Nueva réplica a Lord Keynes: preferencia temporal y tipos de interés (parte 3)

Nueva réplica de Lord Keynes a mis contestaciones. En este caso, he visto problemas de comprensión más serios que en el anterior, probablemente atribuibles al español. Paso a replicar. Como antes, primero resumo la crítica de Lord Keynes y luego efectúo mi exposición:

1. Lord Keynes cree entender que reconozco la victoria de Sraffa sobre los austriacos cuando reconozco la irrelevancia de las tasas naturales de interés y se opone, de un modo más desarrollado, a la teoría pura de la preferencia temporal. Su argumento en contra es básicamente el keynesiano (que critico más extensamente en mi libro contra La Teoría General): más ahorro no implica más inversión, pues el ahorro puede canalizarse hacia el atesoramiento o hacia la adquisición de activos en el mercado secundario.  Esto implicaría, a su vez, que cada agente económico no tiene una senda de consumo programada, pues el ahorro presente no tiene por qué ser consumo futuro. De ahí que las variaciones en los tipos de interés no tendrían por qué reflejar las distintas preferencias marginales de los agentes económicos. Por último, Lord Keynes me acusa de equiparar el descalce de plazos con la reserva fraccionaria, siguiendo la versión más radical de Rothbard al respecto.

1.1.    Temo no haber concedido nada en relación con Sraffa. Que diga que el concepto de tasa natural sea irrelevante no significa que compre el argumento de Sraffa. Lachmann en ese punto tenía razón, pero aun así es poco relevante en una economía capitalista, que es donde se producen las fluctuaciones financieras: es decir, en un mundo con cálculo económico monetario donde sí existe una tendencia a la igualación de los tipos de interés por plazo y riesgo.

1.2.    Vayamos con el argumento keynesiano. De entrada, no es verdad que la oferta de nuevo ahorro pueda ir a parar o a nuevas inversiones, o activos en el mercado secundario o a saldos de tesorería: sólo puede ir a parar o a nuevas inversiones o a saldos de tesorería. Repito: si A tiene un bono a 20 años de una empresa y B, tras incrementar su ahorro, se lo adquiere, A dispone del capital líquido de B y deberá tomar una decisión: o consumirlo, o invertirlo, o atesorarlo o adquirirle un activo del mercado secundario a C (quien se volverá a encontrar en idéntica situación). Al final, pues, el ahorro de A o se transforma en consumo de otro agente (la inversión agregada no aumenta pero tampoco disminuye), o nueva inversión o en atesoramiento.

1.3.     Volvemos, pues, al tema central de Keynes: el rol que desempeña el atesoramiento de dinero dentro de un sistema capitalista. Desde una perspectiva individual, atesorar dinero es una forma de modificar mi cartera patrimonial de inversiones. Recalco inversiones porque los saldos de tesorería son un bien de capital esencial dentro del activo de cualquier empresa funcional (su cometido: hacer frente a disminuciones de ingresos o a aumentos de gastos imprevistos). Por tanto, desde una perspectiva individual es evidente que el atesoramiento de dinero no sólo es ahorro, sino también inversión: inversión en activos líquidos.

1.4.    Ligado con lo anterior: Lord Keynes afirma que quien atesora dinero hoy no tiene necesariamente por qué consumir mañana. La afirmación es controvertida: si con ella quiere afirmar que el ahorro que efectúa una persona (en saldos de tesorería o en cualquier otro activo) no tiene por qué ser consumido por esa misma persona, estoy de acuerdo: por eso existen las herencias. Ahora bien, si con ello queremos decir que la gente atesora dinero de manera ilimitada e irracional, no: atesorar dinero es una forma de protegerse frente a la incertidumbre. Pero, ¿incertidumbre frente a qué? Pues frente al riego de no poder efectuar consumos u otras inversiones futuras deseadas en el momento deseado (nota: no hablo de incertidumbre sobre los tipos de interés, que es el erróneo argumento de Keynes). Si la gente atesorara dinero para nada, se limitaría a vender ilimitadamente su trabajo y sus bienes… para nada (¿son regalos?). No, para nada no: para mantener sus opciones abiertas de cara al futuro, lo que implica poder consumir e invertir en otros activos cuando lo consideren más adecuado. Pero uno quiere mantener sus opciones abiertas no porque asuma que no va consumir o invertir nunca, sino porque desea hacerlo en el momento en que considere adecuado: ese es justo el significado de la soberanía del consumidor y del inversor.

