¿Bajar el IVA? Sí, pero no solo el 'cultural'

Los rumores acerca de una posible bajada del mal llamado IVA cultural se acrecientan, aun cuando el propio presidente del Gobierno haya salido a desmentirlos «de momento». Fue en julio de 2012, momento en el que España se hallaba al borde del colapso económico y de la salida del euro, cuando Rajoy trató de demostrar al mundo que estaba dispuesto a soterrar el déficit público español soterrando impositivamente a los españoles y, entre otras medidas, optó por incrementar el tipo general del IVA desde el 18% al 21% así como por reclasificar algunos productos desde el tipo reducido a este nuevo tipo general: por ejemplo, las entradas de cine, teatro, danza, circos o conciertos de música.
Desde ese mismo mes de julio de hace casi tres años, las distintas industrias de entretenimiento afectadas se han estructurado a modo de lobby unitario para reclamar un retorno a la situación anterior. Para ello, han empleado todos los resortes y altavoces mediático que tienen a su disposición, generando la sensación de que constituye una auténtica emergencia nacional la reducción de su IVA: es decir, del IVA que afecta directamente a sus márgenes de beneficios.
Pero, ¿se trata verdaderamente de una emergencia nacional? ¿A qué se debe este trato diferencial hacia un conjunto de sectores del entretenimiento -cine, teatro, danza, música?- frente a otros tantos sectores cuya reducción del IVA ni siquiera se plantea? No parecen existir razones profundas que lo justifiquen salvo el eficaz cabildeo ejercido durante estos últimos años por parte de la industria afectada: sí, los lobbies existen, y en este caso «el mundo de la cultura» ha conformado uno para promover sus privativos intereses.
Primer mito: ¿constituye una absoluta prioridad la rebaja de estos epígrafes del IVA para las familias españolas? En el año 2013, los hogares españoles destinaron el 2% de todos sus gastos a bienes y servicios remotamente ligados con la cultura (incluyendo en esta categoría la compra de televisores o las entradas a los partidos de fútbol); más en concreto, apenas dirigieron el 0,29% de su presupuesto al cine, teatro, danza y otros espectáculos. Acaso más apremiante resulte la reducción del IVA del gas y de la electricidad, rúbrica a la que dirigen casi el 4% de todos sus gastos; o la de mobiliario doméstico y electrodomésticos, donde concentran más de un 4% de sus desembolsos.
Es decir, si la preocupación fuera la asfixia financiera de las familias españolas, existen otros productos dentro del tipo general del IVA bastante más relevantes a los que beneficiar con una rebaja. De hecho, lo óptimo sería distribuir los 200 millones de euros que se esperan dejar de recaudar por una eventual reducción del IVA cultural entre todos los productos gravados con IVA. Pero claro, la verdadera preocupación no es el consumidor, sino el productor cultural, cuyos márgenes de beneficio han caído en picado con este apretón fiscal de tuercas. Pero, ¿ha sido el sector cultural diferencialmente perjudicado por la subida del IVA? ¿Hubo una inquina ideológica contra el mundo de la cultura por parte del PP cuando concentró la subida del IVA en la cultura?
Éste es el segundo mito: en julio de 2012, también se reclasificó del tipo reducido (8% antes de julio de 2012) al nuevo tipo general (21%) a los servicios mixtos de hostelería, los servicios funerarios, los servicios de peluquería o los servicios de televisión digital. Más que ideología anti-cultura, lo que se aprecia es una ideología pro-voracidad fiscal. Sin embargo, la cuestión de fondo sigue en pie: ¿por qué no merecen cualquiera de estas otras industrias la misma consideración fiscal que la cultural?
Tal vez algunos reputen estéticamente inaceptable que en España el IVA de la pornografía sea inferior al IVA de la cultura, tal como se repite con insistencia desde diversos foros. Pero éste es un tercer mito harto conveniente para los intereses del lobby: no existe ni un «IVA cultural» ni, mucho menos, un «IVA de pornografía». El IVA grava las categorías de bienes o servicios, no su contenido.
Las revistas pornográficas, por ser revistas (no por ser pornográficas), pagan el tipo superreducido del 4% : al igual que las revistas historiográficas o los libros de Pérez Galdós (¿éste no es un IVA cultural del 4% ?); en cambio, los DVD o las sesiones de cine porno, por ser DVDs o cine, pagan el tipo general del 21% (con independencia de si son pornografía o no).
No voy a ser yo quien critique una bajada de impuestos: todas ellas son bienvenidas y también lo sería una sesgada bajada del IVA al cine, teatro, danza o corridas de toros. Tampoco voy a ser yo quien niegue que una subida de impuestos puede hundir a un sector económico: no sólo el sector cultural, sino a cualquier otro. Pero, justamente por lo anterior, no voy a dejar de repetir lo evidente: el Gobierno tiene que bajar todos los impuestos -y no sólo aquellos que perjudican al lobby de turno- para que la sociedad española disfrute de mayor libertad y prosperidad. Y tiene que bajar todos los impuestos aun cuando ello implique una importante reducción del gasto público: lo último que deberían estar haciendo en estos momentos aquellos que defienden un Estado hipertrofiado es criticar la subida del «IVA cultural». Si quieren más impuestos, ahí los tienen: que luego no se quejen.

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