Entre la espada del populismo y la pared del Grexit

La victoria del NO en el referéndum griego traslada la pelota al tejado de los gobiernos europeos. Syriza, y una mayoría electoral de griegos, se oponen a firmar un acuerdo que signifique “dinero a cambio de reformas y ajustes”. Al parecer, prefieren la opción de “dinero a cambio de nada”. Los gobiernos europeos, pues, se hallan entre la espada del populismo y la pared del Grexit: si ceden ante Syriza, el resto de países europeos encumbrarán al poder a plataformas políticas hermanas de Syriza (resultaría irracional no hacerlo) y si se mantienen firmes ante Syriza, a Grecia no le quedará otro remedio que salir del euro, con toda la inestabilidad que ello implica.
En caso de que la Troika continúe con la pauta exhibida durante estos últimos años, la cesión se antoja como la hipótesis más verosímil: los políticos europeos no hipotecan su dinero, sino el de sus contribuyentes y, por tanto, resulta mucho más cómodo ceder y no buscarse líos. De ser así, el Gobierno griego no sólo obtendría su ansiada reestructuración de la deuda, sino que además lograría cerrarse líneas de crédito para los próximos años así como un plan de inversiones estatal costeado por la Comisión (es decir, por los contribuyentes europeos). Varaoufakis siempre ha apostado por esta “opción nuclear”: Europa no dejará que salgamos del euro y nos dará a cambio todo lo que pedimos.
Sucede que la “opción nuclear” de Varoufakis sólo contribuiría a trasladar el foco del problema desde Grecia al resto de la periferia europea: si la amenaza de salir del euro constituye un argumento definitivo para obtener tantas prebendas como se quieran, ¿cómo evitar que se reproduzcan tales peticiones desde Italia, Portugal, Irlanda, España o incluso Francia? Si basta con lanzar el órdago de romper la baraja para que nos entreguen las mejores cartas, entonces lo absurdo será negarnos a lanzarlo. Pero si, como es obvio, los alemanes no van a aceptar órdagos recurrentes para seguir costeando con sus impuestos las canonjías estatistas del resto de Europa, el euro terminará rompiéndose, pero no por el Sur sino por el Norte. El riesgo del contagio populista, por tanto, puede que termine socavando la perversa lógica de la opción nuclear de Varoufakis: ahora mismo, ceder ante Syriza no es salvar el euro, sino condenarlo a una muerte lenta.
Acaso por ello, el ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel (del SPD) se ha manifestado abiertamente en contra de seguir negociando con Syriza tras el resultado del referéndum. ¿Qué sucederá en caso de que la Troika apuesta por mantenerse firme y por no ceder ante las peticiones de Syriza? Pues que el acuerdo será imposible: tras el referéndum, Syriza se ha atado las manos para aceptar la última propuesta de la Troika (es impensable que pueda dar marcha atrás con un NO mayoritario), de modo que el Gobierno griego se quedaría sin financiación y, por consiguiente, entraría en default. Bajo ese escenario, el corralito de sus bancos se volvería irreversible y al país no le quedaría otro remedio a medio plazo que abandonar la moneda única y regresar a la dracma.
Más allá del intenso empobrecimiento que semejante decisión acarrearía sobre Grecia, no debemos perder de vista los riesgos que también comportará sobre el resto de la Eurozona. La débil recuperación que ahora mismo está experimentado Europa se asienta sobre el presupuesto de que el euro es una divisa irreversible: es decir, que cualquier ahorrador de cualquier parte del planeta puede invertir en cualquier país de la Eurozona sin preocuparse por el riesgo de que la divisa nacional se desvincule del euro y se deprecie. Una vez abramos la Caja de Pandora de las salidas del euro, la (falsa) seguridad con la que se volvía a invertir en Europa desaparecerán: y los principales perjudicados seremos los países más débiles del eslabón europeo que estamos lejos de haber corregido todos los desequilibrios que se gestaron durante los años de la burbuja.
En definitiva, el NO del referéndum no nos traerá buenas noticias en los próximos meses: o bien la Troika compra una ficticia calma cediendo ante Syriza y dando alas a los populismos en el resto del Continente o bien la Troika deja caer a Grecia para que asuman las responsabilidades de sus decisiones soberanas extendiendo un manto de incertidumbre sobre el futuro de nuestra economía. Cualquiera de ambos escenarios nos augura meses —y acaso años— complicados para los europeos pero, justamente por ello, sería absurdo y vergonzoso que la Troika optara por sacrificar a los contribuyentes para satisfacer las ansias de gasto infinito de quienes están utilizando el chantaje de hacer estallar la moneda única. Si los griegos quieren salir del euro, son muy soberanos de hacerlo: pero que no esperen contrapartidas frente a tal amenaza. Si son un pueblo soberano, que lo sean también en sus responsabilidades.

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