Dos años de saqueo tributario

El PP llegó al poder a lomos de la mentira y lo ha ejercido a lomos del expolio. Sus dos primeros años pasarán a la historia como el bienio del oscurantismo tributario: 24 meses en los que Rajoy optó por sacrificar fiscalmente al sector privado con tal de mantener incólume a su burbujístico sector público. La austeridad que prometieron ha sido la de parasitar a familias y empresas para minimizar la reforma de ese fraude al ciudadano llamado Estado de Bienestar.
A la postre, el PP no deja de ser un partido socialdemócrata perfectamente convalidable al PSOE y, en ocasiones, a IU. La obsesión de Montoro nunca ha sido la de reducir el tamaño del Estado para ampliar el del mercado, sino, al contrario, la de rapiñar más eficazmente al mercado para consolidar la sobredimensionada maquinaria estatal. Y a tal empeño ha dedicado su vida en estos últimos dos años. Recordemos.
En materia de IRPF, el PP elevó los tipos marginales sobre las rentas del trabajo a los niveles más altos de Europa, disparó los gravámenes sobre las rentas del capital hasta el 27%, suprimió la deducción por compra de vivienda e incrementó las retenciones a profesionales hasta el 21%. En cuanto a los impuestos indirectos, subió el tipo general del IVA del 18% al 21%, el reducido del 8% al 10% y engordó sin miramientos los impuestos especiales (tabaco, alcohol, hidrocarburos y nuevos impuestos medioambientales). Las empresas también han padecido su parte de la mordida: aumento del pago fraccionado, supresión de la libertad de amortización y limitación de numerosas deducciones (gastos financieros, depreciación de participaciones en empresas, bases imponibles negativas, o rentas negativas por establecimientos permanentes en el extranjero).
Añadan a esta larga lista siete nuevas gabelas eléctricas, las dos subidas del IBI, el impuesto sobre depósitos, el mantenimiento del de Patrimonio o la ampliación de las bases de cotización a la Seguridad Social; y así obtendrán una imagen aproximada del saqueo tributario perpetrado por el liberticida PP y del consecuente empobrecimiento de un muy debilitado sector privado necesitado de mucha más libertad. Pero lo peor de todo no es que nos queden otros dos años de sangría, sino que no existe partido en el Congreso que defienda una alternativa siquiera algo menos confiscatoria.

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