Mises y Block se equivocan sobre sus teoremas regresivos del dinero

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Guillermo Sánchez ha replicado desde su blog Econo-Mía [y Tuya] (aprovecho para recomendar encarecidamente la lectura regular de ese gran blog) a una de mis últimas anotaciones criticando el teorema regresivo de Mises. Básicamente, lo que sostiene Guillermo, basándose en un reciente artículo de Walter Block y Laura Davidson, es:

  1. El teorema regresivo sólo establece que surja ninguna forma de dinero nuevo si no existe previamente un sistema de precios (monetarios).
  2. En el caso de una economía basada en el trueque, lo anterior sí implica que el dinero debe poseer una utilidad no monetaria previa, dado que no puede haber precios monetarios sin dinero (es decir, el primer dinero deberá ser un bien que ya se intercambiara por otros en una economía basada en el trueque).
  3. En el caso de una economía donde ya exista alguna forma de dinero, el teorema regresivo no implica que cualquier nuevo dinero que emerja deba poseer utilidad no monetaria previa (“ni tampoco ser respaldado o redimible por otra cosa, ni necesita ser establecido a una tasa fija”), ya que surge dentro de un sistema de precios ya existentes. El propio Mises reconoce la posibilidad de que se desarrolle el dinero fiat.
  4. Por tanto, el surgimiento de Bitcoin no invalida el teorema regresivo del dinero.

Mi problema con esta argumentación —al margen de que, como a continuación expondré, sea una interpretación equivocada de Mises— es que resulta internamente contradictoria.

Primero, en una economía basada en el trueque, ya existen precios: cada intercambio entre cualquier pareja de bienes da lugar a precios (una vaca tiene el precio de dos cabras, una cabra cuesta el equivalente a 100 tomates, etc.). Lo que no existe es una unidad de cuenta común en la que expresar todos los precios y en la que efectuar el cálculo económico (un numerario). De hecho, lo que hace el primer dinero, según el teorema regresivo, es surgir a partir de un bien (por ejemplo, el oro sin usos monetarios) que ya cuenta con precios frente a todos los restantes bienes a través del trueque.

Segundo, ¿por qué no puede constituirse como primer dinero un bien que carezca de utilidad no monetaria previa? Por carecer de poder adquisitivo histórico a partir del cual proyectar el poder adquisitivo futuro. Guillermo, justamente, me reprocha este punto: “Rallo extrañamente parece decir que se puede esperar que un dinero tenga un esperado valor de cambio objetivo futuro estable sin recurrir a la experiencia pasada. Ergo, que las expectativas se pueden formar “de la nada” y no usan de punto de partida el pasado inmediato o no tan inmediato. Lo cual, claramente, es falso” (dejo de momento de lado la reflexión sobre si es falso o no, pues por ahora quiero continuar exponiendo la contradicción).

Tercero, ¿por qué Bitcoin —o cualquier otra forma de potencial dinero sin valor no monetario  previo— sí puede convertirse en dinero según el teorema regresivo sin violar el propio teorema regresivo? Porque emerge dentro de una economía donde ya existen precios monetarios “en términos de la antigua moneda”: es decir, el valor de Bitcoin ya está históricamente determinado y, por tanto, ya puede proyectarse una expectativa de poder adquisitivo futuro basándonos en la experiencia pasada… ¿O no? ¿No notan que acabamos de dar un salto lógico en falso?

Cuando aparece Bitcoin, éste no posee relación de intercambio histórica alguna (no posee ningún precio histórico alguno) con ningún bien o activo. ¿Cuánto vale Bitcoin en dólares, en euros, en yuanes, en libras o en yenes? Hasta que no se produce el primer intercambio entre Bitcoin y cualquier otra divisa, carecemos de cualquier precio histórico denominado en Bitcoins. Es verdad que poseemos una miríada de precios de bienes, servicios o activos en términos de dólares, euros o yenes, pero no en términos de Bitcoin. ¿Por qué, entonces, sí es posible establecer una relación de intercambio (un precio presente) entre el dólar, el yen, la libra o el euro y Bitcoin a partir del cual proyectar nuestras expectativas de poder adquisitivo futuro de Bitcoin pero, en cambio, no es posible establecer en una economía de trueque una relación de intercambio (un precio presente) entre las vacas, los corderos, las gallinas o las vasijas y el Bitcoin? Dicho de otro modo, o aceptamos que el primer dinero tampoco necesita contar con una utilidad no monetaria previa (en cuyo caso el teorema regresivo deja de significar nada) o aceptamos que los nuevos dineros también requieren contar con una utilidad no monetaria previa, al menos en su origen (lo cual provocaría que Bitcoin violara el teorema regresivo del dinero).

