Chipre es el resultado de un modelo de banca perverso y estatista

A raíz de mi defensa sobre la necesidad de efectuar una quita a los depositantes chipriotas de más de 100.000 euros,  algunas tergiversaciones interesadas apuntan a que mi objetivo es defender la actuación de nuestro actual sistema financiero, consolidando los intereses de la oligarquía bancaria. Obviamente, quien me haya seguido durante algún tiempo, sabrá que no hay nada más alejado de la realidad, pero, como no todo el mundo me sigue desde hace tiempo, quizá convenga aclarar algunos aspectos esenciales.
Primero, el actual sistema financiero es un sistema perverso, fraudulento y estatista (una industria privilegiada por el Estado no es un mercado libre, sino todo lo contrario). Su modo de actuación se basa en aprovecharse de los enormes privilegios que le confiere el Estado para maximizar sus beneficios incurriendo en todo tipo de comportamientos imprudentes, insensatos y especulativos. Actualmente, los bancos financian sus inversiones a largo plazo (por las que cobran suculentos tipos de interés) mediante unos depósitos que son deuda a muy corto plazo. ¿Se imaginan una empresa que emitiera deuda a dos días para financiar inversiones a 30 años? Imposible: en nada caería en suspensión de pagos. Los bancos no: ellos pueden seguir prestando y prestando a largo plazo contra su deuda a corto plazo sin que les pase nada. ¿Por qué? Porque hay un ente público y monopolístico detrás de ellos llamado “banco central” que actúa como “prestamista de última instancia”: es decir, si no consiguen refinaciar los vencimientos de su deuda a ultracorto plazo, el banco central –cuya capacidad para prestar ya no se ve restringida por nada, ni siquiera por la convertibilidad de sus billetes en oro– pasa a hacerlo. De este modo, los bancos privados saben que tienen una red que les protege frente a cualquier caída de su funambulista actividad.
Segundo, los bancos chipriotas hicieron exactamente eso: destinaron sus depósitos a comprar deuda pública de Chipre y deuda pública griega. Ambos son activos muy inapropiados para una banca que gestiona depósitos a la vista. La deuda pública (salvo las letras del Tesoro) tiene plazos de vencimiento muy dilatados que deberían ahuyentar a cualquier banquero que gestione depósitos. Si no lo hace, si de hecho la deuda pública es el activo preferido por nuestras entidades, es porque el Banco Central Europeo (también la Reserva Federal) concede un estatus especial a la deuda de cualquier gobierno europeo, convirtiéndola en el activo preferente para acceder a su refinanciación. A efectos prácticos, tener deuda pública equivale, para un banco privado, a tener tesorería. ¿No es acaso perverso? Sí, lo es: esos son los incentivos.
Tercero, los gobiernos no es que “toleren” estas prácticas en beneficio de la banca, sino que las fomentan. Cuantos más bancos privados compren su deuda pública, más barato son capaces de financiarse. Es más, cuando los bancos no compran la deuda pública de algún gobierno, es justo cuando empezamos a escuchar aquello de “los mercados nos atacan”. A los Estados les interesa que los bancos les presten (por eso les privilegian) y a los bancos les interesa emplear esos privilegios en prestarles el capital de sus depositantes. Un peligroso maridaje que se desmorona cuando algún gobierno deja de pagar (como ha hecho Grecia): en tal caso, el banco privado tiene un agujero descomunal que sólo puede traspasárselo a los depositantes.
Cuarto, en este sentido, mi propuesta de aplicar una quita a los depositantes chipriotas (en línea con la realizada por la Troika, pero de manera bastante más rigurosa: accionistas y bonistas lo pierden todo, y los depositantes por encima de 100.000, pierden todo lo necesario para recapitalizar el banco) no es un movimiento que me agrade, sino una petición de que se clarifique el desfase patrimonial de la banca chipriota, minimizando las pérdidas para los depositantes y no socializando pérdidas con el resto de ciudadanos europeos. No se trata de perjudicar a los chipriotas por perjudicarles, sino de evitar la quiebra desordenada de sus bancos, merced a la cual perderían muchísimo más dinero.
Quinto, la estabilización de la banca chipriota es sólo una sugerencia a corto plazo que en ningún caso debe entenderse como un espaldarazo a nuestro fraudulento sistema financiero. Éste debe ser despojado de todos sus privilegios estatales, lo que en pocas líneas significa: patrón monetario libre (posiblemente oro), banca libre (desaparición del monopolio de la banca central) y no rescates estatales. Todos aquellos que se rasgan sus vestiduras por el robo a los chipriotas y piden una mayor regulación y un mayor control sobre los bancos chipriotas sólo están siendo los tontos útiles de un sistema deslegitimado que busca encontrar nuevos pretextos para sobrevivir. ¿O acaso alguien se cree que los Estados (los controladores y los reguladores) van a prohibirles a los bancos que inviertan en su deuda pública? Nunca: de hecho, Basilea III (la nueva regulación ultraestrica para la banca del futuro) profundiza en la necesidad de que los bancos concentren su actividad en prestarle a los Estados. Mas los problemas de Chipre han venido justamente de ahí: de que le prestó al Estado griego en lugar de mantener sus activos en tesorería o en créditos comerciales a muy corto plazo y de muy elevada calidad. ¿Más control y más regulacines? Ja: el lobo cuidando del gallinero… como hasta ahora.

¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Compartir en Facebook
Share on twitter
Compartir en Twitter
Share on reddit
Compartir en Reddit
Share on telegram
Compartir en Telegram

Deja un comentario

RECORDATORIO DE PRIVACIDAD

De acuerdo con las leyes vigentes de protección de datos de la UE, tómese un minuto para revisar los términos y condiciones de uso de mi web. Mis términos describen cómo uso los datos y las opciones disponibles para usted. Al clickar en el botón acepta las condiciones de la política de privacidad y el uso de cookies.