Lanzarote 2013: verano capitalista

Escribo estas líneas desde la bella isla de Lanzarote, sede de la VIII Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana. Como cada año, este centro de pensamiento liberal, que tengo el honor y el placer de dirigir desde 2012, celebra sus cursos de verano con el propósito de transmitir, a los casi 60 alumnos inscritos desde todas las partes del mundo, los valores y los beneficiosos resultados de una sociedad de individuos libres y responsables: en pocas palabras, el liberalismo.
Un liberalismo que, aunque muchas veces pudiera parecerlo, no debería quedar restringido al ámbito económico, sino que para ser realmente consistentes debe abarcar las normas básicas de justicia. Al cabo, sus dos premisas –la propiedad privada y los contratos– desbordan el fenómeno meramente crematístico y se extienden a las mismas bases de la convivencia humana. Frente al cuasi instintivo deseo de control que socialistas, fascistas o reaccionarios sienten sobre las más diversas manifestaciones de la vida de las personas (¿Con quién se casan? ¿Cuánto ganan? ¿Qué fuman? ¿Qué lengua hablan? ¿Qué religión profesan o dejan de profesor? ¿Cuánto más ricos son que el resto?, etc.), los liberales dan una respuesta a la par sencilla y revolucionaria a la problemática de los órdenes sociales: las relaciones humanas son legítimas en tanto en cuanto sean voluntarias.
Dicho de otro modo, el liberal muestra su preocupación por la coacción: por el ejercicio de la violencia por parte de unos individuos sobre otros, generalmente a través de ese monopolio de la coerción llamado Estado. Y fruto de esa preocupación surge su empeño por promover aquellos marcos institucionales que minimicen esa coacción y que, por consiguiente, maximicen las esferas de libertad salvaguardadas. Tal es, justamente, el objeto de estudio, debate y discusión de nuestras distintas universidades de verano, incluida, claro está, la de este 2013.
Para tal propósito constituye, huelga decirlo, un enorme lujo contar, a lo largo de una apasionante semana y de más de 25 conferencias, con ponentes de la talla de, entre otros, Carlos Rodríguez Braun, Walter Castro, Martín Krause, Miguel Anxo Bastos o Gabriel Calzada: todos ellos ávidos estudiosos de la perversa lógica del poder político y de los muy provechosos frutos de los mercados libres. Mas el verdadero lujo del que creo que disfrutamos todos los ponentes es el de asistir a las infatigables discusiones que día y noche, dentro y fuera de las aulas, dormidos y sin dormir, mantienen los casi 60 jóvenes participantes a propósito de los fundamentos y las implicaciones de las sociedades libres y de cuáles son las mejores estrategias para desbrozar el camino que nos permita acercarnos a ella.
No seré yo quien niegue el más que cierto riesgo de que España, y otros países de nuestro entorno, degenere por la senda del populismo liberticida. Pero desde luego, y a tenor del entusiasmo y las convicciones exhibidas año tras año por los centenares de jóvenes que han ido pasando por estos cursos, no lo hará sin resistencia: probablemente fallida, mas a buen seguro numantina y muy digna resistencia.

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