El infierno fiscal que prepara Montoro

El problema financiero de las Administraciones Públicas españolas es un problema exclusivo de las Administraciones Públicas: durante la burbuja inmobiliaria (2001-2007), la recaudación tributaria se incrementó en 175.000 millones de euros, lo que llevó a nuestros pródigos políticos a aumentar los desembolsos estatales en una cuantía análoga. Mas, tan pronto como llegó la crisis, los pies de barro de esa hipertrofia estatal se revelaron: de 2007 a 2009, los ingresos tributarios burbujísticos se desplomaron del 41,1% del PIB al 35,1% y los gastos crecieron del 39,2% al 46,3%. Es decir, pasamos de un superávit del 2% en el burbujístico 2007 a un déficit del 11,2% en el depresivo 2009.
Es obvio que, a partir de 2009, el gigantesco problema de déficit público deberíamos haberlo solventado rebajando los gastos hasta, al menos, el 37% o 38% del PIB (quedándonos, como mucho, en un déficit del 2-3% del PIB que terminaría desapareciendo una vez nos recuperáramos con fuerza). Pero no: los diversos gobiernos que ha padecido España no tenían el más mínimo interés en pinchar la burbuja estatal. Al contrario, su máximo interés era el de evitar la suspensión de pagos de España consolidando la hipertrofia del sector público. Y, por ello, desde 2009 los españoles hemos sufrido un continuado atraco gubernamental en forma de nuevas subidas de impuestos.
Los resultados no han sido ciertamente espectaculares: desde 2009, el déficit público se ha reducido en unos cuatro puntos sobre el PIB, dos de ellos debido a la mayor recaudación (fruto de los nuevos salvajes tributos implantados) y dos de ellos debido al menor gasto (fruto de los tímidos recortes promovidos por Zapatero y Rajoy). A finales de 2012, la presión fiscal había ascendido al 37,1% del PIB (frente al 35,1% de 2009) y los gastos habían descendido al 44% (frente al 46,3% de 2009). Por desglosarlo: entre 2009 y 2011, Salgado aumentó la presión fiscal en un punto y bajó el peso del gasto público sobre el PIB en medio punto; Montoro en 2012 aumentó la presión fiscal en otro punto y bajó el gasto en 1,7 puntos.
Sucede que, según han declarado repetidamente desde el Ministerio de Hacienda, los ajustes del gasto público ya han llegado a su fin, de manera que toda la restante minoración del déficit  necesaria para garantizar la sostenibilidad de las finanzas estatales debería proceder de una mayor recaudación tributaria. Así, por ejemplo, Montoro siempre ha manifestado que el problema de la Hacienda española es de ingresos, no de gastos, de modo que todo se solucionaría cuando volviera a entrar el dinero a espuertas. El Gobierno, pues, buscaría cuadrar sus cuentas a costa de saquear aún más a familias y empresas. ¿Coincide este trágico pronóstico con los planes reales del Ejecutivo para España? Por desgracia, sí.
Sólo es necesario atender al Plan Presupuestario para 2014 que el Gobierno acaba de remitir a la Comisión Europea. En 2013, el PP contempla que el gasto público aumente al 44,4% (desde el 44% de 2012) y que la presión fiscal siga subiendo hasta el 37,9%. Asimismo, para 2014, su objetivo es que el gasto regrese al 44% del PIB y la presión fiscal continúe creciendo hasta el 38,2%. Si ello fuera así –que no lo será–, entre 2009 y 2014 el déficit público se habría reducido en 5,4 puntos, de los cuales 3,1 puntos provendrían de un mayor expolio a los españoles.
Pero lo más preocupante del asunto es que el Ejecutivo parece haberse marcado como propósito estabilizar el peso del Estado sobre el PIB en el 44%, de manera que todo el subsiguiente ajuste provenga de una progresiva mayor carga fiscal sobre nuestras familias y empresas. En este sentido, la reforma tributaria que planea el Gobierno para el año que viene supondrá su verdadera oportunidad de oro para asestarnos un nuevo y doloroso rejonazo fiscal. Sin embargo, Rajoy y sus secuaces también han prometido que el año que viene darán marcha atrás en la mayoría de subidas de impuestos que han decretado desde que tomaron el poder. ¿Cómo compatibilizar sus verdaderas pretensiones con sus promesas a la ciudadanía?
Muy sencillo: dado que con la reforma tributaria se van a redefinir la mayoría de impuestos de nuestro país, se podrá colar de tapadillo un brutal aumento de los impuestos vendiendo a la opinión pública que, en realidad, se están reduciendo. Imaginen, verbigracia, que los tipos sobre el IRPF se reducen muy ligeramente pero que, al mismo tiempo, se eliminan la mayor cantidad de deducciones; o imaginen que los tramos más bajos del IRPF bajan un poco a costa de mantener el aumento sobre los tramos medios y superiores.
De nuevo, el Plan Presupuestario para 2014 remitido a Bruselas nos proporciona la auténtica clave del engaño: aunque, presuntamente, el “recargo extraordinario de solidaridad” impuesto sobre el IRPF a finales de 2011 debería suprimirse en 2015, el Gobierno no ha dotado ningún descenso de la recaudación a cuenta del IRPF para ese año; y ello pese a que, según estimaciones del propio Gobierno, ese incremento del IRPF habrá proporcionado a finales de 2014 una recaudación anual extraordinaria de 7.000 millones. ¿Cómo es posible que en 2015 vaya a suprimirse un recargo impositivo que permite recaudar 7.000 millones de euros al año y, sin embargo, no se estime ninguna caída de la recaudación por IRPF en 2015 a cuenta de la supresión de ese recargo?
Pues fundamentalmente porque, en contra de sus reiteradas promesas, el Gobierno no tiene ninguna intención de bajar el IRPF en 2015. Lo que harán, con tal de no quedar nuevamente como unos descarados mentirosos, es reorganizar tan en profundidad la configuración del IRPF para que el ciudadano sea incapaz de comparar las obligaciones fiscales del IRPF de 2014 con las obligaciones fiscales del IRPF de 2015. A buen seguro nos venderán que han terminado bajando el IRPF, pero en realidad estarán apuntalando la salvaje exacción fiscal que crearon nada más alcanzar el Gobierno. Y así sucederá con el resto de gravámenes: gracias a la reforma del sistema tributario, se las arreglarán para sablarnos mucho más al tiempo que nos intentarán convencer de que vamos a pagar menos impuestos.
Montoro y su jefe Rajoy buscan decretar un cambio de régimen en España: consolidar el hiperEstado burbujístico a costa de unos elevadísimos tributos sobre familias y empresas. Un infierno fiscal dirigido a mantener un Estado mastodóntico para mayor gloria de nuestros políticos. Y todo ello con la pompa de que el PP ha honrado sus promesas electorales. Mintieron, siguen mintiendo y volverán a mentir. Políticos en estado puro.

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