El postureo energético de Sánchez

El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de publicar su proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. El objetivo fundamental de este texto es el de reducir nuestras emisiones actuales de gases de efecto invernadero en un 37% hasta el año 2030 y en más de un 90% hasta el año 2050. En palabras del propio Gobierno, “no hay plan tan ambicioso dentro de la Unión Europea”. Sin pretender cuestionar los retos futuros que globalmente puede implicar el cambio climático, lo que sí deberíamos plantearnos es por qué España ha de hacer un esfuerzo mayor al que ningún otro país europeo pretende acometer. A la postre, las transiciones energéticas (sobre todo las muy aceleradas: como es reducir en un 37% nuestras emisiones a lo largo de apenas diez años) son costosas y pueden impactar negativamente sobre el crecimiento económico (energía más cara supone menor generación de riqueza). ¿Por qué entonces tanta radicalidad por parte del Gobierno?

Primero, si nuestro país fuera responsable de gran parte de las emisiones internacionales de gases de efecto invernadero, podría estar justificado que efectuáramos un sacrificio extraordinario para no perjudicar al conjunto del planeta y para contribuir decisivamente a frenar el cambio climático: sin embargo, a fecha de hoy, España apenas es responsable del 0,7% de las emisiones mundiales de CO2, de modo que si el plan de Sánchez saliera adelante, en 2030 apenas habríamos contribuido a reducir las emisiones globales en un 0,26% (recortaríamos las emisiones globales en 0,096 gigatoneladas de las 36,1 que se emiten globalmente cada año). No parece, pues, que nuestra contribución vaya a ser especialmente relevante. Una segunda posible explicación sería que nuestro país, aunque insignificante desde un punto de vista individual, estuviera dando un muy mal ejemplo al resto del mundo: si nuestras emisiones de CO2 por ciudadano (o por unidad de PIB generado) fueran muy altas, entonces cabría justificar que nos alineáramos con los esfuerzos que ya están haciendo otras naciones europeas para luchar contra el cambio climático. Pero tampoco: las emisiones de CO2 per capita de Espana (o de CO2 por unidad de PIB) son inferiores a las de Alemania, Austria, Italia o Finlandia.

Siendo así, ¿por qué España ha de hacer más sacrificios energéticos que el resto? Por mero postureo electoralista de Sánchez: una cosa es contribuir a luchar contra el cambio climático y otra es pegarnos un tiro en el pie para que el presidente del Gobierno pueda colgarse la medalla del súper-ecologismo de cara a las próximas generales.

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