1.5.    Hemos dicho que el atesoramiento de dinero sí es una inversión individual (inversión en saldos líquidos para mantener las opciones individuales abiertas). Pero, ¿y desde una perspectiva agregada? ¿Acaso no estamos ante un intento generalizado de querer coger la luna con las manos, como diría Keynes? No: atesorar dinero, con las presiones deflacionistas que acarrea, supone rentabilizar los procesos productivos dirigidos a fabricar dinero: es, por consiguiente, una inversión productiva en dinero (Hülsmann ve bastante bien este punto). El asunto discurre por circuitos naturales con patrón oro, pero no con papel moneda inconvertible, haciéndose necesaria la (potencialmente muy distorsionadora) actuación del banco central (punto 1.6 y 1.7).

1.6.    Y es que el deseo de atesorar dinero no sólo se traslada sobre los precios, sino también sobre los tipos de interés. Mi objetivo no es negar que las preferencias por la liquidez influyan sobre los tipos de interés, sino negar que son el único o el elemento principal que los determina. Por emplear terminología de Böhm-Bawerk: la existencia de tipos de interés se explica por la preferencia temporal, pero en su determinación intervienen muchos otros factores (productividad marginal de las inversiones o preferencia por la liquidez). Un aumento de la preferencia por la liquidez da lugar a un aumento del atesoramiento y, también, a una reducción de los tipos de interés a más corto plazo (pues las prima de liquidez por plazo y riesgo se disparan). Eso equivale a reducir el coste de capital para los procesos productivos más a corto plazo y menos arriesgados, esto es, para la producción de bienes de consumo en alta demanda. Por eso, ante un aumento del atesoramiento, el sistema bancario puede incrementar sus descuentos de pagarés o de letras de cambio comerciales, proporcionando a los ahorradores los saldos líquidos deseados (activos autoliquidables) y a los inversores la financiación necesaria para incrementar su escala productiva en las etapa más cercanas al consumo.

1.7.    El banco central también podría teóricamente efectuar esta operación de abastecimiento de la demanda de saldos líquidos mediante la monetización de activos autoliquidables (una de las propuestas de Keynes, aunque imperfecta incluso para él mismo debido a la trampa de la liquidez). Pero fuera del patrón oro (o de algún dinero que no sea pasivo de nadie más) y sin competencia interbancaria, no existe ningún mecanismo de realimentación que permita conocer si el banco central se limita al descuento de activos autoliquidables o está, por el contrario, emitiendo pasivos a la vista contra activos a largo plazo, profundizando en el descalce de plazos y en las malas inversiones (ver punto 6.2); el asunto quedó más o menos saldado en la controversia bullionista a comienzos del s. XIX, pero parece que todavía no hemos tomado buena nota de ello. Además, lo más común es que los banqueros centrales busquen deliberadamente profundizar en ese descalce de plazos (los quantitative easings de Bernanke son una buena muestra de ello).

1.8.    En definitiva, la preferencia por la liquidez influye sobre la forma de la curva de rendimientos, pero no explica la existencia de la curva de rendimientos (de tipos de interés). Sirve para modular si los procesos productivos deben volverse más o menos ilíquidos y cortoplacistas, esto es, con menor o mayor rotación del capital (imagino que no es necesario indicar cómo esto liga con la teoría del recalculation de Arnold Kling: los agentes buscan posicionarse en activos líquidos hasta que se sientan seguros para lanzarse a recomponer los patrones productivos de la economía). Pero no por eso puede negarse el papel esencial que juega la preferencia temporal a la hora de determinar los tipos de interés: si ello fuera así no habría carestías intertemporales en el uso y disfrute de los factores productivos y de los bienes de consumo (me remito a mi anterior punto 2). De hecho, déjenme ponerle a Lord Keynes un caso práctico muy sencillo.

