El descalce de plazos sí es la causa del ciclo económico

Escribe Adrián Ravier un muy interesante post sobre el ciclo económico está causado o no por el descalce de plazos. Su postura, resumida, es la siguiente:
1)      El descalce de plazos puede ser un problema de administración bancaria que debe tener en cuenta el gestor de un banco
2)      Sin embargo, el descalce de plazos no es un problema “institucional” que cause el ciclo económico: la causa del ciclo económico deberá buscarse en otro lado. Por ejemplo, en el entramado institucional que incentive el descalce de plazos y genere otras distorsiones macroeconómicas.
3)      En resumen: no hay que confundir ciclo económico con quiebras bancarias. Lo segundo podrá explicarse en muchos casos por la iliquidez a la que nos condena el descalce de plazos, pero no el ciclo, que son malas inversiones generalizadas.
La crítica de Adrián es razonable, sobre todo habida cuenta de que los principales defensores de la teoría de la liquidez (que, en realidad, no habría que limitar a Antal Fekete y un servidor sino extender, al menos, a Francisco Capella y, sobre todo y ante todo, José Ignacio del Castillo) no hemos escrito ningún tratado o libro profundizando en el asunto. En mi caso, dado el tiempo que dedico para escribir, podrá parecer extraño e incluso sospechoso: si es una teoría tan profunda y tan fundada, ¿por qué no la ha resumido en un libro? Básicamente, porque los tratados de teoría monetaria han de estar muy bien hilados y son muy amplios, así que difiero su tratamiento para más adelante.
Efectuada esta consideración inicial, procedo a responder a Adrián:
1)      El descalce de plazos (y de riesgos) sí es la causa del ciclo económico: decir esto no es enfrentarse a la teoría austriaca tradicional, sino simplemente desarrollar un excesivamente simplificado modelo miseano-hayekiano. Cuando Hayek habla de reducir el tipo de interés de mercado por debajo del tipo de interés natural como motor del ciclo, eso no significa nada: no existe ni “un” tipo de interés de mercado ni “un” tipo de interés natural cognoscible: en cada mercado intertemporal (intercambios con distinto plazo y distinto riesgo) tenemos distintos tipos de interés de equilibrio (curvas de rendimiento). Es el arbitraje de esos tipos de interés lo que constituye una rebaja “artificial” del tipo de equilibrio en uno de ellos.
2)      Y es que el equilibrio de cada mercado intertemporal debe lograrse con capitales demandados y ofertados a ese mismo plazo y riesgo. Es una ilusión (de la que la Escuela Austriaca es en parte culpable) el pensar que existe un solo mercado intertemporal y que, por tanto, el oferente de capital a un mes “compite” con el oferente de capital a 30 años. No: quien quiere ahorrar a un mes (o con un perfil de riesgo muy conservador) no pujará por activos a 30 años y con un perfil de riesgo muy alto. Si lo hiciera, sólo podría “deshacer” en el futuro su posición tratando de encontrar a otro ahorrador que se subrogue en su posición.
3)      Desde la lógica del ahorrador individual que intenta deshacer su posición en cuanto lo necesite podría parecer, pues, que sí existe un único mercado de capital. Pero, ¿y desde la perspectiva del mercado en su conjunto? El ciclo es un fenómeno macroeconómico, no microeconómico, y en parte debemos explicar por qué la lógica individual puede conducir a descoordinaciones agregadas. Si todos los ahorradores han invertido a plazos y riesgos superiores a los que están dispuestos a asumir, ¿pueden todos ellos deshacer su posición? No, no pueden y lo que tendremos es una estructura productiva (y financiera) que no se adapta a sus necesidades: una estructura que proporcionará los bienes de consumo que desean mucho más tarde (o de modo mucho más improbable) que el que esperaban.
4)      La consecuencia de lo anterior es que a los ahorradores no les quedará más remedio que combinar el ahorro forzoso (esperar más tiempo del que deseaban) y el consumo de capital (romper estructuras productivas valiosas para reconstruir otras menos valiosas) para salir de la trampa en la que se han sumergido. Es decir, lo que tendremos es un ciclo económico típicamente austriaco.
5)      ¿Y qué explica el ciclo económico austriaco en última instancia? Las descoordinaciones agregadas entre las sendas de consumo deseadas por los ahorradores y las sendas de producción planificadas por los inversores.
