Impuestos sí, pero que los paguen otros

Publicó esta semana la Fundación BBVA su estudio Valores político-económicos y la crisis económica donde se contenía uno de los datos más comentados en los últimos días: el 80% de los españoles prefiere contar con un amplio sistema de Seguridad Social aún cuando ello implique pagar altos impuestos.
Acaso debiera resultar llamativo que la mayoría de la gente abogue por impuestos mayores con tal de disfrutar de un Estado de Bienestar con mayores prestaciones. Al cabo, si uno desea incrementar la cantidad y la calidad de su cobertura en materia de sanidad, educación, desempleo, pensiones o asistencia social tan sólo tiene que ir al mercado, buscar alguna de las muchas empresas que ofrecen tales servicios complementarios y, sí, pagar por ellos de su bolsillo. Si un ciudadano demanda más de un bien o de un servicio y está dispuesto a pagar por él, ¿cuál podría ser el propósito de obligar al resto de ciudadanos, muchos de los cuales pueden preferir destinar esos mismos recursos a otras finalidades, a hacer lo propio por la vía de aumentos tributarios? ¿Sólo por un mero paternalismo mojigato que le induce a pensar que los demás no son capaces de cuidarse ellos solitos y que, en consecuencia, hay que forzarles a pagar por su educación, sanidad y pensiones? ¿O más bien será por la esperanza de que, en medio de una redistribución generalizada de la renta, les terminen tocando una parte significativa del paste (ya saben: a río revuelto, ganancia de pescadores)?
Sea como fuere, esta misma semana la Comisión Europea dio a conocer su documento de recomendaciones a la economía española donde la única recomendación meridinamente clara y sin medias tintas fue, como corresponde a esa burocracia socialdemócrata llamada Unión Europea, incrementar todavía más el IVA. Pocos días después, el obediente y más socialistoide gobierno del PP amagó con una revisión del IVA para 2013, lo que por supuesto debe interpretarse como los prolegómenos de una nueva subida (por mucho que el mendaz ministro de Hacienda siga negándola, como también negó en su momento la subida del IRPF o la anterior del IVA). Desastrosa política económica que, sin embargo, uno esperaría que los españoles recibieran con alborozo y parabienes, atendiendo a su impetuoso entusiasmo pro altos impuestos.  Pero, al contrario, todo apunta a que el proclamado aumento de la tributación indirecta no les ha sentido demasiado bien al grueso de mis compatriotas.
Tampoco hay de qué extrañarse: si uno acude al ya mentado informe del BBVA, no sólo descubrirá que el 80% de los españoles demanda más gasto público “social” a costa de subir impuestos, sino que, además, muestra una absoluta y frontal oposición a que se incremente el IVA: la puntuación que se le otorga a esta medida es sólo de 1,2 sobre 10, la peor de entre todas las intervenciones gubernamentales encuestadas. ¿Entonces, qué es lo que quieren los españoles? Pues algo muy sencillo: que los impuestos los soporten otros. Al ser sondeados por qué opinión les merecen las subidas de impuestos “a los que más ganan por sus inversiones” o “a los que más ganan por su trabajo”, la puntuación no deja lugar a dudas: 7,7 y 7,1. Vamos, un clamor indistinguible de “sí, queremos más impuestos pero que los paguen otros”.
Socialismo pero con el dinero ajeno: yo meto la cuchara pero el plato la prepara mi vecino. Y no es nada sorprendente: en contra de la percepción generalizada, el sistema tributario español es exageradamente progresivo, sobre todo a la hora de machacar a las clases medias y medias-altas. El 20% de la población con mayor renta (ingresos a partir de 33.000 euros anuales) costea el 60% de la recaudación tributaria por IRPF; el 10% de la población (ingresos a partir de 45.000 euros anuales), el 42%; el 5% de la población (ingresos a partir de 60.000 euros anuales), el 30%; el 2% de la población (ingresos a partir de 84.000 euros anuales), el 20%; el 1% de la población (ingresos a partir de 120.000 euros), el 16%. Sucede, pues, que el 80% de los españoles (con rentas anuales de hasta 33.000 euros) sólo abonan el 40% de toda la recaudación del IRPF. Negocio redondo, pues, ése de demandar que, con tal de mantener nuestro hipertrofiado y manirroto sector público, se continúe exprimiendo sin piedad a esos avariciosos oligarcas que cometen la insolidaria osadía de ganar algo más de 33.000 euros anuales. Sólo hay un problema: a la gallina de los huevos de oro cada vez le quedan menos plumas y, en todo caso, ya lleva tiempo buscando gallineros regentados por zorros algo menos voraces. La mayoría de los españoles tiene, sin duda, al gobierno liberticida que se merece.

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