1.9.    Supongamos que, en línea con los objetivos de Keynes, conseguimos anular los tipos de interés del dinero. En ese mundo, un empresario tiene que tomar una decisión entre dos procesos productivos: uno a 100 años con una TIR del 50% y uno a un año con una TIR del 5%. ¿Cuál debería adoptar? Sin tipos de interés (i.e. costes del capital: wacc), siempre adoptaríamos los procesos más rentables, por muy a largo plazo y muy arriesgados que fueran. Como es evidente que el ser humano no está dispuesto a diferir indefinidamente la disposición de bienes presentes ni a asumir riesgos ilimitados, eso sólo nos conduciría a descoordinaciones intertemporales… si no contamos con tipos de interés (costes del capital) que permitan orientar la asignación de capital. Me temo que Lord Keynes confunde preferencia por la liquidez con preferencia por atesorar dinero; pero la preferencia por la liquidez es mucho más amplia: es una preferencia por la disposición de bienes presentes. En un mundo con mucho dinero y con estructuras productivas muy ilíquidas e inconvertibles, los agentes no son líquidos. Por consiguiente, lo que debe resolver Lord Keynes es: ¿cualquier distribución intertemporal de los recursos es compatible con las necesidades de consumo de los agentes siempre y cuando los agentes vean satisfecha su demanda de dinero? Si la respuesta es que no –y obviamente lo es–, la teoría pura de la preferencia temporal no puede ser falsa.

1.10.Por último, supongo que no es necesario señalarlo pero: no veo la reserva fraccionaria como un fraude. Ni siquiera el descalce de plazos (que el descalce de plazos sea desestabilizador no significa que sea fraudulento). No sé por qué Lord Keynes confunde descalce de plazos con reserva fraccionaria: hay descalces de plazos sin reserva fraccionaria (operaciones repo de la banca de inversión) y hay reserva fraccionaria sin descalce de plazos (emisión de billetes de banco contra pagarés comerciales a la vista). Además, creo que Lord Keynes debería repasar a Rothbard, pues él pensaba que sí existía una tendencia sostenible hacia el arbitraje de los tipos de interés por plazo y riesgo (y, por tanto, una tendencia al aplanamiento de la curva de rendimientos).

2. Lord Keynes insiste en que la teoría austriaca no puede darse con recursos ociosos, pero sin criticar ninguno de mis puntos anteriores. Simplemente los descarta porque doy por válido la teoría pura de la preferencia temporal.

2.1.    Me remito a los puntos 1.1 a 1.10 en mi discusión sobre el papel que juega la preferencia temporal y la preferencia por la liquidez en determinar las curvas de rendimientos.

2.2.    Que haya desempleados y capacidad ociosa durante las depresiones no significa que la teoría austriaca no sea válida. Repito: si hay desempleo y recursos ociosos para ocupar a los parados, éstos podrían salir del desempleo montando su propia cooperativa. ¿Por qué no lo hacen? Si no lo hacen porque los factores complementarios de producción que necesitan (incluyendo el consumo que desean efectuar antes de que completen su producción) los están atesorando los capitalistas que no desean invertirlos, lo que sucede es, justamente, que los procesos productivos que los capitalistas conocen no son lo suficientemente remunerativos como para compensarles el período de inmovilización de su capital o la asunción de riesgos: motivo por el cual la estructura productiva se tiene que readaptar (que es justo lo que explica la teoría austriaca, especialmente si añadimos la demanda de dinero y el recalculation).

3. Lord Keynes cree que mis críticas a su visión de los bienes de capital como bienes muti-orden supone insistir en que, en su opinión, lo bienes de capital son homogéneos.

