficios, Greenblatt propone tomar como estimación los cosechados el año anterior. Es cierto que se trata de un método de brocha gorda con muchos problemas, pero sus defectos pueden mitigarse mediante la inversión en bastantes empresas, ya que los errores a la baja (sobrevaloración de los beneficios) tenderán a compensarse con los errores al alza(infravaloración de los beneficios).</p>
<p>Sin embargo, con esto aún no hemos resuelto el problema de la selección de acciones. Que una empresa gane mucho dinero no significa que sea una buena empresa (ya que puede necesitar emplear también mucho dinero para gastarlo), y además también tenemos que encontrar una medida que nos diga si la acción es cara o barata.</p>
<p>Greenblatt propone dos ratios: la de beneficios/activos (o ROA), que sirve para saber si una empresa es eficiente, y la de beneficios por acción/precio de la acción (o 1/PER), que nos indica si estamos ante un precio alto o bajo.</p>
<p>La ROA viene a expresar cuál es la eficiencia del capital empleado en una inversión. Imagine que compro una tienda por 10.000 euros y logro unos beneficios anuales de 5.000. El ROA de mi empresa sería del 50%, lo que significa que en dos años recuperaría la inversión inicial. No sólo eso: si tengo un proyecto que funciona, en dos años podré volver a comprar otra tienda por 10.000 euros, con lo que mis beneficios crecerán hasta 100.000 al año. Cuanto mayor es el ROA de un negocio, mayor es la eficiencia con que emplea su capital.</p>
<p>La 1/PER nos muestra la rentabilidad que obtenemos con los beneficios en función del precio que estamos pagando. Si, de nuevo, mi empresa logra unos beneficios de 10.000 euros y tiene 10 acciones, el beneficio por acción es de 1.000 euros. Si cada acción tiene un precio de 5.000, la rentabilidad de mi inversión es del 20% (1.000/5.000), bastante más que lo que nos ofrece un depósito a un año en el banco. Lo que nos interesa es que esta ratio sea lo más alta posible, porque así rentabilizaremos antes nuestro desembolso inicial.</p>
<p>Pues bien, la fórmula mágica de Greenblatt opera del siguiente modo. Cogemos todas las empresas que cotizan en bolsa y las ordenamos primero de mayor a menor ROA, asignando el número 1 a la que tenga el ROA más alto, el 2 a la siguiente, etc; luego hacemos otra lista, las clasificamos en función de su 1/PER y les asignamos sus números correspondientes; por último, procedemos a sumar: a una empresa que obtuviera un 20 en ROA y un 5 en 1/PER le asignaríamos, ahora, un 25. La clave está en invertir en las 30 empresas con mayor puntuación en el agregado: compraremos empresas muy buenas (alto ROA) a precios muy baratos (1/PER), y la gran cantidad de empresas reducirá las posibilidades de error a la hora de hacer cálculos sobre beneficios.</p>
<p>Si cree que este método es muy costoso y tedioso, piense en lo que ocurriría si tuviera que analizar cada uno de los balances, cuentas de pérdidas y ganancias, flujos libres de caja y fundamentos de negocio de cada una de las empresas que cotizan en bolsa. Pero bueno, si eso no le consuela, siempre puede acudir a <a href="http://www.magicformulainvesting.com/" target="_blank">Magic Formula Investing</a>, donde ya le han clasificado las empresas según esos dos criterios.</p>
<p>Durante los últimos quince años, la fórmula ha logrado una rentabilidad media anual de más del 30%, 18 puntos superior a la del mercado (12%). Dicho de otro modo: en 20 años puede convertir cada euro invertido en 190 (fórmula mágica) o en 9 (mercado). Usted, sin saber casi nada de finanzas, puede batir a numerosos inversores y especuladores profesionales.</p>
<p>Pero si todo es tan sencillo, ¿por qué no sigue todo el mundo la fórmula de marras? Por dos motivos: comprensión y paciencia. Si quiere aplicar este método, debe tener claro que las ganancias se cosechan a largo plazo: no espere rendimientos espectaculares al cabo de uno o dos meses. De hecho, pese a que el fondo de inversión de Greenblatt ha logrado durante los últimos 20 años una rentabilidad media del 50% anual (una de las mayores del mundo), en 2007 está perdiendo dinero. Pero no se preocupe, lo recuperará con creces en los próximos ejercicios.</p>
<p>Esto nos lleva al segundo punto: es vital que entienda por qué la formula funciona&#8230; y seguirá funcionando. Esto no es un truco de magia, sino pura lógica económica. Si no lo entiende, es muy posible que se desanime si pierde dinero durante uno o dos años, o si obtiene una rentabilidad inferior a la media del mercado. Durante los últimos 15 años, la fórmula ha ganado menos que la media en uno de cada cuatro años; pero lo relevante es que en cualquier período de tres años ha ganado el doble que el mercado.</p>
<p>Por lo tanto, invierta a largo plazo y comprenda bien la fórmula. Si no ha quedado convencido –y si sí también–, le recomiendo que se compre el libro y que lo lea varias veces antes de ponerse a invertir. Repito: es vital que comprenda los fundamentos económicos que hay detrás de la fórmula. Una vez lo consiga, ahorre, invierta&#8230; y hágase rico.</p>
<p><strong>JOEL GREENBLATT: <em>EL PEQUEÑO LIBRO QUE BATE AL MERCADO</em>. Urano (Barcelona), 2007, 158 páginas.</strong></p>
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