De hecho, esta última es claramente la interpretación estricta de Mises. Cito: “If the objective exchange-value of money must always be linked with a pre-existing market exchange-ratio between money and other economic goods (since otherwise individuals would not be in a position to estimate the value of the money), it follows that an object cannot be used as money unless, at the moment when its use as money begins, it already possesses an objective exchange-value based on some other use” (p. 110). Fijémonos en que Mises no está diciendo que “el objeto utilizado originalmente como primer dinero debe poseer un valor de cambio objetivo no monetario”, sino que está hablando de que cualquier objeto que pase a ser utilizado como dinero debe poseer un valor monetario previo. Es más, a propósito del dinero fiat —cuya existencia Mises sí cree posible— es taxativo al afirmar que “This link with a pre-existing exchange-value is necessary not only for commodity money, but equally for credit money and fiat money.’ No fiat money could ever come into existence if it did not satisfy this condition” (p. 110). Tan es así que el austriaco sólo llega a concebir dos formas en que el dinero fiat puede emerger: “Such money must have come into existence in one oftwo ways. It may have come into existence because money-substitutes already in circulation, ie., claims payable in money on demand, were deprived of their character as claims, and yet still used in commerce as media of exchange. In this case, the starting-point for their valuation lay in the objective exchange-value that they had at the moment when they were deprived of their character as claims. The other possible case is that in which coins that once circulated as commodity-money are transformed into fiat money by cessation of free coinage (…). Here the starting-point for the valuation lies in the objective exchange-value of the coins at the time of the cessation of free coinage” (p. 110-111).

Es decir, no es cierto que, como afirman Block y Davidson y recoge Guillermo: “El teorema regresivo de Mises NO dice que TODO ulterior medio de cambio deba haber sido intercambiado directamente o necesite tener valor de uso directo. Ni tampoco hay necesidad praxeológica de que el dinero deba tener uso directo para ser vendible, la liquidez del dinero depende de la confianza de los participantes del mercado en que será aceptado luego”. El teorema regresivo sí dice eso (porque, como hemos dicho, o dice eso o cae en una contradicción interna). Probablemente la confusión provenga de que, en efecto, una vez se ha producido la conexión de continuidad histórica del valor de cambio objetivo del dinero fiat, Mises considera que el valor de éste último ya puede independizarse: “Before an economic good begins to function as money it must already possess exchange-value based on some other cause than its monetary function. But money that already functions as such may remain valuable even when the original source of its exchange-value has ceased to exist. Its value then is based entirely on its function as common medium of exchange (p. 111).

Claramente, Mises se muestra consternado por que algo que haya carecido históricamente de valor pueda convertirse en medio general de cambio. Guillermo también mostraba su desacuerdo con que podamos formar expectativas sobre poder adquisitivo futuro sin poseer ninguna referencia pasada. Y, aunque yo mismo reconozco en mi crítica a Mises que lo normal es apoyar tus expectativas actuales sobre el futuro en algún elemento pasado (y que, por tanto, lo normal es que los bienes con valores no monetarios previos hayan sido evolutivamente seleccionados como dinero), sería un error pensar que no existe alternativa y que, por tanto, es imposible que bienes sin utilidad no monetaria previa devengan dinero.

Por ejemplo, imaginemos que el primer poseedor de Bitcoins les asigna un valor arbitrario: $10.000 dólares por Bitcoin o, en una economía con trueque, 500 vacas por Bitcoin. Ahí ya tenemos un ask price a partir del cual el resto de agentes pueden construir (a alza o a la baja) sus expectativas futuras de poder adquisitivo (es decir, tendríamos un precio original a partir del cual evolucionaría la cotización de la divisa, tal como Mises acepta). ¿Por qué, si la incertidumbre sobre el precio de Bitcoin es gigantesca, su poseedor no puede recurrir a una fijación aleatoria del precio para que, por tanteo competitivo de mercado, vayamos acercándonos a precios más acordes con las valoraciones del resto de agentes? Claro que acaso se replique que un ask price no es un precio histórico de intercambio y que, por tanto, la mera petición de un precio por el vendedor no nos proporciona un precio. Bien, basta con desarrollar un poco el ejemplo: imaginemos que algún comprador acepta esa transacción por confiar —acertada o erróneamente— en que otros agentes aceptarán el Bitcoin por ese mismo precio, sirviendo entonces como medio de intercambio. Ahí sí que ya tenemos una relación histórica de intercambio —que sirve para explicar tanto el appraisement del Bitcoin en una economía monetaria como en una economía de trueque— sobre la que desarrollar la subsiguiente oferta y demanda de ese bien dinerario.

En definitiva, la versión renovada del teorema regresivo no es la versión de Mises y, además, es internamente incoherente. Sólo podemos volverlo coherente si aceptamos la versión de Mises y ésta puede mostrarse errónea tanto desde un punto de vista teórico como histórico. Sí, Mises también se equivoca. Y en asuntos monetarios, me atrevería a decir que mucho.

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