3.1.    No, lo que digo es que es irrelevante que los bienes de capital sean multi-orden salvo que por bienes de capital multi-orden entendamos “ estructura productiva perfectamente reconvertible”. Si por bienes de capital multi-orden no entendemos eso (y no digo que Lord Keynes entienda eso), entonces la crítica es irrelevante: lo importante es que los bienes de capital forman estructuras productivas con distintos ritmos de producción de bienes de consumo futuros, y en la medida en que esas estructuras sean rígidas y no puedan altearse a placer, habrá descoordinaciones potenciales entre las sendas de consumo deseado y las sendas de producción planificada.

3.2.    Copio parte de mi anterior párrafo 3.3 para no reescribir la misma idea: “En la medida en que existan heterogeneidades e inconvertibilidades, los perfiles de producción programada no podrán readaptarse ipso facto a los cambios de los perfiles de consumo deseado, dándose la necesidad de dolorosas reajustes de la estructura productiva. Dicho de otra manera, que el hierro pueda ser simultáneamente un bien de primero, segundo, tercero y cuarto orden, no significa que todos los bienes de cuarto orden (por simplificar: bienes de capital alejados del consumo) puedan convertirse de inmediato en bienes de primer orden (bienes de capital muy cercano al consumo) o, todavía peor, que únicamente transfiriendo hierro de cuarto orden en hierro de primer orden, la producción de las industrias cercanas al consumo se podrá incrementar de manera proporcional”.

4. Podemos prescindir del antiguo punto cuatro, porque Lord Keynes remite a su crítica a la teoría pura de la preferencia temporal tratada en el punto 1. Yo tampoco tengo nada más que añadir.

5. Lord Keynes entiende mi punto 5 como una admisión de que la teoría austriaca del ciclo económico no es universal pero sí relevante al explicar descoordinaciones intertemporales (conclusión inválida atendiendo a su punto 1).

5.1.    Justamente, lo que digo es que la teoría austriaca es una teoría que explica descoordinaciones intertemporales (y de perfiles de riesgo) entre los agentes económicos y eso le confiere universalidad. Las descoordinaciones pueden plasmarse de modos e intensidades muy distintas, pero la esencia común es idéntica.

6. Lord Keynes no responde a mi crítica de que es posible que existan beneficios falsos por un aumento de las ventas de la empresa (manteniéndose constantes los precios) y opta por cargar contra mi expresión “expansión artificial del crédito”. Además, señala que no entiendo cómo el dinero se crea endógenamente en un sistema financiero.

6.1.    Como ya he explicado, cuando he hablado de “expansión artificial del crédito” he querido dar a entender “descalce de plazos y de riesgos”. El descalce de plazos y de riesgos supone dirigir ahorro a corto plazo (o de bajo riesgo) a inversiones a largo plazo (o de alto riesgo): por tanto, incrementa la provisión de financiación a largo plazo o de alto riesgo en contra de las preferencias temporales o aversiones al riesgo de los ahorradores (en ese sentido es artificial). Nada de esto tiene que ver con la reserva fraccionaria.

6.2.    En efecto, la banca puede crear pasivos a la vista que se emplean como medios de pago. Pero, ¿cómo los crea? Monetizando activos de muy distinto plazo y niveles de riesgo. Por tanto, la creación endógena de pasivos bancarios puede, a su vez, ser sostenible o insostenible: si los bancos emiten pasivos a la vista contra activos autoliquidables, no hay expansión artificial del crédito por muchos pasivos que endógenamente se generen; si, en cambio, se emiten pasivos a la vista contra activos a muy largo plazo o de muy alto riesgo, hay creación endógena de medios de pago y descalce de plazos (o riesgos) y expansión artificial del crédito. Precisamente, esto fue lo que Keynes no entendió cuando afirmaba que la inversión generaba endógenamente el ahorro necesario para financiarla: ¿una inversión a 30 años genera endógenamente un ahorro (i.e., un deseo de diferir el consumo) durante 30 años? Obviamente no: y por ello, la creación endógena de pasivos bancarios a la vista es el principal motivo detrás de las fluctuaciones financieras.

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