¿En qué mundo viven los keynesianos?

Un perfecto ejemplo de por qué la vulgata de la macroeconomía dominante no sirve para nada. Dice Brad Delong:

Armed with that insight, the disease of the business cycle should be addressed in one or more of three ways.
1. Don’t go there in the first place. Avoid whatever it is – whether an external drain under the gold standard or a collapse of long-term wealth as with the collapse of the dot-com bubble or a panicked flight to safety as in 2007-2008 – that creates a shortage of, and excess demand for, financial assets.
2. If you fail to avoid the problem, then have the government step in and spend on currently produced goods and services in order to keep employment at its normal levels to offset private-sector spending cuts.
3. If you fail to avoid the problem, then have the government create and provide the financial assets that the private sector wants to hold in order to get the private sector to resume its spending on currently produced goods and services.

Traducido al roman paladino, una crisis se soluciona si:

  1. Obviemos que padecemos burbujas de precios en unos activos que se han colocado en las arterias del sistema bancario. Evite tanto tiempo como pueda que los precios se reajusten. Si el precio de la vivienda en propiedad se dispara a 5.000 veces el alquiler anual, intente que la gente siga comprando en lugar de alquilando.
  2. Cuando las distorsiones productivas sean tan flagrantes que no nos quede más remedio que aceptar un reajuste en los precios relativos, el Estado ha de evitar que ese reajuste de precios se traduzca en reajustes reales dentro de la economía. Si un señor se dedicaba a vender cervezas a los obreros que construían unos pisos que ahora se han dejado a medias, el Estado tiene que comprarle continuamente todas las cervezas. ¡Sobre todo, que el señor del bar no lo cierre y no contraiga su consumo!
  3. Si ni aun así evita los reajustes reales, invéntese la historia de que la demanda se ha contraído porque el sector privado está deseoso de comprar activos libres de riesgo, es decir, deuda pública. Proporciónele tanta deuda pública como los bancos de un país estén ansiosos de comprar (y ya le digo que será mucha, porque al tiempo la demanda privada de crédito habrá desaparecido). Luego, cuando la economía siga sin recuperarse, el Estado haya agotado su crédito y los bancos estén llenos de deuda pública basura, pulse el botón de autodestrucción.
  4. Nota bene: Si el activo que estuviese deseoso de comprar el sector privado es el oro y no la deuda pública, entonces persiga con dureza su posesión. Sólo la deuda pública es un activo digno de ser demandado por el sector privado en momentos de crisis, ya que así el Estado podrá seguir despilfarrando y dilapidando el capital privado a placer.

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