Insaciable voracidad

Decía Winston Churchill que una nación que intenta prosperar subiendo impuestos es como un hombre con los pies dentro de un cubo tratando de levantarse tirando del asa. La analogía no puede ser más exacta para el caso de la periferia europea. Al cabo, la crisis de deuda ha empujado a sus gobernantes a aprobar en estampida unos planes de austeridad que en gran medida pasan por eso que tanto les agrada a los socialistas de todos los partidos: subir impuestos.
Grecia, Portugal e Italia han incrementado el IVA y han aprobado un populista impuesto solidario sobre los ricos. Aquí, PP y PSOE se resisten a anunciar nuevos sangrados fiscales por mera cautela electoral: no queda bonito pedirles al voto a los ciudadanos mientras se les amenaza con quitarles la cartera.
Pero lo cierto es que todo intento de reconducir la crisis mediante la trasquiladura impositiva será en vano. Basta con ojear las cifras de déficit exterior para caerse del guindo: los PIIGS gastan entre cinco y 10 puntos de su PIB por encima de lo que producen. Esa brecha, ese continuo importar más de lo que exportan, es lo que los especuladores sin escrúpulos nos financian día a día.
¿Cómo solventamos un problema de déficit exterior subiéndo los tributos a los de dentro? Si el Estado recauda más y reduce su dependencia del exterior, el sector privado ingresará menos y la verá incrementada. La única solución pasa por que todos reduzcamos gastos. ¿Queda alguien en España por hacerlo? Echemos cuentas. En 2007, el sector privado pedía prestados al extranjero 114.000 millones de euros; en 2010, ahorró 2.000 millones. Por su parte, en 2007 el sector público ahorraba frente al exterior cerca de 22.000 millones de euros; en 2010 se endeudó en 22.000.
Las familias y las empresas ya se han apretado el cinturón. Quien sigue gastando sin control es el Estado. Machacar más a nuestra debilitada economía con nuevos impuestos -especialmente si atacan al muy castigado ahorro interno- sólo prolongaría unos meses la agonía de nuestra hipertrofiada e insostenible maquinaria estatal, pero a costa de matar a familias y empresas. Lo que necesitamos es tapar los agujeros del cubo, no seguir tirando del asa.

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