6)      Nótese que hasta el momento no he metido a los bancos en la explicación, pero ellos, como intermediarios por excelencia dentro del sector financiero, se hallarán en una posición óptima para ser el motor de este proceso distorsionador. Los bancos garantizan a sus clientes la disponibilidad inmediata de sus fondos (depósitos a la vista) cuando, en realidad, los han inmovilizado a largo plazo. Es decir, dan lugar a distorsiones en los planes de consumo y producción de los agentes económicos. Ahora bien, si una economía se desbancarizara y avanzara hacia formas distintas de intermediación financiera, ¿desaparecerían los ciclos económicos? La teoría austriaca actual se ve condenada a asumir que sí (siendo incapaz de explicar fenómenos tan relevantes en la crisis actual como «la banca en la sombra»); pero entendiendo el ciclo como una degradación generalizada de la liquidez fruto del descalce de plazos y de riesgos, es fácil comprender que no lo harían: habrá ciclo en tanto en cuanto siga habiendo descalces generalizados de plazos y riesgos. En todo caso, el descalce de plazos y de riesgos no es un fenómeno dirigido a explicar las quiebras bancarias, sino el ciclo: pues, en efecto, puede haber ciclo sin quiebras bancarias y quiebras bancarias sin ciclo.
7)      Esta explicación del ciclo económico tiene, además, una ventaja que para Adrián es una desventaja: es una explicación estrictamente económica de por qué se producen los ciclos de errores generalizados y recurrentes dentro del capitalismo. El análisis institucional –que elementos refuerzan o frenan el descalce de plazos– viene después una vez poseemos un sólido análisis económico. Partir de los problemas institucionales sin entender previamente cuál es el problema que las instituciones deberían combatir me parece un error. Es como explicar el origen institucional del dinero sin comprender previamente para qué sirve el dinero y qué funciones económicas tiene sentido que cumpla.
8)      En este sentido, las teorías de Rothbard-Huerta de Soto y de Selgin-White son, en efecto, explicaciones institucionales del ciclo: a mi juicio, ponen el carro antes que los caballos. Su punto de partida es que son las malas instituciones (la reserva fraccionaria o el monopolio de la banca central) superpuestas a un capitalismo nirvana las que causan el ciclo. La libre interacción de los agentes económicos, en ausencia de distorsiones exógenas, jamás podrá degenerar en descoordinaciones agregadas. Es decir, aparentemente se parte de cierta conclusión que desea ser probada (el libre mercado funciona y es inocente de los ciclos) para luego construir el armazón teórico que se necesita. Mi análisis es distinto: el ciclo son descoordinaciones agregadas entre planes de ahorro e inversión. ¿Qué nos conduce a esas descoordinaciones? Los desajustes en los planes de los agentes. ¿Y qué hace que los planes de los agentes estén desajustados? Pues existen muchas posibilidades, pero sabiendo cómo funcionan y cómo aprenden los mercados, aquí ya coincidiría bastante con Selgin y White: a largo plazo, los intensísimos ciclos que estamos viviendo son responsabilidad de los privilegios a la banca. Pero no puede descartarse que, en ausencia de esos privilegios y hasta que hayan emergido instituciones sociales que lo contrarresten, haya degradaciones generalizadas de la liquidez (es bien sabido que cuando todos los bancos expanden el crédito, las expansiones artificiales del crédito pueden proseguir durante mucho tiempo, sin que el contrapeso planteado por Selgin sea demasiado operativo) que también degeneren en ciclo. Es aquí donde entra el análisis institucional para comprender cómo el libre mercado tendería a contenerlas y minimizarlas.
9)      En suma: podría haber monopolios bancarios que no generaran ciclo económico si se restringieran al máximo los descalces de plazos y de riesgos (el coste de ello, empero, sería la muerte de facto del crédito) y podría haber ciclos en presencia de reserva 100% (si se siguiera descalzando plazos y riesgos fuera del ámbito de los depósitos a la vista). Por eso, ni un análisis ni el otro van a la esencia económica del problema y se quedan en las prescripciones para eximir al libre mercado de cualquier responsabilidad. Y tienen razón, pero por los motivos equivocados.

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